El Arte Contemporáneo

Arte Contemporáneo para escépticos: ¿talento o sólo mercado?

Pocas cosas son tan debatidas como el arte contemporáneo. Mientras que el “corpus” o el canon del arte clásico (pintura, escultura, literatura, música…) ha sobrevivido a siglos de aceptación gracias a su calidad y ha sido filtrado y seleccionado entre muchas otras obras -¿inferiores?- que han quedado en el olvido, el arte del siglo XX y XXI sigue despertando mucha controversia, dentro y fuera del mundillo especializado. Para muchos es puro mercado, especulación, e incluso para los muy críticos “pura mierda”. Y no les falta razón…

2015-01-25 15.09.19

                            Lata de “Mierda de artista” fotografiada en un museo

Pero no todo es tan simple. A finales del XIX se gestan en Viena, capital de la cultura europea, potentes movimientos transgresores, muy criticados en su momento por la sociedad más conservadora y ortodoxa, acostumbrada al arte figurativo, lo que se llamó el secesionismo. Estas nuevas corrientes, tan discutidas en su momento, son protagonizadas por artistas hoy cotizadísimos, como Gustav Klimt, Egon Shiele o Kandinsky.

Pero la cultura, como dijo Verdi en su ópera Rigoletto refiriéndose a la mujer: é móbile, qual piuma al vento, y a partir de Viena la cultura se iría con las maletas, recorriendo nuevas capitales: Berlín, París, Londres y Nueva York (o actualmente Shangay). Esa renovación del arte fue evolucionando durante todo el Siglo XX a través de movimientos tales como el fauvismo, el cubismo, el surrealismo, el constructivismo ruso y otros -ismos. Artistas consagrados como Picasso, Paul Klee, Juan Gris, Marc Chagall, Tapiès, Miró y otros muchos se formaron en esta “revolución” del arte.

Pero llegamos al momento actual, y es aquí donde surge la gran polémica. ¿Quién juzga, quién decide lo que es bueno o lo que es malo, lo que es Arte y lo que no?. ¿Qué hay de Arte (con mayúsculas), de mercado, de esnobismo, de moda…?. El diseñador francés Philippe Starck, auténtico guru del diseño, con millones de seguidores lo que le ha proporcionado millones de dólares de ganancias, autor desde cepillos de dientes a sillas, a exprimidores (es famosísimo su Juicy Salif en forma de cohete espacial) o al diseño de yates para multimillonarios rusos, entre otros, en una entrevista al magazine semanal del periódico alemán Die Zeit declaró en el año 2008:

…todo lo que he creado es absolutamente innecesario. El diseño, visto estructuralmente, está absolutamente desprovisto de utilidad. Una profesión útil sería la de astrónomo, biólogo o algo de ese tipo. El diseño realmente es nada… No necesitamos nada. Siempre poseemos demasiadas cosas… No necesitamos nada material. Si quieres hablar acerca de objetos, uno ciertamente necesita algo con qué producir fuego… Era un productor de materialidad y estoy avergonzado de este hecho…

Que ésto lo diga el diseñador del ya mencionado Juicy Salif, creado en 1990, del que hay versiones en oro o ediciones especiales (numeradas) destinadas a los coleccionistas de arte (la versión estándar se vende a más de cuarenta euros, se puede conseguir en Amazon), del que ha vendido millones de ejemplares y que podemos encontrar en la cocina de millones de caprichosos, satisfechos de su posesión, nos da una leve pista de cómo alguno de los propios creadores, en un momento de sinceridad, valoran su propia obra. Aunque no es lo normal. Los artistas suelen tener bastante alta su autoestima : viven de ello y deben promocionarse a costa de todo, de sus “competidores” sobre todo.

El lenguaje utilizado en el mundo del arte contemporáneo tampoco ayuda mucho a su comprensión por los neófitos. Al igual que los curas daban la misa en latín, para que nadie los entendiera, el argot del mundo del arte o metalenguaje se camufla con neologismos, como el mismo término metalenguaje  en sí: ya no hay “estudios”, sino “espacios”. Ya no se habla de “exposiciones” sino de “instalaciones”, donde se exponen “obras”, que no cuadros ni esculturas y que, a su vez, han sido seleccionadas no ya por “críticos” si no por un “proceso curatorial” (anglicismo: no viene de “cura” sino de “curator”). Y cuando uno, con su buena fe lee las críticas “curatoriales” para intentar informarse, a veces cuesta trabajo saber a qué se refieren.

Quede bien claro que ni soy un experto ni un entendido, tan sólo un mero aficionado al arte que intenta disfrutar con su contemplación. Que intento entenderlo, aunque no siempre me lo ponen fácil. Sobre todo con el tema de las críticas. No puedo evitarlo. Visto lo leído me los imagino a veces esforzándose para soltar sus mensajes. Valgan como ejemplo algunas críticas recientes:

…adoptan un formato siempre fronterizo y tan complejo en vulnerabilidad, multiculturalismo, incertidumbre o nomadismo….

..trabaja con dar y quitar información, ofreciendo capas y capas de mensajes cifrados, recontextualiza el discurso del formato celuloide …

trabajos magnéticos que exigen del espectador un examen atento, pues deberá desenvolverse en muy diferentes niveles de lectura

sucede como un viaje iniciático donde la forma es la excusa para ir más allá del ejercicio abstracto. Las piezas funcionan como nodos interconectados sin una dirección preestablecida. Esta libertad de asociación fomenta una experiencia intuitiva, accesible al espectador no iniciado en el arte contemporáneo, pero atento al reconocimiento de las historias que subyacen en las formas…

Sinceramente: a mí me cuesta trabajo entenderlo bien. Pero no hay que ser tan crítico con las críticas. Al fin y al cabo los    neologismos nos invaden. Por donde me muevo ya no veo tabernas: donde antes era un bar con tapas ahora son neotascas o gastrobares. Y hablando de gastronomía: se suele comparar a los cocineros modernos con artistas. Y me refiero a la nueva cocina (la nouvelle cuisine, en francés y en plan fino), no a la clásica, “la de toda la vida”, aquella de las lentejas con chorizo, de los huevos fritos con morcilla o la de las patatas revolconas.

Nadie discute ni lo voy a hacer yo el altísimo nivel técnico de los cocineros. Dominan los ingredientes, las temperaturas y las combinaciones como auténticos sabios, como verdaderos alquimistas. Pero se empezó a experimentar, a buscar la novedad y la originalidad, y comenzaron a  aparecer “nitrógenos”, “esferificaciones”, “tortillas deconstruídas” o “maridajes”, mezclando cocinas orientales con las mediterráneas hasta un punto que sí, que rico sí que está, pero que a mí -y hablo personalmente- no me convencen. Es difícil encontrar unas sencillas croquetas, “como las que hacía mamá”…

Suelo leer revistas gastronómicas porque me gusta la cocina y me interesa la información, pero me sorprende a veces escuchar de algún famoso cocinero, por ejemplo, que “ha descubierto” (para el bien de la humanidad, le falta decir) algún secreto y desconocido ingrediente hasta ahora como pueden ser las crestas de gallina, o la casquería : los sesos, las mollejas -de cordero o de gallina-, los higaditos, las gallinejas o los entresijos. Ingredientes que siempre estuvieron ahí, y que siempre formaron parte de la cocina popular, de la cocina de las clases humildes sobre todo, razón por la cual estaban mal vistas. Pero ahora las rescatan del (para ellos) olvido, las preparan con gran alarde de imaginación y extrañas salsas y te las sirven en sus famosos y carísimos restaurantes con un mal disimulado orgullo.

Los cocineros-estrella tienen su público, sus fans, y es un mundo que mueve millones. Hay listas de espera que pueden suponer muchos meses. Serán unos artistas en lo suyo pero…¿me equivoco si veo en la cocina de vanguardia un mundo de esnobismo y de ofrecer lo nunca visto -como las crestas de gallina-, lo que la competencia no ofrece?. Que conste que lo he probado y que me ha gustado, no me importa reconocerlo, está muy bueno pero, la verdad, donde estén unas fabes con almejas, un pulpo a la gallega o una sopa de pescado, que se quiten las tortillas deconstruídas.

No quisiera parecer ni demasiado crítico, ni un escéptico. Para mi que, insisto, no soy un experto y solamente un mero espectador, el Arte (con mayúsculas) siempre me ha interesado, y procuro visitar las ferias y las galerías, cuando puedo. Pero me llama la atención que en el suplemento cultural de un conocido diario hay una sección donde se entrevista a un personaje del mundo de la cultura (pintor, cineasta, escritor, actor..) y donde siempre se les pregunta: ¿Entiende, le emociona el arte contemporáneo?… Algunos contestan que sí, que mucho. Otros que sólo en parte. Pero hay un porcentaje, nada despreciable, donde afirman que no, que les parece puro mercantilismo…¡Vaya, gracias a dios, no estoy solo!…

Arte moderno

Este “cuadro”…¡perdón: obra!, expuesto…¡perdón: instalado! en un espacio que no es una pequeña galería alternativa, sino el muy serio Artium de Vitoria…¡perdón: Gasteiz!, definido por ellos mismos como Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo, me sugiere varias dudas:

-los comisarios…¡perdón: curatores! de la exposición…¡perdón: instalación!, ¿de verdad creen que “ésto” es una obra de arte digna de figurar en un museo?…

-el “artista”, Pérez Hita, si tanto descree del arte, ¿por qué se presta a estos juegos y maniobras y accede a colgar sus obras en semejantes lupanares babilónicos?.

-y, sobre todo, si alguien va e, impactado por el mensaje, le ofrece darle una bonita suma de dinero por su obra, ¿Pérez Hita se negará cual el alma pura e incorruptible que parece ser, o lo cogerá rápidamente y agradecidísimo, porque seguro que come todos los días, echa combustible a su coche, se toma copas o paga hipoteca?…

Es indiscutible que hay miles de creadores generando cosas nuevas de gran calidad. El Arte Contemporáneo ya no se ciñe sólo a la pintura o la escultura: fotografía y vídeo y otras tecnologías se suman a la expresión artística. El Urban Art, arte de la calle, contempla hasta los graffittis, que no se pueden resumir en meras pintadas. El mejor ejemplo puede ser Banksy (recomendable la película Through the Gift Shop=salida por la tienda de regalos, declaración de principios del Urban Art), artista británico anónimo y muy cotizado cuyas imágenes transgresoras de ratas o policias hemos visto todos aunque no sepamos de quién son, y que forman parte del imaginario contestatario (¡uy, que me sale el metalenguaje!).

Pero todo se vende, y el arte no es una excepción. Si en las ferias de los pueblos se colocan los melones bien a la vista para que los compradores se los lleven, y en los mercadillos se cuelgan prendas de ropa e imitaciones de perfumes de marca para fomentar las compras, febrero es el mes de las ferias de arte en Madrid, coincidiendo hasta cuatro. ¿Es casual la coincidencia?. La más consolidada es ARCO (ARte COntemporáneo), creada en su momento y apoyada por el Ayuntamiento de Madrid para proyectar internacionalmente a los artistas de aquí. Otras ferias como FLECHA (Feria de Liberación de los Espacios Comerciales Hacia el Arte) o ArtMadrid buscan lo mismo: atraer a los coleccionistas extranjeros, con más nivel adquisitivo y vender, vender, vender, que el mercado del arte está muy flojo…Volvemos a la pregunta anterior: ¿quién decide lo que es bueno y lo que no?. Un mundillo de galeristas, críticos y asesores de arte, cada cual con sus propios criterios, orientan a los coleccionistas (en ARCO una sección, First Collector, asesoran a los que quieren empezar a comprar y no saben), para que nadie se vaya con las manos vacías.

La crisis ha sacudido fuerte a ese mercado de lujo como es el arte. Pero como dice un pintor y amigo japonés, con ese laconismo de los nipones: “no es pollo”…Efectivamente no nos podemos comer un cuadro en caso de apreturas. Pero sí es verdad que el arte, en todas sus variantes (artes visuales, artes gráficas, cine, música) genera el 4% del PIB español, y éso que a diferencia de otros países cercanos apenas recibe subvenciones (y menos ahora) y encima sigue castigado con un IVA del 21%.

Pero, ¡ay, amigos!, el arte siempre ha sido y será un “pollo espiritual”, y a mí, al menos, me deja el alma muy, pero que muy satisfecha. El eterno problema será distinguir entre lo que es mierda, por muy cotizada que esté, y lo que no lo es.

 

El arte social

Leí hace poco el comentario que hizo el empresario multimillonario norteamericano Warren Buffett, uno de los tres hombres más ricos de Norteamérica (y, sin embargo, con una gran conciencia social): “Claro que hay una lucha de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que está librando esta guerra. Y la estamos ganando”.


A raíz de la famosa Transición y la instauración de la democracia en España, se nos lanzó el mensaje a menudo de que “ya no había lucha de clases“. Pero los acontecimientos de estos últimos años con sus secuelas de crisis, desempleo, recorte de servicios sociales, el contubernio entre la clase política y la banca, la altísima corrupción y demás, nos demuestran cada vez más que sí, que el millonario yanqui tiene razón: desde los comienzos de la Humanidad hubo, hay y habrá lucha de clases… y siempre la perdemos “los de abajo”.
 
Pero vamos a dejar -de momento- la política y vamos a plantearnos otra cuestión: ¿qué es el Arte? o más bien, ¿para qué sirve el Arte?…
Dejando aparte los innegables valores estéticos digamos, por resumir, que el Arte es el fruto de la mirada que personas  con una especial sensibilidad para todo lo que nos rodea, captan y nos transmiten. Saben ver, y saben contarlo.
 
Dentro del Arte, la literatura, el teatro y el cine han sido facetas con frecuencia muy combativas y dadas a la denuncia social pero, ¿y las artes plásticas?, ¿hay denuncia en la artes visuales?…Por supuesto que sí. Y no me refiero al arte “transgresor” de las vanguardias, sino a aquellas manifestaciones que artistas concienciados socialmente han sabido plasmar, con la intención tanto de desahogarse como de implicar al resto de la sociedad.
 
En un artículo anterior para Extremacultura hablamos sobre el Arte Contemporáneo. Y comentamos el escepticismo que a menudo despierta en tanta gente, aficionados al arte o no, por su excesivo mercantilismo. Un mundo de ferias, galeristas, críticos, comisarios y coleccionistas, todos ellos con criterios a veces muy “particulares”, que pueden encumbrar a determinados artistas, más o menos mediáticos, más o menos escandalosos, más o menos comerciales, más o menos discutibles…
 
Un comentario común es que “el arte contemporáneo es una mierda”…Aquí vendría a colación la exposición que en Mayo de 1961 realizó en la galería Pescetto, en Albissola Marina, el artista Piero Manzoni: 90 latas -numeradas y firmadas- rellenas con 30 gramos de heces y tituladas “Mierda de Artista”. Se vendieron, todas, a la cotización de su peso en oro, aunque en las sucesivas reventas y subastas han centuplicado su precio. Tras morir Manzoni, su amigo Agostino Bonalumi dijo que realmente estaban rellenas de yeso…aunque tiempo después una de las latas, debido a la fermentación de su contenido reventó, comprobándose que sí, que estaban rellenas de “mierda de artista”. Otras “obras” suyas, en su línea, fueron una serie de globos rellenos con su aliento, titulados “Cuerpos de Aire”
Un precursor del arte conceptual de Manzoni (en la que la idea vale más que el objeto, por oposición al “formalismo”) fue Duchamp con su “Fuente” expuesta en 1917: un urinario comercial de porcelana…sin más…
 
Estos y otros muchos ejemplos pueden hacernos descreer del Arte Contemporáneo pero no hay que denostar a toda esa gran producción que hoy día los artistas realizan, con nuevos medios que desbordan a los tradicionales: pintura y escultura. Actualmente los artistas “visuales” utilizan otras técnicas como la fotografía o el vídeo, y además cuentan con las redes sociales (Youtube, Facebook) para difundir su creación, saltando si es necesario por encima de los circuitos tradicionales (galerías, museos).
 
El Arte Social tuvo su explosión inicial a raiz de la Revolución Soviética y el breve periodo sin censuras de los primeros años: cineastas como Eisenstein (El acorazado Potemkin, Octubre), Aleksandrov o Pudovkin. O artistas plásticos “al servicio de la revolución”, lo que se llamó el Constructivismo: Tatlin, Rodchenko, Malevich, Mayakovsky, Popova….Bajo el mandato de Lenin, en los primeros años tras la Revolución, se acuñó el término AgitProp (abreviatura de Agitación y Propaganda) como un intento para concienciar e instruir a las masas. Hasta se organizó un tren AgitProp en el que, actores y artistas, recorrieron la URSS difundiendo sus mensajes.
 
Hace pocos años pude ver una exposición magnífica en el Museo Reina Sofia: “Una luz dura, sin compasión. El Movimiento de la Fotografía Obrera (1926-1939)” (podéis informaros en Google). En el número del 25 de Marzo de 1926, la revista AIZ (Arbeiter Illustrierte Zeitung = revista ilustrada para los trabajadores), dirigida por Willi Münzenberg hizo una convocatoria a los potenciales fotógrafos amateurs para proveer imágenes de la vida cotidiana proletaria. Dicha convocatoria fue un éxito y se crearon grupos de fotógrafos obreros en toda Alemania, primero, y en el resto de Europa después.
 
Al mes siguiente aparecería en la URSS el primer número de “Sovetskoe foto“. Su fundador, Mikhail Koltsov (más tarde comisario político en nuestra Guerra Civil y después depurado en las purgas estalinistas), comenzó una colaboración con Münzenberg que duró hasta 1936 y que originó miles de imágenes de un descarnado realismo (podéis buscarlo en Google bajo el título de la exposición), desde las pésimas y durísimas condiciones de vida de los obreros en toda Europa, de una miseria equiparable al Tercer Mundo, a los logros sociales soviéticos, en un momento de pleno prestigio soviético. En 1930 se incorporó a AIZ el fotomontador Helmut Herzfeld, que renunció a su nombre alemán por el más conocido de John Heartfield, autor de fotomontajes críticos con el nazismo, y que también publicó trabajos muy conocidos sobre nuestra Guerra Civil. 
 
AIZ disfrutó de un prestigio sin precedentes, llegando a la increíble cifra para su época de medio millón de suscriptores. Uno de sus reportajes más célebres fue: “24 horas en la vida de una familia obrera en Moscú”, sobre la familia Filipov (nada que ver con el mafioso ruso Petrov de la Costa Brava). Una familia obrera “normal”, en la que todos los miembros tenían un trabajo (el padre, en una fábrica colectivizada por los obreros) y disfrutaban de una vivienda digna, polideportivos, bibliotecas públicas, etc. Para los alemanes de entreguerras, con un índice de paro -casi como el de España hoy día- y gran miseria social, el ejemplo de los Filipov era la demostración de que la revolución social era posible. De hecho se organizaron un par de viajes hasta Moscú para conocerles y entrevistarles demostrando que sí, que el reportaje era totalmente cierto.
 
AIZ duró hasta 1933, año en que Hitler subió al poder, quedando prohibidas en Alemania la publicación de ésta y otras revistas. AIZ se “mudó” a Praga y su director, Willi Münzenberg a París, muriendo asesinado en extrañas circunstancias al huir de París tras la ocupación alemana. Se ve que “molestaba” mucho.
 
Pero el Arte Social no acabó tras la 2ª Guerra Mundial. La denuncia continúa. Aquel AgitProp soviético tuvo un rebrote en Gran Bretaña, durante los años 80, bajo el gobierno de la conservadora Margaret Thatcher. Artistas socialistas y de izquierdas fueron acusados de utilizar el AgitProp para difundir ideas extremistas a través del teatro y de la televisión. Directores de cine como Ken Loach en filmes (“Lloviendo piedras”, “Mi nombre es Joe”, o “Tierra y libertad” basada en la novela “Homenaje a Cataluña” de George Orwell, que luchó en la Guerra Civil) denuncian la explotación de la clase trabajadora británica.
 

Una expresión muy extendida es el Urban Art, que va desde las pintadas callejeras con declaración de intenciones y expresiones, más o menos trabajadas (el Muro de Berlín está cuajado de graffittis) hasta un arte mucho más elaborado del que el mejor ejemplo es el artista anónimo británico Banksy (consultar su película: “Exit through the gift shop“), con sus famosas imágenes de ratas, policías o soldados, que forman parte ya del paisaje urbano


Hace pocas semanas leí una entrevista al escritor Félix de Azúa por un llamativo titular, en el que decía: “hace treinta años que no se hace arte social en España....”
Admiro a Félix de Azúa hace tiempo. Doctor en Filosofía, escritor (“Diario de un hombre humillado”, entre otros), barcelonés antinacionalista, autor de una frase que siempre me ha gustado: “la filosofía y el arte no requieren excesivo talento: requieren coraje“. y pensé que no es uno de esos artistas “viejunos”, premios Nobel incluidos -y aquí no pienso dar nombres aunque haberlos haylos-  que cuando hablan del arte actual sueltan siempre cosas del estilo de: “la poesía ha muerto”, o “ya no se escribe nada bueno”…opiniones requeteviejunas fundadas sobre todo en que siguen anclados en su tiempo y lo actual les desborda. 
Al leer en profundidad la entrevista, efectivamente, Féliz de Azúa lo que sostiene es que el Arte debe tener un ideal, si no revolucionario, sí de influir en la sociedad, cosa que según él hace treinta años que no se produce. Pero en este caso, y lamentándolo, discrepo de su criterio.

Y para terminar, y como ejemplo de que sí, en nuestro país unos cuantos artistas entre tanto “políticamente correcto”, siguen dándole al tema de la crítica y la contestación.

La última exposición, “Los encargados”, por dos artistas bastante toca-pelotas…en el sentido social de la palabra: Jorge Galindo y Santiago Sierra. 
Apoyados por su galerista, Helga de Alvear (nada sospechosa de ser una perroflauta), rodaron un video el 15 de Agosto en la Gran Vía de Madrid como una especie de cortejo fúnebre: unas limusinas sobre los que apoyan grandes retratos, ¡puestos del revés! del rey Juan Carlos y los seis presidentes de la democracia, con la música de fondo in crescendo del coro de la Varsoviana, más conocido en España como “¡A las barricadas!“….(podéis ver parte en Youtube).
 
Desde luego, hace falta valor para semejante declaración de intenciones. Se merece un aplauso.
 
¡Camaradas: la lucha continúa!