Guadarrama. Árboles Singulares y cascadas.

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                        El árbol (y ser vivo) más viejo de España: el tejo de Barondillo.

Esta entrada (que no artículo) no pretende ser un catálogo de Árboles Singulares de la Comunidad de Madrid, ni de rutas por la Sierra de Guadarrama, ni una enumeración de cascadas. De todo ello ya hay páginas en internet donde describen exhaustivamente cualquiera de ellos. 

Se trata simplemente de unos cuantos paseos fáciles y, sobre todo, muy bonitos, de los que cualquiera con unas mínimas condiciones físicas puede hacer en un radio de pocos kilómetros por los alrededores de San Lorenzo de El Escorial. Unos recorridos que oscilan, desde el punto en el que podemos aproximar el coche, de entre unos 15 minutos a un par de horas. No podré evitar repetirme, en cuanto a las palabras “bonito”, “hermoso” o “espectacular”, pero no las encuentro mejores para definir los árboles (no necesariamente Singulares), las cascadas y, sobre todo, los paisajes.
 
En cuanto a las cascadas que merezcan tal nombre, hay unas cuantas catalogadas como tal. Mencionaré sobre todo la del Hornillo, en el término de Santa María de La Alameda, y las del Purgatorio, en el término de Rascafría. Ambas dignas de verse. La primavera sin duda es el mejor momento para “ver agua” al tener mayor caudal debido a los deshielos y también porque los paseos son cómodos, al no hacer ni demasiado frío ni calores excesivos. En primavera, además, los arroyos corren caudalosos formando pequeños y grandes saltos entre las rocas, que da gusto verlos.
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                                “Pequeños” saltos de agua, sin nombre
Aunque el otoño es otra época meritoria para pasear debido sobre todo al espectáculo otoñal de las hojas…sin mencionar que es el momento ideal para buscar setas, aunque estas den material más que suficiente para una próxima entrada.
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                                Por doquier narcisos primaverales de varias especies. El de la                                           derecha, Narcissus pseudonarcissus, de largo tallo
En cuanto a los árboles, ya tan sólo con el espectáculo de los pinares, robledales y choperas que llenan nuestra sierra, a vosotros no sé pero a mí se me inunda el corazón de gozo. No conozco mejor sensación ni que me proporcione mayor paz que la de caminar por un bosque. Pero particularizando los árboles más vistosos, la Comunidad de Madrid tiene un total de 283 especímenes catalogados como Árboles Singulares. Algunos de ellos en parques urbanos como el de El Retiro (el ciprés calvo) o el Jardín Botánico (el olmo conocido como “el Pantalones”). Otros, en jardines del entorno tales como las sequoyas de La Casita del Príncipe, de El Escorial, o los pinsapos. Otros, salvajes, en plena naturaleza. Todos ellos categorizados así por su edad, su porte y su hermosura.
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       En Los Llanillos, área recreativa de la ladera de Abantos, subiendo desde San              Lorenzo de El Escorial, otro Árbol Singular: un Ulmus laevis, más resistente a            la grafiosis que otras especies de olmo.
Algunos en dehesas como el alcornoque centenario de Collado Mediano, pegado al pueblo, en una dehesa llamada de La Jara. La visité esta primavera y el paisaje era espectacular, con praderas llenas de flores entre los abundantes fresnos, y  donde se podían ver varios ejemplares de alcornoques entre los que destacaba el Árbol Singular. Se le atribuye una edad de 800 años, y bien podía ser por su gran tronco, cubierto de su gruesa y característica corteza. Me comentaron amigos botánicos que esta capa de corcho fue resultado de la selección natural, al proteger su interior del fuego en casos de incendio, mientras que sus primas hermanas, las encinas, se calcinan. Por cierto, la palabra “dehesa” proviene del latín defensa = prohibido, al ser un terreno comunal destinado a la alimentación del ganado, bien por el pasto, bien por las bellotas de las encinas o de los alcornoques, bien por el desmoche de las ramas de los fresnos al final del verano, cuando la hierba se ha agostado, y cuyas hojas y ramillas las vacas se comen con delectación. Y donde precisamente para preservarlo se prohibía la labranza. 
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                      Alcornoque (Quercus suber) de la dehesa de La Jara, en Collado Mediano
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                Por la dehesa de La Jara, los ubícuos fresnos (Fraxinus angustifolia)
Hay otros árboles “urbanos” que fueron majestuosos y que, por desgracia, han muerto debido a la grafiosis. Me refiero a las “olmas” (que no olmos, según la denominación popular) que adornaban la plaza central de muchos de los pueblos de la sierra, sirviendo de cobijo para sentarse a su sombra en verano. Pocos quedan: el de Guadarrama, por ejemplo, sigue luciendo porte en la plaza mayor, visible desde el coche cuando recorremos la travesía que atraviesa (valga la redundancia) el pueblo. Otros como los de Rascafría o el de Miraflores sucumbieron como decía a la grafiosis
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              La “olma” de Guadarrama, Ulmus minor, en perfecto estado de salud
Para entendernos: la grafiosis es una enfermedad producida por un hongo (el Ophiostoma, o su equivalente: Ceratocystis) transmitido a su vez por una familia de escarabajos, los Escolítidos. Estos pequeños escarabajos perforan la madera y cuando portan los hongos los inoculan en el árbol. Los primeros síntomas que podemos observar es la desaparición de las hojas en las ramas más altas pero, según la enfermedad avanza, los olmos van secando todas sus ramas y acaban muriendo. 
 
El tratamiento suele ser la poda de las ramas enfermas pero en los casos avanzados la única opción es la infiltración de insecticidas. Tratamiento caro que se realiza en ejemplares de interés, como el famoso “Pantalones” que mencioné, presente en el Jardín Botánico de Madrid, o en los de algunas plazas de la ciudad de Ávila. Por desgracia la gran mayoría de aquellas frondosas “olmas” que adornaron plazas, han acabado desapareciendo. 
 
Pero basta de dramas. Voy a describiros un par de itinerarios de los que más me gusta recorrer.
 
Hasta la cascada del Hornillo, y más allá.
 
El camino, señalizado, parte desde un pequeño aparcamiento junto al puente sobre el río Aceña. Para llegar hasta el aparcamiento basta con tomar la carretera que, desde San Lorenzo de El Escorial, se dirige hacia Santa María de La Alameda (pueblo, que no estación) subiendo hasta cruzar los puertos de La Cruz Verde en primer lugar, y de La Ventolera en segundo lugar. Entre ambos puertos, muy próximos el uno del otro, y en un mirador a mano derecha, podemos parar el coche si queremos y contemplar la hermosa vista del valle con el Monasterio de El Escorial, una imagen realmente de postal. Una vez en La Ventolera y cogiendo la desviación que nos indica el camino hacia Santa María de La Alameda, remontamos todavía una pequeña subida hasta coronar el alto y ya bajando la cuesta, atravesar el pequeño pueblo de Robledondo. Ya sólo es cuestión de, entre curvas, bosquetes de robles y prados, bajar hasta el cauce del río Aceña. Justo antes de cruzar el puente y a mano derecha podremos aparcar el coche sin dificultad. Distancia desde San Lorenzo: 15 kilómetros.
 
Al lado del aparcamiento e indicado con un cartel, el camino se mete en el pinar, donde iremos siempre a la sombra. Sólo necesitamos calzado cómodo y resistente y si disponemos de un bastón para ayudarnos, mejor. Lo de llevar cámara de fotos o no, depende de cada uno, aunque yo siempre la llevo en la mochila junto con el “kit de montaña”: prismáticos, una navajita y una gorra por si aprieta el sol. Por consejo de un amigo excursionista añadí al kit una lámpara frontal, por si se hace de noche (me pasó dos veces en los Pirineos y es un verdadero aprieto caminar a oscuras) y un silbato…¿Un silbato -le dije- , y para qué?… Pues por si tienes un percance, como torcerte un tobillo, por ejemplo, y no puedes andar… Le respondí: ¡Hombre, siempre puedo gritar!… Si –me respondió– , pero de gritar te cansas pronto, y el silbato no cansa y se oye de más lejos… Y como me pareció buen argumento y ni pesa ni abulta, lo incorpòré al kit. Como siempre, “por si acaso”.
 
Es martes, hace buena temperatura, son las dos y media de la tarde y entre semana aquí no se ve a nadie, así que me quito la camiseta y en plan Tarzán, disfruto de este sol casi primaveral en la piel, o del aire fresquito en los trayectos en sombra. No volveré a ver a nadie ni a ponerme la camiseta hasta no llegar al coche.
 
El sendero va subiendo pegado al arroyo Hornillos, que baja rumoroso entre pequeños saltos y pozas. Ya en el último tramo la cuesta se hace un poco más empinada aunque el camino es cómodo, está muy bien señalizado e incluso en la última parte los forestales han puesto troncos de madera clavados al suelo para contener la erosión y marcar escalones. La cascada se anuncia desde antes de verla, por el estrépito del agua. Cuando llegamos el espectáculo es hermoso: en un tramo de unos diez metros el agua se desliza torrencialmente por una pared casi vertical de gneis. El gneis, para entendernos, es un mineral eruptivo con la misma composición que el granito (aquello de: cuarzo, feldespato y mica) pero que en vez de ser de aspecto granuloso ofrece una imagen en bandas, como el mármol.
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                                           La cascada o salto del Hornillo
Antes de precipitarse por la pared de gneis el agua se remansa en una pequeña poza, aunque inmediatamente por encima de la poza otros pequeños saltos se han ido sucediendo. El lugar merece una parada y muchas personas acaban aquí su recorrido. Desde el aparcamiento no tardas más de quince minutos. Grandes rocas se suceden a los lados de la caída donde te puedes sentar, contemplar sin prisa y en silencio el veloz movimiento del agua, disfrutar del sonido y relajarte. 
 
Si tenéis ganas de andar más el sendero continúa, y vale la pena seguir. Un poco de cuesta, siempre dejando al arroyo a nuestra izquierda y protegidos por los pinos, nos conducirá a una pequeña pradera, rodeada por chopos y algún quejigo. De la pradera hacia arriba la señalización nos impedirá perdernos. El camino sube en cuesta, otros diez o quince minutos, y a cada paso que demos se nos va a ofrecer un paisaje de vallecitos, como los que bajan desde el puerto de Malagón dejando atrás los pinares de Robledondo hasta que, una vez coronada la cuesta y junto a un cartel indicador, veremos de frente el embalse y el pueblo de Peguerinos (ya provincia de Ávila) y, a nuestra derecha, al fondo, Santa María de La Alameda.
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             En las praderas altas una flor nos indica que alcanzamos ciertas cotas, como              el Crocus carpetanus, primo hermano del Crocus sativus, el del azafrán.
Toca bajar hasta el cauce del río Aceña. La bajada es bastante escarpada, por un camino muy pedregoso y hay que tener cuidado para no resbalar o no pisar una piedra en falso y acabar en el suelo. Mientras bajo apoyándome con el bastón pienso que mucho mejor haber comenzado la subida dirección a la cascada y no por aquí, aunque recuerdo hará tres o cuatro años que hicimos el camino inverso. Desde el embalse del Tobar (que desde aquí no se ve) fuimos bajando por la ladera de enfrente hasta la vaquería que se divisa en el fondo del valle y, una vez abajo, subimos la escarpada cuesta por donde bajo ahora aunque, en vez de dirigirnos al Hornillo, tiramos a la izquierda y fuimos por la cresta divisoria con Robledondo, dirigiéndonos aquella vez de nuevo al puerto de Malagón. Poco a poco y con cuidado la cuesta se acaba. Hay unas vacas encerradas en el corral pero no se ve a nadie por la casa. 
 
Una ancha pista de tierra finaliza en la vaquería y viene, pegada al río Aceña, desde donde he dejado el coche. El camino ya es mucho más cómodo. Durante un un par de kilómetros continúo, entre prados y algún que otro cercado, junto al río, que corre abundante. Algunos tramos son muy bonitos: el río se encajona entre grandes crestas rocosas que bajan de la montaña, formando pozas y prados. A lo lejos ya voy viendo estructuras conocidas: una casa de nueva construcción, al parecer una escuela de pesca para los chavales, pero que ahora mismo está cerrada. Siguiendo un poco más, el camino desemboca en la carretera que sube a Santa María, justo al otro lado del puente y de donde tengo el coche. En total y con paraditas breves para hacer fotos y contemplar el paisaje, 2 horas y cuarto.
 
Los dos castaños centenarios de Zarzalejo
 
A menos de 10 kilómetros de El Escorial y a 15 minutos en coche tenemos el pueblo de Zarzalejo. El que nos interesa es “el de arriba”, el pueblo como tal, aunque junto a las vías del tren creció el que se conoce como Zarzalejo-Estación. 
 
Zarzalejo se halla situado en la ladera sur de la montaña conocida como Las Machotas. Esa posición (al igual que San Lorenzo) le confiere protección climatológica al estar en la solana, lo que le proporciona cierto microclima respecto a otros pueblos, más enclavados en la llanura y por tanto más expuestos a heladas. La ubicación de los castañares se explica en parte por esta característica.
 
Un paseo de los clásicos es subir desde la Silla de Felipe II, en El Escorial, hasta trasponer el collado de Entrecabezas y desde allí, descender hacia Zarzalejo, atravesando bosquetes de castaños. Pero esta vez quiero ver dos centenarios, categorizados como Árboles Singulares por la Comunidad de Madrid: el de la Fuente del Rey, y el del Cotanillo.
 
El de la Fuente del Rey es el más fácil. Desde el mismo pueblo y junto a la iglesia de San Pedro arranca la calle de la Fuente del Rey. Una calle corta que serpentea sale ya de las casas. Podemos dejar el coche en cualquier esquina. A poco de coger la vereda un grabado en una piedra señala Fuente del Rey. El caminito zigzaguea señalizado con el indicativo de las marcas rojas y blancas de recorrido. Dejando a la derecha una verja roja y siempre a nuestra derecha la valla de la finca, cruzamos pasos angostos entre grandes rocas que me hacen pensar que “no es país para gordos”…
 
En quince o veinte minutos llegamos a los castaños, un pequeño bosquete de unos ocho o diez entre los que destaca el Árbol Singular, un gran ejemplar señalizado con un pequeño mojón (donde indica su especie: Castanea sativa, y el número en la catalogación) crecido entre las rocas que extiende sus gruesas ramas. Se le ha calculado una edad de doscientos treinta años, y por su porte bien lo parece.El tronco es doble, y aunque aún es pronto para haber desarrollado las hojas, muestra la imagen característica de los castaños, con una corteza cuyos pliegues se muestran ligeramente retorcidos, a diferencia de otros árboles cuyos pliegues crecen en vertical.
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La fuente como tal está unos metros más adelante, un pequeño caño que proporciona la suficiente humedad para aportar frescor a este rincón. Por el suelo, abundantes restos de los “erizos”, la cáscara espinosa que protege al fruto propiamente dicho: las castañas. Tras unos minutos disfrutando de la tranquilidad y el frescor de esta vaguada, me doy la vuelta dispuesto a ver el otro castaño, el del Cotanillo.
 
Una vez en el coche, enlazo con la carretera que sube hasta el puerto de la Cruz Verde. Es un trayecto de menos de un kilómetro. Justo tras la última casa y justo delante de la señal que indica con su oblícua línea roja el final del pueblo, un camino sube a la derecha. No hay problema, porque a la izquierda de la carretera una pequeña explanada me permite aparcar el coche con comodidad, a la sombra de unos pinos.
 
En las diferentes páginas de internet que hablan de los castaños de Zarzalejo en una de ellas, la del Guadarramista, su autor César Herranz ya avisa sabiamente que para alcanzar el castaño del Cotanillo “hay que pensárselo dos veces”… El que avisa no es traidor…añadiría yo. Gracias, César, por el aviso.
 
Efectivamente. La pista de hormigón que desde la carretera asciende…asciende y mucho, y muy empinada. Todavía no hace calor, pero la subidita de unos 200 metros (que a mí se me antojaron al menos 300) se me hace muuuy larga (¡por Dios, qué poco fondo tengo, tengo que dejar de fumar definitivamente!). La pista de hormigón finaliza, ¡por fin!, junto al depósito de aguas de Zarzalejo. Pero las cuestas no se han acabado. A partir de aquí la cuesta continúa pero ya por un sendero de piedras durante muchos metros más. Afortunadamente la sombra de los pinos me protege. Poco a poco el terreno se va haciendo más llano. A la derecha se contempla, rodeado por las crestas rocosas de Los Ermitaños, un vallecito lleno de prados con vacas. Hacia el fondo y en la parte más alta grupos de pinos. Y entre los pinos parece distinguirse un gran árbol, sin duda el castaño en cuestión. Al no tener hojas aún no destaca su tono verde brillante, pero por el porte y su estructura bien lo parece.
 
Sigo subiendo aunque el terreno es más llevadero. Desde que dejé atrás las últimas casas y me metí en la vereda, la camiseta sobra y como no hay absolutamente nadie disfruto de este sol primaveral en la piel. Último tramo: cruzando el portón de una finca, voy entre el tierno césped primaveral y zarzales rodeando la loma hasta llegar al castaño. Si de lejos es espectacular, de cerca es impresionante. Un enorme ejemplar de grueso tronco, algunas de cuyas ramas crecieron apoyadas en el suelo o en las rocas. Otras han sido aserradas y yacen, enormes, junto al tronco. El pequeño mojón de Árbol Singular le señala aunque alguien ha arrancado la placa superior donde indican la especie y su número de catalogación. Ya hay que tener ganas, pienso, de tomarse la molestia de subir hasta aquí y cometer estos pequeños vandalismos, siempre “hay gente pa tó”.
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A este ejemplar se le calcula una edad de 330 años y, visto su porte, no voy a discutirlo. Sentado a su pie, contemplando la panorámica del vallecito con Zarzalejo a lo lejos y, más allá, la carretera que lleva a Fresnedillas y las lomas que separan de Robledo de Chavela, disfruto de la paz del lugar fumándome un cigarrito bien merecido. En pocos minutos y sin ninguna prisa retomaré el camino, ésta vez -afortunadamente, pienso- ya cuesta abajo.
 
Un poco más lejos: Rascafría. Las cascadas del Purgatorio y el tejo milenario.
 
Desde San Lorenzo hasta Rascafría el camino es un poco más largo, unos 50 kilómetros. Necesitamos dirigirnos bien por Collado Mediano, bien por Los Molinos, hasta el Puerto de Navacerrada. La carretera sube y sube, rodeada por espesos pinares. Cada 100 metros que ascendemos (en altitud) desde el pueblo de Navacerrada un cartel nos lo va indicando: 1.200 metros… 1.300… 1.400… 1.500… seguimos subiendo: 1.600…1.700…1.800… La carretera sube aún más hasta el Puerto y aunque no llegamos a ver el cartel de los 1.900 nos falta ya muy poco para alcanzar esa cota. En concreto estamos a 1.858 metros sobre el nivel del mar.
 
El Puerto de Navacerrada está siempre muy animado, sobre todo los fines de semana y sobre todo en invierno, en que la nieve invita a pasearla o a que los niños disfruten tirándose bolas. Lleno de alojamientos, de bares y de alquileres de esquís y de trineos. Lugar clásico para la nieve donde miles de madrileños acuden a esquiar o, más modestos, dispuestos a tirarse con toboganes -o sobre un simple plástico- por las cuestas. Navacerrada, para mí, está lleno de recuerdos infantiles. Hacia la izquierda, la pìsta de El Escaparate, donde generaciones de madrileños se han iniciado en lo que es lanzarse sobre unos esquís y, como su nombre indica, para ver y ser vistos.  A su lado comienza -o termina- el Camino Schmid (en recuerdo de un guadarramista austríaco), ameno sendero que rodea los Siete Picos hasta el Puerto de la Fuenfría y desde allí, ya bajando, hasta Cercedilla. Pero nuestro destino esta vez nos lleva un poco más lejos.
 
En vez de seguir recto en dirección Segovia y La Granja, nos desviamos a la derecha, en dirección Rascafría y al Puerto de Cotos. Estamos a finales del invierno y estos días de frío y lluvia se han traducido en nevadas en las cotas altas. Las montañas están llenas de nieve que baja hasta el borde mismo de la carretera llenando las cunetas, ya desde la cota de los 1.600 metros. En este tramo, la carretera discurre en horizontal entre suaves curvas, siempre entre pinos, con un paisaje espléndido a nuestra izquierda que nos muestra una sucesión de valles repleto de espesos pinares. Los ejemplares que vemos aquí son todos de pino silvestre, también llamado de Valsaín: el Pinus sylvestris, con sus ramas y la parte superior de un anaranjado llamativo. De hecho nos encontramos en medio del mayor pinar de pino silvestre de toda Europa y que se extiende sin apenas solución de continuidad desde Robledo de Chavela hasta el Puerto de Somosierra, y más allá. Muchos los vemos tronchados en sus ramas o en sus copas debido al peso de la nieve acumulada tras las copiosas nevadas invernales.
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                          Panorámica desde la carretera de Navacerrada a Cotos, con un paisaje                           de densos pinares
Una vez en el Puerto de Cotos, pasamos al lado de la estación del tren que desde Cercedilla acaba aquí su recorrido tras subir por Camorritos, en un paseo muy bonito. A nuestra derecha dejamos el aparcamiento y la carretera que conduce hasta la estación de Valdesquí. Sobra decir que los días festivos el parking se llena, con toda la gente que desde aquí sube caminando por los senderos hasta la cumbre de Peñalara o la Laguna Grande. Desde Cotos salen otras excursiones, como la que baja por el valle, bien por el lado de la Umbría, o bien pegado al río Angostura, hasta Rascafría. 
 
Nuestro destino es otro: el de las cascadas del Purgatorio, y para ello tenemos dos opciones, aunque la que nos ocupa es comenzar el camino junto al puente del Perdón, junto al monasterio de El Paular, pocos kilómetros antes de llegar al pueblo de Rascafría. Una vez aparcado el coche debemos atravesar el puente, donde el arroyo de La Angostura olvida su nombre y pasa a denominarse, ¡vaya usted a saber por qué!, como río Lozoya.
 
Nos espera un recorrido de entre hora y media o dos horas y pico, según la marcha que llevemos. En esta ocasión voy sólo y a muy buen ritmo. Tan sólo me encuentro con algunas vacas que me miran, preguntándose sin duda qué se le habrá perdido a este tipo, y con esas prisas… El camino es fácil, entre prados, bosquetes de quejigo y pinares que, poco a poco, se van espesando. A poco de cruzar el puente de piedra del Perdón vamos a dejar a nuestra derecha el Área Recreativa de Las Presillas donde los más valientes -o más calurosos- podrán bañarse en las piscinas de poca profundidad que se han formado, escalonadas, al represar el río. Es el mismo río Aguilón, aquí domesticado el que, aguas arriba, veremos correr, formar pequeños saltos y, en su zona superior, las famosas cascadas. Para los que quieran bañarse como para los que no, un par de chiringuitos estratégicamente situados calman el hambre y la sed de los domingueros o de los más intrépidos que, como nosotros, nos hayamos dado el paseo y a la vuelta necesitemos reponer fuerzas. Hoy es martes y el Área está vacía, un espectáculo inusual para como se pone ésto en verano.
 
Toca seguir. El paseo hacia las cascadas está muy bien indicado y es cómodo y ameno. Una ancha pista forestal va subiendo. Tras tres o cuatro kilómetros el camino se apiada de nosotros, deja de subir y se torna horizontal. No podemos verlo pero a nuestra izquierda el arroyo Aguilón debe correr tumultuoso por el rumor del agua que llega hasta nosotros. En un momento dado comienza a bajar hasta cruzar el Aguilón por un puente de madera. A partir de aquí la pista desaparece y toca caminar un kilómetro y medio sobre un sendero cada vez más y más pedregoso, sorteando los pinos que han invadido la zona, dominando el paisaje. Ya en la parte final, en un tramo de unos 200 metros, tocará caminar sobre las piedras, cada vez más grandes, que ya más que piedras son rocas. A nuestra derecha el río Aguilón corre rápido dando saltos y al poco oiremos el rumor de la cascada. Ya en la parte final, un pequeño mirador de madera nos permite ver el espectáculo, grandioso, del salto de agua encajado entre grandes paredones de piedra.
 
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                                           La segunda cascada del Purgatorio
Miro el reloj: desde el Puente del Perdón hasta aquí he invertido una hora y media, caminando a toda leche y sin descansar ni un momento. Mirando las páginas de internet en una de ellas, donde detalla con mucha exactitud los tramos, incluso con las coordenadas por GPS, el recorrido total es de casi 7.900 metros. Todo un record y mis piernas lo notan.
 
Estuve hace años en las cascadas pero, consultando las páginas de los guadarramistas, mencionan una segunda cascada aún más alta que la primera, a unos doscientos metros por detrás, y para cuya contemplación aconsejan trepar por el lado de la izquierda, sobre una zona de rocas en las que aconsejan cuidado con los más pequeños o incluso tener precaución -de cara a los resbalones- si las rocas están mojadas por la lluvia. Estoy cansado por el tute que me he pegado pero no puedo evitar trepar por las rocas para ver la segunda cascada. Pero he debido coger un camino equivocado aunque tiro por una senda que trepa por el lado de la izquierda. Con mucho cuidado voy subiendo, una tras otra, unas grandes rocas. Aquí el bastón casi sobra, lo que se tercia es agarrarse con ambas manos según asciendo, mirando muy bien donde piso. Llego por fin a un alto repecho de donde no puedo continuar. De frente y a los lados hay unos tajos verticales imposibles de cruzar con grave riesgo de mi integridad física, y aunque el rumor de la cascada me señala que debe estar ahí mismo, otras grandes rocas me la ocultan.
 
Prudentemente me planteo retroceder y, desandando lo trepado y con muchísimo cuidado en cada piedra donde me apoyo, deshago el camino. Lo que menos me apetece ahora mismo es sufrir un resbalón y tener un percance en forma de tobillo roto, máxime teniendo en cuenta que ni hay nadie por el contorno, ni cobertura para el móvil. Así que, cuando consigo bajar junto al Aguilón, respiro aliviado. Más tarde y ya en casa veo fotos que han colgado en internet los caminantes donde se aprecia la segunda cascada. En ellas me hago idea de por donde va el verdadero camino, y no el equivocado que yo he cogido. Ya buscaré la segunda cascada otro día. 
Además, y como suele suceder en esta zona, nubes grises hace rato que cubrieron todo el cielo, y la temperatura ha bajado. Comienzo a desandar el camino al tiempo que una fina lluvia se hace notar. En el kit de la mochila, junto a la cámara de fotos, los prismáticos y una navajilla, llevo un impermeable ligero que, por no pararme para sacarlo, no me pongo. Llevo una camiseta-sudadera que de momento me protege pero que, poco a poco, se va mojando. Afortunadamente el camino de regreso es cuesta abajo y sigo andando a toda mecha pero el cansancio se hace notar. Pese a las botas de montaña el trayecto sobre rocas me han machacado las plantas de los pies, la tarde está cayendo, estoy helado de frío y ya, viendo de lejos el Puente del Perdón, el camino se me hace larguísimo. ¡Por fin, el coche!. Son las siete y cuarto, aún no han cambiado la hora y comienza a oscurecer. Desde que comencé a las tres y con algo más de un cuarto de hora de parada en la cascada, he empleado cuatro horas para recorrer casi diez y seis kilómetros…
 
Hay dos opciones más para acceder a las cascadas del Purgatorio. Una es es desde La Isla. Desde allí no hay caminos establecidos. Hay que trepar por el monte en derecho lo que también nos lleva, atajando, hasta la parte superior de las cascadas, tras superar dos crestas y una vaguada. Casi todo el camino discurre a la sombra de los pinos. Lo intenté una vez en invierno pero, llegando a lo alto, la nieve llegó a cubrirnos las rodillas por lo que decidimos, sabiamente, darnos la vuelta. Lo intentaré más adelante, con mejor tiempo.
 
La otra opción es accediendo al Puerto de La Morcuera. Una carretera comunica Rascafría con Miraflores de la Sierra, otro pueblo con recuerdos infantiles, de cuando mi familia veraneó allí, hace muchos años. Subiendo desde Miraflores el panorama es grandioso, dominando el valle. Una vez llegado al puerto y al Refugio Juvenil (a un par de kilómetros), podemos bajar por una pista hasta Rascafría (la GR-10, poco más de 15 km de recorrido) rodeando por detrás las cascadas o bien, aparcando el coche un kilómetro más allá, coger un cortafuegos durante dos kilómetros, hasta coger otro que sale en ángulo recto a su izquierda, y que va ya descendiendo. Ahora toca bajar la montaña. Desde este punto se contempla enfrente y más o menos a la misma altura, el Alto del Purgatorio, una gran peña reconocible si ya hemos estado cerca de las cascadas. Pero el cortafuegos se interrumpe y toca seguir bajando, más y más, por senderos cada vez más escarpados. Sabemos que tocará regresar por la misma pendiente y esta vez cuesta arriba, pero debemos estar cerca. De frente y allá abajo se ve correr el río Aguilón y ya se escucha el rumor de las cascadas. Por fin, y sobre unas rocas, las vemos. Estamos sobre un precipicio, en lo que calculo aproximadamente a unos 80 metros de altura en vertical, y a vista de pájaro vemos el espectáculo de la primera cascada, encajonada, cayendo impetuosamente, y a unos cien metros de ésta la segunda. Y allá, muy abajo, podemos distinguir a los excursionistas asomados al mirador de madera que, desde esta atalaya, parecen hormiguitas. No se si ellos nos verán -tendrán que mirar muy arriba- pero si lo hacen sin duda se preguntarán por dónde coño habrán subido estos locos a donde sólo llegan los buitres.
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             La primera cascada del Purgatorio desde nuestro nido de águilas
Tras un rato de disfrutar con la panorámica y el espectáculo de las cascadas y de hacer las inevitables fotos, toca regresar. y, efectivamente, ahora nos vamos a dar cuenta de lo empinada y lo larga que es la cuesta. Hasta llegar al cortafuegos no hay pinos que nos den sombra y el sol se nota sobre nuestras cabezas. Hay que pararse de vez en cuando para coger aliento. Una vez alcanzados los deseados pinos nos dan alivio, pero la cuesta sigue y sigue subiendo. Para cuando llegamos al tramo horizontal del cortafuegos estamos derrengados, soñando con una fresca cervecita (que nos tomaremos tan ricamente en Miraflores). Según el “cuentapasos” de mi móvil, hemos recorrido unos diez kilómetros en total, pero el cuestón se nos ha hecho larguiiiisimo. Una vez en casa y comprobando las cotas de nivel de los diferentes puntos en los mapas, la diferencia de altura entre donde hemos dejado el coche y el mirador sobre las cascadas es poco más de trescientos metros…pero cuando las cuestas son tan empinadas, trescientos metros es un mundo…aunque el contemplar las cascadas del Purgatorio desde lo alto bien ha merecido la pena. 
 
Hacia el tejo milenario de Rascafría
 
Este otro camino es más suave, más corto y menos trabajoso que el que nos lleva hasta las cascadas del Purgatorio. Aparcando en La Isla (bajando desde Cotos unas desviaciones ya nos la señalizan, a la derecha), un camino sube pegado al arroyo de La Angostura, en dirección hacia Cotos. El recorrido es muy agradable, entre pinos y quejigos, y el arroyo baja abundante formando multitud de pozas y de pequeños saltos. A unos 300 metros río arriba nos encontramos un vistoso salto de agua que, aunque no sea una cascada natural como tal, no deja de tener su espectacularidad. Se trata de la cascada del embalse del Pradillo, embalsé que se destinó en su momento a suministrar energía eléctrica al pueblo de Rascafría.
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                                             Cascada del embalse del Pradillo
El camino discurre dejando el arroyo a la izquierda unos dos kilómetros, aproximadamente, hasta llegar al Puente de La Angostura. Aunque en muchas entradas hablan de él como un puente romano, no lo es. Ya se sabe, es como los anticuarios: cuanta más edad le puedas atribuir, más valor, y al ser de piedra enseguida le cuelgan el cartel de “romano”. Aunque viejo, realmente no lo es tanto. Fue levantado por orden de Felipe II (en otros sitios dicen que fue Felipe V el que lo mandó construir) con la intención de salvar el río y que las carrozas reales pudiesen efectuar el camino desde La Granja de San Ildefonso salvando el Puerto de Navacerrada hasta el Monasterio de El Paular. Precisamente su ubicación está en un lugar donde el cauce es más estrecho con dos grandes rocas a sus lados: la “angostura” o estrechez, lo que acabó dando nombre a todo el arroyo. Desde La Isla hasta el puente, un agradable paseo de 1.600 metros nada más.
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Cruzamos el camino sobre el puente. Justo por delante y río arriba una hermosa pradera invita a descansar y a tomarse un refrigerio porque a su lado el arroyo forma una poza donde los valientes y calurosos podrán darse un chapuzón en verano. Por mi parte, ni soy tan valiente ni desde luego es el momento: las aguas tienen un reflejo “azul-glaciar”, con pinta de estar de todo menos calientes… Ahora, y una vez cruzado el puente de La Angostura, justo enfrente, una pista ancha se desdobla, a la derecha y a la izquierda. ¡Ojo!, que “nuestro” camino es el de la izquierda y no el de la derecha. Si siguiésemos por el de la derecha y tras una ligera ascensión acabaríamos por dar de nuevo con el río Angostura. El camino es muy agradable pero no es éste. El nuestro, insisto, es el que frente al Puente de La Angostura parte hacia la izquierda. Desde aquí el camino nos llevará hasta el “tejo milenario”, aunque ya mismo comienzan a verse pequeños tejos y ejemplares de acebo. Los tejos, coníferas de hoja plana (de donde viene su nombre popular), perenne y verde oscuro. Los acebos, algunos en grupos y muy grandes, ahora sin su característico fruto rojo invernal, alimento para muchas aves en los meses duros, y con unas hojas verdes, satinadas y de reborde espinoso, con un brillo metálico que nos llaman la atención desde lejos.
 
La pista asciende suavemente quebrando su recorrido para sortear las alturas. En un momento dado se abre otra pista a la izquierda, que es la que deberemos seguir. Tras lo que calculo un par de kilómetros más, la pista acaba abruptamente en una vaguada. No vemos los tejos desde la pista pero es aquí mismo, los tenemos al lado. Bajando por la izquierda cruzamos el arroyo de Valhondillo sin dificultad y ahora si. Unos cuantos ejemplares de tejos grandes, viejos y nudosos crecen entre rocas o en la ladera, esparciendo sus raices sobre el suelo. 
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               Éste no es todavía el “tejo milenario” más famoso, aunque estos ejemplares                  también sean muy viejos
Y por fin, el famoso tejo milenario. El conocido como Tejo de Barondillo, deformación de la palabra Valhondillo, enclave en el que le encontramos. A su pié el pequeño monolito donde indica su nombre científico: Taxus baccata, y su calificación como Árbol Singular. En este caso no es para menos: se le calcula una edad de entre 1.500 y 1.800 años…el árbol más viejo (y por tanto el ser vivo) de toda la península.
 
Un ejemplar que sorprende por sus hechuras. No es muy alto, porque los tejos no son árboles de gran porte, pero sí muy ancho, con un tronco grueso y nudoso, ahuecado por los años en su interior. Las raíces se extienden a los lados del árbol, dándole un aspecto de aún más ancianidad o como de árbol de cuento de brujas. Los forestales han colocado una valla metálica a su alrededor y una placa informativa para evitar que los visitantes se arrimen al tronco a hacerse la inevitable foto. El problema es que de tanto pisar el suelo, éste llega a compactarse complicando su permeabilidad, y lo mínimo que merece este árbol es respeto.  
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Tras admirar a semejante anciano y hacernos las inevitables fotos (¡sin cruzar la valla, por favor!), reemprendemos el camino de vuelta, no sin antes admirar los otros tejos muy grandes y majestuosos aunque aquí la “estrella” es el milenario. Desde La Isla un recorrido de unos 10 kilómetros, cómodo y de los que merecen la pena.
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    Abundantes por todos lados, los nidos de las grandes hormigas rojas (Formica           rufa), las “limpiadoras” del pinar

Chapapote. Ayudando a las víctimas

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¿Qué hacer?….ejerciendo la solidaridad

A finales del mes de Noviembre del año 2.002 un sentimiento de rabia se generalizó en toda España. A consecuencia del hundimiento del petrolero Prestige y de una serie de decisiones, si no irresponsables al menos mal enfocadas, gran parte de las costas de Galicia y Asturias quedaron ennegrecidas por un gran derrame de fuel procedente del barco. La mancha se extendió por un total de 2.000 km, llegando a afectar el litoral de Santander, País Vasco e incluso una pequeña parte de las costas francesas. En Galicia se creó la plataforma Nunca mais. En el resto del país, una ola de indignación y solidaridad movilizó a miles de personas que acudieron de todos lados, dispuestos a echar una mano en las tareas más sucias, como fue limpiar las playas empapadas por los vertidos.
 
Porque España, y pese a lo que nos guste pensar a nosotros mismos, muy dados a fustigarnos, es un país muy solidario. Me lo razonó hace años una amiga italiana: cuando lo de la bomba de Atocha, la ayuda de la gente se demostró en taxistas, voluntarios o sanitarios que se volcaron trabajando gratis o doblando turnos. Incluso tuvieron que pedir, por favor, que no se donase más sangre porque ya no tenían donde almacenarla. Me decía mi amiga que éso en Italia hubiera sido impensable. Pues con lo del chapapote pasó algo parecido. 
 
Sería un sábado por la noche, a éso de las diez y a mediados de Diciembre, cuando me encontré una larga fila de autobuses en Moncloa. Para aquellos que no conozcan Madrid, Moncloa está justo en la salida hacia la carretera de La Coruña, rumbo a Galicia. Subiendo a los autobuses, un montón de chavales con sus mochilas. Obviamente -pensé- son voluntarios dispuestos a limpiar playas… Aquello me dejó pensando durante varios días. A mí también me gustaría ayudar, hacer algo, ¿pero qué?…¿qué hacer?… Cuentan que a finales del Siglo XIX el conde y escritor León Tolstoi se desesperaba contemplando las terribles imágenes de la miseria en los suburbios de Moscú, ante las que no cesaba de preguntarse…¿qué hacer, qué hacer?… Así que decidí irme para allá.
 
Lo primero, ¿dónde?. 
 
Ya se conocía por bastantes testimonios que muchos voluntarios que habían ido por su cuenta a Galicia no sabían exactamente qué zonas precisaban ser limpiadas, y perdían los pocos días de los que disponían buscando playas sucias, o intentando coordinarse con los que ya estaban allí, eliminando el fuel. Coordinarse con otros grupos era importante puesto que se les suministraba el material necesario: desde los monos desechables de papel, mascarillas, guantes, palas, rastrillos, redes y bolsas de basura donde ir acumulando el fuel recogido, mas la mínima infraestructura de alojamientos y mantenimiento. Hablando con unos y con otros, biólogos sobre todo pero también con colegas veterinarios, y dado que ya había tenido experiencia tratando especies silvestres (de cetrería, sobre todo, pero también animales de zoo o fauna salvaje), me aconsejaron buscar alguno de los centros donde se trataba a las aves recogidas de la costa, recogidas bien por voluntarios, por pescadores o por los servicios de rescate. Animales que llegaban a estos centros empapados de fuel, con las plumas inutilizadas por el alquitrán, incapaces de volar e incluso de nadar y que, en muchos casos, al acicalarse habían ingerido el temido fuel, intoxicándose.
 
Contacté al final con uno de los centros, concretamente el de Avilés, en Asturias. A mi no me hubiese importado en absoluto el haberme dedicado con una pala a recoger el chapapote de las playas, estaba decidido a ayudar en lo que fuese, pero me aconsejaron que dada mi experiencia, quizá podía ser más útil tratando las aves afectadas, y tras los oportunos contactos y para finales de Diciembre a Avilés que me fui. Como había comentado mi decisión a los allegados, me vi rodeado de un grupo de acólitos entusiastas, dispuestos a ayudar, como yo: mi hija Maya, mi sobrina Greta (en aquel momento estudiante de Ciencias del Mar), mi amigo Gabriel y un sobrino suyo, Pepe. Para Avilés que nos fuimos los cinco una fría mañana de invierno.
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Los Cinco de la Fama: Gabriel, su sobrino Pepe, mi hija Maya y yo. En primera fila mi                                                                           sobrina Greta
En Avilés casi todo fueron gratas sorpresas. En primer lugar nos facilitaron alojamiento gratuito en la Casa del Mar. Las Casas del Mar son edificios dependientes del Instituto Social de la Marina, y facilitan alojamiento a marineros en tierra en periodos de corta duración, o en situaciones de naufragios, independientemente de su nacionalidad. En aquel momento la Casa del Mar estaba vacía, la teníamos para nosotros solos. Nos facilitaron tres habitaciones dobles: en una, las chicas: Greta y Maya. En otra mi amigo Gabriel y yo, y en la tercera Pepe, el sobrino de Gabriel. El centro de recuperación de aves se localizaba en San Juan de Nieva, junto al puerto, con varias dependencias donde se atendía a las aves afectadas: en primer lugar limpieza exhaustiva del plumaje, disolviendo el fuel con aceite de girasol. Si había evidencias de que el animal en cuestión hubiese tragado fuel, se les purgaba con aceite de girasol para que lo eliminasen de su aparato digestivo y evitar intoxicaciones. Aceite de girasol había más que de sobra, así como otros detergentes necesarios procedentes, nos dijeron, de donaciones. También había más que suficientes monos blancos de papel desechables (lo que dio nombre en las playas a la “Marea Blanca”) para no mancharnos al contacto con las aves petroleadas, guantes de goma, gafas protectoras, y todo lo necesario. 
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                                                            La “Marea Blanca”
Una vez limpios, los animales se mantenían en pequeños parques para controlar su evolución. Al principio se les alimentaba forzadamente aunque en cuestión de un par de días estaban lo bastante recuperados como para comer por sí solos. De hecho y a los pocos días, y como se puede ver en las fotos, nos rodeaban como gallinas al ver las bandejas del pescado. La alimentación se realizaba con pescado crudo, facilitado o comprado (supongo que a muy bajo precio) por los pescadores. Las aves atendidas en Avilés, o al menos los días que estuvimos allí, eran principalmente el arao común (Uria aalge), en un porcentaje estimado del 51%, más un 17% de alca común (Alca torda) y otro 17% de frailecillo (Fratercula arctica). Y ya en menor cantidad, cormorán (Phalacrocorax carbo) y alcatraz (Morus bassanus). No llegamos a verlos en Avilés, pero en aquellos días hubo varamientos en las playas de cetáceos: delfines y marsopas principalmente, alguna foca, algunas nutrias e incluso alguna tortuga marina, todas ellas enfangadas por el fuel. Me gustaría comentar que el porcentaje de “curados” era muy alto, más del 95% de las aves que llegaban a Avilés quedaban perfectamente restablecidas. Y el 5% restante morían intoxicadas al haberse petroleado en exceso y haber ingerido el fuel, en sus intentos de limpiarse el plumaje.
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Tanto las alcas como los araos eran unos animalitos que resultaban bastante simpáticos. Con un aspecto que recordaba a los pingüinos, aunque a diferencia de éstos son perfectamente capaces de volar: blancos y negros y muy “tiesecillos”, y además bastante pacíficos, lo más que hacían los pobres era intentar debatirse cuando, recién llegados, había que limpiarles a conciencia el plumaje, o los primeros días de la alimentación forzada. Por el contrario, cormoranes y alcatraces tendían a defenderse a picotazos cuando les manipulabas. Estaban en recintos aparte y para su manejo estaban destinadas las gafas protectoras, porque tendían a dirigir los picotazos justo a los ojos. En el caso de los alcatraces, más grandes y con fuertes picos, había que tener especial cuidado. Así y todo un cormorán me pellizcó un día en plena nuez, con su pico ganchudo y ese cuello en forma de “S”, tan eficaz a la hora de pescar…o de dirigir el pico, como un resorte.
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                                                Alimentando a los alcatraces
Decía que en Avilés casi todo fueron gratas sorpresas…excepto algún detalle, que siempre los hay. Yo había intercambiado previamente correos electrónicos con los responsables del centro de Avilés avisando de nuestra llegada y los días que podíamos estar allí, todo el mundo gente muy amable y agradecida por la colaboración. En el centro y coordinando al grupo de voluntarios había un par de veterinarios de la zona. No recuerdo su nombre ni a qué se dedicaban exactamente antes de lo del chapapote. Cuando me presenté a ellos como veterinario y con experiencia en manejo de aves silvestres uno de ellos puso una mirada un tanto “rara” y desconfiada que pude interpretar como…¿a qué vendrá este tío, y a ver si nos va a quitar protagonismo…o el trabajo? … Para su tranquilidad y evitar suspicacias les aclaré que nosotros veníamos a limpiar mierda, sin más. No obstante y de vez en cuando veía de reojo sus miradas inquisidoras o me hacía alguna corrección en cuanto a cómo debía cortar los papeles, o a mandarnos a algún lado si nos veía parados un momento…comparándolo en plan castrense, algo así como un sargento con los reclutas.
 
Porque durante unos días nuestro trabajo se limitó a éso: a limpiar mierda. Junto con el resto de voluntarios, cortábamos papel de periódico para revestir el suelo de los jaulones, y dos veces al día recogíamos esos papeles sucios con las abundantes deyecciones, llenando bolsas y más bolsas, procurando tenerlo todo lo más limpio posible. De limpiar las aves recién llegadas se encargaban otros voluntarios con más experiencia, lo mismo que a la hora de darles de comer. No era complicado: uno sujetaba al ave en posición vertical y otro entreabría ligeramente el pico, por donde se introducían boquerones o sardinitas, que se escurrían por el gaznate. 
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                                        Con un pequeño grupo de voluntarios
Pero el destino me brindó mi pequeña revancha, y en honor a la verdad no puedo negar que sentí cierta íntima satisfacción. Era sábado y llegó desde Madrid nada más y nada menos que todo un personaje en el mundillo de los animales exóticos: Alfredo Bengoa. Me explico. Alfredo y yo nos conocimos durante la carrera, fuimos compañeros de promoción, y nos unió bastante nuestra afición a los “bichos raros”: aparecíamos por clase de vez en cuando con un lagarto en un bolsillo y cosas por el estilo. Una vez licenciados, fuimos socios durante un tiempo en una clínica veterinaria que llevábamos a medias, pero incluso trabajando cada uno por nuestra cuenta, solía acompañarle -y ayudarle- cuando hacía trabajos con animales de zoo, tales como tigres, leones, cocodrilos, bisontes y demás fauna. Alfredo consiguió pronto trabajo en la Facultad de Veterinaria donde desde hace años dirige el Departamento de Animales Exóticos. Aparte de las consultas que pasa en la facultad, da charlas, cursos, publica en revistas especializadas o coordina libros sobre los N.A.C. (Nuevos Animales de Compañía). Y como es un tema siempre muy atrayente para los estudiantes, Alfredo era y es toda una celebridad. De hecho en Avilés gran parte de los voluntarios eran estudiantes de la Facultad de Veterinaria de Madrid. No es de extrañar, pues, que cuando Alfredo Bengoa apareció por allí se montase un gran revuelo:… ¡ha venido Alfredo, está aquí, está aquí Alfredo!…como si su sola presencia bastase para “bendecir” lo que allí se estaba haciendo…
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      De izquierda a derecha: Pilar Femenia, yo y mi amigo Alfredo Bengoa. Año 90 ó 91.                                                                   ¡Qué jovenes estábamos!
Le vi venir. Alfredo es un “tío grande” en todos los sentidos, pero no me apresuré, ya le saludaría, yo andaba embutido en mi mono blanco, con unas bolsas negras repletas de basura en cada mano. Estaba rodeado por sus alumnos -le idolatraban- e inmediatamente nuestros dos “sargentos” acudieron a rendir honores a semejante celebridad. Pero en un momento dado miró hacia donde yo me encontraba y, en su mejor estilo y con su vozarrón pegó un grito: …¡¡¡coño, Santiago, pero si está aquí Santiago!!!… Ignorando a sus fans y ninguneando a nuestros dos “sargentos”, dejándoles con la palabra en la boca, en dos zancadas se acercó donde yo estaba dándome un abrazo como un oso, de ésos que te dejan sin respiración… ¡¡¡coño, pero qué estás haciendo aquí!!!….¿¿¿y qué haces con esas bolsas que no estás curando aves???… E inmediatamente se dirigió a los “sargentos” hablándole de mis maravillas como especialista en loros, halcones, patos y en todo lo que tuviese plumas, pelo, o se arrastrase por el suelo… Por dentro me retorcía de satisfacción, he de reconocerlo, aunque por fuera ponía mi mejor cara de buenín diciendo, …bueno, yo sólo quiero ayudar en lo que sea más necesario… El sargentono hacía más que balbucear excusas… (¡hay que joderse! -estoy seguro que pensó-  ¡mira por donde resulta que el veterinario éste de Madrid, ¡es amigo del Gran Jefe!)… Aparte de mi satisfacción moral (todos somos humanos y tenemos nuestro orgullo) el único cambio fue que, a partir de aquel día, me “permitieron” alimentar a las aves. Mis cuatro colegas, como no eran “amigos del jefe” siguieron limpiando los jaulones, sin ningún tipo de trauma, éso sí. Los pocos días que estuvimos allí pasaron muy rápido y, tal y como llegamos, un día nos volvimos a Madrid. Contentos, con una experiencia muy bonita para recordar y sobre todo con la satisfacción de haber hecho algo útil.
 
Pero, ¿cómo empezó todo aquello del chapapote?… Y, por cierto, ¿de dónde procedía tan extraña palabra, que acabaría siendo tan popular?… Pues de una palabra nahuatl, la lengua indígena de Méjico, con la que llamaban al alquitrán.
 

El hundimiento del Prestige

El 13 de Noviembre del año 2.002 un petrolero navegaba frente a las costas gallegas bajo un fuerte temporal en el Atlántico. El barco, de registro griego, bajo bandera de las Bahamas, de compañía liberiana, explotado por una naviera griega, con carga de una empresa rusa con sede en Suiza, construído en Japón y con una tripulación de filipinos y rumanos, se hallaba bajo el mando de un capitán griego: Apostolos Mangouras, de 67 años y una experiencia marinera de 44 años, los últimos 30 de ellos como capitán.
 
El petrolero, un monocasco de nombre Prestige, transportaba una carga de 76.972,95 toneladas de fuel de alta viscosidad. El barco tenía ya 26 años y se encontraba en muy mal estado, con problemas de corrosión y deformidades en el casco. De hecho su destino era el de ser desguazado en el puerto de San Petersburgo. No obstante se le asignó un último viaje con su carga de fuel desde San Petersburgo hasta Singapur. Mal debería de estar porque el capitán en origen, el griego Efstrapios A. Kostazos, denunció el pésimo estado del barco al armador y a la aseguradora y renunció a realizar el viaje, tras lo que se decidió contratar al capitán Mangouras.
 
En el juicio que siguió al hundimiento el capitán Mangouras declaró haber escuchado un fuerte choque “como una explosión”, tras lo que el Prestige comenzó rápidamente, en no más de diez minutos, a escorarse. Se barajaron dos causas. La primera, el choque con un contenedor o con unos troncos flotantes caídos de tres barcos presentes en la zona y sujetos al fuerte oleaje. Uno de ellos perdió 200 troncos de unos 17 metros de largo por 30-50 cm de diámetro, parte de los cuales fueron apareciendo en la costa días después. La otra causa y más probable es que el viejo casco del Prestige sufriese una rotura por fatiga de materiales ante los embates del mar. Se especula con el desprendimiento de un mamparo del tanque de lastre de estribor. Sea como sea y por el costado de estribor se abrió una grieta de unos 15 metros, que iría ampliándose hasta los 35 metros. Para estabilizar el barco y corregir la escora, el capitán ordenó inundar los tanques de lastre de babor.
 
En un primer momento el capitán quiso acercarse a puerto para salvar el buque y proceder al vaciado del fuel que, desde el principio, ya comenzaba a salir por las escotillas de cubierta. Y aquí se inicia un arduo proceso entre negociar el rescate legal del barco y la carga al que tienen derecho según las leyes internacionales los remolcadores, y la negativa de las autoridades portuarias a que el Prestige entre en puerto, ante el peligro de una marea negra. Se niegan a que el barco entre al puerto de La Coruña. Las autoridades sólo proponen alejar el barco de la costa para evitar que quede varado. El Consejero de Pesca, Lopez-Veiga, declara:                                                …Hay que sacar ese barco de ahí de una puta vez
 
Según van pasando los días y la grieta de estribor se ensancha, el pánico sumado al desconcierto crece. Las autoridades portuguesas se niegan a que el Prestige entre en sus aguas territoriales. El capitán Mangouras se negó a poner los motores en marcha y dirigirse mar adentro esperando todavía ser remolcado (lo que le valió en el juicio la acusación de no colaborar con las autoridades), aunque al final y escoltado incluso por la fragata Cataluña para comprobar que se separase de la costa, decide encender los motores y alejarse a una distancia mínima de 61 millas. A las 18’53 horas del 14 de Noviembre se puede escuchar en una grabación que vio la luz días después la siguiente conversación entre el Ministerio de Fomento (regido entonces por Álvarez-Cascos) y la Subdelegación del Gobierno en Galicia:
 
-Subdelegado de Gobierno (La Coruña): ¿El barco va muy lejos?
-Fomento: ¡Uy, ya está, madre de dios, estará a treinta y tantas millas!
-Subdelegado: ¿Treinta y tantas? …
-Fomento: No, como siga así, éste llega a Groenlandia
Subdelegado: Bueno, pues que llegue allá
-Fomento: ¡Sí, joder!
-Subdelegado: Vale, muy bien
 
Hubo más declaraciones, a cada cual más pintoresca. El día 16 de Noviembre, sabiendo la que se avecinaba, el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, don Miguel Arias Cañete dijo:
la rápida actuación de las autoridades españolas han evitado una verdadera catástrofe pesquera y ecológica… 
 
O la del entonces Vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy que, una vez hundido el Prestige y en pleno escape de fuel dijo que no había tal fuga, que se trataba                   …de unos filos hilillos como de plastilina… 
 
Obviamente se trataba de algo más abundante y grave que unos finos hilillos de plastilina. El 23 de Noviembre se prohibe la pesca y el marisqueo, quedando amarrados en puerto 2.500 barcos. Ya el 6 de Diciembre y aprovechando el puente de la Constitución entre 10.000 y 20.000 voluntarios llegan a Galicia ayudando a limpiar playas, junto a vecinos, pescadores y mariscadores. Se calcula que alcanzarían la cifra total de 115.000 personas a lo largo de aquellas semanas.
 
Y entre unas cosas y otras, entre el desamparo y las negativas, rescatados sus tripulantes con helicópteros, amarrado a dos remolcadores (a proa y popa), dejando ya una gran estela del fuel que se escapa por las vías, el viejo casco del Prestige se fue rajando más y más hasta partirse por la mitad y hundirse a unos 250 km de la costa de Finisterre, quedando sumergido a una profundidad de más de 3.500 metros. Era el 19 de Noviembre del año 2.002. Comenzaban las tareas de intentar extraer el fuel, o de sellar el casco para evitar más fugas.
 
Precedentes. El caso del Exxon Valdez
 
Es sólo un ejemplo de que, como dice el refrán, en todas partes cuecen habas. El 24 de Marzo de 1.989 el petrolero Exxon Valdez rozó su casco contra las rocas encallando en los arrecifes de la costa, los Bligh Reef, situados en Prince William Sound, un ancho brazo de mar situado en Alaska. Los prácticos del puerto petrolero Valdez condujeron al barco a través de los Valdez Narrows, unos estrechos a la salida del puerto, hasta que, una vez superados, pasaron el control al capitán Hazelwood.  Debido a la presencia de icebergs el barco sorteó la ruta habitual. A las tres horas el capitán dejó el control del barco al tercer oficial de cubierta y al oficial del timón. El barco estaba programado en aquel momento con el piloto automático. Una vez superados los icebergs dieron orden de enderezar a estribor, sin darse cuenta que el barco seguía la orden del piloto automático, sin desconectar. Para cuando se dieron cuenta no pudieron corregir la derrota que llevaba el Exxon Valdez y el barco encalló. En los juicios posteriores ambos, el tercer oficial y el oficial de timón, alegaron que no habían descansado las seis horas obligatorias antes de comenzar un turno de doce horas…
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Imagen procedente del desastre del Exxon Valdez. Un zampullín muerto por el petróleo
Las consecuencias: derrame de 200.000 barriles de crudo, unos 41 millones de litros, que se extendieron por más de 2.000 kilómetros de costa. Los trabajos de limpieza fueron laboriosos, y aún hoy se estiman importantes daños en la costa. Se calcula que murieron aproximadamente 36.000 aves, además de nutrias marinas, focas y cetáceos de varias especies.
 
La última víctima del chapapote: Man, el artista de Camelle
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Allá por Mayo del año 1.962 y en plenas fiestas patronales del Espíritu Santo del pueblo de Camelle, en la Costa da Morte gallega, se dejó caer un personaje un tanto peculiar. El sitio debió gustarle porque se instaló para siempre en el pueblo, y ya no se volvió a marchar. Enseguida supieron que era alemán, y los que le trataron le describen como un hombre educado y de buen aspecto, aunque muy dado a la soledad. Instalado en el espigón, se apañó con una pequeña casa allí mismo. Hombre parco, andaba generalmente semidesnudo. Gustaba de nadar y, cuando el mar no estaba revuelto, se daba largos baños recorriendo la costa. Se hizo famoso como “el alemán de Camelle” o, como “el artista de Camelle”, porque hacía instalaciones artísticas apilando en columnas piedras que cogía de las orillas, a veces pintándolas de blanco. Supongo que vivía de la beneficiencia y de la caridad de los vecinos. No sabría definirle si como un hippy, un anacoreta, o alguien que quería, sencillamente, vivir tranquilo. O todo junto.
 
De él sabemos que nació en 1.936 en Alemania, en una familia de siete hermanos. Que estudió arte en Italia, y que él mismo impartió clases de arte en Suiza. Que se llamaba Manfred Gnädiger, aunque todo el mundo le conocía como Man. Que era un gran amante de la naturaleza, y que la desgracia del chapapote, que ensució sus amadas costas e incluso parte de su casa le hundió en tal depresión que murió precisamente el Día de Los Inocentes, el 28 de Diciembre del 2.002. Como dicen los de Camelle: morreu de pena, mientras que nosotros, sin saberlo, ese mismo día seguíamos en Avilés limpiando y cuidando a las otras víctimas. La desgracia le siguió después de muerto. Un temporal en el 2.010 destrozó lo que el vandalismo había respetado, arrasando lo poco que todavía quedaba de su obra.

Indice general (21/1/2017)

Para consultar las entradas con mayor claridad, podéis consultar primero la lista de temas y, después, en cada tema, las entradas correspondientes.

Tecleando a la derecha en la ventana del buscador de entradas, donde pone “search”, con poner sólo las primeras palabras del título de la entrada, se abrirá.

Temas:                                                                                                                                                                 -Arte.                                                                                                                                                                  -Cosas de gatos.                                                                                                                                               -Cosas de perros.                                                                                                                                             -Ciencia y naturaleza.                                                                                                                                       -Historia.                                                                                                                                                            -Viajes.                                                                                                                                                                  -Mis vicios inconfesables.

Arte:                                                                                                                                                                -Mayapixelskaya.                                                                                                                                              -El arte contemporáneo.                                                                                                                              -El arte social.

Ciencia y naturaleza:                                                                                                                                -La flora bacteriana: un kilo de bacterias en los intestinos.                                                             -La leche: ¿buena o mala para nuestra alimentación?.                                                                       -Los mitos de la ciencia.                                                                                                                                -La acupuntura. ¿Trucos de chinos?.                                                                                                        -Las vacunas, ¿ángeles o demonios?.                                                                                                       -Linces en Andujar.                                                                                                                                         -El día de los narcisos.                                                                                                                                     -El soplado vaginal de las vacas.                                                                                                                 -Chapapote. Ayudando a las víctimas

 

Viajes:                                                                                                                                                            -Argelia: viaje a las pinturas rupestres del Tassili N’Ayer.                                                                -Argelia: a pie por la cordillera del Tefedest.                                                                                          -Marruecos, hasta el Medio Atlas: monos, broncas y deserciones.                                                   -Mauritania: entre ciudades perdidas y AlQaeda.                                                                                -Bamako a Tombuctú, o de cómo sobrevivir en el intento.                                                                -Picnic en el Ganges.                                                                                                                                      -Berlín, otra visión.                                                                                                                                         -Tombuctú o, mejor, Timbuktú.                                                                                                                   -Viaje en el Transiberiano por la antigua U.R.S.S. (pendiente redacción).                                       -Tras las huellas de Buda: India y Nepal (pendiente redacción).

Historia:                                                                                                                                                        -El largo peregrinar de los manuscritos árabes. 1ª parte: la Biblioteca de El Escorial.             -El largo  peregrinar de los manuscritos árabes. 2ª parte: la Fundación Kati.                             -Españoles en Viet Nam: la guerra secreta.                                                                                             -El velatorio de Franco.                                                                                                                                  -Eulogio, el obispo cordobés que no sabía quien era Mahoma.                                                          -Una de romanos: Titulcia, la vía XXIX y Gonzalo Arias.                                                                    -La Sierra de Guadarrama en la Edad Media, moros y cristianos. 1ª parte: el dominio árabe. -La Sierra de Guadarrama en la Edad Media, moros y cristianos. 2ª parte: la Reconquista.   -Prisciliano: ¿quién está enterrado en Compostela?.                                                                           -Héroes y viajeros.                                                                                                                                           -Sobre Reyes Magos, reliquias y evangelios.                                                                                           -De Toledo a Tombuctú. Unitarios, trinitarios y los descendientes de Witiza.                             -El perro Paco. Un héroe y martir castizo en el Madrid de 1.882.

Cosas de perros: -La domesticación del lobo y el origen del perro.                                                -El mastín y la Mesta de Castilla.                                                                                                              -Los molosos, antepasados de los mastines.                                                                                             -El lobo: pesadilla de pastores. La Bestia de Gévaudan.                                                                    -La intensa vida social del dueño de perro (pendiente de redacción).                                               -El perro Paco. Un héroe y martir castizo en el Madrid de 1.882.

Cosas de gatos:                                                                                                                                                  -¿Sienten dolor los gatos?.                                                                                                                            -Adoptando un gato adulto.                                                                                                                           -El estrés: el gran problema.                                                                                                                          -Castrar o no castrar, he aquí el dilema.                                                                                                 -Cómo mejorar el entorno del gato.                                                                                                            -Los Cat-Café: una moda muy felina.                                                                                                        -Evitando accidentes: stop a los gatos paracaidistas.                                                                             -Las uñas del gato. Tres alternativas a la deungulación.                                                                       -La domesticación del gato.                                                                                                                        -Cómo darle una pastilla a tu gato.                                                                                                              -El difícil trago de llevar el gato al veterinario.                                                                                     -El control de las colonias callejeras de gatos.                                                                                         -Clipnosis: emulando la relajación natural del gato.                                                                            -¿Hablamos?. El maullido.                                                                                                                            -Controversias en la alimentación felina (y canina).                                                                           -Una palabra muy rara: “Flehmen”: el mundo de las emociones en los gatos.                           -El gato negro.                                                                                                                                                    -Los colmillos del gato.                                                                                                                                    -El imparable ascenso social de los gatos.                                                                                              -La aventura de cruzar a la gatita.                                                                                                              -La llegada de un bebé a casa (pendiente redacción).

Linces en Sierra Morena

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Nos vamos. Formando el grupo

Me llama mi viejo amigo Juan Carlos, biólogo, que si me apunto este finde a ver linces en Andujar, en plena Sierra Morena. Y como nunca he visto linces en libertad, como nunca me he pateado Sierra Morena y como además libro este sábado, le digo que sí, que por supuesto. Y lleno de emoción me paso lo que falta de semana esperando la partida. Juan Carlos ha creado un grupo de WhatsApp (guásap, para los amigos) llamado Lince para irnos comunicando entre nosotros, y que se convierte sobre todo en un hervidero de chascarrillos.
 
Quedamos el viernes, 13 de Enero del 2.017 a las seis frente a su casa en Getafe, para salir juntos en su furgoneta. Desde aquí saldremos cinco: además de Juan Carlos y yo, tres biólogos más. Dos de ellos conocidos de hace tiempo: el Rubio y Carlos, profes en distintos centros. Y Loreto, del Centro Regional del Sureste de Madrid, dedicada a observación y censos. Los cuatro muy viajados por toda la geografía española y expertos en avistar aves y demás fauna.
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LOS CINCO DE LA FAMA: EL RUBIO, JUAN CARLOS, CARLITOS, SANTIAGO Y LORETO
En Andujar Juan Carlos, al que bautizaremos como el Amado Lider (al mejor estilo norcoreano) por sus dotes organizativas, ha quedado con más gente, algunos biólogos y otros no, pero todos amantes de la naturaleza y deseosos de ver al gran gato. Juan Carlos creó en 1.995 junto a el Rubio el grupo Mundo Azul, dedicados a organizar salidas con colegios de chavales a los que lleva por toda España visitando lugares de interés, enseñándoles no sólo animales, sino ilustrándoles con sus grandes conocimientos como biólogo. Desde el 95 han trabajado para él como monitores muchos recién licenciados con los que suele mantener contacto, de los que conozco bastantes y a algunos de los cuales nos encontraremos en Andújar, ampliando el grupo de amigos “linceros”.
 
En Andujar, linces y cazadores
 
Juan Carlos ha reservado alojamiento para nosotros en un sitio que ya conoce, el Complejo Turístico Los Pinos, metido en la sierra, a 20km de Andujar. Un sitio que me sorprende agradablemente por la disposición de las casas, el confort de las habitaciones y por la amabilidad de los que trabajan allí. Con un gran comedor y precios baratos. Aunque llevamos cosas para picar (tortillas, quesos, empanadas, embutido, fruta, vino) que irán cayendo, cenaremos todos juntos las dos noches que vamos a estar allí alojados. Platos abundantes y sabrosos con productos de la sierra: conejo, carne de venado, perdiz…
 
Porque aunque la “estrella” de la zona es el lince, a cuyo alrededor se ha montado una próspera industria de visitantes, de empresas de excursiones o de visitas guiadas a fincas privadas, el segundo negocio de toda la región es el de la caza mayor. Numerosos cotos ofrecen monterías de venado y de jabalí principalmente, y por la mañana y por la tarde se concentran en el Complejo Los Pinos grupos de cazadores.
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LOS CINCO DE NUEVO, ANTE CARTELES QUE OFRECEN VISITAS GUIADAS A FINCAS
El tema de la caza genera siempre debates. Muchos de los biólogos son anti-caza, aunque acaban reconociéndome a mi, que no he pegado un tiro en mi vida, que los mejores espacios donde se ha preservado la fauna, tales como Doñana, Cabañeros, Cazorla, el Monte del Pardo o Gredos se han mantenido y han llegado hasta nosotros casi intactos gracias a su dedicación a la caza mayor. Fuera de esos reductos hoy día protegidos, la caza genera beneficios a la gente de la zona y, bien regulada, no debe producir perjuicios al resto de la fauna. Los cazadores que yo conozco de hecho son los primeros interesados en la conservación de esos espacios. Lejos van quedando los tiempos, afortunadamente, en que se eliminaba a todos los demás animales bajo el calificativo de “alimañas”. Una prueba es la conservación del lince en Andujar, al que todos o casi todos los habitantes de la zona consideran no sólo como una “joya biológica”, sino al que reconocen su capacidad como potencial de atraer visitantes y generar riqueza.
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                                      LA OTRA RIQUEZA: MACHOS DE GAMO Y VENADO
El primer madrugón
 
Nuestro Amado Líder nos ha convocado a desayunar a las siete de la mañana, todavía noche cerrada, con la intención de llegar a los observatorios aún de madrugada, dado que al parecer la mejor hora para ver linces es al amanecer y al atardecer. Aunque creo que éso a los linces no se lo ha dicho nadie y, como nos demostrarán, campean cuando les sale de los bigotes. La cafetería está llena de cazadores mientras los perros de las rehalas ladran nerviosos en las camionetas aparcadas a la entrada, ansiosos porque saben que salen al campo. Estamos en Enero y en plena sierra así que sólo añadir que si anoche hacía mucho frío, a estas horas de la madrugada hace un frío de narices: estamos a 2ºC. 
Nosotros estamos igual de ansiosos que los perros y además, bien abrigados, como se puede ver en las fotos. Incluso según avance la mañana y el sol nos bendiga con sus rayos, la ropa no sobra. Dudé si llevarme una gorrita con visera y al final decidí, sabiamente, llevar mi gorra de tanquista ruso de imitación (comprada en Estambul) con forro interior de cordero y orejeras, que no me quitaré casi ni para dormir. Y como no tengo guantes finos descarté al final llevarme unos gruesos y largos de motorista que entorpece para regular los prismáticos, y bien que me arrepentí, porque los dedos se quedaban tiesos. Para otra vez, Santiago, a ver si aprendemos. No te arrepentirás de lo que hiciste sino de lo que NO te atreviste a hacer.
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                     EL SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LA CABEZA (CON TELEOBJETIVO)
Salimos a las siete y media. Son unos veinte kilómetros de pista por el monte, llena de baches, curvas y todavía sin luz. La carretera donde se ubica Los Pinos es la que conduce desde Andujar hasta el Santuario Virgen de La Cabeza. Cogemos una desviación que está casi al lado de donde hemos dormido (¡sabio Gran Lider!), donde un cartel señala el camino hacia el Mirador del Pantano del Jándula. Tras media hora larga de traqueteos, por fin llegamos. El observatorio ideal y más utilizado es un tramo en ligero descenso de un par de kilómetros, que faldea por la ladera del monte y que contornea una amplia hondonada, llena de cerros, grandes rocas, bosquetes de encina, alcornoque y quejigos, y salpicada de lentiscos y acebuches. El paisaje no puede ser más hermoso, naturaleza pura. A lo lejos y en lo alto de la montaña más alta el sol empieza a iluminar el Santuario de la Virgen de La Cabeza. Afortunadamente hace un día ideal: un cielo totalmente despejado, no hay viento (lo que se agradece) ni niebla (buena visión). Aquí todavía estaremos a la sombra durante hora y pico, pelándonos de frío, pero para cuando llegamos ya hay pequeños grupos de observadores, todos apuntando sus prismáticos con atención, vigilando cada praderita y cada cerro, esperando con la inconmovible y proverbial fe del carbonero la milagrosa y ansiada aparición del lince.
 Nuestro Amado Líder aparca la furgoneta al lado y mis compis, bien preparados por su condición de observadores curtidos, empiezan a sacar cantidad de aparatos que me fascinan: cámaras con teleobjetivos larguísimos, catalejos con sus trípodes (Swarosky, Nikon…) y prismáticos “de los de verdad”, no como el mío, del que no recuerdo ni la marca, pero que me permitirá por lo menos ver el monte mientras me congelo los dedos. La mejor equipada, Loreto. Sus prismáticos marca Swarosky, me cuentan, valen unos dos mil euros. Pero Loreto me aclara que son ideales para la observación que ella necesita hacer a menudo en condiciones de poca luz, tales como el amanecer y el atardecer. Juan Carlos me informa que los catalejos más sencillos pueden costar unos mil, pero que los hay de dos y tres mil euros… Y en cuanto a las cámaras una “sencillita” puede costar entre 500 y 800 euros, a la que habrá que sumar 1.000 o 1.500 del teleobjetivo. Veremos una al día siguiente en una zona de nutrias que llevaba un tipo y al que le había costado el conjunto 12.500 euros…Yo, por mi parte, llevo una pequeña cámara Canon con un objetivo básico y un zoom muy mediano. Para mis viajes por África o por Asia me ha venido muy bien, a la hora de hacer fotos a la gente o al paisaje, pero desde luego no es la más indicada para “cazar” animales, aunque alguna haré. No importa: sé que los demás ya me pasarán las estupendas fotos de sus estupendas cámaras.
 
Poco a poco va llegando más gente… algunos jóvenes, otros de mediana edad pero también veo gente mayor (o por lo menos con el pelo blanco). Algunos son extranjeros: ingleses, franceses, veo un coche con matrícula de Bélgica… Si para nosotros el conseguir ver un lince sería apasionante, para estos “guiris” será toda una experiencia única, vienen de lejos para observar especies que en su tierra no hay: además del lince, águila real e imperial, buitre negro y leonado, azores, águila calzada….fauna presente aquí, una verdadera riqueza biológica. Todo el mundo muy preparado con su aparataje, sólo falta que el lince nos regale su presencia.
 
Se supone que estamos en una zona donde los hay…otra cosa es que se les vea. El año pasado y en esta misma zona mis amigos estuvieron dos días y no consiguieron ver ni uno solo. Unos colegas que vienen de Huelva nos cuentan que, tras vivir varios años en el entorno de Doñana, jamás vieron ninguno. El lince poco a poco y gracias a su protección se va expandiendo.
Según los estudios llevados a cabo por los expertos del Programa de Conservación Ex-situ del Lince Ibérico, el el año 2.002 el censo de linces en la península arrojaba la cifra de tan sólo 95 ejemplares repartidos en dos poblaciones aisladas: 54 ejemplares en Andujar-Cardeña y 41 en Doñana-Aljarafe. A partir del año 2.003 se consiguió que comenzara a funcionar el programa de cría del lince ibérico en el centro de El Acebuche, en el Parque nacional de Doñana.
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Gracias a esos esfuerzos, hoy día se calculan en más de trescientos. Unos cien viven en la zona de Doñana pero la mayor población se encuentra aquí, en Sierra Morena, y sobre todo en la zona de Andujar. Pequeños núcleos en los Montes de Toledo, en Cabañeros, incluso en el Monte de El Pardo de Madrid, yo mismo vi huellas clarísimas de lince en el barro hace varios años… Se está reintroduciendo en Portugal. Pero el núcleo “gordo” está aquí en Andujar, donde está la mayor población reproductora de España y, por tanto, del mundo. La gran ventaja para ellos frente a los cazadores es que los linces no molestan a la caza mayor, se dedican a su presa favorita: el conejo, aunque no desdeñan las perdices y otras pequeñas presas. El lobo (del que hay una pequeña población en regresión en Sierra Morena) sí “estorba”, porque donde hay lobos los ciervos se marchan de los cotos, y éso no les interesa. Pero, afortunadamente para él, el lince no compite. 
 
¡¡¡El lince!!!
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     LA PRIMERA APARICIÓN. ESTABA EN LA CURVA DEL CAMINO PERO NI SE APRECIA
Y en ésto, llevaríamos allí algo menos de una horita, que un grupo de observadores cerca de nosotros se agitan, con esa excitación atávica del cazador ante su presa…¿estáis viendo algo?, preguntamos…¡sí, allí, en aquella ladera, donde la pista hace la curva!…y en efecto, en una ladera a unos trescientos metros, ya sin darnos cuenta del mordisco del frío en los dedos, pudimos enfocar con los prismáticos la figura de lo que parecía una hembra, caminar con parsimonia durante unos cien o doscientos metros hasta que quedó oculta en una vaguada… La sensación para todos era de euforia, dándonos abrazos, felices como perdices, ¿la viste, la viste?…¡sí, la ví, ya lo creo que la ví!…
 
Durante un buen rato todos escudriñamos la ladera arriba o abajo, vigilando la vaguada con atención, barriendo los alrededores, aunque la presunta lincesa se había esfumado…¡pero la habíamos visto, y éso ya era para colgarse una medalla!. Ya más serenos y al cabo de un rato empezamos a relajarnos. El sol, como para celebrarlo, se había levantado y empezaba a calentarnos la cara aunque seguíamos bajo nuestros forros polares, los gorros de lana o la gorra de imitación de tanquista ruso. Estábamos muy contentos, con la sonrisa boba. Recorríamos el camino arriba y abajo y la pregunta o el saludo siempre era, ¿qué tal, véis algo?, y la respuesta era ¡nada, de momento! o comentábamos con los que habían visto a la lincesa la jugada.
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            SENTADOS, COMO JUBILADOS EN TORREMOLINOS, Y BIEN ABRIGADITOS
Tras la emoción, se imponía reponer fuerzas. Mis amigos sacaron de la furgo unas sillitas de lona plegables, pensadas para sentar los reales en las largas esperas que el oficio de lincero o pajarero exige. Y con las sillitas, sacamos parte de lo que habíamos traído: tortillas, empanada… Aporté una botella de vino tras la que cayó otra más y con la alegría del deber cumplido comimos y bebimos cual corresponde. Estábamos contentos, como decíamos había sido llegar y besar al santo, aunque no dejábamos de otear a menudo en lontananza.
 
En la amplia hondonada Carlos había visto un lince de lejos durante unos segundos coronando una cresta pero sólo él pudo verlo, por más que todos dirigimos los prismáticos hacia allá. Pero sí vimos águilas imperiales posadas sobre una gran roca, inconfundibles con sus hombros blancos, sin duda esperando que el sol calentase un poco más para aprovechar las corrientes térmicas. Otra imperial, poco más tarde, voló por encima de nosotros. Más alto pudimos ver planear la gran silueta de los buitres leonados. Hubo su discusión si podían ser buitres negros pero en éstos las alas son más rectas, mientras que el leonado presenta una pequeña curva hacia atrás, eran leonados sin duda. Vimos un azor joven, dijeron los expertos pajareros y allá abajo en los prados que salpicaban las encinas, numerosos venados, gamos y conejos. Se oían por todos lados el canto de la perdiz, la berrea de los ciervos y el taca-taca-tacatá de los pitos reales martilleando sobre los pinos. Alrededor de las encinas grupos de rabilargos a los que estábamos atentos porque se sabe que cuando vislumbran un lince montan follón, igual que las urracas. El lugar bullía de vida. De los linces, de momento, ni señal.
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                                              EL EMBALSE DEL JÁNDULA
Juan Carlos y yo nos fuimos paseando un kilómetro camino abajo hacia el mirador sobre el embalse del Jándula. El entorno seguía siendo magnífico. El embalse serpenteaba entre altos montes cuajados de vegetación. Al lado del muro de la presa quedaban los restos de un poblado. Me explicó Juan Carlos que eran las construcciones destinadas a alojar a los cientos de trabajadores empleados en la obra del embalse. Se ocupaban por las familias los pocos años que duraban las obras hasta que, una vez acabadas y visto que ya no había trabajo, terminaban marchándose. Sólo una persona rondaba por allí, pensamos que podía ser el guarda, mientras que lo que fue iglesia del poblado estaba muy bien conservada. Nos volvimos andando otra vez. Juan Carlos no paraba de saludar a compañeros de su facultad que se iba encontrando, o antiguos monitores que le habían ayudado en sus excursiones.
 
Los de nuestro grupo no habían vuelto a ver linces, pero allí la cuestión por lo visto era tener paciencia. La gente iba pasando información, éramos todos como una gran familia. Unos observadores nos contaron que la tarde anterior, a éso de las seis de la tarde, vieron una cópula de linces al lado del camino, a unos escasos veinte metros. Y que otro lince joven que acudió al olor de la hembra y ahuyentado por el macho dominante, se había apartado a sentarse sobre unas rocas a escasos diez metros. ¡Pues habrá que esperar a la hora de la cópula!, nos decíamos, sin perder la sonrisa ni la esperanza. Los de mi grupo decidieron bajarse con la furgoneta para no tener que volverse andando hasta el muro de la presa. Yo me quedé allí sentado, vigilando los catalejos y el resto de las sillas. Se estaba ya a gusto bajo el solecito y con la tripa llena tras el piscolabis, aunque seguía haciendo fresco, e incluso estuve a punto de dar alguna leve cabezada. Pero no dejaba de vigilar, casi todo el tiempo con los prismáticos. Oteaba los cerros más lejanos, las vaguadas más próximas, las praderas y los grupos de encinas. Veía los grupos de ciervos pastar. Una hembra reposaba con su cría, todavía con sus manchas. Las bandadas de rabilargos. Alguna rapaz lejana que me sentía incapaz de clasificar. Pero se estaba muy bien allí, viendo aquel desfile de vida en plena naturaleza.
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CIERVA DESCANSANDO CON SU CRÍA Y EL SUFRIDO CONEJO, LA PRESA “TIPO” DEL LINCE
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Mis amigos volvieron al poco rato. Quiso la casualidad que a unos diez metros de nosotros se habían instalado un padre con su hijo y un amigo del padre, y andaban allí con sus aparatos oteando el monte y comentando las cosas que el chaval, Miguel era su nombre, iba descubriendo, se le veía muy espabilado. Para cuando llegó el Rubio el chaval le miró:… ¡Juan Carlos! …(se llama igual que el Amado Líder)…resultó que era  alumno suyo, las cosas de la vida… Charlaron un rato y así quedó la cosa. Pero el contacto nos iba a resultar muy provechoso.
 
¡¡Más linces!!
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                                                            LINCEROS EN PLENA FAENA
Estábamos en nuestro sitio, tan relajados, sentados en las sillas cual jubilados en Torremolinos, mirando de vez en cuando el monte cuando en ésto apareció corriendo Miguel, el alumno del Rubio avisándonos: ¡un lince, hay un lince allá arriba! (bendito chaval, le dije al Rubio, a éste tienes que darle matrícula)… Cogimos los pertrechos dejando allí las sillas y corrimos por la pista. En una curva y fuera del alcance de nuestra vista se habían arremolinado los observadores, todos dirigiendo sus prismáticos, cámaras y catalejos hacia unas rocas. ¿Dónde está, dónde?…y señalándole le vimos: entre unas grandes rocas y a unos cien metros escasos, un hermoso ejemplar asomaba la cabeza. Todos intentábamos coger un buen sitio para verle bien, pegados a la valla cinegética, arrimados a una encina, o sobre un repecho…sonaban los clic-clic-clic de las cámaras disparando a tope. Hasta con mis prismáticos del todo a cien le observaba a placer.
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SECUENCIA DE GALO: ASOMANDO LA CABEZA Y SOBRE LA ROCA, ACECHANDO
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Fue saliendo de su escondrijo, con tranquilidad, hasta situarse sobre una roca. Casi se camuflaba. Al parecer y según los habituales linceros, se trataba de Galo, un macho de unos siete años. Como los linces son territoriales y aunque se mueven mucho, éste era un viejo conocido en la zona, reconocible por sus manchas, diferentes para cada animal. En ésto Galo comenzó a tensarse con la cabeza atenta hacia adelante. ¡Está acechando, va a saltar!…y, efectivamente: pegó un salto y fuera de mi radio de visión, entre unas jaras, cogió un conejo, comiéndoselo allí mismo. El entusiasmo de los allí presentes iba in crescendo. No debió comérselo todo porque, en menos de un minuto, Galo comenzó a caminar ladera arriba, hacia nuestra izquierda. El camino hacía un gran arco, y para allá que fuimos todos, para observarle a placer. Continuó caminando durante unos minutos hasta que se perdió tras una pequeña loma.
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                                    …Y DESPUÉS DE COMER, CAMINITO ARRIBA
Un pequeño grupo de observadores se quedó al extremo del camino por aquello de si reaparecía, pero casi todos nos volvimos hacia nuestras posiciones. Estábamos eufóricos, abrazándonos, chocando las manos, con la gran sonrisa boba en la cara: ¡otro lince, tío, otro lince, y éste posando para nosotros!… Los linceros se enseñaban unos a otros las fotos que habían hecho. Lo cierto es que había sido casi una sesión de estudio. Bromeábamos: ¡sólo nos falta ya ver la cópula de ayer aquí mismo!…y como faltaban poco más de dos horas para las seis (la hora oficial de la cópula, decíamos), pues allí seguíamos dispuestos a apurar la tarde con la guinda del pastel, aunque sabíamos que con lo que habíamos visto ya, nuestras expectativas estaban de sobra compensadas. No lo podíamos saber, pero aún nos quedaba otra sesión lincera gloriosa.
 
Galo repite
 
Había pasado poco más de media hora cuando me subí a una pequeña atalaya para otear y vi en el sitio anterior otra vez al grupo de entusiastas. Con ésto del lince y por lo que vi tampoco hace falta estar demasiado pendiente. Es como lo de las bandadas de rabilargos o de urracas: ves follón y supones que allí hay algo. Ves que los linceros están todos tensos enfocando sus cámaras y, no falla: hay lince. Volvimos a subir. Efectivamente, Galo había vuelto al mismo sitio de antes. Los prismáticos, los catalejos y las cámaras estaban que echaban humo. 
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                        GALO POSANDO COMO LO QUE ES: COMO UNA ESTRELLA
Pero como de todo tiene que haber en la viña del señor una chica empezó a pegar voces. Primero entendimos como que la dejáramos sitio. Nos miramos sonriendo: el sitio te lo buscas tú entre la multitud, aunque sea a codazos. Pero realmente lo que decía la loca, o la pirada, o como queráis llamarla, era que dejásemos sitio al lince. Que según ella Galo quería cruzar el camino para marcharse y le estorbábamos. Por un momento me lo creí aunque Juan Carlos nos contó por el walki que de asustado nada, que de hecho había vuelto a cazar y se estaba comiendo el segundo conejo a unos diez metros del camino. Desde luego la impresión que nos daba es que estos linces estaban más que hechos a la presencia humana y que pasaban totalmente de nosotros. Me dirigí más arriba y allí pudimos ver que, efectivamente, Galo se estaba acabando el conejo y con tranquilidad comenzó a subir la cuesta, hacia el caminito. Nos abrimos a un lado y otro y por un espacio de unos diez metros Galo cruzó la pista y con calma, saltó a la ladera y se perdió monte arriba. Por mi trabajo estoy más que habituado a ver animales asustados y os puedo asegurar que aquel animal ni reculaba ni demostraba nerviosismo y ni tan siquiera miró a los lados: ese era su territorio y como un príncipe atravesó la pista y se marchó, indiferente a nuestra presencia y a los clic-clic-clic de las cámaras. Debo añadir que la única foto en la que mi cámara sacó a Galo se le ve ya de culo internándose en la maleza. Excepto alguna de paisajes o de grupos, las demás del lince y otros animales y como indicaré honestamente son del Amado Lider, de Nacho “el Guapo” y de Javi,  que amablemente me han permitido utilizarlas para mostrároslas.
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SECUENCIA DE GALO COMIÉNDOSE SU SEGUNDO CONEJO Y YA RETIRÁNDOSE, EN PAZ
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Creo que no hace falta señalar que TODOS los linceros allí presentes éramos gente educada, amantes de la naturaleza y para nada bullangueros. Nada de tirarle piedras al lince para que se mueva, dar gritos ni saltitos ni cosas similares…excepto, precisamente, la loca “proteccionista” de turno, que gritaba cosas como incluso que el acceso al sitio debía estar prohibido (¿para todos excepto para ella, nos preguntábamos?). Al parecer y según me contaron era una habitual de la zona, e incluso me adornaron con anécdotas a cual más pintoresca de la tipa. Pero por desgracia incluso entre tanta gente maja siempre tiene que haber algún exaltado, algún integrista, algún inquisidor dispuesto a prohibir…
 
Eran ya las cinco y media. No sabíamos si los de la “hora oficial de la cópula” aparecerían o no pero nuestras esperanzas habían quedado totalmente colmadas así que, y con la felicidad en el cuerpo, decidimos retirarnos a tomar unas merecidísimas cervezas en honor de Galo a Los Pinos. El Amado Líder propuso al grupo (y como siempre, indiscutido, por total aclamación) que habíamos superado con creces las expectativas de ver linces así que volver otra vez mañana no era ya tan necesario, de forma que podíamos ir a un sitio donde se ven nutrias. Y así quedamos.
 
Segunda noche en Los Pinos
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                                   PAISAJE DE LA DEHESA CON HERMOSOS ASTADOS
La vuelta fue atardeciendo pero aún había bastante luz y no como esta mañana, así que según íbamos cruzando cotos veíamos numerosos ejemplares de ciervos a los lados del camino. Aún hicimos una paradita técnica al lado de una finca donde pastaban soberbios ejemplares de toros bravos, de hermosa estampa y no menos hermosas astas, que también merecieron ser objeto de fotos. Una vez en Los Pinos nos fuimos reuniendo en el bar, antes de la cena. Aunque el restaurante es muy grande y había mucha gente, Juan Carlos tuvo la prudencia de reservar mesa, éramos ya un total de diez y ocho linceros para cenar. En cuanto a alojamiento, este fin de semana el hotel se había llenado…calculamos que tendría un total de noventa camas, y estaban todas reservadas, las indiscutibles ventajas económicas del turismo ecológico. El turismo cinegético también se notaba: los cazadores habían regresado y entre cerveza y cerveza comentaban sus lances, al tiempo que nosotros comentábamos los nuestros. En el bar y aunque no se quedaron a cenar (habían venido esta mañana de Madrid y se volvían esta noche) coincidimos con Miguel: el alumno del Rubio que nos avisó de la presencia de Galo, junto a su padre y el amigo. Cada cual a su manera, todos contentos. Como teníamos tiempo hasta la cena, los onubenses Antonio y Javi se acercaron a Andujar para tomarse algo y palpar el ambiente nocturno… volvieron al poco rato alucinados. Nos contaron que no había nadie (¡pero nadie, nadie!), nos dijeron, por la calle. Un sábado por la noche, cosa extraña. Desde luego el ambiente debía estar en Los Pinos: entre linceros, cazadores y familias que venían bien vestidos a cenar, tanto el bar como el restaurante estaban hasta arriba. ¡Cosas de Jaén!.
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Mañana no había que madrugar tanto, nuestro Amado Líder nos convocó a desayunar a las nueve, así que tras la cena aún tuvimos tiempo de tomarnos alguna copita. Lo cierto es que tras el madrugón, la emoción y las caminatas, estábamos casi todos bastante cansados y nos retiraríamos pronto. Sobra decir que el ambiente entre nosotros era supercordial. A los que ya conocía me alegraba de volver a verles de nuevo. A los que conocí en este fin de semana y que quizá no volvería a ver, los sentía ya como viejos amigos: Antonio y Javi, que venían desde Huelva. Javi y Arancha, amigos de ellos. Nacho “el Guapo” (así se quedó), antiguo monitor en Mundo Azul con Juan Carlos, con su no menos guapa novia Alice, italiana de Turín. Y a otros más cuyo nombre lamento no recordar, pero igualmente supermajos. No todos los linceros que vimos a lo largo del camino eran biólogos. De algunos supimos que eran abogados, jubilados o maestros. En nuestro pequeño grupo había administrativos, ingenieros agrónomos o veterinarios, como yo. Pero en todos, insisto, amor y respeto a la naturaleza.
 
Y ahora, a por las nutrias
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Al día siguiente y tras desayunar nos dirigimos a una zona cercana conocida como El Encinarejo, en el cauce del Jándula pero más abajo del pantano que vimos ayer. Al pie de una pequeña presa el río se ensanchaba formando amplios remansos. Uno de los “enterados” linceros que conocimos durante los avistamientos nos aseguró que allí había nutrias y que a las once se veían sin dificultad. Así que aparcamos la furgoneta y con la parafernalia habitual de cámaras, catalejos y prismáticos nos fuimos recorriendo las orillas, hasta llegar a un puente donde había una buena panorámica. Como siempre ya había allí madrugadores que nos contaron que a las ocho de la mañana un lince había atravesado el río, saltando de piedra en piedra, junto al mismo puente. Seguramente no se quiso mojar las patas. Seguía haciendo mucho frío y los charcos entre las piedras estaban helados.
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Desde lo alto del puente se veían multitud de aves. Aparte de una lejana águila imperial sobre los cerros, junto a la orilla del río yo pude ver lavanderas, cormoranes, rabilargos y alguno más desconocidos para mí, aunque los curtidos pajareros señalaron mosquiteros y otros. Se estaba bien allí, al sol, pero las nutrias no aparecían. Diez y media…once menos cuarto…once menos cinco…parecíamos los de la Puerta del Sol en Nochevieja esperando a que dieran los cuartos para después tomarnos las uvas. ¡Seguro que están bajo el agua mirando el reloj para aparecer a las once en punto!…bromeábamos. Pero, como en la canción de Sabina, nos dieron las once, y las once y media, y las doce, y las nutrias decidieron que ya habíamos tenido bastante con los linces. ¡Será que es domingo y hoy no trabajan!, dijo otro, y allí nos dejaron con las ganas. Yo pude verlas de lejos hace años en el río Estena, en la ampliación de Cabañeros. Y Juan Carlos las vio a placer en el Salto del Gitano, en Monfragüe. Pero, por ejemplo, Loreto, que se trabaja a tope los ríos, nunca las había conseguido ver.
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                            LOS PACIENTES NUTRIEROS APOSTADOS SOBRE EL PUENTE
Como queríamos hacer aún una parada intermedia en Despeñaperros para ver una bonita cascada que nadie conocía, decidimos al final irnos de El Encinarejo, dejando a los cormoranes secándose en las ramas, con las alas abiertas. Como suele suceder, al día siguiente una conocida mandó una foto al grupo con la imagen de una hermosa nutria en la orilla que apareció al poco rato de irnos. Cosas que pasan, ni la biología ni las nutrias son una ciencia exacta. Nos tuvimos que conformar con sacar unas fotos a unas heces secas sobre una piedra, como acostumbran para marcar su territorio.
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LA ÚNICA PRUEBA DE LAS ESQUIVAS NUTRIAS: HECES SOBRE UNA PIEDRA
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                   CORMORANES SECÁNDOSE AL SOL TRAS SUS ZAMBULLIDAS
De todas formas tuve ocasión de aclarar mis confusas ideas sobre las nutrias con Loreto que, como ya avancé, trabaja como bióloga haciendo seguimiento y censos de fauna en el Parque Regional del Sureste de Madrid, lo que incluye los humedales y las lagunas de Rivas-Vaciamadrid y cauces de ríos como el Tajuña, el Manzanares o el Jarama, además de controlar otras zonas. En mi ingenuidad yo creía que las nutrias sólo se dan en parajes virginales, de ríos de aguas puras y alejados de poblaciones humanas, pero no. En la ribera del Ebro que discurre junto a Zaragoza las hay, y muchas. Y en la Comunidad de Madrid, además de humedales como los de Rivas, suben por el río Manzanares hasta prácticamente las primeras casas y, salvando la zona urbana, del Puente de los Franceses (donde al parecer hay una nutria muy simpática que se deja ver) hasta arriba, por El Pardo y el Parque Regional del Alto Manzanares. 
 
El factor limitante en todo caso es la comida, y éso lo controlan bien los biólogos analizando las heces que depositan como marcaje sobre las piedras de la orilla. Me contó Loreto que en el norte de la península prefieren las anguilas por su mayor contenido en grasa aunque, cuando no hay anguilas, no le hacen ascos a las truchas, a las carpas o a los barbos. Los siluros por lo visto no les gustan por sus espinas. Y en cuanto al cangrejo de río, casi extinguida la especie autóctona (Austropotamobius pallipes) relegada a terrenos calcáreos del norte de Castilla/León, Navarra y Pais Vasco, y desplazado por el cangrejo americano (Procambarus clarkii) que le contagió la afanomicosis, la nutria ha salido ganando, porque el americano soporta niveles altos de contaminación con lo cual es abundante en muchos ríos y proporciona el alimento que necesita a la sufrida nutria.
 
Hacia las cascadas de Aldeaquemada
 
Cruzamos Andujar, la-sin-marcha-nocturna, y tiramos hacia Despeñaperros, ya cerquita. En la carretera señales de “Precaución linces”… En su expansión no son raros los atropellos, hacía muy pocos días habían matado uno en esta misma carretera, en la A-4, en el término municipal del Viso del Marqués. Ya en Despeñaperros nos desviamos siguiendo la indicación de Aldeaquemada. La carretera comenzó a subir…y a subir…y a subir. La vista era magnífica: desde arriba se veía la autopista como a vista de pájaro con el nuevo paso elevado, allá abajo. Comenzamos un largo trecho de curvas y más curvas entre robles, madroños y pinos, aquello no se acababa nunca, más de 20km que se nos hicieron pesadísimos pero, por fin, llegamos a Aldeaquemada, ya en el llano. El pueblo no era antiguo sino de nueva creación, con las calles trazadas a escuadra y en ángulos rectos, y fue uno de los fundados por Carlos III para repoblar la antaño salvaje comarca de Despeñaperros, con colonos europeos. Pero nuestro objetivo eran las cascadas y en concreto la Cimbarra (nombre local de las cascadas). Estaba perfectamente indicada, de hecho no creo que haya otra atracción turística digna de ese nombre.
 
Tiramos por una carreterita y a escasos dos kilómetros, y en una especie de parking dejamos la furgo, el camino continuaba a pie. Decidimos llevar con nosotros pan y vituallas, ya era la hora de comer. Había carteles explicativos de la geología de la zona y del recorrido a seguir: unos veinte minutos de ida hasta la Cimbarra y otros tantos de vuelta. El paisaje desde el pueblo había cambiado y era muy bonito: crestas de caliza se levantaban desde el cauce del río y, según avanzábamos, se iban haciendo más y más abruptas. Ya desde el camino se oía el estruendo del agua al caer. En un punto el camino se dividía. De frente continuaba por una cresta hacia arriba, hasta un mirador que se veía a lo lejos. A nuestra derecha comenzaba a bajar en un paisaje de cortados y aunque aún no veíamos la cascada se la oía ya perfectamente. Comenzamos a bajar por una senda escarpada rodeados de vegetación, no sin cierta dificultad, pero el esfuerzo mereció la pena: desde lo alto de una garganta caía el salto de agua, de unos 40 metros de alto, hasta una laguna de aguas oscuras, rodeada por las rocas. Hacia el lado derecho de la cascada se había formado una cueva donde el agua se metía, sugerente. 
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                                       LA CIMBARRA DE ALDEAQUEMADA
Coincidimos allí con un matrimonio y su hija que estaban haciendo fotos y disfrutando del lugar, y que antes de marcharse nos hicieron amablemente unas fotitos. Estuvimos los cinco de acuerdo en que el paraje era excepcionalmente hermoso y, posiblemente, uno de los rincones más bonitos que habíamos tenido la oportunidad de conocer en España: los cortados, la cascada, la laguna, la cueva… Sacamos las vituallas y dimos buena cuenta, allí sentados, casi sin hablar, disfrutando de la espectacularidad del salto de agua y de la tranquilidad de semejante rincón. Pero tocaba irse y al cabo de un rato nos levantamos y remontamos la subida. Con la tripa llena nos costó un poquito más…
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              LOS CINCO DE LA FAMA DE NUEVO, POSANDO CON LA CIMBARRA
Aún nos asomamos al mirador, al extremo del otro camino. Desde lo alto la vista también era muy bonita pero estuvimos de acuerdo que el punto era allí abajo, al pié de la cascada. Una vez en la furgoneta tomamos el camino de regreso. Juan Carlos había preguntado en un bar si no existiría otra alternativa para evitarnos los veinte kilómetros de curvas y sí, por supuesto que la había: dirección Castelar de Santiago hasta Valdepeñas y allí coger la autovía. Nada que ver con el tramo anterior: rectas carreteras por un paisaje ya más domesticado donde empezaron a abundar las viñas, aunque aún vimos carteles de “precaución, zona de linces”. De Valdepeñas poco tráfico hasta Madrid. Ya en Getafe nos despedimos esperando repetir en breve un fin de semana tan estupendo y completo como ha sido éste.
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Y como postre, un murciélago: el Miniopterus schreibersii (me lo dijeron)

Españoles en Viet Nam. La guerra secreta.

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La guerra del Viet Nam desatada contra los Estados Unidos, junto con su precedente contra Francia – a la que se conoció como la guerra de Indochina- provocó un total aproximado de entre un millón y medio a seis millones de bajas. Determinó el mapa geopolítico del mundo en la segunda mitad del Siglo XX como consecuencia de la prolongación de la Guerra Fría, e involucró directamente a más de diez países. Pero poco se sabe de la participación de españoles en aquellas guerras, aunque se calculan en más de mil los que lucharon en tan lejanas tierras… Uno de ellos fue el legionario Ángel de Haro, al que tuve la oportunidad de conocer. Ángel murió hace pocos años pero las veces que nos veíamos le encantaba contarme historias que me ilustraron bastante lo que fue aquel conflicto, tan lejano para nosotros.

Millones de muertos

Ese amplio y nebuloso margen de bajas “de entre un millón y medio a seis millones” vino de la imposibilidad material de cuantificar con exactitud las bajas de los anónimos norvietnamitas, tanto los milicianos como la población civil. Más precisión encontramos en los censos facilitados por el bando opuesto: durante la guerra de Viet Nam murieron 58.159 soldados norteamericanos, más 1.700 desaparecidos y 303.000 heridos. Los que tuvieron el triste honor de encabezar la lista fueron el comandante Dale Buis y el sargento Chester Ovnard, durante los ataques a la base de Bien, aunque después les seguirían miles más. Entre soldados de ejércitos colaboradores, como survietnamitas, coreanos (del Sur), australianos, neozelandeses y thailandeses sumaron otras 225.000 bajas más. Por parte de Viet Nam del Norte las bajas calculadas, siempre con una relativa aproximación, ascendieron a más de 600.000 militares más 400.000 civiles, cerca de un millón de muertos. Por otra parte en la guerra de Indochina los franceses perdieron cerca de 93.000 soldados frente a 175.000 milicianos del Viet Minh mas unos 250.000 civiles muertos…

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                                  Marines norteamericanos con prisionero norvietnamita

Viet Nam fue el primer conflicto televisado de la historia, lo que permitió la denuncia de los frecuentes abusos y violaciones contra la población civil. La conocida como batalla de My Lai desató un escándalo en los Estados Unidos, debido a la masacre que supuso por parte de los soldados norteamericanos en aquella localidad, donde sólo encontraron viejos, mujeres y niños, y reflejada pese a los desmentidos oficiales por la presencia de periodistas y reporteros gráficos. De hecho y a lo largo de toda la guerra del Viet Nam 278 soldados norteamericanos fueron condenados por sus propios tribunales, debido a las atrocidades cometidas. La excusa declarada por la intervención norteamericana para una guerra que se prolongaría desde 1.955 hasta 1.975 fue la de impedir la reunificación de ambos Viet Nam, norte y sur, bajo un gobierno comunista, reunificación que al final no consiguieron evitar. Pero la guerra del Viet Nam fue tan sólo la prolongación de la que los franceses mantuvieron en lo que se conoció en su momento como la guerra de Indochina.

Españoles bajo uniforme francés

Se calculan en más de mil los españoles que combatieron en Indochina a lo largo de los nueve años que duró la guerra con Francia. La inmensa mayoría soldados republicanos que, tras la derrota en la Guerra Civil y huídos a través de los Pirineos, acabaron confinados en los campos de refugiados del sur de Francia como Saint-Ciprien o Argelès-sur-Mer. El gobierno francés les ofreció dos opciones: ser devueltos a España (con la casi total seguridad de ser fusilados), o bien alistarse en el ejército francés y, en concreto, en la Legión Extranjera. Ante tales perspectivas se alistaron bajo bandera francesa unos 15.000 en total. Tras la experiencia bélica de tres años de lucha y ante la funesta posibilidad de ser entregados a Franco, muchos de ellos aceptaron. Posiblemente ya no sabían hacer otra cosa. La 2ª Guerra Mundial no tardó en desencadenarse y bastantes de ellos lucharon en el norte de África (unos 2.000 en Túnez contra el Africa Korps del general Rommel), en suelo francés o hasta en las lejanas Indochina o Narvik, en Noruega. 

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                               Milicianos republicanos en la batalla del Ebro

Parte acabaron tras largo periplo a las órdenes de Philippe Leclerc, conde de Hauteclocque, más conocido como el general Leclerc. Rebelde al gobierno colaboracionista de Pétain, partidario y a las órdenes del entonces en Londres general Charles De Gaulle, comenzó desde Chad en 1.943 una larga lucha que le llevó hasta la liberación de París. La Deuxième Division contaba con una compañía: “la nueve”, llamada así, en castellano, al estar integrada en su inmensa mayoría por 144 republicanos españoles. Leclerc se dirige al capitán Raymond Dronne, responsable de la Novena Compañía (la “nueve”) con estas palabras:

no hay que obedecer órdenes idiotas (por parte del Alto Mando norteamericano, en teoría coordinador del avance). Dronne, tome a sus hombres de la Novena y entre en París. Diga a los parisinos que toda nuestra división estará con ellos mañana…

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                      Los españoles de “la nueve” en París, con su tanqueta Guadalajara

Y según testimonio personal de Dronne, que sabía apreciar a sus hombres y se había ganado su respeto, cuenta en sus Memorias:

…eran hombres muy valientes. Difíciles de mandar, orgullosos, temerarios. Con una experiencia inmediata de la guerra. Muchos de ellos atravesaban una crisis moral grave, como consecuencia de la guerra civil española…

Los de “La nueve” son los primeros en entrar a París, el 25 de Agosto de 1.944, con sus tanquetas rotuladas con nombres de famosas batallas de nuestra Guerra Civil: Guadalajara, Belchite, Brunete, Teruel… Pero ésa es otra historia. Volvamos a Viet Nam.

Españoles en Viet Nam

Hay testimonios o citaciones de muchos españoles que lucharon en Viet Nam: Robert Pujol, José Cortés, Antonio Polanco… De entre ellos quizá destacar al Doctor Ripoll Fonte que, tras la guerra, se instalo como médico en la capital de Camboya haciéndose amigo del general camboyano Susten Fernández…como suena. Susten viajó a España en alguna ocasión asombrándose de la cantidad de Fernández que encuentra en España… De lo que se enteró más tarde es que, en el Siglo XVI, sus antepasados habían llegado desde Filipinas con la intención de conquistar el reino jemer, sembrando su “exótico” apellido… Por mi parte, tuve la ocasión y el placer de conocer al amigo Ángel, de arrebatada historia y que cada vez que nos veíamos gustaba de contarme “batallitas” de su estancia en la Legión… o de lo que fue su experiencia en Dien Bien Phu.

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                                   Legionarios españoles, los novios de la muerte

Ángel se había alistado a la Legión en España por razones que no vienen al caso. Cuando le faltaban pocos meses para licenciarse una mañana les formaron en el patio, donde les ordenaron despojarse de sus uniformes. En la Legión ni se cuestionaban las órdenes. Así que se quedaron en calzoncillos en el patio inmediatamente a la voz de ¡ar!. Ahora, dijo el oficial, pónganse esos otros… y señaló un montón que había apilados, allí al lado. Se los pusieron sin rechistar y, una vez puestos, mirándose con disimulo unos a otros murmuraron, oye, esto no es del ejército español…

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                         Legionarios caídos tras la masacre de Edchera, 1.958

Efectivamente: eran uniformes de la Legión Extranjera Francesa… Sin mayores explicaciones los metieron en aviones y al cabo de muchas horas llegaron, para su asombro, a un  lejano país del que seguramente ninguno de los legionarios ni siquiera había oído hablar. Faltaban aún unos cuantos años para que el nombre de Viet Nam se hiciera famoso. Pero, según me contaba mi amigo Ángel, nada más llegar muy pronto aprendieron otro nombre: Dien Bien Phu. Corría el año 1954.

Dien Bien Phu, la gran derrota

Tras nueve años de guerra en Indochina, y pese a algunas sonadas victorias del ejército francés, el tesón y la moral irreductibles de los guerrilleros del Viet Minh (más tarde conocido como Viet Cong) fueron cercando poco a poco a los franceses, hasta quedar reducidos en el valle de Diem Bien Phu, al norte del Viet Nam. Un amplio valle  lleno de arrozales y pequeñas aldeas, de 16 por 9 kilómetros, surcado por el río Nan Yun. Los franceses escogieron este amplio valle por cuestiones estratégicas: principalmente para cortar la comunicación entre Laos y China, y pensando que aquí serían invencibles. Agrupados en el valle, instalaron dos pistas de aterrizaje y ocho puntos fuertes, todos con nombres de mujer: Beatrice, Gabrielle, Claudine, Anne-Marie, Huguette, Dominique, Eliane e Isabelle … es lo que tienen los franceses, que para estas cosas se ponen románticos y quieren convencer a todo el mundo de que son muy seductores…

Los generales franceses  subestimaron a los norvietnamitas pensando que allí podrían defenderse bien, y que los guerrilleros serían incapaces de instalar artillería potente en el circo de montañas que lo rodeaban. Los soldados franceses se burlaban de aquellos hombrecillos, bajitos y canijos…Pero como la Historia nos enseña a menudo y como suele suceder, cuando un ejército regular se enfrenta a guerrilleros, siempre se creen mejores que ellos… y casi siempre se equivocan.

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           Ho Chi Minh y el general Giap. Planeando acciones y satisfechos tras la victoria 

Los norvietnamitas estaban bajo el mando de su líder Ho Chi Minh, conocido cariñosamente como “el tío Ho” por los suyos. Su verdadero nombre era Nguyen That Than. Lo de Ho Chi Minh era su nombre de guerra y significa “el que ilumina”… Formado en Francia y en la URSS, combatiente en China con Mao Tse Tung contra el Kuomintang de Chiang Kai-Shek, y vencedor del ejército japonés que invadió Viet Nam durante la Segunda Guerra Mundial, a los que logró expulsar. En Diem Bien Phu, el ejército norvietnamita estuvo bajo las órdenes directas del general Vo Nguyen Giap que, con anterioridad, había sufrido una derrota contra los franceses, pero también una sonada victoria y, contra lo que pensaron los del Alto Mando francés, subieron prácticamente a pulso su artillería y abundante munición hasta la cresta de las montañas, cargándola a hombros, tirando con cuerdas de los cañones, escondiéndolos después  en refugios antiaéreos a salvo de los aviones enemigos, con los que castigaban continuamente al ejército francés en el valle. Cuenta Giap:

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            Transportando munición y piezas hasta los refugios de la montaña

para el Estado Mayor francés era imposible que pudiéramos instalar artillería en las alturas que dominan la olla de Dien Bien Phu, pero desmontamos los cañones para transportarlos pieza por pieza… (y añade, irónico) …¡siguiendo su lógica formal, tenían razón!... Más adelante continúa: …¡nuestros pies son de hierro!…utilizamos millares de bicicletas fabricadas en Saint Étienne (en Francia) que modificamos para llevar cargas de 250 kg…

El ejército regular de Giap, conocido como el Chu Luc, consta de 50.000 hombres, a los que había que añadir artillería pesada china atendida por expertos chinos, cosa que los franceses desconocen. El ejército francés destacado en Dien Bien Phu consta de 13.000 hombres. En parte, ejército regular; en parte, la fuerza de choque de la Legión Extranjera y el resto, mercenarios argelinos, marroquíes, senegaleses y vietnamitas. Como soporte, 28 cañones, 28 morteros, 10 tanques ligeros M24 y 6 cazas Bearcat. Los españoles “invitados” a formar parte de la Legión Extranjera son englobados en el 2º Batallón Extranjero de Paracaidistas, bajo el mando del comandante Liensenfelt, en total, unos doscientos. Y entre ellos, mi amigo Ángel.

En lo que se denominó la Operación Castor, el 20 de Noviembre de 1.953 son lanzados 4.000 paracaidistas que toman el lugar en ese mismo día, sin encontrar resistencia. En los siguientes tres días se van sumando 9.000 hombres más. Durante casi dos meses la situación parece tranquila. Construyen las dos pistas de aterrizaje y los ocho campamentos con nombres de mujer. Pero la noche del 31 de Enero de 1.954 se desata el comienzo del fin. Desde la cresta de las montañas, desde sus escondites a salvo de la aviación, ante la incredulidad y la desesperación de los franceses, 200 cañones machacan los campamentos y las pistas de aviación. Cañones que, para colmo, están fuera del alcance de la artillería francesa. Para cuando el Alto Mando francés intenta una operación de apoyo a cargo de la R.C.P. (Regimiento de Cazadores Paracaidistas), son ferozmente rechazados por el Viet Minh con artillería antiaérea. Nuevo desconcierto para los franceses que no contaban con que los vietnamitas contaran con ese tipo de armamento. Durante pocas semanas Giap no arriesga a sus hombres, tan sólo deja que la artillería siembre la carga mortal de sus obuses.  

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          Paracas franceses y Legión extranjera, hostigados por el Viet Minh

En la madrugada del 12 de Marzo Giap se decide a lanzar su infantería, que conquista las posiciones Béatrice y Gabrielle y aniquila dos batallones de franceses. El comandante de artillería se suicida aquella misma noche aunque el Alto Mando decide no comunicarlo inmediatamente a la tropa por no desmoralizar. El Jefe de Estado Mayor, conde Hubert-Marie-Jean-Albert de Seguins-Pazzis, sufre una crisis nerviosa que le mantiene varias horas fuera de juego. Seis días más tarde, el 18 de Marzo, los vietnamitas han tomado el primer aeropuerto. Pocos días después, el segundo aeropuerto ya es suyo. El 28 de Marzo aterriza el último avión francés que resulta inmediatamente destruído. Inhabilitadas las pistas de aterrizaje, los suministros de munición y de materiales ya sólo se pueden hacer lanzándolos en paracaídas que, para desgracia de los franceses, suelen caer dentro de la zona controlada por el Viet Minh. Para colmo, a mediados de Abril hacen su aparición los monzones, imposibilitando cualquier ayuda desde el aire, además de convertir bunkers y trincheras en pozos y lodazales.

La moral de los franceses no puede estar más por los suelos. Su prioridad es aguantar como sea hasta que se celebre la Convención de Ginebra donde se pretende establecer la paz entre Francia y el Viet Nam, pero no les va a dar tiempo. Los mercenarios vietnamitas han desertado en masa, y otros dos mil desertores, magrebíes en su mayoría, han abandonado los campamentos y se esconden en cuevas a lo largo del río Nam Yum (“las ratas del Nam Yum“, les llaman sus antiguos camaradas) de dónde sólo salen por la noche para robar comida. Entre los desertores también se contaron españoles, pero no para escapar, sino para unirse al enemigo. Desde el comienzo de la Guerra de Indochina, hacía ocho años, muchos de los soldados bajo uniforme francés, antiguos soldados republicanos y de fuertes convicciones comunistas, veían con mucha más simpatía a los vietnamitas de Ho Chi Minh que a los “imperialistas” franceses. De hecho Ho Chi Minh hizo algunas emisiones por la radio al ejército francés invitándoles a desertar y unirse a ellos, en las que algunas de las alocuciones se dirigía a los españoles y en español que, curiosamente, dominaba de forma casi perfecta. 

Angel de Haro y sus “caballeros legionarios” trasplantados a Viet Nam sufrieron junto al ejército francés el acoso norvietnamita, replegándose cada vez más, abandonando de uno en uno aquellos puntos fuertes con nombre de mujer, incapaces tan sólo de una débil resistencia. Ángel me contaba anécdotas como la de una oficial médico, de las pocas mujeres que había en Dien Bien Phu, que salía a recoger heridos con los camilleros bajo el fuego enemigo, disparando con la otra mano una pistola sin parar.

El general Giap describió de una forma muy oriental, hasta poética si se quiere ver así, los estragos que su táctica de guerra producía en los franceses:

será una pelea entre un elefante y un tigre. Si el tigre se queda quieto el elefante lo aplastará sin remedio, pero el tigre nunca se quedará quieto. Saltará sobre el lomo del elefante arrancándole grandes trozos de carne para esconderse después en la jungla. Así el elefante morirá desangrado. Será el lento desangrar del elefante caído… 

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                      Largas filas de prisioneros, custodiados por el Viet Minh

Por fin, diezmados, cercados y sin más opción, los franceses se rinden el 8 de Mayo de 1954. Hasta el último momento se lanzaron refuerzos de paracaidistas, pero no bastaban: fueron enviados 4.306 soldados en total para sustituir a las pérdidas, que ascendían a 5.500 bajas. De los 20.000 combatientes franceses de la guarnición se contabilizaron un total de 7.500 bajas entre muertos y heridos. Sólo los muertos, 2.293, entre fuerzas aerotransportadas y Legión Extranjera. Tras la rendición 11.721 fueron hechos prisioneros y enviados a campos de trabajo. De éstos sólo sobrevivieron 3.290. El resto murió en los campos, por hambre y enfermedades.

Ángel tuvo suerte. Como él decía, al alistarse vendió su vida a la Legión por un sueldo ínfimo… pero salvó la vida. Ho Chi Minh había vuelto a ganar, lo que se llamó la Batalla de Indochina. Repetiría la victoria una vez más contra el poderoso ejército norteamericano, en lo que se llamaría la Guerra de Vietnam aunque no pudo llegar a verlo. Murió poco tiempo antes de la victoria, de tuberculosis, en una cueva donde se escondía cerca de Hanoi, el 2 de Septiembre de 1.969, a los 79 años de edad.

Franco y los Doce de la Fama

Mi amigo Manolo Navarro, al que conocí en Tombuctú, dueño de la productora La Nave de Tharsis, terminó hace poco un documental titulado: Go Cong. La guerra secreta de los españoles en Vietnam, que estuvo preparando pocos años atrásMe preguntó en su momento si no conocería alguien que hubiese luchado por allí. Justo, le dije, mi amigo Ángel, y le conté el episodio de Diem Bien Phu.

Mi sorpresa fue que, con lo locuaz que era Ángel habitualmente, se negó a aparecer ante una cámara contando sus experiencias en Vietnam. Ángel murió hace cuatro años pero con su hija elaboramos algunas teorías, como la de que hubiese un pacto de silencio ante aquellos hechos, posiblemente con la Legión Extranjera o el ejército francés. De hecho, el gobierno de París, en agradecimiento por los servicios de armas prestados bajo su uniforme, le ofreció la nacionalidad –que no aceptó- y trabajos de responsabilidad y confianza en factorías francesas de la aviación, donde trabajó varios años.

En el documental de mi amigo Manolo sale a relucir una historia, de las varias que se ocultaron bajo el franquismo. Ya en la Guerra del Vietnam con el gobierno norteamericano, el presidente Lyndon B. Johnson  solicitó colaboración militar en 1965 a varios países europeos en un intento de no aparecer él sólo como el agresor. Entre ellos pidió ayuda a España, con la seguridad de que con la amistad hispano-norteamericana y contando con el feroz anticomunismo de Franco, sin duda éste le apoyaría. La solicitud se hizo a través de la Free World Military Assistance Office.

La gran sorpresa fue la respuesta de Franco. En unos documentos recientemente desclasificados se puede ver una carta enviada al embajador español en Washington, Merry del Val, en la que se afirma que la carta ha sido redactada de puño y letra por el Caudillo, aunque más tarde corregida, con la orden de que le fuese entregada al presidente. Expone –resumo algo, pero el contenido es literal- un análisis certero y lleno de sentido común sobre la situación en varios puntos:

1º La guerra en la selva será un fracaso. La guerra de guerrillas será interminable.                                                                                                           

 2º Una guerra prolongada sólo favorecerá a los chinos.                                                                

 3º Los americanos siempre serán considerados como extranjeros. Nunca aceptados por la población local.                                                                                                                                

 4º No es un asunto militar, sino un asunto político.                                                                   

 5º Los pueblos oprimidos y pobres siempre elegirán el comunismo porque es el único camino eficaz que se les deja.                

 6º No se pueden negar realidades presentes como el socialismo. El comunismo no desaparecerá del sudeste asiático por la fuerza de las armas.                                                      

 7º Hay soluciones. Todos los actores en conflicto aspiran a lo mismo: echar a los chinos.         

 8º A “Hochi Ing” (así llama Franco a Ho Chi Minh en la carta), por su historia y su empeño en echar a los japoneses primero, a los chinos después y a los franceses más tarde, hemos de confirmarle un mérito de patriota al que no puede dejar indiferente el aniquilamiento de su país. Dejando a un lado su carácter de duro adversario, podría ser el hombre de esta hora que el Vietnam necesita.

Asombra la indiscutible admiración que Franco procesaba a Ho Chi Minh, y aquí hay que reconocer la inteligencia militar de un hombre, con la experiencia de haber combatido a la guerrilla de los rifeños durante varios años.

Franco, pese a lo que esperaba el presidente Johnson, no envió destacamentos armados. A cambió envió un grupo de doce médicos militares, todos ellos voluntarios, a los que se conoció más tarde como Los 12 de la fama, y que estuvieron durante cinco años atendiendo al personal civil en el Hospital Español,  en la población de Go Cong, en el delta del Mekong, al sur de Vietnam.

Recuerdan algunos de aquellos médicos, entrevistados en el documental de mi amigo el trabajo con la población local, entre los que estaban muy bien considerados, sobre todo al comprobar éstos la diferencia del trato hacia los vietnamitas por parte de aquellos médicos españoles que les atendían y el personal norteamericano, muy militarizado, que utilizaba sus propios hospitales generalmente para ellos solos.

De hecho Los Doce de la Fama solían estar escasos de medios y tuvieron que solicitarlos en repetidas ocasiones tanto al mando norteamericano como al gobierno español.  Atendían sobre todo enfermedades comunes, cirugías, pero también algún caso aislado por heridas de guerra entre las que, sospechan, hubo algún que otro guerrillero del Viet Cong, a los que cuidaron igual que a los demás. Los militares del Viet Cong eran conscientes y apreciaban la ayuda prestada a los civiles.

Según avanzaba la guerra y los guerrilleros del Viet Cong ganaban terreno, comenzaron a bombardear Go Cong y alguna bomba dañó parte del hospital. Aguantaron aún un tiempo, pero la presión se iba haciendo cada vez más fuerte. La guerra estaba llegando a su desenlace, y  al final fueron evacuados y devueltos a España.

El soplado vaginal de las vacas.

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Los lejanos comienzos de la domesticación del ganado vacuno.

Se da por hecho que la domesticación del ganado vacuno se produjo en la zona conocida como el Creciente Fértil, situada en el Próximo Oriente, durante el periodo que el arqueólogo australiano Vere Gordon Childe denominó como la Revolución Neolítica. Según la Teoría de los Oasis de Childe y, tras un periodo de desecación, las poblaciones humanas y animales se fueron concentrando en las orillas de los ríos y en oasis donde la proximidad favoreció la domesticación de varias especies, bovinos y ovinos principalmente, además de algunas plantas, como los cereales. Estos cambios climáticos se produjeron en un periodo comprendido entre finales del Pleistoceno y comienzos del Holoceno, hace 10.000 o 12.000 años.

Pero la Revolución Neolítica no se produjo sólo en ese Creciente Fértil, que se extendía desde los ríos Tigris y Eufrates por el este, hasta la ribera del Mediterráneo por el oeste, pasando por el norte de Siria. Hubo otras zonas en el Viejo Continente, tales como el valle del Nilo en Egipto, los de los ríos Indo y Ganges en La India, o el valle del Yang Tse en China, en los que la arqueología ha demostrado procesos paralelos e independientes de domesticación.

Hay otra zona más en debate: el Sahara central (en árabe pronunciado asájara = desierto). Concretamente en la inmensa zona delimitada por los actuales desiertos de Libia y Argelia, pero que comprende también parte de los actuales estados de Níger, Mali, Chad y Mauritania. En tan extensa región se encuentran numerosos yacimientos arqueológicos, con una antigüedad máxima estimada de 12.000 años. En estos yacimientos los testimonios en forma de grabados y pinturas rupestres son abundantísimos. La zona con más densidad es la del Tassili N’Adyer, al sureste de Argelia lindando con Libia, una gran meseta rocosa que se extiende a lo largo de 800 kilómetros, pero existen grabados y pinturas desde el desierto occidental de Egipto hasta prácticamente la costa del Mediterráneo, en Marruecos y el antiguo Sahara Español.

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Escena de ordeño en grabado rupestre, en Wadi Tiksatin (Libia)

En el Tassili N’Adyer y zonas aledañas (Murzuk en Libia, Tibesti en Chad, la meseta de Yado en Níger o el macizo de Hoggar al sur de Argelia) los grabados rupestres nos muestran casi desde el comienzo una variada fauna que originalmente correspondía a la fauna salvaje allí presente, y objeto de caza: muflones, búfalos, avestruces, hipopótamos, elefantes o rinocerontes, entre otros. Más adelante y en los diversos periodos estudiados por los especialistas, aparecerán los bóvidos con evidencia de domesticación y, en la fase de las pinturas (posterior a los grabados en roca), un período cuyo nombre ya define la temática: el Periodo Pastoral o Bovidiense, que se extendió a grosso modo entre los años 7.000 y 2.500 a.C. En este periodo, el más numeroso en representaciones y de un gran naturalismo, aparecen multitud de escenas de pastoreo, con rebaños de vacas y escenas de la vida familiar de los pastores.

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Grabados rupestres en Ued Yerat y Tassili N’Ayyer. Jirafa y búfalo

La domesticación de los bóvidos en el Sahara

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Escenas de ordeño en el Antiguo Egipto. De 2ª Dinastía, y de Mastaba de Kagemni

Antes de entrar en la polémica sobre la domesticación de los bóvidos en el Sahara central quisiera hacer una aclaración. En la actualidad estamos acostumbrados a contemplar el Sahara como un lugar sumamente árido pero, ni siempre ha estado seco, ni tan siquiera caliente. Los expertos han establecido varias fases climáticas. Así, hasta hace unos 20.000 años el Sahara era una región muy húmeda, con grandes lagos en su interior. Pero durante los 10.000 años siguientes (hasta hace unos 10.000, aproximadamente) la influencia de las épocas glaciares europeas y, en concreto, la última y más dura glaciación de Wurm, se dejó sentir experimentando un clima muy frío y árido, sin apenas precipitaciones y con muy bajas temperaturas. La aridez hizo que los cauces de los ríos Nilo, Níger y Senegal, así como el gran lago Chad se secasen, quedando sus cauces cubiertos por la arena.

La situación de frío y aridez se mantuvo hasta el final de la glaciación de Wurm, hace 10.000-12.000 años, en que volvieron las lluvias y el clima se templó. Entre los años 9.000 y 2.500 a.C. el Sahara fue un lugar perfectamente habitable, con ríos caudalosos, lagos estables y una vegetación floreciente, con zonas de arbolado y verdes praderas, dignas de una postal de Irlanda. La fauna procedente del sur se expandió por el Sahara, y de ahí su imagen frecuente en los grabados donde los cazadores la dejaron representada. En 1.933 el teniente Brenans explorando la zona al frente de un cuerpo de camelleros descubrió, para su asombro, en las paredes del reseco cauce del Ued Yerat, al norte del Tassili, numerosos grabados a tamaño natural de aquella fauna salvaje hace tiempo desaparecida en la zona. Este hallazgo dio comienzo a las exploraciones en las que Henry Lothe tomó la supervisión, centrándose sobre todo en el Tassili N’Adyer, cuya traducción del bereber significa precisamente “la meseta de los ríos”, evidencia de tiempos mejores.

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Pinturas rupestres de vacas, en el Tassili N’Adyer

La domesticación de los bóvidos en el Sahara central es un tema sujeto a polémica. Arqueólogos como la gran experta en la zona, la argelina Malika Hashid, arqueóloga, antropóloga y ex directora de los yacimientos del Tassili N’Adyer, opina que fue un proceso independiente, debido a la evolución del control de la fauna salvaje y, en concreto, de los bóvidos como los búfalos de grandes cuernos, a los que en numerosos grabados se puede ver ya sujetos con cuerdas. Por el contrario, otros expertos sostienen, apoyándose incluso en el estudio filológico de las lenguas de los pueblos allí presentes (que probaría sus migraciones), que el ganado vacuno provenía desde el lejano Creciente Fértil y que penetró en África difundiéndose bien por el norte hasta el Mediterráneo, emigrando a aquel Sahara aún verde y totalmente apto para mantener grandes rebaños y, en otro de sus movimientos, bajando por la costa oriental del continente hasta el extremo sur.

 

¿Para qué valen las vacas?. La leche.

Hoy día decir “vaca” es decir “leche”. Hay expertos que sostienen que, inicialmente y al igual que sucedió con el ganado ovino, su primera utilidad fue como fuente de carne. Puede ser. Pero en la estrecha convivencia durante milenios de los pueblos pastores con su ganado, la utilidad de ese producto con que las vacas alimentaban a sus terneros debió resultarles evidente. En un proceso natural común a todas las hembras mamíferas, las madres producen leche para alimentar a sus crías, y esa producción finaliza cuando éstas alcanzan el desarrollo suficiente para ser autónomos en cuanto a su alimentación.

Hoy día la leche de vaca es un producto sujeto a muchas controversias debido a los problemas que su ingestión puede producir, bien por las alergias debidas a su proteína: la caseína, o debido a la intolerancia a su azúcar, la lactosa, en aquellas personas con deficiencia en cuanto a la enzima necesaria para su digestión: la lactasa. Si queréis profundizar en el tema podéis consultar la entrada a mi blog titulada: La leche, ¿buena o mala para nuestra alimentación?. Pero desde hace miles de años ha sido una de las principales fuentes de alimentación para muchos pueblos nómadas y ganaderos que han utilizado la leche de vaca, de búfala, de yak, de reno, de yegua, de cabra, de oveja o de camella, obteniendo de ella las proteínas, vitaminas y minerales necesarios. Incluso el agua necesaria, en zonas áridas. Pueblos ganaderos africanos como los masai, los fulani, los dinkas, los nuer o los tuareg, entre otros muchos, dependen en gran medida para su alimentación de la ingesta de leche. Pero incluso los antiguos europeos debieron su supervivencia en gran parte a la leche de sus vacas. Todavía forma parte importante de la economía agraria. Con esta dependencia no es raro, pues, la abundante iconografía que desde la antigüedad nos han dejado en grabados y pinturas los primitivos pueblos ganaderos.

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Escenas de ordeño en el Ued Yerat (Argelia) y en Jebel el-‘Uweynat (Libia)

Testimonios arqueológicos. El soplado vaginal de las vacas

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Grabado rupestre con escena de soplado en el Wadi Imrawen, en el Messak (Libia)

Las vacas producen la apreciada leche tras parir los terneros. Mientras éstos se amamantan, las vacas producirán leche. Pero en las modernas razas de producción exclusivamente lechera, tales como las frisonas (las típicas vacas blancas con manchas negras) se ha conseguido mediante selección que, aunque se les retire el ternero nada más nacer (ya se le alimentará con leche en polvo) y estimulada su producción bien con el ordeño manual, bien como es el sistema actual con las ordeñadoras automáticas, la vaca continúe produciendo leche durante casi un año, hasta que se la insemine artificialmente de nuevo, para producir más terneros… La vaca no va a conocer ya a sus hijos, sino tan siquiera al padre de éstos. Son las exigencias de la moderna industria lechera…

En las antiguas economías agrarias la vaca producía leche mientras el ternero continuase mamando. Los pastores permitían al ternero mamar lo justo, mientras que ellos a su vez ordeñaban a la vaca para conseguir “su” leche. Pero cuando el ternero estaba más crecido, o en aquellos casos frecuentes en los que el ternero moría, la vaca se “secaba” (como se dice en el argot ganadero) en cuestión de muy pocos días. Y el ingenio humano sumado a la necesidad comenzó a buscar soluciones.

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Soplado vaginal, pintura rupestre en I-n-Sebuk, en Immidir (Macizo del Hoggar, Argelia)

Un remedio clásico era colocarle otro ternero a la vaca. Pero, para que la vaca lo aceptase y no lo rechazase, uno de los trucos era rociar al nuevo ternero con orina del recién muerto. La vaca, tras olisquearle y reconocer el olor, comenzaba a lamer al nuevo ternero y la suplantación ya estaba hecha. Esta solución, por ejemplo, me la han contado personalmente amigos marroquíes, tal y como la utilizan en su pueblo. Otras suplantaciones similares se conseguían colocando frente a la vaca el cadáver del ternero muerto con lo que, inicialmente, la vaca era estimulada para la lactación. Pero incluso en estos casos, o bien cuando por su ciclo natural, la vaca iba produciendo cada vez menos leche, los ganaderos inventaron un  recurso que a nosotros, habitantes de un mundo desarrollado, nos podrá parecer un tanto asqueroso pero que demostraba su efectividad: el soplado vaginal de las vacas.

En esencia consiste en arrimar la cara a la vulva de la vaca y soplar fuertemente dentro de ella. Generalmente, aun que no siempre, uno aprovecha para ordeñar mientras otro sopla. Bien directamente, bien con el auxilio de un tubo (hueso o caña) insertado dentro, o bien mediante artilugios de arcilla en forma de embudo para facilitar la insuflación. La base fisiológica del soplado es la estimulación de la matriz para producir un aumento de la hormona oxitocina, responsable de las contracciones uterinas en el momento del parto, pero también de la producción de leche.

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Caracola, Hungría, S. XIX                           “Embudos” cerámicos neolíticos, para el soplado

Esta técnica se ha descrito en prácticamente todos los pueblos ganaderos africanos: los afar de Etiopía, los masai de Kenia, los tuareg de Argelia, los turu y los ziba de Tanzania, los fulani de la franja del Sahel, los dinka y los nuer del Sudán o los hotentotes sudafricanos. Pero también en pueblos asiáticos ganaderos como los yakutos siberianos, los kalmukos mongoles, los kirguises, los irakíes de Basora, los tibetanos o los pastores hindúes. En La India, en concreto, la técnica utilizada era la inserción de una caña de bambú por donde se soplaba, lo que se conocía como fuka. Ghandi consiguió, llevado por sus buenos sentimientos hacia los animales, la prohibición de la fuka alegando el malestar que podía producir a las vacas.

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Hotentotes. Grabado de 1719

Pero no hay que irse tan lejos. Heródoto en su Historia nos lo cuenta como una costumbre entre los escitas del sur de Rusia. Aún en el Siglo XIX se describió en Europa: entre los magyares de Hungría, entre los bosnios, los irlandeses (mención en 1.681) o en la cercana Alsacia (mención de 1.894). Hay incluso una comunicación personal de un ganadero de la región de Aubrac, en Francia, fechada en 2.010.

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Nuer, del Sudán

La costumbre no se ha perdido. Hay testimonios actuales en ganaderos que viven en pleno neolítico, como los dinkas y los nuer del Sudán y que, mientras insuflan aire en la vagina de sus vacas, masajean las ubres para conseguir una mayor estimulación, una mayor producción de oxitocina (aunque ellos obviamente no lo sepan) y una mayor producción de leche. Insisto: a nosotros nos parecerá una cochinada éso de arrimarle la cara a la vulva, pero para ellos no tiene nada de asqueroso, al revés, la supervivencia es lo primero.

 

 

 

 

 

El perro Paco. Un héroe y mártir castizo en el Madrid de 1882

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EL PERRO PACO

Corría el año de 1879, el día 4 de Octubre concretamente, festividad de San Francisco de Asís, cuando un caballero camina por la calle de Alcalá, rodeado de varios amigos. Este hombre era don Gonzalo de Saavedra y Cueto, marqués de Bogaraya, grande de España, borbónico hasta las cachas y persona con gran futuro pues algunos años más tarde será alcalde de Madrid. Se dirigen hacia el Café de Fornos donde han decidido cenar. La Historia sin que él lo sepa ha decidido que sea el introductor de uno de los personajes más famoso de Madrid: el perro Paco.

Según las crónicas, un chucho de los muchos que deambulan por la calle, tirando a pequeño y de color negro con mancha blanca en el pecho. Se cuenta, aunque no está contrastado y quizá forme parte del mito, que Paco nació en Colmenar de Oreja. El perro se había acostumbrado, con ese don de gentes que le caracterizaba, a viajar en el pescante de los coches de posta que unían Colmenar de Oreja con Chinchón, hasta que un día le dio por ampliar sus horizontes y llegar hasta la capital. Aquella noche del 4 de Octubre de 1879 el perro se acercó a las perneras del señor marqués y, por esos azares de la vida, le cayó simpático. Sus destinos, para suerte del perro Paco, quedaron unidos.

El Café de Fornos

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El mencionado Café de Fornos se situaba donde actualmente hay un Starbuck, en el cruce de Alcalá con la calle de Nuestra Señora de los Peligros, antiguamente calle Angosta de los Peligros, para distinguirla de la calle Ancha de Peligros (para los madrileños, Peligros sin más).  Conviene señalar para jóvenes y viejos que Madrid, por aquel entonces, era un poco diferente a la actual. Para empezar, aún no existía la Gran Vía. Se construiría unas décadas después a costa de la demolición de más de dos mil viviendas, angostas y oscuras en un laberinto de callejas más oscuras y angostas todavía, en pleno fervor de saneamiento y modernización de la ciudad.

Las únicas calles amplias que mereciesen ese nombre eran las cuatro que confluyen en la Puerta del Sol: Arenal, Mayor, la Carrera de San Jerónimo y Alcalá, que acababa con tal nombre en lo que hoy es la Plaza de Cibeles y en aquellos tiempos cauce del arroyo de la Castellana, que discurría extramuros en dirección Norte-Sur, formando parte de la Cañada Real y en cuyos prados y descansaderos pacían los rebaños de merinas en su trashumancia. De su existencia quedan ecos, como el del Paseo de Recoletos, antiguamente Prado de los Recoletos Agustinos, o la Fuente Castellana que dio nombre al largo paseo bajo el que se soterra el arroyo y que se situaba en la actual Plaza de Emilio Castelar. Pero volvamos al Fornos y al perro Paco.

En la esquina entre Alcalá y Peligros, como decíamos, se encontraba el café de más postín del Madrid de entonces: el Fornos, llamado así por el apellido de su propietario, don Manuel. Que, por cierto, se pegaría un tiro en la cabeza en uno de sus reservados tal que en 1905. Pero aún faltaban algunos años. En el de 1879 con el que comenzaba esta crónica, se acababan de mudar desde su primitiva ubicación en la calle de Arlabán. El nuevo local se montó a todo lujo: muchas mesas de mármol, sillas de madera y divanes de terciopelo rojo. Grandes espejos, pinturas (de Plasencia, de Gomar y de Sala) por las paredes, reloj con dos esferas e incluso cubertería de plata que acabarían sustituyendo al ser ésta objeto de “coleccionismo” por parte de la selecta clientela.

Porque la clientela del Café de Fornos era de lo más selecto. Por la tarde iban a merendar los matrimonios burgueses. Según avanzaba la tarde, se instalaban en sus mesas políticos, militares, cómicos, intelectuales, toreros y demás gente de mal vivir. Se hicieron famosas las tertulias como la del escritor y comediógrafo Vital Aza y, sobre todo, la de don Felipe Ducazcal. Actor y empresario de teatro, fundador de El Heraldo de Madrid y amigo de don Amadeo de Saboya y de Alfonso XII. Con él se sentaban los cómicos Rafael Calvo y Antonio Vico, el tenor Julián Gayarre, los músicos Chueca y Chapí, el torero Frascuelo o el inventor Isaac Peral. Además del ya citado, el Marqués de Bogaraya, que comandaba el conocido como el Batallón del Aguardiente. El Café de Fornos no cerraba nunca. En los reservados del piso inferior se gestaron conspiraciones o, lo que era más habitual, citas galantes aprovechando la intimidad de los compartimentos.

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                                La tertulia de Vital Aza, en el Café de Fornos

El perro Paco entra en escena

Quiso la suerte que aquella noche el Marqués y aquel chucho se hiciesen amigos, y con semejante padrino entrase por pleno derecho al selecto Café de Fornos. El perro Paco (como fue bautizado por la festividad del día) dormía en las cocheras de los tranvías, por aquel entonces todavía tirados por mulas, sitas en la calle Fuencarral, que unían la Puerta del Sol con la glorieta de Cuatro Caminos. Cuando Paco se quería retirar rascaba la puerta de las cocheras que le eran franqueadas por el guarda. Paco era, nunca mejor dicho, un animal de costumbres, o todo un bohemio, como queráis llamarle. Ya famoso, nunca aceptó las muchísimas invitaciones para entrar en las casas de sus protectores.

Aquella noche en el Café de Fornos le arrimaron una silla y, como un comensal más, le pusieron un plato con carne asada que el perro, suponemos, engulló con delectación. Acabada la cena, pidió el Marqués una botella de champán. Y echándole unas gotas sobre su cabeza quedó bautizado como Paco, entrando en la leyenda. Para los parroquianos del Fornos invitar al perro Paco se convirtió en una costumbre. Paco se acercaba al Fornos, al que los camareros permitían pasar como personaje señalado que era. Siempre había alguien que le invitaba a un plato de carne que el perro, como había aprendido, comía subido en una silla. Como persona educada, esperaba a que su mecenas de turno se retirase acompañándole sin prisas hasta la puerta de su domicilio. Nos cuenta Natalio Rivas, por aquel entonces joven político y que asegura haberlo visto personalmente que, tras acompañarle, y rechazando toda invitación a entrar a la casa, se dirigía hasta su lugar de descanso, en las cocheras de la calle Fuencarral.

El perro Paco comenzó a frecuentar no sólo el Café de Fornos, sino el cercano teatro Apolo, nada que ver con el actual, y que estaba situado en el número 45 de la calle de Alcalá de Madrid, justo a la derecha de la iglesia de San José. Inaugurado el 23 de Marzo de 1873 tenía cabida para 1.200 espectadores, lo que le valió la popular denominación de la “catedral del género chico”. Y donde, por supuesto, le dejaban entrar. No había en Madrid portero o conserje que osase impedirle la entrada. Si había butaca libre, se sentaba. Y si el teatro estaba lleno siempre había espectadores que le hacían sitio. Una vez acabada la función y como costumbre adquirida por derecho, al Fornos, que ya habría algún amigo que le invitaría a cenar. Al poco otro de sus mecenas, don Felipe Ducazcal antes mencionado, le invitaba a desayunar a diario en el Café Suizo, situado en la acera de enfrente, en la esquina entre las calles de Alcalá y la de Sevilla. Con el bollo mañanero y su bistec nocturno del Fornos, Paco tenía la vida resuelta y bien resuelta. El can se había convertido en un icono de la época. Se escribieron canciones sobre él, los periodistas mencionaban su asistencia a los eventos como si se tratara de una celebrity más, e incluso se editó un periódico, El Perro Paco, donde se reflejaban las “opiniones” del chucho sobre política, arte, cultura, y todo lo debatible. Incluso se anunció una manzanilla de Sanlúcar bajo la denominación de El perro Paco, al precio de tres pesetas la botella.

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El perro Paco y los toros

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                                    La antigua plaza de toros. Al fondo, Madrid

Como madrileño de pro, Paco se aficionó a los toros. Por aquel entonces la plaza de Madrid se situaba entre lo que serían las calles Goya y Jorge Juan, de ahí la tradición actual de los toreros de vestirse en el Hotel Wellington, a un tiro de piedra de aquella localización. Los toros eran llevados a la plaza no en camión, que no los había, sino arreados a caballo desde las vegas de Aranjuez al mejor estilo campero cual auténticos cow-boys  del lejano Oeste y, ya en Madrid, por el paseo de las Delicias arriba, ganado bravo descendiente de la afamada ganadería sevillana de Veragua.

Los días de lidia los madrileños se acercaban a la plaza subiendo la calle Alcalá o, como se decía y se dice en el foro, por la “c’alcalá p’arriba”. Eran días de fiesta, ataviadas ellas con pañolón o mantillas, ellos con su mejor terno y claveles en la solapa. Los más pudientes en coches de caballos, algunos en tranvía, los más a pie. Y con ellos, el perro Paco. Ocupaba su localidad como uno más y, acabada la faena y muerto el toro, gustaba de saltar a la arena para pegar unos saltos, volviendo a la localidad cuando los clarines anunciaban el siguiente toro, lo cual era muy celebrado por los espectadores excepto algún purista, que siempre los hay, como don Mariano de Cavia, criticando en algunas de sus crónicas lo que consideraba indecoroso con la lidia.

La muerte del perro Paco

 Desde el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías lorquiano a la ¡Talavera, Talavera, qué triste suerte tu suerte!…por la muerte de Joselito El Gallo, el mundo taurino ha gustado lamentar con coplas y poemas la desgraciada muerte de sus héroes.  A toda una celebridad como el perro Paco, por desgracia, nadie supo cantarle.

La tarde del día 21 de Junio de 1882, festividad de San Luis Gonzaga, se celebraba en Madrid una becerrada “de las de convite”, del gremio de vinateros, en la que estaban anunciados Isidro Grané, Ernesto Jiménez, Enrique Gaire y José Rodríguez Miguel, más conocido en el mundillo taurino como Pepe el de los Galápagos, mote que debía al regentar una taberna en la calle de Hortaleza, frente a la fuente de los Galápagos. Todos ellos con la ayuda de Santos López, Pulguita, banderillero que formó parte de la cuadrilla de don Luis Mazzantini.

El último becerro de la tarde correspondió a Pepe el de los Galápagos, un ejemplar peligroso que demostró bravura y embestía con aviesas intenciones. El Pulguita no consiguió hacerse con él y menos aún El Galápagos. Como la faena se dilataba y el respetable se aburría, el perro Paco decidió saltar a la arena. Las crónicas se contradicen. No se aclaran si El Galápagos tropezó con él, o si Paco distraía en exceso al morlaco, pero el caso es que El Galápagos, nervioso,  lanzó un estocazo al chucho que le atravesó los ijares. Y allí se lió la marimorena. Mientras la plaza abucheaba al Galápagos por herir a uno de los personajes más queridos de Madrid, cerca de cien espectadores se arrojaron al ruedo, ignorando al becerro, con la intención de linchar al novillero, cosa que consiguió evitar la fuerza pública.

Quien tiene un amigo tiene un tesoro. Y a Paco no le faltaron amigos. El jefe de areneros, Pepe Chinchilla, tomándole en brazos lo condujo presto a la enfermería donde le hicieron unas curas de urgencia, aunque la cogida parecía grave. Se requirieron los servicios profesionales del veterinario don Ciriaco Baigorri que, viendo el mal estado del can, avisó a su colega don Francisco de Jaime y que a su vez convocó a un tercer veterinario, don Pedro Benito Aguado. Dice el refrán popular que…”un médico cura; dos, dudan; tres, muerte segura”… No dudamos de su competencia pero es cierto que Fleming tardaría aún sesenta años en inventar la penicilina, que el estoque del Galápagos había atravesado al pobre chucho de lado a lado y que posiblemente no había nada que hacer, pero el caso es que Paco falleció a los pocos días.

Otro amigo de los del Fornos de Paco, el torero Frascuelo, se hizo cargo del cuerpo y lo mandó disecar por el mejor taxidermista de Madrid, don Ángel Severini. Tras un breve periplo en un par de establecimientos, entre ellos una droguería sita en el 22 de la calle Desengaño (aunque las crónicas se contradicen si fue antes o después) el busto disecado del perro Paco acabó decorando una taberna taurina sita en el 89 de la calle de Alcalá, propiedad de aquel Pepe Chinchilla que lo condujo a la enfermería de la plaza. Podemos imaginarlo sin mucho esfuerzo, quizá flanqueado por sendas y serias cabezas de astados. No dudo de la buena intención del propietario, pero posiblemente también hubo en el lucimiento de los restos mortales del pobre Paco su poquito de lo que aún no se llamaba marketing, y podemos imaginar también los brindis que más de uno y más de dos, con los ojos húmedos no se sabe si por la emoción o por el vino, dedicaban a Paco levantando el vaso y recordando sus hazañas. Pero a Paco aún le faltaba un último viaje, y pasado el primer y lógico entusiasmo tampoco duró mucho tiempo en la taberna del Chinchilla. Acabó, anónimamente, enterrado en El Retiro.

Epílogo

La memoria de Paco entre los madrileños aún seguía viva pocos años después de su muerte. Hubo un personaje del que no he logrado encontrar el nombre aunque bien me hubiese gustado, que promovió una campaña para recaudar fondos y erigir una estatua al perro Paco. El caso es que, en muy poco tiempo y apelando al buen recuerdo del chucho, logró reunir la nada desdeñable cantidad de 2.900 pesetas de las de la época. Pero, si Paco era libre y bohemio, el recaudador demostró serlo todavía más. Según crónica de la época: …desapareció con el dinero y nunca más se supo de él…

El largo peregrinar de los manuscritos árabes. La Biblioteca de El Escorial y la Fundación Kati de Tombuctú. 2ª parte.

 

Quiero agradecer su cordial ayuda en lo referente al Fondo Árabe de la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial a su bibliotecario y antiguo prior, Don Jose Luis del Valle y, muy especialmente a una buena amiga, restauradora de cubiertas antiguas, por su abundante y valiosa información. Y en cuanto a lo que atañe a la Fundación Kati, a su depositario y conservador contra viento y marea Ismail Kati, siempre amable y de siempre interesante conversación, y a Manuel Alonso Navarro, al que conocí casualmente frente a la mezquita de Yingueraber cuando aún desconocía la existencia de los Kati, y junto al que emprendí una accidentada “huída” de Tombuctú, huída que significó el comienzo de una estupenda amistad. A todos, gracias.

El destierro del toledano

Arde Toledo o, de momento, arde La Magdalena. Mudéjares y conversos se han rebelado ante la creciente presión de los cristianos viejos que han acabado con la situación de tolerancia a sus instituciones, hasta entonces respetadas. Estamos en el día 22 del mes de Julio del año 1.467. Diez y seis años antes, en 1.451, se promulgan una serie de medidas restrictivas contra judíos y musulmanes. Los judíos protestan y alegan que ya Juan II en 1.450 -volvería a hacerlo en 1.452- había revocado normas similares, aunque los episodios de asaltos a las juderías han sido casi una constante desde la toma de Toledo por Alfonso VI el 25 de Mayo de 1.085, apoyado por los judíos, por cierto. En principio los nobles toledanos aceptan, pero sólo en parte, y las restricciones aumentan: prohibición de andar de noche, salir a la calle durante las festividades cristianas o llevar señales distintivas en la ropa que les identifiquen, entre otras.

La Liga de Nobles ha destronado simbólicamente a Enrique IV de Castilla en la llamada Farsa de Ávila, el 5 de Julio de 1.465, coronando a su hermanastro Alfonso como Alfonso XII -aunque en su momento se le conoció como “El Inocente”- con tan sólo doce años. No les duraría mucho, murió a los catorce de edad. Los cristianos viejos comienzan a limpiar Castilla de todo aquello que llevase sangre judía, ya fueran judíos o conversos, así como a los mudéjares y musulmanes convertidos al cristianismo. Mudéjares y conversos (para los cristianos viejos son la misma cosa) sintiéndose cada vez más amenazados y fuertemente armados han cercado la catedral, matando a dos canónigos y algunos fieles. Cuando se aproximan refuerzos, los rebeldes montan barricadas en puertas y puentes, pero los cristianos consiguen escapar de la catedral y la respuesta de los rebeldes es pegar fuego al próximo barrio de La Magdalena donde mil seiscientas casas van a quedar arrasadas. Tras varios días de lucha el fuego es controlado y los rebeldes reducidos. El cabecilla converso Fernando de la Torre es ahorcado para general escarmiento en la Plaza de Santa Leocadia, mientras que su hermano Álvaro lo será en la Plaza del Seco. Durante varios días más otros conversos continuarán dando ejemplo con su ejecución. La antigua tolerancia queda cortada en seco, quedando tanto judíos, como mudéjares o conversos excluídos de todo cargo público.

En 1.460 un mudéjar principal, descendiente de visigodos conversos al Islam, Alí Ben Ziyad al-Quti, ejerce como juez y autoridad entre la comunidad musulmana. Las crónicas -o las memorias familiares, sería más exacto- nos cuentan que además de su patrimonio, contaba con negocios de hostelería y restauración, como diríamos ahora. Pero tras lo que quedará para la posteridad como “Los Fuegos de La Magdalena”, su situación así como la de otros mudéjares empieza a ser muy complicada. Atrás quedan tiempos mejores, como cuando la Escuela de Traductores de Toledo, desde la toma por Alfonso VI hasta Fernando El Santo o hasta la muerte de su hijo Alfonso X, llamado El Sabio, cristaliza en el mundo de la cultura la tan proverbial convivencia de las tres culturas.

El 22 Dhu’l-Qa’dah del año 872 de la Héjira -el 22 de Abril del 1.468 de la Era Cristiana- Alí Ben Ziyad fue autorizado a abandonar Toledo junto a un grupo de mudéjares y conversos, llevando consigo algunas propiedades: algo de dinero y, sobre todo, sus bienes más preciados entre los que se cuentan sus libros, unos 400 manuscritos escritos en hebreo, árabe y aljamiado -castellano escrito bajo caracteres árabes-, compendios de astronomía, matemáticas, medicina y filosofía, que Alí Ben Ziyad ha podido reunir con facilidad en una ciudad como Toledo, sede que fue de la Escuela de Traductores. La condición impuesta para poder marcharse es dejar en la ciudad en calidad de rehenes a sus familias. Durante su exilio les enviará cartas. Todos confían, ¡inshaláh!, que el exilio sea breve y volver a reunirse con ellos, tarde o temprano, cuando la situación mejore aunque en su interior sospechan que será difícil. Jamás volverá a verles.

Los antepasados de Alí Ben Ziyad y el rey visigodo Witiza

…oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza… cuentan las crónicas. Algo debía de “cocerse” para tan negros augurios, y no andaban descarriados. Si el tema os interesa podéis profundizar algo más en la figura y las circunstancias de Witiza en la entrada de este blog titulada: De Toledo a Tombuctú y los descendientes de Witiza. Pero para entender de cómo la figura del mudéjar Alí Ben Ziyad surge en Toledo, os aclararé algunos datos.

Entre los nobles visigodos era costumbre escoger rey en asamblea. Con el tiempo se volvió una cuestión casi hereditaria, de padres a hijos, pero originalmente primaba la validez del candidato. Una cuestión que suscitó divisiones profundas entre ellos fue el enfrentamiento entre unitarios y trinitarios. La iglesia cristiana de los primeros siglos estaba dividida en múltiples sectas. Uno de los principales desacuerdos se basaba en la cristología, o la relación entre Jesús y Dios. Originalmente los visigodos practicaban el cristianismo basado en los principios del presbítero Arrio de Alejandría que sostenía la subordinación de Jesús respecto a Dios, lo que se definió en griego, la lengua culta de la época, como homoiusia (de diferente materia) para los arrianos. Dios sólo era lo que ahora llamamos Dios Padre, mientras que Jesús no compartía esa naturaleza divina.

La corriente oficial se había establecido en el Primer Concilio de Nicea, convocada por el emperador Constantino en el año 325, y sostenían que Dios Padre y Dios Hijo (Jesucristo) eran de la misma naturaleza, lo que llamaban la homousia (en griego, la consustancialidad). Una letra más, una letra menos, pero unos conceptos radicalmente enfrentados. Algo más tarde y en el Concilio de Constantinopla del año 381 convocada por el emperador Teodosio se añade la figura del Espíritu Santo, con lo que se constituye el dogma o “misterio” de la Santísima Trinidad. El denominarle “misterio” no fue a la ligera. Es una figura que, aunque hoy en día tengamos bastante asimilada en el subconsciente de la cultura cristiana, en su momento generó importantes debates teológicos y muchas controversias. Pero la poderosa iglesia de Roma con el apoyo del todavía fuerte Imperio Romano la acabó imponiendo. Sus partidarios comenzaron a llamarse los “trinitarios”-o católicos, de “universalidad”-  en oposición a los partidarios de Arrio, o “unitarios”. Por diferentes motivos, los recién llegados y cristianizados visigodos eran arrianos y, por tanto, unitarios.

En España la Iglesia tiene su sede oficial en Toledo. Dependiente de la casa madre de Roma y trinitaria, por tanto. Aunque en sus comienzos la nobleza visigoda se encuadra bajo la creencia unitaria, el rey Recaredo en el año 589 convoca el Tercer Concilio de Toledo donde se impone la doctrina trinitaria. El objetivo puede que fuese la reconciliación entre la Iglesia y la monarquía, y el apoyo de parte de la nobleza hispanoromana. No sin fuerte oposición y focos de resistencia, Recaredo implanta la doctrina trinitaria que pasa a ser la oficial a todos los efectos.

Oficial…para las altas esferas. Si para los eclesiásticos más preparados debió ser arduo entender el “misterio”, para las gentes de a pie, analfabetos en su inmensa mayoría, debía ser “cosa de los curas” que había que acatar como tantas otras bajo el riesgo de ser declarado hereje y morir bajo torturas, aunque nadie la entendiese, que tampoco se les pretendía discusiones teológicas, con acatar el dogma les bastaba. Fe, al fin y al cabo, significa creer ciegamente, con la proverbial e incombustible fe del carbonero, en lo que no se puede ver ni demostrar.
 
Tras más de cien años desde la conversión oficial de la aristocracia goda al catolicismo, Witiza da un golpe de timón y se declara partidario del unitarismo arriano. No podemos saber sus motivos, tan sólo especular. ¿Enfrentamientos con la Iglesia…convencimiento propio?…. Su decisión divide a los nobles visigodos: mientras unos vuelven al unitarismo arriano, otros siguen siendo partidarios del trinitarismo católico. Pero hay un hecho que resulta sospechoso. De los diez y ocho concilios de Toledo (desde el año 397 hasta el 702) se conservan las actas de todos…excepto del último, celebrado ya bajo el reinado de Witiza. ¿Perdido, destruído quizá…?. En los concilios se registraban tanto acontecimientos religiosos como las leyes promulgadas por el monarca de turno.
 
Aunque no podamos consultar las actas de ese último concilio, y cualquier especulación sobre su contenido está sujeto a la particular interpretación de numerosos autores, hay testimonios y comentarios que giran sobre él en los que, con una mezcla de escándalo y de asombro, se nos cuenta que, por ejemplo, Witiza autoriza el matrimonio de los sacerdotes y tolera la poligamia, amén de otras reformas “escandalosas” y que limitan el poder de la Iglesia. Es muy posible que Witiza regularice unas costumbres que se habían vuelto casi norma. La moral de la época no era la nuestra, y concubinatos (dentro de la iglesia) o poligamia (usual entre los judíos) no eran hechos aislados. 
 
Sea como sea y por estas u otras razones, efectivamente, “oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza”… De una forma que las crónicas reconocen como violenta, Witiza es encarcelado y desaparece del mapa. De su sucesor Don Rodrigo nos cuenta la historia su derrota a manos de los invasores musulmanes que, desde su foco original en Arabia, se van expandiendo y van dominando el Magreb hasta acabar desembarcando en Gibraltar. Las crónicas nos cuentan también que el gobernador de Ceuta y de la Hispania Tingitana, provincia española que comprendía la franja costera de lo que ahora es Marruecos, el conde Don Julian, solicita ayuda a los recién llegados para combatir a Rodrigo. ¿La causa?. Por una parte, por fidelidad debida al depuesto Witiza que le había nombrado gobernador. Y, por otra parte, el romancero cuenta que Rodrigo había violado o seducido a su hija, Florinda la Cava, por lo que Don Julian busca venganza para restablecer su honor. Como argumento de los abusos de Don Rodrigo cuenta el romancero con un toque muy fantasioso que cuando localizan a Rodrigo, ya derrotado y escondido en una cueva donde mora una enorme serpiente, ésta le está devorando y, en sus propias palabras confiesa: ya me come, ya me come, por do más pecado había…
 
Visigodos y musulmanes se enfrentan en la famosa batalla del Guadalete, que se extendió entre el 19 y el 26 de Junio del año 711, en forma de escaramuzas o combates abiertos. Durante esa semana los enfrentamientos son constantes. Ya apunta el romancero:
Las tropas de Don Rodrigo se desmayaban o huían cuando en la octava batalla sus enemigos vencían… En una de esas contiendas los partidarios y parientes de Witiza se largaron del campo de batalla dejando solo a Rodrigo, lo que condujo a su derrota. No fue sólo éso: a finales de ese mismo año Don Oppas, hermano de Witiza y obispo de Sevilla entrega la ciudad de Toledo sin combatir, completando su venganza.

En el libro La Revolución Islámica en Occidente su autor, Ignacio de Olagüe, sumamente documentado y obra de un erudito como sin duda lo fue -publicado por primera vez en París y en francés- argumenta que los primeros musulmanes que llegan a España y los pobladores hispanos con los que se encuentran, se entienden perfecta y pacíficamente. Ni imponen ni compiten por su religión. Los musulmanes luchan si acaso por desplazar del poder a la élite visigoda para ponerse ellos, pero el hecho es que la población les acepta sin ningún problema y numerosos nobles visigodos se islamizan y se integran con los recién llegados. Es una “conquista” que sorprende por lo rápida para la escasa fuerza de tan sólo siete mil soldados que cruzan el Estrecho, en barcos facilitados por el Conde Don Julián. Excepto alguna pequeña resistencia como la declarada en Mérida por los visigodos allí refugiados, o los focos en las montañas del norte, el país es dominado en un año y pico.

Hay otro hecho a tomar en cuenta: los musulmanes son unitarios (No hay más Dios que Alá, comienza la shahada,su declaración de fe), al igual que los judíos, para los que sólo hay un Yahvé. La masa de la población hispana posiblemente también. Y el sector visigodo como el que encabeza Witiza, se declara unitario. En cambio para los musulmanes, el trinitarismo de la Iglesia oficial y de Don Rodrigo y sus partidarios les resulta cuando menos extraño, y lo asimilan al politeísmo de los griegos. Para ellos, en absoluto respetable. El entendimiento es mucho más fácil con los unitarios, con los que se identifican

La visión, o la imagen que hoy día tenemos de los musulmanes como fanáticos intransigentes e intolerantes, dispuestos a la yihad (en árabe: el esfuerzo) o a reventarse con un cinturón de explosivos o a bordo de un avión, no tiene nada que ver con lo que debió ser la convivencia en la España de los Siglos VIII y IX. Según las actas de los diez y ocho Concilios de Toledo, desde los años 397 al 702, éste último misteriosamente perdido o eliminado, y que va detallando Olagüe uno tras otro, tanto musulmanes como judíos y cristianos eran indistinguibles por el aspecto y la vestimenta, y su religión se limitaba a un discreto ámbito doméstico. Según estas mismas actas, los matrimonios mixtos eran muy frecuentes.

Witiza ha muerto encarcelado por Rodrigo. Su hijo Agila II había combatido contra Don Rodrigo por el control de las provincias Tarraconense y Narbonense, y allí se queda. Su hijo mayor Alamundo -o Almundo- también se islamiza y adopta el apellido Quti: “el hijo del godo”, al que se le concede el derecho a seguir con su patrimonio de “mil fincas” en el Guadiana Occidental. La hija de Alamundo, Sara, se casa en Sevilla con Isa ibn Muzahim al que ha conocido en Damasco donde acude a reclamar ante el sultán la propiedad de esas tierras que su tío y hermano de Alamundo, Ardabasto, le ha usurpado. Sus descendientes serán los Qutiya: “los hijos de la goda”. Uno de sus descendientes directos, el cronista Abu Bakr Ibn al-Qutiya y autor del Ta’rij Iftitah Al-Andalus (Historia de la conquista de Al Andalus) nos cuenta aproximadamente en el año 900 que las campañas militares fueron escasas y poco importantes, al contrario de las políticas de pactos y relaciones. Los Quti han entrado en escena.

El exilio

Alí Ben Ziyad al-Quti al-Muttawakki (por su padre) al-Tolétuli al-Andalusí… así es como firma sus escritos cuando cruza el Estrecho: Alí Ben Ziyad el Godo, el Toledano, el Español… los nombres completos de los musulmanes parecen liosos pero nos dan información de su origen y su genealogía: el hijo de Muttawakk, el nieto de Ziyad…Un destino contra el que no puede luchar va alejando a Alí Ben Ziyad cada vez más de esa Toledo que, como él mismo cuenta en sus poemas, tanto añora. Desde Toledo marcha a Sevilla, que obra en poder de los cristianos desde que el 23 de Noviembre de 1.278 Fernando III la rindiera tras largo asedio, expulsando a sus moradores. Es parada corta, pues desde Sevilla parte hasta Granada donde un hombre de los conocimientos y la valía de Alí Ben Ziyad encuentra rápido acomodo en la corte nazarí. Pero la desgracia le persigue. Luchas de sucesión le hacen perder el favor del que disfruta y le obligan a marcharse -una partida más- de la ciudad.

Desde 1.464 hay treguas firmadas y respetadas entre Enrique IV de Castilla y Abú-l-Hasán de Granada. La situación es tranquila y Alí Ben Ziyad prospera. Enrique no quiere dispersar sus fuerzas inmerso como está en la lucha civil contra su hermanastra Isabel, la que tras su coronación será llamada “La Católica”. Pero en 1.470 Abú-l-Hasán reinicia hostilidades y emprende fuertes razzias que alcanzan Castilla. El asustado obispo de Toledo advierte al propio monarca:

tan poderosamente y hazer las crueldades que se hazen, matando y quemando y destruyendo sus tierras; esto parece un mal irreparable según la forma nueva deste rey de Granada, y la entrada que aora hizo o do muy grandes tiempos que moros no llegaron… 

El motivo de las razzias es doble: el granadino sabe que Enrique IV no pasa por su mejor momento y, por otra parte, está estableciendo contactos con dos focos rebeldes que le están dando mucha -literalmente- guerra, en las ciudades de Málaga y Almería.

Siempre según sus propias anotaciones o por la crónica familiar de su futuro hijo africano, un hijo que aún ni se imagina, sabemos que Alí Ben Ziyad recala en Ceuta, bajo dominio portugués y mera escala hacia el Marruecos musulmán, aunque Ceuta es ciudad pacífica y más enfocada al comercio que a la guerra. Juan I de Portugal la gana a los benimerines el 21 de Agosto de 1.415, de forma fulminante y casi sorpresiva. 30 años antes los portugueses se han quitado de encima la amenaza de Castilla en la batalla de Aljubarrota y están imparables. Pero Ali Ben Ziyad pretende bajar más al sur.

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     El periplo de Alí Ben Ziyad, aunque no consta la parte del viaje por Egipto y Asia

Durante los dos años siguientes viaja de un lado a otro. Las diversas crónicas no coinciden o, mejor, no aseguran si realmente Alí Ben Ziyad llegó hasta El Cairo y La Meca, aunque para un un hombre como él es más que posible que aprovechara la “ocasión” brindada por su exilio y, como buen musulmán, peregrinara a La Meca para cumplir con el precepto del Hayy (pronúnciese “Hash”).  En algunos escritos donde se le menciona se antepone a su nombre el “Hayyi” que sólo pueden llevar los peregrinos, y los musulmanes con esas cosas no bromean. Sabemos que de Ceuta se encamina a Fez, capital del Islam en Marruecos. Sin duda visitó la medersa de la gran mezquita de Qarawiyyin, centro del conocimiento generado y adoptado desde el mundo grecorromano por el mundo musulmán y orgullo de sus habitantes, los fasis. Desde Fez parte a Marrakesh donde intentará en vano tras una breve estancia  volver a establecerse, pero los conflictos dinásticos le obligan, por su seguridad, a marcharse. Su opción es abandonar Marruecos donde ve que no tiene nada que hacer, donde incluso y en su condición de andalusí, de “extranjero”, está mal visto en una corte llena de intrigas

El punto de partida es ahora Siyilmasa, antigua ciudad caravanera cuyos adobes vemos hoy desmoronados a las afueras de Rissani, al sur de Marruecos, testigos de su pasado esplendor. Siyilmasa, “la puerta del norte”, donde llegaron durante mil años las caravanas procedentes de Bilat al-Sudan, “el país de los negros”, cargadas de oro, marfil y esclavos, y que retornaban al sur atravesando el Sahara hasta ciudades como Ualata, Chinguetti, Uadan o la mítica Tombuctú, cargadas con sal, telas y otra valiosísima mercancía: manuscritos. Ali Ben Ziyad no podía adivinarlo desde Siyilmasa, pero su periplo acabaría justo al otro extremo, allá donde termina la ruta de las caravanas y los agotados comerciantes dan gracias a Alá por haberles librado de los bandidos, de la sed, de las tormentas de arena, del extravío y de la muerte.

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                              Corán de Ceuta, escrito en caracteres cúficos

En Ceuta compra lo que constituye una de las joyas de su colección, un corán terminado el 13 de Noviembre del año 1.198 según consta, pieza almohade con sus cubiertas grabadas en oro y redactado en escritura cúfica. De entre los diferentes estilos de la caligrafía árabe como el nashí y ruq’a -de tipo cursivo- , el thuluth o el diwani, la cúfica es una letra ornamental -de trazos rectos y no tan recargada de curvas como la cursiva- usada para inscripciones en piedra pero también para todo lo solemne, y el Corán de Ceuta sin duda debió parecérselo a los almohades que lo encargaron. Este corán en concreto es el primero de una serie de tres, copiado uno tras el otro -recordemos: Guttemberg ya ha inventado la imprenta pero tardará en llegar a África- y del que se conocían los otros dos ejemplares, uno en El Cairo y el otro en la medersa de la gran mezquita de Kairuán, en Túnez. De éste comprado en Ceuta se sabía la existencia pero se consideró perdido. No aparecerá hasta finales del Siglo XX. La familia lo ocultará para protegerlo.

En Siyilmasa berrean los camellos en los caravansares. Su descanso durará poco, barruntan partir cargados una vez más, girando el largo cuello y  viendo a sus camelleros ordenar las mercancías. Alí Ben Ziyad barrunta la cada vez más menguada esperanza del retorno. Su destino será atravesar el desierto suplicando a Alá, según su propio testimonio, para que le devuelva la felicidad perdida. Escribe en los márgenes de sus libros:

…salí de Toledo, tierra de los moros, camino del reino del sur, tierra de los negros, donde espero encontrar la paz… o también, lleno de dudas:

lloro mi país, lloro mis hijos, lloro mi tierra, lloro mi vida, lloro mi exilio, lloro la tierra de los godos…¡cómo dejar la tierra que tanto amé, el paraíso de este mundo!¿qué me espera en la tierra de los negros, tierra que no conozco?… 

Podemos fácilmente compadecerle, entender su desesperación. Es un exilado que añora su ciudad perdida, que escribe a su familia prisionera en Toledo, pero que aprovecha para ver, para conocer y para estudiar. Un alma inquieta como es la suya y entre tanta melancolía aún tiene tiempo para hacerse en los oasis del Tuat con otra de las que serán las joyas de su biblioteca particular, Kitab As Shifa, título completo Kitab As Shifa Bi Ta’rif Huquq Al-Mustafa, una biografía del Profeta que cambia el 22 de Julio del año 1.468  por 225 gramos de oro en polvo según anota minuciosamente en las márgenes del manuscrito, costumbre que él y sus descendientes continuarán y gracias a las cuales nos van a ir informando de los muchos avatares en la vida de la familia Quti.

Los oasis del Tuat se encuentran en el centro del desierto argelino, a unos 540km al sur de Siyilmasa y son parada obligada para las caravanas que atraviesan el Sahara. El viajero tangerino Ibn Battuta paró allí en 1.353 acompañando una caravana que conducía 600 esclavas entre otras “mercancías”, haciendo escala a su regreso de Tombuctú camino de Siyilmasa, y describe los villorrios escalonados a lo largo del oasis como áridos a pesar del agua de sus pozos, donde ni siembran ni cosechan nada, y donde sus habitantes se alimentan de dátiles y de langostas:

éstas son abundantes entre ellos…

se almacenan como se almacenan los dátiles y las utilizan para la comida, salen a cazarlas antes de la salida del sol porque en ese tiempo no vuelan a causa del frío… nutritivas son, sin duda, y como dice el refrán: a buen hambre no hay pan duro.

Abraham cresques

Atlas Catalán de Abraham Cresques, 1.375, de la Escuela de Cartografía Mallorquina, actualmente en la Biblioteca Nacional de París. 

La única riqueza natural del Tuat es el agua de los pozos. Caravanas como en la que viajó Ibn Battuta se detienen allí para rellenar sus odres y permitir abrevar a sus camellos, y donde los comerciantes aprovechan para intercambiar sus mercancías. Las principales: sal hacia el sur, oro hacia el norte. O manuscritos, como el Kitab As Shifa que compra Alí Ben Ziyad, entre otras cosas. Algunos comerciantes se instalan allí y entre ellos, los más activos, los judíos, que detentan el monopolio de la sal. Sus barrios en todo el Magreb son conocidos como mellah: la sal, cuya demanda en el País de los Negros, en el lejano Bilat al Sudan es tan fuerte que en algunos puntos se intercambia al mismo peso, sal por oro.

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Planchas de sal de las minas de Taudeni, a catorce días (en camello) al norte de Tombuctú, presente en todos los mercados del Sahel

Los judíos establecen colonias para controlar el comercio en cada estación de paso desde el norte hasta el sur y están perfectamente informados de la geografía del desierto. En ello les ayudan los cartógrafos -judíos, como la familia de Abraham Cresques- que, por encargo de los reyes de Aragón, trazan atlas de todo el Mediterráneo, vitales para la exploración y el comercio. En el conocido como Atlas Catalán figuran los oasis del Tuat y aparece un personaje coronado en el centro del borde inferior sosteniendo una gran pepita de oro en su mano derecha. Es el Kanka Musa,  Mansa Musa, emperador del reino de Meli, el hombre más rico de todos los tiempos, al que se le ha calculado un patrimonio de 400.000 millones de dólares actuales y que, partiendo de Tombuctú, peregrinará a La Meca en el año 1.324 con tal cantidad de oro derrochado a lo largo de su viaje que durante diez años hará que baje la cotización del oro en El Cairo.

El fin del viaje

Siempre según sus crónicas, Alí Ben Ziyad continuó su viaje desde los oasis del Tuat hasta Chinguetti, al norte de Mauritania. Su destino inmediato era el de la ciudad caravanera de Walata aunque dieron un rodeo por Chinguetti, evitando el árido y peligroso desierto del Tagant, una travesía de unos catorce días sin un solo pozo de agua, donde las caravanas a veces perecían de sed. Cuentan los viajeros que los que se atrevían a bajar directamente hasta Walata adelantaban emisarios para que, desde la ciudad, y a un punto distante dos o tres días antes de llegar, fuesen a buscarles con el agua que necesitaban y de la que habían agotado sus reservas. Pero el Tagant, dicen, es un desierto traidor lleno de yinns, de diablos que extravían a los mensajeros que se han atrevido a cruzarlo para que todos perezcan de sed.

Chinguetti es ciudad santa en Mauritania. Como casi todas las antiguas ciudades caravaneras, perdido su pasado esplendor, decrépita y comida por las arenas. Desde lejos se contempla el minarete de su mezquita, símbolo de Mauritania, coronado por huevos de avestruz como símbolos preislámicos de la creación y de la vida. Hoy los peregrinos viajan a La Meca en avión, pero antaño se agrupaban junto a la mezquita todos los musulmanes piadosos que querían cumplir con el precepto del Hayy  -a pie, por supuesto- y protegerse mutuamente en tan largo y peligroso viaje. Aquellos que lo conseguían regresaban a sus pueblos anteponiendo a su nombre el Hayyi de peregrino, respetados en su comunidad y consultados en casos de conflicto.

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Alminar de la mezquita de Chinguetti construída con la técnica de la “piedra seca”, sin aragamasa, sistema utilizado desde Wadán hasta Walata

Desde Chinguetti y vía Tishit llegó hasta Walata, la antigua Biru fundada por los negros soninke, que compitió con Tombuctú como la “puerta del sur” en el comercio transahariano de las caravanas del oro y la sal, pero que acabó perdiendo posiciones al gozar Tombuctú de puerto sobre el río Níger, lo que le facilitaba el comercio, esta vez ya en barcas, bien hacia Gao por el Este, bien hacia Yenné -que ellos pronuncian Yéne- por el Oeste. Walata es otra ciudad antaño próspera y hoy semiderruída, aunque los descendientes de los antiguos comerciantes -y hoy empobrecidos- siguen anclados en su dignidad cual si de hidalgos castellanos se tratase.

Walata, como Tombuctú, vive de sus recuerdos, de cuando eran ricas ciudades dedicadas al intercambio en la época de las caravanas. En el ambiente y en las gentes queda un rastro de grandeza aunque ya no comercian, ya no hay maestros ni escuelas coránicas de las muchas que acogió. Como en cualquier población del mundo venida a menos, se palpa un clasismo exagerado y trasnochado. Hoy en día Walata es famosa por la decoración de sus casas, que realizan las mujeres metiendo sus manos en barro rojo y blanco y trazando geometrías en patios y portadas, pero como ejemplo del complejo de superioridad de los herederos de los antiguamente ricos comerciantes, nos contaron allí que una mujer de la casta superior rechazó el trabajo de una haratin, descendiente de esclavos y la mejor decoradora del momento, indigna de poner sus sucias manos en tan digna vivienda…

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Para más información a los interesados en el origen y la técnica de la decoración en Walata podéis verlo en la entrada “Mauritania, entre ciudades perdidas y AlQaeda

Otro ejemplo más antiguo: cuentan los actuales walatís con bastante sorna que hace años e indignados los ricos comerciantes, al parecer por una ofensa a su jefe, iban a enfrentarse en una batalla campal a la casta de los nemadis, cazadores seminómadas bastante rústicos (lo que ya es decir mucho en el desierto), moradores de una barriada aparte en las afueras de Walata. Pero al contemplar desde lo alto de la duna que habían escogido como campo de batalla a los nemadis, y considerar los comerciantes que podían ensuciarse sus babuchas de seda y sus ricos vestidos bordados al menor roce con aquellos bárbaros, dejaron la pelea para mejor momento y a los desharrapados nemadis allí plantados…

Desde Walata continúa su camino hacia el sur, cruzando lo que hoy es la frontera con Mali. Ganas dan de entonar el famoso poema de Rodrigo Caro:…Éstos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora, campos de soledad, mustio collado, fueron en tiempos Itálica famosa…  Aún dentro de territorio mauritano debió de pasar cerca de otro lugar en tiempos muy próspero pero, para cuando Alí Ben Ziyad pasa por allí, ni él ni nadie recuerdan su existencia: Kumbi Saleh, la que fue capital del extinto Reino de Ghana (nada que ver con el actual país del mismo nombre) desde el Siglo VII, ciudad que contó con treinta mil habitantes repartidos en dos zonas. Al norte, los comerciantes musulmanes con sus doce mezquitas. Al sur, el palacio real de Ghana con sus jardines y dependencias. En el año 1.076, cuatrocientos años antes del viaje de Alí Ben Ziyad, los guerreros almorávides de la tribu shanaya –los zenetes que mencionan los cristianos- al mando de Abu Bakr la arrasan hasta los cimientos.

Pisando quizá sin saber las piedras de Kumbi Saleh y, quizá sin saber que estaba llegando a lo que sería el término de su viaje, Alí Ben Ziyad se va acercando a la ciudad de Gumbu, conocida en su momento como “la ciudad de los sabios”, hoy otro pequeño emplazamiento al norte de Mali, pero en aquel momento con medersa –universidad islámica- y asociado a ella, un gran comercio de libros. En Gumbu le esperan dos descubrimientos. Uno, el imperio de los shongay. El otro, una mujer: Khadiya Bint Abubacar Syla.

En familia

Los shongay comienzan a expandirse a partir de comienzos del Siglo XIV desde su región originaria de Gao, en las orillas del Níger, al este del actual Mali. Cuentan con el control y el dominio sobre el río Níger, para el que construyen una pequeña flota. Aprovechan la descomposición y debilidad del imperio Meli para ir ganándole terreno, aquel imperio del que fuera máxima autoridad el riquísimo Mansa Musa, el mismo que en 1.324 peregrinó a La Meca devaluando el precio del oro en El Cairo por todo el que derrochó. Pero como nos enseña repetidamente la historia, los grandes imperios acaban por caer, incapaces de abarcarlo todo. Los shongay apenas se han islamizado. Su emperador Sonni Ali Ber de hecho es animista y cuando conquista Tombuctú ignora e incluso persigue a los musulmanes. Su sobrino y sucesor, Muhammed I, el Askia, por el contrario, se ha convertido en un devoto musulmán. Cae Tombuctú en primer lugar y, más tarde, Yenné -que ellos, insisto, pronuncian Yéne, con acento llano y no en agudo como los franceses-. Desde Yéne y continuando hacia el norte y el oeste su reino incluirá entre otras zonas Gumbu, y en Gumbu se los va a encontrar Alí Ben Ziyad.

El imperio shongay se mantendrá con los altibajos, conspiraciones, derrocamientos y complots propios de todo imperio que en el mundo han sido, son y serán, desde los asirios a los chinos pasando por los romanos, por los incas…y los shongay, por supuesto. Su fin vendrá a manos de otro reinado, en este caso desde Marrakesh y de la mano de Yuder Pachá, capturado de niño por piratas berberiscos en las costas de Cuevas de Almanzora -en Almería- y que por su capacidad llegará a general del sultán. Aunque hay quien sostiene que Yuder Pachá era morisco -descendiente de musulmanes- las crónicas le describen como de tez clara y de ojos azules…además de pequeña estatura, lo que ya no es significativo. Yuder Pachá  comanda un ejército de más de siete mil hombres con los que durante dos meses y en dura travesía atraviesa el Sahara, perdiendo casi la mitad de sus efectivos. Los soldados de Yuder son en su mayoría moriscos procedentes de Al Ándalus y el ejército habla en castellano. Las listas del material están asimismo en castellano.

Cuando se enfrentan por fin al ejército de los shongay en la batalla de Tondibi en el año 1.591 -a las orillas del Níger, entre Gao y Tombuctú- son sólo cuatro mil contra cuarenta mil, pero van provistos de armas de fuego, lo que determinará su victoria sobre los shongay, armados tan sólo con lanzas y escudos de cuero, incapaces de detener las balas de los arcabuces. Los descendientes de estos moriscos se asentarán en Tombuctú como clase privilegiada, aunque se irán mestizando con las nativas y seguirán siendo conocidos en la ciudad como los “arma”, aunque hoy día ellos mismos lo pronuncien un tanto deformado, algo así como “úrruma”, por el nombre en español de las armas de fuego. El dominio marroquí se extenderá desde su conquista en 1.591 hasta 1.833, en que otros tomarán el relevo del poder. En este caso los peul -perdonad que me ponga pesado, aparece siempre escrito con la grafía francesa, pero en honor a la verdad ellos lo pronuncian píul-, pueblo de pastores seminómadas que se acaban de islamizar y avanzan con la fe y el arrojo de los neófitos. Pero me estoy adelantado mucho. Hemos dejado a Alí Ben Ziyad, recién llegado a Gurma, y estamos todavía en el año 1.471.

No sabemos porque nadie nos lo ha contado cómo era físicamente Alí Ben Ziyad. Sabemos que era descendiente de godos, de familia aristocrática y, seguramente, emparentadas siempre entre ellas como hace la nobleza para preservar su “pureza”, sus propiedades y sus privilegios, familias nobles de origen visigodo, manteniendo un físico posiblemente nórdico. No será descabellado imaginarle de piel, ojos y cabellos claros, quizá incluso de buena estatura, un “buen mozo”, como diríamos ahora.En Gurma su aspecto “exótico” para los africanos, sumado a su gran cultura de hombre de mundo, muy viajado y unido a sus conocimientos como ulema, doctor de la ley islámica, profesión que ya ejercía en la lejana Toledo, convierten al recién llegado en un personaje digno de interés. Para cuando Alí Ben Ziyad llega a Gurma el año 1.471 el emperador de los songhay, Sonni Ali Ber, que reinará desde el año 1.464 hasta 1.492 -morirá el año en que otros que ni conoce están descubriendo mundos nuevos que ni imagina- sigue expandiendo su reino. Ya domina Gurma y en 1.473 va a conquistar la ciudad de Yénne, famosa por su gran mezquita de estilo sudanés tras un largo asedio de varios meses. Igual que podemos imaginar el aspecto de Alí Ben Ziyad, podemos hacer un ejercicio de imaginación, y pensar cómo debió ser aquel primer encuentro entre el rey y el sabio, la atracción o la curiosidad que se despertaría entre Sonni Ali Ber y Alí Ben Ziyad.

Entre los admiradores y -sin duda- admiradoras de Alí Ben Ziyad no sólo blanco, sino con pinta de “sueco”se contó otra vital para la continuación de lo que será la dinastía Kati: la sobrina mayor del emperador, la princesa Kadiya Bint Abubacar Syla o, más abreviado familiarmente, Kadiya Syla. Un hombre de estado como Sonni Ali Ber y por muy animista que fuera debió pensar que no había que dejar escapar semejante “fichaje”. Y qué mejor forma que meterle en la familia. Alí Ben Ziyad era un hombre todavía joven y, como se suele decir, “cayó de pie”. Ni más ni menos que yerno del rey. No tenemos datos sobre la fecha de la boda, pero debió ser casi inmediata. Se acabaron las desgracias.

La biblioteca Kati

El emperador Sonni Ali Ber murió el año 1.492 y le sucedió su sobrino Muhammad I, el Askia, o el “usurpador”, mote que se puso él mismo, y bajo cuyo apodo reina hasta el año 1.528. Muhammad es hermano menor de Kadiya Syla con lo que Ali Ben Ziyad pasa de yerno a cuñado del emperador, ganando puestos en la corte shongay. Pese a su indudable valía y su experiencia como jurista y como administrador no todo era fácil. En Tombuctú a los andalusíes emigrados y que acompañan a Ali Ben Ziyad les conocen despectivamente entre la casta de ricos comerciantes, anterior a la llegada de los shongay -reprimida por ellos y como tal, rencorosos con estos privilegiados recién llegados- como los laluyi, los “renegados”, a los que acusan de estar emparentados con godos cristianos. Un poco por disimular es cuando cambian su apellido: de los al-Quti pasan a llamarse Kati. Un poco por apartarse de Tombuctú y de esa nobleza sometida y rencorosa, van gradualmente estableciéndose en Tindirma, localidad a la orilla del Níger, a unos 200 km río arriba.

No sabemos exactamente en qué fecha, pero tras la boda nació el primer hijo, Mahmud Kati. El primer Kati africano, y mestizo. Alí Ben Ziyad era godo, pero Kadiya Syla era negra, y ya se sabe cómo tira la genética hacia lo “oscuro”.  Los sucesivos matrimonios de los Kati, así como sucedió con los “arma”, se realizan con mujeres de la zona, de raza negra, y negra se vuelve la familia. El actual patriarca de la familia Kati, Ismael, personaje de gran afabilidad y sentido de humor y del que ya hablaré cuando toque, comenta riéndose  que en Tombuctú y sólo por sus orígenes andalusíes le catalogan como “blanco”, cuando su piel -dice, señalándose el brazo- es negra como el carbón.

Cuando el riquísimo rey de los MeliMansa Musa, volvió de su famosa peregrinación a La Meca, además de depreciar el valor del oro en El Cairo se trajo consigo a la corte a otro personaje de los de la época: el poeta y arquitecto As Saheli (pronúnciese “Sájili” como dicen ellos), con la misión de construir y embellecer sus palacios.  Su nombre completo sería Abu Isaq Ibrahim As Saheli  Al-Garnati… Garnati:”el granadino”, pues había nacido en Granada en 1.290, de familia de perfumistas árabes. Vivió el resto de su vida entre Gao y Tombuctú -donde murió el 13 de Octubre de 1.316- como arquitecto real, construyendo mezquitas con el característico estilo sudanés, y allí se casó y formó familia. Y comenta en sus Crónicas sahelianas, con un humor muy socarrón que, sus hijos…son negros como escarabajos… Una descendiente de As Saheli, Mariam, se casará con un KatiAlfa Mahmud Kati, biznieto de Alí Ben Ziyad y padre de Alfa Ibrahim del que luego hablaré. 

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En la azotea de la mezquita de Yingueraber, en Tombuctú, de estilo sudanés, una de las primeras obras del arquitecto granadino Isaq As Saheli

Mahmud Kati fue el equivalente a ministro de Finanzas y de Justicia en la corte shongay, así como virrey en la parte occidental del imperio. En Tombuctú tuvo ocasión de conocer a un joven con el que hizo amistad: Hassan bin Muhammed al-Wazzani al-Fasi ( lo que traducido sería: Hassán, hijo de Mohammed el alamín de Fez), más conocido en occidente como León el Africano. Hassán -o León- había nacido en Granada (¡otro “garnati”!) en 1.488 pero tras la toma por los Reyes Católicos se exilió con su familia a Fez, donde su padre había sido alamín -el encargado de controlar pesas y medidas-, donde estudió en la medersa de la gran mezquita de Karauín, y desde donde partió con su tío en un largo viaje diplomático desde el Magreb hasta Arabia, pasando por Kano (en Nigeria) y Tombuctú, donde conoció a Mahmud Kati. Con venticinco años fue capturado por nave cristiana en el mar, cerca de Creta, y llevado a Roma donde el Papa León X, asombrado por su inteligencia, le liberó en 1.520, le bautizó como León el Africano y donde, bajo su encargo, escribió -en italiano- un libro que marcó época, que se tradujo en toda Europa y que durante años fue la única fuente fiable de aquellos países lejanos: Descripción de África y de las cosas notables que ahí hay.

Como correspondía a su origen y posición Mahmud Kati fue un erudito, autor de textos de historia, de astronomía, derecho y medicina pero, por lo que ha llegado hasta nosotros, ha sido por ser el autor del Tarik Al-Fettash: la “Crónica del Viajero”, compuesta en 1.489, donde narra eventos de su propia familia, los Kati, además de sucesos históricos como los hechos del imperio shongay desde su tío-abuelo Sonni Ali Ber hasta el año 1.599, la primera historia de África contada por un africano. Obviamente  Mahmud Kati no vivió tanto como hasta 1.599, aunque se nos dice que muere en 1.593. Se supone que la recopilación final la compuso su nieto Ibn al-Mukhtar sobre los textos originales de Mahmud Kati. 

De hecho el Tarik Al-Fettash es la única obra del Fondo Kati de la que existieron copias fuera del propio Fondo. Cuando los franceses conquistan Mali en 1.893 ya saben de la existencia de la biblioteca y en concreto de esta obra y de su autor por testimonios secundarios, aunque no disponen de ella por más que buscan infructuosamente los libros por ciudades y aldeas, con lo que la acaban considerando perdida… En 1.896 se publicó un artículo en Francia hablando de Mahmud Kati y de su importancia como historiador. Pero hubo que esperar hasta 1.911 para encontrar una copia (no he conseguido encontrar referencias sobre su localización), lo que supuso todo un descubrimiento. Ya en 1.914 se había traducido al francés, descrito y comentado y, años más tarde, auspiciada bajo la UNESCO. Pero quisiera destacar cómo tan sólo en la copia original del Fondo  Kati –y no en las demás- es donde se narran los eventos de los andalusíes, como si posteriormente hubiesen sido censuradas.

Mahmud Kati fué el verdadero creador del Fondo Kati. A los cuatrocientos manuscritos que su padre llevó consigo desde Toledo, a los que se fueron añadiendo los libros que tuvo tiempo y afición de comprar por el camino, tales como el Corán de Ceuta, o el Kittab As Shifa cambiado por polvo de oro en los oasis del Tuat, a esos manuscritos paternos suma la biblioteca de su familia materna, heredada por su tío el rey Askia, hermano de su madre, biblioteca que a su vez han ido reuniendo poco a poco. Entre los manuscritos del Fondo Kati consta una carta que el emperador Askia escribe al sultán de El Cairo solicitándole “libros de religión”… Con ambas bibliotecas, materna y paterna, se constituirá lo que conocemos como el Fondo Kati. Y es en muchos de esos libros, dada la escasez y la carestía del papel, donde los Kati, generación tras generación, irán escribiendo anotaciones en sus márgenes donde podemos reconstruir los avatares de la familia, desde bodas hasta contratos, desde los nacimientos de los hijos a los fallecimientos.

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Manuscrito con los márgenes repleto de anotaciones, lo que en castellano se llamarían las “glosas”

Los Kati se fueron sucediendo. Mientras dura el imperio shongay, de cuya familia imperial forman parte, va todo bien. Pero en 1.591 llegan atravesando el Sahara desde la lejana Marrakesh unas tropas que diezman al ejército con sus arcabuces y se instauran como nuevos amos. Obedeciendo las órdenes del sultán saquean Tombuctú y, entre otras cosas, se llevan 1.600 manuscritos de la medersa de la mezquita de Sankoré (que ellos pronuncian Sánkore, en esdrújulo, aunque nos haya llegado en su versión francesa), centro de estudios islámicos, que acabarán por esas cosas de la historia y las vueltas que da la vida en la Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial. En Tombuctú el idioma de la administración, ahora que están gobernados bajo el control de los moriscos, es el castellano, y así seguirá al menos durante un siglo. Cambian las tornas para los Kati. Se alejan de Tombuctú, se instalan definitivamente en Tindirma  y en Kirchamba –aldea escondida entre marismas a unos 50 km de Tombuctú- y “por si las moscas” deciden, por primera vez, esconder sus libros.

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El método es simple: la familia ha ido creciendo y las diferentes ramas se han ido integrando con la población y dispersado por pueblos y aldeas de la Curva del Níger, lo que ellos llaman “la joroba del camello”. A lo largo de unos 500 ó 600 kilómetros el río traza una gran curva, se dirige primero desde Segú hacia el noreste para descender después, dirección sureste hacia Gao, y más allá. Es territorio intrincado, no una simple orilla de río. A lo largo de toda esa curva hay zonas de marismas, islas interiores, lagos e incluso un delta interior, el lago Debo, que inunda los alrededores en la época de las crecidas. Algunos de los Kati siguen prestando servicio en la administración de Tombuctú  pero la mayoría son ya simples campesinos. A cada jefe de familia se le entregan lotes de manuscritos con instrucciones precisas para que los guarden: emparedados tras los muros de adobe, enterrados dentro de cofres en los campos de cultivo…Le pregunté una vez a Ismail, cuando nos contó la última dispersión de los manuscritos, que cuántos eran en su familia, a lo que me contestó -como siempre- riéndose: …unos mil, ¡lo normal en África!…

Podemos reconstruir con bastante fiabilidad la genealogía de los Kati, o al menos las líneas directas, gracias sobre todo a esas anotaciones que hemos comentado sobre los márgenes de los manuscritos, algunos de ellos cuajados de notas. Sin andarnos por las ramas… colaterales, me refiero, de la familia, de lo que no es lugar ni momento , sabemos o deducimos algo sobre la familia que Ali Ben Ziyad dejó en Toledo. No tenemos constancia del nombre de su mujer toledana pero sí el de un hijo: Musa. Y sabemos que Alí Ben Ziyad murió en Gumbu. Del hijo que tuvo con la princesa Khadiya Syla, Mahmud Kati (nombre completo: Alfa Kati Mahmud al-Andalusí al-Tuláytuli al-Wa’kori) sabemos que nació en Tombuctú y se nos dice que murió en un lugar llamado Arkiya, el 27 de Septiembre de 1.593 (mucho me parece, con 120 años, no se descartan errores). De su mujer no tenemos el nombre aunque sabemos que era hija de su tío, el emperador Askia, prima suya por tanto.  Sí sabemos los nombres de sus cinco hijos (Ismail, Alí, Ibrahim, Yusuf y Al-Amín) de los que dos fallecen en Kirchamba, iniciada la diáspora tras la llegada de los “arma” a Tombuctú. Y, siguiendo la descendencia, vamos bajando: de uno de ellos, Alí, a Alfa Mahmud Kati, casado con Mariam – descendiente del arquitecto As Sáhili- ,  Alfa Ibrahim,  Abana,  Muhamad, Abd Al-Rahmán (por sobrenombre “Darhamán Sini-Kandi”, nos dicen), Hamma, Yayé Diadié y, por último, Ismael Diadié Haidara Kati, “nuestro” Ismail, nacido el 15 de Marzo de 1.957 en Tombuctú, aunque éso ya no hace falta que conste en los manuscritos, con esa facultad de seducción de los nacidos bajo el signo de Piscis.

Retrocedemos un poquito. A finales de mil seiscientos las cosas parecen tranquilizarse y el patriarca de la familia, Mahmud Kati II, vuelve a reunir los manuscritos aunque a su muerte deciden dispersarlos de nuevo. No será la última vez. El hijo de Mahmud Kati : Alfa Ibrahim  junto a su hijo Abana deciden volver a juntar los manuscritos, en cuyos márgenes comienzan a copiar y ya de manera sistemática textos en los márgenes sobre los andalusíes. Pese a tanta anotación no podemos dar por totalmente seguros los años. En 1.818 sabemos que el Seuk Amadú, de la etnia peul fulani, como también se los conoce, acaba de volver de La Meca, lleno de afán evangelizador digno de los actuales integristas, aplicando la sharía, la más estricta ley islámica allá por donde pasa. Ha reunido a su alrededor un ejército fiel de más de 10.000 hombres y desde su centro en  Hamdulalih  forma lo que se conoce como el imperio Mássina, que engloba la zona occidental de la Curva del Níger, dominando desde Ségu hasta Tombuctú, donde entra en 1.825 acabando con el dominio marroquí.

Los Kati que continúan viviendo en Tombuctú son muy mal vistos por los fulani, les consideran a la vez cristianos y judíos que mantienen ocultas sus creencias y, para colmo, se sabe que tienen manuscritos escritos en hebreo y en “cristiano” (se refieren a los aljamiados, escritos en castellano bajo caracteres árabes). Alfa Ibrahim es asesinado por los peul. Los Kati de Tombuctú, viendo las cosas francamente mal, deciden dispersarse por las aldeas de la Curva del Níger y olvidando sus antiguas ocupaciones administrativas o en la judicatura, van a disimular dedicándose a cultivar la tierra cual pacíficos labriegos. Algunos se llevarán sus libros. Su hijo Abana lamenta la dispersión de los manuscritos pero no puede entretenerse y con los que había conseguido reunir junto a su padre Alfa Ibrahim se marcha con su familia a Gundam, a unos 100 km. al este de Tombuctú, donde vive su suegro y amado maestro Ali Gao. Siempre les unirá un gran afecto, superior a la relación del maestro con el discípulo favorito que para él es. Para Abana, que se ha quedado huérfano, Alí Gao será como un padre.

La triste vida de Muhamad Abana

A Abana le pudieron las circunstancias. Acaban de asesinar a su padre y la intolerancia de los peul le obliga a abandonar su ciudad. Se siente obligado por fidelidad al recuerdo de su padre a volver a reunir la biblioteca familiar, de la que se supone es depositario. Y, para colmo, tiene diferencias con su mujer. Ella, Arkia Alí-Gao, es prima lejana de su marido. Por aclarar digamos que su padre, Alí Gao, era sobrino-nieto del padre de Abana, pero en familias como los Kati son frecuentes los intentos por no dispersar en exceso la cohesión familiar. Según cuenta el propio Abana él ya había decidido recorrer el país, aprender de los maestros e intentar recuperar los dispersos manuscritos de la familia, decisión que es muy mal recibida por su mujer, apoyada por su madre y sus hermanas (¡vaya panorama para el pobre Abana!). Sigue contando que una noche hubo tan fuerte bronca que hasta acudieron, alarmados, los vecinos. Aquella misma noche se marchó para no volver.

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                  La Rihla de Abana, en su edición en castellano, de la Editorial Almuzara

Deja todo el fondo manuscrito bajo el cuidado de su mujer Arkia y se marcha, posiblemente ya no aguanta más presión.  Abana escribe un libro que podemos conseguir traducido, editado por la editorial Almuzara -en cuyo fondo abundan los de tema andalusí- y en el que nos describe su periplo, penas y pensamientos: la Rihla (pronúnciese Rij-la), que podemos traducir como el “viaje” o la “crónica”.  El melancólico Abana comienza a recorrer pueblos y aldeas de la Curva del Níger hablando con unos y con otros. Tuvo tiempo para todo. Llegó hasta la lejana Chinguetti. Vivió temporadas con maestros sufís o astrólogos, estudió botánica y farmacopea. Incluso tuvo otros hijos con otras mujeres. Podemos definirlo como una mezcla de Quijote y de filósofo, siempre en la búsqueda del conocimiento, pero no olvida su tarea de compilador de la biblioteca. Negocia con parientes y con extraños la compra de manuscritos contándonos que los va cambiando por vacas o camellos, y todo lo que obtiene lo envía a la casa familiar.Su gran mérito sin duda es haber conseguido recopilar un total de dos mil manuscritos, incluso reescribir aquellos que se encuentran en mal estado y a los que hace llegar a Gundam, aunque él no los verá. A veces y vencido por la nostalgia decide volver con su familia pero, y así nos lo cuenta él mismo en la Rihla:  llegando a Gundam decide darse la vuelta en el último momento y encaminarse a Tindirma. Sin duda, un alma atormentada.

Tras leer y releer los manuscritos de la familia Abana, nos cuenta, tiene un sueño y es conocer aquel lejanísimo Al-Ándalus de donde proviene y que en, la distancia, idealiza. Para él, Al-Ándalus es un mito. Yo conocí Tombuctú en el año 2.003 y para entonces ya había muchísima más información, pero me contaron viajeros españoles que allá por mil novecientos noventa y tantos, cuando Ismail Kati comenzó con la debida cautela a desvelar el secreto de su “secreta” biblioteca y acompañado por granadinos de Granada, al hablar con descendientes de los “arma” y decirles que eran andaluces se les abrían unos ojos como platos…¡¡¡andaluces!!!, ¿de Al-Ándalus?….flipaban, me decían, porque para ellos Al-Ándalus era su tierra mítica de origen, pero que dudaban incluso para situarla en un mapa. Una cosa era Europa o Francia que conocían bien, incluso España pero…¡¡¡Al-Ándalus!!!…aquello era un mito perdido en los tiempos…

En un siglo en que muchos exploradores europeos quieren descubrir África, subvencionados por las Sociedades Geográficas que se fundan en Francia o Gran Bretaña con la obvia intención de primero descubrir para después colonizar y ampliar sus imperios en expansión, Abana se obsesiona con un viaje inverso, desde Tombuctú hasta Europa. El Atlas Catalán de Abraham Cresques y las narraciones que llegan a Europa a través de los comerciantes despiertan la codicia de todos por el oro y, en especial, por el mito -esta vez para los europeos- de Tombuctú, a la que se imaginan en la distancia pavimentada en oro. Mientras exploradores como el escocés Mungo Park o el inglés Gordon Laing se dejan la vida en el intento, otros como el francés René Caillié, el alemán Heinrich Barth o el malagueño Cristóbal Benitez vuelven para contarlo y para describir Tombuctú como una ciudad en completa decadencia. Pero la conquista se ha iniciado y cae en poder de los franceses en 1.893. Coincidiendo en el tiempo con aquellos intrépidos Abana desea conocer Al-Ándalus. Creemos que no lo consiguió. En todo caso se pierde totalmente su rastro, dejándonos la Rihla como recuerdo. Arkia le sobrevivió hasta 1.857, guardando fielmente los manuscritos y no sólo éso. Ya casi anciana, sin noticias de Abana desde hacía años y dándolo por muerto, buscó los hijos que éste había tenido con otras mujeres y se los llevó a vivir con ella, adoptándolos. Tanta fidelidad no valió de nada. A su muerte sus descendientes decidieron de nuevo dispersar los manuscritos.

Ismail Diadié Haidara Kati y el Fondo Kati

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     Ismail y uno de sus copistas, en los “buenos tiempos”, en su casa de Tombuctú

En 1.952 la tía de Ismail Kati pensó que había llegado el momento de volver a reunir el fondo. Nos cuenta Ismail que su padre, Yayé Diadié, en un sueño parecido al de su abuelo Muhammad Abana, quiso conocer Al-Ándalus pero sólo llegó a contemplar desde Tánger las costas, tan cerca y tan lejos, de Tarifa.  A la muerte de su padre, en el año 1.982 y  con venticinco de edad, a Ismail le toca la tarea de hacerse cargo de la biblioteca familiar. Semejante empeño le supuso quince años. A veces solo o, en ocasiones, acompañado de su tía, aldea por aldea, visitando a los numerosos familiares depositarios de los manuscritos para tratar de convencerles, para negociar su rescate -con las cosas de comer no se juega y todos tenemos un precio-  y poder recuperar casi todos, aunque hubo excepciones y alguno queda por ahí. Podría parecernos excesivo, quince años, hoy que contamos con teléfonos móviles y con internet para comunicarnos, pero en África las cosas funcionan de otra manera y, ni en aquellos años había esos medios, e incluso ahora, en muchas aldeas, no disponen de ellos. Y además allí no hay prisa. En África las distancias son largas, los caminos incómodos y una vez que has llegado la visita no se solventa con un simple café con pastas. La visita puede prolongarse una semana o más, en las que se habla de todo, en las que se pregunta por todos, y en las que se negocia. El tiempo en las zonas rurales de la Curva del Níger, de Mali y de toda África parece haberse quedado detenido. Como contaba el propio Ismail en 1.988:

seguimos casándonos y bautizándonos como en tiempos de Yuder, y nuestros padres siguen entregándonos militarmente sus espadas en cuyas empuñaduras se lee Córdoba y Granada…

Muy poco a poco, se fueron reuniendo los manuscritos. Escritos en pergamino, sobre papel vitelado, protegidos por cubiertas de cuero, la mayoría estaban y están en muy mal estado. Como saben los que trabajan con ellos es material muy frágil. Tras todos los avatares sufridos con anterioridad y a partir de la muerte de Arkia, en 1.857, los manuscritos habían permanecido enterrados o emparedados tras adobe, sufriendo año tras año la humedad, las crecidas del Níger y las termitas, cuando no sirviendo de pasto para ratas. Los manuscritos fueron llegando a Tombuctú. Actualmente el Fondo Kati consta de 12.714 manuscritos, lo que no supone doce mil libros. Una gran parte de ellos son una simple hoja: cartas, contratos, hojas sueltas…y dentro de esos libros hay un total de 7.115 anotaciones en las páginas, lo que constituye la verdadera crónica de la familia, los “cotilleos” al margen -nunca mejor dicho- de los Kati.

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Nos contaba Ismail entre las muchas anécdotas que suelta sin parar que, cuando a finales de los años 80 del pasado siglo y con casi todos los manuscritos reunidos en su casa, empezó a llover…Tombuctú está en el desierto pero, cuando en el desierto se pone a llover, llueve a raudales. Cuando caminas por la ciudad encuentras muchas casas derruídas. Construídas todas en adobe, el barato material de la zona, vuelven al barro del que están hechas por las esporádicas y copiosas tormentas. Las calles comenzaron a encharcarse, el agua comenzó a rodear la casa -de adobe- e Ismail entró en pánico….¡no puede ser, nos decía, que ahora ésto se inunde y los manuscritos se pierdan!…pero para entender la importancia y el respeto de los habitantes de Tombuctú a lo que sabían -allí se sabe todo-  que Ismail había reunido, sin que nadie les dijese nada, sin haberles pedido nada, sin decir una palabra, todos los habitantes de Tombuctú, negros, moros, tuareg, shongay o bambara se dispusieron como un sólo hombre a apilar sacos de arena rodeando la casa para contener la riada y evitar la catástrofe…¡qué lección de sabiduría y de solidaridad por parte de ésos que desde Europa contemplamos como moros o negros ignorantes y atrasados!…¡qué gran lección!…

Las bibliotecas de Tombuctú

El Fondo Kati no es la única. Ciudad con un activo tráfico comercial desde siglos, con una universidad como la de la mezquita Sánkore, con una tradición  de más treinta centros de estudios islámicos, los valiosos manuscritos copiados allí o llegados desde el norte a lomo de camellos eran muy solicitados. En otras ciudades antaño prósperas como Chinguetti, Wadán o Walatta en Mauritania, o Gao, Yéne y Tombuctú en Mali, muchas familias de los antiguos comerciantes guardan con mimo sus viejos libros.

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            Una de las antiguas bibliotecas de Chinguetti, en Mauritania

Tan sólo en Tombuctú se conocen más de sesenta bibliotecas. Algunas no tienen más que unos pocos ejemplares. Otras como las del Fondo Kati tienen esos 12.714 que ya hemos mencionado. La conocida como Mamma Haidara consta de unos 9.000 y fue creada por Abdul Kader Haidara en memoria de su padre, Mamma Haidara, cadí, académico y gramático sobre un fondo creado en el Siglo XVI por su antepasado Mohamed El Mawlud, y al que Mamma Haidara añadió manuscritos comprados en Egipto y Sudán. Cabe comentar que como su apellido (Haidara) ya nos hace suponer están emparentados con Ismail, con el que han colaborado en ocasiones.

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                  Parte de los fondos de la biblioteca Mamma Haidara

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               Tratados de astronomía de la biblioteca Mamma Haidara

Mucho más rica en fondos, unos 20.000 manuscritos, es la biblioteca Ahmed Baba. Contiene manuscritos desde los Siglos XIV al XVI. La mayoría en árabe, pero también en turco y en hebreo, y algunos en lenguas locales como el shongay, tamashek (la lengua hablada por los tuareg, variante del bereber) y bamanankán (de los bambara, población mayoritaria al este de Mali). Una de sus “joyas” es el Tarik Al-Sudan, Historia o Crónica del Sudán, escrita en 1.655 por Abd al-Sadi, erudito que trabajó en la administración para los “arma” de Tombuctú. El nombre dado a la biblioteca de Ahmed Baba es un homenaje a Abu Al-Abbas Ahmad Ibn Ahmad Al-Takruri Al-Massufi Al-Timbukti, más conocido -y más corto- como Ahmed Baba (Papá Ahmed, podríamos traducir), escritor y erudito shongay, decano que fue en la medersa de la mezquita de Sánkore.

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Ahmed Baba se le ocurrió la “genial” idea de protestar cuando, conquistada Tombuctú por Yuder Pachá, los “arma” comenzaron a abusar de la población, saqueando y robando. Como respuesta fue deportado a Marruecos y de paso los 1.600 libros de que constaba la biblioteca de Sánkore desaparecieron, aunque sabemos lo que pasó con ellos: fueron detrás de Ahmed Baba hasta Marrakesh, a engrosar la colección particular del sultán. Más tarde su hijo, Muley Zaydán se los quiso llevar hasta Agadir, como ya he contado en la primera parte de esta entrada. Y desde allí, todos, o en parte, fueron capturados por la Armada Real española al interceptar el barco en que Jean Philippe de Castelane los quería llevar hasta Marsella. Acabaron, desde la biblioteca de Sánkore, en la del Monasterio de El Escorial.

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Entrada de la biblioteca de Ahmed Baba, y portada en su memoria en Tombuctú

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La Ahmed Baba se creó bajo la UNESCO en 1.973 bajo el nombre de Instituto Ahmed Baba de educación Superior e Investigación Islámica, y cuenta con patrocinio de Kuwait, lo que sin duda le permite disponer de grandes medios a la hora de cuidar y mantener sus instalaciones, y modernizar algo tan importante como es el microfilmado y la restauración de los manuscritos.

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Pero hay algo muy difícil de controlar, como es la barbarie. En 2.013 y bajo la ofensiva yihadista, una de las cosas de las que se preocuparon los combatientes de Ansar Al-Din  (Defensores de la Fe, podemos traducir) ayudados por AlQaeda del Magreb, fue la destrucción de bibliotecas. Y la de Ahmed Baba resultaba muy golosa. Tiranos y dictadores siempre le han tenido mucha manía a los libros, ejemplos hay demasiados por desgracia a lo largo de la historia: la de Alejandría, las quemas de libros por los nazis, el Índice de libros prohibidos de la Inquisición, la destrucción de la librería del califa Al-Hakam de Córdoba por Almanzor, las de El Cairo o la de Damasco…los musulmanes argumentaban siempre lo mismo: si repiten lo que ya dijo Alá son inutiles, si lo contradicen son pecado… Para su desgracia el papel y el fuego hacen muy buenas migas. Afortunadamente para el Fondo Kati y como dice Ismael, sin perder la sonrisa, …llevamos más de quinientos años escondiéndonos, tenemos experiencia… A éso se une el que, y es importante, la biblioteca de los Kati es algo familiar y, por tanto, visceralmente más defendible. Los yihadistas también se acercaron a ella pero consiguieron engañarles y ahora mismo los libros se encuentran, otra vez, escondidos en lugar seguro, en casas de amigos de plena confianza.

Cuando se destapó en 1.998 la existencia de la “biblioteca perdida” – como se la llamó en su momento- de Tombuctú la reacción internacional en los medios académicos fue enorme: de repente salían a la luz miles de manuscritos de gran valor económico y, sobre todo, intelectual. Se comparó a los manuscritos esenios de las cuevas del Qumrán, en el Mar Muerto, pero como dice Ismail aquellos son escritos sólo de temas teológicos y no pasan de pocos cientos. En los del Fondo Kati se cuentan por miles, y se tocan todos los temas. Todos querían acceder a ella, todos querían investigarla.

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Conocí a Ismail en el año 2.005, con ocasión de una pequeña exposición que se hizo en Sevilla sobre el Fondo Kati, gracias a la amistad con Manuel Alonso Navarro al que conocí, como digo en la introducción, frente a la mezquita de Yingueraber, una de las primeras construcciones de As Sáheli en Tombuctú. Manuel es íntimo de Ismail, y cuando le conocí venían precisamente rodando un documental para el que recorrieron los escenarios que recorrió hace más de quinientos años Alí Ben Ziyad en su exilio desde Toledo, documental titulado “Fondo Kati. Testigo del exilio ibérico en Tombuctú“. Pude ver en Sevilla y en privado el Corán de Ceuta junto con otras veinte piezas: un tratado de oftalmología, una página en tamashek (lengua tuareg), creo recordar un manuscrito hebreo… Me sentía sencillamente alucinado. Recuerdo que me temblaban los dedos de la emoción sólo de rozar aquellas páginas, de pensar en la historia que llevaban a cuestas. En la conferencia que dio Ismael por la tarde en su correctísimo español -este hombre lo habla todo: árabe, bambara, shongay, tamashek, francés, inglés, alemán, italiano, alemán…y todo bien- y donde me dejó alucinado por su memoria, la memoria de los africanos, la de la tradición oral, le pregunté -y corría el año 2.005, estaban las cosas tranquilas- si no le parecería más conveniente depositar los manuscritos en lugar seguro, incluso en alguna caja fuerte en Europa. Su respuesta fue la siguiente: …estos libros no son sólo unos libros, son la familia, son nuestra historia, y debo siempre tenerlos cerca...

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Más tarde me comentó que alguna universidad norteamericana le habían ofrecido muchísimo dinero si se los daba en depósito, a lo que se negó…e Ismail suele andar siempre muy corto de dinero. Pero me contó otra cosa que refleja aún más su decisión de no dividir la biblioteca, al costo que sea. Cuando se supo lo del Fondo Kati y los manuscritos que contenía, apareció un día en el aeropuerto de Tombuctú un avión privado, perteneciente a un jeque de los Emiratos del Golfo Pérsico, un multimillonario como sólo los jeques de los Emiratos pueden serlo. El jeque venía con la intención de llevarse el Corán de Ceuta. Le colocó delante un cheque en blanco y le dijo: pon lo que quieras…lo que quieras….e Ismail volvió a negarse. La biblioteca no se separa.

En 2.003 -yo no tuve ocasión de verlo- se inauguró la sede de la biblioteca, con fondos donados por la Universidad de Granada y la Junta de Andalucía. Ismail vive repartido entre Tombuctú y Granada. A finales del siglo pasado había contactado con intelectuales de Granada y de otros sitios (José Saramago, Angel Valente, Antonio Muñoz Molina, Goytisolo…) que le apoyaron con entusiasmo en la tarea. Hubo su parte de “hispánica chapuza” en la construcción del edificio. En primer lugar se construyó con bloques de hormigón, poco adecuados en cuanto al control de calor y humedad que tanto daño pueden hacer a un material tan sensible como los manuscritos. Para la instalación eléctrica se trajeron desde España unas tomas que no coincidían con las clavijas que se utilizan en Tombuctú…

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Ismail, como digo, viene a España con frecuencia. Cuando le conocí en el 2.005 tuve ocasión además de conocer algunas personas muy relacionadas con él. Entre otras, la pintora Irene López de Castro con la que he seguido manteniendo contacto y de la que me honro en poseer alguna de sus obras, en las que valoro -aparte de su calidad técnica- el cómo capta sobre todo los personajes y la luz de aquella región. Irene ha estado varias veces en Tombuctú disfrutando de su hospitalidad y la de su familia. En varias ocasiones han coincidido en exposiciones -en España- compartiendo ambos su visión, una visión que confluye: la pictórica de Irene y la poética de Ismail. Conozco el país, conozco a Ismail y conozco a Irene, son exposiciones que procuro no perderme.

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A raíz de la amenaza que supuso para el Fondo la ofensiva yihadista, en el año 2.012 el grupo asegurador DKV se ha hecho cargo del patrocinio en cuanto al mantenimiento de los manuscritos y los traslados, incluyendo los necesarios para Ismail. Se prevén traslados y exposiciones temporales -la idea siempre es retornar a Tombuctú…cuando buenamente se pueda-  en el Centro Cultural de San Marcos de Toledo, en los Claustros de Santo Domingo en Jerez y en el castillo de Guzmán el Bueno de Tarifa, con el apoyo de los respectivos ayuntamientos. Como dice Ismail con su habitual socarronería: …hasta ahora he conseguido entenderme con el  PP, con el PSOE, con la Junta de Andalucía y con Ciudadanos…sólo me falta hablar con Podemos…

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El largo peregrinar de los manuscritos árabes. La Biblioteca de El Escorial y la Fundación Kati de Tombuctú. 1ª parte.

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Quiero agradecer su cordial ayuda en lo referente al Fondo Árabe de la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial a su bibliotecario y antiguo prior, Don Jose Luis del Valle y, muy especialmente, a una buena amiga y restauradora de cubiertas antiguas, por su abundante y valiosa información. Y en cuanto a lo que atañe a la Fundación Kati, a su depositario y conservador contra viento y marea Ismail Kati, por su amabilidad y de siempre interesante conversación, y a Manuel Alonso Navarro, al que conocí casualmente frente a la mezquita de Yingueraber cuando aún desconocía la existencia de los Kati, y junto al que emprendí una accidentada “huída” de Tombuctú, huída que significó el comienzo de una estupenda amistad. A todos, gracias…

 

Una lucha dinástica más, y una traición.

Las menguadas tropas que aún le permanecían fieles se habían conseguido refugiar con el sultán en el puerto de Safi, junto a su reducido séquito, sus mujeres y las pertenencias que había conseguido llevar con él al abandonar Marrakesh. Derrotado en la última batalla por el general Abu Malib, cada vez más acosado por las fuerzas de su hermano Muley Xeque, al que se podía peligrosamente considerar ya casi como su sucesor, el sultán intentó una última jugada. Aún tenía bastante oro como para contratar un barco que le sacase de Safi y escapar de su ambicioso hermano. Temiendo traiciones entre los musulmanes ante la visible pérdida de su poder, negoció sin saberlo otra traición, esta vez con el capitán provenzal Jean Philippe de Castelane, su transporte hasta Agadir. Llegados a este puerto, el capitán reclamó el pago íntegro del flete antes de entregar la carga. Pero al no serle satisfecha la suma previamente acordada de tres mil ducados, aprovechó la noche para zarpar rumbo a Marsella llevándose consigo las pertenencias del derrocado Muley Zaydan, entre las que se encontraba la rica biblioteca de su padre, el anterior sultán de la dinastía saadí, Abu-l-Abbas Ahmad al-Mansur al-Dahabi, más conocido como Ahmad al-Mansur, en árabe: “el Victorioso”, debido a ser el ganador de la batalla de Alcazarquivir, más conocida como la de los Tres Reyes. 

Sus victorias no se limitaron tan sólo a Marruecos. En el año de 1.590 envió una expedición que atravesó a pie el desierto del Sahara en una agotadora marcha de dos meses, que redujo el número de soldados casi a la mitad: de 7.000 a 4.000. Desde Marrakesh querían llegar hasta Tombuctú, atraído el sultán por la fama del oro y las riquezas. El cuerpo expedicionario superviviente de 4.000 soldados estaba integrado principalmente por moriscos llegados de España, hispanoparlantes por tanto, e incluso las listas de la intendencia aún las podemos consultar, y están en castellano. Los comandaba Yuder Pachá, capturado de niño por los berberiscos en Cuevas de Almanzora, aunque criado y educado en Marrakesh.

En Noviembre  de aquel año y ya junto al Níger se enfrentaron a un ejército de 40.000 guerreros shongay en la batalla de Tondibi, cerca de Gao, a los que derrotaron por la gran ventaja que les supuso el llevar armas de fuego, enfrentadas a las lanzas y escudos de cuero y paja de los shongay que, contra los arcabuzazos, no les valieron de nada. Desde entonces a los descendientes de aquellos moriscos que se asentaron en Tombuctú se les conoce como “armas” -“úrrumas” tal y como las pronuncian ahora-, por la palabra en castellano, del que conservan en su dialecto muchas otras. El dominio marroquí en Tombuctú y la Curva del Níger se extenderá hasta 1.833 pero hasta 1.618 al menos la lengua usada en la administración será el castellano.

Pero como los manuscritos árabes tienden a ser muy peregrinos, y aunque volveré a Tombuctú cuando toque hablar de los de la Fundación Kati, cabe aquí mencionar que tras la conquista de Tombuctú por las tropas comandadas por Yuder Pachá, parte del botín se hizo con 1.600 manuscritos árabes que figuraban en la medersa o universidad islámica de la mezquita de Sánkore (según pronuncian ellos). De Tombuctú viajaron a lomo de camello hasta Marrakesh, a la librería de Ahmad al-Mansur. Su hijo Muley Zaydán, como veremos con más detalle y por los avatares de la guerra, se los llevó al puerto de Safi, de donde el francés Jean-Philippe de Castelane los transportó hasta Agadir. Y desde Agadir, con la intención de navegar hasta Marsella, fueron interceptados por la Armada Española yendo a dar ya no con sus huesos sino con sus lomos hasta la Biblioteca de San Lorenzo. Largo peregrinar, desde Tombuctú hasta El Escorial.

Moriscos y corsarios

Los barcos de la Armada Española solían patrullar frente a las cotas de Salé, intentando evitar la práctica del corso. Larache servía de base a los españoles al haber sido cedida a Felipe III por Muley Xeque, en agradecimiento o como pago por su apoyo frente a Muley Zaydán y, teniendo Larache en su poder, controlaban la costa que llamaban de la Mámora, por lo que Salé se convirtió en uno de los pocos puertos marroquíes en el Atlántico. Pero para los marroquíes disponer de Salé tampoco fue posible.

En 1609 se establecieron en Marruecos unos 40.000 moriscos, tras el decreto de expulsión dictado por Felipe III. La mayoría se establecieron en las ciudades del norte (Tetuán, Tánger, Xauen o Fez) pero 10.000 de ellos, por diferentes circunstancias que no vienen al caso, acabaron estableciéndose en Rabat y en Salé, a ambos lados del ancho estuario del río Bu Regreg. Rabat había sido fundada por el sultán almohade Yuqub al-Mansur (otro “victorioso”) tras su victoria en la batalla de Alarcos, en 1195 contra el rey castellano Alfonso VIII. Aunque hoy día sea la capital marroquí, en 1.600 estaba en un estado ruinoso y prácticamente abandonada, apenas la habitaban un centenar de pobres viviendas.

Salé, en la orilla norte del Bu Regreg, por el contrario tenía una población estable de musulmanes y judíos sefarditas, expulsados de España por los Reyes Católicos tras la toma de Granada. El sultán pretendió establecer una base de corsarios, flota formada sobre todo por moriscos y controlada por un caid al que se pagaba el 10% de los botines. Pero en 1626 los moriscos mataron al caid y se declararon independientes. De aquellos moriscos, cerca de dos mil procedían de la localidad pacense de Hornachos que, debido a estar mejor organizados, se hicieron con el control de lo que se conoció como “La República de las Dos Orillas”.

La República de los “hornacheros”, como se les conocía, se mantuvo hasta 1668. En sus mejores momentos contó con una flota de más de cuarenta barcos y sus fortificaciones estaban protegidas por 68 cañones que apuntaban al mar en previsión de ataques. Los hornacheros mantuvieron relaciones diplomáticas con Holanda e Inglaterra al convertirse en un activo centro comercial, aunque su actividad principal fue la piratería. Actuaban en el Estrecho de Gibraltar y en el Mediterráneo, aunque en sus correrías también capturaban barcos en el Atlántico, llegando en sus incursiones hasta la lejana Islandia.

La anécdota “sentimental” por parte de los hornacheros fue el intento de llegar a un acuerdo con Felipe IV, para lo cual hicieron llegar una larga carta al Duque de Medina-Sidonia en 1.631 en la que, entre otras cosas, proponían entregar la ciudad… por el gran amor que tienen a España, pues desde que salieron suspiran por ella… Proponían que se les dejase volver a Hornachos, indemnizar a los vecinos que hubiesen ocupado sus casas y tierras, entregar sus 68 cañones y sus barcos, que les respetaran haciendas y privilegios, demostrar su fe cristiana….pero las negociaciones no prosperaron y los hornacheros debieron seguir dedicándose al corso.

Corría el mes de Junio del año 1.612. Tres -hay quien dice cuatro- bajeles de la Armada Española gobernados por Pedro de Lara, lugarteniente del almirante Luis Fajardo que patrullaban cerca de Salé, apresaron al navío francés Nôtre-Dame-de-la-Garde, comandado por el capitán Jean-Philippe de Castelane. Castelane era cualquier cosa menos un comerciante. Había llegado a Safi con cartas de Luis XIII y del Duque de Guisa, y había sido el cónsul francés en 1.610, bajo el reinado de Enrique IV, con el fin de repatriar a sus compatriotas capturados. Hay quien aventura que se hubiera puesto en secreto de acuerdo con los españoles pero, ¿para qué, si su propósito seguramente y a todas luces sería el de hurtar las propiedades de Muley Zaydan y llevárselas a Marsella?…Conducido a Cádiz fue juzgado como pirata y, como tal, condenado a galeras. Y como suele suceder con los “agentes especiales” pillados en falta, Francia se desentendió de su pirata.

Los libros de la librería del padre de Mulay Zaydán

Muley Zaydán y contra todo pronóstico logró restablecer sus fuerzas, derrotar a su ambicioso hermano y regresar, victorioso, para poder descansar en sus añorados palacios de Marrakesh. Pero,aunque restablecido en el trono, no se olvidó de las pertenencias robadas arteramente por el ex-capitán y ahora galeote Jean-Philippe de Castelane y, muy especialmente, de la valiosa librería -como se la llamó en su tiempo- reunida por su padre, el sultán Ahmad al-Mansur, lo que consideró su mayor pérdida. Mulay Zaydán estaba perfectamente informado de que la librería obraba en estos momentos en poder de la Corona española, a donde dirigió en primer lugar sus quejas, por una parte, y sus reclamaciones. Pero la respuesta de Felipe III fue contundente: el botín no se había robado a Marruecos, sino capturado en barco francés y, por tanto, a Francia. Añadiendo que este botín…era contrabando, y contrabando de buena presa es contrabando… Las cosas claras.

Con posterioridad y bajo las salidas de códices del Fondo Árabe con “pasaporte legítimo” hubo alguna devolución al Reino de Marruecos. En 1.776 y ante una visita al Monasterio por parte de una delegación marroquí llegada para un Tratado de Paz y Comercio, siempre con el permiso del rey, le fueron regalados varios códices. Y en 1.880 el embajador Muhammad ibn Utman, llegado para restablecer las buenas relaciones entre España y Marruecos y en visita a la biblioteca seleccionó catorce códices, bajo el beneplácito de Carlos III. Hay que señalar que en la primera visita y para no tentar la suerte, se ocultaron los más valiosos de la librería de Mulay Zaydán, diciendo que se habían perdido durante el incendio de 1.671. Mentiras piadosas…los diplomáticos siempre han de ser así: cuando dicen tal vez, realmente están diciendo no…

Agotada la vía del pedir favores a Muley Zaydán le quedaba intentar la del rescate. Ofreció una elevada suma a Felipe III quien la rechazó, pidiendo a cambio la liberación de los cautivos cristianos que hubiese en Marruecos. Aunque como “el rey prudente” se conoció a su padre Felipe II, Felipe III anduvo igual de prudente y esperó antes de devolver nada a cambio de nada. Pasados dos años y dado que la petición no se cumplía, el rey solicitó un Dictamen del Consejo de Estado sobre el cual resolvió que dicha librería aráuiga se trasladase a la Real Biblioteca del Monasterio del Escorial, donde ingresó en 1.614.

No es de extrañar el empeño del sultán por recuperar la librería de su padre. Según Gurmendi, de quien hablaré a continuación, el número de manuscritos procedentes de la Biblioteca Real Marroquí de Marrakesh y con la marca de la dinastía sa’adí ascendía a cuatro mil, veinte o treinta menos, de los cuales más de quinientos y, siempre según el testimonio de Gurmendi, estaban desenquadernados. Sería excesivamente prolijo hacer relación de ellos, pero solo comentar que, excepto aquellos desenquadernados,  la mayoría estaban cuidadosamente provistos de tapas de piel ricamente labradas en relieve y con ribetes de oro, algunos incluso adornadas sus cubiertas con piedras preciosas. Tratados de leyes, de gramática, de medicina, de astronomía, de filosofía…y, por supuesto, algunos Coranes.

El más famoso, el llamado Corán de Mulay Zaydán, realizado según consta en el Folio 264 por encargo de su padre, el sultán Ahmad al-Mansur en la mezquita del Palacio al-Badi  de Marrakesh y terminado el 13 del mes Rabi’a del año 1.008 de la Héjira, 2 de Noviembre de 1.599 de nuestra era cristiana. Encuadernado con piel de cabra blanca, estampado en oro, cantos dorados así como los herrajes. Escritura de tipo mabsut: la reservada a la escritura del Corán. Los títulos de las suras, en cúfica oro sobre fondo azul….toda una joya. Sin duda a Mulay Zaydán le llevaban los demonios la desgracia de haberlo perdido. Sobre el original albergado en la Biblioteca de San Lorenzo se han hecho algunos pocos facsímiles por expertos según reproducción fiel -fidelísima como corresponde- , cuya cotización ronda los 3.700 euros.

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                                       Facsímil del Corán de Mulay Zaydán

Los arábigos y los Plomos del Sacromonte

Como se lee en la carta del rey al prior de San Lorenzo, fechada el 6 de mayo de 1.614, la entrega e instalación se hicieron bajo la supervisión de Francisco de Gurmendi, a quien le había sido entregada por el mismo Felipe III para que la ordenase…por sciencias y facultades…  El guipuzcoano Gurmendi servía en la corte de Felipe III en la… traducción e interpretación de las lenguas arábiga, turquesa y persiana… El conocimiento de tan inusuales lenguas le venía a Gurmendi por la circunstancia de haber sido discípulo de Diego de Urrea, de supuesto origen calabrés, capturado de niño por corsarios berberiscos y educado en Tremecén, Argelia, donde compartió enseñanzas con el entonces joven príncipe Muley Xeque -causante indirecto de la llegada de la librería de Mulay Zaydán al Monasterio-, y donde adquirió el dominio de la lengua árabe, así como de la… Turquesa, Persiana y Tártara… 

Diego de Urrea fue nombrado en 1593 a petición del entonces rey, Felipe II, profesor de lengua árabe en la Universidad de Alcalá. En 1.595 el rey exige -tal cual, poder real, sin opción- a… Arias Montano y al arávigo…, o sea, Urrea, que traduzcan los recién encontrados Plomos del Sacromonte y, un año más tarde, se les conmina a trasladarse a Granada… y no salgan della… –sigue quedando bien clara la voluntad real- para asistir a la traducción de dichos libros.

Benito Arias Montano fue otro de los arábigos y todo un personaje de la época. Nacido en la localidad pacense de Fregenal de la Sierra en 1.527, estudió varias disciplinas en las que destacó, y entre otras el estudio de latín, griego, árabe, hebreo y sirio. La Inquisición siempre le tuvo en el punto de mira por sus “desviaciones” en cuanto a la interpretación de la Biblia Vulgata y, posiblemente, se libró de morir en la hoguera gracias a la protección que siempre le dispensó Felipe II . Cabe añadir que Fregenal de la Sierra fue uno de los “puntos calientes” junto a la cercana Sevilla de lo que se llamó los “iluminados”, una especie de pre-protestantismo español y, como tal, perseguida con saña. Del mismo Fregenal y con cuatro años de diferencia era Cipriano de Valera, conocido de Arias Montano en su época de estudiantes en Sevilla y religioso en el monasterio de San Isidoro del Campo, muy próximo a las ruinas de Itálica. En el verano de 1.557 y sabiéndose vigilados de cerca por la Inquisición doce monjes, entre ellos Valera, consiguen huir a Ginebra y ser condenados “en ausencia”. Otros cuarenta monjes no tuvieron tanta suerte: fueron quemados vivos, bajo la acusación de herejía.

El 18 de Marzo del año 1.588 se decide derribar la Torre Turpiana, el minarete de la antigua mezquita mayor de Granada. El hallazgo de una caja de plomo conteniendo restos humanos, una imagen de la Virgen y un pergamino manuscrito -con textos en árabe- detuvo la demolición. Se dieron para la traducción a dos notables de la ciudad, moriscos conversos, Miguel de Luna y su suegro Alonso del Castillo. En el pergamino constaba una profecía de San Juan sobre el fin del mundo que San Cecilio, arzobispo de Granada, había hecho ocultar para que no fuese profanado por los árabes. Pero el pergamino de la Torre Turpiana contaba algo más: cual mapa del tesoro daba vagas pistas sobre la localización de otros escritos portentosos ocultos en las proximidades de la ciudad.

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                                            El manuscrito de la Torre Turpiana

Lo de los Plomos del Sacromonte es una de esas historias dignas y comentadas por su aura de misterio por entusiastas profesionales del esoterismo como Jiménez del Oso o Iker Jiménez en programas como Cuarto Milenio y similares. Los tales Plomos consistían en 21 libros formados por 223 planchas circulares de plomo … con extraños dibujos e inscripciones latinas y árabes… de factura morisca… salomónicos según comentaron en su momento, que habían sido halladas entre los años 1.595 y 1.599 a las afueras de Granada, en la colina de Valparaíso, desde entonces conocido como el Sacromonte. Para su traducción fue para lo que se “exigió” a arábigos como Benito Arias Montano y a Diego de Urrea ir a Granada y no salir hasta que no quedasen traducidos a satisfacción de la Corona.

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                                                   Los Plomos del Sacromonte

Como es de imaginar, semejante hallazgo levantó auténticas polvaredas. En su momento llegaron a ser interpretados como un Quinto Evangelio revelado por la Virgen -en árabe, éso sí- para ser divulgado en España. Hubo autores cristianos como el arzobispo Pedro Vaca de Castro que apostaron incondicionalmente por su autenticidad. Otros, como su traductor Benito Arias Montano, manifestaron serias dudas al respecto. La crítica filológica e histórica parece determinar que pudo ser obra de moriscos de alta posición en los años posteriores a la Rebelión de Las Alpujarras, y se sospechó de Miguel de Luna y Alonso Castillo, los traductores del pergamino de la Torre Turpiana, en un intento de conciliar el cristianismo “islámico” de los moriscos con el catolicismo castellano. En 1.682 fueron definitivamente declarados falsos y heréticos por el Papa Inocencio XI.

El Fondo Árabe de la Biblioteca de San Lorenzo

Felipe II, monarca debatido, mantuvo siempre gran preocupación por todo lo intelectual. Siendo todavía príncipe ordena comprar en Valencia, en 1.542 -a sus catorce años de edad-, un Corán a través de Gil Sánchez de Baeza: …un libro de alcorán que mandó su alteza comprar…(citado por Jose Luis Gonzalo Sánchez-Molero, La “Librería Rica” de Felipe II: estudio histórico y catalogación, en Archivo General de Simancas).  Desde 1.567 y siendo ya rey se reúne en el Monasterio un fondo bibliográfico que no para de crecer, comenzando por la librería particular del monarca. Y como parte importante, la del Fondo Árabe. Formado a base de compras por toda Europa, de copias de libros prestados, de adquisiciones a particulares, de donaciones como la del propio Arias Montano, entre ellos 19 libros Aráuigos. O la célebre biblioteca de Diego Hurtado de Mendoza, donada por disposición testamentaria según dice el mismo Mendoza poco antes de morir, el 14 de Agosto de 1.575, a Hernando de Briviesca, guardajoyas de Felipe II: …cuenta de lo que tenía hecho, que es haber dado a su Mg. sus libros y pinturas y antiguallas… El rey aceptó el legado condonando la elevada deuda que el antiguo embajador tenía con él, encargando a su secretario Antonio Gracián el reconocimiento y traslado de la biblioteca. De los 853 códices registrados, 268 corresponden a los Lingua arabica manuscripta.

A primeros de marzo del año 1.577 el rey Felipe II requiere a su “hombre de confianza” Benito Arias Montano para organizar la entonces joven Biblioteca, a lo que el arábigo  accede por fidelidad al rey aunque, según cronista, de la misma…malísima gana… con la que se encargó del asunto de los Plomos del Sacromonte.  En 1.579 ya es nombrado oficialmente como Librero Mayor de la Laurentina. Hombre sin duda puntilloso y responsable tuvo a su cargo la ardua tarea de poner inicialmente orden en semejante colección de legajos, tarea que le ocupó diez meses, ordenándolos por idiomas: lenguas vulgares -las habladas en Europa: castellano, francés, italiano, toscano, – junto a las obras en latín y griego, y las que constituirían el Fondo Árabe: en árabe, persa y hebreo, principalmente, y para dejar clara la propiedad el diseño de las cubiertas, en piel de becerro y con la parrilla, símbolo del martirio de San Lorenzo, estampada dentro de un óvalo en el centro de la tapa, con instrucciones a veces precisas del propio Felipe II.

Alonso del Castillo es otro personaje digno de comentario, y al que ya mencioné junto a su yerno Miguel de Luna en el extraño asunto del pergamino hallado en la Torre Turpiana y los Plomos del Sacromonte. Su padre, morisco principal, nació bajo el dominio nazarí y fue de los obligados a convertirse al cristianismo en 1.500, tras la toma de Granada por Los Reyes católicos en 1.492. Alonso se educó ya bajo el cristianismo como morisco asimilado. Estudió medicina en la Universidad de Granada donde aprendió además latín y griego, lenguas que dominó junto al castellano y al dialecto árabe-granadino. Con estos conocimientos el Concejo le encargó la traducción de las inscripciones árabes en el palacio de La Alhambra, de las que evitó traducir algunas para evitar su destrucción por su contenido religioso. En calidad de romançeador o informador, intervino en la represión de la revuelta morisca conocida como la Guerra de las Alpujarras. En 1.573 es llamado a la Corte para colaborar en la formación del Fondo Árabe de El Escorial, además de ser nombrado intérprete real como traductor de la correspondencia que Felipe II mantuvo con gobiernos árabes. Durante su estancia en El Escorial, obtuvo autorización real para atender a la numerosa clientela que solicitaba sus servicios atraída por el prestigio de …su ciencia médica arábiga y por su competencia en descifrar los manuscritos que la contenían…

Comenzaron a llegar los libros, en este caso los arávigos que, antes de nada, hay que numerar. Arias Montano hace una sucinta relación de 285  Libri Arabici en 1.579. El Licenciado Alonso del Castillo había concluído el 16 de Agosto de 1.583 un Catalogus CCLXI (de 261, para los que se les hayan olvidado los números en  latín) Manuscriptorum Arabicorum  según los fondos del Monasterio. En 1.598 -18 años después del inventario de Arias Montano-  Diego de Urrea, cumplida su tarea de traducir los Plomos, concluye el Índice de los libros arávigos detallando 499 entradas, aunque no incluye los 268 en Lingua arábica manuscripta adquiridos a raíz del testamento de Don Diego Hurtado de Mendoza. Obviamente, el Fondo va creciendo. Alonso del Castillo y siempre con permiso real había viajado ex profeso hasta Andalucía para realizar algunas compras. Acabada la Reconquista sin duda había un goloso mercado de libros arábigos, bien por necesidad de sus dueños, moriscos empobrecidos, bien por alejar la sombra de la sospecha de mantener el culto prohibido ante la siempre vigilante Inquisición.

En tiempos todavía de Arias Montano ingresan en la Biblioteca unos manuscritos árabes procedentes de los bienes de Isabel la Católica que se custodiaban en la Capilla Real de Granada. Alonso del Castillo fue el encargado en 1.573 de examinarlos previamente a su traslado a la Biblioteca, donde ingresaron en 1.591. Según la copia notarial  había…Onze libros chicos y grandes, enquadernados y desenquadernados, todos escriptos en arávigo…   En 1.582 y también desde Granada se habían enviado 32 cuerpos de manuscritos hasta entonces custodiados por la Inquisición. Aunque antes y después continuara la llegada de manuscritos árabes, el gran aporte sin duda fue el procedente ya citado de la captura por parte de la Real Armada de la librería de Muley Zaydán, aquellos cuatro mil…veinte o treinta menos… según la estimación del guipuzcoano Francisco de Gurmendi.

El incendio de la Biblioteca y otros percances

en muy breve rato se quemó la librería manuscrita, sin que remedios humanos bastasen para reprimir la actividad del fuego… (según el informe testimonial del archivero Fray Juan de Toledo).

Libros y fuego son peligrosa combinación, del que la historia nos cuenta numerosos ejemplos. Muchos por censura, otros por accidente. Incendios en el Monasterio hubo varios. En el primero de 1.579 ardió la llamada Torre de la Botica. En 1.731, 1.744, 1.763, 1.827 y 1.872 fueron reseñados otros, aunque parciales y pronto controlados. Pero el 7 de Junio de 1.671, cuentan que a las tres de la tarde, se declaró un incendio comenzado al parecer en una de las chimeneas del colegio situada en la parte norte. Brasas vivas en las buhardillas y un fuerte viento azuzaron un fuego en apariencia controlado, de forma que pese a los esfuerzos y en menos de tres horas habían desaparecido las cubiertas de la mitad del edificio que mira al norte. Del campanario de las torres que flanquean la entrada principal, se fundieron 38 de sus 40 campanas cuyo bronce, cuentan, corría como el agua por las escaleras y los muros. El entramado de viguería, la tablazón de ripias y pares, reseca madera directamente bajo la cubierta de pizarra que, bajo el sol del verano, quema sólo con tocarla contribuyó al desastre. El Vicario con gran piedad y supongo mirando hacia atrás de reojo por si había que salir corriendo, presentó ante las llamas el Santísimo Sacramento, incluso el velo milagroso de Santa Águeda, que en tiempos hubo contenido las lavas del Etna, pero el fuego debía ser ateo porque arreciaba cada vez más.

Visto que Dios no echaba una mano, gentes de todos los alrededores se afanaron durante horas entre el ahogo y el agotamiento. Su esfuerzo no fue en vano y gracias a ellos se salvó gran parte del edificio y de sus tesoros. Pero la librería resultó seriamente dañada y, en especial, los manuscritos árabes. Actualmente y desde el año 1.850 el Salón de Manuscritos se encuentra en la antigua ropería del Monasterio, con gruesos muros y bóvedas de piedra, lo que les protegió en el incendio de 1.872. En 1.671 la mayoría de los códices se guardaban en el Salón Alto y el Salón de Verano, en la planta alta, de altas bóvedas y con sus ventanales abiertos al Patio de Reyes, orientados al norte. El fuego se cebó en los viejos manuscritos. Sin extintores, sin los modernos medios anti incendios y entre la confusión del momento algunos se amontonaron, mojados, en rincones de alguna sala, en una espera que duró más de cincuenta años. Otros, y ante la desesperación…

… para salvarlos del incendio muchos de los códices árabes fueron arrojados por las ventanas, y son bastantes los que aún conservan las huellas del agua, mezclada en algún caso con tierra y arena. En tales operaciones de salvamento hubo códices que se desvencijaron, con la correspondiente dispersión de hojas. En la subsiguiente confusión, no siempre fueron debidamente reagrupadas las de uno mismo, al tiempo que de otros se conservaron solo algunas. De ellas resultó un mare magnum sin orden ni concierto, de hojas o cuadernos, que constituyeron esa massa damnata que Casiri dejó totalmente de lado en su catalogación… (Justel Calabozo, Legajos árabes de El Escorial, pag.437).  

Braulio Justel Calabozo, catedrático de Lengua y Literatura Árabes en la Universidad de Cádiz desde 1984, fue uno de los arabistas que investigó modernamente el Fondo Árabe. Según sus cálculos y tras el desastre, de 3.974 manuscritos arávigos catalogados se perdieron 2.500, de los que quedan en la actualidad tan solo 1.939, árabes en su mayoría, aunque haya una parte en persa, turco o aljamiados. Ya Justel Calabozo nos da una idea del desbarajuste que sufrieron los manuscritos supervivientes en el intento desesperado por preservarlos del fuego. Si un libro moderno y bien cosido lo más seguro es que quedase desencuadernado al ser arrojado desde un tercer piso, podemos imaginar como quedarían los viejos manuscritos, formados en muchos casos por hojas apiladas dentro de un estuche, como las cartas de una baraja. Y de aquellos otros arrojados, amontonados y mojados en los rincones, la acción del agua sobre papel viejo solo pudo producir una pasta irreconocible, esa massa damnata que, según Justel Calabozo, Casiri dejó totalmente de lado en su catalogación.

El mencionado Miguel Casiri, nacido en Trípoli en 1.710, experto en árabe, sirio y arameo, y presbítero por el rito maronita, es llevado a El Escorial en 1.749 para organizar “los restos del naufragio” que llevaban más de cincuenta años en un estado de casi abandono, y para que descifre …si son tesoros o carbones lo que se guardan…. Emprende el encargo de la catalogación, empezando por los manuscritos que se hallaban recogidos en la Biblioteca alta,…limpios y no olvidados, pero sin índices ni inventarios, como selva inculta que nadie se atreve a pasear… Al cabo de diez años Casiri había concluído prácticamente sus índices y catálogos de su Bibliotheca Arabico-Hispana, aunque consta que excluyó los códices sin encuadernar y los manuscritos desencuadernados. Pero a los manuscritos árabes aún les quedaban daños por sufrir.

han sido víctimas de varios incendios, y como si esto no fuera bastante, han sufrido mucho por el interés que por ellos se han tomado algunos bibliotecarios más celosos que discretos, quienes tuvieron la fatal idea de encuadernar de nuevo libros estropeados, que vistieron con encuadernaciones lujosas, a veces, y siempre funestas para los manuscritos, pues lo menos malo que resultó fue el que quedaran cortadas o inutilizadas las notas marginales por la cuchilla de sucesivos encuadernadores… (Francisco Codera, Informe, 1.898). Codera comprobó ya en 1.844 que muchos códices habían sido cosidos desordenadamente, hallando los folios faltos en legajos o encuadernados como parte de otros códices mezclando unos con otros o confundiendo, como se suele decir, “las churras con las merinas”. Casi todas las evidencias señalan a Félix Rozanski, sacerdote polaco y bibliotecario del Monasterio entre los años 1.875 y 1.885. El celo de Rozanski como encuadernador fue notorio:

los dos mil árabes que encontré a mi llegada al Escorial en un estado muy deplorable desde el incendio de 1.671, algunos desgarrados, otros mitad en un manuscrito y otros mitad en otro, varios despues de haber recibido aguas, vueltos en una masa compacta y dura como madera, etc., han sido recompuestos, ordenados, despegados con cuidado, foliados, unos restaurados y otros de nuevo encuadernados en pasta negra, por mis cuidados, añadiendo unos 22 volúmenes que compuse de fragmentos y otros acumulados en los legajos…

Percances y pérdidas no faltaron. A veces, “despistados” al ser sacados -en una época en que había poco control- por investigadores, con el resultado de perderse su pista. Otras, en viajes a veces sin retorno a la Biblioteca Nacional, pese a la acreditada procedencia de la Biblioteca del Monasterio. Afortunadamente fueron más las recuperaciones que las pérdidas.

códice árabe Medicina castellana S.XV

Medicina castellana, códice árabe S.XV. Actualmente en la Biblioteca Nacional de Madrid (con nº 5240 en Fondo Manuscritos) aunque consta como “Procedente de la Biblioteca del Escorial”, lo que se advierte por la “marca de la casa”: parrilla grabada en el centro de la cubierta, símbolo de San Lorenzo

Un héroe afrancesado, Jose Antonio Conde

Decir “afrancesado” en España supone todavía hoy y en el sentido peyorativo de la palabra decir traidor, antipatriota y colaboracionista con el enemigo, ésto es: el francés. No voy a entrar en la atracción que el ejemplo francés supuso para muchos españoles de la época, ansiosos de libertad, de ilustración y de modernidad, frente al absolutismo de la monarquía española, el atraso de la sociedad y el enorme lastre en muchos sentidos que suponía la religión. Entre tanto incendio, tanto celoso encuadernador y tanta pérdida por sustracción, que la hubo cuando el control de los fondos no era tan exhaustivo como afortunadamente es hoy, habría que destacar algún personaje que, como en las películas de héroes, decidió jugarse el tipo para salvar lo que él supo que estaba en peligro: el afrancesado Jose Antonio Conde.

El 20 de Agosto de 1.809 se ejecutaba la Real Orden de José I Bonaparte por la que se expulsaba a la comunidad jerónima de San Lorenzo y se confiscaban todos los bienes del Monasterio, que fueron enviados en carretones a Madrid. Para el traslado se comisionó al arabista Jose Antonio Conde, conservador de la Real Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial. Sabedor del riesgo de que fuesen sacados de España, los ocultó en una capilla del Convento de la Trinidad, lo que durante muchos años se llamó el “grupo extraviado”. Seis años permanecieron ocultos hasta el fin de la guerra bajo montones de impresos en el Convento de la Trinidad, largos años en los que seguramente pudo afectarles la humedad, así como el trajín de los traslados en carretas tanto en su salida del Escorial como ya en 1.815, a su definitivo regreso.

Exilio más dilatado de más de cien años sufrieron los códices con los que Conde estaba trabajando en su casa cuando tuvo lugar la invasión napoleónica. Por su condición de afrancesado hubo de salir de España con ciertas prisas en 1.813. A su regreso y hasta su fallecimiento, en 1.820, los libros seguían en su casa, aunque a su muerte sus testamentarios hicieron un inventario de sus bienes, entre ellos la librería. Hubo una venta y dispersión de libros de Conde. Algunos propios, otros tomados en préstamo de la Biblioteca de San Lorenzo pero que quedaron en su casa al huir de España.

por razones no esclarecidas y circunstancias harto confusas los libros de Conde fueron a parar a Londres, donde el martes 6 de Junio de 1.824 abrió pública subasta de los mismos Mr. Evans el cual redactó a tal fin un sucinto catálogo… (Justel Calabozo)

Aunque no formase parte del Fondo Árabe, una de las joyas del Monasterio, con número de lote 1.169 en la subasta fue el manuscrito del Cancionero de Johan de Baena, recogido por el judino Johan Alfón de Baena -como consta en su título completo- hacia 1.445, para ofrecérselo como regalo a Juan II de Castilla. Otros ejemplares subastados procedentes de la librería de Jose Antonio Conde fueron 78 libros impresos y 112 manuscritos, entre los que se encontraban varios códices árabes escurialenses dados por desaparecidos desde la invasión napoleónica en los inventarios y catálogos posteriores a 1.809.  El Cancionero de Baena fue adquirido en la subasta de Mr. Evans por el librero londinense Thomas Thorpe, quien lo vendió al bibliófilo Richard Heber, a cuyo fallecimiento en 1.833, el mismo Mr. Evans lo subastó de nuevo detallando…. this extraordinary manuscript…one of the treasures…in the Royal Library of San Lorenzo in the Escurial…, siendo adquirido entonces por Léon Tèchener, librero y editor, para la Biblioteca Nacional de Francia donde se encuentra desde 1.836. Y allí sigue, sin atender a reclamaciones…destino similar al de la librería de Mulay Zaydán…

DSCN7553Cancionero de Baena, del fondo de manuscritos del Monasterio y actualmente en París

Más suerte hubo con los códices árabes escurialenses subastados por Evans en 1.824. Los adquirió el anticuarista irlandés Edward King, vizconde de Kingsborough, para donarlos en ese mismo año a la recién fundada Société Asiatique de Paris que, más de un siglo después, los restituiría a su legítima dueña, la Biblioteca de El Escorial. En el mes de Julio de 1.948 se celebró en París el XXI Congreso Internacional de Orientalistas. La Société Asiatique  encargó con tal ocasión una nueva catalogación de los manuscritos árabes de su biblioteca observándose que varios de los donados por Edward King contenían información incontestable de su pertenencia a la Biblioteca del Monasterio y, algunos de ellos, la signatura y la marca antigua. El profesor Jean Sauvaget, miembro destacado de la Société Asiatique, se puso en contacto con su colega, Emilio García Gómez, director de Al-Andalus y participante en el Congreso. Juntos pudieron comprobar la procedencia e iniciaron las gestiones oportunas para el traslado a España y su tardío pero oportunísimo reingreso en la Biblioteca, que se realizó en 1.949. Final feliz.

 

 

 

 

 

Los molosos, antepasados de los mastines

 

Esta entrada del blog en realidad es un capítulo que, a su vez, forma parte de un trabajo aún pendiente de publicación sobre el mastín: El mastín español. Historia de un compañero, que presenté a un certamen convocado por la Real Sociedad Canina en 1998, y en la que tuve el honor de ganar el segundo premio, en su categoría de razas españolas.

El problema de clasificar

Como ya señaló el zoólogo y etólogo norteamericano John Paul Scott en su libro Genética y comportamiento social, la clasificación de las razas caninas refleja la cultura de los pueblos. Así, en Alemania, las primeras clasificaciones distinguían entre razas de trabajo y razas de guarda. En Gran Bretaña, entre deportivas y no deportivas. Clasificar, encontrar el lugar adecuado, no siempre ha sido fácil.

Cuentan las lenguas de doble filo que Karl von Linné, el gran naturalista sueco del S. XVIII, autor del libro Systema naturae (1798) e inventor de la nomenclatura binómica  (¡no os asustéis, no tiene nada que ver con la bomba atómica!) para nombrar y clasificar a los seres vivos con dos palabras: la primera, el género -siempre con mayúscula-; la segunda, la especie -con minúscula-, ejemplo fácil: Homo  (género) sapiens (especie)… Decía que Karl von Linné, que había clasificado y puesto nombre a miles de especies,

cuando encontraba un nuevo insecto y no sabía dónde clasificarle exactamente, lo depositaba discretamente en el suelo y lo aplastaba con el pie... (Oskar Otto Heinroth, La clasificación según taxones, 1922).

El naturalista romano Plinio el Viejo, muerto en el año 79 d.C. en la erupción del Vesubio (donde acudió con sus barcos para rescatar a las gentes en la playa y se intoxicó por las emanaciones del volcán), nos habla en su libro Historia Natural de los perros de Italia. Describe los mastines napolitanos y los canis melitae, los antepasados del actual Maltés, perritos falderos muy del agrado de las damas romanas de la época…antes igual que ahora.

Pero aunque no se refiera a los perros y ya citando a Plinio, este autor debía tener una extraña fijación con los elefantes. En su ya citada Historia Natural y en el libro VIII nos  cuenta que:

los elefantes, en ciertas épocas, rinden un misterioso culto a los astros…para continuar más adelante…los dragones atacan en verano a los elefantes: lo hacen para beberles toda la sangre que, como nadie ignora (?) es muy fría….

elefante y dragón

Grabado del conocido como Bestiario de Oxford, del Manuscrito Ashmole (siglo X),  de la Biblioteca Bodleiana (The “Bod”, para los eruditos), en Oxford. En él se representa el mito del dragón bebiendo la sangre del elefante.

Como detalle pintoresco y ya metidos en el berenjenal, no puedo dejar de mencionar la clasificación más surrealista que he podido encontrar y que consta en la enciclopedia china Emporio celestial de conocimientos benévolos, recogida por el escritor argentino Jorge Luis Borges dentro de su libro Otras inquisiciones, en el ensayo El idioma analítico de John Wilkins (obispo y erudito inglés) y, dentro de este ensayo, atribuyendo su descubrimiento a Franz Kuhn, abogado alemán y un célebre traductor del chino. Según el inspirado clasificador, se dividen en:

a) pertenecientes al Emperador                                                                                                                  b) embalsamados                                                                                                                                            c) amaestrados                                                                                                                                                d) lechones                                                                                                                                                            e) sirenas                                                                                                                                                            f) fabulosos                                                                                                                                                      g) perros sueltos                                                                                                                                             h) incluídos en esta clasificación                                                                                                               i) que se agitan como locos                                                                                                                           j) innumerables                                                                                                                                               k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello                                                                      l) etcétera                                                                                                                                                         m) que acaban de romper el jarrón                                                                                                               n) que de lejos, parecen moscas

¿Curioso, no?. Lo bueno es que Borges, muy aficionado a fabular, se lo inventó. Al igual que Cervantes en El Quijote, mezcla cosas inventadas junto a otras totalmente ciertas. Mientras que John Wilkins y Franz Kuhn fueron personajes que existieron de verdad, la “clasificación” antes citada no lo es. Borges mezcla datos reales para apoyar sus “ficciones”, construyendo una estructura literaria más sólida y consigue que al final nos las creamos, que parezca “de verdad”. Hablando de lo movedizo que es el terreno de las clasificaciones, Borges escribió una reflexión que nos viene como anillo al dedo:

notoriamente no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo…

Pero como nosotros no somos Borges y necesitamos poner un poquito de orden en este caos, vamos a ver cómo se fue organizando el tema de las razas. Me temo que vais a escuchar muy a menudo la temida palabra: “clasificación”.

La clasificación de las razas caninas

Aparte de las menciones ya citadas a algunas razas hechas por Plinio el Viejo, el que sistematiza la clasificación y un poco anterior a él en el tiempo es Columela (nombre completo: Lucio Junio Moderato, lo de Columela era un sobrenombre), hispano-romano que vivió en Cádiz a comienzos de nuestra era. En su tratado de agricultura De re rustica (“Los trabajos del campo”, dividido en doce libros o capítulos), ordena a los perros en razas de pastor, de guarda y de caza. Su clasificación es la siguiente:

1.- venatrici o de caza, divididos a su vez en sagaces (rastreadores), celeres (perseguidores) y pugnaces (los que atacan y sujetan la presa. Evidentemente para la caza mayor).

2.- pastores (creo que no hace falta traducir).

3.- villatici (guardianes).

Y añade el interesante dato de la conveniencia de seleccionar los colores. Blanco para los pastores, y así poder distinguirlos de los lobos en los ataques nocturnos, o negro para los de guarda porque así dan más miedo, criterio que comparten los psicólogos.

Juliana Berners, priora del convento de Sopwell, en Hertfordshire, Inglaterra, escribió el Libro de Saint Albans (1486) donde, en el segundo tomo dedicado a la caza, establece la primera clasificación moderna de razas caninas.

En 1576 el doctor John Keys, el médico de cámara de la reina Isabel I de Inglaterra, elabora una relación de las razas caninas de Gran Bretaña en su obra escrita en latín Canibus britannicus, y que firma como Ioannes Caius, latinizando su nombre como era la moda entonces entre los eruditos. Según cuenta él mismo, mantuvo correspondencia con un naturalista suizo, Conrad Gesner, autor de Historiae Animalium, que le animó a escribir su libro sobre las razas caninas británicas.

El clérigo naturalista inglés Edward Topsell no clasificó las razas pero sí incluyó láminas de perros en su bestiario The History of Fourfooted Beasts and Serpents (Historia de las bestias de cuatro patas y las serpientes), publicado en 1605. Topsell se cura en salud -por si acaso- diciendo que…no haría que el lector imaginase que he contado todo lo nunca dicho de estas bestias, sino solo lo que han dicho muchos…  Así, Topsell, entre otras “perlas” dice, por ejemplo, que las comadrejas dan a luz por las orejas, que los elefantes adoran al Sol y a la Luna y quedan embarazados al masticar la mandrágora o que los ratones se reproducen no sólo copulando, sino que también la tierra los engendra…

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                                                 Ilustración del Bestiario de Edward Topsell

Pero los que marcan la pauta en la teoría clasificatoria son casi todos franceses. El naturalista Georges Louis Lecrerc, más conocido como el Conde de Buffon, en su Historia natural, general y particular (1775) clasificó unas treinta razas, atendiendo a la forma y porte de las orejas, según fuesen erguidas, caídas o parcialmente erguidas.

En 1790 el abate Pierre-Joseph de Bonnaterre publicó en varios volúmenes su Tableau Encyclopédique et Métodique des Trois Règnes de la Nature…aunque se conoce más resumido tan largo título como el Tableau  (“la pizarra”). El Tableau contiene más de 400 ilustraciones de los animales conocidos y, dentro de ellos, ilustra y clasifica grupos de perros según razas o tamaños.

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molosos de Bonnaterre0002

 

 

 

 

 

 

                           Perros falderos y molosos, según Bonnaterre

Otro naturalista francés, Georges Cuvier, fue el primero en clasificar el reino animal desde el punto de vista estructural o morfológico que, no obstante, estaba completamente estructurado a su función. En su obra Reino animal distribuido a partir de su organización (cuatro tomos en su primera edición de 1817, que se ampliaron a cinco a partir de la segunda edición, ya en 1829), se basó en caracteres craneanos y en la relación cráneo-maxilar para establecer tres categorías: pastores procedentes del Perro de las Turberas, molosos y galgos.

En 1885 el veterinario militar Pierre Megnin estableció cinco tallas según la alzada: mayor de 65 cm., de 40 a 65, de 20 a 40, o menor de 20, y el pachón para las dos menores. Y establece según su estructura corporal, cuatro tipos o categorías: lupoides (pastores), bracoides (caza), molosoides (defensa) y graioides (galgos).

Poco más tarde otro veterinario, Charles Cornevin, profesor en la primera Facultad de Veterinaria de Europa, la de Lyon -fundada en 1763- y en su libro Tratado de Zootecnia Especial (1897), establece una clasificación basada en caracteres externos: talla, proporciones, pelaje y forma de las orejas. Como novedad añade a las cuatro razas de gatos descritas por Karl von Linné (Catus angorensis, C. hispanicus, C. domesticus y C. ceruleus) tres razas más.

El catedrático de Zootecnia y Sanidad en la nueva Facultad de Veterinaria de Alfort (París), Raoul Baron, propuso en 1878 que en todas las especies existe un prototipo. En el caso del perro, estaría entre los 25 y 30 kg. de peso, de perfil recto y de proporciones medias, a lo que llamó eumétrico. Como ejemplo, sería el Pastor Alemán. Todos los animales podían ser definidos mediante tres cifras, cada una del -1 al +1, siendo el prototipo ideal el 000.

1ª cifra: heterometría, de peso y forma.

2ª cifra: aloidismo, perfiles generales.

3ª cifra: anamorfosis, proporciones totales.

El interés por los perros seguía aumentando. Ya en el año 1859 se celebró la primera exposición canina, en Newcastle-on-Tyne, aunque en aquella ocasión sólo participaron Setters y Pointers. Por cierto: la primera exposición felina se celebró en 1871 en el palacio de Cristal de Londres, donde participaron 170 gatos, aunque hubo un precedente “gatuno”, una exposición que se celebró en Winchester, en 1598.

Este incremento de la popularidad y la necesidad de establecer unos parámetros fijos, lo que se llamó estándar para cada raza en concreto, motivó la fundación en 1911 de la F.C.I., la Fédération Cynologique International, con sede en Thuin,  Bélgica, donde se clasifican las razas reconocidas,-337 según mis datos-  oficialmente en diez grupos, según su aptitud o afinidad, según la clasificación propuesta por Villemont en 1970.

Sin entrar en los otros grupos, a los molosos corresponde el Grupo 2º, de perros de guarda, defensa y utilidad. Dentro de este grupo se distingue entre los molosos de montaña (tipo mastín), de pelo largo, y los de tipo dogo, de pelo corto.

Descripción y fenotipo

Según Pierre Megnin el adjetivo “molosoide” define a perros de…cabeza maciza, esferoidea y cuboidea, con orejas pequeñas y caídas, hocico corto, belfos largos y gruesos, cuerpo proporcionado de gran talla, así como cinco dedos en los pies traseros igual que en los delanteros…

Aunque actualmente se reconozcan de forma oficial más de sesenta razas de guarda, muchos de ellos han sido conseguidos mediante cruces experimentales (Dobermann, Bull Terrier, Pit Bull, Dogo argentino, Leonberger, etc.) y otros, sencillamente, no se ajustan a la definición de molosoide. En animales de tan antiguo origen no se puede pretender una pureza total, pero sin duda los molosos de hechuras más clásicas los encontramos en razas originarias de zonas aisladas o montañosas donde, como veremos, han podido evolucionar libres de todo contacto: mastín español, del Pirineo, del Tíbet, del Caucaso (Ovtcharka), Tatra, San Bernardo, Karabash, etc.

¿Hay molosos miniatura?

No todos los molosos son grandes perrazos. Sorprendería saber que dos de ellos, de los considerados falderos, tales como el Pekinés y el Carlino, pertenecen a la misma categoría que los mastines. El cómo estas dos razas llegaron a reducir hasta tal punto su tamaño tiene su explicación en la intervención, otra vez de la mano femenina, y esta vez oriental al seleccionar los perros para compañía entre los más pequeños, y cuanto más pequeños mejor.

La enanificación de razas es un paso más en la neotenización y lo que se busca es un aspecto lo más infantil posible. Es lo que se conoce como maternidad vicariante, podríamos decir como un sucedáneo de la maternidad. Como dice una amiga mía criadora de Carlinos: …es lo más parecido a tener en brazos un bebé , con esa mirada…

 

carlino

bull dog frances

 

 

 

 

 

Cachorro de Carlino, el de la cara de niño. Otro moloso enanificado: el Bull Dog Francés

Los llamados popularmente “perros falderos” no son un invento moderno. Existían ya en la antigüedad en sociedades altamente civilizadas: chinos, persas, griegos, romanos… Como vemos en sus ilustraciones o nos cuentan las crónicas, tenían ya sus perrillos sentados en el regazo de los mandarines o de las grandes damas. Popea, la mujer del emperador romano Nerón, tenía un Maltés al que situaba en las ceremonias oficiales por delante de Lépida, tía del emperador, lo que ocasionó una vez una disputa tan violenta que Lépida murió del disgusto.

El geógrafo y viajero griego Estrabón los cita en su Geografía (año 29 a.C.), que ha llegado hasta nuestros días casi intacta, reunida en 17 “libros” o capítulos, y donde además de recopilar todos los conocimientos geográficos de la época, hace una mención a estos perros:

existe un promontorio en la isla de Sicilia llamado Melita de donde se transportan muchos y graciosos perritos llamados canis melitae, los cuales son apreciados por las patricias como si fuesen alhajas…

Pero si la enanificación de las razas no es invención moderna, el actual protagonismo o utilidad de los perros como animales de compañía, ha favorecido la reducción en el tamaño sacando variedades “enanas” de varias razas, hasta hace muy poco de utilidad: Teckel, Schnauzer, Pinscher, Caniche, Yorkshire Terrier, Pomerania, etc.

Testimonios arqueológicos e históricos de los molosos. La caza y la guerra

El nombre de “moloso” proviene de la antigua región de Molosia, en el montañoso interior de la región del Epiro – en la actual Albania-, lo que daba nombre a sus habitantes: los molosos. Alrededor del año 400 a.C. un escultor desconocido erigió una estatua a Molossus, el perro de Olympia, hija de Pirro, rey de los epirotas. Precisamente en el Epiro, actualmente zona fronteriza entre Albania y Grecia -y en algún otro punto de los Balcanes- y hasta los años 50 vivieron de forma totalmente nómada, sin cultivar la tierra, una raza de pastores, los sarakatsani, dedicados exclusivamente a la cría de ovejas y al comercio de los quesos y la lana.

Perros similares a Molossus fueron utilizados desde la antigüedad en Grecia, Egipto y Asia Menor como fuerzas auxiliares en los ejércitos. Su fiereza y acometividad les hicieron tanto o más apreciados por sus cualidades como guardianes de casas y rebaños que como perros de presa en las cacerías, o como auxiliar en la batalla. Resultarán ser los mejores soldados, sin conocer el miedo, sin rendirse jamás.

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Guerra y caza gozan del más alto prestigio y van unidos en la mentalidad batalladora de aquellas épocas, mentalidad que se prolongará hasta más allá de la Edad Media. En la Conquista de América, heredera del espíritu de frontera de la Reconquista, los fieros perros alanos lucharán junto a los exploradores.

mañoso en la caza, arte e sabiduría de guerrear y de vencer… (Alfonso X, Código de las Siete Partidas, escrito dentro de la 2ª Partida,Título 5, Ley 20).

no hay cosa que más se allegue con las maneras del caballero que ser montero o cazador… (Infante Don Juan Manuel -sobrino de Alfonso X- , Libro de la Caza, 1325).

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     Libro de la Montería de Alfonso XI (1312-1350), donde aparecen los molosos

 

el caballero debe cabalgar, justar, correr lanzas, ir armado, tomar parte en torneos, esgrimir, cazar ciervos, osos, jabalíes, leones, y las demás cosas semejantes a éstas que son oficio de caballero; pues por todas estas cosas cosas se acostumbran los caballeros a los hechos de armas… (Ramón Llull, Libro de la Orden de caballería. 1275).

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        El sepulcro soportado sobre dos figuras de piedra, un jabalí y un oso.

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Hasta Cervantes nos deja su opinión: ….la caza es imagen de la guerra… (Don Quijote, 2ª parte, cap. XXXIIII -no me he equivocado: 4 como IIII-).

Las más antiguas representaciones de molosos se encuentran en los frescos con que los egipcios decoraban casas y templos, con su habitual estilo realista, de gran naturalidad. La estela del faraón Intef II (2118-2069 a.C.) de la XIª dinastía es famosa al aparecer representados sus tres perros, cada uno con su nombre (en idioma no egipcio) y al lado, la traducción al egipcio.

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        Los perros de Intef II: Behekay (Gacela), Abaquer (Galgo) y Pehetes (Negro)

Abundan los bajorrelieves hititas, y asirios donde les vemos en la caza del león y del asno salvaje, o sujetos por traíllas a sus anchos collares y conducidos por los soldados: grandes perros de aspecto fiero, cabeza ancha, orejas caídas, cola enroscada y pelo corto.

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Palacio de Taklat-Palasar, 1150 a.C.

 

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Relieve del periodo hitita de la caza del león, con perro

 

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Exvoto encontrado en Nísibis, Babilonia, con representación de un moloso, dedicado a “la diosa que atiende las oraciones”

 

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            En el palacio de Nínive son abundantes las representaciones de molosos

 

Los antiguos egipcios les pintaron en escenas de guerra: Tutankamon contra los nubios del Sudán (1.350 a.C.) o Ramsés II contra los hicsos en la batalla de Kadesh (1.300 a.C.), donde se ve a los molosos mordiendo a los enemigos y despejando el camino al faraón victorioso.

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tutankamon nubios 20005                 

Perros de guerra bajo el carro de Tutankamon. Parece la misma escena pero son distintas. La de arriba contra los nubios del Sudán, la segunda contra los hititas

 

teja egipcia con perro

 

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Teja de arcilla esmaltada con cobalto. No es un Gran Danés arlequín, es un moloso egipcio.

Mango tallado de marfil con imágenes de molosos de un cuchillo de silex del Periodo Geerzense (o cultura Naqada II), predinástico egipcio (3.500-3.200 a.C.), zona de El Fayum.

 

Se cuenta una anécdota sobre Alejandro Magno que, en el año 330 a.C., barrió desde Egipto hasta La India con su ejército de macedonios. Llevaba con él a su perro Periles, al parecer un moloso que le regalaron cuando tenía once años y que le salvó la vida -aunque al perro le costase la suya- mordiendo en el labio a un elefante en la batalla de Hidaspes, contra el rey Poros de La India, en el año 326 a.C. Y otra anécdota cuenta que un rey de Albania le regaló un gran moloso con fama de invencible. Alejandro le enfrentó a un jabalí y a un oso, pero el perro ni siquiera se levantó. Decepcionado y creyéndole cobarde le mandó matar pero el rey, al saberlo, le regaló otro advirtiéndole que su valor era tan grande que despreciaría cualquier enemigo que no fueran leones o elefantes.

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Grabado del S. XVIII con la figuración del enfrentamiento del legendario moloso regalado a Alejandro luchando contra un león, tras vencer al elefante

Los romanos emplearon para el circo sus molosos, los canis pugnaces, enfrentándolos a las fieras para diversión de la plebe. Y Julio Cesar en sus crónicas La Guerra de las Galias nos cuenta que, cuando desembarcó con sus legiones en las costas británicas, encontró junto a sus adversarios unos grandes perros amastinados, similares al actual Mastiff inglés.

Los molosos conquistan Europa. El mito del mastín del Tíbet

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Hay muchas teorías acerca de la aparición de los molosos en Europa y, como sucede cuando las cosas no están muy claras, se tiende a mitificar. Se ha propuesto a los fenicios y, sobre todo, a los romanos como introductores de las razas por los países que formaron parte del Imperio Romano. Y ya, mitificando, se cita casi siempre al mastín del Tibet como supuesto antecesor de todos los molosos.

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Cartel en la entrada de un monasterio budista de Nepal. No se leer sánscrito pero seguro que debía poner algo así como “cuidado con el perro”. Imagen de moloso.

 

Los iniciadores de esta teoría fueron sobre todo cinólogos suizos. En 1897, el inspector forestal superior Max Siber, de Winterthur, escribió el libro Der Tibetanhund (El mastín del Tibet, 1897), en el que describió al mastín del Tibet junto a otros molosos como el Boyero suizo, sugiriendo su ascendente. El profesor Bernhard Studer y, más tarde, el doctor B. Siegmund admitieron, no obstante, que el tipo dogo (el molosoide descrito por Megnin) se desarrolló en diferentes épocas y lugares, de diferentes razas.

Según Albert Heim, geólogo e investigador suizo, en 1850 y hablando del San Bernardo consideró tres hipótesis respecto a su origen:

1-la de Studer, que lo consideraba descendiente del Canis familiaris inostranzewi.

2- la de Siegmund, que pensaba que era un agigantamiento del perro de las turberas.

3- la de C. Keller y H. Kramer, que lo hacían descender del mastín del Tíbet

Es frecuente encontrar en la bibliografía sobre molosos la cita, por lo magnífica, del viajero veneciano Marco Polo, que se supone conoció a este perro en sus viajes, y lo describió de forma un tanto sobrecogedora: …grande como un asno y con la voz potente como un león…

Sin embargo, en el libro donde narra su largo viaje, Il millione, traducido al castellano como Viajes (Ed. Austral, 7ª edición) no aparece la famosa cita. Marco Polo cuando habla del Tibet y de sus perros dice:

los indígenas son idólatrasTienen malas costumbres, crían grandes mastines muy recios para la lucha y para pelear con las fieras. Tienen muchas clases de perros…(Cap. CXVII).

Más adelante menciona otros perros diferentes:

del rey Canci, que reina en tramontana (describe el norte de Mongolia, lindando con Siberia)…Y sabed que la Rusia Mayor confina en el norte con esta provincia…Este rey no tiene ciudades ni fortalezas. Sus gentes se nutren de leche y de carne…Por causa del frío intenso viven en casas subterráneas…Existen allí también grandes osos blancos…Y este rey posee una región donde no pueden vivir los caballos, el hielo y el cieno son tan considerables que los caballos no pueden andar, por esta razón han hecho trineos sin ruedas, que van sobre el hielo y no se hunden en él. En estos trineos ponen pieles de osos y tiran de ellos los perros de los que os he hablado…Hay mesones donde el viajero se puede albergar. En éstos hay por lo menos cuarenta perros mastines grandes como pollinos (el subrayado es mío, Marco Polo no dice nada de su mítica “voz de león”), y son estos perros los que transportan los correos de un sitio a otro…(Cap. CCXVIII).

Marco Polo está describiendo una región ya metida en Siberia con osos polares, mucho hielo y perros que tiran de trineos…posiblemente a los que se refirió fue a una raza de perros nórdicos, y no al mastín del Tibet.

Diseminación y llegada a España. Las migraciones de los pueblos indoeuropeos

Se ha pretendido explicar su llegada a Europa central de la mano de los invasores que, procedentes de las estepas de Asia (hunos, ávaros, alanos y ostrogodos) irrumpieron desde el año 100 hasta el 900 de nuestra era. Pero esta teoría no explicaría por qué se encontraron en Suiza restos de un moloso parecido al mastín, hasta en los espolones dobles, del año 4.000 a.C.

Otros afirman que entraron a España con los fenicios, en sus viajes comerciales por el Mediterráneo. Sin descartar esta posibilidad, el cinólogo español Luis Esquiró y coincidiendo con las teorías de Studer, sugiere el origen multicéntrico de los molosos en diferentes lugares de Europa y Asia. La península ibérica sería uno de estos focos por su geografía aislada y la utilidad local de estos perros.

Pero podemos plantearnos una hipótesis aún más atractiva, que reúna el origen oriental y la adaptación hace miles de años, si nos remontamos a la expansión de los pueblos indoeuropeos, es decir, a los antepasados de (casi) todos nosotros.

Aproximadamente y a partir del año 5.000-4.500 a.C. se suceden consecutivas oleadas de aguerridos pastores nómadas y de agricultores con nuevas técnicas que, desde sus estepas del sur de Rusia y de Asia central, se irán extendiendo hasta cubrir una zona que abarca la casi totalidad de Europa, y desde Turquía hasta la India.

mapa indoeuropeos0005

En su largo periplo de miles de años, los llamados indoeuropeos o pueblos arios se diversificarán, mezclandose en algunos casos con otras culturas, dando origen a numerosos pueblos: castas superiores de la India, suecos, afganos, in gleses, persas, alemanes, catalanes o castellanos, de lenguas muy diferentes pero con un origen común.

Su espíritu conquistador y sus técnicas avanzadas hacen desaparecer las primitivas culturas agrícolas de Europa y dejan numeroso testimonios en los mitos de los héroes griegos e hindúes, o en sus choques con otras culturas ya presentes. Indoeuropeos son los Pueblos del Mar y los hititas que amenazan Egipto y, a cambio, les enseñan unas armas que, para aquellos tiempos, fueron tan revolucionarias como más adelante serán la pólvora y los misiles: el caballo, el carro de guerra y las armas de hierro. Parte de aquellos Pueblos del Mar son los filisteos que menciona la Biblia y de los que procede el nombre de Palestina.

Aunque con el tiempo se establecen, desarrollando culturas tan avanzadas como la griega y la romana, las primeras oleadas de invasores (y las últimas: aquellos hunos, alanos y ostrogodos que acaban con el Imperio Romano) se organizan en tribus de pastores , en busca de hierba fresca para sus rebaños de ovejas, vacas y caballos. En su nomadeo, durante siglos y siglos, utilizarán perros para defender los campamentos y el ganado, perros que se irán moldeando en el duro clima de la estepa y de las montañas, siempre en guardia contra las manadas de lobos que acechan los rebaños, atentos al menor descuido para hacerse con una presa tan indefensa y apetecible como las ovejas.

Allí donde se establezcan las tribus, sus molosos irán diferenciándose en razas locales aunque manteniendo unas características comunes: instinto agresivo y desconfiado, gran tamaño, pelaje espeso y protector y, en algunas razas, colores claros para distinguirse de los lobos en la confusión de los ataques nocturnos, como ya sabiamente aconsejaban Columela y Plinio en sus tratados.

Podríamos preguntarnos por qué los pastores indoeuropeos “inventan” los mastines mientras que otros pueblos de pastores nómadas como los beduinos árabes o los judíos de la Biblia no poseen estos perros. La respuesta puede estar en el clima. Las razas grandes se producen en climas fríos como las estepas y montañas, escenario habitual de los mastines. La segunda explicación, y también asociada al clima, puede estar en el enemigo contra el que se ha seleccionado: el lobo.

En los desiertos y resecos páramos de Asia Menor y África los lobos son escasos y de pequeño tamaño: ...los lobos de Egipto son apenas más grandes que zorros...(Aristóteles, Historia Natural, Lib.VIII, c.28), al contrario de los grandes lobos que abundan en las estepas y montañas de Europa y Asia Central. En las zonas cálidas abundan los chacales, poco más peligrosos que los zorros, y si había predadores grandes eran en todo caso leones o leopardos, contra los que ni el más fiero mastín tiene nada que hacer.

Los celtíberos, pueblos de pastores

Entre los años 1.000 y 500 a.C. llegan a España las primeras avanzadillas de pueblos indoeuropeos, como los celtas, estableciéndose inicialmente en la meseta norte, muy escasamente poblada, al contrario que las zonas pobladas por iberos, en el este de la península. Queda sin ocupar el País Vasco, único reducto pre-indoeuropeo en Europa, junto con Laponia.

Julio Cesar en su libro Guerra de las Galias (Lib. I, cap. 51) narra que, estando cerca de Lérida, se acercó a su campamento un nutrido grupo de arqueros y jinetes galos en número de 6.000 que, junto con sus hijos, mujeres y esclavos, alcanzarían tal vez la cifra de 20.000. Habían cruzado los Pirineos buscando tierras donde asentarse. Para cuando los romanos entran en escena, año 200 a.C., encuentran en la meseta central una amalgama de pueblos celtíberos en diferente grado de desarrollo, es decir, de evolución desde el nomadeo a la agricultura.

Algunos de ellos, como los vacceos, distribuídos por lo que será la provincia de Valladolid y limítrofes, practican lo que se ha dado en llamar el “comunismo agrario”:

entre los vacceos la propiedad de la tierra es comunal. Cada año reparten la tierra cultivable en lotes familiares. La cosecha total era para la comunidad que la repartía según las necesidades. Al que se quedaba con alguna parte se le ejecutaba…(Diodoro de Sicilia, Bibliotheca Historica, Lib.V, cap. 34).

Pero casi todas las tribus: lusones, pelendones, titos y arévacos (los que defendieron Numancia) siguen siendo ganaderos y la abundancia de sus rebaños de ovejas, vacas y caballos sorprende a los cronistas romanos: …en cuanto a su alimentación, se sirven de todo tipo de carnes, que abundan entre ellos…(Diodoro, obra citada, Lib. V, cap. 34). Curiosa o casualmente, Castilla-León (antiguamente Castilla La Vieja) sigue siendo la comunidad autónoma donde el consumo de carne es más alto.

El griego Polibio, amigo personal del general romano Escipión y testigo presencial de la caída de Numancia, en su Historia General se asombra de que entre los celtíberos …la caza no se aprecia en nada, se la dan gratis a quienes compran alguna otra cosa…. Y se asombra porque los romanos son casi vegetarianos, raramente consumen carne y sólo en ocasiones especiales, comprando la carne -cara- de los animales sacrificados a los dioses o criando algún cerdo, si acaso …comedores de hierba… les llama irónicamente Plauto, autor de comedias de la época.

Como indicio de su gran actividad ganadera hay varios testimonios: las ciudades arevacas de Numancia y Termancia en el año 139 a.C. (seis años antes de su cerco y destrucción por Escipión, en el 133 a.C.) entregaron a los romanos como impuesto tres mil pieles de buey y ochocientos caballos. Apiano de Alejandría en su amplia y detallada Historia Romana y en su sección Sobre Iberia nos cuenta que …cuando el general Lúculo sitió la ciudad de Intercatia les exigió, a cambio de su indulgencia, cincuenta rehenes y diez mil sagum (túnica confeccionada con lana de oveja)… El mismo Apiano y hablando de Lúculo dice que recibió de Cauca (la actual Coca) rehenes, plata y fuerzas a caballo, pero que Pallantia (la actual Palencia) le ofreció dura resistencia con su caballería.

…(los lusitanos) crían unos caballos tan veloces que las yeguas son fecundadas por el viento Zéphirus… (Plinio, Historia Natural, Lib.VIII, cap. 166…¡otra vez Plinio con sus historias!).

Porque ésa es otra cuestión. Apiano y Polibio destacaron el valor y la feroz resistencia que les opusieron aquellas tribus. Polibio cuenta a los romanos:

extraordinaria fue la naturaleza de esta guerra, así como la duración de los enfrentamientos. En verdad, si alguien quiere imaginarse una guerra de fuego, que piense sólo en ésta…No sólo quitan la vida a los hombres, sino que abren en canal a los perros y destrozan a los animales…

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Guerreros celtíberos (dibujo a partir de la iconografía de una vasija de Numancia, S. II a.C.) 

Guerrero ibero de una estela de Osuna, en el Museo Arqueológico Nacional. Se observa perfectamente la empuñadura característica de una falcata, la espada típica hispánica, en su mano derecha.

 

Son las Guerras Celtibéricas, que llegan a producir crisis políticas en Roma por su larga duración, más de veinte años, y su alto coste en hombres y en medios. En el año 152 a.C. la leva para reclutar hombres con destino a Hispania fue tan impopular que hubo de suspenderse la operación.

los celtíberos suministran para la lucha no sólo excelentes jinetes, sino también infantes que destacan por su valor y su alta capacidad de sufrimiento… (Diodoro de Sicilia, obra citada, Lib. V, cap. 33).

El general cartaginés Aníbal encontró en estas tribus magníficos mercenarios para sus ejércitos: …los hispanos ocupaban la vanguardia de Aníbal, las mejores tropas de todo el ejército… (Tito Livio, Ab Urbe condita –La fundación de la ciudad-, año 10 d.C.).

vinieron también los celtíberos. Honor es para ellos caer en la batalla… Los lusitanos son tropa terrible, hábiles en emboscadas, ágiles, ligeros y capaces de salir de peligros… (Silio Itálico, Punica, 80 d.C.).

Cuando Aníbal se dirige a Italia para atacar Roma, a punto de cruzar los Alpes, cuenta entre sus tropas con 8.000 hispanos de a pie y dos o tres mil jinetes celtíberos, aparte de sus 37 elefantes. Tras quince días de dura travesía y con el río Po ya a la vista los supervivientes, según Polibio …parecían una manada de fieras…

Aníbal, en vísperas de la batalla de Tesino (año 218 a.C.) contra Roma, arenga a sus tropas para infundirles valor y dirige este mensaje a la caballería celtíbera, mercenarios que forman sus fuerzas de choque:…bastante habéis tenido que soportar hasta ahora apacentando oivejas en los pelados montes de Lusitania y Celtiberia, sin ver el fruto de tantas fatigas. Ya es hora que recibáis vuestra recompensa y logréis el premio de vuestros esfuerzos…

El clima de la meseta es duro, y para mantener su ganado necesitan conducirlo de un lado a otro, según las estaciones, para aprovechar los mejores pastos. Nuestros aguerridos tatarabuelos están inventando la trashumancia.

El mastín español. Razas y variedades

hay otros perros que llamamos mastines, que son tan grandes de cuerpo como los dichos alanos, fieros a la guarda del ganado. Tienen gran cuello y fuertes pechos. De medio cuerpo atrás son cenceños (enjutos), tienen mucha fuerza y ligereza, son muy valientes, pues en los desiertos montes siguen a los lobos, defendiendo el ganado y mano a mano pelean con ellos y los matan, en que se conoce su mucha valentía, pues rinden tan fieros animales… (Alonso Martínez de Espinar, Arte de Ballestería o Montería, 1644).

moloso mastin español

Ya tenemos al mastín entre nosotros. Donde alcanzará un protagonismo destacado será en la trashumancia y de ella hablaré en el apartado sobre la Mesta. En la península aparecen cuatro razas reconocidas, que fueron separándose en sus diferentes zonas de trabajo. Los mastines de Portugal: el Rafeiro do Alentejo y el Cao da Serra Estrela, son bastante similares al español, del que con toda probabilidad descienden, en el avance de la Reconquista.

Nuestros dos mastines, el español y el del Pirineo, se fueron diferenciando desde los comienzos al vivir en zonas aisladas y al quedar separados por la cordillera Ibérica. El trasiego de ganado y perros que podía darse por los contactos entre La Rioja y Navarra, quedó interrumpido tempranamente, al establecerse de forma definitiva la frontera entre los reinos independientes de Aragón y de Castilla por el Tratado de Almizra en 1244, entre Jaime II de Aragón y el infante Alfonso de Castilla, futuro Alfonso X, y que fijaron los límites entre ambos reinos al estar los dos en pleno proceso reconquistador. Al quedar marcadas las fronteras los contactos entre los pastores de ambos reinos serán nulos.

La trashumancia o, como se suele denominar más adecuadamente, la trasterminancia en Aragón se establece en un corto recorrido de pocos días, entre el somontano aragonés y los pastos pirenaicos. La distribución del mastín del Pirineo se centra en los valles que, de norte a sur, cruzan el Alto Aragón: Hecho, Ansó, Tena, y los lindantes del Roncal navarro y del valle de Arán.

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                     Mastín del Pirineo y su vecino francés, el Montaña del Pirineo

La vida en la alta montaña favoreció el espeso pelaje y su típico manto blanco con algunas manchas oscuras, color que además de aislarlos del frío, evitaba la confusión con los lobos en la confusión de los ataques nocturnos. Aunque a veces se confunda con su vecino del lado francés, el Montaña de los Pirineos, en este último el color blanco es total, y la cabeza algo más cónica.

El mastín español sigue siendo abundante en un amplio territorio que se corresponde con su antigua zona de trabajo, desde León y La Rioja hasta Extremadura y Sierra Morena. En tan extensos dominios y además del pastoreo se dedicó a la guarda de fincas, principal actividad hoy día. Se ha pretendido y es común, buscar razas en lo que no son simples variaciones en tamaño y pelajes. Por razones de clima, los ejemplares más corpulentos se dan en las montañas de la zona leonesa, mientras que los meridionales suelen ser más ligeros y con menos pelo.

Para aumentar la confusión se habla del “mastín ligero” en tierra de monterías, que no es otra cosa que el resultado de su cruce con podencos, a fin de hacerlo más veloz para su empleo en las rehalas. No hay mastín manchego, ni leonés, ni andaluz ni extremeño. Son todos la misma raza, el mismo mastín que, años atrás compartió el pan con los pastores, compañeros (del latín “cum panis”: el que comparte el pan) en los largos caminos de la Mesta.

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El más popular de los molosos: el San Bernardo. Y el Terranova, rescate de naúfragos.

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Otro moloso: el Ovtcharka o pastor del Caucaso.  Uno, en un chalet. El otro, en su ambiente

 

Un recuerdo para el alano

En España, además de los mastines, hubo otros dos molosos: el dogo español y el alano. Mientras que el mastín siguió siendo necesario, con Mesta o sin Mesta, los otros dos fueron perros ligados a la aristocracia, utilizados en las grandes cacerías o en la guerra, y fueron perdiendo su razón de ser conforme iban menguando los privilegios de la nobleza.

La primera descripción del dogo se la debemos a un autor ya citado, Alonso Martinez de Espinar, ballestero de Felipe IV en su libro Arte de ballestería o montería y se lo compara, precisamente, con el alano:…los dogos tienen las mismas señales que el alano, pero son más cortos y membrudos, tienen la cola más corta y con más pelo….

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Una imagen vale más que dos palabras. Dos niños y un dogo, de Francisco de Goya

El dogo se utilizó también como “perro de carnicero”, para manejar el ganado vacuno en el campo o para sujetarle en los mataderos, de la misma forma en que se utilizan hoy en las fincas de ganado bravo los Boxers o “chatos”. En los festejos populares se utilizó, en las corridas, para azuzarles contra los toros mansos, costumbre que se suplió más tarde con el uso de las banderillas de fuego. Goya en su Tauromaquia o Antonio Carnicero, coetáneo de Goya, retratan tal costumbre en los grabados de la época.

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Aguafuerte de Antonio Carnicero en su Tauromaquia, Sexta suerte (año 1787)

 

Detalle de Patio de caballos de la plaza de toros de Madrid (1.856), de Manuel Rodriguez de la Parra Castellano, más conocido como Manuel Castellano. Con dos dogos

En el mismo libro ya citado de Alonso Martinez de Espinar, nos encontramos una descripción del alano un tanto sobrecogedora: …el hocico romo, la frente ancha y levantada, los ojos hundidos y sangrientos, de un mirar espantoso, el cuello corto y ancho… La fiereza del alano tuvo sobrada aplicación como acompañante de los soldados en la Reconquista y, más tarde, en la Conquista de América.

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El alano español, una raza recuperada          Presa canario, sangre de alano

 

Los cronistas de Indias, semejantes a sus colegas romanos en su afán por registrarlo todo, nos hablaron de los más famosos de aquellos perros que, junto a los expedicionarios, sembraron el pánico entre los indios. En sus crónicas citan algunos como “Amadís”, “Turco” o “Calisto”. Más conocido fue “Bruto”, de Hernando de Soto, explorador de La Florida y aficionado a la montería de cazar indios con sus perros. O “Leoncico” y “Becerrico”, de Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Océano Pacífico.

Balboa soltó a los alanos y arremetió a los indios animosamente y a pocas vueltas los hizo huir…huían los indios de miedo a los perros por lo que dijeron… (López de Gómara, en El descubrimiento de las Indias). El mismo cronista añade también que “Becerrico” ganaba más que un arcabucero, por su valor innegable como soldado.

Pero más famoso fue su hijo “Leoncico”, al que el cronista González Fernández de Oviedo que le conoció personalmente, descubre en su Historia General y Natural de las Indias (Lib. XXIX, cap. III) como …alano bermejo (leonado), de hocico negro, recio y doblado (macizo), con muchas heridas y señales de la guerra con los indios… Hizo ganar a su dueño más de mil pesos en oro, ya que participaba como uno más en los repartos de botín y esclavos que conseguían en sus incursiones. Según el cronista, …era tan temido de los indios que iban más seguros diez cristianos con él que veinte solos… Y si algún prisionero se fugaba, a la voz de …¡Ido es, búscale!…lo encontraba y devolvía al campamento sujetándole firme, pero sin apretar de la muñeca, o destrozándole a dentelladas si al pobre desgraciado se le ocurría resistirse…

Semejante personaje no podía acabar bien: murió envenenado, y ninguno de sus hijos alcanzó su categoría. Su dueño, por cierto, murió degollado por orden de su suegro. Se ve que en aquellos tiempos revueltos pocos morían de viejos…

Los alanos también fueron utilizados en su negro papel de verdugos, para “aperrear” o ejecutar a indios rebeldes o esclavos fugitivos, y para castigar lo que se conocía como “pecado nefando”, algo al parecer frecuente entre los indios y que no era otra cosa que la homosexualidad. De hecho, las referencias a esta tendencia sexual son numerosas:

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Detalle del llamado Manuscrito del aperreamiento (Biblioteca Nacional de París, manuscrito número 374), donde se ve la ejecución de un sacerdote y seis nobles de Cholula, con glosas en nahuatl, bajo la supervisión de Hernán Cortés. Suceso acaecido en el año 1523, aunque el dibujo se realizó en 1560

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Grabado del holandés Johann Theodor de Bry en su serie Grandes viajes, o América. 1590

 

...en el tiempo que así estaba entre éstos vi una diablura, y es que vi un hombre casado con otro y éstos eran unos hombres amarionados (sic), impotentes y andaban tapados como mujeres, y hacen el oficio de mujeres… (Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en Naufragios y Comentarios, cap. XXVI).

El alano, aunque desaparecido de España, se ha vuelto a recuperar mediante cruces, por los escasos descendientes que se mantuvieron aislados en la Sierra de las Encartaciones, en Guipuzcoa. Pero el alano dejó en Sudamérica un descendiente, el Fila brasilero. El Fila, del portugués “filar”: agarrar, sujetar…, se ha mantenido hasta hoy en Brasil gracias a la estructura casi feudal de las grandes plantaciones de café y caña de azúcar. Utilizado para guardar las mansiones y, hasta hace escasos años, para la misma función que su aguerrido antecesor: la caza del indio o del esclavo fugitivo.

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