El imparable ascenso social de los gatos

Una mirada nada nostálgica al pasado

Aparte de sus pasadas y escasas épocas de esplendor oficial, como en el Egipto de los faraones, el gato casi siempre ha tenido fama de animal arisco, traidor y asociado a la noche y a la lujuria. Desde Aristóteles al Conde de Buffon, pasando por los Padres de la Iglesia y los jueces de la Inquisición, multitud de sesudos varones le han reprochado ese carácter indomable y escandaloso. ¿Quién podía disfrutar de la compañía de un animal así, más que “personas nada fiables”, como artistas, bohemios, mujeres independientes y solitarios de todo tipo?… De hecho hasta el refranero consagraba la proverbial fidelidad del perro y su carácter social frente al temperamento huraño del gato (aprovechando para meter la puyita machista):

El hombre y el perro en la plaza, el gato y la mujer en casa.

Todavía se tiende a considerar al gato como una mascota de “segunda división” frente al aceptado perro, y a la gente que tiene gatos como “algo rarita”.

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El gato de la portera

Los gatos de mi infancia eran animales totalmente ariscos, como el gato de la portera o la gata de la tienda de ultramarinos (¡qué palabra tan bonita!), que te bufaban sólo con mirarles y que huían si te acercabas a ellos. Hoy puedo saber que no estaban nada socializados, y que sus madres les habían parido en algún escondrijo inculcándoles esa sabia desconfianza ante el ser humano. No eran animales de compañía, cumplían su papel de cazadores de ratas y con éso bastaba. No es raro, pues, que los primeros -y escasos- gatos que atendí en mis comienzos como veterinario, allá por 1980, fuesen animales difíciles de manejar, a los que se llevaba a la consulta en caso de estricta necesidad. La medicina felina estaba en pañales.

Sé que voy a quedar ante las nuevas generaciones como el Abuelo Cebolleta (¿y quién será ese Abuelo Cebolleta?, se preguntarán) contando sus batallitas, pero mis primeros gatos a finales de los 70 (¡sí, del siglo pasado!, ¿pasa algo?) hacían pis sobre serrín o arena, en cajas de madera, porque no existían ni arenas especiales ni bandejas de plástico, ni tampoco piensos. Comían pescadilla hervida y despojos de casquería: bofe -pulmón-, pajarilla -bazo-, corazón… Obviamente, eran otros tiempos.

Las razones de un éxito imparable

Luego daré unos pocos números, no asustarse, pero la primera razón de su éxito en el mundo desarrollado es por sus innegables ventajas frente al perro: más pequeño, necesita menos espacio para vivir, menos ruidoso, tira menos pelo, ensucia menos y, muy importante, no hace falta sacarle para que haga sus necesidades. Salvo problemas de conducta de los que más tarde hablaré, el gato hace sus necesidades por instinto en su bandeja sanitaria, lo que nos permite asentarnos unos días con tal de dejarle suficiente comida y agua.

Y otra importante razón para su éxito: una vez aceptado como candidato a animal de compañía, el descubrir -no sin cierta sorpresa- su gran capacidad de dar y de recibir cariño. Todo un maestro en el arte de la seducción, cual Casanova felino.

Las fichas del dominó, o la pescadilla que se muerde la cola

Cualquiera de los dos símiles nos puede valer: o el “efecto dominó” en el que unas fichas van tirando a las demás, o el círculo de la pescadilla. Cuando los gatos se fueron popularizando como mascotas, se produjeron una serie de fenómenos que siguen en aumento: más gente tiene gatos, con lo que más gente conoce a gente que tiene gatos… Al haber más gatos, hay más información sobre ellos (publicaciones, libros, revistas, documentales, exposiciones), con lo que cada vez hay más conocimiento, que llega a más gente, que sabe más sobre gatos… Al conocerse más las razas, aumenta la demanda, con lo que se crían más gatos de raza, con lo que llegan a más gente, con lo que cada vez se ven más…

Dos, seis, diez, veinte, treinta razas…

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En términos de razas, no hace falta remontarse a treinta años atrás, en que los únicos que se conocían eran el Siamés y el Persa… Si hablamos de veinte años para acá, el número de razas presentes en exposiciones va, tímidamente, aumentando: comienzan a aparecer algún ejemplar de Sphinx, o de Bosque de Noruega, o de Rag-Doll… Pero de diez años para acá, más de treinta razas se adueñan de las exposiciones felinas. Y si el público no conocía algunas ni de nombre, o sólo por alguna fotografía, basta con acercarse a alguno de los certámenes que los diferentes clubs de criadores organizan cada pocos meses, podrán verles en directo y quizá encapricharse -o dejarse seducir, no olvidemos su capacidad de fascinación- de él y adquirirlo como su nueva mascota.

Hoy día hay más de 60 razas reconocidas por los clubes felinos…y siguen apareciendo, o “inventándose” otras nuevas. Es un mercado en expansión, algo así como el Big-Bang pero en felino…ignoro si a Stephen Hawking le gustan los gatos o le gustará esta comparación, pero ahí la dejo. Los aficionados a los animales en general y a los gatos en particular descubren un mundo nuevo en crecimiento. Muchos de estos aficionados que posiblemente ya han tenido o conocen al humilde -y estupendo- gato callejero, les puede apetecer ahora tener alguno de estos “nuevos gatos”…deslumbrantes, originales, sorprendentes, fascinantes…auténticos príncipes del mundo felino: leopardos en miniatura como el Bengalí, linces en pequeñito como el Maine Coon o el Bosque de Noruega, peludos como los Persas, sin pelo como el Sphinx, suaves y dulces como el Rag Doll, macizos como el Chartreux o el British, estilizados y de profundos ojos azules como el Siamés…

La pregunta del millón es: ¿cuál escoger?. Deberíamos tener en cuenta varias cosas: el tiempo que podemos dedicarles en cuanto al cepillado del pelo, por ejemplo, en el caso de los Persas. O para dedicarles al juego, tan importante para su equilibrio físico y mental. Si queremos un gato tranquilón que va a estar todo el día dormitando en el sillón o bien un gato activo y juguetón. Dudas, dudas y más dudas…

Obviamente un gato no es un coche (ya estoy oyendo el coro de protestas) que podemos escoger según nuestros gustos y necesidades. Es un ser vivo con una serie de requerimientos que hay que atender. Aplaudo la decisión de tener un gato de raza. He tenido varios de pelo semilargo (Bosque de Noruega, Rag Doll y ahora un Siberiano) pero también he tenido, y tengo, callejeros de lo más “gitano”. Sólo un consejo: no nos precipitemos. Podemos siempre pedir consejo a los especialistas, los disfrutaremos el doble.

De censos y estadísticas, o de cómo cada vez hay más gatos

No os preocupéis, no voy aburriros con números. Pero sí quisiera proporcionaros unos pocos datos para ejemplificar la importancia que el gato va adquiriendo. En los Estados Unidos y en Gran Bretaña, países con tradición de encuesta, desde los años 90 los gatos ya superan a los perros en número total: seis millones de gatos más que de perros en los Estados Unidos y más de un millón de diferencia en Gran Bretaña. Pero en el año 2005 ya hay más gatos que perros en prácticamente toda Europa Occidental.

En España aún hay más perros que gatos pero, según los datos obtenidos por censos y consumo de alimentos preparados, los gatos están aumentando a un ritmo superior al de los perros. Un ejemplo: en las clínicas veterinarias, un 20% (uno de cada cinco) de los perros tratados son menores de un año. Por el contrario, el 27% (más de uno de cada cuatro) de los gatos atendidos son menores de un año. De lo que se deduce que hay muchos más gatos jovencitos, lo que hará ir subiendo el porcentaje a favor de los felinos.

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Hablando de clínicas veterinarias: lo que hace 30 o incluso 20 años era un porcentaje del 5% de gatos sobre el total de la clientela, hoy día ronda entre el 40 y el 50% de la totalidad. Éso, hablando de clínicas de animales de compañía no especializadas. Porque en las “clínicas felinas” especializadas, que las hay, aunque de momento se cuenten en nuestro país con los dedos de una mano, el porcentaje alcanza el 100 por 100. La pionera, en 1994 fue Tot Cat, en Barcelona (Carrer d’Aribau, 103, tf. 933 235 444). La segunda, ya en Madrid, la clínica Gattos, sita en Paseo de Reina Cristina, 18. Tf. 915 040 651, que tuve el honor de fundar en 1995 con mi entonces socia, Marisa Palmero.

Aparejado a este aumento total del número de gatos va el del gato de raza. Una vez popularizado el gato común, y una vez popularizadas las diferentes razas, el censo en Europa Occidental de gatos con pedigrí alcanza el 5% del total. En España las diferentes fuentes ofrecen cifras confusas, posiblemente no llegue todavía ni al 1%, aunque crece poco a poco, lo mismo que antes había sobre todo perros mestizos, sin raza definida, y después se fueron imponiendo las diferentes razas, a gusto de cada uno.

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Cada vez más gatos, y algunos de estos gatos son más caros, o de buena raza…lo que redunda a su vez en más preocupación y cuidados por parte de sus esforzados propietarios. Aunque me gustaría recalcar que los dueños del que llamamos el “gato común”, en cualquiera de sus variantes, son igual de atentos, cuidadosos y cariñosos con sus mininos que aquellos que cuidan de un gato con pedigrí. La presencia o ausencia de árbol genealógico no redunda en absoluto en el grado de “amor” que se les presta.

A más gatos, más necesidades y más investigación

Ya hace más de veinte años que estamos utilizando como referencia que las multinacionales relacionadas con el sector felino, sean laboratorios farmacéuticos o grandes empresas de alimentación, se fijaron astutamente en un pastel tan goloso como representa el gato en el mercado mundial. Y si, como dice la zarzuela: hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad…la medicina felina avanza a pasos de gigante.

Mencionaba poco antes el incremento del gato como paciente en las clínicas de animales de compañía. En el año 2000 se fundó por un grupo de entusiastas veterinarios GEMFE: Grupo de Especialistas en Medicina Felina, vinculado con ESFM: European Society Feline Medicine (creo que es fácil, pero lo traduzco: Sociedad Europea de Medicina Felina). Y son grupos en constante estudio y actividad, con intercambios de las últimas novedades.

Nuevas enfermedades y por qué se intrigan los laboratorios

Realmente no son nuevas, pero sí se investigan en la actualidad con mucha mayor eficacia, con lo que se detectan enfermedades antes casi desconocidas. El aumento en la cría de gatos de raza ha conducido, por la consanguinidad, a una serie de problemas ahora más frecuentes como la PKD: Poliquistosis Renal, más frecuente en los Persas, o la Displasia de Cadera en los Maine Coon, sólo por poner un par de ejemplos, aunque no sean los únicos ni las únicas razas en los que se presenta.

La detección de virus por modernas técnicas como el PCR (detección de antígenos) se utiliza de forma habitual cuando hace 20 años era impensable recurrir a ella. O tratamientos antes reservados casi en exclusividad para los seres humanos hoy se usan con éxito para tratar diferentes patologías, como sería el caso del Interferón, un estimulador de la inmunidad utilizados, por ejemplo, para la Hepatitis C o el Sida.

Como ejemplos de por qué se sorprenden los laboratorios sólo citar un par de casos: un laboratorio francés que comercializa el Interferón nos convocó hace pocos años a unos cuantos miembros de GEMFE (el grupo felino) para intercambiar experiencias porque, desde Francia, se habían extrañado al comprobar que España era el primer país consumidor de toda Europa, superando incluso el consumo de Japón, hasta entonces el mayor usuario del mundo. Cuando les contamos para qué lo utilizábamos estaban eufóricos, al darles ideas que ellos mismos antes no consideraban. O el caso de otro laboratorio, en este caso estadounidense, especializado en diagnóstico, al comprobar que España era un gran consumidor de reactivos felinos y, en concreto, los veterinarios de la Comunidad de Madrid, los únicos con más consumo de tiras reactivas felinas que de caninas.

Llegan las complicaciones

No todo iba a ser bueno. Las ventajas del gato como animal de compañía se reflejan sobre todo en los de vida urbana, los “gatos de apartamento”, los que en la jerga denominamos como in-door (de puertas adentro), frente a los out-door (de puertas afuera, los que tienen posibilidad de salir al exterior). Estos gatos in-door o de interior, que ya no cazan más que las moscas de la ventana, la mayoría de los cuales jamás abandonan el apartamento, pueden vivir una vida cómoda y apacible, pero también pueden manifestar una serie de conductas que a los dueños les pueden resultar desagradables.

Encuesta U.S.A.: el 47% de los dueños de gato creen que su animal presenta conductas anormales.

La cuestión es que la mayoría de estas conductas son totalmente naturales…pero molestan cuando las realizan en el interior de un piso, y no en el exterior: maullidos, marcajes con orina o con las garras… El problema es que estas conductas consideradas como “anormales” son la causa principal de abandonos y de eutanasia. La vida más pasiva del gato de apartamento (ya no cazan, duermen mucho, se mueven poco) puede conducir al tipo de problemas como la obesidad, causa a su vez de diabetes, de artrosis, etc., o también a estereotipias u “obsesiones” como la bulimia o el acicalado compulsivo. Estos problemas de conducta son uno de los principales frentes abiertos en la clínica felina, y en cada congreso o publicación los temas de etología (de conducta) aparecen constantemente.

Epílogo

De proscrito y acompañante de “gente rara” a mascota de primera fila, apreciadísima y que genera a su alrededor un mercado multimillonario, el gato se nos ha colado en casa por la puerta de atrás y ya no hay quién lo saque…como gustan de contar los gatófilos: no fui yo, fue el gato el que me adoptó a mí…

Descubrirle merece la pena, pero compartir la vida con ellos, mucho más. Es una relación que, al contrario de la que tenemos con el perro, aún se está perfeccionando. Pero si hacemos el esfuerzo de entenderles mejor, nunca nos arrepentiremos. Desde que entraron en mi vida por casualidad, ya no la concibo sin ellos.

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La aventura de cruzar a la gatita

Salvo en el caso de los criadores, cuya intención es dedicarse precisamente a éso, a criar, lo habitual en los propietarios de felinos domésticos es intentar que no críen y, de paso, mediante la esterilización, inhibir toda esa parafernalia de conductas como son los conciertos de maullidos nocturnos, el marcaje, los intentos de fuga o los embarazos indeseados. El instinto sexual va a producir todas estas situaciones pero, en los gatos que viven confinados en un piso, llegan a resultar francamente molestas para los humanos que compartan con ellos su vida y su hogar.

Pero también puede suceder que decidamos cruzar a nuestro gato o gata de compañía, bien por ser de raza, bien porque nos apetece la experiencia, o bien porque nos parezca toda una preciosidad (¡normal, para éso somos sus orgullosos propietarios!). Una vez tomada la decisión de cruzarle va a ser cuando nos surjan un montón de dudas y comprobemos en carne propia que las cosas no son a veces tan sencillas como nos podría parecer en un principio.

Me gustaría dejar una cosa clara por adelantado. Pese a lo que nos puedan decir muchos “entendidos”, NO es necesario cruzar ni a las perras ni a las gatas. No se traumatizan por no ser madres, su cuerpo no se “resiente” por la ausencia de maternidad. Si no queremos que críen la opción es esterilizar, con lo que evitamos tres problemas: de comportamiento (marcajes, maullidos, peleas), enfermedades (tumores, metritis, prostatitis) y camadas indeseadas.

¿Cuándo, dónde, cómo…?

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¿Cuándo?…o la niña ya es toda una mujercita: lo aconsejable y que funciona como norma en muchos clubes felinos es cruzar a las hembras a partir de los doce meses de edad, una vez que ya han completado -o casi- su desarrollo corporal, aunque la mayoría de las gatas comienzan sus primeros celos a los seis u ocho meses y ya son fértiles.

Salvo accidentes, como que la “adolescente rebelde” se escape y se busque un novio por su cuenta, lo suyo es esperar al año o año y medio como mínimo para que la anatomía de la gata esté bien formada de cara a ese esfuerzo orgánico que supone la gestación. A partir de esa fecha, las gatas son capaces de sacar adelante sus camadas por lo menos hasta los ocho años de edad aunque, cuanto más tiempo pase, pueden surgir más dificultades en cuanto al número de cachorros (tienden a ser menos) o a las propias dificultades del parto.

¿Dónde?…¿en tu casa o en la mía?: ¡cuántas citas de éstas a ciegas han fracasado, acabando con un macho asustadísimo, refugiado encima del armario, y una hembra furiosa bufando por toda la casa…!. Si los “novios” no se conocen previamente es tarea harto delicada la presentación y, dado que los gatos hasta ahora no son usuarios de telefonía móvil ni de chats (por cierto: “chat” = gato, en francés), el primer contacto va a ser visual y muy dado a sustos y reacciones defensivas/agresivas, exactamente igual que cuando llevamos un gatito nuevo a casa: la primera reacción suele ser de miedo acompañado de bufidos, lo que en el lenguaje de los gatos se podría traducir como “¡qué horror, un intruso en mi casa!…

Los gatos acostumbrados a las montas, como es el caso de los gatos de raza destinados a la cría no tienen ningún problema, están acostumbrados y saben perfectamente lo que tienen que hacer. Pero en los gatos caseros y sin experiencia hay que intentar ayudarles a vencer sus miedos. Hay un par de pequeños trucos para minimizar el inevitable estrés. El primero sería llevar siempre la gata a la casa del gato, por aquello de que las hembras son mucho más territoriales y, por tanto, pueden ser más agresivas con los extraños que los machos…y si no, que se lo pregunten al galán que todavía sigue escondido en lo alto del armario…

El otro es intentar reducir el estrés con la ayuda de las feromonas, tanto para crear un ambiente familiar y tranquilizador como para reducir la agresividad ante el extraño antes de que se produzca. El procedimiento es muy sencillo: por un lado unas aplicaciones de spray o difusor en la casa, dos o tres días antes de la “cita a ciegas”. Por otro lado, frotando al futuro novio antes de la presentación. ¡Ojo!: no es como echarle colonia masculina tipo Calvin Klein que le vuelva más sexi, sino un producto que va a reducir el efecto agresivo.

¿Cómo? …como las abejas y las flores… El cómo se “fabrican” los gatitos ya nos lo imaginamos todos: chico conoce chica…¡perdón!, gato conoce gata y, al final, nacen los gatitos. Lo normal es así y el mundo y los jardines están llenos de camadas conseguidas gracias a la portentosa capacidad reproductiva de los felinos.

Lo malo es cuando, como en el caso de muchos gatos y gatas domésticos, debido a su temprana incorporación a un hogar, no están socializados con otros gatos, o se asustan ante Romeos desconocidos o, por falta de aprendizaje visual (mirando también se aprende) o, sencillamente, no saben lo que hay que hacer: ni cómo, ni cuándo, ni por dónde…  Influyen otros factores: que al igual que en los seres humanos, se gusten o no se gusten, o haya colaboración o no la haya. Incluso en el caso de machos reproductores de amplia experiencia y currículum paternal demostrado, se producen muchas situaciones para desesperación de los criadores de sementales que tienen el “día vago”, o parejas que, sencillamente, “no funcionan”.

Por supuesto que la mayoría de las veces la cosa suele salir bien: la gata se deja montar, el macho sabe lo que tiene que hacer y todos (sobre todo los gatos) pues tan contentos. Pero en aquellos casos que no se apañan, la fisiología sexual de los gatos vuelve las cosas más complicadas.

Inseminación artificial

En el caso de las vacas, los caballos, los cerdos, las ovejas e incluso los perros, hace ya muchos años que los procedimientos de inseminación artificial están estandarizados, y lo que es la monta natural en muchas granjas ya ni se utiliza. En el ganado, lo que interesa es la reproducción por el interés económico que conlleva la producción de nuevas crías, y los celos se sincronizan o se provocan para cuando más interesa. Como por ejemplo, que los corderitos nazcan en vez de en primavera, como es lo natural, pues de cara a navidades, que es cuando más caros se venden.

Los gatos, decíamos, son mucho más “raritos”. Las hembras no tienen celos con ciclos regulares, como les pasa a las vacas, a las perras…o a las mujeres. Las gatas sólo ovulan en el momento de la cubrición. El procedimiento de obtención del semen en los machos debe hacerse bajo anestesia y mediante un aparato llamado electroeyaculador (no, no es por electroshock) y, aunque haya protocolos hormonales para inducir el celo en las gatas mediante ciertos fármacos, el ejemplo de lo complicado que es conseguir la reproducción en especies amenazadas de felinos, como pueda ser el caso de los linces, nos puede dar una idea de que la reproducción artificial en los gatos no es una empresa fácil.

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Conclusiones

Aquí si que hay que dejar que la naturaleza siga su curso. Por supuesto podemos intentar, si nos apetece, cruzar a nuestra gatita. Aparte de la dificultad de encontrar gatos que no hayan sido ya castrados, los protocolos mencionados antes: uso de feromonas, presentaciones graduales, la gata a la casa del gato, etc., nos van a ayudar a reducir las posibles dificultades.

Si creemos que la monta se realizó, lo cual no siempre podemos comprobar puesto que dura escasos segundos, sí que es aconsejable realizar una ecografía a la presunta-futura madre a partir de los 22 días, que es cuando podemos ver ya los fetos en pantalla, para comprobar si la gata efectivamente se quedó preñada o no. Y una semana antes de la fecha prevista del parto (duración de la gestación: entre 60 y 63 días) tambiénm es aconsejable realizar una radiografía, donde podremos ver con claridad cuántos cachorros vienen y su posición, de cara a posibles complicaciones en el parto.

Por favor, no nos asustemos. No es difícil cruzar a la gatita, no tiene por qué haber ningún problema y, desde luego, la experiencia del parto (las gatas se apañan de maravilla y no suele ser necesario hacer nada), de la crianza y del crecimiento, día a día, de los gatitos, es una de las experiencias más bonitas que he tenido la suerte de vivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

Los colmillos del gato

Una boca diseñada para cazar

la familia de los felinos son un grupo de cazadores superespecializados, auténticas “máquinas de matar”, dotados de un sistema nervioso capaz de proporcionarles la coordinación y los reflejos necesarios para el acecho ya la caza, así como de unos órganos de los sentidos (vista, olfato, oído) de una finura exquisita, sin olvidar unas armas mortales como sus garras y sus colmillos.Asombra con toda esta parafernalia que haya presas que se les puedan escapar, aunque la explicación está en que, al igual que ellos evolucionaron para ser unos perfectos cazadores, sus presas han evolucionado para ser unos hábiles “escapistas”, es la ley de la naturaleza.

Recuerdo una frase que repetía el gran naturalista Félix Rodríguez de la Fuente en sus documentales sobre la fauna ibérica, en éste caso rfiriéndose al lince ibérico:

…la vida del cazador es la vida del muerto de hambre: de cada diez veces que el lince acecha a un conejo, se le escapan nueve…

Como buenos cazadores que son, los felinos han ido especializándose, por tamaño y hábitat, en presas muy concretas, los que les aportan más alimento con el mínimo esfuerzo. En el caso de los leones -los únicos félidos salvajes sociales- son los grandes ungulados como las cebras, los ñus o los antílopes que llenan la sabana africana. Precisamente se han hecho gregarios formando manadas por el esfuerzo que supone la caza de estos grandes animales, imprescindible si consideramos el gran esfuerzo que les supone cazar a un animal tan grande -hasta casi una tonelada de peso- y tan fuertemente armados como es el búfalo africano.

Los tigres, solitarios predadores de las junglas y los bosques asiáticos, se han especializado en ciervos y jabalíes, más fáciles de dominar para un cazador que actúa solo. Y en lugares menos exóticos como son nuestro monte mediterráneo, el lince se especializó en la caza del conejo, la presa ideal también para otros grandes cazadores como el águila imperial. De hecho, semejante especialización ha colocado a linces y águilas en situación crítica cuando los conejos escasean, debido a epidemias naturales, tales como la mixomatosis o la enteritis hemorrágica vírica. Cuando los conejos desaparecen, sus predadores naturales pasan hambre.

En el caso de los gatos, su espectro alimenticio abarca desde insectos hasta pequeños ungulados, pasando por todo tipo de aves y reptiles e incluso peces, nunca van a desaprovechar la ocasión de cazar cualquier “bicho” que se les ponga a tiro, porque con las cosas de comer no se juega. Pero tanto para las diversas especies de pequeños gatos salvajes como para nuestro gato doméstico, su presa ideal son los pequeños roedores y, especialmente, los ratones.

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Dos cráneos de gato doméstico donde podemos apreciar perfectamente sus colmillos

La boca del gato está “diseñada ” para cazar ratones. Es una paradoja que al examinar la boca de los gatos callejeros con mucha frecuencia los colmillos estén partidos, a consecuencia de las peleas entre ellos por el control del territorio y de las hembras. Al morderse unos a otros en el cuello o los costados, la dura piel de estas zonas en los machos (a veces se nos doblan las agujas a la hora de ponerles alguna inyección) hace de coraza para evitar graves lesiones, con la consecuencia de que los caninos suelen quebrarse.

Podríamos pensar que, ¡qué contrasentido!, esos colmillos deberían ser anchos y fuertes como los de loa grandes felinos (leones, tigres, panteras…) o incluso los lobos y sus descendientes directos, los perros.La explicación está en sus diferentes hábitos de caza. A los grandes felinos, al igual que a los cánidos, les interesa sujetar muy bien a sus presas, por lo general grandes herbívoros (cebras, antílopes, ciervos, jabalíes) a los que asfixian mordiéndoles la garganta. El pobre animal se debatirá lo que tarde en morir, hasta un minuto, y el único riesgo es que acierte de casualidad con alguna patada de sus pezuñas.

Una excepción en las presas africanas y que quizá hayamos podido ver en los documentales sobre la naturaleza es la lucha entre el leopardo africano y los babuínos, o papiones, robustos monos que caminan en grupos por el suelo de la sabana y a los que los leopardos, cuando encuentran alguno suelto, atacan. Pero no son presas fáciles. Ya con considerar el nombre de la familia de estos monos nos podemos hacer una idea de su “seriedad”:  cinocéfalos, que en griego significa “cabeza de perro”.

Los papiones están siempre en competencia entre ellos mismos, peleando por la jefatura del grupo y son poseedores -en especial los grandes machos- de una boca temible, con unos colmillos que no tienen nada que envidiar a ningún Rottweiler. Y esta peligrosa boca, unida a su agilidad de monos, hace que hasta el leopardo más hambriento tenga muchísimo cuidado al atacar un babuíno, estableciéndose un tétrico ballet, saltando ambos como en un ring de boxeo, y no siendo nada raro que el leopardo, que aprecia su integridad física tanto como nosotros, decida en un momento dado que no vale la pena correr semejantes riesgos, y decida batirse “honorablemente” en retirada.

Las presas “tipo” de los pequeños felinos o de nuestros gatos cazadores, los roedores, no tienen la “cabeza de perro” de los papiones, pero son presas que en un momento dado se defienden bien. Hasta el menor ratoncito está dotado de unos incisivos agudos. En principio su uso es el de roer sus alimentos, pero cuando se debaten pueden inflingir serias y profundas mordeduras al defenderse. Todo el que ha sujetado un hamster “rebelde” se ha podido dar cuenta, en un momento dado, de lo bien que se defienden clavando esos dientecitos tan afilados. Y no hablemos ya de las ratas, cuyos mordiscos, más profundos, pueden resultar mortales si aciertan un órgano vital o un vaso sanguíneo importante.

La razón final de que los gatos tengan esos colmillos tan finos, como estiletes, es que su misión al cazar es clavarse entre las vértebras del cuello de los roedores y acabar con ellos de forma fulminante, antes de que puedan revolverse y morderles a su vez. No pueden permitirse el lujo de esperar un minuto, como cuando un león sujeta a una cebra por la garganta. Los que salen perdiendo con esta especialización evolutiva son los territoriales machos. Todos necesitan cazar, tanto machos como hembras, pero los machos deben además luchar por su territorio, y la evolución les ha protegido a ellos con su dura piel de los mordiscos…a costa de perder a menudo la punta de los colmillos.

Afortunadamente para nuestros gatos caseros se acabó la dependencia de la caza, y la competencia territorial. Mantienen la anatomía de su boca aunque ya sólo mastiquen las bolitas del pienso: ahí no van a tener la preocupación de que las bolitas se les resistan ni de que estén tan duras que su “sonrisa” se vea perjudicada por unas antiestéticas melladuras.

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Este Felis lybica está entregado a una tarea tan peligrosa como cazar una víbora del desierto, poniendo en juego todas sus habilidade

El gato negro

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Según un estudio oficial que el gobierno de los Estados Unidos hizo hace más de veinte años, el gato era el animal más rechazado, tras las serpientes y las arañas…ailurofobia, se llama esa figura. Y es verdad que para muchísimas personas los gatos siendo unos animales extraños, traicioneros, sigilosos, indomesticables… Los tiempos van cambiando y los gatos, poco a poco, se van haciendo cada vez más populares, perdiendo esa fama de animales “de los que no te puedes fiar”…Muchos de mis clientes con gato han descubierto, de repente y para su sorpresa un animal encantador, pero todavía son multitud los que no quieren verlos ni de lejos…como ellos dicen, es que yo no soy de gatos…

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Si ésto sucede con los gatos en general, los gatos negros son especialmente “amenazadores”, doblemente inquietantes. Asociados a la noche y al sigilo. Por esa misma razón, muy sugestivos. Pintores y escritores se han inspirado en ellos, y han tenido en la historia fuerte protagonismo.

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En España y parte de Europa el gato negro se asocia con la mala suerte. En zonas de los Estados Unidos creen que un gato negro en casa condena a la soltería a las hijas casaderas. Y en varios países de Sudamérica, piensan que puede robar el afecto del otro cónyuge. Pero no todo es mala fama. En los países nórdicos se le considera un buen talismán. Los mahometanos creen que los yinns, los genios, intermediarios entre el cielo y la tierra, algo así como nuestros ángeles, toman forma de gatos, generalmente negros.

En Francia está aún extendida la creencia en el martagot, o gato brujo, que vive bajo la apariencia de un gato negro pero al que, si se le trata bien, proporciona riqueza a sus amos. Precisamente en París, entre la Rue de la Reine y la de Sant Denis hay una tienda, Au Chat Noir, flanqueada por sendas estatuas de gato en sus esquinas, y es fama que pasar por allí da buena suerte. Un antiguo egipcio diría que por ser símbolo de Isis y que, al ser dos, número femenino, la suerte es mayor.

Y hablando de los egipcios, gente muy gatófila, entre ellos los gatos negros alejaban el peligro de los venenos. En la Europa altomedieval se usó de forma menos delicada como medicamento: su piel se ponía sobre las quemaduras, y las cenizas obtenidas de quemar su cabeza se aplicaba sobre los ojos de los ciegos, en un intento de recuperar la visión. No todo eran curaciones: si un niño tragaba pelos de gato negro, ya no crecía más.

Pero la asociación pagana entre el gato negro y la diosa Isis, o su versión germánica Freya, resultó la perdición de miles de gatos cuando la Iglesia cristiana lo asimiló con el demonio, y no sólo entre las masas incultas: el papa Inocencio III, en 1208, declaró al gato, urbi et orbi, brazo de Satán. Pocos años después Gregorio IX, el 13 de Junio de 1233 publicó su Vox in Rama identificando los gatos negros con Lucifer.

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                                             Imagen de la diosa Freya con su gato

 

Santo Domingo, fundador de la orden de los dominicos, encargados de la Inquisición, hablaba siempre del demonio como de un gato negro. Y en la “guía de bolsillos” para inquisidores de la época, el Malleus maleficarum (Martillo de herejes) se afirma que los hijos de Satán toman forma de animales y, en especial, de gato negro.

Aproximadamente entre 1250 y 1350, en las actas de los procesos de brujería celebrados en Inglaterra se mencionan siempre, en las declaraciones de las pobres mujeres acusadas de brujas (y que generalmente acababan condenadas a morir en la hoguera) las “personificaciones” del demonio en forma de animal. Algunas eran tan pintorescas como moscas, abejas, ranas, cangrejos o vacas. Pero en más del 50% de los procesos, las acusadas aseguraban haber visto a Satán bajo la forma de un gato negro.

Con semejante propaganda no es de extrañar que proliferasen las hogueras por toda Europa. Como ejemplo de la barbarie medieval, bastan tres anécdotas:

-los Miércoles del gato, de la ciudad francesa de Metz, que comenzaron en el año 962, al sustituir una bruja condenada a la hoguera por un gato negro. Desde entonces y por Cuaresma, se quemaban encerrados en jaulas y barriles todos los gatos posibles, entre otras cosas para conjurar el baile de San Vito que, al parecer, hacía furor en la comarca.

-el Taigheirm, en Escocia, donde se quemaban lentamente y durante cuatro días, sin descanso, gato tras gato, en un acto público de desafío al diablo.

-y las Ceremonias del Fuego, que se han venido haciendo hasta 1905 varias veces al año, sobre todo el Día de San Juan, en Francia, echando gatos vivos a la hoguera.

En el antiguo Japón los gatos negros eran la forma en que se ocultaban entre la gente unas hermosas mujeres vampiro, aprovechando para colarse en las casas, seducir y asesinar a los hombres. Y la tradición hebrea cuenta que Lilith fué la primera mujer de Adán, a la que Yahvé expulsó del Paraíso por rebelarse abandonando a Adán, y a la que castigó por desobediente transformándola en vampiro bajo la forma de gato negro, y que desde entonces se alimenta de la sangre de los recién nacidos. Por esa razón entre los judíos, y especialmente entre los sefarditas, nunca dejan gatos negros donde haya niños de pocos meses.

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El gato negro fue un argumento de peso de la acusación en los procesos contra brujas, templarios, valdenses, albigenses y demás herejes. Asombra pensar cómo pueden quedar gatos todavía. Seguramente deben su supervivencia a su mayor virtud: ser los mejores matarratas que se ha inventado hasta la fecha.

Y, sin embargo, ese color negro que tan mala fama les ha dado, ha garantizado su socialización y su conquista de los medios urbanos. Me explico: el color negro se lo proporciona un pigmento negro, la melanina, la misma que nos permite ponernos morenos. Pero como precursor metabólico de la melanina hay otro compuesto que puede también dar origen a un neurotransmisor, la serotonina, responsable de los estados de agitación, alarma, estrés, agresividad o competencia.

Si el precursor metabólico se “decide” a formar melanina, formará menos serotonina. Por tanto, un gato negro, será menos competitivo con otros gatos. Digamos que no perderá tanto tiempo peleando con otros gatos, será más sociable y con más oportunidades para reproducirse. Y ésta es una de las razones por las que, en las colonias callejeras, abundan y predominan los gatos negros, menos peleones que, por ejemplo, los atigrados en rojo, mucho más tendentes a la territorialidad.

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Gatos siguiendo a una “repartidora” de comida. Primer dato: son todos negros y, por tanto, menos competitivos, más sociables. Segundo dato: van todos con el rabo en alto, postura neoténica con la que están diciendo: soy como un cachorrito, no quiero peleas.

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En esta foto que tomé hace tiempo en la calle podemos observar dos gatos: el de atrás, un macho atigrado en rojo controlando en “exclusiva” a la hembra y atento a la aparición de cualquier posible competidor. La hembra, negra, camina delante.

El casting de los gatos negros

Un anunció apareció en el diario Los Angeles Times:  Hollywood en busca de un gato negro.  Al anunció acudieron, el 27 de Noviembre de 1961, ni más ni menos que 152 propietarios de gatos negros, a probar suerte.

Se trataba de un casting para la película Tales of Terror, estrenada en el año 1962 y dirigida por Roger Corman, basada en tres cuentos de Edgar Alan Poe: Morella, La verdad sobre el caso del señor Valdemar y la que nos interesa: El gato negro. Las fotografías forman parte de un extenso reportaje que el fotógrafo Ralph Crane realizó para la revista Life.

Asombra ver las largas colas con esos 152 gatos negros, sujetos algunos por correas -otros iban en brazos- , pacientes y más tranquilos que sus dueños. Ya sabéis: la melanina… Al final la productora contrató uno más “profesional” y con experiencia en rodajes aunque seleccionó siete más de entre todos ellos como apoyo para algunas escenas.

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El momento de las confesiones

Sólo contaros y como detalle personal que a lo largo de mi vida como propietario de gatos, he tenido varios de ellos de color negro. El de ahora se llama Lee. El anterior se llamaba Mandi (de Mandinga…por lo negro). La primera, y también negra, se llamaba Champi. Siempre han vivido con otro gato. Champi vivió con un siamés llamado Luis, con el que tuvo cinco gatitos. De los dos penúltimos, Mandi fue el compañero de Simba, un precioso Bosque de Noruega. Y los dos últimos y con los que convivo actualmente, Lee y su compañero Dersu (un Siberiano cariñosísimo e igual de bonito), que gentilmente me han “prestado” sus nombres para el blog: DersuLee. 

Me gustan todos los gatos, pero los gatos negros tienen una estética que a mí, personalmente, me fascina. Que conste que es mi opinión, para gustos están los colores. Lo que sí puedo confirmar es su carácter. Llevo en la actualidad treinta y seis años ya como veterinario, y he conocido gatos con caracteres  muy variables. Pero podría asegurar que los gatos negros suelen ser animales, por lo general, tranquilos (aunque haya algunos como auténticos demonios). En concreto los míos son animales muy buenos. Jamás les he oído gruñir ni bufar ni les he visto pelearse, y si de algo me quejo es de lo pesados y “cariñosones” que se pueden poner.

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Simba y Mandi en sus buenos tiempos                                                                                                                                                  

Y si tanto Mandi como Lee en su “negritud” y “vulgaridad” (entre comillas) fueron o son los compañeros de dos gatazos con pedigrí: Simba y Dersu, dos razas de pelo semilargo y de muy buen carácter, no significa que estén por debajo en el “escalafón” felino. Quise, y hablaré de sus ventajas, tener siempre gatos en número de dos. Pero como pude elegir, aproveché para tener un gato negro en casa. Y nunca me he arrepentido. No sé si serán una reencarnación del demonio. Lo que sí se, es que son los mejores compañeros.

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                                                               Dersu y Lee

¿Sienten dolor los gatos?

Los gatos, al igual que todos los animales, sienten dolor en mayor o menor grado. Pero su “inexpresividad” llega a confundirnos hasta el punto de hacernos pensar que son más insensibles de lo que en realidad son.

Los seres humanos, como animales sociales que somos, tendemos a ser bastante quejicas, poco sufridores, y nos gusta exteriorizar nuestro dolor e incluso contar a todo aquel que quiera escucharnos -incluso a los que no- con detalle nuestras molestias o nuestras operaciones. Con esta forma de comunicación buscamos el consuelo y el apoyo de nuestros semejantes. Bajando un poco en la escala zoológica, los perros, iguales de sociales que nosotros, tienden también a expresar su dolor con quejidos o posturas. Es muy fácil “entender” a un perro cuando llora o cuando pone “carita de pena”. Al fin y al cabo busca lo mismo que nosotros: la protección de la manada, de su “familia”.

Los gatos son otra cosa y en situaciones de enfermedad sacan su instinto de animal solitario. Al contrario que los perros o los humanos, un gato no busca consuelo porque un solitario no tiene  a quién pedírselo. Es más: se cuida muy mucho de que ningún otro animal, felino o no, se de cuenta de que está en inferioridad de condiciones. Quejarse sólo daría pistas a sus enemigos y competidores de los que, en situaciones de debilidad, tal vez no pueda defenderse, y sólo suscitaría el riesgo de una agresión.

Excepto en los casos de un dolor brusco y agudo (como cuando les pisamos la cola accidentalmente, por ejemplo), los felinos tienden a “sufrir en silencio” sus males, al estilo de lo que popularmente se dice de las madres o de las hemorroides. Se esconden, se quedan quietos y encogidos, y esperan a que su enfermedad se resuelva sola o avance, inexorablemente, pero nunca se quejan.

Esta peculiar forma de reacción nos ha llevado a pensar, equivocadamente, que los gatos son unos “tíos duros” o unos monjes zen, a los que el dolor no afecta tanto como a nosotros. Pero sí que les afecta, y podríamos decir, como la Dirección General de Tráfico cuando aconseja cómo socorrer a las víctimas de un accidente, que “el que más se queja no es precisamente el que peor está”.

Ante este hermetismo se plantea un problema: ¿cómo pueden los propietarios sospechar si a su gato le duele algo, y cómo podemos ayudarles a resolverlo?. Es una cuestión importante, tanto por “humanidad-gatidad” (ayudémosle a que no sufra), como porque muchos problemas de conducta de los felinos (eliminación inadecuada, crisis de agresividad. anorexia) están producidos, precisamente, por este dolor silencioso y falsamente inaparente.

Indicios de que un gato siente dolor

Cambios de actitud y posturas: sus propietarios observan que ya no juega, no corre, no se sube a los sitios altos. Cuando duerme ya no adopta esa postura tan envidiable de estirarse relajadamente, sino que se queda encogido. Tiende a esconderse, a veces apenas sale ni para comer u orinar.

Anorexia: por un dolor generalizado (artrosis, cirugía reciente) que le hace sentirse incómodo, o por lesiones en la boca (úlceras en la lengua, gingivitis, faucitis…) que le impiden tragar o masticar aunque tenga hambre. Se acerca al comedero, pero no toca la comida.

Agresividad: la ansiedad producida por el dolor o incluso el temor a que le rocen o le cogan, desencadena una agresividad “defensiva”.

Problemas de eliminación: el gato orina o defeca fuera de su bandeja. Bien porque tiene artrosis que le dificulta el acceso o la postura adecuada para una cosa aparentemente tan sencilla como es “agacharse y apretar”, o bien porque padece cistitis/enteritis/inflamación de las glándulas anales. Algo en teoría tan fácil como es hacer sus necesidades se convierte en un acto que les hace “ver las estrellas”. Al asociar el dolor a la bandeja, prefieren intentarlo en otro lado.

Causas que producen dolor en los gatos

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Problemas bucales: en dientes, lengua, encías, faringe, fauces… Son frecuentes incluso en animales jóvenes. Otra causa son cuerpos extraños (agujas enhebradas con hilo que ingieren al jugar, anzuelos, etc.). A menudo se acompañan de babeo y mal olor, y pueden impedirle el acicalado al no poder lamerse, lo que ocasiona pegotes de pelo en el dorso o acúmulo de caspa.

Artrosis: los gatos alcanzan edades que hace veinte años eran inimaginables. Hoy día no son nada raros los pacientes con quince, diez y ocho años o más. Y con los años, llegan los achaques. A partir de los nueve o diez años de vida la mayoría de los gatos han desarrollado artrosis: en la columna o en las articulaciones de las extremidades. Al igual que las personas mayores, a los gatos ancianitos les duele todo. Ésta es una causa importante de agresividad y problemas de eliminación.

Abcesos: provocados en su mayoría por peleas. Los colmillos de los gatos son muy finos y los orificios por mordedura cierran en pocas horas…pero la saliva que ha penetrado ha vehiculado gérmenes que, en pocos días, ha formado un abceso bajo la piel. Lo normal es que en una semana, aproximadamente, ese abceso fistuliza y se vacía pero mientras se está formando duele, y mucho. Cubiertos por el pelo, los propietarios no suelen advertirlos.

Enfermedad de la vejiga/intestino/glándulas anales: con molestias al orinar y defecar lo que suele conducir a los problemas de eliminación: hacer sus necesidades fuera de la bandeja. Una causa frecuente y debida al estrés es la llamada cistitis idiopática. Idiopático es un término que los médicos atribuyen a enfermedades por causa desconocida. En este caso los veterinarios sí conocemos la causa: el estrés. Y dado que los gatos se estresan con facilidad por multitud de factores, el gato con cistitis idiopática sufre grandes molestias al orinar lo que conduce a que lo hagan fuera de su bandeja habitual, e incluso a la aparición de sangre en la orina. Lo mismo que en las personas nerviosas puede desencadenarse una gastritis, en los gatos puede producirse una cistitis.

Cirugía: desde la extracción de un diente a la más complicada traumatología, pasando por las habituales esterilizaciones en machos y en hembras. Toda cirugía produce dolor y precisan analgésicos. Parece absurdo recalcarlo pero todavía hoy descuidamos a menudo esta faceta postoperatoria.

Consecuencias del dolor

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El dolor en los gatos va más allá de sufrir las molestias. En su caso se traduce además en problemas de comportamiento y de convivencia o, incluso las más graves, como la anorexia, que puede conducir a la debilidad, la deshidratación y la muerte del animal.

Pongámonos en su lugar, practiquemos la empatía: ¿nos gustaría estar sufriendo durante meses o años un terrible dolor de muelas, verdad que no?. Pues a ellos tampoco, seamos solidarios. La historia de la medicina es la historia de la lucha contra el dolor.

Hoy en día, afortunadamente para todos -y en especial para los gatos- contamos con fármacos muy eficaces para controlar el dolor y, lo que es más interesante, fáciles de administrar. Los sufridos propietarios ya no pueden excusarse en que hay que luchar para introducirles una pastilla por el gaznate.

Como comprenderéis no voy a detallar marcas comerciales ni dosis: ésta es una competencia exclusiva de vuestro veterinario. En lo que sí me gustaría insistir es en lo que no hay que hacer: caer en la tentación de darles nuestros remedios habituales. Y es muy importante no cansarse de insistir e informar a los propietarios, y más especialmente en el caso de los gatos, con un metabolismo y un hígado muy especial, de que no acudan a los clásicos remedios caseros. Jamás hay que darles aspirina, paracetamol, ibuprofeno, voltarén y tantos productos muy usados por nosotros, pero que para los gatos pueden resultar tóxicos.

 

 

El gran problema de los gatos: el estrés. Nuestro aliado: las feromonas

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                                 Ejemplo de gatos bien socializados y nada estresados

 Hace poco más de veinte años que se sintetizaron y comercializaron las feromonas faciales de los gatos. El uso que se puede hacer de ellas en la clínica felina, sobre todo para aliviar situaciones de estrés (la fuente de prácticamente el 100% de los problemas de conducta de los gatos), es todavía el gran desconocido por parte de los veterinarios que, por otra parte, ven como cada año se incrementa el porcentaje de gatos en su práctica diaria y, con ellos, el número de consultas por alteraciones del comportamiento. 

Las estadísticas realizadas en países como Estados Unidos nos muestran que el 46% (casi la mitad) de los propietarios de gatos piensan que éstos presentan comportamientos anormales. Y en base a estos trastornos de conducta (reales o imaginados) se produce un 15% o más de abandonos y eutanasias. 

Sólo en Estados Unidos se sacrifican aproximadamente cuatro millones de gatos al año (algo menos del censo total estimado de gatos en España) en las sociedades protectoras, saturadas por el abandono de animales, debido a esta razón. Y para acabar con los números: en nuestro país la Fundación Affinity (antes Fundación Purina) calculó un mínimo de 25.000 gatos abandonados al año. 

Desconocer el uso de las feromonas es desaprovechar la solución para muchos casos que nos plantean propietarios desesperados. No utilizarlas en esos casos es desperdiciar consultas, pacientes, y clientes. 

 Las claves del estrés. El miedo al cambio: 

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  1. a) la territorialidad: 

El agriotipo del gato doméstico, el gato salvaje norteafricano o Felis lybica, es un animal cazador, solitario y territorial. Necesita conocer perfectamente el medio por donde se mueve para que la caza sea productiva, y necesita marcar constantemente ese territorio con dos finalidades: 

            1/ dejar señales destinadas a él mismo para tranquilizarle al detectar su propia presencia y el control del lugar (“yo ya conozco esto, estuve aquí ayer”), con las feromonas faciales.

            y 2/ avisar a posibles intrusos. Su principal interés respecto a los congéneres (excepto en la época del celo) es verse lo menos posible y evitar peligrosos enfrentamientos, en los que hasta el vencedor puede resultar herido. Y para esto utiliza el único lenguaje que no requiere cercanía: el olfativo, a base de señalizar sus zonas (de descanso, de caza, de paso) con diferentes secreciones por donde elimina sus feromonas informando a todo aquel que las huela sobre su edad, sexo, estado de salud y receptividad, así como el tiempo que hace que fueron depositadas (“soy un macho fuerte, joven y bien alimentado, pasé hace pocas horas, cuidado conmigo”). 

Para un animal tan apegado a su territorio como el gato, cualquier novedad, cualquier cambio por nimio que nos pueda parecer va a resultar amenazador, y le puede acarrear estrés. Para los gatos, la estabilidad en su entorno es fundamental. 

  1. b) el etograma del gato asilvestrado vs. el gato doméstico: 

Si comparamos la “agenda” diaria de un gato de vida libre con la de un gato casero, vamos a observar grandes variaciones en el tiempo destinado a las actividades más importantes: cazar, comer, jugar, asearse y dormir. 

En el capítulo de la caza los gatos salvajes destinan una media de 4 a 8 horas al día, pudiendo llegar a 12 horas, según sus necesidades y la disponibilidad de alimento. Todas esas horas van a quedar vacías en un cazador “condenado al paro”, como el gato casero, con un comedero siempre lleno. 

Pero la caza no es solamente matar y comer. Es un conjunto de horas destinadas a la actividad física del acecho y la captura, la “emoción” de la caza. El gato va a dedicar esas horas muertas en dormir más, pero va a volcar la energía sobrante en las llamadas “actividades orales” (liberación del estrés por el movimiento, algo así como la Enfermedad Obsesivo-Compulsiva o  las estereotipias que estudian los psiquiatras), fundamentalmente la bulimia y el acicalado obsesivo: dos síntomas que podremos asociar ya con un gato estresado. Y otra forma de desahogar sus energías es la de los “juegos de caza”: el acecho de tobillos y manos, con el lógico desagrado de los propietarios “cazados”. 

  1. c) el periodo de socialización y la influencia materna: 

El periodo de socialización (antes periodo sensible, o periodo crítico) abarca el espacio de tiempo en que el cachorro ha adquirido la suficiente fuerza física y agudeza de los sentidos como para comenzar a explorar su pequeño mundo, a  reconocer las cosas que le rodean, pero debe acabar antes de que, inexperto y con más autonomía, pueda empezar a “meterse en líos”. Su final coincide con la activación en el cerebro de los llamados centros del miedo, que van a frenar la aceptación de todo lo nuevo. 

La Dra. Eileen Karsh, de la Universidad Temple,de Filadelfia, logró determinar en 1983 con exactitud el periodo de socialización para los gatos, que abarca desde las dos semanas hasta las siete semanas de edad. 

Varía mucho según cada especie: en los animales precociales (aquellos capaces de valerse por sí mismos desde el nacimiento) es cuestión de horas, o incluso minutos: el fenómeno de la impregnación, que estudió Konrad Lorenz con las ocas recién salidas del cascarón. Por el contrario, en las especies altriciales (de desarrollo mucho más lento, como nosotros, por ejemplo) no hay tanta urgencia  en que el cachorro “aprenda” a qué especie pertenece. 

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Konrad Lorenz con sus ocas troqueladas

Pero si, por ejemplo, en un animal social y con fuerte protección familiar como los cánidos, ese periodo puede extenderse desde las cuatro a las doce semanas de edad, en una especie como el gato, en que la madre debe ocuparse ella sola tanto de cazar como de la crianza de los gatitos, sí que corre más prisa para que los cachorros espabilen rápido, y el periodo debe ser más precoz. 

Es durante este periodo de socialización cuando los gatitos aceptarán como normales, como parte de su “territorio conocido” otras especies diferentes que, una vez superado el periodo de socialización, ya sólo inspirarán como mínimo desconfianza y miedo, cuando no agresividad. Un gato no-bien socializado, como un gato callejero, podrá aceptar nuestra comida, pero no nuestro trato ni nuestro contacto. Podremos tenerle en casa con nosotros pero será de por vida un animal nervioso y proclive a respuestas de estrés. 

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Una pareja “imposible” en la naturaleza, pero adaptada gracias a la socialización

El marcador somático: repertorio de aprendizaje emocional adquirido. O, lo que es igual: la carga innecesaria de experiencias negativas, lo que conducirá a respuestas emocionales, con frecuencia excesivas. El miedo se retroalimenta, y crece. 

Un gatito bien socializado puede “malearse” a costa de malas experiencias o, muy importante, la influencia materna. Según sea la madre, se orienta el carácter del cachorro, “aprenden” el miedo. Pero un gatito que desde muy pequeño haya visto, oído, tocado y olido personas, ése será el indicado si queremos tener un gato confiado y no problemático en el futuro. 

  1. d) El gato estresado. Los circuitos neuronales del miedo y su perpetuación. 
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El estrés produce en los gatos respuestas variables, y más según sea cualquiera de sus muchas causas. Lo mismo puede darle por no comer, que por la bulimia. Por no moverse que por recorrer nerviosamente la vivienda. Por depresión que por ansiedad. Puede producirle cistitis idiopática (confundible con F.U.S.: Síndrome Urológico Felino) o una colitis nerviosa. Por marcar en exceso que por esconderse en un rincón. Por agresividad que por apatía. Pero en general el propietario “observador” suele notar cambios en lo que se considera la actividad normal de un gato: comer frecuentemente pequeñas cantidades, jugar, interactuar con sus dueños, pasear por la casa… 

Como mencioné en la introducción la causa principal del estrés, en un animal tan “conservador” como es el gato, son los cambios, las novedades de cualquier tipo en su territorio, aunque sus dominios se limiten a un apartamento de veinte metros cuadrados. Todo su interés se centra en reconocerlo constantemente, y en prevenir la aparición de posibles competidores. Y para ambas funciones utiliza su lenguaje preferido: el olfativo. Y para escribir sus mensajes, las feromonas. 

3/ Las feromonas: 

La existencia de las feromonas se sospechó ya en 1925, con los experimentos del francés Henry Fabre acerca de la atracción de las polillas hembras sobre los machos que se encontraban a kilómetros de distancia. Hoy día las conocemos bien. Las feromonas, mal llamadas también como hormonas sociales, son un conjunto de sustancias químicas. En los invertebrados su composición es bastante sencilla: una sola molécula, dos o tres como máximo, lo que facilitó su síntesis para el control de plagas agrícolas. 

En los mamíferos es mucho más compleja, y pueden estar formadas hasta por 40 componentes diferentes: cetonas, aldehidos, terpenos, aminas, alcoholes, ácidos carboxílicos, etc. También pueden ser volátiles o estables, según interesen que se difundan y lleguen lejos (feromonas espaciales, como las de las polillas de Fabre) o que, por el contrario, permanezcan en un lugar y sean fácilmente localizables (feromonas de proximidad). 

Los gatos eliminan sus feromonas a través de las glándulas sebáceas de la piel y las mucosas. En los años 70, Robert Prescott, de la Univ. de Cambridge, comprobó que los gatos además de las que poseen en la base de los dedos y en las glándulas anales, tenían también glándulas emisoras de feromonas en la cola, las orejas, el mentón, las comisuras de la boca y el espacio entre ojo y oreja. 

  1. Las feromonas faciales. La F3: 

El marcaje facial es el que realiza el gato al frotar su cabeza contra objetos, otros gatos o nuestras piernas. Ya fue estudiado por los pioneros de la etología felina pero no fue hasta hace unos pocos años que se consiguieron aislar las feromonas presentes en las secreciones faciales. 

Su análisis permite diferenciar hasta 40 componentes químicos distintos. De los 40, sólo 13 son comunes a todos los gatos. Y con estos 13 elementos podemos distinguir cinco combinaciones diferentes para cinco mensajes distintos, que los investigadores llamaron F1, F2, F3, F4 y F5. 

Nos interesa la F4 (de familiarización, comercializada como “Felifriend”), que es la que el gato frota contra otros gatos u otras especies que les resulten familiares, y aplicada por nosotros le hará sentirse “entre amigos”, y sobre todo la F3 (de identificación, comercializada como “Feliway”), que es la que el gato frota contra objetos inanimados conocidos y que al ser aplicada por nosotros le hará sentirse “como en casa”, en un espacio cómodo, tranquilo y relajante. 

4/ El control sobre el comportamiento del gato: 

Ante un gato estresado que manifiesta trastornos del comportamiento, o incluso ante un gato no estresado que, simplemente, desarrolla sus hábitos por instinto (p. ej. el marcaje en los machos enteros) y nos molesta, contamos con varios recursos. Algunos son muy eficaces por sí solos, pero lo habitual es que combinemos varios de ellos.

  1. reducir el estrés: evitar en lo posible “novedades” o situaciones que puedan alterarle. Tratarle con suavidad, no forzar contactos ni caricias indeseadas. Facilitarle escondrijos (una caja de cartón puede valer) donde pueda refugiarse y sentirse más seguro. Y jamás, como respuesta a algo malo, gritarle, regañarle ni, mucho menos, castigarle, porque éso sólo va a contribuir a aumentar su estrés, al sentirse amenazado.
  1. Educación: a través del juego (pelotitas, cuerdas, cañas, punteros laser) interaccionar con él. Si está muy nervioso o demasiado “pesado” (cazando nuestras manos, p.ej.) no responderle, sino irnos y dejarle solo. Refuerzos positivos (premios), refuerzos negativos no estresantes (pistolas de agua)
  2. Medicina felina: psicotropos (ansiolíticos, antidepresivos), estimulantes del apetito. La castración reduce en un porcentaje muy elevado los problemas de eliminación inadecuada y algunos de agresividad. Deungulación, en algunos casos concretos.
  3. Feromonoterapia: principalmente con la F3 (Feliway), en casi todas las situaciones en que, como veremos a continuación, se va a generar estrés, minimizando los periodos de adaptación del gato a las nuevas situaciones. Nosotros aconsejamos tanto la aplicación diaria en spray como en difusor (válido durante 30 días, para una casa de aprox. 70m.). En todo caso se recomienda no saturar el ambiente y utilizarlo el tiempo necesario hasta la normalización del comportamiento del gato. 

En situaciones concretas como el marcado por orina, y combinado con el uso del Feliway en difusor, sería aconsejable lavar la mancha con agua o, mejor, con detergentes aniónicos comerciales tipo KH6 y hacer una aplicación local de Feliway spray durante unos días. 

5/ Situaciones estresantes más frecuentes, y su control: 

  1. cambio de casa: desaparecen sus marcas faciales y sus zonas de reposo, de juego, de eliminación…
  2. obras en casa de reforma, pintura: se eliminan las marcas faciales y además hay personas nuevas, ruidos, material…
  3. nuevas personas en casa, o nacimiento de un bebé: se cambian las rutinas, se impide hacer al gato cosas que antes podía, se le cierran puertas, se juega menos con él, cambian mucho los olores por las personas nuevas, incluso se le mira con recelo o se le regaña si hace cosas raras
  4. vacaciones con el gato: casa nueva sin marcas faciales y sin sus zonas conocidas. Pasa miedo en el viaje y a veces comparte la nueva casa con otros animales, familiares, niños…
  5. vacaciones sin el gato: se queda solo, con comida y agua, pero sin sus rutinas, sin juegos ni los miembros de la familia ya conocidos. Puede pasar que se asusten de las nuevas personas que aparecen para echarles de comer.
  6. Cambios de mobiliario y/o pintura en la casa: desaparecen las marcas faciales o “su” orden de la casa, tan necesario para su tranquilidad.
  7. Introducción de nuevos gatos o animales: el que ya estaba reacciona con miedo ante el intruso, se siente amenazado. Si el recién llegado es un cachorrito de perro o gato insistirá en acercarse y jugar con él. Si es un gato algo más crecido, la llegada a un territorio desconocido y ya ocupado por un propietario que le recibe con hostilidad también suele producirle estrés.
  8. h) Llegada a la clínica veterinaria, residencias, etc. El viaje ya le altera lo bastante (ruidos y movimientos del vehículo), llega a un lugar nuevo o, peor, ya recordado con experiencias malas. Muchos olores de “miedo”de otros gatos (orines, gl. anales, sudoración de almohadillas). Gente extraña que le manipula y le hace daño… 

6/ Conclusión:

Estas y otras situaciones se resuelven con unas pocas normas básicas, como comentaba más arriba hablando del control de los gatos estresados: facilitando a los gatos lugares seguros (cajas, escondrijos) en los que guarecerse cuando sienta miedo, jugando más con él para normalizar su actividad, no incrementar su estrés con castigos ni regañándole y, sobre todo, reestablecer “su hogar”, un territorio seguro, mediante la aplicación de feromonas, lo que llamamos el enriquecimiento ambiental. 

Un gato estresado o bien se esconde y no se mueve, con lo que sus marcas faciales irán desapareciendo y con ellas la sensación de un lugar seguro, o bien marcará una y otra vez, no sólo con la cara sino además con orina, garras, etc, para reforzar su sensación de control sobre ese territorio que, por una u otra causa, siente amenazado. 

La aplicación de feromonas en cualquiera de los 8 casos anteriores (incluso en el muy conflictivo de las clínicas veterinarias) va a reducir notablemente los periodos de adaptación a un entorno nuevo: de una media de 8 días, a uno ó dos como máximo, minimizando el estrés del cambio y las consecuencias molestas, tanto para los propietarios de agresividad y marcaje excesivo (con las posibles consecuencias de sacrificio y abandono) o para ellos: apatía, anorexia, bulimia, lamido compulsivo, cistitis idiopática, etc., etc.

 

Castrar o no castrar, he aquí el dilema

En el drama de Shakespeare, Hamlet, es famosa la pregunta que el príncipe danés que da nombre a la obra se plantea en el cementerio con el cráneo del bufón Yorick en la mano:

ser o no ser: he aquí el dilema

No hay que ponerse tan dramático para pensar si esterilizar o no a nuestro gato, pero lo cierto es que, para muchos propietarios de mininos, sí les resulta una decisión, como poco, difícil.

¡Cómo no va a ser difícil plantearse, con meses de anticipación, ante una bolita de pelo tranquila, inofensiva y cariñosa, una operación mutiladora!…para colmo con sinónimos tan espantosos (que nos sugieren sangrientas y sucias maniobras) como “capar”. Es frecuente escuchar por parte de aquellos comandos “anticastración” argumentos tales como: “¡pues para castrarle, mejor no haber cogido un gato!”…Y sin embargo hasta elementos tan pro-gato y libres de toda sospecha de crueldad como las múltiples asociaciones protectoras coinciden todas, no ya en la conveniencia, sino en la necesidad de esterilizar a los felinos no destinados a la cría.

No hay que “comerse tanto el coco”. Aparte de las ventajas que detallaré a continuación, hay que considerar que en cualquier animal domesticado han de producirse unos cambios destinados a facilitar la convivencia con los seres humanos. Una vaca salvaje no se dejaría ordeñar, ni un caballo salvaje se dejaría montar. Sería imposible esquilar a un carnero salvaje, y los perros seguirían siendo lobos y nos morderían.

Con los gatos lo que se tiende, además de dulcificar su carácter, es evitar muchos de los problemas de convivencia que su conducta sexual acarrea y que, en el caso de las hembras, tantas leyendas y tantos “agrios” comentarios han suscitado. Sólo por citar un ejemplo, el comentario que el naturalista francés Georges-Louis Lecrerc, más conocido como el Conde de Buffon, reflejó en su obra Historia natural, en 1825, sobre el carácter de las gatas:

más ardiente que el macho, lo invita, lo busca, lo llama; anuncia a gritos el furor de sus deseos o, más bien, el exceso de sus necesidades; y cuando el macho la huye o la desprecia, lo persigue, lo muerde, lo obliga, por así decir, a satisfacerla… (¡tremendo, no?)

Salgan a la calle o no, lo cierto es que (y pese a los escalofríos que la castración despierta en muchos propietarios amantísimos), salvo alguna particularidad que luego veremos, esterilizar a los gatos sólo ofrece ventajas.

Las ventajas de la esterilización

1.Evitar camadas indeseadas: 

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Como suele pasar, cuando queremos cruzarles todo son pegas, pero uno de los grandes problemas de los gatos es que “crían como conejos”…Tanto se trate de colonias callejeras, como de gatas out-door, con posibilidad de acceder libremente al exterior, la fisiología sexual de las gatas funciona de maravilla, hasta el punto de que una gata sana y prolífica, puede sacar al año cinco, e incluso seis camadas. Y si consideramos una media de cinco gatitos por parto, es fácil hacer las cuentas: la misma gata puede colocar en el mundo venticinco nuevos gatitos sin mucha dificultad.

Si estos gatitos nacen en la calle les espera una vida de enfermedades y privaciones, con una elevada tasa de mortalidad infantil, debido a una alimentación deficiente y al elevado riesgo de contagios. Pero, aún en el caso de tratarse de una gata casera cuidada, colocar a camada tras camada, por mucho empeño que le pongamos acaba siendo, sencillamente, una tarea imposible, y son cachorros destinados a la indefensión. ¿Entendemos ahora por qué las sociedades protectoras son todas pro-castración?.

2. Conductas sexuales molestas:  maullidos 

La típica postal de un grupo de gatos maullando sobre los tejados y un vecino insomne y desesperado tirándoles un zapato puede resultar graciosa. Pero cuando se trata de nuestra propia gata, maullando toda la noche al venirle el celo de repente, ¡éso, señores, es una sensación de las que nunca se olvidan!…y lo digo con conocimiento de causa, porque a mi me ha pasado.

Más de una gata (y más de diez) me han traído a la consulta nada más levantar el cierre para una “castración de urgencia”, acompañada por un dueño ojeroso y desesperado, con pinta de no haber pegado ojo en toda la noche…y no es una exageración. Y casos conozco de denuncias por parte de los vecinos en los casos de gatas (las siamesas son auténticas “mezzosopranos”) particularmente ruidosas. Yo creo que el ya citado Conde de Buffon debió tener alguna de estas experiencias. El descanso es sagrado.

3. Conductas sexuales molestas: marcajes

Aunque tanto machos como hembras pueden marcar con orina o heces cuando entran en celo y quieren hacer saber a todos, cual pregón, su “disponibilidad”, es sobre todo molesto en el caso de los machos enteros, por el intenso olor de su orina. Este olor está causado por un aminoácido, la felinina, producto a su vez del metabolismo de otro aminoácido, la taurina” que, al contrario de los perros o de nosotros mismos, los gatos son incapaces de metabolizar y obtienen sólo de la carne de sus presas. El fuerte olor de la orina de los gatos no-castrados es un claro mensaje dirigido a otros gatos advirtiéndoles de la buena salud del propietario del terreno.

El macho cuando marca no lo hace dentro de su bandeja, sino sobre superficies verticales que en el exterior son árboles, pero que en casa son paredes, muebles, cortinas, etc. Dentro de un piso el olor resultante es francamente desagradable. Y en este caso concreto, la castración elimina este marcaje en un 99%, y el olor en un 100%.

4. Conductas sexuales molestas: la agresividad 

Hay varios tipos de agresividad felina, y la gran mayoría son una respuesta al estrés, a esos cambios que suponen amenazas, al miedo: animales nuevos, personas desconocidas, ruidos, olores, situaciones…Si un gato se siente amenazado y puede, huirá. Si no puede, se esconde. Pero si tampoco puede esconderse reconvertirá su miedo en ataque.

Sí que hay un caso de agresividad directamente relacionada con la acción hormonal: las peleas por competencia entre los machos no-castrados. En este caso, la esterilización, al eliminar la fuente de la hormona masculina, la testosterona, va a reducir notablemente este afán de competencia entre machos. Incluso entre los otros tipos de agresividad algunos (no todos) al menos se reducirían al castrar, tanto en machos como en hembras.

Evitar problemas de salud 

Tradicionalmente se castraba tanto a machos como a hembras cuando comenzaban a manifestar esas conductas molestas que acabamos de ver: maullidos, marcajes, agresividad, etc. Incluso, sigue circulando entre la gente el bulo de que “es conveniente que tengan al menos una camada”….Nada más lejos de la realidad: ni física ni psicológicamente es necesario tanto para perros/as como gatos/as ninguna “realización” de sus instintos. La tendencia actual, a nivel preventivo, es incluso la de la castración precoz, a edades tan tempranas como los dos o tres meses de edad. ¿Y estas prisas?, se preguntarán ustedes…

Esta precocidad está aconsejada en la esterilización de las hembras (perras y gatas), aparte de la mejor recuperación en las hembras jóvenes, sobre todo porque, una vez alcanzada la pubertad, se estimulan en el tejido mamario unos receptores hormonales. Es en estos receptores donde, años después, podrán desarrollarse (o no, no siempre va a pasar) la formación de tumores. La castración precoz funciona pues como una “vacuna anti cáncer de mama”, ya que está comprobado que la incidencia de tumores mamarios en perras y gatas castradas pre-pubertad es prácticamente nula.

Cuando la castración se realiza transcurrido el primer celo, el porcentaje va aumentando un poco, un 60%, aunque aún estamos a tiempo, pues a partir del tercer celo el porcentaje será similar a aquellas hembras que hayan criado o no. Además del tema de los tumores, obviamente, la extirpación de testículos, matriz y ovarios evitará la aparición de otras patologías que se asientan en estos órganos: quistes, infecciones, tumores, etc.

Alguna pequeña pega…

Sí, alguna pega ha de tener, y es la de la conocida tendencia a la obesidad en las perras y en las gatas castradas (en las perras está la de la incontinencia urinaria pero no toca mencionarla aquí). La causa de esta temida obesidad es por la desaparición de los estrógenos, las hormonas femeninas encargadas de la actividad sexual, y es un fenómeno similar al de las mujeres tras alcanzar la menopausia.

Los estrógenos, además de su papel sexual tienen tres efectos principales: aumentan la actividad, reducen el apetito y, ¡principal!, ejercen un efecto “tapón” ante la entrada de la grasa en las células. Con la castración o con la menopausia el efecto es similar: se produce menos actividad y se incrementa el apetito. Ya sólo con eso la tendencia a la obesidad estaría clara. Pero si además añadimos que desaparece el “tapón” que antes obstaculizaba la entrada de grasa, el incremento de peso puede ser notorio.

El problema de la obesidad no es sólo estético: se van a añadir complicaciones importantes para la salud del animal como la diabetes, artrosis, dermatitis, etc. Afortunadamente contamos hoy día con alimentos especiales para mantener a nuestra gatita “en forma”. No hay excusa para eludir la esterilización.

Otro día hablaremos de las distintas técnicas que se pueden emplear, y también de las alternativas posibles en aquellos casos en que no sea posible o aconsejable la cirugía.

 

Como mejorar el entorno de tu gato

Gatos “in-door” y gatos “out-door”

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Existen dentro del mundo de los gatos algunos afortunados a los que se conoce como gatos “out-door” (=de puertas afuera), es decir: aquellos que , aun teniendo una casa y unos dueños que les alimentan y les cuidan, tienen la suerte de contar con libre acceso al exterior, disfrutando de todo un mundo de sensaciones y “aventuras”. Pero también existen otros muchos, los llamados “in-door” (=de puertas adentro), los conocidos como “gatos de apartamento” que, quizá en toda su vida, no van a conocer nada más allá de los límites de lo que constituye su hogar.

Son gatos igualmente muy queridos y cuidados pero, obviamente, van a carecer de todos esos estímulos exteriores pero sólo al alcance de los “out-door”. Para estos gatos “in-door” confinados entre cuatro paredes, con una vida más aburrida, privados de la emoción del acecho, de subirse a los árboles o de perseguir las hojas, existe no obstante la posibilidad de estimular sus sentidos, de enriquecer su vida, de procurarles abundantes distracciones.

¿Se aburren los gatos?

Más que aburrirse –concepto en principio aplicado a la mente humana- lo que sí les pasa a los gatos es que, carentes de estímulos, tienden a la inactividad: a dormir largas siestas, a permanecer muchas horas en el sofá o a comer más a menudo. El gato, por instinto, es un animal cazador y, como tal, muy curioso y atento a todo lo que le rodea. Para un gato salvaje es vital conocer perfectamente su territorio y estar pendiente de cualquier cambio, de cualquier movimiento. El gato de apartamento no hace nada de eso.

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Los problemas de la inactividad

Está estudiado que los gatos asilvestrados, y algo menos los “out-door”, reparten las horas de su agenda diaria principalmente en actividades tales como el cazar/acechar, en descansar o en acicalarse, por ejemplo. Nuestro gato casero no necesita cazar, ya nos encargamos nosotros de que tengan su comedero lleno, de modo que todas esas horas destinadas al acecho: de 6 a 8, incluso hasta 12 en algunos casos, las van a emplear más bien en dormitar (más de 12 horas al día, incluso 16) o en acicalarse (hasta 6, cuando lo normal en un “out-door” son 3 ó 4.

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La primera consecuencia de tener el comedero siempre lleno, la falta de ejercicio y las larguísimas horas de siesta es obvia: la obesidad…exactamente como nos pasaría a nosotros. En unos cuantos países de los “desarrollados” más del 50% de los gatos padecen sobrepeso. Pero la obesidad va más allá de tan sólo un efecto estético. La obesidad está directamente ligada y es un factor predisponente en problemas tales como la diabetes, la artrosis, los problemas circulatorios y los de piel…igual que en nosotros.

Otra consecuencia de la inactividad por ausencia de estímulos es el acicalado obsesivo: gatos que se lamen, se lamen, y se lamen…hasta depilarse zonas enteras e incluso hacerse heridas en la piel. Podríamos equipararlo a aquellas personas “aburridas” que se muerden las uñas, o se rascan sin parar.

Cómo aumentar los estímulos dentro de casa

No tenemos más que observar la tremenda excitación que una mosca en la ventana les produce. Hasta el gato más tranquilo la mirará fijamente o dará saltos para intentar atraparlas en el cristal… Pero no se trata de llenar la casa de moscas (o de ratones) para aportarles un poquito de animación. Hay otros trucos mucho más sencillos. Los hemos mencionado en ocasiones anteriores, pero no sobra recordarlos.

rascadores. Aunque su función principal es la de que se afilen las uñas (y dejen en paz el sofá de piel), algunos de ellos son prodigios de ingeniería gatuna: con varios postes, con varios pisos, con plataformas, con escondrijos… A los gatos les encanta  meterse en sus recovecos o subirse a ellos, se sienten más “seguros” en lo alto, igual que los leopardos en lo alto de una acacia.

-ventanas. Una mirada al mundo exterior distrae a cualquiera, podemos tirarnos horas asomados a la ventana. Y a un gato curioso más todavía. Pero, ¡ojo!, ya hablamos en su día del conocido como Síndrome del Gato Paracaidista: todas las lesiones, más o menos graves, que puede sufrir un gato cuando, por un descuido, cae desde una ventana. La forma más sencilla es protegerles de accidentes mediante una tela metálica que nos permita ventilar la casa y a ellos asomarse y cotillear, pero evitando percances desagradables. Hay muchos tipos de rejillas, desde las comerciales hasta las que nosotros mismos, con un poquito de maña, podemos fabricar.

-el juego. ¿Necesitan jugar los gatos?….¡¡¡sí!!!. Parece mentira que desde los orígenes solitarios de su antepasado, el Felis lybica, haya salido un animal tan juguetón. Con el juego estimulamos sus instintos, ayudamos a que descarguen toda esa actividad que ya no desarrollan con la caza y además, ¡muy importante!, reforzamos los vínculos entre ellos y nosotros. El juego va desde llamarles para que acudan (y premiarles con caricias) a todo ese mundo de cuerdas, ratoncitos de peluche, cañas, plumas o pelotitas. Y un elemento que les encanta son los punteros láser: se pueden tirar mucho, mucho rato persiguiendo a ese “mágico” puntito rojo y saltando tras él, intentando cazarle, por suelos y paredes.

-compañero de juegos. No hay nada más divertido que ver jugar a dos gatos. Es cierto que a veces la introducción de un segundo gato puede causar cierto estrés, aunque sólo sea temporalmente. Pero si ambos son jovencitos se adaptarán sin ningún problema desde el principio, y les proporcionará toda la distracción que necesitan.

-el enriquecimiento ambiental. Tenemos aún otros medios a nuestra disposición para que un gato  se sienta a gusto en casa, o para minimizar el estrés que tantas cosas (ruidos, personas o animales extraños, cambios de casa) les pueden producir. Algunos son tan sencillos como una simple caja de cartón vacía, donde les encantará esconderse, o el uso de las feromonas, que les relaja haciéndoles sentir “como en casa”. Pero eso ya es tema para otro artículo.

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Los Cat-Café, una moda muy felina

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(página del boletín Calico, donde se anuncian diversos Cat-café de Tokio, incluyendo fotos y comentarios de cada uno de sus gatos)

Tuve ocasión de visitar hace un par de años el primer “café de gatos”que se abrió en Europa, mas conocidos como Cat-Café: el Café Neko (neko = gato, en japonés) de Viena, abierto en Mayo de 2012. Su propietaria, Takako Ishimitsu, ¡japonesa, cómo no!, fue la pionera, pero tras ella las inauguraciones de estos cafés gatunos se han sucedido de forma imparable, casi todos en el 2013.

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A este respecto el Café des Chats de París, abrió sus puertas en el muy distinguido distrito del Marais el 21 de Septiembre del 2013. En Gran Bretaña, el primero en abrir fue el Totnes Cat’s Café, en Devon; pero en Londres ya hay al menos cuatro: Cat Emporium, con dos plantas y jardín privado, el Fat Cat Café Bar, el Little Cat Café y el Cat’s Café des Artistes. ¿Sigo?… También hay dos más en Budapest (Hungría) y otro en Munich (Alemania), el Katzentempel, que fué inaugurado el 29 de Septiembre del 2013.

Pero la gran noticia para nosotros ha sido la apertura el 15 de Octubre del 2013 del primer Cat-Café español en Madrid, muy cerca de Atocha: la Gatoteca, gestionada por una protectora de animales, Abriga. Si bien este establecimiento está orientado de manera distinta al resto de los abiertos en el mundo.

¿Qué es un café de gatos?

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Se trata de un local donde te puedes tomar un café, un te o un refresco, o picar algo, como en cualquier local de hostelería pero, en el que además de mesas, sillas y sofás para nosotros, hay gatos que viven allí y con los que el consumidor-visitante puede interactuar. Estos felinos suelen estar donados por criadores o centros de acogida y su destino, aunque no en todos los Cat-Cafés, es la adopción. A tal fin, y tanto en los “adoptables” como en los “fijos”, hay carteles y folletos donde te informan de cada uno de ellos.

Un factor importante es el control de los visitantes porque, no lo olvidemos, aquí los reyes son los gatos. Y aunque los habitantes felinos de los Cat-Cafés son animales tranquilísimos, no quita que, como cualquier gato y dada su facilidad para el estrés, puedan asustarse. Muchos tienen el aforo limitado, pueden entrar niños pero siempre controlados por sus padres para que no se dediquen a corretear a los mininos, no se puede entrar con perros ni con otros felinos y, aunque se supone  que los que van son amantes de los gatos, la mayoría cobra una pequeña entrada para disuadir a los posibles curiosos, aunque algunos como el de Viena son gratuitos y en el de Madrid la entrada incluye una consumición.

La pega legal que tuvieron todos que solventar fue que, como establecimientos de hostelería que son, donde se expenden bebidas o bollería, se supone que por las normas de Sanidad no debería haber animales sueltos en el local. Afortunadamente, todos ellos, han podido capear esa normativa.

La decoración tiene su gracia…felina. Hay troncos por los que trepar o en donde afilarse las uñas, hay unos cuantos rascadores, muchas repisas con cunas en las que subirse o echarse una siestecita, y aunque hay mobiliario “humano” para que podamos sentarnos, es muy frecuente que, en la mesa elegida para tomarnos un te, una de las sillas o sillones esté ocupado por un gato profundamente dormido al que, ¡por supuesto!, no vamos a molestar. Sus bandejas higiénicas y más cunas están situadas en lugares restringidos para ellos.

Japón: el líder

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Antes que Japón fue Taiwan donde se abrió el primer Cat-Café en 1998. Pero los japoneses, grandes amantes de los gatos, arrasaron: el primero se abrió en Osaka en el 2004. Después de éste ya hay casi un centenar en todo Japón. Según mis datos y hasta la fecha, más de 40 de ellos solo en Tokio.

Mi hija Maya, una entusiasta de los gatos, ha vivido temporadas en Japón y fue la primera persona que me contó lo de estos establecimientos. Suelen estar en un piso, a veces el piso diez o el veinteavo de grandes rascacielos. Una vez que accedes, unas amabilísimas japonesitas encargadas de cuidarles te dicen: no los toques, ellos irán a tí… Y, efectivamente, se irán acercando a saludarte o a subirse en tu regazo, encantados de que les recompenses con unas caricias que agradecerán ronroneando.

Son lugares sumamente relajantes. Maya me contaba que en los Cat-Café de Tokio, hay quien va allí a leer o a echarse una siestecita muy zen, para abstraerse del estrés de la gran ciudad.

Algunas direcciones

-La Gatoteca. C/Argumosa, 28. Madrid

-Café des Chats. 16, Rue Michel le Comte. Paris

-Café Neko. Blumenstockgasse, 5. Viena

-Cat Emporium. 152-154 Bethnal Green Rd. Shoreditch. Londres

-Cat café. Revay Utca, 3. Budapest

-Katzentempel. Türkenstrasse, 29. Munich

-Minimal Café. Nº 42 Lane 2, Taishun Street. Taipei. Taiwan

-Neko no Jikan. 5-16 Kurosakicho, Kita-Ku. Osaka

 

Evitando accidentes: stop a los “gatos paracaidistas”

 

Los veterinarios tendemos a veces al humor negro, por aquello de quitarle hierro a las situaciones más dramáticas, y no sé ni dónde ni quién bautizó hace tiempo como el Síndrome del Gato Paracaidista o, más familiarmente, Gato Paraca al conjunto de lesiones de los pobres gatos que (sin paracaídas), por una causa o por otra, se caen con más frecuencia de la que pensamos por las ventanas…

Como dice el refrán, es mejor prevenir que curar y, en el caso de los “gatos paracas” por desgracia hay veces en que la cura ya no es posible. Para muchísimas personas, siempre que hablo del tema, resulta sorprendente que unos animales como los gatos, presuntamente tan ágiles, puedan caerse desde una ventana. Pero el sorprendido fui yo al comprobar la alta incidencia de “paracas”, muy por encima de lo que imaginaba.

La explicación es fácil: en las clínicas veterinarias habituales, con un horario normal de mañana y tarde y sin urgencias, vemos algún caso esporádico de “gato paraca”, con una frecuencia quizá de un caso cada tres, cuatro o seis meses. Pero cuando, hace años, estuve trabajando en un centro de urgencias con horario nocturno, me encontré con el panorama desolador de atender “gatos paracas” prácticamente noche si y noche también.

Y no sólo éso porque, al fin y al cabo, a urgencias nos llevan los “paracas” sus propios dueños cuando se han dado cuenta de la caída sus propios dueños y han podido recuperarlos de la calle, caso que no siempre se da. Pero, ¿qué pasa con los que se caen sin que nadie se percate, o los que, una vez en la calle, heridos y asustados se despistan, corren a esconderse y es imposible localizarlos?.

El Ayuntamiento de Madrid, como otros muchos, tiene un servicio de recogida de animales extraviados que está atendido por veterinarios. Aunque tienen sus propias instalaciones, a menudo estos colegas nos acercaban algún paciente y me comentaban que, cada noche y sobre todo en verano, con las ventanas abiertas, recogían de la calle 3, 4, 6 o más “gatos paracas” a los que alguien ha visto y les habían dado el aviso. Insisto: los que se pueden coger, que no son todos. Por tanto, muchos, demasiados “gatos paracas”.

La curiosidad mató al gato

 

Dice el refrán que “la curiosidad mató al gato”…y por desgracia ésto es cierto para muchos de estos gatos que, por despiste, por un resbalón (bordes de ventanas de cerámica o metal de los que no pueden agarrarse con las uñas) o por seguir atentamente el vuelo de una paloma, caen al vacío.

 

Los gatos, efectivamente, son muy ágiles, se equilibran con la cola y caen sobre sus cuatro patas. Una caída de 4 ó 5 metros, lo que equivale a un segundo piso, para un gato en buenas condiciones (sano, delgado, ágil) por lo general no suele suponer lesiones pero, según aumenta la altura incrementa la violencia del golpe, y hay que considerar factores de riesgo tales como el suelo al que caen (es diferente caer sobre cesped que sobre cemento) o los obstáculos que encuentren en su caída (tales como cuerdas de tender) y que les desequilibren o les hieran.

El surtido de lesiones, lo que constituye el “Síndrome del gato paracaidista” varía desde fracturas en patas, mandíbulas, dientes, paladar, derrames de tórax…y un largo y dramático etcétera. Por encima de un sexto piso las posibles lesiones son muy graves, llegando hasta la muerte. En todo caso, la recuperación de un “paraca” con varias de estas lesiones es larga y costosa. Por éso, mejor, no nos arriesguemos.

¿Qué hacer?. Redecora tu vida…y salva la de tu gato

No podemos tener las ventanas cerradas en todo momento y los gatos andan siempre muy atentos al menor descuido para asomarse. La mejor solución es instalar algún tipo de red, malla o mosquitera para impedir las caídas. No hace falta ser “el rey del bricolaje”. Con cuatro listones de madera, a la medida del hueco de la ventana, y una malla de plástico o de metal, de las que encontramos un amplio surtido en las ferreterías, sujetas por grapas a los listones, podemos preparar un marco que, a su vez, podemos sujetar a la ventana con un par de escarpias y de hembrillas.

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Las ventanas correderas, de metal o PVC, se pueden sustituir en verano por otras de la misma medida, pero sin cristal y con tela mosquitera. Otra opción es una tela mosquitera a medida, que se pueda enrrollar igual que las persianas. Para las terrazas hay otras opciones: por ejemplo, un amigo ha colocado malla del mismo tipo que la de las porterías de fútbol, sujetas por unos listones. A veces no es lo más estético…pero si estos remedios son eficaces, es preferible sacrificar algo la decoración, y no sacrificar al gato.

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Un último apunte: se están popularizando las ventanas oscilo-batientes, ésas que no se abren sobre sus bisagras, sino que se inclinan hacia dentro de la casa. Pues bien, está ya descrito en tratados de medicina felina y estamos comenzando a ver casos de gatos atrapados en la rendija que dejan. El gato -otra vez con su mortal curiosidad- se intenta asomar, saca la cabeza y parte del cuerpo y, como no tiene dónde agarrarse, puede quedar encajado en la rendija, con medio cuerpo dentro y medio cuerpo fuera. Cuantos más esfuerzos haga por salir, más se encaja y le resulta imposible salir.

Dependiendo del tiempo que haya quedado atrapado, puede sufrir lesiones en órganos por falta de riego sanguíneo, junto a lesiones nerviosas por la compresión. Como precaución, no facilitarle muebles o repisas que le pongan fácil lo de asomarse. También se puede regular la apertura de la rendija e impedir que el gato se asome y, de esta manera, la ventana no se convertirá en una trampa mortal.

Ventilar, sí. Asomarse y cotillear, sí. Caerse o quedarse atrapado,. no.

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