El hambre. Canibalismo e infanticidio: dos estrategias de supervivencia

 

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Campesinos ucranianos acusados de canibalismo, detenidos durante las hambrunas de 1.921, retratados junto los restos de sus víctimas
1) La dura búsqueda del alimento. El perro como parte de la dieta humana
2) El hambre y el canibalismo
3) Canibalismo en México
4) El canibalismo en el Paleolítico
5) El infanticidio como control de población
6) El infanticidio para evitar la deshonra
7) La anticoncepción en el mundo clásico
8) El silfio o laserpicio, una planta que se extinguió por su eficacia
9) El “tofet”. Sacrificio ritual infantil entre los fenicios y cartagineses
1) La dura búsqueda del alimento. El perro como parte de la dieta humana
 
…su mantenimiento principalmente es de raíces de dos o tres maneras, y búscanlas por toda la tierra; son muy malas, y hinchan a los hombres que las comen… Es tanta la hambre que aquellas gentes tienen, que no se pueden pasar sin ellas, y andan dos o tres leguas buscándolas. Algunas veces matan algunos venados, y a tiempo toman algún pescado, mas esto es tan poco y su hambre tan grande, que comen arañas y huevos de hormigas, y gusanos y lagartijas y salamanquesas y culebras y víboras, que matan a los hombres que muerden, y comen tierra y madera y todo lo que pueden haber, y estiércol de venado, y otras cosas que dejo de contar, y creo averiguadamente, que si en aquella tierra hubiese piedras las comerían…(“Naufragios y comentarios”, cap. XVIII. Alvar Núñez Cabeza de Vaca).
El autor de esta cita, el explorador jerezano Cabeza de Vaca, sabía muy bien de lo que hablaba. Tras un naufragio en las costas de la actual Florida (buscaban, ¡ahí es nada!, la Fuente de la Eterna Juventud) le tocó deambular durante seis  años por el sur de lo que serían los Estados Unidos (desde Florida y pasando por Alabama, Mississipí, Luisiana, Texas, Nuevo México y Arizona, donde al fin encontró un grupo de jinetes españoles), a ratos prisionero, y otras temporadas ejerciendo el oficio de curandero o de mercader entre los indios, comprobando en carne propia la extrema necesidad en la que todos vivían:
...fueron seis años el tiempo que yo estuve en esa tierra solo entre ellos y desnudo, como todos andaban...
 
Brigitte Bardot publicó una carta en la prensa en 1.983 protestando al gobierno francés porque, pese a la labor civilizadora de Francia, en la Polinesia se consumía todavía carne de perro… Con posterioridad la actriz francesa ha encabezado numerosas protestas contra la tauromaquia, los cazadores o los “galgueros”. Amenazó con promover un boicoteo a los productos surcoreanos si este país no tomaba medidas “inmediatas e irrevocables” para acabar con el tráfico de perros para el consumo humano. De hecho, el consumo de carne de perro fue prohibido en Corea en 1.983, pero el Gobierno reconoce que la prohibición no es respetada por la población que, en su cultura gastronómica, acepta su consumo.
Por repugnante o escandalosa que en el mundo desarrollado (repleto de microondas, frigoríficos, abrelatas y grandes superficies donde llenar el carrito) nos resulte la idea de comernos a “Chispa” o a “Sultán”, el consumo de carne de perro forma parte en la actualidad de la cultura de varios países de Extremo Oriente. Pero esa cultura viene de mucho antes…
Los primeros fósiles de perros hallados en yacimientos del Paleolítico, muestran huellas de dientes o de cuchillos, al haber sido rebañados, o los cráneos están abiertos, para extraer el cerebro. En la Roma clásica, Plinio el Viejo y Plutarco mencionan al perro como parte de los festines. Los indios de las praderas norteamericanas y sus parientes de la Pampa, se acompañaban de perros que sacrificaban cuando escaseaba la caza, o que ofrecían a sus huéspedes como manjar especial, en prueba de hospitalidad. Cabeza de Vaca, en su libro antes citado (“Naufragios y Comentarios”), nos cuenta cómo en sus andanzas por lo que más adelante se conocería como Texas, los indios les canjearon dos perros para que se los pudiesen comer. Los chinos valoran tanto la carne de perro que crían especialmente al Chow-Chow (precisamente “chow” significa comida, en cantonés) para la cocina…y aunque sin alcanzar la categoría de “pata negra” de estos últimos, aprovechan en sus mercados cualquier chucho que se les ponga a tiro.
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Mercado de perros en el festival del solsticio de verano, en Yulin. Se calcula en unos 10.000 los que se consumen durante esos días. En  toda China se calcula en unos diez millones de perros los consumidos anualmente
Los esquimales valoran muchísimo a sus perros, pero no vacilan en comérselos cuando el Ártico les niega otro sustento. A imitación de ellos, muchos exploradores del Polo Norte y del Polo Sur utilizaron perros para arrastrar sus trineos, aunque hubo algún intento de utilizar ponis, pero los cascos de los caballos se hundían en la nieve y la necesidad de transportar heno les supuso un problema logístico que convirtió el uso de los ponis en un fracaso. En lo que se conoció como “la Carrera al Polo Sur”, entre el noruego Roald Amundsen y el británico Robert Scott, el uso adecuado de los perros e inadecuado de los ponis determinó respectivamente el éxito de Amundsen y el fracaso de Scott.
Para empezar, Scott llevó veinte ponis siberianos que, como ya anticipé, se hundían en la nieve y para los que se necesitaba acarrear heno, aumentando la carga. Pese a que los animales fueron muriendo Scott, muy “británico”, se negó a comérselos. Amundsen, por el contrario, curtido en su trato con los esquimales, llevó ropa adecuada (pieles, frente a la lana de Scott), todos los miembros de su grupo eran expertos esquiadores y, sobre todo, llevó un equipo de 52 perros (de los que regresaron 11), utilizados como alimento para los otros perros y sobre todo para los propios expedicionarios. El resultado final fue que Amundsen consiguió llegar al Polo Sur y volver para contarlo, mientras que Scott llegó 34 días más tarde al Polo Sur muriendo, agotado, durante el camino de vuelta.
En fin, como saben todos los que han conocido guerras y penurias, cuando la comida escasea, perros y gatos son los primeros en desaparecer. Ante esta situación, y yo creo que a estas alturas hasta Brigitte Bardot lo entendería, no es de extrañar que el primer animal doméstico no se escapara del menú.

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Caníbales filipinos, en 1.903, asando un perro sobre restos de un hombre troceado

2) El hambre y el canibalismo
 
…Un hambre rabiosa por los años de 1.032 a 1.034 hizo que los hombres llegasen a comer carne humana. Los viajeros eran atacados por gentes más fuertes que ellos, sus miembros cortados y devorados… Hubo en Austria, en Iliria y en Carintia un hambre tal, que los hombres comieron gatos, perros, caballos, y descolgaban los cadáveres de los ahorcados para devorarlos… (Raul Glaber, “Historiarum Libri Quinque”, o “Crónicas”, IV, 4, 10-13).
Raul Glaber (del latín glaber: “el calvo” o, más propiamente, “el lampiño”), monje benedictino que vivió entre los años 980 y 1.047, y al que tocó contemplar las grandes carestías que se extendieron por Europa en el año 1.033. Glaber seguramente pensó que era un castigo del cielo por los pecados de los hombres, pero la causa fue climatológica, debido a lo que se conoce hoy en día como la Pequeña Edad de Hielo, y que se alargó cerca de cuatro siglos.
Ya en 1.330 se había producido una bajada de temperaturas en todo el hemisferio norte, con la consecuencia de lluvias que duraban meses sin parar (y malograban las cosechas), y las secuelas de muerte por hambre y epidemias que se cebaban en una población muy debilitada: cólera, tifus, peste bubónica… Sólo en 1.351 se calculan en 30 millones de muertos por peste en toda Europa, aproximadamente un tercio de la población total.
Glaber describió también fenómenos que relacionó con el milenarismo (el supuesto fin del mundo en el año 1.000, aunque hay “catastrofistas” que amenazan en todas las épocas y con cualquier excusa) tales como la aparición de cometas, lluvias de meteoros y varios eclipses de luna y de sol. Personaje inquieto, fue de un convento para otro hasta que acabó en Cluny, el centro del saber en su época. Él mismo en su libro V se describió como un tanto rebelde en su juventud:
desobedecía a sus superiores, molestaba a sus compañeros y rechazaba cualquier sugerencia encaminada a su salvación espiritual… Todo un personaje…
La sola mención del canibalismo produce un sentimiento de horror en nosotros, habitantes de un mundo civilizado, y sólo podemos pensar en ello como algo propio de sociedades muy primitivas o en casos de grave tensión personal. De vez en cuando nos llegan casos de canibalismo pero en la sociedad occidental se trata siempre de desórdenes psíquicos. Aunque sea un personaje de ficción, el Anibal Lecter de la película “El silencio de los corderos” nos ejemplifica estas situaciones, nada que ver con la desesperación y la urgente necesidad física que produce el hambre. Un ejemplo de necesidad pura y dura de supervivencia fue el de los protagonistas de “Viven“, un grupo de uruguayos que sufrió un accidente de avión en plenos Andes y debieron recurrir a la carne de las víctimas para sobrevivir. Y, sin embargo, ha sido admitido en sociedades desarrolladas y se han dado casos hasta hace tiempos que nos sorprenderían por lo recientes. Aunque es cierto que en estos casos fue la necesidad de sobrevivir lo que motivó la antropofagia.
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Guerreros caníbales de Oceanía transportan a la aldea el cuerpo decapitado de un enemigo muerto durante un enfrentamiento tribal, en 1.910
Sólo en Europa y en el Siglo XX se conocieron varios casos: en Alemania, tras la derrota de la Iª Gran Guerra, o en la URSS, especialmente en Ucrania, durante las hambrunas de 1.921, tras la Revolución Rusa y la guerra civil que le siguió. Tras la Revolución vino un periodo aún peor, la conocida como Golodomor…en ucraniano:  “el hambre” o “matar de hambre”, que se ha comparado en ocasiones a un genocidio..
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Grupo de campesinos ucranianos, detenidos y fotografiados junto a su “botín”.
Entre los años 1.932 y 1.933 se calcula que murieron de hambre entre 5 y 6 millones de personas, en un territorio que afectó sobre todo a los ucranianos, pero también a kazajos, siberianos y rusos del sur. ¿La causa?: en parte una sequía con la consecuencia de malas cosechas, pero sobre todo por una política soviética decidida por el Comité Central del Partido Comunista en Diciembre de 1.929 de requisas del grano (hasta un 42% de la producción del cereal), entre otras cosas para forzar a los campesinos, hasta entonces libres, a la colectivización. La población se redujo a un 25% a causa del hambre y epidemias como el tifus o por las deportaciones masivas a Siberia ante las protestas del campesinado, desde 1.934 la natalidad descendió hasta un 40%, y se calcula que se sacrificaron más de 18 millones de caballos, más de la mitad de los existentes en todo el país. Con este sombrío panorama no es de extrañar que se produjesen casos de canibalismo, por pura supervivencia.
Otro caso mencionado de canibalismo por pura necesidad se registró en China, entre los años 1.958 y 1.961, en el distrito de Gansu, región esteparia y montañosa al sur de Mongolia. China es un país que sigue siendo “oscuro” para los investigadores que intentan registrar su pasado. El académico chino Yang Jisheng, en su libro “La Gran Hambruna de China”, calculó en ese periodo y sólo en Gansu una cantidad de “muertes no naturales” que oscilaron entre 600.000 y 1.000.000 víctimas.
Mencionó casos de canibalismo registrados: en la ciudad de Linxia se procesó a 558 personas por comerse a 337; en la de Hongtai, a 170 por comerse a 125, de los que 5 “fueron asesinados con ese propósito”… ¿podemos deducir, entonces, que se comían a los cadáveres?… Yang Jisheng habla de que los maridos se comían a sus esposas, las madres a sus hijos, o los hermanos a las hermanas… Casi nos parece estar escuchando al monje Raul Glaber…
Aunque no es éste el objetivo de esta entrada, sólo aclarar que la Gran Hambruna fue consecuencia del fracaso del plan conocido como el Gran Salto Adelante. Este fracaso condujo a partir de 1.960 a la Gran Revolución Cultural Proletaria (todo a lo “grande”), más abreviada en occidente como la Revolución Cultural. El presidente Mao Zedong, antes conocido como Mao Tse Tung, anunció que iba a acabar con “los cuatro viejos”: las viejas costumbres, los viejos hábitos, la vieja cultura y los viejos modos de pensar. Lo que no anunció es que, junto a “los cuatro viejos”, iba a acabar con millones de campesinos.
En el distrito de Gansu antes mencionado, se internó en el campo de Jianbiangou a 3.000 presos políticos (intelectuales y antiguos funcionarios principalmente) para ser “reeducados”. De esos 3.000, 2.500 murieron por inanición.
3) Canibalismo en México
Pero si hay que buscar un ejemplo de canibalismo masivo, organizado y sistemático, sin duda lo encontraremos en Tenoxtitlán, la antigua capital de los aztecas, en el México precolombino…aunque es un tema que cuando se menciona aún sigue “molestando” a los actuales mejicanos y, si no negado (imposible dada la avalancha de testimonios, incluso de los propios mexicas -como se llamaban a sí mismos-), sí matizado por historiadores de esa nacionalidad. Hay tres códices principales elaborados por los propios mexicas donde se reflejan, además de los sacrificios, el hecho innegable del canibalismo.
Así, los conocidos como el Códice Tudela (del Museo de América, radicado en Madrid), el Códice Magliabecchi (en la Biblioteca Nacional Central de Florencia), y el Códice Florentino (en la Biblioteca Medicea-Laurenciana de Florencia) muestran abundantes dibujos e imágenes de la antropofagia. De estos tres, el último, también conocido como la “Historia General de las cosas de la Nueva España”, fue escrito por Fray Bernardino de Sahagún. Está redactado en latín, en castellano y en nahuatl, el idioma de los mexicas. Fray Bernardino se apoyó en los testimonios de sus estudiantes indígenas trilingües, pertenecientes a la élite mexicana, que le informaron de la cultura y costumbres aztecas, entre ellas el canibalismo.
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Canibalismo azteca. Códice Magliabecchi. Biblioteca nacional de Florencia
Los aztecas, pueblo con un alto desarrollo en el momento en que irrumpe en su historia Hernán Cortés, ocupaban Méjico central con su capital, Tenochtitlán, densamente poblada. Y pese a disfrutar de una avanzada agricultura que les permitía obtener 2, 3 cosechas y más cada año en sus “chinampas”, huertos flotantes, padecen una acuciante escasez de proteína animal, puesto que la caza es muy escasa y no conocen animales domésticos mayores que el pavo, los patos o sus perritos, a los que crían para consumo.
se calcula un mínimo de 20.000 sacrificios al año, tan sólo en la capital… (“Bases ecológicas del Sacrificio Azteca”. Michael Harner)
Aunque hay quien eleva la cifra para todo el México Central (además de la capital), calculando que en el siglo XV se sacrificaban anualmente unas 250.000 personas, aproximadamente el 1% de la población. Otros, como el arqueólogo mejicano Marcos Antonio Cervera Obregón, rebaja la cifra a 15.000 para la capital, lo que de por sí ya es bastante impresionante. Pero hay que puntualizar que los mexicas no comían a su propio pueblo, sino tan sólo a los prisioneros de guerra, a los que siempre procuraban capturar vivos, manteniéndolos en grandes jaulones o corrales durante un tiempo, y a los que sacrificaban en lo alto de sus templos, repartiendo las partes del cuerpo. El propietario de la víctima lo entregaba al sacrificador que la repartía según un rígido protocolo: el corazón y la sangre (recogida en un recipiente) estaban destinadas al dios. Los muslos al palacio real. El tórax y las vísceras servían para alimentar a los animales del zoo del emperador (pumas, jaguares, zorros, aves de presa). Con el resto se organizaba un banquete, donde se consumía por los parientes e invitados del anfitrión, aunque éste no participaba de la carne de su prisionero (ya comería en otros banquetes):
cuando entre dos o tres cautivaban a uno de los enemigos, dividíanle de esta manera: el que más se había señalado en este negocio, tomaba el cuerpo del cautivo… después de haberles sacado el corazón echaban el muerto a rodar por las gradas abajo. Iba a parar a una placeta donde unos viejos le despedazaban y le repartían para comer… después de desollados, los viejos llevaban los cuerpos al calpulcoadonde el dueño del cautivo había hecho su voto o prometimiento; allí le dividían y enviaban a Moctezuma (el emperador) un muslo para que comiese, y lo demás lo repartían para los otros principales o parientes; íbanlo a comer a la casa del que cautivó al muerto. Cocían aquella carne con maiz, y daban a cada uno un pedazo de aquella carne en una escudilla, con su caldo y su maiz cocida. Y llamaban a aquella comida tlacatlaolli; después de haber comido andaba la borrachería… (“Historia General de las cosas de la Nueva España”. Fray Bernardino de Sahagún).
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Sacrificios aztecas, según el Códice Florentino
En su avance y tras la conquista de la capital, Cortés hizo un macabro descubrimiento en la localidad de Zultepec, llamada Tecoaque (en nahuatl: “el lugar donde los comieron”). Allí, una expedición de 550 personas, entre hombres, mujeres, niños e indígenas colaboradores, miembros de la segunda expedición y que iban a reunirse con Cortés, fueron capturados por los texcocos, aliados de los aztecas. Encerrados en cabañas y alimentados durante meses, fueron sacrificados gradualmente y devorados junto a sus caballos. Cortés descubrió los restos de los cadáveres, sobre todo los cráneos de los hombres y los caballos, empalados y expuestos frente a las viviendas de los texcocos.
Ni fueron los únicos ni tampoco los primeros en utilizar la carne humana como sustento en Centroamérica. En las islas del Caribe, recién descubiertas, los primeros exploradores tuvieron constancia de la existencia de muchas tribus hostiles que se comían a sus prisioneros, ya fuesen nativos de otras tribus o los propios españoles. Pero en el continente tuvieron ocasión de comprobar más casos. Así, los mayas:
…(tras naufragar en la costa de Yucatán) en el camino murieron de hambre siete de los nuestros, y viniendo los demás en poder de un cruel señor, sacrificó a Valdivia y a otros cuatro, y ofreciéndolos a sus ídolos, después se los comió, haciendo fiesta, según el uso de la tierra, e yo con otros seis quedamos en caponera, para que estando más gordos, para otra fiesta que venía, solemnizásemos con nuestras carnes sus banquetes… (“Crónica de la Nueva España”, Libro I, cap. XXII, de Francisco Cervantes de Salazar).
Quien ésto cuenta es Jerónimo de Aguilar, aunque tuvo suerte y vivió para contarlo junto a otro español: Gonzalo Guerrero. Tras vivir entre los indios ocho años, pudo ser rescatado por Hernán Cortes al que sirvió, como conocedor del maya que aprendió en sus años de cautiverio, lo que le habilitó como traductor durante sus conquistas, con la colaboración de la india Malinche, que hablaba maya y nahuatl (la lengua de los mexicas).Cabe comentar que el otro español superviviente, Gonzalo Guerrero, llegado el momento no quiso ser rescatado. Se había casado con una india con la que tenía al menos tres hijos, y estaba totalmente integrado entre los mayas, llegando a ser capitán de los soldados indios. De hecho, ayudó a éstos a combatir contra Cortés cuando, en su momento, intentó la conquista de su territorio.
Otros mejicanos, como los Chichimecas:
también sacrificaban más allá de Jalisco hombres a un ídolo como culebra enroscada, y quemándolos vivos, que es lo más cruel de todo, y se los comían medio asados…(“Historia de la conquista de México”. Francisco Lopez de Gómara).
O los tlaxcaltecas, enemigos de los aztecas y aliados de Cortés que, en su avance hacia la capital, Tenoxtitlán, mantuvieron estas costumbres incluso estando bajo sus órdenes. Hernán Cortés prefirió hacer la vista gorda ante la vital necesidad que tenía de asegurarse su ayuda y fidelidad:
(Cortés) proybió a los yndios que no tuviesen ydolos ni sacrificar pero quel comer de la carne umana muchos días se les permitió porque yban en ayuda de los españoles a las guerras e con codiscia de comerse aquella carne… (“Relación de méritos y servicios del conquistador Bernardino Vázquez de Tapia”, en la Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial).
Otros cronistas como Bernal Díaz del Castillo, acompañante de Cortés como soldado en la conquista de Tenochtitlán, dejó testimonio en su “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, en la que cuenta cómo los tlaxcaltecas cuando se comían a sus prisioneros, animaban a los españoles a participar en sus banquetes, asombrándose que rechazasen el festín.
4) El canibalismo en el Paleolítico
 
Es necesario atender a la definición que cada cultura hace de lo natural o biológico, ya que no tienen por qué coincidir con la nuestra. Muchas tribus de cazadores-recolectores, en Asia, África o Latinoamérica, pueden comerse a sus prisioneros. Generalmente con un ritual previo (como el de los pueblos de Mesoamérica de la época de la Conquista) más o menos elaborado, aunque el fin último es el de, sencillamente, nutrirse. Ya desde el Paleolítico tenemos numerosas evidencias.

Según los trabajos de campo realizados por paleoantropólogos, nuestro remoto antepasado, el Homo habilis, habitante de la sabana africana (que vivió del año 2.500.000 al 1.500.000, aproximadamente), desarrolló técnicas de carroñeo más que de caza. Su sucesor, el Homo erectus (del año 1.900.000 al 100.000) ya practica una caza organizada, domina el fuego y coloniza Europa. Su supuesto descendiente, el Homo antecessor, es el habitante del famoso yacimiento burgalés de Atapuerca, y entre sus restos fósiles aparecen evidencias de canibalismo: huesos rotos para extraer el tuétano o con huellas de raspado para rebañar la carne.

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1/ marcas de descarnación en hueso del pómulo, perteneciente a un Homo antecessor, del yacimiento de Atapuerca.
2/ marcas en el omóplato, esta vez de un Homo sapiens, en un yacimiento francés.
El Homo sapiens aparece hace unos 230.000 años, bajo su forma menos evolucionada de hombre de Neanderthal, procedente de la evolución del  Homo heidelbergensis, extinguiéndose en Europa hace unos 28.000 años. Hay un verdadero debate entre los especialistas que no terminan de ponerse de acuerdo sobre quienes le consideran una especie propia (el Homo neanderthalensis) o bien una subespecie del sapiens (en cuyo caso la denominación más adecuada sería Homo sapiens neanderthalensis). En todo caso lo que está claro es que el Neanderthal no fué el antecesor del Cro-Magnon. Aunque tenían un aspecto diferente es cierto que durante el tiempo que duró su convivencia llegaron a cruzarse, y sus descendientes fueron fértiles.
Un ejemplo en la península es el conocido como “el niño de Lapedo”, en Portugal, un niño de cuatro años encontrado en el yacimiento de Lagar Velho. Según el arqueólogo portugués Joao Zilhao (profesor en la Universidad de Barcelona), el niño presenta en el cráneo mezcla de rasgos tanto de Neanderthal como de Cro-Magnon. Mediante las pruebas genéticas hoy se considera que los hombres modernos, los Homo sapiens (Homo sapiens sapiens, si atendemos a subespecies) tenemos en nuestros cromosomas al menos un 2% de genes procedentes del Neanderthal. Zilhao, por otra parte, apoya la teoría de que los neanderthales eran capaces de pensamiento complejo y simbólico, muestra de su “modernidad”.
Hasta hace relativamente poco tiempo se consideró a los hombres de Neanderthal  como individuos muy “brutos”, una forma de eslabón entre el hombre y el mono. Ciertamente eran más robustos que el Homo sapiens (sapiens), entre otras cosas por su adaptación al frío. Pero hoy día, por los hallazgos de sus yacimientos o estudios anatómicos sobre su laringe, se les considera capaces de hablar y no meramente gruñir, y asímismo capaces de elaborar formas de artesanía, lo que indica un desarrollo mental avanzado. La evidencia más antigua, apoyando las tesis de Zilhao, es una serie de dibujos rupestres que representan focas, en la cueva de Nerja, en Málaga, datados en 43.000 años. Y dado que el hombre moderno no llegó al sur de Europa hasta hace 25.000 años, se considera sin discusión como un producto del Neanderthal.
Sea especie o subespecie, los estudios sobre su dieta nos muestran que consumían un alto porcentaje de carne al tocarles vivir bajo un periodo muy frío, con escasas oportunidades de obtener frutas o vegetales. Se especializan en ciertas presas, de tamaño mediano y grande, propias del periodo glacial en el que viven: rinoceronte lanudo, mamut, oso de las cavernas, bisonte..animales todos ellos de dificultosa caza. El estudio de los hábitats del Neanderthal sugieren grupos tribales de uno 15 individuos, 30 como máximo.La esperanza de vida era inferior a los 35 años y, según las inhumaciones, había una elevada tasa de mortalidad infantil. Porque con el Neanderthal aparecen los enterramientos (a veces con restos de abundantes flores) y, con ellos, las primeras evidencias de canibalismo.
El hombre moderno aparece ya como Homo sapiens (u Homo sapiens sapiens, si lo consideramos subespecie), también conocido como hombre de Cro-Magnon, en África, hace unos 200.000 años, emigrando a Eurasia hará unos 60.000 o 100.000 años, y sustituye al Neanderthal en un plazo aproximado de 5.000 años, sin que se sepan todavía exactamente las causas, aunque hay muchas teorías: ¿competencia entre especies, al ser el Cro-Magnon más hábil?…¿influencia del cambio del clima?…¿enfermedades tropicales que los hombres modernos traen desde África y frente a las cuales el Neanderthal no tiene defensas?…¿la propia evidencia del canibalismo del Neanderthal?…
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Mandíbula de Neanderthal, con señales de haber sido “rebañada”
Hay una interesante teoría propuesta por Jesús Baena, arqueólogo de la UAM (Universidad Autónoma de Madrid), responsable de la investigación en el yacimiento de El Esquilleu, cueva en la cordillera cantábrica, con presencia de neanderthales durante decenas de miles de años. Según Baena los humanos modernos (el Cro-Magnon), mucho más efectivos en sus técnicas de caza, sí influyeron en la extinción de los neanderthales por la sobreexplotación de los cazaderos de donde estos últimos obtenían sus recursos.
Lo cierto es que, y según los restos encontrados, los últimos hábitats del Neanderthal se extendieron por el sur de la península ibérica, en yacimientos como los de la Cueva de la Araña (junto a la Cala del Moral, muy cerca de Málaga capital) o el de Zafarraya, también en Málaga. Originalmente y según la técnica del Carbono-14 tanto los restos de Jarama VI (en Madrid, estudiados por Jesús Jordá, geólogo de la UNED) como los de Zafarraya, tenían una antigüedad de 30-33.000 años. Esta datación se ha mejorado con la técnica de la ultrafiltración, lo que aumenta la datación en unos 10.000 años más. Precisamente y contradiciendo la teoría de que los últimos neanderthales aguantaron más al sur, en la costa de Málaga, la datación por ultrafiltración arroja una antigüedad para los restos de El Esquilleu de tan sólo 23.000 años, una cifra realmente asombrosa por la modernidad que supone.
La llegada desde su África original a Europa del hombre “moderno”, el Homo sapiens (sapiens) u hombre de Cro-Magnon, se produce hace aproximadamente hace 40.000 años. Europa se halla todavía bajo el efecto de las consecutivas glaciaciones, en un periodo frío y riguroso, pese a lo cual hay constancia de un aumento de la población: aumenta el número de yacimientos, aumenta el número de zonas hasta entonces no explotadas y aumenta el número de individuos en los grupos, unos treinta de media. La explicación a este crecimiento se debe, sin duda, al desarrollo de las técnicas de armamento. Se perfeccionan las puntas de las armas arrojadizas y aparecen dos inventos cruciales: el arco y el bastón propulsor, que multiplican el impulso en el lanzamiento de dardos y de lanzas, respectivamente.
Habría que valorar cuánto influyó en su éxito el tener sus perros al lado, como “despensa” y ayuda. Los primeros fósiles identificables como perros (y no lobos) aparecen en yacimientos de toda Eurasia y Norteamérica hace ya más de 13.000 años: Palegawra en Irak (12.000 años), Jaguar Cave en Idaho, USA (10.400), Star Carr en Inglaterra (9.500), Devil’s Law en Australia (8.000), Monteburr en Australia (8.000), Sian en China (6.800), Benton en Missouri, USA (5.500), Pont D’Ambon en Francia (9.700), etc. Pero es casi seguro que los proto-perros, indiferenciables anatómicamente de los lobos, acompañasen a los humanos modernos decenas de miles de años antes.
En 1.997 Robert Wayne dirigió a un equipo en la Universidad de California, en Los Ángeles, que revolucionó los conocimientos anteriores en lo que al origen del perro suponían. El estudio genético se realizó con muestras procedentes de 162 lobos (de Norteamérica, Europa y Asia), de 140 perros, de 5 coyotes y de 12 chacales. Por datación genética calculó la separación entre lobo y perro en un tiempo máximo de 135.000 años. Por supuesto, estalló la polémica, ya que las secuencias de mutación mitocondriales en las que se apoyó tienen una tasa de regularidad bastante accidentada, lo que les convierte en relojes muy poco exactos. Pero incluso con esa inexactitud, la fecha de la domesticación del lobo/perro se adelantó bastante a los 14.000 años aceptados hasta ahora por la aparición de los fósiles de perro.
Insisto: los restos fósiles de lobos son abundantes en muchos yacimientos, aunque la imposibilidad de distinguirlos de los proto-perros impidió saber si eran restos de lobos cazados y devorados o eran ya acompañantes fijos de los humanos modernos. Sólo cuando se diferencien anatómicamente del lobo por estudios de morfología dental (Olsen&Olsen, 1.977) y craneal (Clutton-Brock, 1.976; Robert Wayne, 1.986) podemos diferenciarlos. Pero hablando del papel del perro como parte de la despensa del Homo sapiens (sapiens), una característica a destacar es que casi todos estos restos presentan huellas inequívocas de haber sido devorados: aparecen, como mencioné más arriba, chamuscados o presentan raspaduras y señales de haber sido descarnados, o los cráneos aparecen abiertos, para extraer el cerebro.
Pero volviendo al tema de la antropofagia, y dejando a un lado el tema de la antigüedad del hombre de Neanderthal, lo que sí está claro es la evidencia de múltiples huellas de canibalismo, aunque deberíamos definirlo, utilizando la jerga de los arqueólogos, como un “canibalismo gastronómico” y no “canibalismo ritual”…aunque la consecuencia fuese la misma: comerse a los semejantes. Los hallazgos de huesos pertenecientes al Homo (sapiensneanderthaliensis con arañazos por haber sido descarnados con herramientas de piedra, o bien partidos para extraer el tuétano, o bien con las cabezas abiertas para extraer el cerebro son abundantes: los yacimientos de Moula-Guercy, Les Pradelles, Fontbrégoua y Combe Grénal, en Francia; Thalheim en Alemania (34 individuos con el cráneo hundido a hachazos); Vindija y Krapina, en Croacia; El Sidrón, en Asturias; o Goyet, en Belgica. En concreto y como ejemplo, en la cueva del Goyet en Bélgica se encontraron 99 restos óseos correspondientes a un mínimo de 5 individuos (cuatro adolescentes y un niño), datados entre 40.500 y 45.500 años.
Otro de los primeros yacimientos, un tanto discutido, fue el realizado en 1.939 en Grotta Guattari, en la ladera del monte Circeo, cerca de Roma, y a unos 100 metros de la línea costera, lo que supuso al menos una fase de inundación por las oscilaciones en el nivel del mar. Con evidencias de ocupación por los neanderthales desde al menos hace 75.000 años. El 24 de Febrero de 1.939 unos trabajadores junto al señor Guattari, despejando la entrada, encontraron en el interior entre muchos restos óseos de animales, un cráneo de neanderthal con el orificio occipital muy ampliado, para acceder al cerebro. El profesor Blanc opinó que se trataba de la obra de otros neanderthales aunque no tardaron en surgir voces discrepantes, que opinaron que hace 50.000 la gruta sirvió de madriguera para hienas, lo que justificaba los restos óseos de caballos y ciervos, y que la ampliación de la base del cráneo se debió a la acción de las hienas. El debate continúa.
El hombre de Cro-Magnon practicó una caza selectiva, según la zona que habitase. Así, en la cornisa cantábrica la presa más cazada fue el ciervo. En las estepas de Europa Central y del Este, fue el mamut, mientras que en Francia, cubierta por una tundra similar a la del Círculo Polar, fue el reno. Y siguiendo al reno en sus migraciones será como comience el proceso de domesticación de esta especie. Se ha calculado la fecha de domesticación de este pariente del ciervo hará unos 7.000 años. El primer documento donde se menciona está fechado en el año 892, del rey Ottar.
El pastoreo de renos se difundió por toda Eurasia septentrional, hasta llegar a los chukchis, junto al estrecho de Bering, pero no alcanzó a los esquimales, a pesar de que éstos cazan el caribú, un animal casi idéntico al reno euroasiático. Los lapones y los pastores de renos como los chukchis pueden haber aprendido algunas de sus técnicas de los pastores de bovinos y de los jinetes del sur, mientras que los antecesores de los lapones cruzaron el estrecho de Bering (así como los renos salvajes) hará al menos 20.000 años, mucho antes de la domesticación del ganado, cuando las glaciaciones hicieron bajar el nivel del mar, permitiendo el paso por un puente de tierra helada que comunicó Siberia con Alaska.
Volviendo al tema del canibalismo y ya en el mundo clásico, el filósofo Aristóteles nos retrata varios casos de los comentados en sus tiempos (casi clasificándolos, fiel a su estilo):
…considero, por ejemplo, brutales, disposiciones como la de la mujer de quien dicen que abre a las preñadas y se come a los niños, o aquellas en que dicen que se complacen algunos pueblos salvajes del Ponto (se refiere al Mar Negro) , que comen carne cruda, o carne humana, o se entregan los niños los unos a los otros para sus banquetes, o lo que se cuenta de Falaris (tirano de la ciudad de Agrigento, en Sicilia, del que se dice que comía bebés en su periodo de lactancia). Estas son, sin duda, disposiciones brutales. Otras se producen a consecuencia de enfermedades (y en algunos casos de locura, como la del que sacrificó y se comió a su madre, y la del esclavo que se comió el hígado de su compañero)… (Ética a Nicómaco”, VII, 5. Aristóteles, S.IV a.C.)).
5) El infanticidio como control de población
El escritor irlandés Johnatan Swift, más conocido por ser el autor de “Los viajes de Gulliver”, publicó en 1.729 una obra titulada: “Una modesta proposición para impedir que los hijos de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o para el país”. La solución sugerida era que los campesinos arruinados que no pudiesen alimentar a sus hijos se los vendiesen a los terratenientes ricos…para que le los comiesen… Está claro que la “Modesta proposición” era una obra satírica cargada de la más cruel ironía, aunque en su momento fue recibida con bastante escándalo por la puritana sociedad británica. Lo que también está claro es que en Europa y, concretamente en Gran Bretaña, el problema de la superpoblación existía, y preocupaba bastante.
 Pese a las mejoras en el armamento del hombre de Cro-Magnon y a la progresiva benignidad del clima, no hay que olvidar que el ser humano seguía (y sigue) dependiendo de los recursos naturales, y que el aumento de población redunda, según las teorías del economista británico del siglo XIX Malthus, en menos recursos para repartir:
cuando no lo impide ningún obstáculo la población se va doblando cada venticinco años, creciendo de periodo en periodo, en una progresión geométrica. Los medios de subsistencia, en las circunstancias más favorables, no se aumentan sino en una progresión aritmética…un hombre que nace en un mundo ya ocupado, si sus padres no pueden alimentarlo y si la sociedad no necesita su trabajo, no tiene ningún derecho a reclamar ni la más pequeña porción de alimento (de hecho, ese hombre sobra). En el gran banquete de la naturaleza no se le ha reservado ningún cubierto. La naturaleza le ordena irse y no tarda mucho tiempo en cumplir su amenaza (“Ensayo sobre el principio de la población”. Thomas Malthus)… Más claro, agua…
 Hay dos mecanismos sociales que alivian esta tensión en un mundo cada vez más poblado, con menos recursos por tanto. Del canibalismo ya hemos hablado. La otra es el infanticidio. Parafraseando a Malthus (al que admiraba), el antropólogo norteamericano Marvin Harris se refiere al infanticidio o, por ejemplo, al abandono de los viejos por los esquimales cuando escasea la comida, como:
...una de las estrategias culturales dirigidas a incrementar  o limitar el número de individuos, debidas a un cálculo entre los recursos disponibles y las necesidades de la población… (“Muerte, sexo y fecundidad: la regulación demográfica en las sociedades preindustriales y en desarrollo”. 1.987).
 
Marvin Harris fue el creador de lo que se llamó el “materialismo cultural”, corriente teórica que trata de explicar las diferencias y similitudes socioculturales, dando prioridad a las condiciones materiales de la existencia, centrando el interés de los antropólogos en las relaciones entre cultura, ecología, tecnología y demografía. Teniendo en cuenta estas premisas, y aunque nos parezcan un tanto crueles, podemos entender el punto de vista de la sociedad grecolatina, reflejado en muchas de las obras de sus médicos y filósofos:
...para distinguir los hijos que es preciso abandonar de los que hay que educar, convendrá que la ley prohiba que se cuide de manera alguna a los que nazcan deformes; y en cuanto al número de hijos, si las costumbres resisten el abandono completo…será preciso provocar el aborto antes de que el embrión haya recibido la sensibilidad y la vida. El carácter criminal o inocente de este hecho depende absolutamente sólo de esta circunstancia relativa a la vida y a la sensibilidad… (“Política”, I-IV, c.14. Aristóteles).
 
Con el pragmatismo y la “frialdad” propia de la escuela estoica, el filósofo Séneca nos dice:
…matamos a los deformes; incluso ahogamos a los niños que nacen débiles y anormales. Pero no es la ira, sino la razón la que separa lo malo de lo bueno… (“De Ira”, I, 15, 2. Séneca).
El médico griego Hipócrates en el siglo IV a.C. se cuestiona:
…qué niños convendría criar…(“Corpus hippocraticum”, IV,  “Acerca del feto de ocho meses”. Hipócrates).
Y Sorano de Éfeso, médico griego que ejerció en Alejandría y Roma en el siglo II, define la puericultura como:
…el arte de decidir cómo reconocer al recién nacido digno de ser criado… (“Gynakeia”, II, 9-10).
Ahora bien, es muy difícil diferenciar lo que fue infanticidio y lo que fue muerte natural. Una parte significativa de investigadores defienden la idea de que la alta mortalidad infantil obedece exclusivamente a causas naturales. Ciertamente, ésta era muy elevada. Se considera a la mortalidad infantil como el indicador demográfico que señala el número de defunciones de niños en una población de cada mil nacimientos vivos, durante el primer año de vida, el periodo más crítico. En la actualidad se dan diferencias notorias entre el mundo desarrollado y el Tercer Mundo, por razones obvias debidas a las diferencias de alimentación y de sanidad, principalmente. Así, los países con menor mortalidad infantil son Noruega e Islandia, con tres muertes de cada mil niños durante su primer año. Por contra, África registra las peores tasas, siendo de 154 por cada mil, como media para toda África, llevándose la triste palma Níger, con 262 fallecimientos por cada mil niños, durante el primer año de vida.
En cuanto a la mortalidad infantil en la antigua Roma, los diferentes estudios coinciden bastante: 300 por cada mil (“Demografía y sociedad romana”. Tim Parkin). Entre un 30 y un 40% de muertes durante el primer año, y una tercera parte en sus diez primeros años (“Nacimiento y muerte de los niños en la Roma Imperial”. Laura Montarini). O aún peor según Richard Saller, para el que cerca de la mitad de los niños romanos morían antes de los diez años (“Patriarcado, propiedad y muerte en la familia romana”). Y ésto, para los niños no abandonados en la calle o expósitos, que mencionaré a continuación.
A lo largo de la historia, tribus, clanes, reinos, han obtenido su fuerza por el número de sus pobladores, bien para engrosar sus ejércitos, bien para la masa de sus trabajadores. La fecundidad se consideraba una bendición de los dioses. Pero cuando llegan los tiempos cíclicos, contra los que no se puede luchar, de las vacas flacas, esa bendición se convierte en un regalo envenenado y, en unas sociedades sin los medios anticonceptivos de los que disponemos ahora, el único control de natalidad era “eliminar excedentes”.
Hay formas directas de infanticidio, como la asfixia, pero en la antigua Roma el método más usado era la “exposición”: los niños expósitos, literalmente “puestos fuera”, o lo que es igual, el abandono en plena calle de los niños nacidos en casa bien de la propia esposa, de las hijas o de las esclavas, institución frecuente en el mundo grecolatino y potestad indiscutida del “pater familias”, jefe absoluto de los bienes y las vidas dentro del hogar. La mayoría de los niños expósitos o abandonados en Roma eran depositados frente a la llamada Columna Lactaria, delante del templo de la Pietas romana. Una vez abandonados podían ser recogidos por cualquiera: familias que deseaban más hijos, o sin herederos, pero la mayoría eran criados por comerciantes para fines lucrativos, bien destinados a ser esclavos, prostitutas o gladiadores. Para regular éticamente la exposición y con el objetivo de aumentar la población en Roma, Dionisio de Halicarnaso menciona la “Ley de Rómulo” (aunque en origen estaba enfocada para castigar a las nueras que ofendiesen a sus suegras):
… en primer término estableció la obligación de que sus habitantes criaran a todo vástago varón y a las hijas primogénitas; que no mataran a ningún niño menor de tres años, a no ser que fuera lisiado o monstruoso desde su nacimiento. Sin embargo no impidió que sus padres los expusieran tras mostrarlos antes a cinco hombres, sus vecinos más cercanos, si también ellos estaban de acuerdo… (“Historia Antigua de Roma”, 2.15. 1-2).
El infanticidio, pese a todo, no era “bien visto”, y había formas más solapadas como la desidia y la falta de cuidados, vitales en un recién nacido. Y, como ya hemos visto, el infanticidio femenino o su exposición debido a  su condición de “clase improductiva”,era visto con más naturalidad en el mundo clásico:
si como puede suceder, das a luz a un hijo, consérvalo, si es mujer, abandónala… (carta de un marido a su esposa, “Papiro Oxyrrinco”, IV, 744. Siglo I).
un hijo siempre es criado, incluso si uno es pobre; una hija es expuesta, incluso si uno es rico… (“Hermaphroditus”, fr.11. Posidipo).
de 79 familias de Mileto, en Grecia, en el año 220 a.C., los hijos varones eran 118 y tan sólo 28 hembras. De 600 familias de Delfos, en el siglo II, sólo un 1% criaban dos hijas, aunque no era extraño la crianza de dos o más hijos varones… (“Historia de la Infancia”, pag.49. 1.982. Lloyd deMause).
Cabe preguntarse si el infanticidio selectivo es un recurso de sociedades desarrolladas. Volvamos otra vez al Paleolítico, de donde veníamos. En un cálculo hecho sobre los restos fósiles encontrados pertenecientes desde el Pithecantropus hasta el moderno Cro-Magnon, la proporción era de 148 varones por cada 100 hembras, algo que se contradice con el 50% aproximado para cada sexo en el momento del nacimiento (“The social Life of Early Man”, pag. 255. Henry Vallois).
6) El infanticidio para evitar la deshonra
Añado este capítulo a posteriori, y gracias al comentario que un amigo abogado me hizo tras leer la entrada de que él, cuando estudió derecho, recordaba algo así como que en el Código Penal existía un atenuante para el infanticidio, a fin de evitar la deshonra de la madre. Obviamente no era un infanticidio por hambre, ni tan siquiera ritualizado, como el caso de los tofet que veremos más tarde. En este caso la necesidad era “social”, por evitar algo que fue tan grave como “el deshonor” en la familia. Como me ha parecido interesante, os lo paso.
En el Código Penal de 1.822 (artículo 612) ya se redacta el delito de infanticidio, donde se exceptúa de la pena señalada a los parricidas a:
…las mujeres solteras o viudas que teniendo un hijo ilegítimo, y no habiendo podido darle a luz en una casa de refugio, ni pudiendo exponerle con reserva, se precipiten a matarle dentro de las venticuatro horas primeras al nacimiento, para encubrir su fragilidad; siempre que este sea a su juicio, de los jueces, de hecho, y según lo que resulte, el único o principal móvil de la acción y mujer no corrompida y de buena fama anterior a la delincuente… 
El Código Penal de 1.848 en su artículo 327, extendió este beneficio al abuelo materno y amplió a tres días el término de venticuatro horas del anterior texto penal.
La redacción del infanticidio que otorga el Código Penal de 1.973 procede del Código Penal de 1.932, acogiendo la misma, en el Libro II, Título VIII, Capítulo II, como un tipo delictivo independiente, según dispone así el artículo 410:
la madre que para ocultar su deshonra matare al hijo recién nacido será castigada con la pena de prisión menor, en la misma pena incurrirán los abuelos maternos que, para ocultar la deshonra de la madre, cometieren este delito…

Eran otros tiempos… En el Código Penal de 1.995 ya no se contemplan estos atenuantes, entre lo que era un “infanticidio por honor”, y un infanticidio puro y duro. Lo que se aplicaban en estos casos no era exactamente ni un atenuante ni una eximente, sino que es lo que se viene a describir como un “tipo atenuado” de homicidio o asesinato. Esto es, el hecho típico penal, la muerte de un recién nacido para evitar la deshonra de la madre, tiene una pena muy inferior a la que correspondería al tipo básico de homicidio o de asesinato.

En el código penal del 73 las penas se correspondían a seis categorías; arresto menor, hasta un mes, arresto mayor, de un mes a seis, prisión menor, de seis meses a seis años, prisión mayor de 6 a 12 años, reclusión menor de 12 a 20 años y reclusión mayor de 20 a 30 años. Mientras que el homicidio estaba castigado de 12 a 20 años y el asesinato de 20 a 30, el mismo acto, realizado con un recién nacido para ocultar la deshonra tenía una pena muy inferior.

7) La anticoncepción en el mundo clásico

En este mundo moderno que nos ha tocado vivir, los avances de la ciencia han conseguido que las mujeres puedan decidir por sí mismas el control de la maternidad, tanto si quieren ser madres como si no. Hoy está al alcance de cualquiera disponer de fecundidad asistida, inseminación artificial o trasplantes de embriones, y en el caso de que quieran evitar o posponer los nacimientos, todo un surtido de DIUs (dispositivo intrauterino), píldoras anticonceptivas o incluso la “píldora del día después”.
Un hito lo marcó en los años 50 del pasado siglo el descubrimiento de la píldora anticonceptiva, por el biólogo estadounidense Gregory Goodwin Pincus, aunque no se autorizó su comercialización en los Estados Unidos hasta el 18 de Agosto de 1,960. En España la autorización se retrasó hasta el 7 de Octubre de 1.978. Antes de esa fecha se consideraba en nuestro país como delito penado por la ley venderla, e incluso prescribirla. Pese a la autorización, muchas farmacias se negaron a venderla por considerarla “inmoral”…obviamente eran otros tiempos. No obstante muchos médicos más abiertos de mente la recetaban con la excusa de regularizar el ciclo menstrual, e incluso para combatir el acné.
Pero en el mundo clásico no se disponían de tantos avances, y en una época en que no existía la Seguridad Social, ni ayudas a la maternidad ni tan siquiera hospicios, era un hecho que muchas mujeres intentaban evitar quedarse embarazadas, ante las complicaciones de todo tipo que les podía suponer, tanto económicas como éticas, y que desembocaban en última instancia bien en el siempre peligroso aborto o, una vez producido el nacimiento, en el asesinato o el abandono de los recién nacidos, como ya vimos en el caso de los expósitos.
Los primeros preservativos se mencionan en Egipto, en el año 1.000 a.C., y se elaboraban con vejigas natatorias de peces, vejigas de cabra o intestinos de cordero. En Egipto también y un poco antes se mencionan anticonceptivos por el método del tapón vaginal, como los que describe el Papiro de Ebers (año 1.550 a.C.): …tritúrese con una medida de miel, humedézcase la hilaza con ello y colóquese en la vulva de la mujer…  o bien el papiro de Kahum (año 1.850 a.C.), donde recomienda una mezcla de miel, hojas y pelusas de la flor de la acacia, dentro de la vagina. Un sistema parecido describe el Papiro de Petri (año 1.859 a.C.), donde aconsejan un pesario intravaginal mezcla de miel, tiza en polvo y estiércol de cocodrilo…supongo que no sería difícil de conseguir en las riberas del Nilo… El principio de todos ellos era producir un efecto espermicida, al formar en la vagina un pH alcalino.
algunos impiden la concepción untando la parte de la matriz en la que cae el semen con aceite de cedro o con un ungüento de plomo con incienso mezclado con aceite de olivo… (“Historia animalium”, 7,3, 583a. Aristóteles. Siglo III a.C.).
En la antigua Roma y preocupados por los bajos índices de natalidad (hacían falta soldados), se promulgaron leyes tales como la Ley Cornelia, bajo el dictador Lucio Cornelio Sila, en el año 81 a.C., por la que se prohibían las prácticas abortivas. Como el problema demográfico debió continuar, a comienzos del Siglo Iº el emperador Augusto promulgó edictos por los que se obligaba a los jóvenes a contraer matrimonio con el fin de procrear, así como la prohibición de los métodos anticonceptivos y del aborto. Pero contra la necesidad, poco hacen los edictos, por muy imperiales que fuesen.
En Roma un uso muy frecuente por lo barato y al parecer por lo efectivo, eran enjuagues vaginales con vinagre, pre o post-coital (podemos suponer como olían los burdeles), con la intención de crear un pH ácido en la vagina como medio espermicida, o bien con pesarios de bronce, colocados en el cuello del útero. Pero es nuestro viejo conocido, el médico griego Sorano de Éfeso, el que más remedios aconseja en su obra “Gynakeia”, tratado de pediatría pero también de anticoncepción o de consejos a las matronas. Así, recomienda colocar en la vagina bolas de lana o de cerúmen de mula (¡curioso remedio!) impregnadas en distintas hierbas, aceite, miel o resina de cedro.
Otros remedios de los aconsejados por Sorano son: mezcla intravaginal de aceite rancio de oliva, miel y resina de cedro. Y, como muy eficaz, siguiendo la tradición popular, una bola de lana empapada de vino o vinagre. Sorano critica por ineficaces otros remedios de la época, más bien amuletos, tales como trozos de matriz de mula, o una araña envuelta en piel de ciervo, que se colgaban del cuello antes de salir el sol, después del coito.
Y entre otros, Sorano da unos curiosos consejos para no quedarse embarazadas, después del coito: ponerse en cuclillas y estornudar fuertemente, o saltar siete veces seguidas…tan alto como pudieran…supongo que con la intención de expulsar el semen. Las romanas desconocían por aquel entonces el bidé, o bidet…del francés “bidet”: caballito, elemento sanitario hoy presente en los baños de todo el mundo. Ideado al parecer en Francia a finales del Siglo XVII con la intención de lavarse externa e internamente la vagina tras el coito, y de alta presencia en los burdeles y en los dormitorios (aún no se había desplazado al baño) de las damas de la alta sociedad francesa. Pude ver en el museo Carnavalet de París (el museo de la historia de la ciudad), un bidet de mármol, al parecer perteneciente a Napoleón. Aunque el Cardenal Richelieu le achacaba ser uno de los motivos de la frigidez femenina…¡cardenal tenía que ser!…Pero como anécdota divertida no puedo dejar de citar la del bidet de Nápoles.
En 1.768 se casó la princesa austríaca Maria Carolina Luisa Giuseppa Giovanna Antonia de Habsburgo-Lorena, para los conocidos más brevemente como María Carolina de Austria, hermana de aquella María Antonieta que perdió la cabeza en la guillotina en plena Revolución Francesa. Su marido fue el rey Fernando IV de Nápoles y III de Sicilia, hijo de nuestro Carlos III (anteriormente rey de Nápoles, a su vez), pasando a ser tras su matrimonio reina consorte de Nápoles. Debía ser la reina María Carolina todo un carácter, ya que Napoleón decía de ella que era…el único hombre del reino de Nápoles…, aunque cumpliendo con su deber marital, que era el de proporcionar herederos al trono, dio a su regio marido nada menos que 18 hijos. En su defensa, promovió Nápoles como centro cultural, siendo en su momento la tercera capital europea en población, tras Paris y Londres.
Cuando se fue a vivir a Nápoles, María Carolina se trasladó al palacio de Caserta, edificado por su suegro, magnífico edificio barroco construído a imitación del palacio de Versalles, con unos fastuosos jardines y con el passeggio:  el “paseo”, de tres kilómetros de extensión, a lo largo de una serie de estanques, fuentes y cascadas. Digno de verse. Y, como era costumbre entre la nobleza, María Carolina se llevó a su palacio de Caserta todas sus pertenencias personales: cuadros, porcelanas, joyas, vestidos, libros y mobiliario…entre ellos un bidet. Aunque austríaca de nacimiento, María Carolina tenía una gran influencia francesa en su educación, su marido era de la dinastía de los Borbones (de origen francés, por tanto) y el bidet formó parte de esa educación, aunque en este caso sólo como elemento higiénico y no anticonceptivo, como demostraron sus diez y ocho vástagos.
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El bidet napolitano de Maria Cristina de Austria…con su forma de guitarra
Pues bien, cuando tras la reunificación de Italia en 1.860 y ya bajo la dinastía de los Saboya se hizo un inventario de todos los objetos que encontraron en el palacio real borbónico, una de las cosas que más les intrigó fue catalogado como un …objeto desconocido en forma de guitarra… ni más ni menos que el bidet de María Carolina…
8) El silfio o laserpicio, una planta que se extinguió por su eficacia
 
…podemos hacer el amor siempre que tengamos silfio… (“Carmina Catulli”. Cayo Valerio Catulo. 84-54 a.C.).
En este poema, Catulo ya indica una de las virtudes del silfio como potente afrodisíaco. De familia aristocrática, y breve pero agitada vida (murió a los 30 años), Catulo fue uno de los poetas romanos más conocidos desde la Edad Media por el tono jocoso, irónico y sensual de sus poemas. El compositor alemán Carl Orff incluyó parte de las Carmina Catulli (poemas o cantos de Catulo) en su popular obra “Carmina Burana”, junto con otros textos del cancionero estudiantil medieval.
El fragmento citado, en el que hace mención al silfio, fue uno de los muchos dedicados a su amante Lesbia, seudónimo de Clodia, otra rica aristócrata con la que mantuvo una apasionada y tormentosa relación, aunque estuviese casada con Quinto Cecilio Metelo Celer, gobernador de la Galia Cisalpina…ya se sabe que entre los ricos, hoy como ayer, la moral siempre es más relajada… Sólo como ejemplo y para ilustrar el “estilo” mordaz de Catulo ahí van los dos primeros versos del Poema XVI, cuya traducción estuvo severamente censurada durante 20 siglos:
paedicabo ego vos et irrumabo /  Aureli pathice et cinaede Furi… ¡no os preocupéis, que os lo traduzco!: “…yo os daré por el culo y por la boca, / Aurelio pederasta y capón Furio…” (traducción de Rubén Bonifac Nuño, de entre las muchas versiones que hay)… A mí me recuerda a menudo a Quevedo, otro poeta de vivo ingenio y mucha mala leche, con el que más valía no enemistarse…
Además del uso del silfio como afrodisíaco que menciona el irreverente Catulo, uno de sus principales usos fue como abortivo, usando una infusión de raiz de lirio, hojas de ruda y silfio. Volvemos a nuestro viejo conocido el médico griego Sorano de Éfeso,  y que hablando del uso de esta planta como abortivo aconseja beber extracto de silfio mezclado con agua una vez al mes:
no sólo impide un embarazo, sino que también destruye cualquier cosa existente… (“Gynakeia”).
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Representación frecuente del silfio junto a una mujer desnuda, siempre tocando la planta con una mano y con la otra en el regazo, o incluso en la entrepierna. 
Pero, ¿qué era el silfio?. Al parecer fue una planta de la familia de las umbelíferas (como la cicuta, el hinojo, la férula o el perejil -otro abortivo popular-) que crecía silvestre en la húmeda franja costera de lo que se conoció como la Cirenaica, provincia romana que incluía parte de la actual Libia y en cuya costa se establecieron inicialmente colonias griegas procedentes de la isla de Thera (actual Santorini). Sin duda Sorano que, antes de Roma ejerció en Alejandría, la conoció allí, zona más próxima a su hábitat original. Los griegos de Cirene y hasta su conquista por parte de los romanos, mantuvieron un activo y próspero comercio con el silfio, hasta tal punto que la planta aparece en numerosas monedas de oro y de plata, índice de la importancia económica que supuso en aquel tiempo. Se cuenta que Julio Cesar llegó a almacenar 680 kg de la planta, como un tesoro.
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Como vemos, el silfio fue una planta ampliamente representada en las monedas. En la 4ª y la 5ª por la izquierda figura su semilla, en forma de corazón.
El silfio era una planta apreciadísima y muy cara, que se intentó cultivar sin éxito, y que a menudo se adulteró con otras plantas parecidas y sin tantas virtudes. Se la describió y así la vemos en las monedas, como de tallo y raíces robustas y largas, hojas chatas y pequeñas flores amarillas. Sus tallos se cocinaban al estilo de las verduras y sus raíces se comían frescas, mojadas en vinagre. Pero lo más apreciado era el “laser” (nada que ver con la luz que conocemos hoy), lo que le valió el nombre más frecuente entre los latinos de “laserpicio”, y que llegó a intercambiarse por su peso en oro, al alcance de muy pocos. El laser como tal era el producto obtenido de dejar secar la savia que, después, se consumía rallado, bien para su uso afrodisíaco y abortivo, o bien para condimentar los sofisticados platos de la alta cocina romana, tales como sesos de flamenco, o la carne de flamenco estofada…recetas “sencillitas” y populares, como se ve…
El problema para el silfio es que, por una parte y como adelanté, no hubo manera de cultivarlo, ni mediante semillas ni plantando esquejes. El botánico Teofrasto que la describió nos cuenta:
...rehuye el terreno cultivado… (para añadir que, a las ovejas)… las engorda mucho y comunica a su carne un gusto admirablemente exquisito… (“Historia de las plantas”, VI, III, 3. Teofrasto).
Lo que nos da una segunda pista: el pastoreo excesivo. Pese a los controles sobre su recolección, sin duda y debido a su alto precio, hubo un “furtiveo” importante. Sumado a que sólo crecía en una franja relativamente reducida (40 x 400 kms), el silfio fue escaseando cada vez más hasta desaparecer completamente por más del interés con que sin duda se le buscó, allá por los años 50 del siglo Iº:
un único tallo enviado a Nerón es todo lo que ha sido hallado…desde entonces no ha sido importado otro laser que aquel de Persia, Media y Armenia, donde crece en abundancia aunque muy inferior al de Cirenaica y además es adulterado con goma, sarcopenia o alubias molidas… (“Naturalis Historia”, XIX, 15. Plinio el Viejo).
 
Plinio se refería seguramente a la asafétida (Ferula assafoetida), planta abundante, con un aspecto similar al descrito para el silfio y que, como su nombre indica, tiene un fuerte olor, y que comunicaba a la comida un intenso sabor entre ajo y cebolla. Como dato curioso que las relaciona con el poder abortivo del silfio, y según estudios farmacéuticos sobre el embarazo en ratas, la Ferula assafoetida tiene hasta un 50% de eficacia en la interrupción del embarazo. Otra especie próxima de nombre imposible, la Ferula jaeschkeana, tiene un índice cercano al 100% de interrupción.
) El “tofet”, el sacrificio ritual infantil entre los fenicios y cartagineses
En el mundo púnico (Fenicia, Cartago y sus colonias) el infanticidio es frecuente y está sacralizado. Lo descubrimos en los “tofet”, cementerios infantiles separados de los adultos. La palabra “tofet” es de origen cananeo, y viene a significar algo así como “el altar”, de la raiz aramea “arder” o “quemar”, lo que ya nos va dando una idea. Parece un caso de infanticidio forzado ya no por la presión demográfica, sino por una ritualización que, posiblemente, formalizó los sacrificios humanos preexistentes. Sus primeros antecedentes lo encontramos en la antigua Judea, y lo menciona la Biblia refiriéndose a los lejanos tiempos que llamaron de la idolatría. En los alrededores de Jerusalén, en lo que en los tiempos biblicos se llamó el valle de Ben Hinnóm, se encuentra un valle estrecho y profundo, conocido hoy como Wadi er-Rababi. Según la Biblia, en tiempos de Acaz y Manasés, sacrificaban allí sus hijos al dios Moloch. Varios profetas (“Crónicas”, 28: 1-3; 33:1-6; “Jeremías”, 7:30-33; 19: 6-7) condenan en la Biblia a aquellos hebreos:
y han edificado los lugares altos del Tofet, que está en el valle del hijo de Hinón, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo (Yahvé) no les mandé, ni subió a mi corazón… (“Jeremías”, 7, 31-32).
De los hebreos la costumbre pasó a sus vecinos fenicios (ciudades de Tiro y Sidón, principalmente), y desde Fenicia, a su colonia de Cartago. Aún unidos por el origen y la lengua, cada colonia era independiente. Con la expansión comercial de los fenicios, colonizan parte del mediterráneo occidental, y en casi todas esas colonias (Motia en Sicilia, Tharros en Cerdeña, Hadrumeto en Tunez) podemos hallar los “tofet”, aunque donde más numerosos los encontramos es en Cartago, sobre todo en Salambó, a las afueras de la ciudad.
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Yacimientos múltiples de tofet, en Salambó, junto a Cartago
En principio los “tofet” son tumbas de incineración con restos infantiles carbonizados, depositados en urnas. Como en todo, las opiniones de los investigadores discrepan. Para algunos son simples cementerios infantiles con cuerpos cremados post-mortem, una simple incineración de los cadáveres. También se apoyan en que casi todos los testimonios de que disponemos sobre los “tofet” y los sacrificios son de autores grecolatinos, competidores de los púnicos por el control comercial en el Mediterráneo, competición que fue in crescendo hasta acabar con la aniquilación de Cartago, tras las Guerras Púnicas con Roma, aquellas que la enfrentaron con Anibal. Es lógico que los grecolatinos intentasen difamar a los púnicos, pero también es cierto que los testimonios que nos han llegado hablan muy claramente de sacrificios en vivo, sacrificio que para mayor crueldad consistía en ser quemados vivos. La forma más usual era depositar a los niños sobre los brazos inclinados de la estatua del dios Baal Hamón (identificado por los autores griegos y romanos como Cronos o Saturno, respectivamente), de donde rodaban para caer en la pira.
es en plena consciencia y conocimiento que los cartagineses ofrecían a sus hijos, y quienes no los tenían los compraban de los pobres, como a los corderos y aves, mientras que la madre estaba de pié sin lágrimas ni lamentos…todo el espacio delante de la estatua era llenado del sonido de las flautas y de los tambores a fin de que no se pudieran escuchar los gritos… (“De la superstición”, XIII. Plutarco).
los niños eran sacrificados públicamente a Saturno, en África, hasta el proconsulado de Tiberio, quien hizo exponer a los propios sacerdotes de ese dios, atados vivos a los árboles de su templo, que cubrían los crímenes de su sombra. Juro por mi padre que, como soldado, ejecutó esa orden del procónsul. Pero, aún hoy en día, ese sacrificio criminal sigue en secreto… (“Apologética”, IX, 2-3. Tertuliano).
los fenicios, en caso de grandes calamidades como las guerras, las epidemias o las sequías, sacrificaban a una víctima tomada de entre los seres que más apreciaban y que designaban por votación como víctima ofrecida a Cronos… (“De la abstinencia”, II, 56,1. Porfirio de Tiro).
…(a propósito del ataque a Cartago por Agatocles, tirano de Siracusa) los cartagineses estimaron que Cronos también les era hostil, por lo que quienes previamente habían sacrificado a ese dios a los mejores de sus hijos, habían comenzado a comprar en secreto niños que alimentaban para enviarlos después al sacrificio… Ardiendo de deseos por reparar sus errores, eligieron doscientos niños de los más queridos y los sacrificaron en nombre del Estado. Otros se entregaron voluntariamente, no eran menos de trescientos… (“Historia”, IV. Diodoro Sículo).
se dice que los antiguos sacrificaron a Cronos en Cartago tanto como duró la ciudad… (“Historia Antigua de Roma”, I, 38, 2. Dionisio de Halicarnaso).
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