Españoles en Viet Nam. La guerra secreta.

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La guerra del Viet Nam desatada contra los Estados Unidos, junto con su precedente contra Francia – a la que se conoció como la guerra de Indochina- provocó un total aproximado de entre un millón y medio a seis millones de bajas. Determinó el mapa geopolítico del mundo en la segunda mitad del Siglo XX como consecuencia de la prolongación de la Guerra Fría, e involucró directamente a más de diez países. Pero poco se sabe de la participación de españoles en aquellas guerras, aunque se calculan en más de mil los que lucharon en tan lejanas tierras… Uno de ellos fue el legionario Ángel de Haro, al que tuve la oportunidad de conocer. Ángel murió hace pocos años pero las veces que nos veíamos le encantaba contarme historias que me ilustraron bastante lo que fue aquel conflicto, tan lejano para nosotros.

Millones de muertos

Ese amplio y nebuloso margen de bajas “de entre un millón y medio a seis millones” vino de la imposibilidad material de cuantificar con exactitud las bajas de los anónimos norvietnamitas, tanto los milicianos como la población civil. Más precisión encontramos en los censos facilitados por el bando opuesto: durante la guerra de Viet Nam murieron 58.159 soldados norteamericanos, más 1.700 desaparecidos y 303.000 heridos. Los que tuvieron el triste honor de encabezar la lista fueron el comandante Dale Buis y el sargento Chester Ovnard, durante los ataques a la base de Bien, aunque después les seguirían miles más. Entre soldados de ejércitos colaboradores, como survietnamitas, coreanos (del Sur), australianos, neozelandeses y thailandeses sumaron otras 225.000 bajas más. Por parte de Viet Nam del Norte las bajas calculadas, siempre con una relativa aproximación, ascendieron a más de 600.000 militares más 400.000 civiles, cerca de un millón de muertos. Por otra parte en la guerra de Indochina los franceses perdieron cerca de 93.000 soldados frente a 175.000 milicianos del Viet Minh mas unos 250.000 civiles muertos…

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                                  Marines norteamericanos con prisionero norvietnamita

Viet Nam fue el primer conflicto televisado de la historia, lo que permitió la denuncia de los frecuentes abusos y violaciones contra la población civil. La conocida como batalla de My Lai desató un escándalo en los Estados Unidos, debido a la masacre que supuso por parte de los soldados norteamericanos en aquella localidad, donde sólo encontraron viejos, mujeres y niños, y reflejada pese a los desmentidos oficiales por la presencia de periodistas y reporteros gráficos. De hecho y a lo largo de toda la guerra del Viet Nam 278 soldados norteamericanos fueron condenados por sus propios tribunales, debido a las atrocidades cometidas. La excusa declarada por la intervención norteamericana para una guerra que se prolongaría desde 1.955 hasta 1.975 fue la de impedir la reunificación de ambos Viet Nam, norte y sur, bajo un gobierno comunista, reunificación que al final no consiguieron evitar. Pero la guerra del Viet Nam fue tan sólo la prolongación de la que los franceses mantuvieron en lo que se conoció en su momento como la guerra de Indochina.

Españoles bajo uniforme francés

Se calculan en más de mil los españoles que combatieron en Indochina a lo largo de los nueve años que duró la guerra con Francia. La inmensa mayoría soldados republicanos que, tras la derrota en la Guerra Civil y huídos a través de los Pirineos, acabaron confinados en los campos de refugiados del sur de Francia como Saint-Ciprien o Argelès-sur-Mer. El gobierno francés les ofreció dos opciones: ser devueltos a España (con la casi total seguridad de ser fusilados), o bien alistarse en el ejército francés y, en concreto, en la Legión Extranjera. Ante tales perspectivas se alistaron bajo bandera francesa unos 15.000 en total. Tras la experiencia bélica de tres años de lucha y ante la funesta posibilidad de ser entregados a Franco, muchos de ellos aceptaron. Posiblemente ya no sabían hacer otra cosa. La 2ª Guerra Mundial no tardó en desencadenarse y bastantes de ellos lucharon en el norte de África (unos 2.000 en Túnez contra el Africa Korps del general Rommel), en suelo francés o hasta en las lejanas Indochina o Narvik, en Noruega. 

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                               Milicianos republicanos en la batalla del Ebro

Parte acabaron tras largo periplo a las órdenes de Philippe Leclerc, conde de Hauteclocque, más conocido como el general Leclerc. Rebelde al gobierno colaboracionista de Pétain, partidario y a las órdenes del entonces en Londres general Charles De Gaulle, comenzó desde Chad en 1.943 una larga lucha que le llevó hasta la liberación de París. La Deuxième Division contaba con una compañía: “la nueve”, llamada así, en castellano, al estar integrada en su inmensa mayoría por 144 republicanos españoles. Leclerc se dirige al capitán Raymond Dronne, responsable de la Novena Compañía (la “nueve”) con estas palabras:

no hay que obedecer órdenes idiotas (por parte del Alto Mando norteamericano, en teoría coordinador del avance). Dronne, tome a sus hombres de la Novena y entre en París. Diga a los parisinos que toda nuestra división estará con ellos mañana…

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                      Los españoles de “la nueve” en París, con su tanqueta Guadalajara

Y según testimonio personal de Dronne, que sabía apreciar a sus hombres y se había ganado su respeto, cuenta en sus Memorias:

…eran hombres muy valientes. Difíciles de mandar, orgullosos, temerarios. Con una experiencia inmediata de la guerra. Muchos de ellos atravesaban una crisis moral grave, como consecuencia de la guerra civil española…

Los de “La nueve” son los primeros en entrar a París, el 25 de Agosto de 1.944, con sus tanquetas rotuladas con nombres de famosas batallas de nuestra Guerra Civil: Guadalajara, Belchite, Brunete, Teruel… Pero ésa es otra historia. Volvamos a Viet Nam.

Españoles en Viet Nam

Hay testimonios o citaciones de muchos españoles que lucharon en Viet Nam: Robert Pujol, José Cortés, Antonio Polanco… De entre ellos quizá destacar al Doctor Ripoll Fonte que, tras la guerra, se instalo como médico en la capital de Camboya haciéndose amigo del general camboyano Susten Fernández…como suena. Susten viajó a España en alguna ocasión asombrándose de la cantidad de Fernández que encuentra en España… De lo que se enteró más tarde es que, en el Siglo XVI, sus antepasados habían llegado desde Filipinas con la intención de conquistar el reino jemer, sembrando su “exótico” apellido… Por mi parte, tuve la ocasión y el placer de conocer al amigo Ángel, de arrebatada historia y que cada vez que nos veíamos gustaba de contarme “batallitas” de su estancia en la Legión… o de lo que fue su experiencia en Dien Bien Phu.

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                                   Legionarios españoles, los novios de la muerte

Ángel se había alistado a la Legión en España por razones que no vienen al caso. Cuando le faltaban pocos meses para licenciarse una mañana les formaron en el patio, donde les ordenaron despojarse de sus uniformes. En la Legión ni se cuestionaban las órdenes. Así que se quedaron en calzoncillos en el patio inmediatamente a la voz de ¡ar!. Ahora, dijo el oficial, pónganse esos otros… y señaló un montón que había apilados, allí al lado. Se los pusieron sin rechistar y, una vez puestos, mirándose con disimulo unos a otros murmuraron, oye, esto no es del ejército español…

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                         Legionarios caídos tras la masacre de Edchera, 1.958

Efectivamente: eran uniformes de la Legión Extranjera Francesa… Sin mayores explicaciones los metieron en aviones y al cabo de muchas horas llegaron, para su asombro, a un  lejano país del que seguramente ninguno de los legionarios ni siquiera había oído hablar. Faltaban aún unos cuantos años para que el nombre de Viet Nam se hiciera famoso. Pero, según me contaba mi amigo Ángel, nada más llegar muy pronto aprendieron otro nombre: Dien Bien Phu. Corría el año 1954.

Dien Bien Phu, la gran derrota

Tras nueve años de guerra en Indochina, y pese a algunas sonadas victorias del ejército francés, el tesón y la moral irreductibles de los guerrilleros del Viet Minh (más tarde conocido como Viet Cong) fueron cercando poco a poco a los franceses, hasta quedar reducidos en el valle de Diem Bien Phu, al norte del Viet Nam. Un amplio valle  lleno de arrozales y pequeñas aldeas, de 16 por 9 kilómetros, surcado por el río Nan Yun. Los franceses escogieron este amplio valle por cuestiones estratégicas: principalmente para cortar la comunicación entre Laos y China, y pensando que aquí serían invencibles. Agrupados en el valle, instalaron dos pistas de aterrizaje y ocho puntos fuertes, todos con nombres de mujer: Beatrice, Gabrielle, Claudine, Anne-Marie, Huguette, Dominique, Eliane e Isabelle … es lo que tienen los franceses, que para estas cosas se ponen románticos y quieren convencer a todo el mundo de que son muy seductores…

Los generales franceses  subestimaron a los norvietnamitas pensando que allí podrían defenderse bien, y que los guerrilleros serían incapaces de instalar artillería potente en el circo de montañas que lo rodeaban. Los soldados franceses se burlaban de aquellos hombrecillos, bajitos y canijos…Pero como la Historia nos enseña a menudo y como suele suceder, cuando un ejército regular se enfrenta a guerrilleros, siempre se creen mejores que ellos… y casi siempre se equivocan.

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           Ho Chi Minh y el general Giap. Planeando acciones y satisfechos tras la victoria 

Los norvietnamitas estaban bajo el mando de su líder Ho Chi Minh, conocido cariñosamente como “el tío Ho” por los suyos. Su verdadero nombre era Nguyen That Than. Lo de Ho Chi Minh era su nombre de guerra y significa “el que ilumina”… Formado en Francia y en la URSS, combatiente en China con Mao Tse Tung contra el Kuomintang de Chiang Kai-Shek, y vencedor del ejército japonés que invadió Viet Nam durante la Segunda Guerra Mundial, a los que logró expulsar. En Diem Bien Phu, el ejército norvietnamita estuvo bajo las órdenes directas del general Vo Nguyen Giap que, con anterioridad, había sufrido una derrota contra los franceses, pero también una sonada victoria y, contra lo que pensaron los del Alto Mando francés, subieron prácticamente a pulso su artillería y abundante munición hasta la cresta de las montañas, cargándola a hombros, tirando con cuerdas de los cañones, escondiéndolos después  en refugios antiaéreos a salvo de los aviones enemigos, con los que castigaban continuamente al ejército francés en el valle. Cuenta Giap:

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            Transportando munición y piezas hasta los refugios de la montaña

para el Estado Mayor francés era imposible que pudiéramos instalar artillería en las alturas que dominan la olla de Dien Bien Phu, pero desmontamos los cañones para transportarlos pieza por pieza… (y añade, irónico) …¡siguiendo su lógica formal, tenían razón!... Más adelante continúa: …¡nuestros pies son de hierro!…utilizamos millares de bicicletas fabricadas en Saint Étienne (en Francia) que modificamos para llevar cargas de 250 kg…

El ejército regular de Giap, conocido como el Chu Luc, consta de 50.000 hombres, a los que había que añadir artillería pesada china atendida por expertos chinos, cosa que los franceses desconocen. El ejército francés destacado en Dien Bien Phu consta de 13.000 hombres. En parte, ejército regular; en parte, la fuerza de choque de la Legión Extranjera y el resto, mercenarios argelinos, marroquíes, senegaleses y vietnamitas. Como soporte, 28 cañones, 28 morteros, 10 tanques ligeros M24 y 6 cazas Bearcat. Los españoles “invitados” a formar parte de la Legión Extranjera son englobados en el 2º Batallón Extranjero de Paracaidistas, bajo el mando del comandante Liensenfelt, en total, unos doscientos. Y entre ellos, mi amigo Ángel.

En lo que se denominó la Operación Castor, el 20 de Noviembre de 1.953 son lanzados 4.000 paracaidistas que toman el lugar en ese mismo día, sin encontrar resistencia. En los siguientes tres días se van sumando 9.000 hombres más. Durante casi dos meses la situación parece tranquila. Construyen las dos pistas de aterrizaje y los ocho campamentos con nombres de mujer. Pero la noche del 31 de Enero de 1.954 se desata el comienzo del fin. Desde la cresta de las montañas, desde sus escondites a salvo de la aviación, ante la incredulidad y la desesperación de los franceses, 200 cañones machacan los campamentos y las pistas de aviación. Cañones que, para colmo, están fuera del alcance de la artillería francesa. Para cuando el Alto Mando francés intenta una operación de apoyo a cargo de la R.C.P. (Regimiento de Cazadores Paracaidistas), son ferozmente rechazados por el Viet Minh con artillería antiaérea. Nuevo desconcierto para los franceses que no contaban con que los vietnamitas contaran con ese tipo de armamento. Durante pocas semanas Giap no arriesga a sus hombres, tan sólo deja que la artillería siembre la carga mortal de sus obuses.  

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          Paracas franceses y Legión extranjera, hostigados por el Viet Minh

En la madrugada del 12 de Marzo Giap se decide a lanzar su infantería, que conquista las posiciones Béatrice y Gabrielle y aniquila dos batallones de franceses. El comandante de artillería se suicida aquella misma noche aunque el Alto Mando decide no comunicarlo inmediatamente a la tropa por no desmoralizar. El Jefe de Estado Mayor, conde Hubert-Marie-Jean-Albert de Seguins-Pazzis, sufre una crisis nerviosa que le mantiene varias horas fuera de juego. Seis días más tarde, el 18 de Marzo, los vietnamitas han tomado el primer aeropuerto. Pocos días después, el segundo aeropuerto ya es suyo. El 28 de Marzo aterriza el último avión francés que resulta inmediatamente destruído. Inhabilitadas las pistas de aterrizaje, los suministros de munición y de materiales ya sólo se pueden hacer lanzándolos en paracaídas que, para desgracia de los franceses, suelen caer dentro de la zona controlada por el Viet Minh. Para colmo, a mediados de Abril hacen su aparición los monzones, imposibilitando cualquier ayuda desde el aire, además de convertir bunkers y trincheras en pozos y lodazales.

La moral de los franceses no puede estar más por los suelos. Su prioridad es aguantar como sea hasta que se celebre la Convención de Ginebra donde se pretende establecer la paz entre Francia y el Viet Nam, pero no les va a dar tiempo. Los mercenarios vietnamitas han desertado en masa, y otros dos mil desertores, magrebíes en su mayoría, han abandonado los campamentos y se esconden en cuevas a lo largo del río Nam Yum (“las ratas del Nam Yum“, les llaman sus antiguos camaradas) de dónde sólo salen por la noche para robar comida. Entre los desertores también se contaron españoles, pero no para escapar, sino para unirse al enemigo. Desde el comienzo de la Guerra de Indochina, hacía ocho años, muchos de los soldados bajo uniforme francés, antiguos soldados republicanos y de fuertes convicciones comunistas, veían con mucha más simpatía a los vietnamitas de Ho Chi Minh que a los “imperialistas” franceses. De hecho Ho Chi Minh hizo algunas emisiones por la radio al ejército francés invitándoles a desertar y unirse a ellos, en las que algunas de las alocuciones se dirigía a los españoles y en español que, curiosamente, dominaba de forma casi perfecta. 

Angel de Haro y sus “caballeros legionarios” trasplantados a Viet Nam sufrieron junto al ejército francés el acoso norvietnamita, replegándose cada vez más, abandonando de uno en uno aquellos puntos fuertes con nombre de mujer, incapaces tan sólo de una débil resistencia. Ángel me contaba anécdotas como la de una oficial médico, de las pocas mujeres que había en Dien Bien Phu, que salía a recoger heridos con los camilleros bajo el fuego enemigo, disparando con la otra mano una pistola sin parar.

El general Giap describió de una forma muy oriental, hasta poética si se quiere ver así, los estragos que su táctica de guerra producía en los franceses:

será una pelea entre un elefante y un tigre. Si el tigre se queda quieto el elefante lo aplastará sin remedio, pero el tigre nunca se quedará quieto. Saltará sobre el lomo del elefante arrancándole grandes trozos de carne para esconderse después en la jungla. Así el elefante morirá desangrado. Será el lento desangrar del elefante caído… 

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                      Largas filas de prisioneros, custodiados por el Viet Minh

Por fin, diezmados, cercados y sin más opción, los franceses se rinden el 8 de Mayo de 1954. Hasta el último momento se lanzaron refuerzos de paracaidistas, pero no bastaban: fueron enviados 4.306 soldados en total para sustituir a las pérdidas, que ascendían a 5.500 bajas. De los 20.000 combatientes franceses de la guarnición se contabilizaron un total de 7.500 bajas entre muertos y heridos. Sólo los muertos, 2.293, entre fuerzas aerotransportadas y Legión Extranjera. Tras la rendición 11.721 fueron hechos prisioneros y enviados a campos de trabajo. De éstos sólo sobrevivieron 3.290. El resto murió en los campos, por hambre y enfermedades.

Ángel tuvo suerte. Como él decía, al alistarse vendió su vida a la Legión por un sueldo ínfimo… pero salvó la vida. Ho Chi Minh había vuelto a ganar, lo que se llamó la Batalla de Indochina. Repetiría la victoria una vez más contra el poderoso ejército norteamericano, en lo que se llamaría la Guerra de Vietnam aunque no pudo llegar a verlo. Murió poco tiempo antes de la victoria, de tuberculosis, en una cueva donde se escondía cerca de Hanoi, el 2 de Septiembre de 1.969, a los 79 años de edad.

Franco y los Doce de la Fama

Mi amigo Manolo Navarro, al que conocí en Tombuctú, dueño de la productora La Nave de Tharsis, terminó hace poco un documental titulado: Go Cong. La guerra secreta de los españoles en Vietnam, que estuvo preparando pocos años atrásMe preguntó en su momento si no conocería alguien que hubiese luchado por allí. Justo, le dije, mi amigo Ángel, y le conté el episodio de Diem Bien Phu.

Mi sorpresa fue que, con lo locuaz que era Ángel habitualmente, se negó a aparecer ante una cámara contando sus experiencias en Vietnam. Ángel murió hace cuatro años pero con su hija elaboramos algunas teorías, como la de que hubiese un pacto de silencio ante aquellos hechos, posiblemente con la Legión Extranjera o el ejército francés. De hecho, el gobierno de París, en agradecimiento por los servicios de armas prestados bajo su uniforme, le ofreció la nacionalidad –que no aceptó- y trabajos de responsabilidad y confianza en factorías francesas de la aviación, donde trabajó varios años.

En el documental de mi amigo Manolo sale a relucir una historia, de las varias que se ocultaron bajo el franquismo. Ya en la Guerra del Vietnam con el gobierno norteamericano, el presidente Lyndon B. Johnson  solicitó colaboración militar en 1965 a varios países europeos en un intento de no aparecer él sólo como el agresor. Entre ellos pidió ayuda a España, con la seguridad de que con la amistad hispano-norteamericana y contando con el feroz anticomunismo de Franco, sin duda éste le apoyaría. La solicitud se hizo a través de la Free World Military Assistance Office.

La gran sorpresa fue la respuesta de Franco. En unos documentos recientemente desclasificados se puede ver una carta enviada al embajador español en Washington, Merry del Val, en la que se afirma que la carta ha sido redactada de puño y letra por el Caudillo, aunque más tarde corregida, con la orden de que le fuese entregada al presidente. Expone –resumo algo, pero el contenido es literal- un análisis certero y lleno de sentido común sobre la situación en varios puntos:

1º La guerra en la selva será un fracaso. La guerra de guerrillas será interminable.                                                                                                           

 2º Una guerra prolongada sólo favorecerá a los chinos.                                                                

 3º Los americanos siempre serán considerados como extranjeros. Nunca aceptados por la población local.                                                                                                                                

 4º No es un asunto militar, sino un asunto político.                                                                   

 5º Los pueblos oprimidos y pobres siempre elegirán el comunismo porque es el único camino eficaz que se les deja.                

 6º No se pueden negar realidades presentes como el socialismo. El comunismo no desaparecerá del sudeste asiático por la fuerza de las armas.                                                      

 7º Hay soluciones. Todos los actores en conflicto aspiran a lo mismo: echar a los chinos.         

 8º A “Hochi Ing” (así llama Franco a Ho Chi Minh en la carta), por su historia y su empeño en echar a los japoneses primero, a los chinos después y a los franceses más tarde, hemos de confirmarle un mérito de patriota al que no puede dejar indiferente el aniquilamiento de su país. Dejando a un lado su carácter de duro adversario, podría ser el hombre de esta hora que el Vietnam necesita.

Asombra la indiscutible admiración que Franco procesaba a Ho Chi Minh, y aquí hay que reconocer la inteligencia militar de un hombre, con la experiencia de haber combatido a la guerrilla de los rifeños durante varios años.

Franco, pese a lo que esperaba el presidente Johnson, no envió destacamentos armados. A cambió envió un grupo de doce médicos militares, todos ellos voluntarios, a los que se conoció más tarde como Los 12 de la fama, y que estuvieron durante cinco años atendiendo al personal civil en el Hospital Español,  en la población de Go Cong, en el delta del Mekong, al sur de Vietnam.

Recuerdan algunos de aquellos médicos, entrevistados en el documental de mi amigo el trabajo con la población local, entre los que estaban muy bien considerados, sobre todo al comprobar éstos la diferencia del trato hacia los vietnamitas por parte de aquellos médicos españoles que les atendían y el personal norteamericano, muy militarizado, que utilizaba sus propios hospitales generalmente para ellos solos.

De hecho Los Doce de la Fama solían estar escasos de medios y tuvieron que solicitarlos en repetidas ocasiones tanto al mando norteamericano como al gobierno español.  Atendían sobre todo enfermedades comunes, cirugías, pero también algún caso aislado por heridas de guerra entre las que, sospechan, hubo algún que otro guerrillero del Viet Cong, a los que cuidaron igual que a los demás. Los militares del Viet Cong eran conscientes y apreciaban la ayuda prestada a los civiles.

Según avanzaba la guerra y los guerrilleros del Viet Cong ganaban terreno, comenzaron a bombardear Go Cong y alguna bomba dañó parte del hospital. Aguantaron aún un tiempo, pero la presión se iba haciendo cada vez más fuerte. La guerra estaba llegando a su desenlace, y  al final fueron evacuados y devueltos a España.

El perro Paco. Un héroe y mártir castizo en el Madrid de 1882

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EL PERRO PACO

Corría el año de 1879, el día 4 de Octubre concretamente, festividad de San Francisco de Asís, cuando un caballero camina por la calle de Alcalá, rodeado de varios amigos. Este hombre era don Gonzalo de Saavedra y Cueto, marqués de Bogaraya, grande de España, borbónico hasta las cachas y persona con gran futuro pues algunos años más tarde será alcalde de Madrid. Se dirigen hacia el Café de Fornos donde han decidido cenar. La Historia sin que él lo sepa ha decidido que sea el introductor de uno de los personajes más famoso de Madrid: el perro Paco.

Según las crónicas, un chucho de los muchos que deambulan por la calle, tirando a pequeño y de color negro con mancha blanca en el pecho. Se cuenta, aunque no está contrastado y quizá forme parte del mito, que Paco nació en Colmenar de Oreja. El perro se había acostumbrado, con ese don de gentes que le caracterizaba, a viajar en el pescante de los coches de posta que unían Colmenar de Oreja con Chinchón, hasta que un día le dio por ampliar sus horizontes y llegar hasta la capital. Aquella noche del 4 de Octubre de 1879 el perro se acercó a las perneras del señor marqués y, por esos azares de la vida, le cayó simpático. Sus destinos, para suerte del perro Paco, quedaron unidos.

El Café de Fornos

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El mencionado Café de Fornos se situaba donde actualmente hay un Starbuck, en el cruce de Alcalá con la calle de Nuestra Señora de los Peligros, antiguamente calle Angosta de los Peligros, para distinguirla de la calle Ancha de Peligros (para los madrileños, Peligros sin más).  Conviene señalar para jóvenes y viejos que Madrid, por aquel entonces, era un poco diferente a la actual. Para empezar, aún no existía la Gran Vía. Se construiría unas décadas después a costa de la demolición de más de dos mil viviendas, angostas y oscuras en un laberinto de callejas más oscuras y angostas todavía, en pleno fervor de saneamiento y modernización de la ciudad.

Las únicas calles amplias que mereciesen ese nombre eran las cuatro que confluyen en la Puerta del Sol: Arenal, Mayor, la Carrera de San Jerónimo y Alcalá, que acababa con tal nombre en lo que hoy es la Plaza de Cibeles y en aquellos tiempos cauce del arroyo de la Castellana, que discurría extramuros en dirección Norte-Sur, formando parte de la Cañada Real y en cuyos prados y descansaderos pacían los rebaños de merinas en su trashumancia. De su existencia quedan ecos, como el del Paseo de Recoletos, antiguamente Prado de los Recoletos Agustinos, o la Fuente Castellana que dio nombre al largo paseo bajo el que se soterra el arroyo y que se situaba en la actual Plaza de Emilio Castelar. Pero volvamos al Fornos y al perro Paco.

En la esquina entre Alcalá y Peligros, como decíamos, se encontraba el café de más postín del Madrid de entonces: el Fornos, llamado así por el apellido de su propietario, don Manuel. Que, por cierto, se pegaría un tiro en la cabeza en uno de sus reservados tal que en 1905. Pero aún faltaban algunos años. En el de 1879 con el que comenzaba esta crónica, se acababan de mudar desde su primitiva ubicación en la calle de Arlabán. El nuevo local se montó a todo lujo: muchas mesas de mármol, sillas de madera y divanes de terciopelo rojo. Grandes espejos, pinturas (de Plasencia, de Gomar y de Sala) por las paredes, reloj con dos esferas e incluso cubertería de plata que acabarían sustituyendo al ser ésta objeto de “coleccionismo” por parte de la selecta clientela.

Porque la clientela del Café de Fornos era de lo más selecto. Por la tarde iban a merendar los matrimonios burgueses. Según avanzaba la tarde, se instalaban en sus mesas políticos, militares, cómicos, intelectuales, toreros y demás gente de mal vivir. Se hicieron famosas las tertulias como la del escritor y comediógrafo Vital Aza y, sobre todo, la de don Felipe Ducazcal. Actor y empresario de teatro, fundador de El Heraldo de Madrid y amigo de don Amadeo de Saboya y de Alfonso XII. Con él se sentaban los cómicos Rafael Calvo y Antonio Vico, el tenor Julián Gayarre, los músicos Chueca y Chapí, el torero Frascuelo o el inventor Isaac Peral. Además del ya citado, el Marqués de Bogaraya, que comandaba el conocido como el Batallón del Aguardiente. El Café de Fornos no cerraba nunca. En los reservados del piso inferior se gestaron conspiraciones o, lo que era más habitual, citas galantes aprovechando la intimidad de los compartimentos.

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                                La tertulia de Vital Aza, en el Café de Fornos

El perro Paco entra en escena

Quiso la suerte que aquella noche el Marqués y aquel chucho se hiciesen amigos, y con semejante padrino entrase por pleno derecho al selecto Café de Fornos. El perro Paco (como fue bautizado por la festividad del día) dormía en las cocheras de los tranvías, por aquel entonces todavía tirados por mulas, sitas en la calle Fuencarral, que unían la Puerta del Sol con la glorieta de Cuatro Caminos. Cuando Paco se quería retirar rascaba la puerta de las cocheras que le eran franqueadas por el guarda. Paco era, nunca mejor dicho, un animal de costumbres, o todo un bohemio, como queráis llamarle. Ya famoso, nunca aceptó las muchísimas invitaciones para entrar en las casas de sus protectores.

Aquella noche en el Café de Fornos le arrimaron una silla y, como un comensal más, le pusieron un plato con carne asada que el perro, suponemos, engulló con delectación. Acabada la cena, pidió el Marqués una botella de champán. Y echándole unas gotas sobre su cabeza quedó bautizado como Paco, entrando en la leyenda. Para los parroquianos del Fornos invitar al perro Paco se convirtió en una costumbre. Paco se acercaba al Fornos, al que los camareros permitían pasar como personaje señalado que era. Siempre había alguien que le invitaba a un plato de carne que el perro, como había aprendido, comía subido en una silla. Como persona educada, esperaba a que su mecenas de turno se retirase acompañándole sin prisas hasta la puerta de su domicilio. Nos cuenta Natalio Rivas, por aquel entonces joven político y que asegura haberlo visto personalmente que, tras acompañarle, y rechazando toda invitación a entrar a la casa, se dirigía hasta su lugar de descanso, en las cocheras de la calle Fuencarral.

El perro Paco comenzó a frecuentar no sólo el Café de Fornos, sino el cercano teatro Apolo, nada que ver con el actual, y que estaba situado en el número 45 de la calle de Alcalá de Madrid, justo a la derecha de la iglesia de San José. Inaugurado el 23 de Marzo de 1873 tenía cabida para 1.200 espectadores, lo que le valió la popular denominación de la “catedral del género chico”. Y donde, por supuesto, le dejaban entrar. No había en Madrid portero o conserje que osase impedirle la entrada. Si había butaca libre, se sentaba. Y si el teatro estaba lleno siempre había espectadores que le hacían sitio. Una vez acabada la función y como costumbre adquirida por derecho, al Fornos, que ya habría algún amigo que le invitaría a cenar. Al poco otro de sus mecenas, don Felipe Ducazcal antes mencionado, le invitaba a desayunar a diario en el Café Suizo, situado en la acera de enfrente, en la esquina entre las calles de Alcalá y la de Sevilla. Con el bollo mañanero y su bistec nocturno del Fornos, Paco tenía la vida resuelta y bien resuelta. El can se había convertido en un icono de la época. Se escribieron canciones sobre él, los periodistas mencionaban su asistencia a los eventos como si se tratara de una celebrity más, e incluso se editó un periódico, El Perro Paco, donde se reflejaban las “opiniones” del chucho sobre política, arte, cultura, y todo lo debatible. Incluso se anunció una manzanilla de Sanlúcar bajo la denominación de El perro Paco, al precio de tres pesetas la botella.

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El perro Paco y los toros

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                                    La antigua plaza de toros. Al fondo, Madrid

Como madrileño de pro, Paco se aficionó a los toros. Por aquel entonces la plaza de Madrid se situaba entre lo que serían las calles Goya y Jorge Juan, de ahí la tradición actual de los toreros de vestirse en el Hotel Wellington, a un tiro de piedra de aquella localización. Los toros eran llevados a la plaza no en camión, que no los había, sino arreados a caballo desde las vegas de Aranjuez al mejor estilo campero cual auténticos cow-boys  del lejano Oeste y, ya en Madrid, por el paseo de las Delicias arriba, ganado bravo descendiente de la afamada ganadería sevillana de Veragua.

Los días de lidia los madrileños se acercaban a la plaza subiendo la calle Alcalá o, como se decía y se dice en el foro, por la “c’alcalá p’arriba”. Eran días de fiesta, ataviadas ellas con pañolón o mantillas, ellos con su mejor terno y claveles en la solapa. Los más pudientes en coches de caballos, algunos en tranvía, los más a pie. Y con ellos, el perro Paco. Ocupaba su localidad como uno más y, acabada la faena y muerto el toro, gustaba de saltar a la arena para pegar unos saltos, volviendo a la localidad cuando los clarines anunciaban el siguiente toro, lo cual era muy celebrado por los espectadores excepto algún purista, que siempre los hay, como don Mariano de Cavia, criticando en algunas de sus crónicas lo que consideraba indecoroso con la lidia.

La muerte del perro Paco

 Desde el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías lorquiano a la ¡Talavera, Talavera, qué triste suerte tu suerte!…por la muerte de Joselito El Gallo, el mundo taurino ha gustado lamentar con coplas y poemas la desgraciada muerte de sus héroes.  A toda una celebridad como el perro Paco, por desgracia, nadie supo cantarle.

La tarde del día 21 de Junio de 1882, festividad de San Luis Gonzaga, se celebraba en Madrid una becerrada “de las de convite”, del gremio de vinateros, en la que estaban anunciados Isidro Grané, Ernesto Jiménez, Enrique Gaire y José Rodríguez Miguel, más conocido en el mundillo taurino como Pepe el de los Galápagos, mote que debía al regentar una taberna en la calle de Hortaleza, frente a la fuente de los Galápagos. Todos ellos con la ayuda de Santos López, Pulguita, banderillero que formó parte de la cuadrilla de don Luis Mazzantini.

El último becerro de la tarde correspondió a Pepe el de los Galápagos, un ejemplar peligroso que demostró bravura y embestía con aviesas intenciones. El Pulguita no consiguió hacerse con él y menos aún El Galápagos. Como la faena se dilataba y el respetable se aburría, el perro Paco decidió saltar a la arena. Las crónicas se contradicen. No se aclaran si El Galápagos tropezó con él, o si Paco distraía en exceso al morlaco, pero el caso es que El Galápagos, nervioso,  lanzó un estocazo al chucho que le atravesó los ijares. Y allí se lió la marimorena. Mientras la plaza abucheaba al Galápagos por herir a uno de los personajes más queridos de Madrid, cerca de cien espectadores se arrojaron al ruedo, ignorando al becerro, con la intención de linchar al novillero, cosa que consiguió evitar la fuerza pública.

Quien tiene un amigo tiene un tesoro. Y a Paco no le faltaron amigos. El jefe de areneros, Pepe Chinchilla, tomándole en brazos lo condujo presto a la enfermería donde le hicieron unas curas de urgencia, aunque la cogida parecía grave. Se requirieron los servicios profesionales del veterinario don Ciriaco Baigorri que, viendo el mal estado del can, avisó a su colega don Francisco de Jaime y que a su vez convocó a un tercer veterinario, don Pedro Benito Aguado. Dice el refrán popular que…”un médico cura; dos, dudan; tres, muerte segura”… No dudamos de su competencia pero es cierto que Fleming tardaría aún sesenta años en inventar la penicilina, que el estoque del Galápagos había atravesado al pobre chucho de lado a lado y que posiblemente no había nada que hacer, pero el caso es que Paco falleció a los pocos días.

Otro amigo de los del Fornos de Paco, el torero Frascuelo, se hizo cargo del cuerpo y lo mandó disecar por el mejor taxidermista de Madrid, don Ángel Severini. Tras un breve periplo en un par de establecimientos, entre ellos una droguería sita en el 22 de la calle Desengaño (aunque las crónicas se contradicen si fue antes o después) el busto disecado del perro Paco acabó decorando una taberna taurina sita en el 89 de la calle de Alcalá, propiedad de aquel Pepe Chinchilla que lo condujo a la enfermería de la plaza. Podemos imaginarlo sin mucho esfuerzo, quizá flanqueado por sendas y serias cabezas de astados. No dudo de la buena intención del propietario, pero posiblemente también hubo en el lucimiento de los restos mortales del pobre Paco su poquito de lo que aún no se llamaba marketing, y podemos imaginar también los brindis que más de uno y más de dos, con los ojos húmedos no se sabe si por la emoción o por el vino, dedicaban a Paco levantando el vaso y recordando sus hazañas. Pero a Paco aún le faltaba un último viaje, y pasado el primer y lógico entusiasmo tampoco duró mucho tiempo en la taberna del Chinchilla. Acabó, anónimamente, enterrado en El Retiro.

Epílogo

La memoria de Paco entre los madrileños aún seguía viva pocos años después de su muerte. Hubo un personaje del que no he logrado encontrar el nombre aunque bien me hubiese gustado, que promovió una campaña para recaudar fondos y erigir una estatua al perro Paco. El caso es que, en muy poco tiempo y apelando al buen recuerdo del chucho, logró reunir la nada desdeñable cantidad de 2.900 pesetas de las de la época. Pero, si Paco era libre y bohemio, el recaudador demostró serlo todavía más. Según crónica de la época: …desapareció con el dinero y nunca más se supo de él…

El largo peregrinar de los manuscritos árabes. La Biblioteca de El Escorial y la Fundación Kati de Tombuctú. 2ª parte.

 

Quiero agradecer su cordial ayuda en lo referente al Fondo Árabe de la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial a su bibliotecario y antiguo prior, Don Jose Luis del Valle y, muy especialmente a una buena amiga, restauradora de cubiertas antiguas, por su abundante y valiosa información. Y en cuanto a lo que atañe a la Fundación Kati, a su depositario y conservador contra viento y marea Ismail Kati, siempre amable y de siempre interesante conversación, y a Manuel Alonso Navarro, al que conocí casualmente frente a la mezquita de Yingueraber cuando aún desconocía la existencia de los Kati, y junto al que emprendí una accidentada “huída” de Tombuctú, huída que significó el comienzo de una estupenda amistad. A todos, gracias.

El destierro del toledano

Arde Toledo o, de momento, arde La Magdalena. Mudéjares y conversos se han rebelado ante la creciente presión de los cristianos viejos que han acabado con la situación de tolerancia a sus instituciones, hasta entonces respetadas. Estamos en el día 22 del mes de Julio del año 1.467. Diez y seis años antes, en 1.451, se promulgan una serie de medidas restrictivas contra judíos y musulmanes. Los judíos protestan y alegan que ya Juan II en 1.450 -volvería a hacerlo en 1.452- había revocado normas similares, aunque los episodios de asaltos a las juderías han sido casi una constante desde la toma de Toledo por Alfonso VI el 25 de Mayo de 1.085, apoyado por los judíos, por cierto. En principio los nobles toledanos aceptan, pero sólo en parte, y las restricciones aumentan: prohibición de andar de noche, salir a la calle durante las festividades cristianas o llevar señales distintivas en la ropa que les identifiquen, entre otras.

La Liga de Nobles ha destronado simbólicamente a Enrique IV de Castilla en la llamada Farsa de Ávila, el 5 de Julio de 1.465, coronando a su hermanastro Alfonso como Alfonso XII -aunque en su momento se le conoció como “El Inocente”- con tan sólo doce años. No les duraría mucho, murió a los catorce de edad. Los cristianos viejos comienzan a limpiar Castilla de todo aquello que llevase sangre judía, ya fueran judíos o conversos, así como a los mudéjares y musulmanes convertidos al cristianismo. Mudéjares y conversos (para los cristianos viejos son la misma cosa) sintiéndose cada vez más amenazados y fuertemente armados han cercado la catedral, matando a dos canónigos y algunos fieles. Cuando se aproximan refuerzos, los rebeldes montan barricadas en puertas y puentes, pero los cristianos consiguen escapar de la catedral y la respuesta de los rebeldes es pegar fuego al próximo barrio de La Magdalena donde mil seiscientas casas van a quedar arrasadas. Tras varios días de lucha el fuego es controlado y los rebeldes reducidos. El cabecilla converso Fernando de la Torre es ahorcado para general escarmiento en la Plaza de Santa Leocadia, mientras que su hermano Álvaro lo será en la Plaza del Seco. Durante varios días más otros conversos continuarán dando ejemplo con su ejecución. La antigua tolerancia queda cortada en seco, quedando tanto judíos, como mudéjares o conversos excluídos de todo cargo público.

En 1.460 un mudéjar principal, descendiente de visigodos conversos al Islam, Alí Ben Ziyad al-Quti, ejerce como juez y autoridad entre la comunidad musulmana. Las crónicas -o las memorias familiares, sería más exacto- nos cuentan que además de su patrimonio, contaba con negocios de hostelería y restauración, como diríamos ahora. Pero tras lo que quedará para la posteridad como “Los Fuegos de La Magdalena”, su situación así como la de otros mudéjares empieza a ser muy complicada. Atrás quedan tiempos mejores, como cuando la Escuela de Traductores de Toledo, desde la toma por Alfonso VI hasta Fernando El Santo o hasta la muerte de su hijo Alfonso X, llamado El Sabio, cristaliza en el mundo de la cultura la tan proverbial convivencia de las tres culturas.

El 22 Dhu’l-Qa’dah del año 872 de la Héjira -el 22 de Abril del 1.468 de la Era Cristiana- Alí Ben Ziyad fue autorizado a abandonar Toledo junto a un grupo de mudéjares y conversos, llevando consigo algunas propiedades: algo de dinero y, sobre todo, sus bienes más preciados entre los que se cuentan sus libros, unos 400 manuscritos escritos en hebreo, árabe y aljamiado -castellano escrito bajo caracteres árabes-, compendios de astronomía, matemáticas, medicina y filosofía, que Alí Ben Ziyad ha podido reunir con facilidad en una ciudad como Toledo, sede que fue de la Escuela de Traductores. La condición impuesta para poder marcharse es dejar en la ciudad en calidad de rehenes a sus familias. Durante su exilio les enviará cartas. Todos confían, ¡inshaláh!, que el exilio sea breve y volver a reunirse con ellos, tarde o temprano, cuando la situación mejore aunque en su interior sospechan que será difícil. Jamás volverá a verles.

Los antepasados de Alí Ben Ziyad y el rey visigodo Witiza

…oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza… cuentan las crónicas. Algo debía de “cocerse” para tan negros augurios, y no andaban descarriados. Si el tema os interesa podéis profundizar algo más en la figura y las circunstancias de Witiza en la entrada de este blog titulada: De Toledo a Tombuctú y los descendientes de Witiza. Pero para entender de cómo la figura del mudéjar Alí Ben Ziyad surge en Toledo, os aclararé algunos datos.

Entre los nobles visigodos era costumbre escoger rey en asamblea. Con el tiempo se volvió una cuestión casi hereditaria, de padres a hijos, pero originalmente primaba la validez del candidato. Una cuestión que suscitó divisiones profundas entre ellos fue el enfrentamiento entre unitarios y trinitarios. La iglesia cristiana de los primeros siglos estaba dividida en múltiples sectas. Uno de los principales desacuerdos se basaba en la cristología, o la relación entre Jesús y Dios. Originalmente los visigodos practicaban el cristianismo basado en los principios del presbítero Arrio de Alejandría que sostenía la subordinación de Jesús respecto a Dios, lo que se definió en griego, la lengua culta de la época, como homoiusia (de diferente materia) para los arrianos. Dios sólo era lo que ahora llamamos Dios Padre, mientras que Jesús no compartía esa naturaleza divina.

La corriente oficial se había establecido en el Primer Concilio de Nicea, convocada por el emperador Constantino en el año 325, y sostenían que Dios Padre y Dios Hijo (Jesucristo) eran de la misma naturaleza, lo que llamaban la homousia (en griego, la consustancialidad). Una letra más, una letra menos, pero unos conceptos radicalmente enfrentados. Algo más tarde y en el Concilio de Constantinopla del año 381 convocada por el emperador Teodosio se añade la figura del Espíritu Santo, con lo que se constituye el dogma o “misterio” de la Santísima Trinidad. El denominarle “misterio” no fue a la ligera. Es una figura que, aunque hoy en día tengamos bastante asimilada en el subconsciente de la cultura cristiana, en su momento generó importantes debates teológicos y muchas controversias. Pero la poderosa iglesia de Roma con el apoyo del todavía fuerte Imperio Romano la acabó imponiendo. Sus partidarios comenzaron a llamarse los “trinitarios”-o católicos, de “universalidad”-  en oposición a los partidarios de Arrio, o “unitarios”. Por diferentes motivos, los recién llegados y cristianizados visigodos eran arrianos y, por tanto, unitarios.

En España la Iglesia tiene su sede oficial en Toledo. Dependiente de la casa madre de Roma y trinitaria, por tanto. Aunque en sus comienzos la nobleza visigoda se encuadra bajo la creencia unitaria, el rey Recaredo en el año 589 convoca el Tercer Concilio de Toledo donde se impone la doctrina trinitaria. El objetivo puede que fuese la reconciliación entre la Iglesia y la monarquía, y el apoyo de parte de la nobleza hispanoromana. No sin fuerte oposición y focos de resistencia, Recaredo implanta la doctrina trinitaria que pasa a ser la oficial a todos los efectos.

Oficial…para las altas esferas. Si para los eclesiásticos más preparados debió ser arduo entender el “misterio”, para las gentes de a pie, analfabetos en su inmensa mayoría, debía ser “cosa de los curas” que había que acatar como tantas otras bajo el riesgo de ser declarado hereje y morir bajo torturas, aunque nadie la entendiese, que tampoco se les pretendía discusiones teológicas, con acatar el dogma les bastaba. Fe, al fin y al cabo, significa creer ciegamente, con la proverbial e incombustible fe del carbonero, en lo que no se puede ver ni demostrar.
 
Tras más de cien años desde la conversión oficial de la aristocracia goda al catolicismo, Witiza da un golpe de timón y se declara partidario del unitarismo arriano. No podemos saber sus motivos, tan sólo especular. ¿Enfrentamientos con la Iglesia…convencimiento propio?…. Su decisión divide a los nobles visigodos: mientras unos vuelven al unitarismo arriano, otros siguen siendo partidarios del trinitarismo católico. Pero hay un hecho que resulta sospechoso. De los diez y ocho concilios de Toledo (desde el año 397 hasta el 702) se conservan las actas de todos…excepto del último, celebrado ya bajo el reinado de Witiza. ¿Perdido, destruído quizá…?. En los concilios se registraban tanto acontecimientos religiosos como las leyes promulgadas por el monarca de turno.
 
Aunque no podamos consultar las actas de ese último concilio, y cualquier especulación sobre su contenido está sujeto a la particular interpretación de numerosos autores, hay testimonios y comentarios que giran sobre él en los que, con una mezcla de escándalo y de asombro, se nos cuenta que, por ejemplo, Witiza autoriza el matrimonio de los sacerdotes y tolera la poligamia, amén de otras reformas “escandalosas” y que limitan el poder de la Iglesia. Es muy posible que Witiza regularice unas costumbres que se habían vuelto casi norma. La moral de la época no era la nuestra, y concubinatos (dentro de la iglesia) o poligamia (usual entre los judíos) no eran hechos aislados. 
 
Sea como sea y por estas u otras razones, efectivamente, “oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza”… De una forma que las crónicas reconocen como violenta, Witiza es encarcelado y desaparece del mapa. De su sucesor Don Rodrigo nos cuenta la historia su derrota a manos de los invasores musulmanes que, desde su foco original en Arabia, se van expandiendo y van dominando el Magreb hasta acabar desembarcando en Gibraltar. Las crónicas nos cuentan también que el gobernador de Ceuta y de la Hispania Tingitana, provincia española que comprendía la franja costera de lo que ahora es Marruecos, el conde Don Julian, solicita ayuda a los recién llegados para combatir a Rodrigo. ¿La causa?. Por una parte, por fidelidad debida al depuesto Witiza que le había nombrado gobernador. Y, por otra parte, el romancero cuenta que Rodrigo había violado o seducido a su hija, Florinda la Cava, por lo que Don Julian busca venganza para restablecer su honor. Como argumento de los abusos de Don Rodrigo cuenta el romancero con un toque muy fantasioso que cuando localizan a Rodrigo, ya derrotado y escondido en una cueva donde mora una enorme serpiente, ésta le está devorando y, en sus propias palabras confiesa: ya me come, ya me come, por do más pecado había…
 
Visigodos y musulmanes se enfrentan en la famosa batalla del Guadalete, que se extendió entre el 19 y el 26 de Junio del año 711, en forma de escaramuzas o combates abiertos. Durante esa semana los enfrentamientos son constantes. Ya apunta el romancero:
Las tropas de Don Rodrigo se desmayaban o huían cuando en la octava batalla sus enemigos vencían… En una de esas contiendas los partidarios y parientes de Witiza se largaron del campo de batalla dejando solo a Rodrigo, lo que condujo a su derrota. No fue sólo éso: a finales de ese mismo año Don Oppas, hermano de Witiza y obispo de Sevilla entrega la ciudad de Toledo sin combatir, completando su venganza.

En el libro La Revolución Islámica en Occidente su autor, Ignacio de Olagüe, sumamente documentado y obra de un erudito como sin duda lo fue -publicado por primera vez en París y en francés- argumenta que los primeros musulmanes que llegan a España y los pobladores hispanos con los que se encuentran, se entienden perfecta y pacíficamente. Ni imponen ni compiten por su religión. Los musulmanes luchan si acaso por desplazar del poder a la élite visigoda para ponerse ellos, pero el hecho es que la población les acepta sin ningún problema y numerosos nobles visigodos se islamizan y se integran con los recién llegados. Es una “conquista” que sorprende por lo rápida para la escasa fuerza de tan sólo siete mil soldados que cruzan el Estrecho, en barcos facilitados por el Conde Don Julián. Excepto alguna pequeña resistencia como la declarada en Mérida por los visigodos allí refugiados, o los focos en las montañas del norte, el país es dominado en un año y pico.

Hay otro hecho a tomar en cuenta: los musulmanes son unitarios (No hay más Dios que Alá, comienza la shahada,su declaración de fe), al igual que los judíos, para los que sólo hay un Yahvé. La masa de la población hispana posiblemente también. Y el sector visigodo como el que encabeza Witiza, se declara unitario. En cambio para los musulmanes, el trinitarismo de la Iglesia oficial y de Don Rodrigo y sus partidarios les resulta cuando menos extraño, y lo asimilan al politeísmo de los griegos. Para ellos, en absoluto respetable. El entendimiento es mucho más fácil con los unitarios, con los que se identifican

La visión, o la imagen que hoy día tenemos de los musulmanes como fanáticos intransigentes e intolerantes, dispuestos a la yihad (en árabe: el esfuerzo) o a reventarse con un cinturón de explosivos o a bordo de un avión, no tiene nada que ver con lo que debió ser la convivencia en la España de los Siglos VIII y IX. Según las actas de los diez y ocho Concilios de Toledo, desde los años 397 al 702, éste último misteriosamente perdido o eliminado, y que va detallando Olagüe uno tras otro, tanto musulmanes como judíos y cristianos eran indistinguibles por el aspecto y la vestimenta, y su religión se limitaba a un discreto ámbito doméstico. Según estas mismas actas, los matrimonios mixtos eran muy frecuentes.

Witiza ha muerto encarcelado por Rodrigo. Su hijo Agila II había combatido contra Don Rodrigo por el control de las provincias Tarraconense y Narbonense, y allí se queda. Su hijo mayor Alamundo -o Almundo- también se islamiza y adopta el apellido Quti: “el hijo del godo”, al que se le concede el derecho a seguir con su patrimonio de “mil fincas” en el Guadiana Occidental. La hija de Alamundo, Sara, se casa en Sevilla con Isa ibn Muzahim al que ha conocido en Damasco donde acude a reclamar ante el sultán la propiedad de esas tierras que su tío y hermano de Alamundo, Ardabasto, le ha usurpado. Sus descendientes serán los Qutiya: “los hijos de la goda”. Uno de sus descendientes directos, el cronista Abu Bakr Ibn al-Qutiya y autor del Ta’rij Iftitah Al-Andalus (Historia de la conquista de Al Andalus) nos cuenta aproximadamente en el año 900 que las campañas militares fueron escasas y poco importantes, al contrario de las políticas de pactos y relaciones. Los Quti han entrado en escena.

El exilio

Alí Ben Ziyad al-Quti al-Muttawakki (por su padre) al-Tolétuli al-Andalusí… así es como firma sus escritos cuando cruza el Estrecho: Alí Ben Ziyad el Godo, el Toledano, el Español… los nombres completos de los musulmanes parecen liosos pero nos dan información de su origen y su genealogía: el hijo de Muttawakk, el nieto de Ziyad…Un destino contra el que no puede luchar va alejando a Alí Ben Ziyad cada vez más de esa Toledo que, como él mismo cuenta en sus poemas, tanto añora. Desde Toledo marcha a Sevilla, que obra en poder de los cristianos desde que el 23 de Noviembre de 1.278 Fernando III la rindiera tras largo asedio, expulsando a sus moradores. Es parada corta, pues desde Sevilla parte hasta Granada donde un hombre de los conocimientos y la valía de Alí Ben Ziyad encuentra rápido acomodo en la corte nazarí. Pero la desgracia le persigue. Luchas de sucesión le hacen perder el favor del que disfruta y le obligan a marcharse -una partida más- de la ciudad.

Desde 1.464 hay treguas firmadas y respetadas entre Enrique IV de Castilla y Abú-l-Hasán de Granada. La situación es tranquila y Alí Ben Ziyad prospera. Enrique no quiere dispersar sus fuerzas inmerso como está en la lucha civil contra su hermanastra Isabel, la que tras su coronación será llamada “La Católica”. Pero en 1.470 Abú-l-Hasán reinicia hostilidades y emprende fuertes razzias que alcanzan Castilla. El asustado obispo de Toledo advierte al propio monarca:

tan poderosamente y hazer las crueldades que se hazen, matando y quemando y destruyendo sus tierras; esto parece un mal irreparable según la forma nueva deste rey de Granada, y la entrada que aora hizo o do muy grandes tiempos que moros no llegaron… 

El motivo de las razzias es doble: el granadino sabe que Enrique IV no pasa por su mejor momento y, por otra parte, está estableciendo contactos con dos focos rebeldes que le están dando mucha -literalmente- guerra, en las ciudades de Málaga y Almería.

Siempre según sus propias anotaciones o por la crónica familiar de su futuro hijo africano, un hijo que aún ni se imagina, sabemos que Alí Ben Ziyad recala en Ceuta, bajo dominio portugués y mera escala hacia el Marruecos musulmán, aunque Ceuta es ciudad pacífica y más enfocada al comercio que a la guerra. Juan I de Portugal la gana a los benimerines el 21 de Agosto de 1.415, de forma fulminante y casi sorpresiva. 30 años antes los portugueses se han quitado de encima la amenaza de Castilla en la batalla de Aljubarrota y están imparables. Pero Ali Ben Ziyad pretende bajar más al sur.

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     El periplo de Alí Ben Ziyad, aunque no consta la parte del viaje por Egipto y Asia

Durante los dos años siguientes viaja de un lado a otro. Las diversas crónicas no coinciden o, mejor, no aseguran si realmente Alí Ben Ziyad llegó hasta El Cairo y La Meca, aunque para un un hombre como él es más que posible que aprovechara la “ocasión” brindada por su exilio y, como buen musulmán, peregrinara a La Meca para cumplir con el precepto del Hayy (pronúnciese “Hash”).  En algunos escritos donde se le menciona se antepone a su nombre el “Hayyi” que sólo pueden llevar los peregrinos, y los musulmanes con esas cosas no bromean. Sabemos que de Ceuta se encamina a Fez, capital del Islam en Marruecos. Sin duda visitó la medersa de la gran mezquita de Qarawiyyin, centro del conocimiento generado y adoptado desde el mundo grecorromano por el mundo musulmán y orgullo de sus habitantes, los fasis. Desde Fez parte a Marrakesh donde intentará en vano tras una breve estancia  volver a establecerse, pero los conflictos dinásticos le obligan, por su seguridad, a marcharse. Su opción es abandonar Marruecos donde ve que no tiene nada que hacer, donde incluso y en su condición de andalusí, de “extranjero”, está mal visto en una corte llena de intrigas

El punto de partida es ahora Siyilmasa, antigua ciudad caravanera cuyos adobes vemos hoy desmoronados a las afueras de Rissani, al sur de Marruecos, testigos de su pasado esplendor. Siyilmasa, “la puerta del norte”, donde llegaron durante mil años las caravanas procedentes de Bilat al-Sudan, “el país de los negros”, cargadas de oro, marfil y esclavos, y que retornaban al sur atravesando el Sahara hasta ciudades como Ualata, Chinguetti, Uadan o la mítica Tombuctú, cargadas con sal, telas y otra valiosísima mercancía: manuscritos. Ali Ben Ziyad no podía adivinarlo desde Siyilmasa, pero su periplo acabaría justo al otro extremo, allá donde termina la ruta de las caravanas y los agotados comerciantes dan gracias a Alá por haberles librado de los bandidos, de la sed, de las tormentas de arena, del extravío y de la muerte.

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                              Corán de Ceuta, escrito en caracteres cúficos

En Ceuta compra lo que constituye una de las joyas de su colección, un corán terminado el 13 de Noviembre del año 1.198 según consta, pieza almohade con sus cubiertas grabadas en oro y redactado en escritura cúfica. De entre los diferentes estilos de la caligrafía árabe como el nashí y ruq’a -de tipo cursivo- , el thuluth o el diwani, la cúfica es una letra ornamental -de trazos rectos y no tan recargada de curvas como la cursiva- usada para inscripciones en piedra pero también para todo lo solemne, y el Corán de Ceuta sin duda debió parecérselo a los almohades que lo encargaron. Este corán en concreto es el primero de una serie de tres, copiado uno tras el otro -recordemos: Guttemberg ya ha inventado la imprenta pero tardará en llegar a África- y del que se conocían los otros dos ejemplares, uno en El Cairo y el otro en la medersa de la gran mezquita de Kairuán, en Túnez. De éste comprado en Ceuta se sabía la existencia pero se consideró perdido. No aparecerá hasta finales del Siglo XX. La familia lo ocultará para protegerlo.

En Siyilmasa berrean los camellos en los caravansares. Su descanso durará poco, barruntan partir cargados una vez más, girando el largo cuello y  viendo a sus camelleros ordenar las mercancías. Alí Ben Ziyad barrunta la cada vez más menguada esperanza del retorno. Su destino será atravesar el desierto suplicando a Alá, según su propio testimonio, para que le devuelva la felicidad perdida. Escribe en los márgenes de sus libros:

…salí de Toledo, tierra de los moros, camino del reino del sur, tierra de los negros, donde espero encontrar la paz… o también, lleno de dudas:

lloro mi país, lloro mis hijos, lloro mi tierra, lloro mi vida, lloro mi exilio, lloro la tierra de los godos…¡cómo dejar la tierra que tanto amé, el paraíso de este mundo!¿qué me espera en la tierra de los negros, tierra que no conozco?… 

Podemos fácilmente compadecerle, entender su desesperación. Es un exilado que añora su ciudad perdida, que escribe a su familia prisionera en Toledo, pero que aprovecha para ver, para conocer y para estudiar. Un alma inquieta como es la suya y entre tanta melancolía aún tiene tiempo para hacerse en los oasis del Tuat con otra de las que serán las joyas de su biblioteca particular, Kitab As Shifa, título completo Kitab As Shifa Bi Ta’rif Huquq Al-Mustafa, una biografía del Profeta que cambia el 22 de Julio del año 1.468  por 225 gramos de oro en polvo según anota minuciosamente en las márgenes del manuscrito, costumbre que él y sus descendientes continuarán y gracias a las cuales nos van a ir informando de los muchos avatares en la vida de la familia Quti.

Los oasis del Tuat se encuentran en el centro del desierto argelino, a unos 540km al sur de Siyilmasa y son parada obligada para las caravanas que atraviesan el Sahara. El viajero tangerino Ibn Battuta paró allí en 1.353 acompañando una caravana que conducía 600 esclavas entre otras “mercancías”, haciendo escala a su regreso de Tombuctú camino de Siyilmasa, y describe los villorrios escalonados a lo largo del oasis como áridos a pesar del agua de sus pozos, donde ni siembran ni cosechan nada, y donde sus habitantes se alimentan de dátiles y de langostas:

éstas son abundantes entre ellos…

se almacenan como se almacenan los dátiles y las utilizan para la comida, salen a cazarlas antes de la salida del sol porque en ese tiempo no vuelan a causa del frío… nutritivas son, sin duda, y como dice el refrán: a buen hambre no hay pan duro.

Abraham cresques

Atlas Catalán de Abraham Cresques, 1.375, de la Escuela de Cartografía Mallorquina, actualmente en la Biblioteca Nacional de París. 

La única riqueza natural del Tuat es el agua de los pozos. Caravanas como en la que viajó Ibn Battuta se detienen allí para rellenar sus odres y permitir abrevar a sus camellos, y donde los comerciantes aprovechan para intercambiar sus mercancías. Las principales: sal hacia el sur, oro hacia el norte. O manuscritos, como el Kitab As Shifa que compra Alí Ben Ziyad, entre otras cosas. Algunos comerciantes se instalan allí y entre ellos, los más activos, los judíos, que detentan el monopolio de la sal. Sus barrios en todo el Magreb son conocidos como mellah: la sal, cuya demanda en el País de los Negros, en el lejano Bilat al Sudan es tan fuerte que en algunos puntos se intercambia al mismo peso, sal por oro.

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Planchas de sal de las minas de Taudeni, a catorce días (en camello) al norte de Tombuctú, presente en todos los mercados del Sahel

Los judíos establecen colonias para controlar el comercio en cada estación de paso desde el norte hasta el sur y están perfectamente informados de la geografía del desierto. En ello les ayudan los cartógrafos -judíos, como la familia de Abraham Cresques- que, por encargo de los reyes de Aragón, trazan atlas de todo el Mediterráneo, vitales para la exploración y el comercio. En el conocido como Atlas Catalán figuran los oasis del Tuat y aparece un personaje coronado en el centro del borde inferior sosteniendo una gran pepita de oro en su mano derecha. Es el Kanka Musa,  Mansa Musa, emperador del reino de Meli, el hombre más rico de todos los tiempos, al que se le ha calculado un patrimonio de 400.000 millones de dólares actuales y que, partiendo de Tombuctú, peregrinará a La Meca en el año 1.324 con tal cantidad de oro derrochado a lo largo de su viaje que durante diez años hará que baje la cotización del oro en El Cairo.

El fin del viaje

Siempre según sus crónicas, Alí Ben Ziyad continuó su viaje desde los oasis del Tuat hasta Chinguetti, al norte de Mauritania. Su destino inmediato era el de la ciudad caravanera de Walata aunque dieron un rodeo por Chinguetti, evitando el árido y peligroso desierto del Tagant, una travesía de unos catorce días sin un solo pozo de agua, donde las caravanas a veces perecían de sed. Cuentan los viajeros que los que se atrevían a bajar directamente hasta Walata adelantaban emisarios para que, desde la ciudad, y a un punto distante dos o tres días antes de llegar, fuesen a buscarles con el agua que necesitaban y de la que habían agotado sus reservas. Pero el Tagant, dicen, es un desierto traidor lleno de yinns, de diablos que extravían a los mensajeros que se han atrevido a cruzarlo para que todos perezcan de sed.

Chinguetti es ciudad santa en Mauritania. Como casi todas las antiguas ciudades caravaneras, perdido su pasado esplendor, decrépita y comida por las arenas. Desde lejos se contempla el minarete de su mezquita, símbolo de Mauritania, coronado por huevos de avestruz como símbolos preislámicos de la creación y de la vida. Hoy los peregrinos viajan a La Meca en avión, pero antaño se agrupaban junto a la mezquita todos los musulmanes piadosos que querían cumplir con el precepto del Hayy  -a pie, por supuesto- y protegerse mutuamente en tan largo y peligroso viaje. Aquellos que lo conseguían regresaban a sus pueblos anteponiendo a su nombre el Hayyi de peregrino, respetados en su comunidad y consultados en casos de conflicto.

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Alminar de la mezquita de Chinguetti construída con la técnica de la “piedra seca”, sin aragamasa, sistema utilizado desde Wadán hasta Walata

Desde Chinguetti y vía Tishit llegó hasta Walata, la antigua Biru fundada por los negros soninke, que compitió con Tombuctú como la “puerta del sur” en el comercio transahariano de las caravanas del oro y la sal, pero que acabó perdiendo posiciones al gozar Tombuctú de puerto sobre el río Níger, lo que le facilitaba el comercio, esta vez ya en barcas, bien hacia Gao por el Este, bien hacia Yenné -que ellos pronuncian Yéne- por el Oeste. Walata es otra ciudad antaño próspera y hoy semiderruída, aunque los descendientes de los antiguos comerciantes -y hoy empobrecidos- siguen anclados en su dignidad cual si de hidalgos castellanos se tratase.

Walata, como Tombuctú, vive de sus recuerdos, de cuando eran ricas ciudades dedicadas al intercambio en la época de las caravanas. En el ambiente y en las gentes queda un rastro de grandeza aunque ya no comercian, ya no hay maestros ni escuelas coránicas de las muchas que acogió. Como en cualquier población del mundo venida a menos, se palpa un clasismo exagerado y trasnochado. Hoy en día Walata es famosa por la decoración de sus casas, que realizan las mujeres metiendo sus manos en barro rojo y blanco y trazando geometrías en patios y portadas, pero como ejemplo del complejo de superioridad de los herederos de los antiguamente ricos comerciantes, nos contaron allí que una mujer de la casta superior rechazó el trabajo de una haratin, descendiente de esclavos y la mejor decoradora del momento, indigna de poner sus sucias manos en tan digna vivienda…

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Para más información a los interesados en el origen y la técnica de la decoración en Walata podéis verlo en la entrada “Mauritania, entre ciudades perdidas y AlQaeda

Otro ejemplo más antiguo: cuentan los actuales walatís con bastante sorna que hace años e indignados los ricos comerciantes, al parecer por una ofensa a su jefe, iban a enfrentarse en una batalla campal a la casta de los nemadis, cazadores seminómadas bastante rústicos (lo que ya es decir mucho en el desierto), moradores de una barriada aparte en las afueras de Walata. Pero al contemplar desde lo alto de la duna que habían escogido como campo de batalla a los nemadis, y considerar los comerciantes que podían ensuciarse sus babuchas de seda y sus ricos vestidos bordados al menor roce con aquellos bárbaros, dejaron la pelea para mejor momento y a los desharrapados nemadis allí plantados…

Desde Walata continúa su camino hacia el sur, cruzando lo que hoy es la frontera con Mali. Ganas dan de entonar el famoso poema de Rodrigo Caro:…Éstos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora, campos de soledad, mustio collado, fueron en tiempos Itálica famosa…  Aún dentro de territorio mauritano debió de pasar cerca de otro lugar en tiempos muy próspero pero, para cuando Alí Ben Ziyad pasa por allí, ni él ni nadie recuerdan su existencia: Kumbi Saleh, la que fue capital del extinto Reino de Ghana (nada que ver con el actual país del mismo nombre) desde el Siglo VII, ciudad que contó con treinta mil habitantes repartidos en dos zonas. Al norte, los comerciantes musulmanes con sus doce mezquitas. Al sur, el palacio real de Ghana con sus jardines y dependencias. En el año 1.076, cuatrocientos años antes del viaje de Alí Ben Ziyad, los guerreros almorávides de la tribu shanaya –los zenetes que mencionan los cristianos- al mando de Abu Bakr la arrasan hasta los cimientos.

Pisando quizá sin saber las piedras de Kumbi Saleh y, quizá sin saber que estaba llegando a lo que sería el término de su viaje, Alí Ben Ziyad se va acercando a la ciudad de Gumbu, conocida en su momento como “la ciudad de los sabios”, hoy otro pequeño emplazamiento al norte de Mali, pero en aquel momento con medersa –universidad islámica- y asociado a ella, un gran comercio de libros. En Gumbu le esperan dos descubrimientos. Uno, el imperio de los shongay. El otro, una mujer: Khadiya Bint Abubacar Syla.

En familia

Los shongay comienzan a expandirse a partir de comienzos del Siglo XIV desde su región originaria de Gao, en las orillas del Níger, al este del actual Mali. Cuentan con el control y el dominio sobre el río Níger, para el que construyen una pequeña flota. Aprovechan la descomposición y debilidad del imperio Meli para ir ganándole terreno, aquel imperio del que fuera máxima autoridad el riquísimo Mansa Musa, el mismo que en 1.324 peregrinó a La Meca devaluando el precio del oro en El Cairo por todo el que derrochó. Pero como nos enseña repetidamente la historia, los grandes imperios acaban por caer, incapaces de abarcarlo todo. Los shongay apenas se han islamizado. Su emperador Sonni Ali Ber de hecho es animista y cuando conquista Tombuctú ignora e incluso persigue a los musulmanes. Su sobrino y sucesor, Muhammed I, el Askia, por el contrario, se ha convertido en un devoto musulmán. Cae Tombuctú en primer lugar y, más tarde, Yenné -que ellos, insisto, pronuncian Yéne, con acento llano y no en agudo como los franceses-. Desde Yéne y continuando hacia el norte y el oeste su reino incluirá entre otras zonas Gumbu, y en Gumbu se los va a encontrar Alí Ben Ziyad.

El imperio shongay se mantendrá con los altibajos, conspiraciones, derrocamientos y complots propios de todo imperio que en el mundo han sido, son y serán, desde los asirios a los chinos pasando por los romanos, por los incas…y los shongay, por supuesto. Su fin vendrá a manos de otro reinado, en este caso desde Marrakesh y de la mano de Yuder Pachá, capturado de niño por piratas berberiscos en las costas de Cuevas de Almanzora -en Almería- y que por su capacidad llegará a general del sultán. Aunque hay quien sostiene que Yuder Pachá era morisco -descendiente de musulmanes- las crónicas le describen como de tez clara y de ojos azules…además de pequeña estatura, lo que ya no es significativo. Yuder Pachá  comanda un ejército de más de siete mil hombres con los que durante dos meses y en dura travesía atraviesa el Sahara, perdiendo casi la mitad de sus efectivos. Los soldados de Yuder son en su mayoría moriscos procedentes de Al Ándalus y el ejército habla en castellano. Las listas del material están asimismo en castellano.

Cuando se enfrentan por fin al ejército de los shongay en la batalla de Tondibi en el año 1.591 -a las orillas del Níger, entre Gao y Tombuctú- son sólo cuatro mil contra cuarenta mil, pero van provistos de armas de fuego, lo que determinará su victoria sobre los shongay, armados tan sólo con lanzas y escudos de cuero, incapaces de detener las balas de los arcabuces. Los descendientes de estos moriscos se asentarán en Tombuctú como clase privilegiada, aunque se irán mestizando con las nativas y seguirán siendo conocidos en la ciudad como los “arma”, aunque hoy día ellos mismos lo pronuncien un tanto deformado, algo así como “úrruma”, por el nombre en español de las armas de fuego. El dominio marroquí se extenderá desde su conquista en 1.591 hasta 1.833, en que otros tomarán el relevo del poder. En este caso los peul -perdonad que me ponga pesado, aparece siempre escrito con la grafía francesa, pero en honor a la verdad ellos lo pronuncian píul-, pueblo de pastores seminómadas que se acaban de islamizar y avanzan con la fe y el arrojo de los neófitos. Pero me estoy adelantado mucho. Hemos dejado a Alí Ben Ziyad, recién llegado a Gurma, y estamos todavía en el año 1.471.

No sabemos porque nadie nos lo ha contado cómo era físicamente Alí Ben Ziyad. Sabemos que era descendiente de godos, de familia aristocrática y, seguramente, emparentadas siempre entre ellas como hace la nobleza para preservar su “pureza”, sus propiedades y sus privilegios, familias nobles de origen visigodo, manteniendo un físico posiblemente nórdico. No será descabellado imaginarle de piel, ojos y cabellos claros, quizá incluso de buena estatura, un “buen mozo”, como diríamos ahora.En Gurma su aspecto “exótico” para los africanos, sumado a su gran cultura de hombre de mundo, muy viajado y unido a sus conocimientos como ulema, doctor de la ley islámica, profesión que ya ejercía en la lejana Toledo, convierten al recién llegado en un personaje digno de interés. Para cuando Alí Ben Ziyad llega a Gurma el año 1.471 el emperador de los songhay, Sonni Ali Ber, que reinará desde el año 1.464 hasta 1.492 -morirá el año en que otros que ni conoce están descubriendo mundos nuevos que ni imagina- sigue expandiendo su reino. Ya domina Gurma y en 1.473 va a conquistar la ciudad de Yénne, famosa por su gran mezquita de estilo sudanés tras un largo asedio de varios meses. Igual que podemos imaginar el aspecto de Alí Ben Ziyad, podemos hacer un ejercicio de imaginación, y pensar cómo debió ser aquel primer encuentro entre el rey y el sabio, la atracción o la curiosidad que se despertaría entre Sonni Ali Ber y Alí Ben Ziyad.

Entre los admiradores y -sin duda- admiradoras de Alí Ben Ziyad no sólo blanco, sino con pinta de “sueco”se contó otra vital para la continuación de lo que será la dinastía Kati: la sobrina mayor del emperador, la princesa Kadiya Bint Abubacar Syla o, más abreviado familiarmente, Kadiya Syla. Un hombre de estado como Sonni Ali Ber y por muy animista que fuera debió pensar que no había que dejar escapar semejante “fichaje”. Y qué mejor forma que meterle en la familia. Alí Ben Ziyad era un hombre todavía joven y, como se suele decir, “cayó de pie”. Ni más ni menos que yerno del rey. No tenemos datos sobre la fecha de la boda, pero debió ser casi inmediata. Se acabaron las desgracias.

La biblioteca Kati

El emperador Sonni Ali Ber murió el año 1.492 y le sucedió su sobrino Muhammad I, el Askia, o el “usurpador”, mote que se puso él mismo, y bajo cuyo apodo reina hasta el año 1.528. Muhammad es hermano menor de Kadiya Syla con lo que Ali Ben Ziyad pasa de yerno a cuñado del emperador, ganando puestos en la corte shongay. Pese a su indudable valía y su experiencia como jurista y como administrador no todo era fácil. En Tombuctú a los andalusíes emigrados y que acompañan a Ali Ben Ziyad les conocen despectivamente entre la casta de ricos comerciantes, anterior a la llegada de los shongay -reprimida por ellos y como tal, rencorosos con estos privilegiados recién llegados- como los laluyi, los “renegados”, a los que acusan de estar emparentados con godos cristianos. Un poco por disimular es cuando cambian su apellido: de los al-Quti pasan a llamarse Kati. Un poco por apartarse de Tombuctú y de esa nobleza sometida y rencorosa, van gradualmente estableciéndose en Tindirma, localidad a la orilla del Níger, a unos 200 km río arriba.

No sabemos exactamente en qué fecha, pero tras la boda nació el primer hijo, Mahmud Kati. El primer Kati africano, y mestizo. Alí Ben Ziyad era godo, pero Kadiya Syla era negra, y ya se sabe cómo tira la genética hacia lo “oscuro”.  Los sucesivos matrimonios de los Kati, así como sucedió con los “arma”, se realizan con mujeres de la zona, de raza negra, y negra se vuelve la familia. El actual patriarca de la familia Kati, Ismael, personaje de gran afabilidad y sentido de humor y del que ya hablaré cuando toque, comenta riéndose  que en Tombuctú y sólo por sus orígenes andalusíes le catalogan como “blanco”, cuando su piel -dice, señalándose el brazo- es negra como el carbón.

Cuando el riquísimo rey de los MeliMansa Musa, volvió de su famosa peregrinación a La Meca, además de depreciar el valor del oro en El Cairo se trajo consigo a la corte a otro personaje de los de la época: el poeta y arquitecto As Saheli (pronúnciese “Sájili” como dicen ellos), con la misión de construir y embellecer sus palacios.  Su nombre completo sería Abu Isaq Ibrahim As Saheli  Al-Garnati… Garnati:”el granadino”, pues había nacido en Granada en 1.290, de familia de perfumistas árabes. Vivió el resto de su vida entre Gao y Tombuctú -donde murió el 13 de Octubre de 1.316- como arquitecto real, construyendo mezquitas con el característico estilo sudanés, y allí se casó y formó familia. Y comenta en sus Crónicas sahelianas, con un humor muy socarrón que, sus hijos…son negros como escarabajos… Una descendiente de As Saheli, Mariam, se casará con un KatiAlfa Mahmud Kati, biznieto de Alí Ben Ziyad y padre de Alfa Ibrahim del que luego hablaré. 

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En la azotea de la mezquita de Yingueraber, en Tombuctú, de estilo sudanés, una de las primeras obras del arquitecto granadino Isaq As Saheli

Mahmud Kati fue el equivalente a ministro de Finanzas y de Justicia en la corte shongay, así como virrey en la parte occidental del imperio. En Tombuctú tuvo ocasión de conocer a un joven con el que hizo amistad: Hassan bin Muhammed al-Wazzani al-Fasi ( lo que traducido sería: Hassán, hijo de Mohammed el alamín de Fez), más conocido en occidente como León el Africano. Hassán -o León- había nacido en Granada (¡otro “garnati”!) en 1.488 pero tras la toma por los Reyes Católicos se exilió con su familia a Fez, donde su padre había sido alamín -el encargado de controlar pesas y medidas-, donde estudió en la medersa de la gran mezquita de Karauín, y desde donde partió con su tío en un largo viaje diplomático desde el Magreb hasta Arabia, pasando por Kano (en Nigeria) y Tombuctú, donde conoció a Mahmud Kati. Con venticinco años fue capturado por nave cristiana en el mar, cerca de Creta, y llevado a Roma donde el Papa León X, asombrado por su inteligencia, le liberó en 1.520, le bautizó como León el Africano y donde, bajo su encargo, escribió -en italiano- un libro que marcó época, que se tradujo en toda Europa y que durante años fue la única fuente fiable de aquellos países lejanos: Descripción de África y de las cosas notables que ahí hay.

Como correspondía a su origen y posición Mahmud Kati fue un erudito, autor de textos de historia, de astronomía, derecho y medicina pero, por lo que ha llegado hasta nosotros, ha sido por ser el autor del Tarik Al-Fettash: la “Crónica del Viajero”, compuesta en 1.489, donde narra eventos de su propia familia, los Kati, además de sucesos históricos como los hechos del imperio shongay desde su tío-abuelo Sonni Ali Ber hasta el año 1.599, la primera historia de África contada por un africano. Obviamente  Mahmud Kati no vivió tanto como hasta 1.599, aunque se nos dice que muere en 1.593. Se supone que la recopilación final la compuso su nieto Ibn al-Mukhtar sobre los textos originales de Mahmud Kati. 

De hecho el Tarik Al-Fettash es la única obra del Fondo Kati de la que existieron copias fuera del propio Fondo. Cuando los franceses conquistan Mali en 1.893 ya saben de la existencia de la biblioteca y en concreto de esta obra y de su autor por testimonios secundarios, aunque no disponen de ella por más que buscan infructuosamente los libros por ciudades y aldeas, con lo que la acaban considerando perdida… En 1.896 se publicó un artículo en Francia hablando de Mahmud Kati y de su importancia como historiador. Pero hubo que esperar hasta 1.911 para encontrar una copia (no he conseguido encontrar referencias sobre su localización), lo que supuso todo un descubrimiento. Ya en 1.914 se había traducido al francés, descrito y comentado y, años más tarde, auspiciada bajo la UNESCO. Pero quisiera destacar cómo tan sólo en la copia original del Fondo  Kati –y no en las demás- es donde se narran los eventos de los andalusíes, como si posteriormente hubiesen sido censuradas.

Mahmud Kati fué el verdadero creador del Fondo Kati. A los cuatrocientos manuscritos que su padre llevó consigo desde Toledo, a los que se fueron añadiendo los libros que tuvo tiempo y afición de comprar por el camino, tales como el Corán de Ceuta, o el Kittab As Shifa cambiado por polvo de oro en los oasis del Tuat, a esos manuscritos paternos suma la biblioteca de su familia materna, heredada por su tío el rey Askia, hermano de su madre, biblioteca que a su vez han ido reuniendo poco a poco. Entre los manuscritos del Fondo Kati consta una carta que el emperador Askia escribe al sultán de El Cairo solicitándole “libros de religión”… Con ambas bibliotecas, materna y paterna, se constituirá lo que conocemos como el Fondo Kati. Y es en muchos de esos libros, dada la escasez y la carestía del papel, donde los Kati, generación tras generación, irán escribiendo anotaciones en sus márgenes donde podemos reconstruir los avatares de la familia, desde bodas hasta contratos, desde los nacimientos de los hijos a los fallecimientos.

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Manuscrito con los márgenes repleto de anotaciones, lo que en castellano se llamarían las “glosas”

Los Kati se fueron sucediendo. Mientras dura el imperio shongay, de cuya familia imperial forman parte, va todo bien. Pero en 1.591 llegan atravesando el Sahara desde la lejana Marrakesh unas tropas que diezman al ejército con sus arcabuces y se instauran como nuevos amos. Obedeciendo las órdenes del sultán saquean Tombuctú y, entre otras cosas, se llevan 1.600 manuscritos de la medersa de la mezquita de Sankoré (que ellos pronuncian Sánkore, en esdrújulo, aunque nos haya llegado en su versión francesa), centro de estudios islámicos, que acabarán por esas cosas de la historia y las vueltas que da la vida en la Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial. En Tombuctú el idioma de la administración, ahora que están gobernados bajo el control de los moriscos, es el castellano, y así seguirá al menos durante un siglo. Cambian las tornas para los Kati. Se alejan de Tombuctú, se instalan definitivamente en Tindirma  y en Kirchamba –aldea escondida entre marismas a unos 50 km de Tombuctú- y “por si las moscas” deciden, por primera vez, esconder sus libros.

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El método es simple: la familia ha ido creciendo y las diferentes ramas se han ido integrando con la población y dispersado por pueblos y aldeas de la Curva del Níger, lo que ellos llaman “la joroba del camello”. A lo largo de unos 500 ó 600 kilómetros el río traza una gran curva, se dirige primero desde Segú hacia el noreste para descender después, dirección sureste hacia Gao, y más allá. Es territorio intrincado, no una simple orilla de río. A lo largo de toda esa curva hay zonas de marismas, islas interiores, lagos e incluso un delta interior, el lago Debo, que inunda los alrededores en la época de las crecidas. Algunos de los Kati siguen prestando servicio en la administración de Tombuctú  pero la mayoría son ya simples campesinos. A cada jefe de familia se le entregan lotes de manuscritos con instrucciones precisas para que los guarden: emparedados tras los muros de adobe, enterrados dentro de cofres en los campos de cultivo…Le pregunté una vez a Ismail, cuando nos contó la última dispersión de los manuscritos, que cuántos eran en su familia, a lo que me contestó -como siempre- riéndose: …unos mil, ¡lo normal en África!…

Podemos reconstruir con bastante fiabilidad la genealogía de los Kati, o al menos las líneas directas, gracias sobre todo a esas anotaciones que hemos comentado sobre los márgenes de los manuscritos, algunos de ellos cuajados de notas. Sin andarnos por las ramas… colaterales, me refiero, de la familia, de lo que no es lugar ni momento , sabemos o deducimos algo sobre la familia que Ali Ben Ziyad dejó en Toledo. No tenemos constancia del nombre de su mujer toledana pero sí el de un hijo: Musa. Y sabemos que Alí Ben Ziyad murió en Gumbu. Del hijo que tuvo con la princesa Khadiya Syla, Mahmud Kati (nombre completo: Alfa Kati Mahmud al-Andalusí al-Tuláytuli al-Wa’kori) sabemos que nació en Tombuctú y se nos dice que murió en un lugar llamado Arkiya, el 27 de Septiembre de 1.593 (mucho me parece, con 120 años, no se descartan errores). De su mujer no tenemos el nombre aunque sabemos que era hija de su tío, el emperador Askia, prima suya por tanto.  Sí sabemos los nombres de sus cinco hijos (Ismail, Alí, Ibrahim, Yusuf y Al-Amín) de los que dos fallecen en Kirchamba, iniciada la diáspora tras la llegada de los “arma” a Tombuctú. Y, siguiendo la descendencia, vamos bajando: de uno de ellos, Alí, a Alfa Mahmud Kati, casado con Mariam – descendiente del arquitecto As Sáhili- ,  Alfa Ibrahim,  Abana,  Muhamad, Abd Al-Rahmán (por sobrenombre “Darhamán Sini-Kandi”, nos dicen), Hamma, Yayé Diadié y, por último, Ismael Diadié Haidara Kati, “nuestro” Ismail, nacido el 15 de Marzo de 1.957 en Tombuctú, aunque éso ya no hace falta que conste en los manuscritos, con esa facultad de seducción de los nacidos bajo el signo de Piscis.

Retrocedemos un poquito. A finales de mil seiscientos las cosas parecen tranquilizarse y el patriarca de la familia, Mahmud Kati II, vuelve a reunir los manuscritos aunque a su muerte deciden dispersarlos de nuevo. No será la última vez. El hijo de Mahmud Kati : Alfa Ibrahim  junto a su hijo Abana deciden volver a juntar los manuscritos, en cuyos márgenes comienzan a copiar y ya de manera sistemática textos en los márgenes sobre los andalusíes. Pese a tanta anotación no podemos dar por totalmente seguros los años. En 1.818 sabemos que el Seuk Amadú, de la etnia peul fulani, como también se los conoce, acaba de volver de La Meca, lleno de afán evangelizador digno de los actuales integristas, aplicando la sharía, la más estricta ley islámica allá por donde pasa. Ha reunido a su alrededor un ejército fiel de más de 10.000 hombres y desde su centro en  Hamdulalih  forma lo que se conoce como el imperio Mássina, que engloba la zona occidental de la Curva del Níger, dominando desde Ségu hasta Tombuctú, donde entra en 1.825 acabando con el dominio marroquí.

Los Kati que continúan viviendo en Tombuctú son muy mal vistos por los fulani, les consideran a la vez cristianos y judíos que mantienen ocultas sus creencias y, para colmo, se sabe que tienen manuscritos escritos en hebreo y en “cristiano” (se refieren a los aljamiados, escritos en castellano bajo caracteres árabes). Alfa Ibrahim es asesinado por los peul. Los Kati de Tombuctú, viendo las cosas francamente mal, deciden dispersarse por las aldeas de la Curva del Níger y olvidando sus antiguas ocupaciones administrativas o en la judicatura, van a disimular dedicándose a cultivar la tierra cual pacíficos labriegos. Algunos se llevarán sus libros. Su hijo Abana lamenta la dispersión de los manuscritos pero no puede entretenerse y con los que había conseguido reunir junto a su padre Alfa Ibrahim se marcha con su familia a Gundam, a unos 100 km. al este de Tombuctú, donde vive su suegro y amado maestro Ali Gao. Siempre les unirá un gran afecto, superior a la relación del maestro con el discípulo favorito que para él es. Para Abana, que se ha quedado huérfano, Alí Gao será como un padre.

La triste vida de Muhamad Abana

A Abana le pudieron las circunstancias. Acaban de asesinar a su padre y la intolerancia de los peul le obliga a abandonar su ciudad. Se siente obligado por fidelidad al recuerdo de su padre a volver a reunir la biblioteca familiar, de la que se supone es depositario. Y, para colmo, tiene diferencias con su mujer. Ella, Arkia Alí-Gao, es prima lejana de su marido. Por aclarar digamos que su padre, Alí Gao, era sobrino-nieto del padre de Abana, pero en familias como los Kati son frecuentes los intentos por no dispersar en exceso la cohesión familiar. Según cuenta el propio Abana él ya había decidido recorrer el país, aprender de los maestros e intentar recuperar los dispersos manuscritos de la familia, decisión que es muy mal recibida por su mujer, apoyada por su madre y sus hermanas (¡vaya panorama para el pobre Abana!). Sigue contando que una noche hubo tan fuerte bronca que hasta acudieron, alarmados, los vecinos. Aquella misma noche se marchó para no volver.

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                  La Rihla de Abana, en su edición en castellano, de la Editorial Almuzara

Deja todo el fondo manuscrito bajo el cuidado de su mujer Arkia y se marcha, posiblemente ya no aguanta más presión.  Abana escribe un libro que podemos conseguir traducido, editado por la editorial Almuzara -en cuyo fondo abundan los de tema andalusí- y en el que nos describe su periplo, penas y pensamientos: la Rihla (pronúnciese Rij-la), que podemos traducir como el “viaje” o la “crónica”.  El melancólico Abana comienza a recorrer pueblos y aldeas de la Curva del Níger hablando con unos y con otros. Tuvo tiempo para todo. Llegó hasta la lejana Chinguetti. Vivió temporadas con maestros sufís o astrólogos, estudió botánica y farmacopea. Incluso tuvo otros hijos con otras mujeres. Podemos definirlo como una mezcla de Quijote y de filósofo, siempre en la búsqueda del conocimiento, pero no olvida su tarea de compilador de la biblioteca. Negocia con parientes y con extraños la compra de manuscritos contándonos que los va cambiando por vacas o camellos, y todo lo que obtiene lo envía a la casa familiar.Su gran mérito sin duda es haber conseguido recopilar un total de dos mil manuscritos, incluso reescribir aquellos que se encuentran en mal estado y a los que hace llegar a Gundam, aunque él no los verá. A veces y vencido por la nostalgia decide volver con su familia pero, y así nos lo cuenta él mismo en la Rihla:  llegando a Gundam decide darse la vuelta en el último momento y encaminarse a Tindirma. Sin duda, un alma atormentada.

Tras leer y releer los manuscritos de la familia Abana, nos cuenta, tiene un sueño y es conocer aquel lejanísimo Al-Ándalus de donde proviene y que en, la distancia, idealiza. Para él, Al-Ándalus es un mito. Yo conocí Tombuctú en el año 2.003 y para entonces ya había muchísima más información, pero me contaron viajeros españoles que allá por mil novecientos noventa y tantos, cuando Ismail Kati comenzó con la debida cautela a desvelar el secreto de su “secreta” biblioteca y acompañado por granadinos de Granada, al hablar con descendientes de los “arma” y decirles que eran andaluces se les abrían unos ojos como platos…¡¡¡andaluces!!!, ¿de Al-Ándalus?….flipaban, me decían, porque para ellos Al-Ándalus era su tierra mítica de origen, pero que dudaban incluso para situarla en un mapa. Una cosa era Europa o Francia que conocían bien, incluso España pero…¡¡¡Al-Ándalus!!!…aquello era un mito perdido en los tiempos…

En un siglo en que muchos exploradores europeos quieren descubrir África, subvencionados por las Sociedades Geográficas que se fundan en Francia o Gran Bretaña con la obvia intención de primero descubrir para después colonizar y ampliar sus imperios en expansión, Abana se obsesiona con un viaje inverso, desde Tombuctú hasta Europa. El Atlas Catalán de Abraham Cresques y las narraciones que llegan a Europa a través de los comerciantes despiertan la codicia de todos por el oro y, en especial, por el mito -esta vez para los europeos- de Tombuctú, a la que se imaginan en la distancia pavimentada en oro. Mientras exploradores como el escocés Mungo Park o el inglés Gordon Laing se dejan la vida en el intento, otros como el francés René Caillié, el alemán Heinrich Barth o el malagueño Cristóbal Benitez vuelven para contarlo y para describir Tombuctú como una ciudad en completa decadencia. Pero la conquista se ha iniciado y cae en poder de los franceses en 1.893. Coincidiendo en el tiempo con aquellos intrépidos Abana desea conocer Al-Ándalus. Creemos que no lo consiguió. En todo caso se pierde totalmente su rastro, dejándonos la Rihla como recuerdo. Arkia le sobrevivió hasta 1.857, guardando fielmente los manuscritos y no sólo éso. Ya casi anciana, sin noticias de Abana desde hacía años y dándolo por muerto, buscó los hijos que éste había tenido con otras mujeres y se los llevó a vivir con ella, adoptándolos. Tanta fidelidad no valió de nada. A su muerte sus descendientes decidieron de nuevo dispersar los manuscritos.

Ismail Diadié Haidara Kati y el Fondo Kati

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     Ismail y uno de sus copistas, en los “buenos tiempos”, en su casa de Tombuctú

En 1.952 la tía de Ismail Kati pensó que había llegado el momento de volver a reunir el fondo. Nos cuenta Ismail que su padre, Yayé Diadié, en un sueño parecido al de su abuelo Muhammad Abana, quiso conocer Al-Ándalus pero sólo llegó a contemplar desde Tánger las costas, tan cerca y tan lejos, de Tarifa.  A la muerte de su padre, en el año 1.982 y  con venticinco de edad, a Ismail le toca la tarea de hacerse cargo de la biblioteca familiar. Semejante empeño le supuso quince años. A veces solo o, en ocasiones, acompañado de su tía, aldea por aldea, visitando a los numerosos familiares depositarios de los manuscritos para tratar de convencerles, para negociar su rescate -con las cosas de comer no se juega y todos tenemos un precio-  y poder recuperar casi todos, aunque hubo excepciones y alguno queda por ahí. Podría parecernos excesivo, quince años, hoy que contamos con teléfonos móviles y con internet para comunicarnos, pero en África las cosas funcionan de otra manera y, ni en aquellos años había esos medios, e incluso ahora, en muchas aldeas, no disponen de ellos. Y además allí no hay prisa. En África las distancias son largas, los caminos incómodos y una vez que has llegado la visita no se solventa con un simple café con pastas. La visita puede prolongarse una semana o más, en las que se habla de todo, en las que se pregunta por todos, y en las que se negocia. El tiempo en las zonas rurales de la Curva del Níger, de Mali y de toda África parece haberse quedado detenido. Como contaba el propio Ismail en 1.988:

seguimos casándonos y bautizándonos como en tiempos de Yuder, y nuestros padres siguen entregándonos militarmente sus espadas en cuyas empuñaduras se lee Córdoba y Granada…

Muy poco a poco, se fueron reuniendo los manuscritos. Escritos en pergamino, sobre papel vitelado, protegidos por cubiertas de cuero, la mayoría estaban y están en muy mal estado. Como saben los que trabajan con ellos es material muy frágil. Tras todos los avatares sufridos con anterioridad y a partir de la muerte de Arkia, en 1.857, los manuscritos habían permanecido enterrados o emparedados tras adobe, sufriendo año tras año la humedad, las crecidas del Níger y las termitas, cuando no sirviendo de pasto para ratas. Los manuscritos fueron llegando a Tombuctú. Actualmente el Fondo Kati consta de 12.714 manuscritos, lo que no supone doce mil libros. Una gran parte de ellos son una simple hoja: cartas, contratos, hojas sueltas…y dentro de esos libros hay un total de 7.115 anotaciones en las páginas, lo que constituye la verdadera crónica de la familia, los “cotilleos” al margen -nunca mejor dicho- de los Kati.

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Nos contaba Ismail entre las muchas anécdotas que suelta sin parar que, cuando a finales de los años 80 del pasado siglo y con casi todos los manuscritos reunidos en su casa, empezó a llover…Tombuctú está en el desierto pero, cuando en el desierto se pone a llover, llueve a raudales. Cuando caminas por la ciudad encuentras muchas casas derruídas. Construídas todas en adobe, el barato material de la zona, vuelven al barro del que están hechas por las esporádicas y copiosas tormentas. Las calles comenzaron a encharcarse, el agua comenzó a rodear la casa -de adobe- e Ismail entró en pánico….¡no puede ser, nos decía, que ahora ésto se inunde y los manuscritos se pierdan!…pero para entender la importancia y el respeto de los habitantes de Tombuctú a lo que sabían -allí se sabe todo-  que Ismail había reunido, sin que nadie les dijese nada, sin haberles pedido nada, sin decir una palabra, todos los habitantes de Tombuctú, negros, moros, tuareg, shongay o bambara se dispusieron como un sólo hombre a apilar sacos de arena rodeando la casa para contener la riada y evitar la catástrofe…¡qué lección de sabiduría y de solidaridad por parte de ésos que desde Europa contemplamos como moros o negros ignorantes y atrasados!…¡qué gran lección!…

Las bibliotecas de Tombuctú

El Fondo Kati no es la única. Ciudad con un activo tráfico comercial desde siglos, con una universidad como la de la mezquita Sánkore, con una tradición  de más treinta centros de estudios islámicos, los valiosos manuscritos copiados allí o llegados desde el norte a lomo de camellos eran muy solicitados. En otras ciudades antaño prósperas como Chinguetti, Wadán o Walatta en Mauritania, o Gao, Yéne y Tombuctú en Mali, muchas familias de los antiguos comerciantes guardan con mimo sus viejos libros.

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            Una de las antiguas bibliotecas de Chinguetti, en Mauritania

Tan sólo en Tombuctú se conocen más de sesenta bibliotecas. Algunas no tienen más que unos pocos ejemplares. Otras como las del Fondo Kati tienen esos 12.714 que ya hemos mencionado. La conocida como Mamma Haidara consta de unos 9.000 y fue creada por Abdul Kader Haidara en memoria de su padre, Mamma Haidara, cadí, académico y gramático sobre un fondo creado en el Siglo XVI por su antepasado Mohamed El Mawlud, y al que Mamma Haidara añadió manuscritos comprados en Egipto y Sudán. Cabe comentar que como su apellido (Haidara) ya nos hace suponer están emparentados con Ismail, con el que han colaborado en ocasiones.

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                  Parte de los fondos de la biblioteca Mamma Haidara

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               Tratados de astronomía de la biblioteca Mamma Haidara

Mucho más rica en fondos, unos 20.000 manuscritos, es la biblioteca Ahmed Baba. Contiene manuscritos desde los Siglos XIV al XVI. La mayoría en árabe, pero también en turco y en hebreo, y algunos en lenguas locales como el shongay, tamashek (la lengua hablada por los tuareg, variante del bereber) y bamanankán (de los bambara, población mayoritaria al este de Mali). Una de sus “joyas” es el Tarik Al-Sudan, Historia o Crónica del Sudán, escrita en 1.655 por Abd al-Sadi, erudito que trabajó en la administración para los “arma” de Tombuctú. El nombre dado a la biblioteca de Ahmed Baba es un homenaje a Abu Al-Abbas Ahmad Ibn Ahmad Al-Takruri Al-Massufi Al-Timbukti, más conocido -y más corto- como Ahmed Baba (Papá Ahmed, podríamos traducir), escritor y erudito shongay, decano que fue en la medersa de la mezquita de Sánkore.

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Ahmed Baba se le ocurrió la “genial” idea de protestar cuando, conquistada Tombuctú por Yuder Pachá, los “arma” comenzaron a abusar de la población, saqueando y robando. Como respuesta fue deportado a Marruecos y de paso los 1.600 libros de que constaba la biblioteca de Sánkore desaparecieron, aunque sabemos lo que pasó con ellos: fueron detrás de Ahmed Baba hasta Marrakesh, a engrosar la colección particular del sultán. Más tarde su hijo, Muley Zaydán se los quiso llevar hasta Agadir, como ya he contado en la primera parte de esta entrada. Y desde allí, todos, o en parte, fueron capturados por la Armada Real española al interceptar el barco en que Jean Philippe de Castelane los quería llevar hasta Marsella. Acabaron, desde la biblioteca de Sánkore, en la del Monasterio de El Escorial.

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Entrada de la biblioteca de Ahmed Baba, y portada en su memoria en Tombuctú

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La Ahmed Baba se creó bajo la UNESCO en 1.973 bajo el nombre de Instituto Ahmed Baba de educación Superior e Investigación Islámica, y cuenta con patrocinio de Kuwait, lo que sin duda le permite disponer de grandes medios a la hora de cuidar y mantener sus instalaciones, y modernizar algo tan importante como es el microfilmado y la restauración de los manuscritos.

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Pero hay algo muy difícil de controlar, como es la barbarie. En 2.013 y bajo la ofensiva yihadista, una de las cosas de las que se preocuparon los combatientes de Ansar Al-Din  (Defensores de la Fe, podemos traducir) ayudados por AlQaeda del Magreb, fue la destrucción de bibliotecas. Y la de Ahmed Baba resultaba muy golosa. Tiranos y dictadores siempre le han tenido mucha manía a los libros, ejemplos hay demasiados por desgracia a lo largo de la historia: la de Alejandría, las quemas de libros por los nazis, el Índice de libros prohibidos de la Inquisición, la destrucción de la librería del califa Al-Hakam de Córdoba por Almanzor, las de El Cairo o la de Damasco…los musulmanes argumentaban siempre lo mismo: si repiten lo que ya dijo Alá son inutiles, si lo contradicen son pecado… Para su desgracia el papel y el fuego hacen muy buenas migas. Afortunadamente para el Fondo Kati y como dice Ismael, sin perder la sonrisa, …llevamos más de quinientos años escondiéndonos, tenemos experiencia… A éso se une el que, y es importante, la biblioteca de los Kati es algo familiar y, por tanto, visceralmente más defendible. Los yihadistas también se acercaron a ella pero consiguieron engañarles y ahora mismo los libros se encuentran, otra vez, escondidos en lugar seguro, en casas de amigos de plena confianza.

Cuando se destapó en 1.998 la existencia de la “biblioteca perdida” – como se la llamó en su momento- de Tombuctú la reacción internacional en los medios académicos fue enorme: de repente salían a la luz miles de manuscritos de gran valor económico y, sobre todo, intelectual. Se comparó a los manuscritos esenios de las cuevas del Qumrán, en el Mar Muerto, pero como dice Ismail aquellos son escritos sólo de temas teológicos y no pasan de pocos cientos. En los del Fondo Kati se cuentan por miles, y se tocan todos los temas. Todos querían acceder a ella, todos querían investigarla.

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Conocí a Ismail en el año 2.005, con ocasión de una pequeña exposición que se hizo en Sevilla sobre el Fondo Kati, gracias a la amistad con Manuel Alonso Navarro al que conocí, como digo en la introducción, frente a la mezquita de Yingueraber, una de las primeras construcciones de As Sáheli en Tombuctú. Manuel es íntimo de Ismail, y cuando le conocí venían precisamente rodando un documental para el que recorrieron los escenarios que recorrió hace más de quinientos años Alí Ben Ziyad en su exilio desde Toledo, documental titulado “Fondo Kati. Testigo del exilio ibérico en Tombuctú“. Pude ver en Sevilla y en privado el Corán de Ceuta junto con otras veinte piezas: un tratado de oftalmología, una página en tamashek (lengua tuareg), creo recordar un manuscrito hebreo… Me sentía sencillamente alucinado. Recuerdo que me temblaban los dedos de la emoción sólo de rozar aquellas páginas, de pensar en la historia que llevaban a cuestas. En la conferencia que dio Ismael por la tarde en su correctísimo español -este hombre lo habla todo: árabe, bambara, shongay, tamashek, francés, inglés, alemán, italiano, alemán…y todo bien- y donde me dejó alucinado por su memoria, la memoria de los africanos, la de la tradición oral, le pregunté -y corría el año 2.005, estaban las cosas tranquilas- si no le parecería más conveniente depositar los manuscritos en lugar seguro, incluso en alguna caja fuerte en Europa. Su respuesta fue la siguiente: …estos libros no son sólo unos libros, son la familia, son nuestra historia, y debo siempre tenerlos cerca...

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Más tarde me comentó que alguna universidad norteamericana le habían ofrecido muchísimo dinero si se los daba en depósito, a lo que se negó…e Ismail suele andar siempre muy corto de dinero. Pero me contó otra cosa que refleja aún más su decisión de no dividir la biblioteca, al costo que sea. Cuando se supo lo del Fondo Kati y los manuscritos que contenía, apareció un día en el aeropuerto de Tombuctú un avión privado, perteneciente a un jeque de los Emiratos del Golfo Pérsico, un multimillonario como sólo los jeques de los Emiratos pueden serlo. El jeque venía con la intención de llevarse el Corán de Ceuta. Le colocó delante un cheque en blanco y le dijo: pon lo que quieras…lo que quieras….e Ismail volvió a negarse. La biblioteca no se separa.

En 2.003 -yo no tuve ocasión de verlo- se inauguró la sede de la biblioteca, con fondos donados por la Universidad de Granada y la Junta de Andalucía. Ismail vive repartido entre Tombuctú y Granada. A finales del siglo pasado había contactado con intelectuales de Granada y de otros sitios (José Saramago, Angel Valente, Antonio Muñoz Molina, Goytisolo…) que le apoyaron con entusiasmo en la tarea. Hubo su parte de “hispánica chapuza” en la construcción del edificio. En primer lugar se construyó con bloques de hormigón, poco adecuados en cuanto al control de calor y humedad que tanto daño pueden hacer a un material tan sensible como los manuscritos. Para la instalación eléctrica se trajeron desde España unas tomas que no coincidían con las clavijas que se utilizan en Tombuctú…

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Ismail, como digo, viene a España con frecuencia. Cuando le conocí en el 2.005 tuve ocasión además de conocer algunas personas muy relacionadas con él. Entre otras, la pintora Irene López de Castro con la que he seguido manteniendo contacto y de la que me honro en poseer alguna de sus obras, en las que valoro -aparte de su calidad técnica- el cómo capta sobre todo los personajes y la luz de aquella región. Irene ha estado varias veces en Tombuctú disfrutando de su hospitalidad y la de su familia. En varias ocasiones han coincidido en exposiciones -en España- compartiendo ambos su visión, una visión que confluye: la pictórica de Irene y la poética de Ismail. Conozco el país, conozco a Ismail y conozco a Irene, son exposiciones que procuro no perderme.

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A raíz de la amenaza que supuso para el Fondo la ofensiva yihadista, en el año 2.012 el grupo asegurador DKV se ha hecho cargo del patrocinio en cuanto al mantenimiento de los manuscritos y los traslados, incluyendo los necesarios para Ismail. Se prevén traslados y exposiciones temporales -la idea siempre es retornar a Tombuctú…cuando buenamente se pueda-  en el Centro Cultural de San Marcos de Toledo, en los Claustros de Santo Domingo en Jerez y en el castillo de Guzmán el Bueno de Tarifa, con el apoyo de los respectivos ayuntamientos. Como dice Ismail con su habitual socarronería: …hasta ahora he conseguido entenderme con el  PP, con el PSOE, con la Junta de Andalucía y con Ciudadanos…sólo me falta hablar con Podemos…

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El largo peregrinar de los manuscritos árabes. La Biblioteca de El Escorial y la Fundación Kati de Tombuctú. 1ª parte.

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Quiero agradecer su cordial ayuda en lo referente al Fondo Árabe de la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial a su bibliotecario y antiguo prior, Don Jose Luis del Valle y, muy especialmente, a una buena amiga y restauradora de cubiertas antiguas, por su abundante y valiosa información. Y en cuanto a lo que atañe a la Fundación Kati, a su depositario y conservador contra viento y marea Ismail Kati, por su amabilidad y de siempre interesante conversación, y a Manuel Alonso Navarro, al que conocí casualmente frente a la mezquita de Yingueraber cuando aún desconocía la existencia de los Kati, y junto al que emprendí una accidentada “huída” de Tombuctú, huída que significó el comienzo de una estupenda amistad. A todos, gracias…

 

Una lucha dinástica más, y una traición.

Las menguadas tropas que aún le permanecían fieles se habían conseguido refugiar con el sultán en el puerto de Safi, junto a su reducido séquito, sus mujeres y las pertenencias que había conseguido llevar con él al abandonar Marrakesh. Derrotado en la última batalla por el general Abu Malib, cada vez más acosado por las fuerzas de su hermano Muley Xeque, al que se podía peligrosamente considerar ya casi como su sucesor, el sultán intentó una última jugada. Aún tenía bastante oro como para contratar un barco que le sacase de Safi y escapar de su ambicioso hermano. Temiendo traiciones entre los musulmanes ante la visible pérdida de su poder, negoció sin saberlo otra traición, esta vez con el capitán provenzal Jean Philippe de Castelane, su transporte hasta Agadir. Llegados a este puerto, el capitán reclamó el pago íntegro del flete antes de entregar la carga. Pero al no serle satisfecha la suma previamente acordada de tres mil ducados, aprovechó la noche para zarpar rumbo a Marsella llevándose consigo las pertenencias del derrocado Muley Zaydan, entre las que se encontraba la rica biblioteca de su padre, el anterior sultán de la dinastía saadí, Abu-l-Abbas Ahmad al-Mansur al-Dahabi, más conocido como Ahmad al-Mansur, en árabe: “el Victorioso”, debido a ser el ganador de la batalla de Alcazarquivir, más conocida como la de los Tres Reyes. 

Sus victorias no se limitaron tan sólo a Marruecos. En el año de 1.590 envió una expedición que atravesó a pie el desierto del Sahara en una agotadora marcha de dos meses, que redujo el número de soldados casi a la mitad: de 7.000 a 4.000. Desde Marrakesh querían llegar hasta Tombuctú, atraído el sultán por la fama del oro y las riquezas. El cuerpo expedicionario superviviente de 4.000 soldados estaba integrado principalmente por moriscos llegados de España, hispanoparlantes por tanto, e incluso las listas de la intendencia aún las podemos consultar, y están en castellano. Los comandaba Yuder Pachá, capturado de niño por los berberiscos en Cuevas de Almanzora, aunque criado y educado en Marrakesh.

En Noviembre  de aquel año y ya junto al Níger se enfrentaron a un ejército de 40.000 guerreros shongay en la batalla de Tondibi, cerca de Gao, a los que derrotaron por la gran ventaja que les supuso el llevar armas de fuego, enfrentadas a las lanzas y escudos de cuero y paja de los shongay que, contra los arcabuzazos, no les valieron de nada. Desde entonces a los descendientes de aquellos moriscos que se asentaron en Tombuctú se les conoce como “armas” -“úrrumas” tal y como las pronuncian ahora-, por la palabra en castellano, del que conservan en su dialecto muchas otras. El dominio marroquí en Tombuctú y la Curva del Níger se extenderá hasta 1.833 pero hasta 1.618 al menos la lengua usada en la administración será el castellano.

Pero como los manuscritos árabes tienden a ser muy peregrinos, y aunque volveré a Tombuctú cuando toque hablar de los de la Fundación Kati, cabe aquí mencionar que tras la conquista de Tombuctú por las tropas comandadas por Yuder Pachá, parte del botín se hizo con 1.600 manuscritos árabes que figuraban en la medersa o universidad islámica de la mezquita de Sánkore (según pronuncian ellos). De Tombuctú viajaron a lomo de camello hasta Marrakesh, a la librería de Ahmad al-Mansur. Su hijo Muley Zaydán, como veremos con más detalle y por los avatares de la guerra, se los llevó al puerto de Safi, de donde el francés Jean-Philippe de Castelane los transportó hasta Agadir. Y desde Agadir, con la intención de navegar hasta Marsella, fueron interceptados por la Armada Española yendo a dar ya no con sus huesos sino con sus lomos hasta la Biblioteca de San Lorenzo. Largo peregrinar, desde Tombuctú hasta El Escorial.

Moriscos y corsarios

Los barcos de la Armada Española solían patrullar frente a las cotas de Salé, intentando evitar la práctica del corso. Larache servía de base a los españoles al haber sido cedida a Felipe III por Muley Xeque, en agradecimiento o como pago por su apoyo frente a Muley Zaydán y, teniendo Larache en su poder, controlaban la costa que llamaban de la Mámora, por lo que Salé se convirtió en uno de los pocos puertos marroquíes en el Atlántico. Pero para los marroquíes disponer de Salé tampoco fue posible.

En 1609 se establecieron en Marruecos unos 40.000 moriscos, tras el decreto de expulsión dictado por Felipe III. La mayoría se establecieron en las ciudades del norte (Tetuán, Tánger, Xauen o Fez) pero 10.000 de ellos, por diferentes circunstancias que no vienen al caso, acabaron estableciéndose en Rabat y en Salé, a ambos lados del ancho estuario del río Bu Regreg. Rabat había sido fundada por el sultán almohade Yuqub al-Mansur (otro “victorioso”) tras su victoria en la batalla de Alarcos, en 1195 contra el rey castellano Alfonso VIII. Aunque hoy día sea la capital marroquí, en 1.600 estaba en un estado ruinoso y prácticamente abandonada, apenas la habitaban un centenar de pobres viviendas.

Salé, en la orilla norte del Bu Regreg, por el contrario tenía una población estable de musulmanes y judíos sefarditas, expulsados de España por los Reyes Católicos tras la toma de Granada. El sultán pretendió establecer una base de corsarios, flota formada sobre todo por moriscos y controlada por un caid al que se pagaba el 10% de los botines. Pero en 1626 los moriscos mataron al caid y se declararon independientes. De aquellos moriscos, cerca de dos mil procedían de la localidad pacense de Hornachos que, debido a estar mejor organizados, se hicieron con el control de lo que se conoció como “La República de las Dos Orillas”.

La República de los “hornacheros”, como se les conocía, se mantuvo hasta 1668. En sus mejores momentos contó con una flota de más de cuarenta barcos y sus fortificaciones estaban protegidas por 68 cañones que apuntaban al mar en previsión de ataques. Los hornacheros mantuvieron relaciones diplomáticas con Holanda e Inglaterra al convertirse en un activo centro comercial, aunque su actividad principal fue la piratería. Actuaban en el Estrecho de Gibraltar y en el Mediterráneo, aunque en sus correrías también capturaban barcos en el Atlántico, llegando en sus incursiones hasta la lejana Islandia.

La anécdota “sentimental” por parte de los hornacheros fue el intento de llegar a un acuerdo con Felipe IV, para lo cual hicieron llegar una larga carta al Duque de Medina-Sidonia en 1.631 en la que, entre otras cosas, proponían entregar la ciudad… por el gran amor que tienen a España, pues desde que salieron suspiran por ella… Proponían que se les dejase volver a Hornachos, indemnizar a los vecinos que hubiesen ocupado sus casas y tierras, entregar sus 68 cañones y sus barcos, que les respetaran haciendas y privilegios, demostrar su fe cristiana….pero las negociaciones no prosperaron y los hornacheros debieron seguir dedicándose al corso.

Corría el mes de Junio del año 1.612. Tres -hay quien dice cuatro- bajeles de la Armada Española gobernados por Pedro de Lara, lugarteniente del almirante Luis Fajardo que patrullaban cerca de Salé, apresaron al navío francés Nôtre-Dame-de-la-Garde, comandado por el capitán Jean-Philippe de Castelane. Castelane era cualquier cosa menos un comerciante. Había llegado a Safi con cartas de Luis XIII y del Duque de Guisa, y había sido el cónsul francés en 1.610, bajo el reinado de Enrique IV, con el fin de repatriar a sus compatriotas capturados. Hay quien aventura que se hubiera puesto en secreto de acuerdo con los españoles pero, ¿para qué, si su propósito seguramente y a todas luces sería el de hurtar las propiedades de Muley Zaydan y llevárselas a Marsella?…Conducido a Cádiz fue juzgado como pirata y, como tal, condenado a galeras. Y como suele suceder con los “agentes especiales” pillados en falta, Francia se desentendió de su pirata.

Los libros de la librería del padre de Mulay Zaydán

Muley Zaydán y contra todo pronóstico logró restablecer sus fuerzas, derrotar a su ambicioso hermano y regresar, victorioso, para poder descansar en sus añorados palacios de Marrakesh. Pero,aunque restablecido en el trono, no se olvidó de las pertenencias robadas arteramente por el ex-capitán y ahora galeote Jean-Philippe de Castelane y, muy especialmente, de la valiosa librería -como se la llamó en su tiempo- reunida por su padre, el sultán Ahmad al-Mansur, lo que consideró su mayor pérdida. Mulay Zaydán estaba perfectamente informado de que la librería obraba en estos momentos en poder de la Corona española, a donde dirigió en primer lugar sus quejas, por una parte, y sus reclamaciones. Pero la respuesta de Felipe III fue contundente: el botín no se había robado a Marruecos, sino capturado en barco francés y, por tanto, a Francia. Añadiendo que este botín…era contrabando, y contrabando de buena presa es contrabando… Las cosas claras.

Con posterioridad y bajo las salidas de códices del Fondo Árabe con “pasaporte legítimo” hubo alguna devolución al Reino de Marruecos. En 1.776 y ante una visita al Monasterio por parte de una delegación marroquí llegada para un Tratado de Paz y Comercio, siempre con el permiso del rey, le fueron regalados varios códices. Y en 1.880 el embajador Muhammad ibn Utman, llegado para restablecer las buenas relaciones entre España y Marruecos y en visita a la biblioteca seleccionó catorce códices, bajo el beneplácito de Carlos III. Hay que señalar que en la primera visita y para no tentar la suerte, se ocultaron los más valiosos de la librería de Mulay Zaydán, diciendo que se habían perdido durante el incendio de 1.671. Mentiras piadosas…los diplomáticos siempre han de ser así: cuando dicen tal vez, realmente están diciendo no…

Agotada la vía del pedir favores a Muley Zaydán le quedaba intentar la del rescate. Ofreció una elevada suma a Felipe III quien la rechazó, pidiendo a cambio la liberación de los cautivos cristianos que hubiese en Marruecos. Aunque como “el rey prudente” se conoció a su padre Felipe II, Felipe III anduvo igual de prudente y esperó antes de devolver nada a cambio de nada. Pasados dos años y dado que la petición no se cumplía, el rey solicitó un Dictamen del Consejo de Estado sobre el cual resolvió que dicha librería aráuiga se trasladase a la Real Biblioteca del Monasterio del Escorial, donde ingresó en 1.614.

No es de extrañar el empeño del sultán por recuperar la librería de su padre. Según Gurmendi, de quien hablaré a continuación, el número de manuscritos procedentes de la Biblioteca Real Marroquí de Marrakesh y con la marca de la dinastía sa’adí ascendía a cuatro mil, veinte o treinta menos, de los cuales más de quinientos y, siempre según el testimonio de Gurmendi, estaban desenquadernados. Sería excesivamente prolijo hacer relación de ellos, pero solo comentar que, excepto aquellos desenquadernados,  la mayoría estaban cuidadosamente provistos de tapas de piel ricamente labradas en relieve y con ribetes de oro, algunos incluso adornadas sus cubiertas con piedras preciosas. Tratados de leyes, de gramática, de medicina, de astronomía, de filosofía…y, por supuesto, algunos Coranes.

El más famoso, el llamado Corán de Mulay Zaydán, realizado según consta en el Folio 264 por encargo de su padre, el sultán Ahmad al-Mansur en la mezquita del Palacio al-Badi  de Marrakesh y terminado el 13 del mes Rabi’a del año 1.008 de la Héjira, 2 de Noviembre de 1.599 de nuestra era cristiana. Encuadernado con piel de cabra blanca, estampado en oro, cantos dorados así como los herrajes. Escritura de tipo mabsut: la reservada a la escritura del Corán. Los títulos de las suras, en cúfica oro sobre fondo azul….toda una joya. Sin duda a Mulay Zaydán le llevaban los demonios la desgracia de haberlo perdido. Sobre el original albergado en la Biblioteca de San Lorenzo se han hecho algunos pocos facsímiles por expertos según reproducción fiel -fidelísima como corresponde- , cuya cotización ronda los 3.700 euros.

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                                       Facsímil del Corán de Mulay Zaydán

Los arábigos y los Plomos del Sacromonte

Como se lee en la carta del rey al prior de San Lorenzo, fechada el 6 de mayo de 1.614, la entrega e instalación se hicieron bajo la supervisión de Francisco de Gurmendi, a quien le había sido entregada por el mismo Felipe III para que la ordenase…por sciencias y facultades…  El guipuzcoano Gurmendi servía en la corte de Felipe III en la… traducción e interpretación de las lenguas arábiga, turquesa y persiana… El conocimiento de tan inusuales lenguas le venía a Gurmendi por la circunstancia de haber sido discípulo de Diego de Urrea, de supuesto origen calabrés, capturado de niño por corsarios berberiscos y educado en Tremecén, Argelia, donde compartió enseñanzas con el entonces joven príncipe Muley Xeque -causante indirecto de la llegada de la librería de Mulay Zaydán al Monasterio-, y donde adquirió el dominio de la lengua árabe, así como de la… Turquesa, Persiana y Tártara… 

Diego de Urrea fue nombrado en 1593 a petición del entonces rey, Felipe II, profesor de lengua árabe en la Universidad de Alcalá. En 1.595 el rey exige -tal cual, poder real, sin opción- a… Arias Montano y al arávigo…, o sea, Urrea, que traduzcan los recién encontrados Plomos del Sacromonte y, un año más tarde, se les conmina a trasladarse a Granada… y no salgan della… –sigue quedando bien clara la voluntad real- para asistir a la traducción de dichos libros.

Benito Arias Montano fue otro de los arábigos y todo un personaje de la época. Nacido en la localidad pacense de Fregenal de la Sierra en 1.527, estudió varias disciplinas en las que destacó, y entre otras el estudio de latín, griego, árabe, hebreo y sirio. La Inquisición siempre le tuvo en el punto de mira por sus “desviaciones” en cuanto a la interpretación de la Biblia Vulgata y, posiblemente, se libró de morir en la hoguera gracias a la protección que siempre le dispensó Felipe II . Cabe añadir que Fregenal de la Sierra fue uno de los “puntos calientes” junto a la cercana Sevilla de lo que se llamó los “iluminados”, una especie de pre-protestantismo español y, como tal, perseguida con saña. Del mismo Fregenal y con cuatro años de diferencia era Cipriano de Valera, conocido de Arias Montano en su época de estudiantes en Sevilla y religioso en el monasterio de San Isidoro del Campo, muy próximo a las ruinas de Itálica. En el verano de 1.557 y sabiéndose vigilados de cerca por la Inquisición doce monjes, entre ellos Valera, consiguen huir a Ginebra y ser condenados “en ausencia”. Otros cuarenta monjes no tuvieron tanta suerte: fueron quemados vivos, bajo la acusación de herejía.

El 18 de Marzo del año 1.588 se decide derribar la Torre Turpiana, el minarete de la antigua mezquita mayor de Granada. El hallazgo de una caja de plomo conteniendo restos humanos, una imagen de la Virgen y un pergamino manuscrito -con textos en árabe- detuvo la demolición. Se dieron para la traducción a dos notables de la ciudad, moriscos conversos, Miguel de Luna y su suegro Alonso del Castillo. En el pergamino constaba una profecía de San Juan sobre el fin del mundo que San Cecilio, arzobispo de Granada, había hecho ocultar para que no fuese profanado por los árabes. Pero el pergamino de la Torre Turpiana contaba algo más: cual mapa del tesoro daba vagas pistas sobre la localización de otros escritos portentosos ocultos en las proximidades de la ciudad.

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                                            El manuscrito de la Torre Turpiana

Lo de los Plomos del Sacromonte es una de esas historias dignas y comentadas por su aura de misterio por entusiastas profesionales del esoterismo como Jiménez del Oso o Iker Jiménez en programas como Cuarto Milenio y similares. Los tales Plomos consistían en 21 libros formados por 223 planchas circulares de plomo … con extraños dibujos e inscripciones latinas y árabes… de factura morisca… salomónicos según comentaron en su momento, que habían sido halladas entre los años 1.595 y 1.599 a las afueras de Granada, en la colina de Valparaíso, desde entonces conocido como el Sacromonte. Para su traducción fue para lo que se “exigió” a arábigos como Benito Arias Montano y a Diego de Urrea ir a Granada y no salir hasta que no quedasen traducidos a satisfacción de la Corona.

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                                                   Los Plomos del Sacromonte

Como es de imaginar, semejante hallazgo levantó auténticas polvaredas. En su momento llegaron a ser interpretados como un Quinto Evangelio revelado por la Virgen -en árabe, éso sí- para ser divulgado en España. Hubo autores cristianos como el arzobispo Pedro Vaca de Castro que apostaron incondicionalmente por su autenticidad. Otros, como su traductor Benito Arias Montano, manifestaron serias dudas al respecto. La crítica filológica e histórica parece determinar que pudo ser obra de moriscos de alta posición en los años posteriores a la Rebelión de Las Alpujarras, y se sospechó de Miguel de Luna y Alonso Castillo, los traductores del pergamino de la Torre Turpiana, en un intento de conciliar el cristianismo “islámico” de los moriscos con el catolicismo castellano. En 1.682 fueron definitivamente declarados falsos y heréticos por el Papa Inocencio XI.

El Fondo Árabe de la Biblioteca de San Lorenzo

Felipe II, monarca debatido, mantuvo siempre gran preocupación por todo lo intelectual. Siendo todavía príncipe ordena comprar en Valencia, en 1.542 -a sus catorce años de edad-, un Corán a través de Gil Sánchez de Baeza: …un libro de alcorán que mandó su alteza comprar…(citado por Jose Luis Gonzalo Sánchez-Molero, La “Librería Rica” de Felipe II: estudio histórico y catalogación, en Archivo General de Simancas).  Desde 1.567 y siendo ya rey se reúne en el Monasterio un fondo bibliográfico que no para de crecer, comenzando por la librería particular del monarca. Y como parte importante, la del Fondo Árabe. Formado a base de compras por toda Europa, de copias de libros prestados, de adquisiciones a particulares, de donaciones como la del propio Arias Montano, entre ellos 19 libros Aráuigos. O la célebre biblioteca de Diego Hurtado de Mendoza, donada por disposición testamentaria según dice el mismo Mendoza poco antes de morir, el 14 de Agosto de 1.575, a Hernando de Briviesca, guardajoyas de Felipe II: …cuenta de lo que tenía hecho, que es haber dado a su Mg. sus libros y pinturas y antiguallas… El rey aceptó el legado condonando la elevada deuda que el antiguo embajador tenía con él, encargando a su secretario Antonio Gracián el reconocimiento y traslado de la biblioteca. De los 853 códices registrados, 268 corresponden a los Lingua arabica manuscripta.

A primeros de marzo del año 1.577 el rey Felipe II requiere a su “hombre de confianza” Benito Arias Montano para organizar la entonces joven Biblioteca, a lo que el arábigo  accede por fidelidad al rey aunque, según cronista, de la misma…malísima gana… con la que se encargó del asunto de los Plomos del Sacromonte.  En 1.579 ya es nombrado oficialmente como Librero Mayor de la Laurentina. Hombre sin duda puntilloso y responsable tuvo a su cargo la ardua tarea de poner inicialmente orden en semejante colección de legajos, tarea que le ocupó diez meses, ordenándolos por idiomas: lenguas vulgares -las habladas en Europa: castellano, francés, italiano, toscano, – junto a las obras en latín y griego, y las que constituirían el Fondo Árabe: en árabe, persa y hebreo, principalmente, y para dejar clara la propiedad el diseño de las cubiertas, en piel de becerro y con la parrilla, símbolo del martirio de San Lorenzo, estampada dentro de un óvalo en el centro de la tapa, con instrucciones a veces precisas del propio Felipe II.

Alonso del Castillo es otro personaje digno de comentario, y al que ya mencioné junto a su yerno Miguel de Luna en el extraño asunto del pergamino hallado en la Torre Turpiana y los Plomos del Sacromonte. Su padre, morisco principal, nació bajo el dominio nazarí y fue de los obligados a convertirse al cristianismo en 1.500, tras la toma de Granada por Los Reyes católicos en 1.492. Alonso se educó ya bajo el cristianismo como morisco asimilado. Estudió medicina en la Universidad de Granada donde aprendió además latín y griego, lenguas que dominó junto al castellano y al dialecto árabe-granadino. Con estos conocimientos el Concejo le encargó la traducción de las inscripciones árabes en el palacio de La Alhambra, de las que evitó traducir algunas para evitar su destrucción por su contenido religioso. En calidad de romançeador o informador, intervino en la represión de la revuelta morisca conocida como la Guerra de las Alpujarras. En 1.573 es llamado a la Corte para colaborar en la formación del Fondo Árabe de El Escorial, además de ser nombrado intérprete real como traductor de la correspondencia que Felipe II mantuvo con gobiernos árabes. Durante su estancia en El Escorial, obtuvo autorización real para atender a la numerosa clientela que solicitaba sus servicios atraída por el prestigio de …su ciencia médica arábiga y por su competencia en descifrar los manuscritos que la contenían…

Comenzaron a llegar los libros, en este caso los arávigos que, antes de nada, hay que numerar. Arias Montano hace una sucinta relación de 285  Libri Arabici en 1.579. El Licenciado Alonso del Castillo había concluído el 16 de Agosto de 1.583 un Catalogus CCLXI (de 261, para los que se les hayan olvidado los números en  latín) Manuscriptorum Arabicorum  según los fondos del Monasterio. En 1.598 -18 años después del inventario de Arias Montano-  Diego de Urrea, cumplida su tarea de traducir los Plomos, concluye el Índice de los libros arávigos detallando 499 entradas, aunque no incluye los 268 en Lingua arábica manuscripta adquiridos a raíz del testamento de Don Diego Hurtado de Mendoza. Obviamente, el Fondo va creciendo. Alonso del Castillo y siempre con permiso real había viajado ex profeso hasta Andalucía para realizar algunas compras. Acabada la Reconquista sin duda había un goloso mercado de libros arábigos, bien por necesidad de sus dueños, moriscos empobrecidos, bien por alejar la sombra de la sospecha de mantener el culto prohibido ante la siempre vigilante Inquisición.

En tiempos todavía de Arias Montano ingresan en la Biblioteca unos manuscritos árabes procedentes de los bienes de Isabel la Católica que se custodiaban en la Capilla Real de Granada. Alonso del Castillo fue el encargado en 1.573 de examinarlos previamente a su traslado a la Biblioteca, donde ingresaron en 1.591. Según la copia notarial  había…Onze libros chicos y grandes, enquadernados y desenquadernados, todos escriptos en arávigo…   En 1.582 y también desde Granada se habían enviado 32 cuerpos de manuscritos hasta entonces custodiados por la Inquisición. Aunque antes y después continuara la llegada de manuscritos árabes, el gran aporte sin duda fue el procedente ya citado de la captura por parte de la Real Armada de la librería de Muley Zaydán, aquellos cuatro mil…veinte o treinta menos… según la estimación del guipuzcoano Francisco de Gurmendi.

El incendio de la Biblioteca y otros percances

en muy breve rato se quemó la librería manuscrita, sin que remedios humanos bastasen para reprimir la actividad del fuego… (según el informe testimonial del archivero Fray Juan de Toledo).

Libros y fuego son peligrosa combinación, del que la historia nos cuenta numerosos ejemplos. Muchos por censura, otros por accidente. Incendios en el Monasterio hubo varios. En el primero de 1.579 ardió la llamada Torre de la Botica. En 1.731, 1.744, 1.763, 1.827 y 1.872 fueron reseñados otros, aunque parciales y pronto controlados. Pero el 7 de Junio de 1.671, cuentan que a las tres de la tarde, se declaró un incendio comenzado al parecer en una de las chimeneas del colegio situada en la parte norte. Brasas vivas en las buhardillas y un fuerte viento azuzaron un fuego en apariencia controlado, de forma que pese a los esfuerzos y en menos de tres horas habían desaparecido las cubiertas de la mitad del edificio que mira al norte. Del campanario de las torres que flanquean la entrada principal, se fundieron 38 de sus 40 campanas cuyo bronce, cuentan, corría como el agua por las escaleras y los muros. El entramado de viguería, la tablazón de ripias y pares, reseca madera directamente bajo la cubierta de pizarra que, bajo el sol del verano, quema sólo con tocarla contribuyó al desastre. El Vicario con gran piedad y supongo mirando hacia atrás de reojo por si había que salir corriendo, presentó ante las llamas el Santísimo Sacramento, incluso el velo milagroso de Santa Águeda, que en tiempos hubo contenido las lavas del Etna, pero el fuego debía ser ateo porque arreciaba cada vez más.

Visto que Dios no echaba una mano, gentes de todos los alrededores se afanaron durante horas entre el ahogo y el agotamiento. Su esfuerzo no fue en vano y gracias a ellos se salvó gran parte del edificio y de sus tesoros. Pero la librería resultó seriamente dañada y, en especial, los manuscritos árabes. Actualmente y desde el año 1.850 el Salón de Manuscritos se encuentra en la antigua ropería del Monasterio, con gruesos muros y bóvedas de piedra, lo que les protegió en el incendio de 1.872. En 1.671 la mayoría de los códices se guardaban en el Salón Alto y el Salón de Verano, en la planta alta, de altas bóvedas y con sus ventanales abiertos al Patio de Reyes, orientados al norte. El fuego se cebó en los viejos manuscritos. Sin extintores, sin los modernos medios anti incendios y entre la confusión del momento algunos se amontonaron, mojados, en rincones de alguna sala, en una espera que duró más de cincuenta años. Otros, y ante la desesperación…

… para salvarlos del incendio muchos de los códices árabes fueron arrojados por las ventanas, y son bastantes los que aún conservan las huellas del agua, mezclada en algún caso con tierra y arena. En tales operaciones de salvamento hubo códices que se desvencijaron, con la correspondiente dispersión de hojas. En la subsiguiente confusión, no siempre fueron debidamente reagrupadas las de uno mismo, al tiempo que de otros se conservaron solo algunas. De ellas resultó un mare magnum sin orden ni concierto, de hojas o cuadernos, que constituyeron esa massa damnata que Casiri dejó totalmente de lado en su catalogación… (Justel Calabozo, Legajos árabes de El Escorial, pag.437).  

Braulio Justel Calabozo, catedrático de Lengua y Literatura Árabes en la Universidad de Cádiz desde 1984, fue uno de los arabistas que investigó modernamente el Fondo Árabe. Según sus cálculos y tras el desastre, de 3.974 manuscritos arávigos catalogados se perdieron 2.500, de los que quedan en la actualidad tan solo 1.939, árabes en su mayoría, aunque haya una parte en persa, turco o aljamiados. Ya Justel Calabozo nos da una idea del desbarajuste que sufrieron los manuscritos supervivientes en el intento desesperado por preservarlos del fuego. Si un libro moderno y bien cosido lo más seguro es que quedase desencuadernado al ser arrojado desde un tercer piso, podemos imaginar como quedarían los viejos manuscritos, formados en muchos casos por hojas apiladas dentro de un estuche, como las cartas de una baraja. Y de aquellos otros arrojados, amontonados y mojados en los rincones, la acción del agua sobre papel viejo solo pudo producir una pasta irreconocible, esa massa damnata que, según Justel Calabozo, Casiri dejó totalmente de lado en su catalogación.

El mencionado Miguel Casiri, nacido en Trípoli en 1.710, experto en árabe, sirio y arameo, y presbítero por el rito maronita, es llevado a El Escorial en 1.749 para organizar “los restos del naufragio” que llevaban más de cincuenta años en un estado de casi abandono, y para que descifre …si son tesoros o carbones lo que se guardan…. Emprende el encargo de la catalogación, empezando por los manuscritos que se hallaban recogidos en la Biblioteca alta,…limpios y no olvidados, pero sin índices ni inventarios, como selva inculta que nadie se atreve a pasear… Al cabo de diez años Casiri había concluído prácticamente sus índices y catálogos de su Bibliotheca Arabico-Hispana, aunque consta que excluyó los códices sin encuadernar y los manuscritos desencuadernados. Pero a los manuscritos árabes aún les quedaban daños por sufrir.

han sido víctimas de varios incendios, y como si esto no fuera bastante, han sufrido mucho por el interés que por ellos se han tomado algunos bibliotecarios más celosos que discretos, quienes tuvieron la fatal idea de encuadernar de nuevo libros estropeados, que vistieron con encuadernaciones lujosas, a veces, y siempre funestas para los manuscritos, pues lo menos malo que resultó fue el que quedaran cortadas o inutilizadas las notas marginales por la cuchilla de sucesivos encuadernadores… (Francisco Codera, Informe, 1.898). Codera comprobó ya en 1.844 que muchos códices habían sido cosidos desordenadamente, hallando los folios faltos en legajos o encuadernados como parte de otros códices mezclando unos con otros o confundiendo, como se suele decir, “las churras con las merinas”. Casi todas las evidencias señalan a Félix Rozanski, sacerdote polaco y bibliotecario del Monasterio entre los años 1.875 y 1.885. El celo de Rozanski como encuadernador fue notorio:

los dos mil árabes que encontré a mi llegada al Escorial en un estado muy deplorable desde el incendio de 1.671, algunos desgarrados, otros mitad en un manuscrito y otros mitad en otro, varios despues de haber recibido aguas, vueltos en una masa compacta y dura como madera, etc., han sido recompuestos, ordenados, despegados con cuidado, foliados, unos restaurados y otros de nuevo encuadernados en pasta negra, por mis cuidados, añadiendo unos 22 volúmenes que compuse de fragmentos y otros acumulados en los legajos…

Percances y pérdidas no faltaron. A veces, “despistados” al ser sacados -en una época en que había poco control- por investigadores, con el resultado de perderse su pista. Otras, en viajes a veces sin retorno a la Biblioteca Nacional, pese a la acreditada procedencia de la Biblioteca del Monasterio. Afortunadamente fueron más las recuperaciones que las pérdidas.

códice árabe Medicina castellana S.XV

Medicina castellana, códice árabe S.XV. Actualmente en la Biblioteca Nacional de Madrid (con nº 5240 en Fondo Manuscritos) aunque consta como “Procedente de la Biblioteca del Escorial”, lo que se advierte por la “marca de la casa”: parrilla grabada en el centro de la cubierta, símbolo de San Lorenzo

Un héroe afrancesado, Jose Antonio Conde

Decir “afrancesado” en España supone todavía hoy y en el sentido peyorativo de la palabra decir traidor, antipatriota y colaboracionista con el enemigo, ésto es: el francés. No voy a entrar en la atracción que el ejemplo francés supuso para muchos españoles de la época, ansiosos de libertad, de ilustración y de modernidad, frente al absolutismo de la monarquía española, el atraso de la sociedad y el enorme lastre en muchos sentidos que suponía la religión. Entre tanto incendio, tanto celoso encuadernador y tanta pérdida por sustracción, que la hubo cuando el control de los fondos no era tan exhaustivo como afortunadamente es hoy, habría que destacar algún personaje que, como en las películas de héroes, decidió jugarse el tipo para salvar lo que él supo que estaba en peligro: el afrancesado Jose Antonio Conde.

El 20 de Agosto de 1.809 se ejecutaba la Real Orden de José I Bonaparte por la que se expulsaba a la comunidad jerónima de San Lorenzo y se confiscaban todos los bienes del Monasterio, que fueron enviados en carretones a Madrid. Para el traslado se comisionó al arabista Jose Antonio Conde, conservador de la Real Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial. Sabedor del riesgo de que fuesen sacados de España, los ocultó en una capilla del Convento de la Trinidad, lo que durante muchos años se llamó el “grupo extraviado”. Seis años permanecieron ocultos hasta el fin de la guerra bajo montones de impresos en el Convento de la Trinidad, largos años en los que seguramente pudo afectarles la humedad, así como el trajín de los traslados en carretas tanto en su salida del Escorial como ya en 1.815, a su definitivo regreso.

Exilio más dilatado de más de cien años sufrieron los códices con los que Conde estaba trabajando en su casa cuando tuvo lugar la invasión napoleónica. Por su condición de afrancesado hubo de salir de España con ciertas prisas en 1.813. A su regreso y hasta su fallecimiento, en 1.820, los libros seguían en su casa, aunque a su muerte sus testamentarios hicieron un inventario de sus bienes, entre ellos la librería. Hubo una venta y dispersión de libros de Conde. Algunos propios, otros tomados en préstamo de la Biblioteca de San Lorenzo pero que quedaron en su casa al huir de España.

por razones no esclarecidas y circunstancias harto confusas los libros de Conde fueron a parar a Londres, donde el martes 6 de Junio de 1.824 abrió pública subasta de los mismos Mr. Evans el cual redactó a tal fin un sucinto catálogo… (Justel Calabozo)

Aunque no formase parte del Fondo Árabe, una de las joyas del Monasterio, con número de lote 1.169 en la subasta fue el manuscrito del Cancionero de Johan de Baena, recogido por el judino Johan Alfón de Baena -como consta en su título completo- hacia 1.445, para ofrecérselo como regalo a Juan II de Castilla. Otros ejemplares subastados procedentes de la librería de Jose Antonio Conde fueron 78 libros impresos y 112 manuscritos, entre los que se encontraban varios códices árabes escurialenses dados por desaparecidos desde la invasión napoleónica en los inventarios y catálogos posteriores a 1.809.  El Cancionero de Baena fue adquirido en la subasta de Mr. Evans por el librero londinense Thomas Thorpe, quien lo vendió al bibliófilo Richard Heber, a cuyo fallecimiento en 1.833, el mismo Mr. Evans lo subastó de nuevo detallando…. this extraordinary manuscript…one of the treasures…in the Royal Library of San Lorenzo in the Escurial…, siendo adquirido entonces por Léon Tèchener, librero y editor, para la Biblioteca Nacional de Francia donde se encuentra desde 1.836. Y allí sigue, sin atender a reclamaciones…destino similar al de la librería de Mulay Zaydán…

DSCN7553Cancionero de Baena, del fondo de manuscritos del Monasterio y actualmente en París

Más suerte hubo con los códices árabes escurialenses subastados por Evans en 1.824. Los adquirió el anticuarista irlandés Edward King, vizconde de Kingsborough, para donarlos en ese mismo año a la recién fundada Société Asiatique de Paris que, más de un siglo después, los restituiría a su legítima dueña, la Biblioteca de El Escorial. En el mes de Julio de 1.948 se celebró en París el XXI Congreso Internacional de Orientalistas. La Société Asiatique  encargó con tal ocasión una nueva catalogación de los manuscritos árabes de su biblioteca observándose que varios de los donados por Edward King contenían información incontestable de su pertenencia a la Biblioteca del Monasterio y, algunos de ellos, la signatura y la marca antigua. El profesor Jean Sauvaget, miembro destacado de la Société Asiatique, se puso en contacto con su colega, Emilio García Gómez, director de Al-Andalus y participante en el Congreso. Juntos pudieron comprobar la procedencia e iniciaron las gestiones oportunas para el traslado a España y su tardío pero oportunísimo reingreso en la Biblioteca, que se realizó en 1.949. Final feliz.

 

 

 

 

 

Los molosos, antepasados de los mastines

 

Esta entrada del blog en realidad es un capítulo que, a su vez, forma parte de un trabajo aún pendiente de publicación sobre el mastín: El mastín español. Historia de un compañero, que presenté a un certamen convocado por la Real Sociedad Canina en 1998, y en la que tuve el honor de ganar el segundo premio, en su categoría de razas españolas.

El problema de clasificar

Como ya señaló el zoólogo y etólogo norteamericano John Paul Scott en su libro Genética y comportamiento social, la clasificación de las razas caninas refleja la cultura de los pueblos. Así, en Alemania, las primeras clasificaciones distinguían entre razas de trabajo y razas de guarda. En Gran Bretaña, entre deportivas y no deportivas. Clasificar, encontrar el lugar adecuado, no siempre ha sido fácil.

Cuentan las lenguas de doble filo que Karl von Linné, el gran naturalista sueco del S. XVIII, autor del libro Systema naturae (1798) e inventor de la nomenclatura binómica  (¡no os asustéis, no tiene nada que ver con la bomba atómica!) para nombrar y clasificar a los seres vivos con dos palabras: la primera, el género -siempre con mayúscula-; la segunda, la especie -con minúscula-, ejemplo fácil: Homo  (género) sapiens (especie)… Decía que Karl von Linné, que había clasificado y puesto nombre a miles de especies,

cuando encontraba un nuevo insecto y no sabía dónde clasificarle exactamente, lo depositaba discretamente en el suelo y lo aplastaba con el pie... (Oskar Otto Heinroth, La clasificación según taxones, 1922).

El naturalista romano Plinio el Viejo, muerto en el año 79 d.C. en la erupción del Vesubio (donde acudió con sus barcos para rescatar a las gentes en la playa y se intoxicó por las emanaciones del volcán), nos habla en su libro Historia Natural de los perros de Italia. Describe los mastines napolitanos y los canis melitae, los antepasados del actual Maltés, perritos falderos muy del agrado de las damas romanas de la época…antes igual que ahora.

Pero aunque no se refiera a los perros y ya citando a Plinio, este autor debía tener una extraña fijación con los elefantes. En su ya citada Historia Natural y en el libro VIII nos  cuenta que:

los elefantes, en ciertas épocas, rinden un misterioso culto a los astros…para continuar más adelante…los dragones atacan en verano a los elefantes: lo hacen para beberles toda la sangre que, como nadie ignora (?) es muy fría….

elefante y dragón

Grabado del conocido como Bestiario de Oxford, del Manuscrito Ashmole (siglo X),  de la Biblioteca Bodleiana (The “Bod”, para los eruditos), en Oxford. En él se representa el mito del dragón bebiendo la sangre del elefante.

Como detalle pintoresco y ya metidos en el berenjenal, no puedo dejar de mencionar la clasificación más surrealista que he podido encontrar y que consta en la enciclopedia china Emporio celestial de conocimientos benévolos, recogida por el escritor argentino Jorge Luis Borges dentro de su libro Otras inquisiciones, en el ensayo El idioma analítico de John Wilkins (obispo y erudito inglés) y, dentro de este ensayo, atribuyendo su descubrimiento a Franz Kuhn, abogado alemán y un célebre traductor del chino. Según el inspirado clasificador, se dividen en:

a) pertenecientes al Emperador                                                                                                                  b) embalsamados                                                                                                                                            c) amaestrados                                                                                                                                                d) lechones                                                                                                                                                            e) sirenas                                                                                                                                                            f) fabulosos                                                                                                                                                      g) perros sueltos                                                                                                                                             h) incluídos en esta clasificación                                                                                                               i) que se agitan como locos                                                                                                                           j) innumerables                                                                                                                                               k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello                                                                      l) etcétera                                                                                                                                                         m) que acaban de romper el jarrón                                                                                                               n) que de lejos, parecen moscas

¿Curioso, no?. Lo bueno es que Borges, muy aficionado a fabular, se lo inventó. Al igual que Cervantes en El Quijote, mezcla cosas inventadas junto a otras totalmente ciertas. Mientras que John Wilkins y Franz Kuhn fueron personajes que existieron de verdad, la “clasificación” antes citada no lo es. Borges mezcla datos reales para apoyar sus “ficciones”, construyendo una estructura literaria más sólida y consigue que al final nos las creamos, que parezca “de verdad”. Hablando de lo movedizo que es el terreno de las clasificaciones, Borges escribió una reflexión que nos viene como anillo al dedo:

notoriamente no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo…

Pero como nosotros no somos Borges y necesitamos poner un poquito de orden en este caos, vamos a ver cómo se fue organizando el tema de las razas. Me temo que vais a escuchar muy a menudo la temida palabra: “clasificación”.

La clasificación de las razas caninas

Aparte de las menciones ya citadas a algunas razas hechas por Plinio el Viejo, el que sistematiza la clasificación y un poco anterior a él en el tiempo es Columela (nombre completo: Lucio Junio Moderato, lo de Columela era un sobrenombre), hispano-romano que vivió en Cádiz a comienzos de nuestra era. En su tratado de agricultura De re rustica (“Los trabajos del campo”, dividido en doce libros o capítulos), ordena a los perros en razas de pastor, de guarda y de caza. Su clasificación es la siguiente:

1.- venatrici o de caza, divididos a su vez en sagaces (rastreadores), celeres (perseguidores) y pugnaces (los que atacan y sujetan la presa. Evidentemente para la caza mayor).

2.- pastores (creo que no hace falta traducir).

3.- villatici (guardianes).

Y añade el interesante dato de la conveniencia de seleccionar los colores. Blanco para los pastores, y así poder distinguirlos de los lobos en los ataques nocturnos, o negro para los de guarda porque así dan más miedo, criterio que comparten los psicólogos.

Juliana Berners, priora del convento de Sopwell, en Hertfordshire, Inglaterra, escribió el Libro de Saint Albans (1486) donde, en el segundo tomo dedicado a la caza, establece la primera clasificación moderna de razas caninas.

En 1576 el doctor John Keys, el médico de cámara de la reina Isabel I de Inglaterra, elabora una relación de las razas caninas de Gran Bretaña en su obra escrita en latín Canibus britannicus, y que firma como Ioannes Caius, latinizando su nombre como era la moda entonces entre los eruditos. Según cuenta él mismo, mantuvo correspondencia con un naturalista suizo, Conrad Gesner, autor de Historiae Animalium, que le animó a escribir su libro sobre las razas caninas británicas.

El clérigo naturalista inglés Edward Topsell no clasificó las razas pero sí incluyó láminas de perros en su bestiario The History of Fourfooted Beasts and Serpents (Historia de las bestias de cuatro patas y las serpientes), publicado en 1605. Topsell se cura en salud -por si acaso- diciendo que…no haría que el lector imaginase que he contado todo lo nunca dicho de estas bestias, sino solo lo que han dicho muchos…  Así, Topsell, entre otras “perlas” dice, por ejemplo, que las comadrejas dan a luz por las orejas, que los elefantes adoran al Sol y a la Luna y quedan embarazados al masticar la mandrágora o que los ratones se reproducen no sólo copulando, sino que también la tierra los engendra…

grupo de perros edward topsell0005

                                                 Ilustración del Bestiario de Edward Topsell

Pero los que marcan la pauta en la teoría clasificatoria son casi todos franceses. El naturalista Georges Louis Lecrerc, más conocido como el Conde de Buffon, en su Historia natural, general y particular (1775) clasificó unas treinta razas, atendiendo a la forma y porte de las orejas, según fuesen erguidas, caídas o parcialmente erguidas.

En 1790 el abate Pierre-Joseph de Bonnaterre publicó en varios volúmenes su Tableau Encyclopédique et Métodique des Trois Règnes de la Nature…aunque se conoce más resumido tan largo título como el Tableau  (“la pizarra”). El Tableau contiene más de 400 ilustraciones de los animales conocidos y, dentro de ellos, ilustra y clasifica grupos de perros según razas o tamaños.

perros falderos de Bonnaterre0002

 

molosos de Bonnaterre0002

 

 

 

 

 

 

                           Perros falderos y molosos, según Bonnaterre

Otro naturalista francés, Georges Cuvier, fue el primero en clasificar el reino animal desde el punto de vista estructural o morfológico que, no obstante, estaba completamente estructurado a su función. En su obra Reino animal distribuido a partir de su organización (cuatro tomos en su primera edición de 1817, que se ampliaron a cinco a partir de la segunda edición, ya en 1829), se basó en caracteres craneanos y en la relación cráneo-maxilar para establecer tres categorías: pastores procedentes del Perro de las Turberas, molosos y galgos.

En 1885 el veterinario militar Pierre Megnin estableció cinco tallas según la alzada: mayor de 65 cm., de 40 a 65, de 20 a 40, o menor de 20, y el pachón para las dos menores. Y establece según su estructura corporal, cuatro tipos o categorías: lupoides (pastores), bracoides (caza), molosoides (defensa) y graioides (galgos).

Poco más tarde otro veterinario, Charles Cornevin, profesor en la primera Facultad de Veterinaria de Europa, la de Lyon -fundada en 1763- y en su libro Tratado de Zootecnia Especial (1897), establece una clasificación basada en caracteres externos: talla, proporciones, pelaje y forma de las orejas. Como novedad añade a las cuatro razas de gatos descritas por Karl von Linné (Catus angorensis, C. hispanicus, C. domesticus y C. ceruleus) tres razas más.

El catedrático de Zootecnia y Sanidad en la nueva Facultad de Veterinaria de Alfort (París), Raoul Baron, propuso en 1878 que en todas las especies existe un prototipo. En el caso del perro, estaría entre los 25 y 30 kg. de peso, de perfil recto y de proporciones medias, a lo que llamó eumétrico. Como ejemplo, sería el Pastor Alemán. Todos los animales podían ser definidos mediante tres cifras, cada una del -1 al +1, siendo el prototipo ideal el 000.

1ª cifra: heterometría, de peso y forma.

2ª cifra: aloidismo, perfiles generales.

3ª cifra: anamorfosis, proporciones totales.

El interés por los perros seguía aumentando. Ya en el año 1859 se celebró la primera exposición canina, en Newcastle-on-Tyne, aunque en aquella ocasión sólo participaron Setters y Pointers. Por cierto: la primera exposición felina se celebró en 1871 en el palacio de Cristal de Londres, donde participaron 170 gatos, aunque hubo un precedente “gatuno”, una exposición que se celebró en Winchester, en 1598.

Este incremento de la popularidad y la necesidad de establecer unos parámetros fijos, lo que se llamó estándar para cada raza en concreto, motivó la fundación en 1911 de la F.C.I., la Fédération Cynologique International, con sede en Thuin,  Bélgica, donde se clasifican las razas reconocidas,-337 según mis datos-  oficialmente en diez grupos, según su aptitud o afinidad, según la clasificación propuesta por Villemont en 1970.

Sin entrar en los otros grupos, a los molosos corresponde el Grupo 2º, de perros de guarda, defensa y utilidad. Dentro de este grupo se distingue entre los molosos de montaña (tipo mastín), de pelo largo, y los de tipo dogo, de pelo corto.

Descripción y fenotipo

Según Pierre Megnin el adjetivo “molosoide” define a perros de…cabeza maciza, esferoidea y cuboidea, con orejas pequeñas y caídas, hocico corto, belfos largos y gruesos, cuerpo proporcionado de gran talla, así como cinco dedos en los pies traseros igual que en los delanteros…

Aunque actualmente se reconozcan de forma oficial más de sesenta razas de guarda, muchos de ellos han sido conseguidos mediante cruces experimentales (Dobermann, Bull Terrier, Pit Bull, Dogo argentino, Leonberger, etc.) y otros, sencillamente, no se ajustan a la definición de molosoide. En animales de tan antiguo origen no se puede pretender una pureza total, pero sin duda los molosos de hechuras más clásicas los encontramos en razas originarias de zonas aisladas o montañosas donde, como veremos, han podido evolucionar libres de todo contacto: mastín español, del Pirineo, del Tíbet, del Caucaso (Ovtcharka), Tatra, San Bernardo, Karabash, etc.

¿Hay molosos miniatura?

No todos los molosos son grandes perrazos. Sorprendería saber que dos de ellos, de los considerados falderos, tales como el Pekinés y el Carlino, pertenecen a la misma categoría que los mastines. El cómo estas dos razas llegaron a reducir hasta tal punto su tamaño tiene su explicación en la intervención, otra vez de la mano femenina, y esta vez oriental al seleccionar los perros para compañía entre los más pequeños, y cuanto más pequeños mejor.

La enanificación de razas es un paso más en la neotenización y lo que se busca es un aspecto lo más infantil posible. Es lo que se conoce como maternidad vicariante, podríamos decir como un sucedáneo de la maternidad. Como dice una amiga mía criadora de Carlinos: …es lo más parecido a tener en brazos un bebé , con esa mirada…

 

carlino

bull dog frances

 

 

 

 

 

Cachorro de Carlino, el de la cara de niño. Otro moloso enanificado: el Bull Dog Francés

Los llamados popularmente “perros falderos” no son un invento moderno. Existían ya en la antigüedad en sociedades altamente civilizadas: chinos, persas, griegos, romanos… Como vemos en sus ilustraciones o nos cuentan las crónicas, tenían ya sus perrillos sentados en el regazo de los mandarines o de las grandes damas. Popea, la mujer del emperador romano Nerón, tenía un Maltés al que situaba en las ceremonias oficiales por delante de Lépida, tía del emperador, lo que ocasionó una vez una disputa tan violenta que Lépida murió del disgusto.

El geógrafo y viajero griego Estrabón los cita en su Geografía (año 29 a.C.), que ha llegado hasta nuestros días casi intacta, reunida en 17 “libros” o capítulos, y donde además de recopilar todos los conocimientos geográficos de la época, hace una mención a estos perros:

existe un promontorio en la isla de Sicilia llamado Melita de donde se transportan muchos y graciosos perritos llamados canis melitae, los cuales son apreciados por las patricias como si fuesen alhajas…

Pero si la enanificación de las razas no es invención moderna, el actual protagonismo o utilidad de los perros como animales de compañía, ha favorecido la reducción en el tamaño sacando variedades “enanas” de varias razas, hasta hace muy poco de utilidad: Teckel, Schnauzer, Pinscher, Caniche, Yorkshire Terrier, Pomerania, etc.

Testimonios arqueológicos e históricos de los molosos. La caza y la guerra

El nombre de “moloso” proviene de la antigua región de Molosia, en el montañoso interior de la región del Epiro – en la actual Albania-, lo que daba nombre a sus habitantes: los molosos. Alrededor del año 400 a.C. un escultor desconocido erigió una estatua a Molossus, el perro de Olympia, hija de Pirro, rey de los epirotas. Precisamente en el Epiro, actualmente zona fronteriza entre Albania y Grecia -y en algún otro punto de los Balcanes- y hasta los años 50 vivieron de forma totalmente nómada, sin cultivar la tierra, una raza de pastores, los sarakatsani, dedicados exclusivamente a la cría de ovejas y al comercio de los quesos y la lana.

Perros similares a Molossus fueron utilizados desde la antigüedad en Grecia, Egipto y Asia Menor como fuerzas auxiliares en los ejércitos. Su fiereza y acometividad les hicieron tanto o más apreciados por sus cualidades como guardianes de casas y rebaños que como perros de presa en las cacerías, o como auxiliar en la batalla. Resultarán ser los mejores soldados, sin conocer el miedo, sin rendirse jamás.

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Guerra y caza gozan del más alto prestigio y van unidos en la mentalidad batalladora de aquellas épocas, mentalidad que se prolongará hasta más allá de la Edad Media. En la Conquista de América, heredera del espíritu de frontera de la Reconquista, los fieros perros alanos lucharán junto a los exploradores.

mañoso en la caza, arte e sabiduría de guerrear y de vencer… (Alfonso X, Código de las Siete Partidas, escrito dentro de la 2ª Partida,Título 5, Ley 20).

no hay cosa que más se allegue con las maneras del caballero que ser montero o cazador… (Infante Don Juan Manuel -sobrino de Alfonso X- , Libro de la Caza, 1325).

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     Libro de la Montería de Alfonso XI (1312-1350), donde aparecen los molosos

 

el caballero debe cabalgar, justar, correr lanzas, ir armado, tomar parte en torneos, esgrimir, cazar ciervos, osos, jabalíes, leones, y las demás cosas semejantes a éstas que son oficio de caballero; pues por todas estas cosas cosas se acostumbran los caballeros a los hechos de armas… (Ramón Llull, Libro de la Orden de caballería. 1275).

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        El sepulcro soportado sobre dos figuras de piedra, un jabalí y un oso.

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Hasta Cervantes nos deja su opinión: ….la caza es imagen de la guerra… (Don Quijote, 2ª parte, cap. XXXIIII -no me he equivocado: 4 como IIII-).

Las más antiguas representaciones de molosos se encuentran en los frescos con que los egipcios decoraban casas y templos, con su habitual estilo realista, de gran naturalidad. La estela del faraón Intef II (2118-2069 a.C.) de la XIª dinastía es famosa al aparecer representados sus tres perros, cada uno con su nombre (en idioma no egipcio) y al lado, la traducción al egipcio.

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        Los perros de Intef II: Behekay (Gacela), Abaquer (Galgo) y Pehetes (Negro)

Abundan los bajorrelieves hititas, y asirios donde les vemos en la caza del león y del asno salvaje, o sujetos por traíllas a sus anchos collares y conducidos por los soldados: grandes perros de aspecto fiero, cabeza ancha, orejas caídas, cola enroscada y pelo corto.

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Palacio de Taklat-Palasar, 1150 a.C.

 

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Relieve del periodo hitita de la caza del león, con perro

 

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Exvoto encontrado en Nísibis, Babilonia, con representación de un moloso, dedicado a “la diosa que atiende las oraciones”

 

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Nínive 3

 

 

 

 

 

 

            En el palacio de Nínive son abundantes las representaciones de molosos

 

Los antiguos egipcios les pintaron en escenas de guerra: Tutankamon contra los nubios del Sudán (1.350 a.C.) o Ramsés II contra los hicsos en la batalla de Kadesh (1.300 a.C.), donde se ve a los molosos mordiendo a los enemigos y despejando el camino al faraón victorioso.

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Perros de guerra bajo el carro de Tutankamon. Parece la misma escena pero son distintas. La de arriba contra los nubios del Sudán, la segunda contra los hititas

 

teja egipcia con perro

 

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Teja de arcilla esmaltada con cobalto. No es un Gran Danés arlequín, es un moloso egipcio.

Mango tallado de marfil con imágenes de molosos de un cuchillo de silex del Periodo Geerzense (o cultura Naqada II), predinástico egipcio (3.500-3.200 a.C.), zona de El Fayum.

 

Se cuenta una anécdota sobre Alejandro Magno que, en el año 330 a.C., barrió desde Egipto hasta La India con su ejército de macedonios. Llevaba con él a su perro Periles, al parecer un moloso que le regalaron cuando tenía once años y que le salvó la vida -aunque al perro le costase la suya- mordiendo en el labio a un elefante en la batalla de Hidaspes, contra el rey Poros de La India, en el año 326 a.C. Y otra anécdota cuenta que un rey de Albania le regaló un gran moloso con fama de invencible. Alejandro le enfrentó a un jabalí y a un oso, pero el perro ni siquiera se levantó. Decepcionado y creyéndole cobarde le mandó matar pero el rey, al saberlo, le regaló otro advirtiéndole que su valor era tan grande que despreciaría cualquier enemigo que no fueran leones o elefantes.

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Grabado del S. XVIII con la figuración del enfrentamiento del legendario moloso regalado a Alejandro luchando contra un león, tras vencer al elefante

Los romanos emplearon para el circo sus molosos, los canis pugnaces, enfrentándolos a las fieras para diversión de la plebe. Y Julio Cesar en sus crónicas La Guerra de las Galias nos cuenta que, cuando desembarcó con sus legiones en las costas británicas, encontró junto a sus adversarios unos grandes perros amastinados, similares al actual Mastiff inglés.

Los molosos conquistan Europa. El mito del mastín del Tíbet

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Hay muchas teorías acerca de la aparición de los molosos en Europa y, como sucede cuando las cosas no están muy claras, se tiende a mitificar. Se ha propuesto a los fenicios y, sobre todo, a los romanos como introductores de las razas por los países que formaron parte del Imperio Romano. Y ya, mitificando, se cita casi siempre al mastín del Tibet como supuesto antecesor de todos los molosos.

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Cartel en la entrada de un monasterio budista de Nepal. No se leer sánscrito pero seguro que debía poner algo así como “cuidado con el perro”. Imagen de moloso.

 

Los iniciadores de esta teoría fueron sobre todo cinólogos suizos. En 1897, el inspector forestal superior Max Siber, de Winterthur, escribió el libro Der Tibetanhund (El mastín del Tibet, 1897), en el que describió al mastín del Tibet junto a otros molosos como el Boyero suizo, sugiriendo su ascendente. El profesor Bernhard Studer y, más tarde, el doctor B. Siegmund admitieron, no obstante, que el tipo dogo (el molosoide descrito por Megnin) se desarrolló en diferentes épocas y lugares, de diferentes razas.

Según Albert Heim, geólogo e investigador suizo, en 1850 y hablando del San Bernardo consideró tres hipótesis respecto a su origen:

1-la de Studer, que lo consideraba descendiente del Canis familiaris inostranzewi.

2- la de Siegmund, que pensaba que era un agigantamiento del perro de las turberas.

3- la de C. Keller y H. Kramer, que lo hacían descender del mastín del Tíbet

Es frecuente encontrar en la bibliografía sobre molosos la cita, por lo magnífica, del viajero veneciano Marco Polo, que se supone conoció a este perro en sus viajes, y lo describió de forma un tanto sobrecogedora: …grande como un asno y con la voz potente como un león…

Sin embargo, en el libro donde narra su largo viaje, Il millione, traducido al castellano como Viajes (Ed. Austral, 7ª edición) no aparece la famosa cita. Marco Polo cuando habla del Tibet y de sus perros dice:

los indígenas son idólatrasTienen malas costumbres, crían grandes mastines muy recios para la lucha y para pelear con las fieras. Tienen muchas clases de perros…(Cap. CXVII).

Más adelante menciona otros perros diferentes:

del rey Canci, que reina en tramontana (describe el norte de Mongolia, lindando con Siberia)…Y sabed que la Rusia Mayor confina en el norte con esta provincia…Este rey no tiene ciudades ni fortalezas. Sus gentes se nutren de leche y de carne…Por causa del frío intenso viven en casas subterráneas…Existen allí también grandes osos blancos…Y este rey posee una región donde no pueden vivir los caballos, el hielo y el cieno son tan considerables que los caballos no pueden andar, por esta razón han hecho trineos sin ruedas, que van sobre el hielo y no se hunden en él. En estos trineos ponen pieles de osos y tiran de ellos los perros de los que os he hablado…Hay mesones donde el viajero se puede albergar. En éstos hay por lo menos cuarenta perros mastines grandes como pollinos (el subrayado es mío, Marco Polo no dice nada de su mítica “voz de león”), y son estos perros los que transportan los correos de un sitio a otro…(Cap. CCXVIII).

Marco Polo está describiendo una región ya metida en Siberia con osos polares, mucho hielo y perros que tiran de trineos…posiblemente a los que se refirió fue a una raza de perros nórdicos, y no al mastín del Tibet.

Diseminación y llegada a España. Las migraciones de los pueblos indoeuropeos

Se ha pretendido explicar su llegada a Europa central de la mano de los invasores que, procedentes de las estepas de Asia (hunos, ávaros, alanos y ostrogodos) irrumpieron desde el año 100 hasta el 900 de nuestra era. Pero esta teoría no explicaría por qué se encontraron en Suiza restos de un moloso parecido al mastín, hasta en los espolones dobles, del año 4.000 a.C.

Otros afirman que entraron a España con los fenicios, en sus viajes comerciales por el Mediterráneo. Sin descartar esta posibilidad, el cinólogo español Luis Esquiró y coincidiendo con las teorías de Studer, sugiere el origen multicéntrico de los molosos en diferentes lugares de Europa y Asia. La península ibérica sería uno de estos focos por su geografía aislada y la utilidad local de estos perros.

Pero podemos plantearnos una hipótesis aún más atractiva, que reúna el origen oriental y la adaptación hace miles de años, si nos remontamos a la expansión de los pueblos indoeuropeos, es decir, a los antepasados de (casi) todos nosotros.

Aproximadamente y a partir del año 5.000-4.500 a.C. se suceden consecutivas oleadas de aguerridos pastores nómadas y de agricultores con nuevas técnicas que, desde sus estepas del sur de Rusia y de Asia central, se irán extendiendo hasta cubrir una zona que abarca la casi totalidad de Europa, y desde Turquía hasta la India.

mapa indoeuropeos0005

En su largo periplo de miles de años, los llamados indoeuropeos o pueblos arios se diversificarán, mezclandose en algunos casos con otras culturas, dando origen a numerosos pueblos: castas superiores de la India, suecos, afganos, in gleses, persas, alemanes, catalanes o castellanos, de lenguas muy diferentes pero con un origen común.

Su espíritu conquistador y sus técnicas avanzadas hacen desaparecer las primitivas culturas agrícolas de Europa y dejan numeroso testimonios en los mitos de los héroes griegos e hindúes, o en sus choques con otras culturas ya presentes. Indoeuropeos son los Pueblos del Mar y los hititas que amenazan Egipto y, a cambio, les enseñan unas armas que, para aquellos tiempos, fueron tan revolucionarias como más adelante serán la pólvora y los misiles: el caballo, el carro de guerra y las armas de hierro. Parte de aquellos Pueblos del Mar son los filisteos que menciona la Biblia y de los que procede el nombre de Palestina.

Aunque con el tiempo se establecen, desarrollando culturas tan avanzadas como la griega y la romana, las primeras oleadas de invasores (y las últimas: aquellos hunos, alanos y ostrogodos que acaban con el Imperio Romano) se organizan en tribus de pastores , en busca de hierba fresca para sus rebaños de ovejas, vacas y caballos. En su nomadeo, durante siglos y siglos, utilizarán perros para defender los campamentos y el ganado, perros que se irán moldeando en el duro clima de la estepa y de las montañas, siempre en guardia contra las manadas de lobos que acechan los rebaños, atentos al menor descuido para hacerse con una presa tan indefensa y apetecible como las ovejas.

Allí donde se establezcan las tribus, sus molosos irán diferenciándose en razas locales aunque manteniendo unas características comunes: instinto agresivo y desconfiado, gran tamaño, pelaje espeso y protector y, en algunas razas, colores claros para distinguirse de los lobos en la confusión de los ataques nocturnos, como ya sabiamente aconsejaban Columela y Plinio en sus tratados.

Podríamos preguntarnos por qué los pastores indoeuropeos “inventan” los mastines mientras que otros pueblos de pastores nómadas como los beduinos árabes o los judíos de la Biblia no poseen estos perros. La respuesta puede estar en el clima. Las razas grandes se producen en climas fríos como las estepas y montañas, escenario habitual de los mastines. La segunda explicación, y también asociada al clima, puede estar en el enemigo contra el que se ha seleccionado: el lobo.

En los desiertos y resecos páramos de Asia Menor y África los lobos son escasos y de pequeño tamaño: ...los lobos de Egipto son apenas más grandes que zorros...(Aristóteles, Historia Natural, Lib.VIII, c.28), al contrario de los grandes lobos que abundan en las estepas y montañas de Europa y Asia Central. En las zonas cálidas abundan los chacales, poco más peligrosos que los zorros, y si había predadores grandes eran en todo caso leones o leopardos, contra los que ni el más fiero mastín tiene nada que hacer.

Los celtíberos, pueblos de pastores

Entre los años 1.000 y 500 a.C. llegan a España las primeras avanzadillas de pueblos indoeuropeos, como los celtas, estableciéndose inicialmente en la meseta norte, muy escasamente poblada, al contrario que las zonas pobladas por iberos, en el este de la península. Queda sin ocupar el País Vasco, único reducto pre-indoeuropeo en Europa, junto con Laponia.

Julio Cesar en su libro Guerra de las Galias (Lib. I, cap. 51) narra que, estando cerca de Lérida, se acercó a su campamento un nutrido grupo de arqueros y jinetes galos en número de 6.000 que, junto con sus hijos, mujeres y esclavos, alcanzarían tal vez la cifra de 20.000. Habían cruzado los Pirineos buscando tierras donde asentarse. Para cuando los romanos entran en escena, año 200 a.C., encuentran en la meseta central una amalgama de pueblos celtíberos en diferente grado de desarrollo, es decir, de evolución desde el nomadeo a la agricultura.

Algunos de ellos, como los vacceos, distribuídos por lo que será la provincia de Valladolid y limítrofes, practican lo que se ha dado en llamar el “comunismo agrario”:

entre los vacceos la propiedad de la tierra es comunal. Cada año reparten la tierra cultivable en lotes familiares. La cosecha total era para la comunidad que la repartía según las necesidades. Al que se quedaba con alguna parte se le ejecutaba…(Diodoro de Sicilia, Bibliotheca Historica, Lib.V, cap. 34).

Pero casi todas las tribus: lusones, pelendones, titos y arévacos (los que defendieron Numancia) siguen siendo ganaderos y la abundancia de sus rebaños de ovejas, vacas y caballos sorprende a los cronistas romanos: …en cuanto a su alimentación, se sirven de todo tipo de carnes, que abundan entre ellos…(Diodoro, obra citada, Lib. V, cap. 34). Curiosa o casualmente, Castilla-León (antiguamente Castilla La Vieja) sigue siendo la comunidad autónoma donde el consumo de carne es más alto.

El griego Polibio, amigo personal del general romano Escipión y testigo presencial de la caída de Numancia, en su Historia General se asombra de que entre los celtíberos …la caza no se aprecia en nada, se la dan gratis a quienes compran alguna otra cosa…. Y se asombra porque los romanos son casi vegetarianos, raramente consumen carne y sólo en ocasiones especiales, comprando la carne -cara- de los animales sacrificados a los dioses o criando algún cerdo, si acaso …comedores de hierba… les llama irónicamente Plauto, autor de comedias de la época.

Como indicio de su gran actividad ganadera hay varios testimonios: las ciudades arevacas de Numancia y Termancia en el año 139 a.C. (seis años antes de su cerco y destrucción por Escipión, en el 133 a.C.) entregaron a los romanos como impuesto tres mil pieles de buey y ochocientos caballos. Apiano de Alejandría en su amplia y detallada Historia Romana y en su sección Sobre Iberia nos cuenta que …cuando el general Lúculo sitió la ciudad de Intercatia les exigió, a cambio de su indulgencia, cincuenta rehenes y diez mil sagum (túnica confeccionada con lana de oveja)… El mismo Apiano y hablando de Lúculo dice que recibió de Cauca (la actual Coca) rehenes, plata y fuerzas a caballo, pero que Pallantia (la actual Palencia) le ofreció dura resistencia con su caballería.

…(los lusitanos) crían unos caballos tan veloces que las yeguas son fecundadas por el viento Zéphirus… (Plinio, Historia Natural, Lib.VIII, cap. 166…¡otra vez Plinio con sus historias!).

Porque ésa es otra cuestión. Apiano y Polibio destacaron el valor y la feroz resistencia que les opusieron aquellas tribus. Polibio cuenta a los romanos:

extraordinaria fue la naturaleza de esta guerra, así como la duración de los enfrentamientos. En verdad, si alguien quiere imaginarse una guerra de fuego, que piense sólo en ésta…No sólo quitan la vida a los hombres, sino que abren en canal a los perros y destrozan a los animales…

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Guerreros celtíberos (dibujo a partir de la iconografía de una vasija de Numancia, S. II a.C.) 

Guerrero ibero de una estela de Osuna, en el Museo Arqueológico Nacional. Se observa perfectamente la empuñadura característica de una falcata, la espada típica hispánica, en su mano derecha.

 

Son las Guerras Celtibéricas, que llegan a producir crisis políticas en Roma por su larga duración, más de veinte años, y su alto coste en hombres y en medios. En el año 152 a.C. la leva para reclutar hombres con destino a Hispania fue tan impopular que hubo de suspenderse la operación.

los celtíberos suministran para la lucha no sólo excelentes jinetes, sino también infantes que destacan por su valor y su alta capacidad de sufrimiento… (Diodoro de Sicilia, obra citada, Lib. V, cap. 33).

El general cartaginés Aníbal encontró en estas tribus magníficos mercenarios para sus ejércitos: …los hispanos ocupaban la vanguardia de Aníbal, las mejores tropas de todo el ejército… (Tito Livio, Ab Urbe condita –La fundación de la ciudad-, año 10 d.C.).

vinieron también los celtíberos. Honor es para ellos caer en la batalla… Los lusitanos son tropa terrible, hábiles en emboscadas, ágiles, ligeros y capaces de salir de peligros… (Silio Itálico, Punica, 80 d.C.).

Cuando Aníbal se dirige a Italia para atacar Roma, a punto de cruzar los Alpes, cuenta entre sus tropas con 8.000 hispanos de a pie y dos o tres mil jinetes celtíberos, aparte de sus 37 elefantes. Tras quince días de dura travesía y con el río Po ya a la vista los supervivientes, según Polibio …parecían una manada de fieras…

Aníbal, en vísperas de la batalla de Tesino (año 218 a.C.) contra Roma, arenga a sus tropas para infundirles valor y dirige este mensaje a la caballería celtíbera, mercenarios que forman sus fuerzas de choque:…bastante habéis tenido que soportar hasta ahora apacentando oivejas en los pelados montes de Lusitania y Celtiberia, sin ver el fruto de tantas fatigas. Ya es hora que recibáis vuestra recompensa y logréis el premio de vuestros esfuerzos…

El clima de la meseta es duro, y para mantener su ganado necesitan conducirlo de un lado a otro, según las estaciones, para aprovechar los mejores pastos. Nuestros aguerridos tatarabuelos están inventando la trashumancia.

El mastín español. Razas y variedades

hay otros perros que llamamos mastines, que son tan grandes de cuerpo como los dichos alanos, fieros a la guarda del ganado. Tienen gran cuello y fuertes pechos. De medio cuerpo atrás son cenceños (enjutos), tienen mucha fuerza y ligereza, son muy valientes, pues en los desiertos montes siguen a los lobos, defendiendo el ganado y mano a mano pelean con ellos y los matan, en que se conoce su mucha valentía, pues rinden tan fieros animales… (Alonso Martínez de Espinar, Arte de Ballestería o Montería, 1644).

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Ya tenemos al mastín entre nosotros. Donde alcanzará un protagonismo destacado será en la trashumancia y de ella hablaré en el apartado sobre la Mesta. En la península aparecen cuatro razas reconocidas, que fueron separándose en sus diferentes zonas de trabajo. Los mastines de Portugal: el Rafeiro do Alentejo y el Cao da Serra Estrela, son bastante similares al español, del que con toda probabilidad descienden, en el avance de la Reconquista.

Nuestros dos mastines, el español y el del Pirineo, se fueron diferenciando desde los comienzos al vivir en zonas aisladas y al quedar separados por la cordillera Ibérica. El trasiego de ganado y perros que podía darse por los contactos entre La Rioja y Navarra, quedó interrumpido tempranamente, al establecerse de forma definitiva la frontera entre los reinos independientes de Aragón y de Castilla por el Tratado de Almizra en 1244, entre Jaime II de Aragón y el infante Alfonso de Castilla, futuro Alfonso X, y que fijaron los límites entre ambos reinos al estar los dos en pleno proceso reconquistador. Al quedar marcadas las fronteras los contactos entre los pastores de ambos reinos serán nulos.

La trashumancia o, como se suele denominar más adecuadamente, la trasterminancia en Aragón se establece en un corto recorrido de pocos días, entre el somontano aragonés y los pastos pirenaicos. La distribución del mastín del Pirineo se centra en los valles que, de norte a sur, cruzan el Alto Aragón: Hecho, Ansó, Tena, y los lindantes del Roncal navarro y del valle de Arán.

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                     Mastín del Pirineo y su vecino francés, el Montaña del Pirineo

La vida en la alta montaña favoreció el espeso pelaje y su típico manto blanco con algunas manchas oscuras, color que además de aislarlos del frío, evitaba la confusión con los lobos en la confusión de los ataques nocturnos. Aunque a veces se confunda con su vecino del lado francés, el Montaña de los Pirineos, en este último el color blanco es total, y la cabeza algo más cónica.

El mastín español sigue siendo abundante en un amplio territorio que se corresponde con su antigua zona de trabajo, desde León y La Rioja hasta Extremadura y Sierra Morena. En tan extensos dominios y además del pastoreo se dedicó a la guarda de fincas, principal actividad hoy día. Se ha pretendido y es común, buscar razas en lo que no son simples variaciones en tamaño y pelajes. Por razones de clima, los ejemplares más corpulentos se dan en las montañas de la zona leonesa, mientras que los meridionales suelen ser más ligeros y con menos pelo.

Para aumentar la confusión se habla del “mastín ligero” en tierra de monterías, que no es otra cosa que el resultado de su cruce con podencos, a fin de hacerlo más veloz para su empleo en las rehalas. No hay mastín manchego, ni leonés, ni andaluz ni extremeño. Son todos la misma raza, el mismo mastín que, años atrás compartió el pan con los pastores, compañeros (del latín “cum panis”: el que comparte el pan) en los largos caminos de la Mesta.

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El más popular de los molosos: el San Bernardo. Y el Terranova, rescate de naúfragos.

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pastor caucaso

 

 

 

 

 

Otro moloso: el Ovtcharka o pastor del Caucaso.  Uno, en un chalet. El otro, en su ambiente

 

Un recuerdo para el alano

En España, además de los mastines, hubo otros dos molosos: el dogo español y el alano. Mientras que el mastín siguió siendo necesario, con Mesta o sin Mesta, los otros dos fueron perros ligados a la aristocracia, utilizados en las grandes cacerías o en la guerra, y fueron perdiendo su razón de ser conforme iban menguando los privilegios de la nobleza.

La primera descripción del dogo se la debemos a un autor ya citado, Alonso Martinez de Espinar, ballestero de Felipe IV en su libro Arte de ballestería o montería y se lo compara, precisamente, con el alano:…los dogos tienen las mismas señales que el alano, pero son más cortos y membrudos, tienen la cola más corta y con más pelo….

molosos dogo goya  dos niños y un perro

Una imagen vale más que dos palabras. Dos niños y un dogo, de Francisco de Goya

El dogo se utilizó también como “perro de carnicero”, para manejar el ganado vacuno en el campo o para sujetarle en los mataderos, de la misma forma en que se utilizan hoy en las fincas de ganado bravo los Boxers o “chatos”. En los festejos populares se utilizó, en las corridas, para azuzarles contra los toros mansos, costumbre que se suplió más tarde con el uso de las banderillas de fuego. Goya en su Tauromaquia o Antonio Carnicero, coetáneo de Goya, retratan tal costumbre en los grabados de la época.

tauromaquia antonio carnicero

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Aguafuerte de Antonio Carnicero en su Tauromaquia, Sexta suerte (año 1787)

 

Detalle de Patio de caballos de la plaza de toros de Madrid (1.856), de Manuel Rodriguez de la Parra Castellano, más conocido como Manuel Castellano. Con dos dogos

En el mismo libro ya citado de Alonso Martinez de Espinar, nos encontramos una descripción del alano un tanto sobrecogedora: …el hocico romo, la frente ancha y levantada, los ojos hundidos y sangrientos, de un mirar espantoso, el cuello corto y ancho… La fiereza del alano tuvo sobrada aplicación como acompañante de los soldados en la Reconquista y, más tarde, en la Conquista de América.

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El alano español, una raza recuperada          Presa canario, sangre de alano

 

Los cronistas de Indias, semejantes a sus colegas romanos en su afán por registrarlo todo, nos hablaron de los más famosos de aquellos perros que, junto a los expedicionarios, sembraron el pánico entre los indios. En sus crónicas citan algunos como “Amadís”, “Turco” o “Calisto”. Más conocido fue “Bruto”, de Hernando de Soto, explorador de La Florida y aficionado a la montería de cazar indios con sus perros. O “Leoncico” y “Becerrico”, de Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Océano Pacífico.

Balboa soltó a los alanos y arremetió a los indios animosamente y a pocas vueltas los hizo huir…huían los indios de miedo a los perros por lo que dijeron… (López de Gómara, en El descubrimiento de las Indias). El mismo cronista añade también que “Becerrico” ganaba más que un arcabucero, por su valor innegable como soldado.

Pero más famoso fue su hijo “Leoncico”, al que el cronista González Fernández de Oviedo que le conoció personalmente, descubre en su Historia General y Natural de las Indias (Lib. XXIX, cap. III) como …alano bermejo (leonado), de hocico negro, recio y doblado (macizo), con muchas heridas y señales de la guerra con los indios… Hizo ganar a su dueño más de mil pesos en oro, ya que participaba como uno más en los repartos de botín y esclavos que conseguían en sus incursiones. Según el cronista, …era tan temido de los indios que iban más seguros diez cristianos con él que veinte solos… Y si algún prisionero se fugaba, a la voz de …¡Ido es, búscale!…lo encontraba y devolvía al campamento sujetándole firme, pero sin apretar de la muñeca, o destrozándole a dentelladas si al pobre desgraciado se le ocurría resistirse…

Semejante personaje no podía acabar bien: murió envenenado, y ninguno de sus hijos alcanzó su categoría. Su dueño, por cierto, murió degollado por orden de su suegro. Se ve que en aquellos tiempos revueltos pocos morían de viejos…

Los alanos también fueron utilizados en su negro papel de verdugos, para “aperrear” o ejecutar a indios rebeldes o esclavos fugitivos, y para castigar lo que se conocía como “pecado nefando”, algo al parecer frecuente entre los indios y que no era otra cosa que la homosexualidad. De hecho, las referencias a esta tendencia sexual son numerosas:

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Detalle del llamado Manuscrito del aperreamiento (Biblioteca Nacional de París, manuscrito número 374), donde se ve la ejecución de un sacerdote y seis nobles de Cholula, con glosas en nahuatl, bajo la supervisión de Hernán Cortés. Suceso acaecido en el año 1523, aunque el dibujo se realizó en 1560

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Grabado del holandés Johann Theodor de Bry en su serie Grandes viajes, o América. 1590

 

...en el tiempo que así estaba entre éstos vi una diablura, y es que vi un hombre casado con otro y éstos eran unos hombres amarionados (sic), impotentes y andaban tapados como mujeres, y hacen el oficio de mujeres… (Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en Naufragios y Comentarios, cap. XXVI).

El alano, aunque desaparecido de España, se ha vuelto a recuperar mediante cruces, por los escasos descendientes que se mantuvieron aislados en la Sierra de las Encartaciones, en Guipuzcoa. Pero el alano dejó en Sudamérica un descendiente, el Fila brasilero. El Fila, del portugués “filar”: agarrar, sujetar…, se ha mantenido hasta hoy en Brasil gracias a la estructura casi feudal de las grandes plantaciones de café y caña de azúcar. Utilizado para guardar las mansiones y, hasta hace escasos años, para la misma función que su aguerrido antecesor: la caza del indio o del esclavo fugitivo.

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La domesticación del lobo y el origen del perro

Esta entrada del blog en realidad es un capítulo que, a su vez, forma parte de un trabajo aún pendiente de publicación sobre el mastín: El mastín español. Historia de un compañero, que presenté a un certamen convocado por la Real Sociedad Canina en 1998, y en la que tuve el honor de ganar el segundo premio, en su categoría de razas españolas.

De las muchas razas de perros, y del mastín en particular

Perro: (De or. inc.) m: mamífero doméstico, de la familia de los cánidos, de forma, tamaño y pelaje muy diversos, según las razas. Tiene olfato muy fino y es inteligente y muy leal al hombre (Diccionario de la Lengua, de la Real Academia Española).

De esta forma tan sencilla describe la Academia de la Lengua al que se define, por antonomasia, como el mejor amigo del hombre. Y, sin embargo, ignoramos muchas cosas de él…demasiadas, quizá…Para empezar, no está claro ni de dónde viene su nombre: perro. Y aunque se ha pretendido buscar en estas palabras resonancias prerromanas por aquello de que no es palabra de origen latino (en latín, perro es: can/canis) lo cierto es que no aparece en castellano hasta el Siglo XII, concretamente en un documento de 1136, la donación al monasterio de Sahagún de una tierras en el “Monte de la Perra”. Ya a partir del Siglo XIII su uso se va extendiendo en castellano. Por ejemplo, en un testamento de 1211 se menciona a un difunto toledano: Diego Perro.

Como ya iremos viendo más adelante, perros y pastores aparecen unidos con frecuencia. Los filólogos modernos ven en la palabra “perro” una derivación de las voces pastoriles “urre” o “prrrr” con las que, todavía hoy, se les azuza en la conducción del ganado.

Vivimos tiempos materialistas y hasta nuestro viejo amigo el perro, corre el riesgo de convertirse en otro objeto de consumo más, como si de un coche o una colonia se tratase y, como tal, expuesto a modas y snobismos: todos quieren tener el perro más caro, o el más original, o el más exótico. El mercado de criadores y pajarerías ofrece a los que desean tener un perro y no se conforman con un “chucho” una extensa gama de razas antes desconocidas y para todos los gustos, de todos los tamaños, colores y pelajes.

Hoy se admiten por la Federación Canina Internacional más de cuatrocientas razas. Tal cantidad se debe a la considerable duración del periodo de selección racial, y el abundante número de generaciones transcurridas. Durante este periodo el perro se diseminó por todo el mundo y se supeditó a dos influencias ineludibles: el medio ambiente y el hombre, que inició su selección con el fin de adaptarlo a diferentes funciones. Y aunque hoy en día algunas de aquellas funciones hayan quedado obsoletas, la desaparición de muchas de estas razas se ha evitado por la asunción de una nueva función hoy más importante: cualquier perro de cualquier raza puede ser, simplemente, un animal de compañía.

El perro pasa a ser un símbolo de status social, y el deseo de poseer una raza original, diferente y, si es posible, única, favorece esas modas cíclicas de perros nórdicos, Pit-Bulls, Shar-Peis, Rottweilers, Westies, Labradores, etc, etc, etc, con los numerosísimos problemas para los dueños que, el desconocimiento y las necesidades concretas del manejo de ciertas razas, engendra en una clientela desorientada como, por desgracia, veterinarios y adiestradores estamos acostumbrados a ver.

Pero no se trata de buscar entre las razas exóticas cuando quizá, dando un paseo por el campo, podemos ver en fincas y prados, junto a un rebaño de ovejas, justo lo que quizá estamos necesitando: un perro fuerte e imponente, fiero cuando hay que defender o tierno y mimoso hasta extremos inimaginables en semejante “oso” cuando nos da su afecto. Y, por si fuera poco, adaptado desde hace miles de años al clima de nuestra tierra, a nosotros, en suma. Estoy hablando del mastín.

El triángulo: oveja, mastín y lobo

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                                             Figura ibera. Lobo devorando a una oveja

Hasta escasos años ha viajado con los rebaños trashumantes y aún sigue guardando, como siempre, fincas y ganados, pese a que su enemigo secular y del que paradójicamente desciende, el lobo, hace lustros comenzó a escasear de forma dramática de nuestras montañas. Porque si para algo fue “inventado” el mastín fue, precisamente, para estorbar entre los otros dos protagonistas de nuestra historia: la oveja y el lobo. Hasta tal punto que si no hubiesen existido éste y aquella, no hubiese hecho ninguna falta un perro como el mastín, con las condiciones de corpulencia e instinto agresivo necesarias para ser el estorbo perfecto entre un predador inteligente y antaño abundante, como el lobo, y la que éste definiría si supiese hablar como su presa ideal por tamaño, escasa agilidad y ausencia de defensas: la oveja. (si tenéis interés ved la entrada El mastín y la Mesta)

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Bien es verdad que como animal de compañía tiene sus limitaciones. Cuando se sube al sofá no hay forma de echarle. Con sus 60 u 80 kilos no se le puede coger en brazos como si fuera el Chihuahua de Paris Hilton, y los lacitos no le sientan nada, pero que nada bien. Si pretendemos que nos devuelva la pelota, vamos listos: agotará nuestra paciencia. Y si lo que queremos es un perro adiestrado para presumir ante los amigos que se siente a la voz de ¡sen!, olvidémonos de monerías, es cabezón como él solo. Pero…¡cómo conmueve esa cara de pobre desgraciado que nos pone si le regañamos por algo!… Y, cuando al atardecer, desperezándose de su larga siesta, renace el instinto guardián y vigila atento sus dominios, te sentirás mucho más seguro si le tienes cerca. Quizá si os cuento su azarosa historia le apreciaréis aún más.

El origen del perro. El problema de la datación

Determinar con cierta aproximación cuando aparece el perro, es una cuestión indirectamente ligada con la aparición del Homo sapiens y, según el criterio subjetivo de la época o del datador, a veces interesa modernizar todo lo posible dicha aparición o, cual anticuarios, envejecer la especie para darle más valor.

Como dataciones pintorescas resulta casi obligado citar al arzobispo de Armagh, James Ussher que en 1654 calculó la fecha de la Creación del mundo en el año 4004 a.C. basándose en el estudio de la Biblia. Mucho más fino fue John Lighfoot, director del St. Catherine’s College de Cambrigde que, mediante enrevesadas elucubraciones, la situó el 23 de Octubre del año 4004, a las nueve de la mañana, un domingo, para más exactitud. Por muy surrealistas que nos puedan parecer hoy estas fechas, fueron admitidas e irrebatibles durante dos siglos.

En 1760 Jean-Louis Lecrerc, más conocido como Conde de Buffon, y autor de una Historia Natural, trató de averiguar el tiempo que tardó la Tierra en consolidarse y, con ello, la edad de nuestro planeta. Estudió la rapidez con que se enfriaban unas bolas de hierro candente. La cifra que dedujo, 75.000 años, les pareció a sus coetáneos totalmente descabellada. Hoy día se admite universalmente la teoría darwinista de la evolución, y una cifra de antigüedad para la Tierra de miles de millones de años. Pero a Darwin -como en su época- no le faltan detractores: los “creacionistas”, fieles partidarios de la Biblia, siguen dando a la Tierra una cifra de tan sólo 6.000 años,  y los seguidores del “creacionismo” están admitidos y sólidamente instalados en la enseñanza de los Estados Unidos, sobre todo en su zona más “carca”, lo que llaman “El Cinturón de la Biblia”, los estados situados al sureste, entre Texas y Florida.

Métodos físicos

Los fósiles pueden ser situados en el tiempo por tres métodos diferentes: por la geología (estudio de los estratos y substratos en que aparecen), por las secuencias establecidas con otros fósiles y, el más usado, por el estudio de elementos radioactivos que descargan energía a un ritmo constante y se transforman en otro elemento, lo que se conoce como envejecimiento, por ejemplo los isótopos Potasio/40, Carbono/14, etc.

Métodos genéticos. El lobo como antecesor del perro

La genética comenzó estudiando los rasgos externos, o fenotipo: color de los ojos, del pelo, etc. Los avances en la investigación y las técnicas de laboratorio permiten trabajar con proteínas de la sangre (hemoglobina, seroalbúmina, enzimas, grupos sanguíneos, etc.) aislando las cadenas de aminoácidos que las forman, replicándolos o mediante anticuerpos. Las semejanzas o diferencias de estas moléculas de aminoácidos entre especies similares (perro, lobo, chacal, coyote, zorro) nos sirven, a modo de reloj, midiendo el grado de separación que haya entre ellas.

La molécula de ADN responsable de la herencia y funcionamiento de todos nuestros mecanismos aparece en el núcleo de las células (ADNn) por recombinación de los núcleos del óvulo y del espermatozoide de nuestros padres. Hay otro ADN: el ADNm o mitocondrial (de la mitocondria, orgánulo presente en el citoplasma de las células), que heredamos directamente de nuestra madre, siempre vía matrilineal y que por tanto no se recombina como el ADNn, sino que se propaga. En el ADN hay unidades de evolución, fragmentos de sus largas cadenas , grupos de nucleótidos, que sufren pequeños cambios periódicamente, más frecuentes en el ADNm y no confundibles con los debidos a la recombinación que se produce en el ADNn, y que actúan como un reloj, al poder medir esos cambios. El problema es la inexactitud de este reloj:

…la dificultad básica que entraña el ejemplo del ADNm para interpretar la historia evolutiva reciente brota de la propia fuente de otra de sus ventajas: en la reproducción el ADNm se propaga, no se recombina. Se transmite además por exclusiva línea materna; en consecuencia, el potencial de deriva genética -pérdida accidental de líneas- es grande: algún ADNm desaparece cada vez que una generación no deja descendencia femenina… (Alan G. Thorme. “Evolución multiregional de los humanos”).

El ejemplo más ilustrativo sería un barrio poblado por inmigrantes que tuviesen todos el mismo apellido: no significaría que descendiesen todos de una sola persona, sino que todos estuviesen emparentados y se hubiesen perdido los otros apellidos al extinguirse ciertas ramas.

Los estudios genéticos comenzaron a principios de los 70 (Vriesendorp, 1972; Wong, 1974; Fisher, 1976; Richkind, 1978; Clark, 1975; Simonsen, 1976; Braend y Roed, 1987; etc, etc.), mediante electroforesis e inmunología de proteínas y enzimas sanguíneos, y por comparación de los diferentes enzimogramas de lobos, perros domésticos, zorros, coyotes y chacales, deduciendo en todos los estudios la afinidad genética entre perro y lobo, y la lejanía con las demás especies. Robert Wayne, biólogo evolucionista y Stephen O’Brien, geneticiético, corroboraron en 1987 la hipótesis de que el perro desciende única y exclusivamente del lobo, estudiando las divergencias aloenzimáticas, relaciones filogenéticas y tiempos de divergencia entre doce grupos de la familia Canidae.

El estudio genético más completo hasta la fecha (en que presenté este trabajo, en 1998) fue realizado en 1997 por un equipo internacional de la Universidad de California, en Los Ángeles, dirigido por Robert Wayne, y en el que figuraba un español: Carles Vilá. Este estudio se hizo con muestras procedentes de 162 lobos (de Norteamérica, Europa y Asia), 5 coyotes, 12 chacales, 140 perros de diferentes razas y 5 cruces. En el ADNm obtuvo haplotipos: secuencias particulares de una zona conocida como región control, con altas tasas de mutación, relacionando los haplotipos para agrupar las secuencias caninas y lobunas en claves o grupos.

Este estudio es homologable a los que se han hecho recientemente para comprobar los teóricos y posibles cruzamientos entre el Homo sapiens (Hombre de Cromagnon, u hombre actual) y el Homo neanderthalensis (Hombre de Neanderthal, extinto), y de donde han podido deducir que sí, que hubo “mestizos” resultados de algunos cruzamientos y que en nuestros cromosomas de hombres modernos, hay genes del Neanderthal. En cuanto al perro-lobo y resumiendo las conclusiones de tan compleja investigación:

1.- El lobo es el único antecesor del perro. Quedan descartados, por diferencias genéticas marcadas, coyotes y chacales.

2.-Aparecen dos líneas maternas visibles (no se pueden contar, obviamente, las líneas extintas). En dos ocasiones posteriores, al menos, se registra en los genes un cruce de lobo y perra, pero contra lo que cabría pensar es excepcional: los proto-perros sólo se cruzan entre sí.

3.-Las tres cuartas partes de todos los perros actuales tienen un linaje originario de una única hembra.

4.- No hay razas caninas puras: en las razas estudiadas, 67 en total, no se presenta uniformidad de haplotipos, están todas recombinadas.

5.- Por datación genética y comparando las diferencias lobo/coyote, lobo/chacal, lobo/zorro, etc., se calcula la separación entre lobo y perro en un tiempo máximo de 135.000 años, un plazo muchísimo mayor que los 14.000 años aceptados hasta ahora por la aparición de fósiles de perro, distinguibles anatómicamente de los de lobo.

Aquí es donde ha estallado la polémica entre los distintos investigadores, ya que las secuencias de mutación mitocondriales tienen una tasa de regularidad bastante accidentada, lo que les convierte en relojes poco exactos.

…la fecha es bastante dudosa, son 135.000 años, 300% arriba o abajo… (O`Brien)

Los que se dedican a investigar los hallazgos arqueológicos son todavía más escépticos:

…No hay huesos que sugieran perros ni ningún otro animal doméstico, ni remotamente próximo a esa fecha. Si así fuera, el mejor amigo del hombre estaría a su lado royendo huesos cuando los humanos modernos aparecieron en África, lo cual es altamente improbable (Richard Klein, paleoantropólogo de la Universidad de Stanford).

De cualquier manera, la fecha de la domesticación se adelanta bastante más de los 14.000 años que se pensaba en razón de los hallazgos fósiles de perros como tal. Wayne argumenta que no hay fósiles de perro anteriores a esa fecha porque los proto-perros eran, anatómicamente lobos, y por tanto indiferenciables de los fósiles de lobo que sí aparecen con frecuencia en todos los yacimientos arqueológicos del paleolítico. Se produce una diferencia genética precoz por el aislamiento y los cruces entre los proto-perros. Los cambios anatómicos surgirán con el tiempo.

Existe una explicación etológica al razonamiento de Wayne: los lobos, por contacto muy temprano, constante y prolongado con los humanos, y por el fenómeno de la impregnación, no aprenden la conducta social de los lobos adultos, se “olvidan” que son lobos, y los que quedan en los núcleos humanos irán creciendo aislados de sus parientes salvajes, sin mezclarse, formando una línea genética propia, cual emigrantes que se separaron de su tierra original.

Primeros restos fósiles de perro

Los primeros restos fósiles de perros aparecen en el paleolítico, pudiéndose calcular su antigüedad con un método tan preciso como el Carbono-14, y encontrándose en lugares tan distantes unos de otros como la cueva de Palegawra en Irak (12.000 años), Jaguar Cave en Idaho, USA (10.400 años), Star Carr en Inglaterra (9.500 años), Devil`s Law en Australia (8.000 años), Monteburr en Australia (8.000 años), Xian en China (6.800 años), Benton en Missouri, USA (5.500 años), Pont D`Ambon en Francia (9.700 años), Senckemberg en Alemania, Siberia, etc.

Todos estos restos de Canis familiaris presentan marcadas diferencias anatómicas con el lobo, Canis lupus: estudios de morfología dental (Olsen&Olsen, 1977) y craneal (Clutton-Brock, 1976; Robert Wayne, 1986) así lo demuestran. Otra característica a destacar es que casi todos estos restos presentan huellas inequívocas de haber sido devorados: aparecen chamuscados o presentan raspaduras y señales de haber sido descarnados, o los cráneos aparecen abiertos, para extraer el cerebro. El primer resto de convivencia “cariñosa” fue el hallazgo en una tumba de la cultura natufiense del esqueleto intacto de un perro joven junto a un esqueleto humano, en el oasis de Ain Mallaha, al norte de Israel, de una antigüedad aproximada entre 10.000 y 12.000 años.

En España, los primeros restos fósiles hallados se localizan en cuevas del País Vasco. Antropólogos de reconocido prestigio como Barandiarán y Jesús Altuna han excavado yacimientos en Euskadi, como los de Lezetxiki en Mondragón, Marizulo en Urmieta o Urtiaga en Deva, en las que se han hallado restos de perros, con una antigüedad máxima de 8.700 años. En la cueva de Lezetxiki aparecen restos de perro en diferentes niveles. El más reciente es el enterramiento de un varón joven junto a un perro, de hace aproximadamente 5.000 años. En la cueva de Marizulo, el fósil más antiguo se calcula en 6.500 años, pero hay un hallazgo posterior muy interesante: el enterramiento de un hombre junto a un perro (sin cráneo) y junto a un cordero intacto de tres meses, datado hace 5.500 años. El resto de perro más antiguo es un colmillo inferior, aparecido en la cueva de Arenaza (en 1979), datado en algo más de 8.000 años, aunque en un principio y llevados por el inevitable entusiasmo se dató (en Madrid) regalándole 2.000 años de más…ya lo decía al comienzo refiriéndome a los anticuarios, cuanto más viejo, mejor.

Pero no todos los restos arqueológicos van a ser fósiles. Un animal que, más tarde, será tan retratado como el perro, aparece fugazmente en la pintura rupestre. En España aparece en una representación en la Cueva de la Vieja de Alpera, Albacete, donde podemos ver algo parecido a un perro ayudando a unos arqueros en la caza del ciervo. En el sur de Argelia tuve la oportunidad de ver la figura de un perro en escenas de caza, dentro de la extensa zona de pinturas rupestres de Tassili N’Adjer.

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A la izquierda, Cueva de La Vieja, en Alpera.     A la derecha, Tassili N’Adjer, en Argelia  

 

La domesticación del lobo. Teorías sobre el origen del perro: los antepasados

El eslabón perdido: Studer, en 1901, propuso el origen del perro a partir de un antecesor salvaje y desaparecido, el Canis ferus. La principal objeción a esta teoría es que, mientras hay numerosísimos restos fósiles de todos los cánidos salvajes, no se ha encontrado ninguno de perro con anterioridad al año 13.000 a.C. Además, en todas las especies domesticas existe o existió su agriotipo o antepasado salvaje: de la oveja, el muflón; del caballo, el tarpán; de la gallina, el gallo bankiva; de la vaca, el uro, etc. ¿Dónde estarían los antepasados salvajes del perro que no se domesticaron?. Respuesta: el lobo. De todas formas, esta teoría fue defendida en fecha tan relativamente reciente y en un sitio tan “serio” como el Primer Coloquio de las Ciencias en París, en 1976.

El chacal: teoría defendida por Geoffroy Saint-Hilaire y apoyado por los estigmas morfológicos por Hubbler y Keller en el mismo Coloquio de París, en 1976. Fue rebatido por Francis Peters mediante estudios odontológicos: en el chacal, los dientes son más estrechos que en el perro, cuando la domesticación tiende, precisamente, a la reducción dental.

Cruces de chacal y lobo: el principal valedor de esta teoría fue el Premio Nobel de Medicina en 1973, Konrad Lorenz, padre de la etología, y precisamente por el enorme prestigio que confiere ser merecedor del Nobel, ha sido una teoría universalmente aceptada hasta prácticamente hoy. Segun Lorenz, en su libro: Cuando el hombre encontró al perro, éste proviene de cruces en diferente proporción de lobos y chacales, dando razas más “lupoides”, más agresivas, con más sangre de lobo, entre las que Lorenz incluyó las razas tipo Spitz como los nórdicos o los terriers, o bien más “chacaloides”, menos agresivas, con más sangre de chacal, entre los que Lorenz incluyó a los bracoides o perros de caza, según el diferente porcentaje de uno o de otro.

Sorprendentemente Konrad Lorenz se rebatió a sí mismo en otro libro posterior: Mis pecados entusiastas, descartando que el lobo hubiese intervenido en el origen del perro, influído esta vez por Charles Darwin, el impulsor de la teoría de la evolución que, en su obra clave, El origen de las especies, dijo: …el antecesor y el sucesor no pueden coexistir; o uno, u otro… Darwin lo aseveró por lo que tiene de cierto en las especies salvajes…y no siempre, hay excepciones. En los animales domésticos y como acabamos de ver, coexisten con su “agriotipo”, con su antepasado salvaje.  

La aproximación al hombre

Adopción como mascotas: se ha propuesto que el lobo se domesticó al cuidar los niños como mascotas cachorros que, una vez crecidos, se quedaban en casa. Es cierto que los niños de las tribus actuales de cazadores/recolectores, cogen animalitos con los que se entretienen: monitos, loros, lagartos, etc. También es cierto que estas mascotas suelen acabar en la cazuela. No cabe la menor duda de que los lobeznos serían bien recibidos con los niños y que el estrecho contacto con éstos sería un buen estímulo para la interacción social con los seres humanos.

Pero no hay que confundir causa-efecto, y ver en los cachorros un regalo, como si el Paleolítico fuese una sociedad de tipo consumista, como la presente. Como ejemplo parecido, también en los pueblos los niños se encariñan con un corderito, un conejo, un lechón o una ternera a los que miman y con los que juegan…y se llevan un buen berrinche el día que a la presunta mascota les toca cumplir con el triste papel al que, desde un principio, estaba destinada.

Colaboración en la caza: es la tesis más extendida en cuanto a cómo el hombre y el lobo comenzaron a ayudarse, a ser mutuamente necesarios.Con unas mínimas nociones de etología cualquiera podrá entender que el lobo tiene un periodo clave de adaptación, hasta las seis u ocho semanas de edad. En el perro el período es un poco más largo, hasta los tres meses, y un perro que no haya tenido un contacto estrecho con seres humanos, a partir de esa edad será un animal tímido y arisco. Un lobezno a partir de los dos meses será, como mucho, “domable”, pero no doméstico. Y un lobo adulto, con una conducta adquirida en condiciones normales lo tiene clarísimo: podrá seguir a los cazadores para después carroñear cuando éstos se hayan alejado, pero jamás permitirá que se le acerquen y, mucho menos, a sus cachorros.

El lobo como alimento para el hombre: las teorías más recientes explican la aparición del perro merced a la selección que las mujeres de las tribus nómadas del Paleolítico realizaron con los cachorros de lobo, capturados en su búsqueda constante de alimento, bien por haber matado a la madre, bien por localizar las camadas en las madrigueras.

En los cachorros menores de un mes, en vez de comérselos directamente como era lo habitual, las madres que habían perdido a sus hijos (la mortalidad infantil era elevadísima) aliviaban la congestión de sus pechos amamantando los lobeznos y, de paso, los engordaban para su consumo más adelante. Esta crianza que hoy nos puede parecer tan extraña la siguen realizando hoy día tribus cazadoras de Asia, África y Sudamérica con lechones y perritos, y es casi seguro que en el Paleolítico se produjese de forma paralela en diferentes regiones geográficas, como el hallazgo de los fósiles nos sugiere.

Como dato curioso me refirieron que allá en los años cincuenta, aún era costumbre en la provincia de Salamanca, cuando alguna mujer por cualquier motivo debía quitarse la leche, criar amamantándo un perrito y, de esa forma, ir retirándose la leche poco a poco sin el riesgo de las dolorosas y peligrosas mastitis. Y para cuando el perrito ya no era necesario, por haberse resuelto el problema, se le sacrificaba: no se le permitía vivir, quizá por evitar el “mal rollo” de ver por el pueblo un perro criado por una mujer, o que un perro resultase “hermano de leche” de otros niños que viviesen en la misma localidad.

Lobeznos llevados a una tribu con mes o mes y medio se integrarán con facilidad, y si encima han sido amamamntados, aún mejor, porque el contacto físico directo favorece extraordinariamente los vínculos con el resto de su nueva “manada”. El número de lobeznos en una camada oscila de 4 a 9. En una camada completa el cachorro más grande suele ser el más agresivo (el futuro lobo líder de la manada suele haber sido el mayor de la camada), mientras que el más pequeño está acostumbrado a la sumisión al ser molestado por sus hermanos o, lo que es igual, cuando crezca será el menos “problemático” a la hora de tenerlo entre la gente. Y, a su vez, los niños y las mujeres muestran una atracción especial por los cachorros más pequeños de las camadas.

Los lobeznos nacen con los pabellones auditivos y los ojos cerrados, y las orejas pegadas a la cabeza. Durante 21 días son amamantados por la madre. Al cabo de esas tres semanas los cachorros comienzan a enderezar las orejas y a explorar el mundo exterior, fuera del cubil. A los 30 días vocalizan los primeros aullidos. Hasta entonces emiten sólo pequeños ladridos y gazñidos.

La impregnación y la neotenización

El fenómeno de la impregnación fue descrito por primera vez por el austriaco Konrad Lorenz, al que se considera el padre de la etología y del que ya hemos hablado por su teoría del origen del perro como consecuencia de cruces entre lobos y chacales. Konrad Lorenz fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1973 por sus estudios sobre etología, junto al zoólogo holandés Nikolaas Timbergen.

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                                                        Konrad Lorenz con sus ocas

Lorenz descubrió este fenómeno cuando al empollar unos huevos de oca, los pollitos comenzaron a seguirle a él como si fuera su madre, al ser lo primero que vieron moverse nada más romper el cascarón. Las ocas son especies precociales, o lo que es lo mismo: capaces de moverse y de alimentarse nada más nacer. Lo lógico es que lo primero que vean en su vida sea a su madre, a la que seguirán para su protección, pero pueden seguir a perros, vacas e incluso tractores, y son famosos los documentales sobre Konrad Lorenz caminando o nadando por el Danubio, con los pollos siguiéndole.

La palabra neotenia comenzó a utilizarse aplicándola a animales como el ajolote, una especie de salamandra mexicana capaz de reproducirse de manera precoz, aún en estado larvario y sin completar el desarrollo, como una adaptación a sequías que dejaban sin agua los charcos donde viven. Más tarde se aplicó la palabra neotenización a la persistencia, más allá del periodo infantil, de caracteres físicos infantiles.

Todos los mamíferos cuando son cachorros (focas, monos, lobos, ciervos, ratones, el hombre…) presentan unos caracteres externos neoténicos: frente abombada, ojos grandes y de mirada fija, hocico chato, boca pequeña, formas redondeadas, lo que confiere un aspecto indefenso, como de osito de peluche, con la doble misión de provocar en los adultos una actitud protectora y de evitar en éstos una conducta agresiva.

En el caso de los lobos y por neotenización psíquica entendemos la propensión a buscar el contacto físico, la docilidad o conductas apaciguadoras propias de un lobezno  y que podemos ver perpetuadas en muchos perros, tales como tumbarse panza arriba y dejar escapar gotitas de orina, o como el lamer la cara de los adultos, conducta que en la naturaleza provoca la regurgitación de la carne semidigerida con la que los padres van destetando a sus crías. Por neotenización física en los cachorros menos desarrollados entendemos el retraso en el crecimiento, la persistencia de las orejas caídas, ladrar en vez de aullar, etc., lo que favorece precisamente mantener los caracteres protectores.

Lo de la neotenización psíquica nos alcanza a todos, no sólo a los lobos. Basta ver la típica escena de una pareja de enamorados para entenderlo. Ese “portarse como críos” de las parejitas, ese “pichurrín”, “cosita”, “cielín”…acompañado de gestos, morritos y arrumacos en el fondo no es más que una estrategia biológica. Al “portarse como un niño” lo que se pretende es apaciguar los posibles rechazos o actitudes agresivas del otro.

Los lobeznos criados entre seres humanos van a sufrir un doble proceso de neotenización, física y psíquica. Cuando más adelante haga falta echar mano a cualquiera de los lobeznos ya más gorditos, más crecidos para preparar el menú, la elección entre el más grande, con más genio, posiblemente mordedor, y el más “canijo” de la camada, más tranquilo, más dulce, se decantará con toda seguridad por preservar la vida de este último. Y si la temporada fue buena, no hace falta comerse a todos y los cachorros viven lo suficiente para alcanzar la madurez sexual, a éso de los 6 o 7 meses de edad, no resulta difícil pensar que los caracteres neoténicos se irán fijando, poco a poco, generación tras generación, heredándose aquellos caracteres ya más perrunos que lobunos.

Queda una duda. ¿Cómo se podrían ir manteniendo aquellos caracteres neoténicos en los proto-perros sin mezclarse con los lobos que abundaban por todos lados?. Es muy posible que algunos proto-perros se escaparan de la tribu al alcanzar la madurez sexual llevados por su instinto, pero en los que se quedaron junto a nosotros y según los estudios genéticos realizados por Robert Wayne de los que hablé anteriormente, se mantuvieron unas líneas puras durante decenas de miles de años, con algún esporádico cruce con lobos. La explicación podemos encontrarla en que, tras criarse con seres humanos, los lobos sometidos a impregnación no “saben” relacionarse con los lobos salvajes, ya que sus pautas de conducta no coinciden.

En el caso de los lobos el periodo crucial para la socialización alcanza hasta los 20 ó 30 días como máximo. En los perros, hasta las diez o doce semanas, fase en la que el cachorro aprende, se “impregna” de los hábitos sociales de sus progenitores. Decíamos al comienzo que un perro que no haya tenido trato directo con seres humanos será para toda su vida un animal arisco y asustadizo. Un lobezno capturado a partir de los dos meses ya no se integrará y tendrá instintos huidizos y agresivos.

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Grabado de lobo en De varia commesuracion para la Esculptura y Architectura, De Juan de Arfe y Villafañe, orfebre y grabador. 1585

En los perros la falta de socialización afecta al trato con sus propios congéneres. Los veterinarios vemos con mucha frecuencia problemas por falta de socialización en perros criados desde muy cachorros sólo con personas y que a la hora de pasear por los parques se asustan muchísimo si ven que otro perro se acerca a olfatearles. Y a la hora de pretender cruzarles el instinto no lo es todo, los problemas son aún mayores: perros y perras que no “saben” lo que tienen que hacer, que no reconocen al otro como potencial pareja, que se rechazan a mordiscos aún estando en celo, asustados… Como muy agudamente señala el título de un libro del que lamento no recordar el nombre de la autora (actriz o presentadora, creo): Duquesa no sabe que es una perra.

La agresividad en el perro

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Los veterinarios estamos acostumbrados, por desgracia, a ver numerosos casos de alteraciones de conducta, favorecidos a menudo por el desconocimiento que bastantes propietarios tienen acerca de cómo educar o, lo que es igual, como interrelacionarse con su animal, supuestamente de compañía. Este problema se ve incrementado, como decía en la introducción, por la tendencia consumista de tener la raza de moda, razas que a veces nos deparan desagradables sorpresas como un carácter fuerte, no apto para todos los públicos, o un temperamento que dificulta una educación y una convivencia normales.

Sólo por poner un ejemplo: la tendencia a la fuga en las razas nórdicas, tan de moda hace unos años. Y aunque está claro que dentro de cada raza, incluso dentro de cada camada aparecen diferentes personalidades, un factor determinante para el carácter sociable de un perro está relacionado con sus caracteres neoténicos, aquellos que heredaron de aquellos lobitos más reposados. Pero una cosa es un perro “escapista”, y otra muy diferente y mucho más preocupante es un perro agresivo. Es un asunto como para tomárselo muy en serio. Unos pocos datos:

-En Francia, un estudio hecho en 1988 sobre los 10 últimos años: 12 casos de muertes en personas atacadas por perros.

-En Alemania, sólo en el año 1985, 5 muertes, y de 1985 al 88, 35 ataques graves (sin víctimas mortales).

-En los Estados Unidos, del año 1979 al 1996, 183 muertes.

-Y para finalizar, en España, del año 91 al 2005, 17 muertes por agresión de perros.

Sólo como ejemplo, y aunque son datos ya un tanto antiguos, en la década comprendida entre los años 1968 y 1978, en los Estados Unidos se registraron un millón de casos de personas atacadas por perros, algunas con desenlace fatal. El 60% de los perros que se sacrificaban allí fue por problemas de agresividad o conductas conflictivas, aunque hoy afortunadamente haya terapias eficaces y se calcula que sólo se sacrifican por esa razón el 1%. Pero no hay que olvidar que un porcentaje de las agresiones no son sólo por problemas emocionales. Se calcula que entre un 15 y un 20% de los casos el origen era una causa orgánica: cuadros de dolor que vuelven al perro más irritable, o por casos de disfunción cognitiva, lo que a veces le impide reconocer a su propio dueño.

En 1985, Benjamin L. Hart y Lynette A. Hart, etólogos de la escuela de veterinaria en la Universidad de California, en Davis, publicaron un artículo en el boletín veterinario J.A.V.M.A. titulado (traduzco): “Selección de los perros sobre la base de análisis de agrupamiento de perfiles de comportamiento de la raza”. Analizando 30 razas caninas, vieron más porcentajes de agresividad en aquellas menos neotenizadas (con orejas tiesas y cola enroscada, como los Nórdicos, los Terrier o los Chow-Chow), y menor porcentaje de agresividad en las razas más neotenizadas (de orejas y cola caídas, como los de caza, por ejemplo).

Los especialistas en etología canina establecen una lista de nueve parámetros para evaluar la sociabilidad de un perro:

-excitabilidad

-morder a los niños (los niños inquietan mucho a los perros por su tamaño y sus correteos)

-ladridos excesivos

-naturaleza juguetona

-obediencia

-ladridos de perro guardián

-agresividad hacia otros perros

-dominancia sobre el dueño

-territorialidad

Sobre esta lista y añadiendo dos más, los autores anteriormente citados, Benjamin L. Hart y Lynette A. Hart, publicaron el libro: “El perfecto cachorro. Cómo escoger un perro por su conducta”, donde reflejaron la evaluación hecha sobre 56 razas caninas, hecha por 48 veterinarios y 48 adiestradores. Comparándolas todas establecieron los dos extremos, las dos razas radicalmente opuestas:

-el “mejor”, el más tranquilo, doméstico y menos problemático, el Golden retriever.

-el “peor”, el más conflictivo, el Scottish terrier.

Los machos, debido a su hormona, la testosterona, tienen más tendencia a la dominancia y a las agresiones. Aunque las hembras suelen ser mejores guardianas de su territorio, los machos dan más problemas: tendencia a la fuga (instinto de diseminar sus genes), agresividad con otros perros, intentos de dominancia dentro de la familia (para escalar a la posición de “macho alfa”), más ladradores… Sencillamente, necesitan más control. En cualquiera de las razas se puede aplicar el Test de Campbell a las siete semanas de edad, para observar el grado de respuesta y predecir su comportamiento futuro, basado en cinco estímulos: atracción social, seguir al adulto, obligación, dominancia y dignidad.

Está claro que, en muchas ocasiones, lo que uno necesita precisamente es un perro fiero, que ladre y que defienda como es el caso del mastín cuando guarda sus propiedades. Pero como se ve en estos estudios, si lo que uno quiere es un perro de compañía para la casa habrá que pensar otras opciones…independientemente del espacio que se le pueda ofrecer. La reciente moda por los Retrievers o ,últimamente, por el Border Collie parece que, esta vez, está bien encaminada.

¿Por qué los lobos?

Si tuviésemos que amamantar un animal -es un caso- tendríamos que considerar varios factores. Los lobeznos tienen una boca “blandita” y no echan los dientes hasta los quince días. Los rumiantes (cervatillos, cabritos), por contra, nacen ya con los dientes inferiores, chupan con fuerza y dan topetazos en las ubres, con lo que su crianza para una mujer sería molesta, incluso dolorosa. Las patas de los lobeznos son suaves y almohadilladas, mientras que las de los rumiantes tienen duras pezuñas con las que patalean al menor susto. Pero además de las indudables ventajas a la hora de ser amamantados, los lobos presentan otras ventajas cruciales para la convivencia con las tribus del Paleolítico.

Los lobos poseen un instinto social y jerárquico que les ayudaría a integrarse en un grupo también social, y con una escala jerárquica. Son menos tímidos que los rumiantes, permanecerán cerca de las personas en vez de tender a la huída. Los lobeznos poseen unos hábitos higiénicos innatos por lo que tienden a salir fuera de los cubiles para hacer sus necesidades a partir de los tres o cuatro meses de edad ( por increíble que les parezca a muchos desesperados dueños de perros con un transtorno de conducta, de eliminación en este caso), al contrario que los rumiantes, que defecan donde les apetece y muchas veces al día.

Los cánidos aprovecharían para su alimentación cualquier resto de la comida de los humanos, mientras que alimentar un herbívoro con la cantidad de forraje que necesita, en plena época glacial y con todo cubierto de nieve, sería un auténtico problema logístico. Otra ventaja es la ayuda que sus ladridos supondrían como advertencia de posibles peligros, de la presencia de fieras o tribus enemigas. Y otra ventaja, no menos importante para considerar es el tamaño. Un lobo-perro se acurruca en cualquier rincón, sin estorbar. Los ainus, población de origen caucásico que habitaban la isla de Hokkaido, al norte del archipiélago del Japón, capturaban un osezno al que amamantaban y criaban en familia hasta que tenía un año, cuando el tamaño del animal le volvía incómodo para la convivencia, incluso peligroso, momento en el que se le sacrificaba ritualmente para después comer su carne.

Subespecies de lobo y origen de las razas caninas

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El lobo es un animal sumamente adaptable a diferentes climas y temperaturas, habiendo colonizado toda clase de biotopos, desde los hielos árticos hasta los desiertos de Arabia. Se reconocen 32 subespecies de lobo repartidas por todo el Hemisferio Norte. De algunas de estas subespecies van a surgir los troncos básicos de donde proceden todas las razas caninas.

En el Mesolítico y en el Neolítico el hombre ya ocupa asentamientos estables y ha comenzado a domesticar ganado y a cultivar plantas. Los fósiles de perro presentan ahora diferencias notables de tamaño y constitución física. Los suizos fueron los pioneros en describir estos grupos de perros primitivos, al estudiar la cultura de los palafitos que se desarrolló a la orilla de los lagos alpinos. En el Museo de Historia Natural de Berna existe un departamento: la Fundación Canina Albert Heim, en honor al doctor Heim, veterinario y cinólogo, donde se trata de la anatomía comparada, con un importante fondo de restos fósiles caninos.

-en 1862 Karl Luwdig Rütimeyer describió el Canis lacustris, más tarde rebautizado como Canis familiaris palustris, al que se conoció como el “perro de las turberas”, por hallarse sus restos en los lagos suizos y turberas de Dinamarca.

en 1878 Woldrich describió el Canis familiaris intermedius, de la Edad del Bronce, en Austria. 

-en 1901 Studer hizo una clasificación y describió al Canis familiaris intermedius y al canis familiaris inostranzewi, de yacimientos de la Edad del Bronce en Checoslovaquia (2.000-3.000 a.C.).

Aparecen restos por toda Europa: Dimitri Anuschin describe C.f. inostranzewi  en 1915, en Rusia;  Alois Jeitteles describe C.f. metris-optimae en 1958, en Austria; Joachim Boessneck en 1962 describe restos de ocho perros en el yacimiento de Seeberg-Burgäschisse-Süd, en Suiza. En España Jesús Altuna, en 1972, describe restos de C.f. inostranzewi y de C.f. intermedius en Marizulo…

En 1963 Frederik Zeuner, en su libro A History of Domesticated Animals estableció una primera clasificación con los diferentes tipos de perros prehistóricos. Mas tarde el Soichi Tanabe, tomando como base la de Zeuner y con una base mucho más científica propuso una nueva clasificación a partir de las diferencias que encontró al investigar, mediante electroforesis, dos enzimas de la sangre: LAP (Leucín-aminopeptidasa) y GPI (Glucosa-fosfatoisomerasa), y variantes de la Hemoglobina (el pigmento de los glóbulos rojos), a lo largo de los años 1974, 1977 y 1978. Sus conclusiones fueron las siguientes:

-hay un grupo de razas, en el eje Norte de China-Corea-Sur del Japón, con diferencias genéticas marcadas respecto a los perros europeos…excepto el Dálmata, raza por otra parte con un metabolismo un tanto peculiar: es el único perro que puede padecer “gota”.

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           Akita Inu (o perro de Akita), la variedad americana, con hocico negro

-que los perros del Norte de Japón (islas Hokkaido y Kuriles) tienen similitudes genéticas con los del Sur de China (Taiwan), Este de La India (Bangladesh) y algunos europeos. Curiosamente esta “isla” de perros diferenciados a los del resto de Japón coincide con la distribución de los ainus (a los que mencioné por su captura y cría de cachorros de oso), población de rasgos caucásicos similares a los europeos: piel blanca, ojos claros, muy velludos, ausencia de rasgos mongoloides como el pliegue epicántico y de origen incierto, que vivían aislados en Hokkaido y Kuriles, rodeados de pueblos mongoloides y separados por miles de kilómetros de las poblaciones caucasoides más próximas.

Tanabe, como buen japonés, añadió a la clasificación de Zeuner el grupo de los perros japoneses y tomando como punto de partida las subespecies de lobo diseñó el árbol genealógico del perro:

-lobos del norte: o Canis lupus lycaon, que daría origen al “perro de las turberas”, antepasado de las razas tipo Spitz: de orejas tiesas y colas enroscadas (nórdicos, Chow-Chow, terriers, etc), los “lupoides” que decía Konrad Lorenz.

lobo chino:Canis lupus chanco, que daría origen a los perros del Norte de China, Corea y japón.

lobo de Arabia:Canis lupus arabs, que daría origen a los cuatro troncos básicos de las razas europeas y asiáticas:

*Canis familiaris metris-optimae, antecesor de los perros ovejeros.

*Canis familiaris intermedius, antecesor de los perros “bracoides”: Spaniels, sabuesos, etc

*Canis familiaris leinieri, antecesor de los “graioides”: galgos, lebreles, etc

*Canis familiaris inostranzewi, antecesor de los molosos y de nuestro mastín.

Ahora bien, según el índice total de subespecies del lobo citadas por el historiador y naturalista Ramón Grande del Brío en su obra El lobo ibérico, las citadas por Tanabe no serían las correctas. El canis lupus lycaon, supuesto antepasado del “perro de las turberas”, es una subespecie que habita tan sólo la costa atlántica de Norteamérica. La subespecie presente en el norte de Europa y Asia es el Canis lupus lupus. En cuanto al lobo chino, Canis lupus chanco, Grande del Brío no menciona a esta subespecie, sino al Canis lupus laniger, presente en el norte de China y Mongolia.

Y en cuanto al lobo de Arabia, la distribución del Canis lupus arabs se limita a una pequeña zona montañosa en el sudoeste de la península arábiga, en Yemen. La subespecie de lobo presente en todo Asia Menor, desde el Mediterráneo hasta La India, es el Canis lupus pallipes.

El lobo de La India como antepasado de los perros europeos

Posiblemente el supuesto origen de los perros tipo Spitz a partir de lobos nórdicos no sería verdad si tomamos como referencia las investigaciones sobre genética de Robert Wayne. Tanabe, siguiendo a Zeuner, pone a los Spitz en un grupo aparte, descendiente de los lobos del norte pero, si bien es cierto que halló diferencias genéticas entre los perros japoneses que demuestran un origen distinto, no las encontró, porque no las hay, entre los Spitz y el resto de las razas europeas. Según Robert Wayne, de haber una cierta lejanía en el origen las diferencias genéticas serían evidentes y, volvemos a insistir, el caso es que no existen tales diferencias.

Ahora es cuando parece que todo va encajando: tenemos una subespecie, una zona y una época.

-Una subespecie, el Canis lupus pallipes o lobo de La India, del grupo de los lobos rojos, de menor tamaño que los europeos al vivir en regiones más cálidas. Más “interactivo” con el hombre: existen varios casos reales y bien documentados, de niños adoptados y criados por lobos salvajes en La India, al estilo de Mowgly, el protagonista de El Libro de la Selva. Y ningún caso documentado en Europa, quitando mitos como el de Rómulo y Remo. Para colmo, no aúlla sino que emite ladridos cortos…el candidato idóneo para la impregnación.

-Una zona, Oriente Próximo, cruce de caminos y punto de partida desde donde se difunden hacia Asia y Europa los Homo sapiens procedentes de África. Zona con abundante presencia humana y de Canis lupus pallipes desde los tiempos más remotos.

-Una época, finales del Neanderthal y comienzos del Cro-Magnon, hace unos 40 ó 50.000 años, lo que está ya más cerca de los cálculos de Robert Wayne.

Tenemos todos los ingredientes para que la mayonesa salga buena: pudo adaptarse a nosotros una subespecie de lobo más susceptible para la domesticación que otras, en una zona crucial y en un momento en que el hombre de Cro-Magnon comienza a expandirse adoptando y llevando con ellos sus proto-perros por toda Europa…lagos suizos incluídos, dando origen entre otros al famoso “perro de las turberas” y, entre otros muchos más, a nuestro querido mastín.

Pero el cómo van surgiendo las razas caninas…ése es un tema para otra entrada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Berlín, otra visión

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Tuve la oportunidad de conocer Berlín en dos ocasiones, en los años 2009 y 2010. Ambas  estancias fueron cortas, pero la impresión fue muy buena. Excepto  la Isla de los Museos y poco más, Berlín no es una ciudad llena de monumentos, al estilo de París, de Roma o de Viena. Me gustó sobre todo por  ser una ciudad agradable de vivir, amable en general, dinámica, con muy “buen rollo”.

Y además, muy barata. Tras la 2ª  Guerra Mundial, Berlín quedó arrasada a consecuencia de los bombardeos aliados y de la artillería soviética utilizada para su rendición. El hecho de ser la capital de la Alemania nazi la hizo “merecedora” de semejante castigo. Al ser dividida en dos partes, el sector Oeste bajo control aliado se benefició de las ayudas del Plan Marshall y pudo ser reconstruida con cierta rapidez. Pero el sector Este, bajo control soviético, siguió en su mayor parte reducida a solares y edificios en ruinas.

Tras la caída del Telón de Acero y la reunificación de las dos Alemanias, el gobierno se encontró una ciudad en mal estado y bastante despoblada. Se empezó a motivar a los jóvenes para vivir en el sector Este con una política de precios muy baratos en la vivienda, tanto en compra como en alquiler. A día de hoy y pese a la evolución del mercado, los precios siguen siendo muy bajos,  auténticos “chollos” en comparación con los de, por ejemplo, Madrid, o el resto de Alemania.

La consecuencia es una ciudad muy joven y, además, con un flujo internacional de artistas de todos los colores. Berlín siempre fue la capital cultural de Alemania. Ya antes de la 2ª Guerra Mundial había más de cien cabarets, pero actualmente está plagada de galerías y con un mercado artístico en plena ebullición.

Uno de los lugares “artísticos” (entre comillas) más conocidos, visitados por todos los artistas y los turistas en general era el Kunsthaus Tacheles, o el Tacheles, a secas, en la Oranienburger Strasse.  Fue ocupado y dirigido por un grupo de artistas en 1990, en un almacén a punto de demolición creando un centro alternativo. Al comienzo fue tolerado por el ayuntamiento de Berlín ofreciendo una imagen de espacio transgresor lleno de artistas jóvenes e imaginativos, pero al final era más un parque temático para turistas que otra cosa.

Desde luego, había que verlo, como uno de los sitios más conocidos de Berlín. Pero recuerdo sus escaleras y largos corredores, donde se abrían los estudios, como un lugar que apestaba a orines y a humedad, con las paredes saturadas de grafittis, en una especie de “horror vacui”. Y sus antaño “jóvenes rebeldes” más que madurado, habían envejecido, ofreciendo en sus estudios arte del malo (ésa fue mi impresión) y souvenirs en forma de camisetas y cuadritos, cual vulgares tiendas de recuerdos.

En 1988 un grupo de inversores lo compró al ayuntamiento con la idea de hacer un hotel de lujo pero quebró antes. A su vez se lo compró después el banco HSH Nordbank, que también se arruinó. En Junio del 2011 un tribunal ordenó su desalojo, pagando indemnizaciones por un millón de euros al emblemático Bar Zapata y otros bares situados en los bajos, cerrando en Septiembre de 2012 excepto una pequeña zona. La idea del ayuntamiento, dicen, es hacer un centro cultural. Pero sus 1.200 metros cuadrados son todo un caramelo en un barrio que, paradójicamente, el Tacheles ayudo a revalorizar.

Pero Berlín tiene mucho más, aparte del Tacheles. De sus sectores, el barrio más bonito sin duda es Mitte (=el “de en medio”, en otras ciudades alemanas al centro se le llama Zentrum), junto a la Isla de los Museos, en el río Spree. El mejor conservado y el más atractivo, pero Berlín bulle de vida en todos sus rincones.  Entre ellos el que más me gusta es el Mauerpark, un mercadillo callejero  lleno de animación.

Para mí, que nací en El Rastro, disfruto paseando por lugares como éste, rebuscando en los puestos, regateando –sí, en Berlín también se regatea-, donde puedes encontrar de todo, siempre llenos de gente, en plena actividad. Además puedes recorrer la ciudad en bicicleta (son muy respetadas) e incluso de madrugada la sensación es de completa y total seguridad.

Para nosotros otra ventaja añadida: no es necesario saber alemán. El gran flujo de españoles e hispanoamericanos hace que en cualquier bar, restaurante o incluso en el Mauerpark te encuentras con gente que hable castellano, lo que hace más cómoda la estancia. Y en los pocos casos que no, todos los alemanes menores de 50 años te contestarán en inglés.

Mi hermano Miguel vivió en Munich algunos años. Profesor de alemán en la Escuela Oficial de Idiomas consiguió por fin el destino que buscaba: irse a Berlín. Trabaja actualmente como profesor de alemán en la Embajada de España. Estoy deseando devolverle la visita. El edificio fue un regalo que le hizo Hitler a Franco. De estilo neoclásico, está en un sitio precioso, en la Liechtensteinalle, en pleno parque de Tiergarten  (=jardín de los animales, el zoológico), muy cerquita de la Siegessäule, o Columna de la Victoria, la conseguida contra Dinamarca en 1864. Sobre la columna se alza un gran ángel dorado visible desde la Puerta de Brandemburgo. En realidad y pese a sus alas no es un ángel, sino Atenea Niké, la Victoriosa.

La columna está enclavada en una rotonda, en el centro de la Strasse des 17 Juni. Milagrosamente se salvó de los bombardeos que sufrió Berlín durante la guerra y permaneció  intacta. Quién sabe si la propia Atenea Niké, símbolo de la victoria, quiso proteger aquel espacio de la ciudad, tan hermoso, tan tranquilo. Se puede subir por una escalera hasta un mirador donde contemplar el panorama. Allá a lo lejos  por la recta avenida, dirección Este, destaca la Puerta de Brandemburgo, símbolo de la ciudad, y una de las puertas principales del Muro de Berlín, uno de los checkpoint, donde unos y otros intercambiaban  los espías capturados. Se puede pasear por la Strasse des 17 Juni  pero la mejor forma de disfrutar del lugar y del espeso arbolado del Tiergarten es, sin duda, recorrerlo en bicicleta.

Si seguimos por la avenida hacia el otro lado, hacia el Oeste, y ya saliendo del parque de Tiergarten llegamos al residencial distrito de Charlottenburg. Allí nos encontraremos el flamante Estadio Olímpico que Hitler inauguró para los Juegos Olímpicos de agosto de 1936, y como demostración al mundo del creciente poderío de la Alemania Nazi.

El constructor fue Albert Speer, arquitecto jefe de Adolf Hitler al que el Führer admiraba y respetaba. Realizó otros edificios emblemáticos, como el de la Cancillería (Hitler acabó suicidándose en su bunker) o el fastuoso Campo Zeppelin, en Nuremberg, sede de concentraciones de miles de nazis enfervorizados ante los discursos de su Führer que, las cosas como son, sabía muy bien cómo hechizar a las masas con sus puestas en escena.

A tal punto disfrutó Albert Speer de la confianza de Hitler que, en los últimos años de la contienda, le nombró Ministro de Armamento y Guerra, logrando mantener un suministro abundante de armas pese a los reveses y la destrucción de fábricas. Juzgado en Nuremberg (pero no en “su” Campo Zeppelin sino en el Tribunal Militar Internacional) como colaborador de los nazis, aceptó la pena de veinte años que cumplió íntegramente en Spandau.

Precisamente, el único testigo español en los juicios de Nuremberg fue el fotógrafo Francisco Boix, prisionero en Mauthausen, que logró salvaguardar copias de los miles de fotos que se hicieron en el campo y demostró que Albert Speer, contradiciendo sus declaraciones, sí había estado en Mauthausen, y conocía por tanto el funcionamiento de los campos de concentración.

Los Juegos Olímpicos supusieron un triunfo para los atletas alemanes (y por supuesto para Alemania), muy bien preparados ante semejante responsabilidad, y que consiguieron la mayoría de las medallas de oro. La cineasta Leni Riefenstahl, propagandista oficial del régimen filmó, entre otras obras de ensalzamiento como El triunfo de la voluntad, en el Campo Zeppelin, y dedicada a los Juegos, la película Olympia, en alabanza a esta nueva generación de Übermenschen, de “superhombres”, concepto extraído del filósofo Nietzsche y su libro Así habló Zaratustra.

Pero hubo algunos detalles sombríos en estas Olimpiadas. La atleta alemana Gretel Bergmann, pese a igualar un mes antes el record nacional de salto de altura fue excluida del equipo. ¿La razón?: era judía. El equipo de fútbol de Perú ganó por cuatro a dos (y eso que le anularon tres goles) contra el equipo austriaco. Al final, la victoria fue concedida a Austria “por defecto”…

Pero la anécdota quizá más conocida la protagonizó el atleta de 23 años Jesse Owens, originario de Oakville, un pueblito de Alabama. Ganó cuatro medallas de oro: las de 100, 200 y 4 por 100 metros, y la de salto de longitud. Pero tenía un pequeño problema:  era negro. Hitler abandonó el palco presidencial antes de la entrega de medallas, supongo que bastante contrariado el hombre, por no tener que condecorar  a un Untermensch, a un “infrahombre”, capaz de adelantarse a sus superhombres. Aunque al pobre Jesse Owens le faltaron aún  humillaciones por sufrir en su país.

En sus memorias cuenta que, por primera vez en su vida, en Berlín compartió habitación con blancos, con los otros atletas norteamericanos. Al regresar a los Estados Unidos, volvió a verse obligado a viajar en autobús en los asientos de atrás: los asientos delanteros por ley estaban reservados a los blancos. Para colmo, el presidente Franklin D. Roosevelt no le invitó a la recepción que organizó para los atletas olímpicos en la Casa Blanca. Las elecciones estaban próximas y necesitaba los votos de los segregacionistas estados del Sur. Invitar a un negro, por muy campeón olímpico que fuera, hubiera estado mal visto…

Antes de la ascensión de Hitler y el nazismo al poder, y como uno de los factores que la ayudaron y desencadenaron, estuvieron las salvajes revueltas en 1918. Por una parte, el ejemplo de la triunfante Revolución Rusa en Febrero de 1917, que se mostraba como un espejo en el que mirarse, como un ejemplo a seguir para las siempre sufridas clases trabajadoras.

La Gran Guerra iba tomando un derrotero cada vez peor. En Octubre del 18 la Flota de Alta Mar recibió la orden de lanzar un ataque final contra Inglaterra, lo que llamaron de El Paseo de la Muerte.  El 3 de Noviembre, en Kiel, 40.000 marineros y estibadores tomaron las calles. En un mes desertaron 4.000 soldados… En Berlín se formaron comités de obreros, soldados y marineros, pidiendo la dimisión del káiser Guillermo II.

La derecha, desesperada,  intentaba organizarse. El SPD (Partido Social Demócrata) se escinde. Los líderes socialdemócratas desprecian a los obreros, se van acomodando a la burocracia y congenian con el Alto Mando. Parte de sus militantes lo abandonan y se va al KPD (Partido Comunista de Alemania). Dentro del KPD los más radicales fundan el Spartakusbund, la Liga Espartaquista, bajo el mandato de sus líderes, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg.

La situación se deteriora y se radicaliza cada vez más. El SPD recurre a militares fieles y, sobre todo, a sus fuerzas de choque, el Freikorps, paramilitares de extrema derecha. Los enfrentamientos entre los espartaquistas y los del Freikorps acaban desencadenando violentas  batallas campales y llenan Berlín de barricadas desde donde se intercambian disparos. Todos luchan pensando que es su última oportunidad.

El 15 de Enero de 1919 el SPD consiguió dominar a los espartaquistas, que no han podido o no han sabido formar un frente común con los soldados y arrestan a la mayoría. Entre los detenidos están sus  líderes, Karl Liebknecht y a Rosa Luxemburg.  Karl fue ejecutado inmediatamente en las dependencias del SPD, de varios disparos. A Rosa Luxemburg le machacaron la cara y el cráneo a culatazos…

El Berlín que yo conozco es un Berlín amable, juvenil, artístico, barato… muy agradable en suma. Se puede pasear en bicicleta, pero también se puede pasear en barca. El Landwehrkanal es un bucólico canal, entre árboles, que atraviesa la ciudad de este a oeste. Sale del río Spree en Osthafen, distrito de Friedrischhain y, haciendo una suave curva hacia el sur, cruza Kreuzberg, bordea Tempelhof, y vuelve a subir por Tiergarten hasta llegar otra vez al Spree, en Charlottenburg.

En el Landwehrkanal encontraron flotando el 31 de Mayo de 1919, a los cuatro meses y medio de su asesinato, el cadáver descompuesto y casi irreconocible de Rosa Luxemburg. Una plaza de Berlín y una estación de metro la recuerdan. Casi un mes antes, el 3 de Mayo, las fuerzas gubernamentales consiguieron derrocar lo que se había constituido como la República Soviética de Baviera. Justo en la capital de Baviera, en Munich, un tal Adolf Hitler, ex cabo del ejército, artista frustrado, rechazado por la Academia de Bellas Artes de Viena, comiendo en la capital austriaca de la caridad de los comedores sociales, comenzó su imparable carrera.

Inspirado en la Marcha sobre Roma de Benito Mussolini, el 8 de Noviembre de 1923, a las 20’30, irrumpió en la cervecería Bürgerbräukeller, una de las más grandes de Munich, donde el gobernador de Baviera, Gustav Von Kahr pronunciaba un discurso ante tres mil personas. Hitler cercó la cervecería. 600 miembros de sus SA (Sturmabteilung = sección de asalto, precursoras y eliminadas la Noche de los Cuchillos Largos por las SS, las Schutzstaffel= compañías de defensa) bloquearon las puertas. Le acompañaban elementos que luego serían bien conocidos: el jovencísimo Heinrich Himmler, Hermann Göring, Rudolf Hess… Hitler se subió a una mesa y disparó un tiro al techo gritando: “¡La revolución nacional ha comenzado!”…(¿no os recuerda a un tal Tejero?).

Tras dos días de disturbios en Munich fueron detenidos, y Hitler condenado a cinco años en la cárcel de Landsberg, de los que sólo cumplió nueve meses, que aprovechó entre otras cosas para escribir su famoso libro Mein Kampf: “Mi Lucha”. Tras el Putsch de Munich, la revolución nazi había comenzado. El 30 de enero de 1933, Hitler fue nombrado Canciller de Alemania.

Sin duda, eran tiempos revueltos. Muchos, y no sólo los judíos, se debían sentir bastante incómodos entre tanta violencia. En 1929 un dentista berlinés, Friedrich Ritter junto a su amante Dore Strauch, huyeron de sus respectivos cónyuges y de Berlín yendo a establecerse, cual protohippies, a la deshabitada isla Floreana, antes conocida como Santa María, del archipiélago de Las Galápagos, donde fundaron una granja y en la que vivían libres y semidesnudos.

No sé por qué escogieron tan remoto lugar. Supongo que querían irse lo más lejos de todo aquello y empezar de nuevo. Me los puedo imaginar hablando en privado y buscando en mapas algún lugar remoto, lo más alejado posible que hubiera de Berlín para comenzar una nueva vida, sonriéndose y con los ojos llenos de esperanza. Hay una filmación que podéis encontrar en Google donde se ve a Ritter con tan sólo un calzón y cara de felicidad, caminando junto a un burrito cargado con bultos y una pala,  o bañándose en un caño.

No les duró mucho la tranquilidad. Otra familia alemana con hijos les siguió estableciéndose en la isla, con la que al parecer no se llevaban muy bien. Por si fuera poco y, tras ellos, se estableció en Floreana una excéntrica y violenta baronesa austríaca con sus dos amantes, un látigo y una pistola, con la que le gustaba disparar a menudo… Periodistas que querían entrevistar a los “Adán y Eva de Las Galápagos” y curiosos fondeaban a menudo en Floreana para verles. La historia acabó con tiros y asesinatos. Uno de los novios de la baronesa apareció al cabo de las semanas muerto, dentro de una barca. Ritter murió, al parecer, tras comerse un  pollo envenenado. Dore Strauch se volvió al poco tiempo a Berlín. Seguramente pensó que, ya puestos a escoger y al lado de Berlín, su “paraíso” de la isla Floreana tampoco tenía tanto de idílico.

 

Prisciliano. ¿Quién está enterrado en Compostela?

 

Sostienen los heterodoxos que en la cripta de la Catedral de Compostela no está enterrado el Apóstol Santiago, sino Prisciliano. Decía Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler: 

Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira, más gente la creerá

El que, siglo tras siglo, una idea o creencia se mantenga, perpetuada por aquellos que se copian unos a otros sin plantearse apenas variaciones no revalida nada, pero se convierte en materia de fe, que consiste en creer aquello que nadie puede demostrar. La Historia está plagada de casos.

Los exégetas la defienden con ardor, ardor guerrero incluso, pero históricamente la figura del Apóstol Santiago no es más que un cúmulo de leyendas. Dicen, se supone, nos cuentan que, en vida, llegó incluso a predicar en España. Que descorazonado por el poco caso que aquí se le hacía, se le apareció milagrosamente en Zaragoza la Vírgen María en persona, encima de una columna por más señas, lo que daría origen a “La Vírgen del Pilar”, patrona de Zaragoza y de España entera. Que de regreso a Judea, fue martirizado y decapitado y que, milagrosamente de nuevo y a bordo de una barca de piedra que navegaba sola, atravesó todo el Mediterráneo y las Columnas de Hércules hasta llegar a Galicia. En concreto hasta Iria Flavia, la actual Padrón, donde unos fieles le enterraron tierra adentro.

Camino Santiago y Pirineos-06 039

                                              Con mi amigo Killian, frente a la catedral

Que, en el Siglo VIII, un eremita de la zona llamado Pelagio viese luces por el campo, que un obispo llamado Teodomiro le escuchase, y que un rey batallador llamado Alfonso, por otro nombre El Casto le diese crédito, no significa mas que le daba argumentos para combatir contra los sarracenos, en unos tiempos que aún nadie llamaba Reconquista.

Prisciliano

Que Prisciliano existió históricamente está demostrado con numerosos testimonios. Gallego de nacimiento, obispo de Ávila y predicador de creencias gnósticas, de las que abundaban en todo el orbe cultural grecoromano, desde Hispania hasta Asia Menor. En los comienzos del cristianismo más de doscientas sectas diferentes se extendían por cada comunidad cristiana, con nombres que hoy nos suenan extraños pero que estaban muy bien definidas y, bajo las cuales y en aquellos tiempos, se agrupaban múltiples ideologías, enfrentadas unas a otras: agapetas, basilianos, maniqueos, carpocracianos, felicianos, adamitas… y unas doscientas más.

En el Epitoma Chronicon de San Próspero de Aquitania se nos cuenta que…(en el año 379) bajo el consulado de Ausonio y de Olybrio comenzó a predicar un discípulo de los agapetas llamado Prisciliano, natural de Galicia… Por otra parte un testigo de la época, Sulpicio Severo en su obra Chronicorum Libri Duo (también conocida como Historia Sacra) nos lo describe como perteneciente a una familia aristocrática, muy rica, lo que le había permitido adquirir una gran cultura. Más personalmente nos lo describe como:

atrevido, facundo, erudito, muy ejercitado en la declamación y en la disputa; feliz, ciertamente, si no hubiese echado a perder con malas opiniones sus grandes dotes de alma y de cuerpo. Agudo e inquieto, habilísimo en el discurso y la dialéctica. Velaba mucho, nada codicioso, sumamente parco y capaz de soportar el hambre y la sed. Pero con estas cualidades mezclaba gran vanidad, hinchado con su vana y profana ciencia, puesto que había ejercido las artes mágicas desde su juventud….

Prisciliano propugna el rechazo a la unión de la Iglesia con el estado imperial, y a la corrupción y el enriquecimiento de las jerarquías eclesiásticas. Los obispos peninsulares se dividen ante sus planteamientos. Dos de ellos, Salviano e Instancio consiguen elevarle a la sede episcopal vacante de Ávila. Otros se convierten en enemigos suyos a muerte: Higinio de Córdoba e Hidacio de Mérida escriben una carta a Ambrosio, obispo de Milán, donde se encontraba la corte imperial, consiguiendo la excomunión de Prisciliano.

Pero el enemigo más feroz es Itacio, obispo de Ossonoba. En su Apologetica atribuye sus conocimientos de magia y astronomía a Marcos de Memphis (Egipto), creador en España de la secta de los agapetas, gnóstico y seguidor de las doctrinas del esclavo persa Manes, fundador del maniqueísmo, creencia dualista (bien frente al mal, luz frente a la oscuridad, Belcebú frente a Dios, etc), acusaciones que Prisciliano rebate constantemente frente a sus acusadores. Itacio, de hecho, en su campaña personal llegó a Tréveris antes que Prisciliano, “calentando” el ambiente y consiguiendo la condena de éste. No debía ser el tal Itacio trigo limpio. Sulpicio Severo define a Itacio como: …osado, parlanchín, desvergonzado, suntuoso, demasiado proclive al vientre y a la gula…

Prisciliano gana adeptos en toda España con un credo abierto al que se adhirieron gentes de todas clases y sobre todo, ¡peligro!, mujeres, a las que admitía en sus grupos. Pero en un momento tan convulso como fue el Siglo IV y  bajo una iglesia cristiana cada vez más fuerte y protegida por el Imperio Romano, que quiere controlar a todos aquellos herejes, Prisciliano resultaba cuanto menos incómodo, si no peligroso.

Catalizó la tradición céltica precristiana, que aún se mantenía de “tapadillo” en su Galicia natal, con sus cultos druídicos de adoración a la naturaleza, junto a tradiciones arcanas de Oriente. Los que le critican nos dan la pista. Uno de sus detractores, el Padre de la Iglesia San Jerónimo, redactor de la biblia Vulgata, en su Ad Ctesiphontem adversus Pelagium, llama a Prisciliano: Zoroastris magi studiosissimum (“estudiosísimo de la magia de Zoroastro”), lo que nos da una pista de sus conocimientos de las religiones orientales. Otros le acusan a él y a sus discípulos de permitir a las mujeres asistir a sus lecciones. Les critican, concretamente, y causa cierto estupor el escándalo, por ayunar, por celebrar ritos en las cavernas y en los montes, por dejarse el pelo largo o por caminar descalzos… Aún dos o tres siglos después el hecho de caminar descalzo o el “ser gallego” (tal cual), era motivo sospechosísimo que te podía llevar ante un tribunal de la Inquisición o ser añadido como agravante.

Confiado en su inocencia y con el propósito de revocar su edicto de excomunión, Prisciliano se dirigió con un grupo de fieles hasta Tréveris, ciudad en el noroeste de Alemania. En Tréveris el general romano de origen hispano, Magno Clemente Máximo, gobernador militar de Britania, se ha rebelado cruzando a las Galias derrotando y asesinando a Graciano, emperador de Occidente, proclamándose a su vez emperador. Su “jefe” y emperador de Oriente, Teodosio, aceptó a regañadientes y le cedió el mando de la parte occidental del imperio. Sabedor Clemente Máximo de su situación de inestabilidad, procura atraerse el apoyo de la Iglesia Católica. Ésta a su vez necesita el apoyo institucional para enfrentarse a las numerosas sectas que proliferan en el imperio. Sólo en Occidente se cuentan por decenas: arrianos, rigoristas, binionitas, patripasianos, novacianos, nicolaítas, ofitas, maniqueos, agapetas, homuncionitas, catáfragos, borboritas… y los propios priscilianistas.

En este marco de guerras civiles y sus alternancias de poder dentro del Imperio Romano, con un emperador de Occidente católico y ultra ortodoxo como era Máximo, y una iglesia recelosa de la popularidad y la heterodoxia de Prisciliano, éste fue acusado en Tréveris, entre otras cosas, de maleficios, de utilizar hierbas abortivas, de orar desnudo, de conciliábulos con danzas nocturnas y de otros graves pecados.

Pecados inventados o, mejor aún, confesados al final bajo tortura, donde hasta el más valiente admite todo lo que le digan sus torturadores. En un proceso rápido y casi de tapadillo, y en lo que fue la primera condena por herejía, Prisciliano fue decapitado en el año 385 junto con seis de sus seguidores. Las reacciones de protesta fueron numerosas e inmediatas en toda la cristiandad, de entre ellos personajes tan poco sospechosos de simpatías priscilianistas como San Martín de Tours, San Juan Crisóstomo en Oriente que declara: …condenar a muerte a un hereje sería desencadenar en la tierra una guerra sin cuartel… (¡ni se imaginaba la reacción de la Iglesia en los siglos posteriores!), e incluso el Papa Siricio….pero en aquellos tiempos el único medio de comunicación era mediante cartas, muy lentas en llegar, y para entonces el enemigo ya había sido eliminado. Tres años más tarde, en el 388, el emperador Teodosio que no ha olvidado la traición, derrota y decapita a Clemente Máximo y condena a los que condenaron a Prisciliano. El propio obispo de Ossobona, Itacio, es excomulgado y deportado en el año 389 por su implicación en el juicio.

¿Qué quedó de Prisciliano?. Pues que pese a las contínuas condenas y admoniciones por parte de la jerarquía eclesiástica, el priscilianismo siguió extendiéndose y practicándose por toda Hispania desde su centro gallego, de una forma más o menos encubierta durante varios siglos más, aprovechando que los suevos conquistan Galicia en el año 409 y les libran de los controles del Imperio Romano. La Iglesia, no obstante, sigue condenando siglo tras siglo los “errores” priscilianistas, señal inequívoca de que seguía latente. Todavía en el IV Concilio de Toledo, en el año 633, los obispos allí reunidos condenan los dogmas de Prisciliano..

Que Prisciliano seguía molestando, y mucho, lo demuestran las actas del Primer Concilio de Toledo, celebrado entre los años 397 y 400, doce años después de la eliminación del “hereje”. Los diez y nueve obispos reunidos para la ocasión condenan, en primer lugar, el priscilianismo. Obviamente seguía latente y tan preocupante como para obligarles a celebrar un Concilio. Aprovechan también para reafirmarse en lo que se ha acordado en el Concilio de Nicea, celebrado en el año 325, y uno de cuyos controvertidos dogmas es el del “misterio de la Santísima Trinidad”. A tal fin, se instaura el rezo del Credo (en latín: yo creo). Durante el Concilio de Toledo el obispo Sinfosio escribe, literalmente:

Condeno, juntamente con su autor, todos los libros heréticos y en especial la doctrina de Prisciliano, según acaba de ser expuesto, donde se afirma que escribió que el Hijo de Dios no puede nacer…(opinión contraria al dogma de Nicea).

En el año 567 y en el Concilio de Braga, se insiste en sus diez y siete cánones contra la, se supone que resistiendo contra viento y marea, herejía priscilianista. Entre otras:

si alguno niega que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas, de una sola substancia, virtud y potestad, y sólo reconoce una persona, como dijeron Sabelio y Prisciliano, sea anatema.

si alguno introduce otras personas divinas fuera de las de la Santísima Trinidad, como dijeron los gnósticos y Prisciliano, sea anatema.

si alguno cree, con los paganos y Prisciliano, que las almas humanas están sujetas fatalmente a las estrellas, sea anatema.

si algún clérigo o monje vive en compañía de mujeres que no sean su madre, hermanas o próxima parienta, como hacen los priscilianistas, sea anatema.

si alguno afirma, al modo de Prisciliano, que los doce signos del Zodiaco influyen en las diversas partes del cuerpo y están señalados con los nombres de los patriarcas, sea anatema.

si alguno lee, sigue o defiende los libros que Prisciliano alteró según su error, bajo los nombres de patriarcas, profetas y apóstoles, sea anatema.

Como curiosidad, el 2º Concilio de Toledo, de los diez y ocho que se convocaron, se celebró 127 años después del primero. Pero en éste primer Concilio, y como demostración de que eran otros tiempos, bastante machistas (de ahí el escándalo de que Prisciliano admitiese mujeres en sus ritos), permitidme tan sólo citar un par de “perlas”:

Cánon VII: …que el clérigo cuya mujer pecare (obviamente se casaban), tenga potestad de castigarle sin causarle la muerte (describe tenerla atada y someterla a ayunos y azotes), y que no se siente con ella a la mesa…

Cánon XVII: …que sea privado de la comunión aquel (clérigo) que teniendo ya esposa tuviere también concubina…

Pero, volviendo a Prisciliano. Tres años tras la ejecución y ya restaurada la normalidad bajo Teodosio, un grupo de seguidores fue autorizado a rescatar sus restos de Tréveris. Bajando el río Mosela y después el Rin, navegaron hasta Galicia donde le dieron sepultura. Seguía siendo, aún después de muerto, una “figura” incómoda, no consta públicamente dónde le enterraron y posiblemente fue una ceremonia, si no clandestina, bastante restringida. En todo caso no muy lejos de donde le desembarcaron. Y, ¿dónde desembarcaron sus restos?. Pues precisamente en Iria Flavia, actual Padrón (a una jornada de Compostela), donde justo la tradición cristiana posterior sostiene que apareció, milagrosamente transportado en su barca de piedra, el cuerpo del Apóstol Santiago, casual y curiosamente decapitado, al igual que Prisciliano.

Los escritos de Prisciliano fueron cuidadosamente expurgados y quemados sus libros. Se condenaba a aquellos que guardasen textos priscilianistas aunque, como ya hemos visto, debieron de quedar algunos cuidadosamente ocultos para mantener y difundir su doctrina. Oficialmente, desaparecieron todos. Pero en 1885 el erudito alemán Georg Schepps encontró en la biblioteca de la Universidad de Würzbourg, en Baviera, once opúsculos en un códice datados por los expertos como de finales del Siglo V y con evidentes caracteres de escritura española, con hermosas letras unciales. Consta de diez y ocho cuadernos que contienen en todo 146 hojas que reproducen textos de Prisciliano y de sus seguidores. En ellos aparecen parte de sus doctrinas y poemas místicos. Los tres más interesantes (para los estudiosos o teólogos al menos): el  Liber Apologeticus, Liber as Damasum episcopum y el Liber de fide et de apocryphis.

Cuenta el escritor Fernando Sanchez Dragó (al que la figura de Prisciliano le apasiona) que, hace muchos años, y hablando con un anciano aristócrata gallego, éste le contó que hacía también muchos años, un cantero gallego le confesó, llorando, un secreto. En unas obras llevadas a cabo en la cripta de la Catedral de Compostela descubrieron sobre la supuesta tumba de Santiago una lápida donde se podía leer el nombre de Prisciliano. El obispo le ordenó destruirla a mazazos. Así se construye -o destruye- la historia.

La pregunta es, de nuevo: ¿quién está enterrado en Compostela?

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El mastín y la Mesta de Castilla

Esta entrada del blog en realidad es un capítulo que, a su vez, forma parte de un trabajo aún pendiente de publicación sobre el mastín: El mastín español. Historia de un compañero, que presenté a un certamen convocado por la Real Sociedad Canina en 1998, y en la que tuve el honor de ganar el segundo premio, en su categoría de razas españolas.

La Mesta es un capítulo tan importante en la historia de Castilla, tanto por la riqueza generada como por la pujanza dentro de Europa, que numerosos autores han profundizado en el estudio de sus múltiples facetas, tales como el origen, desarrollo, economía, etc. De entre ellos destaca el norteamericano Julius Klein cuya obra: La Mesta. Un estudio de la historia de la economía española, 1273-1836, en la que empleó varios años de ardua investigación en diversos archivos, obra rica en información y lúcida en exposición, sigue siendo la “biblia” para todos los que han querido acercarse a lo que significó, para Castilla,  la cría de ovino y el comercio de la lana durante seis siglos.

Un apunte sobre Julius Klein, el pionero

La figura de Julius Klein es una rara avis, en el sentido que tuvo que ser un norteamericano y hace más de un siglo, el que se interesase por un tema, supuestamente tan importante para nosotros y que aquí nadie había tocado, o en todo caso muy de pasada. Licenciado en Historia y Literatura por Berkeley, fue becado por la Universidad de Harvard entre los años 1912 y 1914 para investigar en Europa. Y aunque consultó esporádicamente archivos de Francia, Gran Bretaña y Alemania, fue en España donde más tiempo permaneció… en una España todavía muy atrasada. Durante esos años se dedicó afanosamente a consultar legajos polvorientos en varios archivos, tales como los de Simancas o el de la Asociación de Ganaderos del Reino, que absorbió los de la Mesta de Castilla tras su disolución.

Su obra La Mesta…fue presentada como tesis en Harvard aunque no se publicó hasta 1920. Pero hubo de esperar a 1936 para ser traducida y publicada en castellano gracias a la Revista de Occidente, fundada y dirigida por Ortega y Gasset. Julius Klein aún hizo algún trabajo de investigación sobre Latinoamérica, aunque lo que pudo haber sido una gran carrera como investigador y docente quedó a un lado ante su nueva actividad, ésta vez como asesor político experto en temas económicos y latinoamericanos, en puestos cada vez de mayor responsabilidad.

Los conflictivos comienzos del pastoreo. Los antecedentes de la Mesta

Podemos resumir, en esencia, la importancia que tuvo la ganadería en la España medieval si tenemos en cuenta dos factores: el avance de la Reconquista y la escasez de población. Según avanzan las fronteras hacia el sur, la ganadería se impone como medio de explotación de unas tierras extensas y asoladas por la guerra, con constantes incursiones por uno u otro bando, por las frecuentes epidemias de peste y por largos periodos de sequía con la secuela de la hambruna:

-…la continuidad de guerras y alborotos impedía la labranza de los campos (Colmenares, “Historia de Segovia”, tomo I, pg.445)

-…en este año (1301) fue en toda la tierra muy bien grand fambre, e los omes moríanse por las plazas e por las calles de fambre, e fue tan grande la mortandad en la gente, que bien cuidaran (calcularan) que muriera el cuarto de toda la gente de la tierra… (Crónica de Fernando IV, pg.119)

…en el año de 1350 murió el mismo rey Don Alfonso (de la peste negra, en Algeciras). En esta peste que arrasó toda Europa y parte de Asia, España padeció infinito; tanto, que después del diluvio no hay noticia de semejante calamidad; de tres partes de la gente perecieron las dos; entonces se despobló España, y las tierras quedaron yermas, sin dueños y sin colonos…(Fernando Cos-Gayón, “La Mesta”, 1869).

-…en 1348 hace su aparición la peste negra; en tres años se lleva a un tercio de la población europea mientras que el clima sufre un descenso de la temperatura: los inviernos se prolongan, los ríos se hielan durante meses y los lobos entran en París…(Georges Minois, “Historia de los infiernos“).

-…Et quando el Rey ovo a salir de la tutoria, falló el regno mui despoblado, et muchos lugares yermos: ca con estas maneras muchas de las gentes del regno desamparaban heredades… (“Crónica de Don Alfonso el Onceno”, en 1325)

La agricultura precisa para su aprovechamiento de una población estable, cierta seguridad y el tiempo necesario para esperar las cosechas, y estas tres cosas en la Castilla medieval, de momento, son impensables. La ganadería ofrece la ventaja de que necesita menos mano de obra y, sobre todo, ofrece más movilidad. El pastoreo ya era practicado por los celtíberos, herencia de la cultura pastoril nómada de sus antepasados arios. Se limita en un principio a los mismos recorridos que hacían los celtíberos en lo que aún no se llamaba Castilla: en la cuenca del Duero, de la montaña a la llanura y de la llanura a la montaña, siguiendo el ritmo de las estaciones. Recorridos de pocos días, al estilo de la transterminancia que siguen practicando los pastores en los valles del Pirineo.

Pero, poco a poco, y superando sus crisis motivadas por las guerras o la peste, la población va aumentando, lo que conduce a que se van colonizando cada vez más tierras que comienzan a ser cultivadas. Esta corta trashumancia en los reinos de Castilla y León fue motivo de conflictos desde sus comienzos -y antes, como veremos- , al chocar los movimientos del ganado con el uso de las tierras por parte de los agricultores, conflictos harto frecuentes si consideramos las muchas veces que se intenta regular:

– en el año 504 se redacta el Código de Eurico, de unos 400 capítulos donde se recopilan las “mores” o costumbres, entre otras las del pastoreo. Su sucesor, el rey godo Sisenando lo amplía en el 603.

-Recesvinto aprovecha el VIII Concilio de Toledo, en el año 654, para redactar el Liber Iudiciorum (o Libro de los Jueces), más conocido como el Fuero Juzgo al ser traducido al castellano años después, y donde podemos leer: “autoriza el acceso, sin restricciones, del ganado a las tierras abiertas y su paso por carreteras públicas (“Fuero Juzgo”, Lib.VIII, tit.IV, ley 27).

-el Fuero de 974 autoriza a proceder contra quien se apodere del ganado.

Villas y ciudades, a partir del año 1000, redactan sus propios fueros bajo la aquiescencia de los reyes, en un intento de expansión de sus áreas de influencia y apacentar sus ganados:

-Alfonso I de Castilla, en 1088: tomando debaxo su protección y amparo todos los ganados de Segovia y mandando que pudiesen pastar libremente sin que nadie se atreviere a oponerse a los pastores, prenderlos, montazgarlos (cobrarles impuestos) ni impedírselo…(Colmenares, Historia de Segovia).

-Salamanca redacta sus propios fueros para controlar los derechos de paso y pasto de los ganados foráneos. En los Fueros de Sepúlveda y Fresno, otorgados por Alfonso VIII en 1207, se prohibe labrar y poblar los lugares más alejados del término, los “extremos” (palabra que vamos a oir a menudo) reservándolos para sus pastos.

-El Fuero de Cuenca castiga con fuertes multas y la expulsión a los que se atrevan a arar dichos extremos: …”Qui exido de conceio laurrare, assí de uilla como de aldeas, peche LX marauedís al juez y a los alcaides y a los caualleros y dexe la heredat”…

Las tierras, a menudo, están en poder de la nobleza feudal y los monasterios, y contra estos dos poderosos estamentos chocan los concejos de los pueblos. El propio Cid Campeador actuó una vez de juez, en el año 1073, en un pleito entre el monasterio de Cardeña y el concejo de Orbaneja. Caballeros y modestos propietarios se reúnen varias veces al año para dirimir sus problemas. Son el germen de las “mestas” (uniones) locales de ganaderos y pastores. En estas mestas ya tenían derecho a voto cualquier propietario de 50 o más ovejas, fuesen estantes o trashumantes, tanto hombres como mujeres. Este democrático derecho al voto se mantuvo igual años después, ya bajo la protección de la poderosa Hermandad de la Mesta de Castilla, donde valía lo mismo el voto de una mujer con cincuenta ovejas que los conventos agustinos de Guadalupe o El Escorial, propietarios de rebaños con miles de cabezas.

La palabra “mesta” se utilizó en un principio con más exactitud para designar al ganado mesteño o descarriado, “mixto” o mezclado con otros rebaños. Los pastores se reunían en lugar y fecha prefijados para reconocer cada cual las suyas. Para evitar tentaciones, Alfonso XI de León, en 1229 dispone: …“guardar las mestas, no ocultarlas, venderlas ni mudarlas la marca”…

Pero son inevitables los conflictos entre los concejos con intereses pastoriles por el aprovechamiento de los pastos. Apenas conocido fue el enfrentamiento acaecido entre los concejos de Madrid y de Segovia, que no tuvo nada que envidiar a una película del Oeste. Durante casi cien años, entre los años 1200 y 1300 se sucedieron a ambos lados de la Sierra saqueos, destrucción de aldeas, robo de ganado y muertes, todo por unas hierbas fronterizas.

El caso más llamativo es el de Segovia, protegida en sus pretensiones por Alfonso VIII, por el Documento de las Cañadas, de 1208. Segovia avanza sobre las tierras de otros concejos, y el más perjudicado es el de Madrid, quedando ésta reducida casi a las tierras que rodean la villa (Elías Tormo, El estrecho cerco de Madrid, de la Edad Media, por la admirable colonización segoviana, en el Boletín de la Academia de la Historia, 1946).

Alfonso X intentó poner orden fundando en 1268 la villa de Guadarrama, poblada por segovianos, para arbitrar las competencias entre éstos y los madrileños (Diccionario geográfico, histórico y estadístico de España, de Don Pascual Madoz, S.XIX). Y ya que, pongamos que hablo de Madrid, el famoso emblema del Oso y el Madroño también tiene que ver con el tema: representa la solución salomónica que se encontró al litigio que se mantuvo durante veinte años entre el concejo y el cabildo. Los vecinos pudieron aprovechar los árboles y la caza, representados por la osa (es una osa y no un oso) y el árbol (un manzano, más que un madroño), mientras que el cabildo pudo aprovechar los pastos para sus ovejas (la hierba del suelo).

Las tensiones entre concejos de campesinos y pastores se iban haciendo tan frecuentes que, a ruegos de éstos y con el fin principal de regular los derechos de paso, los montazgos y portazgos (impuestos locales por derechos de paso), Alfonso X El Sabio funda el Honrado Concejo de la Mesta de Castilla, por los Privilegios de Gualda, el sábado 2 de Septiembre del año 1311 de la Era Hispánica, según consta en los documentos (año 1273 de la Era Cristiana).

La Mesta

En esencia, la Mesta es un sindicato de ganaderos que se unen para protegerse, homologar el precio de la lana, evitar competencias en el arriendo de los pastos (y evitar que suban los precios), eludir los múltiples impuestos que debían pagar allí por donde pasaban sus ovejas y, muy importante, proteger la integridad de las “servidumbres de paso”, tupida red de caminos pecuarios, estimados en un total de 125.000 kilómetros, formados por:

-cañadas: vías principales, con una anchura fija de 90 varas castellanas, unos 76 metros.

-cordeles: enlaces entre cañadas, de 45 varas, unos 39 metros de anchura.

-veredas: caminos locales, de 23 varas, unos 19 metros

y que van a permitir la marcha de los ganados a “extremos” desde las sierras de origen.

No es éste el lugar para extenderse hablando de la Mesta de Castilla. Sólo decir que durante sus seis siglos de existencia fue un estado dentro del estado, con leyes, autoridades y parlamento propios, con un sistema democrático como decíamos más arriba con votaciones a mano alzada en los que valía lo mismo el voto de un humilde propietario de cien ovejas que el del Monasterio de El Escorial, con 30.000, y un escrupuloso respeto a las decisiones tomadas en sus juntas semestrales.

Bajo el reinado de su fundador, Alfonso X El Sabio, Castilla disfruta de la economía más próspera de la península y es una de las potencias más pujantes de Europa, gracias a la repoblación de las ricas comarcas andaluzas, recién conquistadas, y al desarrollo de la ganadería y la exportación de lana, que compite con tal éxito con la lana inglesa que copa los mercados y la industria pañera de Flandes, Génova y la propia Inglaterra; fomenta el desarrollo de ciudades feriales como Medina del Campo o Burgos (sede del Consulado de la Lana, donde se regula todo el comercio exterior), y de los puertos del Cantábrico, tales como Santander, Bilbao o Castro Urdiales, donde se embarca el preciado género con destino al norte de Europa.

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                                            Embarcando los fardos de lana

Para el trasiego de las miles de arroba de lana desde los lugares de esquileo hasta los mercados y puertos, se crea en 1497 la Cabaña Real de Carreteros, equivalentes a los camioneros de hoy en día -aunque algo más lentos-, y que en sus carretas hacían unas rutas circulares transportando además de la lana, sal, cerámicas, carbón, madera y otros géneros, de un punto a otro. En invierno descansa la fuerza motriz, los bueyes, en las dehesas de Talavera y comarcas cercanas, recuperándose con los ricos pastos que crecen en la ladera sur de la Sierra de Gredos.

 

carretas en madrid 2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

      Carretas de bueyes por el Puente de Segovia de Madrid, finales S.XIX.

 

…la mejor sustancia destos reynos…

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Staalmeesters: el Gremio de Pañeros de Amsterdam, por Rembrandt. Los que                                                                           compraban la lana merina

de nuestras lanas y caballos se hacía el mejor aprecio, como en tiempos de los godos y romanos, pues consta que los reyes de África enviaron a Carlomagno entre otros regalos exquisitos, una porción de lana de nuestras ovejas (pag. 117)…nuestros tejidos de lana, algodón, lino y seda eran muy estimados en toda Europa, como se echa de ver por los muchos velos y telas que iban de España a Roma en el siglo nono, y por el paño que envió a regalar el rey Mahomad Abu-Abdalla en el año de 865 a Carlos el Calvo, rey de Francia (pag. 131)…(Masdeu, “España Árabe, en Historia Crítica”, Tomo XIII, pag.117, 1781).

La lana española tenía ya fama en la antigüedad. Autores clásicos como Varrón, Columela, Plinio y Estrabón mencionan la calidad de la lana de las ovejas de la Bética, o los sagum, túnicas de lana de los celtíberos, requeridas como impuesto por los romanos, aunque es cierto que la lana de las ovejas iberas era de fibra larga y suave y color pardo rojizo, y no crespa y corta y de color blanco, como la lana merina.

cuando el general Lúculo sitió la ciudad de Intercatia (aún sin localización precisa: se barajan, entre otras, Villalpando, Aguilar de Campos o San Pedro de Latarce) les exigió, a cambio de su indulgencia, cincuenta rehenes y diez mil “sagum”… ((Appiano de Alejandría, “De rebus hispaniensibus”).

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A la izquierda pequeño exvoto ibérico de bronce hallado en Despeñaperros.                          A la derecha parece la figura de un belén, pero es un exvoto romano de terracota

Pero el auge de la Mesta se produjo al finalizar la Reconquista, con la obtención de la oveja merina, de finísima lana, y la conquista de los vastos territorios de La Mancha, Andalucía y Extremadura, ideales como pastos de invierno. La primera mención a la lana merina consta en un documento notarial redactado en 1307, por el clan de comerciantes genoveses Usodimare, en la que se alude a la compra en Túnez de unos sacos de “lana qui apellatur merinus”  (:”lana que llaman merina”. Robert Salatino López, “The Origins of the Merino Sheep”). En España la primera mención se halla en los inventarios de tarifas expendidas por Juan II, en 1442, en los que fijan las tasas para el paño confeccionado con “lana merina” (Julius Klein, “La Mesta…”).

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Carnero y oveja merina. Obsérvese el espesor de la capa de lana

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Ilustración de un facsímil del libro De Materia Médica, del médico griego Discórides (Siglo I), traducido por el médico segoviano Andrés de Laguna, con ampliaciones, comentarios  e ilustrado por él mismo (1554)

 

 

 

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Tijeras de esquilar celtíberas, Museo de Arqueología de Madrid. Iguales a las usadas de siempre, hasta que aparecieron las esquiladoras eléctricas

 

 

Aunque para variar, hay teorías de lo más pintoresco para explicar la aparición de la apreciada oveja merina, parece ser un proceso de cruzamiento del ganado autóctono con moruecos importados procedentes de la región de Al-Gharb, de Marruecos. Se protege celosamente a estas ovejas, fuente de la principal riqueza de Castilla (…la mejor sustancia destos reynos…), prohibiendo su exportación y controlándolas, una a una, las pocas veces que atraviesan las fronteras hacia Navarra, Aragón o Portugal.

De la misma forma que monasterios como El Paular, Guadalupe o El Escorial, pertenecientes a la orden de los Jerónimos, poseen mediante donaciones gran parte de los pastizales de verano en el norte, la “invernada” se realiza en los extensos territorios del sur, arrebatados a los moros por las órdenes militares (Santiago, Calatrava, Montesa) que han contribuído a su conquista. Estas tierras de secano, incapaces de mantener grandes rebaños en verano al quedar agostadas y resecas, obtienen excelentes rentas como pastos invernales, lo que se llamó “maravedís de yerba”. Unos y otros obtienen parte importante de sus ingresos gracias al comercio de la lana merina.

Es ahora cuando la trashumancia alcanza sus máximos recorridos, moviendo cada año entre dos y tres millones de ovejas -llegaron a ser cinco millones en 1780- en un doble viaje de hasta 600 kilómetros, 20 días como mínimo, a razón de 4 ó 5 leguas diarias (unos 20-30 kilómetros), desde las montañas del norte de Castilla hasta los “extremos”, cada vez más alejados, de Extremadura, La Mancha o Andalucía.

Extremadura, pastores y perros

Y hablando de Extremadura, y pese a lo que se ha propuesto a menudo, el nombre de la región extremeña no le viene de ser “extrema” y “dura”, sino que es, sencillamente un término pastoril. Cuando los pastores, sorianos y segovianos en su mayoría (lo que se conocía como “serranos”) se despedían de sus familias por San Miguel, 29 de Septiembre, decían que se iban “a la extremadura”, es decir, comenzaban su viaje “a extremos”…unos extremos que ya no estaban en las afueras de su pueblo, sino cada vez más alejados.

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                         El paso de las merinas por el Puente de Alcántara

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                 Una imagen que ya no se ve, salvo “festejos reivindicativos”. 1910

Se habla en los contratos de “lana extremada” y de “lana extremeña”, como sinónimo de lanas u ovejas trashumantes que, al igual que los pastores, “hacen los extremos”, así como se menciona al hablar del ganado estante como “que no extremeña”. Al igual que “andadura” es el hecho de andar, y “metedura” el hecho de meter, la “extremadura” era el hecho de viajar a los extremos, el viaje en sí, aunque acabase por dar nombre a aquellas tierras lejanas donde terminaba el recorrido, y a donde se referían las familias de los pastores cuando se les recordaba: “están en la extremadura”. Aún suena por las sierras, melancólico, el romance de despedida:

ya se van los pastores a la extremadura, ya se queda la sierra triste y oscura…

La dura vida de los pastores goza al menos de una fuerte tutela por parte de la Mesta: los pastores están exentos de servir en el ejército, por tanto no se les puede movilizar en caso de guerras. No se les puede encarcelar por deudas de sus amos ni de la Mesta. Están exentos de aparecer ante la justicia como testigos y no necesitaban abandonar los rebaños ante el requerimiento de ningún funcionario…a no ser que fueran expresamente autorizados por la Mesta. Sólo pagan impuestos en su lugar de origen.

 

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Pastores castellanos.               Figura de pastor romano (Siglo I), con cordero a la espalda

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    La anunciación de los pastores. Fresco del techo en San Isidoro de León.                       

…otrosí, mando que ningún pastor non sea prendado por razón ninguna, si non fuere por su debida propia o por fiadura que el mesmo haya fecho… (Alfonso X, “Privilegios de Gualda”, 1311 de la Era Hispánica).

-… y que pagasen segun fuero (no “fuera”, sino por los Fueros de protección) el daño que hiciesen los ganados en las mieses, viñas, huertos, prados o dehesas, reconocidas por tales… (Disposiciones de Alfonso de Castilla en el año 1200 según Colmenares en su ya citada “Historia de Segovia”, 1637)

Como vemos la casi única obligación de los pastores era permanecer con el rebaño impidiendo el acceso de las ovejas a las “cinco cosas vedadas”: trigales y panes, viñas, huertas y prados de guadaña. Y protegerlos contra los lobos y los forajidos. Esta necesidad de protección se consigue con dos cosas: armas y perros.

La escasez de armas de fuego en épocas pasadas dificultaba la caza del lobo. En el año 1527 el Emperador Carlos V prohibía el ejercicio de la caza con armas de fuego, así como la tenencia de arcabuces por los particulares, se reservaba su uso para el ejército. Las quejas formuladas por los pastores, quienes se sentían desvalidos ante las frecuentes depredaciones de los lobos, motivó que en el año 1617, Felipe III promulgara una pragmática autorizándoles el uso de las armas de fuego.

La Mesta reconoce a los pastores castellanos el derecho a ir armados por los frecuentes ataques de que los rebaños eran objeto, no sólo por parte de los lobos, sino también por “merodeadores y gitanos”. Los gitanos fueron causa de un sinfín de quejas por parte de la Mesta, lo cual influyó en el Decreto de 1499, que los expulsaba del territorio. Pero no parece que tuviera este edicto una gran eficacia -como está claro, los gitanos siguen entre nosotros- , ya que reaparece el problema repetidamente en años sucesivos. A los alcaldes entregadores de La Mesta se les concedió una licencia especial de armas para defenderse de los gitanos.

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                                                            Manual para pastores

En cuanto a los perros, para el cuidado de las ovejas se necesitaban de dos clases: los careas y los mastines. El carea: pequeño, ágil, listo, atentos a las órdenes de los pastores para conducir las ovejas. No tenía un estándar definido, se seleccionaban los que por herencia materna o temperamento parecían ofrecer las cualidades necesarias. Hoy día sí hay un carea castellano, pero razas estandarizadas similares las vemos por otras zonas ganaderas: el Gos d’atura catalán, su versión francesa allende el Pirineo, o Berger des Pyrenées, o el Euskal Artzain Txacurra vasco.

La palabra: “carea”, para designar a este tipo de perros vendría del hecho de la conducción de las ovejas hacia el “careo”: hierba que pastan las ovejas, de donde proviene “carear”: pastar, o la frase “salir al careo”.La aparición del carea en la Mesta es tardía ya que el papel de conducir el rebaño estaba encomendado en un principio a los zagales, chavales de doce o catorce años que estaban todo el día corriendo alrededor del rebaño para que no se metiesen en los “vedados”.

El mastín

Y el mastín, resistente para aguantar las caminatas, duro para soportar fríos y calores, valiente y fuerte para enfrentarse a los lobos… Antes de la aparición de las armas de fuego y aún con éstas, ante el ataque nocturno de una manada de lobos, un rebaño de ovejas sin mastines está indefenso, sin más. Si en las montañas y los páramos de Castilla los mastines eran la mejor arma contra el lobo, en los largos desplazamientos de la Mesta, el mastín se hizo imprescindible, y se le da la categoría que merece. En el salario de los pastores, junto al “cundido”: sal, pimentón, ajos, sebo, manteca y pan, que dará lugar a platos pastoriles tan sabrosos y  energéticos como las migas y la caldereta, se incluye la comida de los perros: el “canil”, pan negro de centeno especial para los perros y el “chicharro”, mezcla de harina de centeno, restos de carne y huesos triturados. En Burgos, en los siglos de la Mesta, se obligaba a las gentes a dar de comer antes a los perros pastores que a las propias personas, e idéntica ración.

…La cabaña de merinas estaba compuesta por lo menos un rebaño, no inferior a 1.000 cabezas, el cual se dividía en dos o tres hatajos de parir (hembras de vientre), otro de borras (corderas primales de reposición) y la carnerada (sementales), mas los mansos (también llamados encencerrados), carneros castrados jóvenes, siempre cornudos, de buena marcha y debidamente adiestrados, usados como guías y auxiliares de la conducción de las distintas piezas enumeradas… (“Razas ovinas españolas”, de los veterinarios Antonio Sánchez Belda y María C. Sánchez Trujillano).

El rebaño estaba a cargo de un pastor con cuatro ayudadores y cinco mastines. Julius Klein en su libro La Mesta…nos cuenta:

los perros eran cuidados con especial esmero, asignándoles la misma cantidad de comida que a los pastores. Todo daño inferido a los perros se multaba con una pena de cinco ovejas en adelante. La posesión de un mastín extraviado era ilegal, sin previa autorización de La Mesta otorgada en sus juntas anuales…

Se protegía a los perros loberos con fuertes multas:

-…si alguno matare can villano de ganado que lobo mate o tuelle a lobo, pague XV mencales… (Fuero de Cuenca, otorgado por Alfonso VIII en 1190).

-…todo aquel que can aldeano matare que lobo matare peche XX mencales…e qui matare otro can que non sagudiere carne a lobo, peche X mencales… (Fuero de Zorita de los Canes, S. XIII)

-Otro tanto se señala en el Fuero de Baeza, otorgado por Fernando III en 1236, sobre un conjunto de disposiciones dictadas anteriormente por Alfonso VII, más tarde ampliado por Alfonso X.

est es Fuero antiguo del precio de los canes…e por can que mata al lobo, treinta sueldos, e el otro tres sueldos… (Fuero Viejo de Castiella, Libro Segundo, Titol V, en 1378, en origen dentro de la colección de Alfonso VIII de 1212).

Con relación a la función de los perros “matalobos” me veo obligado a mencionar el libro: Perros: una nueva interpretación sobre su origen, comportamiento y evolución, del biólogo estadounidense Raymond Coppinger. Aparte de sus teoría sobre el origen y de algunas otras más que no comparto, hace mención varias veces a que los perros realmente no mataban lobos en Europa. Sólo con las cuatro citas anteriores donde ya, desde la Edad Media, se mencionan perros que mataban lobos en la España medieval, más otros testimonios que podría añadir, creo que quedaría bien demostrado. El autor, como ya mencioné es norteamericano y allí no hubo generaciones de ganaderos con necesidad de plantear estas estrategias. Si hubiese investigado en España quizá hubiera cambiado su opinión.

Pero por si esos testimonios medievales le pareciesen dudosos al autor, hay otro testimonio gráfico incontestable: un documental en blanco y negro, sobre el ataque de dos lobos a las ovejas en una granja aislada en la montaña nevada. No se menciona el país ni la época pero calculo años 30-40.  El comentarista del documental creo que habla en ruso y posiblemente se trata de un país del Este. Los lobos atacan y matan un par de ovejas. El pastor llama a sus perros y aparece corriendo un “ovtcharka”, el tremendo Pastor del Caucaso, un moloso de montaña parecido a nuestro mastín, que ataca a los lobos mordiéndolos en el cuello y matándolos en menos de un minuto. El documental acaba con el pastor recorriendo las aldeas de la zona, con los lobos muertos encima de una mula, el perro caminando delante y los agradecidos campesinos recompensando al pastor con comida y especies. Señor Coppinger: los perros SÍ matan lobos. Podéis buscarlo en Youtube: en las páginas vídeos de Pastor del Caucaso, o en “perro vs. lobo”.

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La trashumancia se rige por un calendario natural, que a su vez condiciona los contratos con los pastores: de San Juan a San Juan, 24 de Junio; el arriendo de los pastos: San Marcos, 24 de Mayo; la partida a extremos: San Miguel, 29 de Septiembre; la llegada a extremos: San Lucas, 18 de Octubre; el esquileo: por San Juan, para que a las ovejas no les afecte un frío o lluvias tardías (son muy delicadas, se acatarran con facilidad); las juntas generales y, hasta por condicionar, el nacimiento de los pastores -hijos- en Marzo al ser Junio el mes que más tiempo pasaban los pastores -padres- en casa, cuando el esquileo.

Pese a todo su poder y la influencia que sobre los reyes ejercían los grandes beneficios del comercio de la lana, la historia de la Mesta es un continuo choque por el uso de unos pastos que los habitantes de villas y aldeas consideran suyos, por derecho. En el Siglo XVIII coinciden, curiosamente, el apogeo en cuanto al número de animales trashumantes, que llegaron a cinco millones en 1780, y las críticas más feroces, impulsadas por hombres de la Ilustración, Jovellanos y Campomanes, partidarios del desarrollo de la agricultura y que achacaron a la Mesta y a sus rancias instituciones todas las culpas del atraso de España.

Campomanes en 1782 obliga a redifinir las cañadas y elimina viejos privilegios como el Derecho de Posesión, una especie de monopolio atávico de los pastos arrendados a terceros y de los que éstos no podían desligarse, estaban obligados a continuar mientras la Mesta quisiese hacer uso de ellos. Campomanes también actualiza un censo del ganado y ganaderos para comprobar quién disfruta en realidad d las ventajas mesteñas. Un año después, en 1783, se redacta el Memorial del Expediente de Concordia, entre la Mesta  y los extremeños por el largo pleito en que estuvieron envueltos muchos años, al sentirse estos últimos perjudicados al no poder aprovechar los pastos que la Mesta acapara por el atávico Derecho de Posesión, y que se falla a favor de ellos.

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Hoy, a la luz de la historia, podemos ver que ni asfixió la agricultura, ni abortó la industria pañera de Castilla, ni desertizó el paisaje, argumentos que, en su momento, se esgrimieron en su contra. La economía, motor del mundo, acabó con la Mesta de muerte natural: la cotización de la lana cayó en picado, cesaron las exportaciones y, pese a la protección sobre las merinas, se produjo un goteo en forma de salidas toleradas a diversos países de Europa.

…desde 1715 hasta las guerras napoleónicas, en 1808, fueron saliendo lotes de cuarenta, trescientas, seis, doscientas o mil ovejas a York, Suecia, Dinamarca, Silesia, Austria, Bayreuth, Ucrania, Sajonia, Piamonte, etc... (Charles-Philibert de Lasteyrie, “Historia de la introducción del ganado merino en diferentes partes de Europa”, 1820).

Las merinas se aclimataron bien, y algunos demasiado bien. Las de Sajonia, de un rebaño de 1.000 en 1767, cuarenta años después estaban vendiendo 50.000 arrobas de lana a Inglaterra. En Alemania se fundan “Escuelas de pastores” para enseñarles a manejar a las merinas. La puntilla llegó en 1808 con la invasión napoleónica y la Guerra de la Independencia. El movimiento de ejércitos y el desorden propios de toda guerra, dificultaron enormemente la trashumancia y los grandes rebaños de merinas desaparecieron, o bien comidos, o bien por abigeato.

Los privilegios de la Mesta ya no tenían razón de ser en una castilla mucho más poblada y necesitada de tierras para cultivar. El 31 de Enero de 1836 quedó disuelta por Real Decreto.

Declive de La Mesta y recuperación del mastín

Las cañadas, indefensas y cada vez menos transitadas fueron invadidas, poco a poco, por tierras de labor, cortadas por los cercados o en regiones urbanizadas como la Sierra de Guadarrama, ocupadas por zonas residenciales. Y aunque de vez en cuando surjan intentos románticos de recuperar el uso de las cañadas, la realidad social y económica del país las han vuelto obsoletas para su uso original, que era el de llevar las ovejas caminando desde los pastos de verano a los de invierno.

Hoy se sigue haciendo el viaje a “extremos”, aunque sea a mucha menor escala. Pero lo que suponía un viaje duro e incómodo, sujeto a las inclemencias del tiempo, en lo que se tardaba veinte o treinta días, en cuyo recorrido se perdía, por enfermedad, agotamiento y muerte hasta un 15% del ganado, y donde no era nada raro que los pastores también pudiesen enfermar y fallecer, hoy se hace de forma mucho más rápida y cómoda en tren o en camión, y si no que se lo pregunten a los pastores que son los que lo sufren, y no a los “urbanitas”, nostálgicos de bucólicas tradiciones, que quizá no aguantarían ni un día a pie controlando minuto a minuto los rebaños, bajo el sol y la lluvia.

El fin de la Mesta no significó que el mastín perdiese su utilidad. Desaparecieron muchos puestos de trabajo en aquella “reconversión”, pero frente a los tres millones de ovejas merinas mesteñas quedaron otros quince millones de ovejas más, entre razas locales, estables o de cortos recorridos, que siguieron necesitando de la atenta vigilancia del mastín frente al lobo o los ladrones de dos patas. Tras la desaparición de la Mesta el número de trashumantes bajó a quinientas mil, pero fue aumentando según mejoraba la economía en España. En 1910 ascendieron ya a 1.500.000.

Más importancia tuvo la crisis que supuso el estallido de la Guerra Civil, unido a las penurias de la posguerra lo que, unido a la desaparición de los lobos en muchas regiones, debido a las batidas o al veneno, limitaron su número en muchas zonas, quedando arrinconados en fincas o en sus viejas montañas de la meseta, donde todavía había ganado que cuidar y lobos de los que defenderlo.

La posguerra marcó también una etapa, la de aquellos primeros aficionados que, frente a la llegada cada vez mayor de razas extranjeras por afán innovador, rescataron al mastín del ámbito rural con el objetivo de seleccionar y proteger la raza. En 1946 se redactó el primer estándar y el 4 de Marzo de 1981 se funda la Asociación Nacional del Perro Mastín Español (la del Mastín del Pirineo se había fundado en 1977).

Quizá a partir de ahora nos fijaremos mejor en ellos cuando los encontremos dando un paseo por el campo. Tumbados desde donde puedan vigilar los rebaños, manifiestan esa tranquilidad, esa confianza en sí mismos que sólo tienen los fuertes. Ni saben ni les importa si el pastor al que acompañan es indoeuropeo, celtíbero o de la Mesta. saben que han andado mucho junto a él, y que se sienten con fuerzas para andar mucho más todavía. Pero sobre todo saben que mientras él, el mastín, esté a su lado, no va a permitirle a nadie que le toque un sólo pelo de la lana a “sus” ovejas.

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Una de romanos: Titulcia, la Vía XXIX y Gonzalo Arias

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Durante varios años se “editó” un boletín como el que encabeza esta entrada. Como indica en su encabezado, un tal Gonzalo Arias lo hacía todo: editaba, dirigía, redactaba (él solo, de ahí lo de “redactor-jefe”), administraba y mecanografiaba…a máquina, de las de antes. Además de éso se ocupaba de meterlo en sobres, donde pegaba un sello y lo echaba al buzón para enviarlo a sus, aproximadamente, sesenta suscriptores. La mayoría, simples particulares interesados en esa cosa tan rara como eran las vías romanas (ingenieros de caminos, arqueólogos, funcionarios, jubilados, profesores o simples veterinarios, como yo). Algunas pocas instituciones, y pare usted de contar. Y todo ello, con la inestimable ayuda de su “secretaria” Hilde, para más datos, su mujer.

He escogido al azar este número donde ya se anuncia la “agonía” del Miliario. Gonzalo Arias se sabía enfermo y quería buscar un sucesor o sucesores que se siguiesen encargando de la recopilación de trabajos -gratuitos, por supuesto- de los numerosos colaboradores del proyecto. Tras su fallecimiento, que no tardó en acontecer, un grupo de entusiastas mantuvo la publicación. Esta vez más cuidado, bajo el título de El Nuevo Miliario, en papel satinado y no en vulgares resmas de papel (de estraza, en sus comienzos), pero una vez desaparecido Gonzalo, el “alma mater” (y nunca mejor el latinajo) del Miliario, aquella segunda etapa no duró más de tres años, y el Miliario desapareció, como desapareció su fundador.

El Miliario Extravagante

Ya el nombre del boletín nos podía dar una idea de la mentalidad atípica de Gonzalo Arias. Para aclarar: un “miliario” o “piedra miliar” era un gran mojón de granito, generalmente de forma circular, y de una altura entre 2 y 4 metros, que los romanos colocaban en el borde de sus calzadas, esa red de caminos con las que se comunicaba todo el Imperio, con un intervalo irregular, aunque en las cercanías de las grandes ciudades podía ser un intervalo aproximado de una milla romana, más o menos cada 1480 metros, el equivalente  a mil passus, el paso doble romano…no, no era una canción popular, sino la zancada de pie izquierdo a pie izquierdo (o de derecho a derecho, según se mire). La mayoría de los miliarios llevaba inscripciones donde figuraba tallado en el granito el nombre completo del emperador, la distancia hasta  Roma o la ciudad próxima más importante y el gobernador militar bajo cuyo mandato fuese erigido.

Con la desaparición del Imperio Romano y el descuido de las vías y calzadas, muchos miliarios fueron destruidos, aunque otros muchos se aprovecharon por su solidez para reforzar muros de castillos, de conventos, de iglesias y palacios, de casas o incluso de una simple cuadra. Y al estar fuera de su sitio original, dieron apellido al boletín: “extravagante”: fuera del camino.

Gonzalo Arias…el extravagante

Supe de la existencia de Gonzalo por casualidad, al leer un artículo escrito por él sobre las calzadas romanas en la Sierra de Guadarrama y que apareció en una revista local, Apuntes de la Sierra, que editaba un amigo mío. Aunque no vivía aquí había sido el suegro de otro amigo de San Lorenzo de El Escorial. Al final del artículo hablaba de un libro (por supuesto, autoeditado, como el Miliario Extravagante) que no se vendía en librerías, sino que había que pedírselo a él personalmente. Por supuesto se lo encargué.

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Por su ex-yerno me fui informando acerca de él. Había trabajado de traductor en la UNESCO, en París, hasta 1968. Había fundado El Miliario Extravagante en 1963, pero con anterioridad y como anexo en el Miliario iba sacando unos mapas,  muy trabajados en un total de 56, que abarcaban desde Tartessos hasta la muerte de Alfonso VIII. Adjunto dos de ellos en las correspondientes entradas de la Edad Media en la Sierra de Guadarrama.

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                                             Uno de los mapas de Gonzalo Arias

Influído por las ideas de Ghandi y de Martir Luther King comenzó su vida como activista de la no-violencia. Y cuando digo activista, me refiero a un hombre que no paraba de “tocar las narices” al entonces Régimen de Franco. En 1968 tuvo su debut: recorrió unos cien metros por la calle de Princesa de Madrid portando unos carteles tipo sandwich, como en los que pone “Compro oro”, pero en vez de comprar oro hacía una petición pública de elecciones…¡hacía falta valor, en 1968, con Franco vivo y con una salud de hierro!. Por supuesto fue detenido inmediatamente y acabó en la cárcel. Pero como ni era comunista ni anarquista ni peligroso, le soltaron enseguida.

En 1971 organizó la “Marcha a la Prisión” de Carabanchel, en apoyo a la objeción de conciencia al servicio militar, en unos años en los que los objetores arriesgaban condenas con largos años de cárcel. Por supuesto, el que acabó dentro otra vez fue él.  Contaba que allí dentro, en Carabanchel, tuvo ocasión de conocer a muchos presos políticos (los cuales, por cierto, eran muy respetados dentro de la cárcel por los reclusos comunes), como Marcelino Camacho, Simón Sanchez Montero y otros, que le cogieron gran aprecio. Aunque no fuese comunista o sindicalista como ellos veían en él lo que siempre fue: un buen hombre, con una ética y una honradez a toda prueba, inclusive de cárceles.

En 1976 hizo una marcha desde Ginebra que pretendía llegar hasta Valencia, aunque en la frontera y como era previsible fueron detenidos. Esta vez el motivo era la denuncia pública de las torturas policiales. Estaba de Ministro de Gobernación Arias Navarro, y existía una expresa prohibición gubernamental de hablar sobre el tema. Otra vez a la cárcel.

En 1973 se mudó a La Línea de la Concepción, donde le conocí. Y se mudó allí porque desde el 73 hasta el 82 de vez en cuando cogía un chinchorro en La Línea con el que remaba a Gibraltar, y tras entrevistarse con políticos “llanitos” (nombre popular de los gibraltareños por su forma de hablar, mezcla de inglés y castellano) se volvía andando y saltaba la verja hacia España…donde los guardias civiles al saludo de…¡pero otra vez, Don Gonzalo!…se lo llevaba al calabozo una horas. El caso es que desde el gobierno se contemplaba a Gibraltar como parte de España, con lo que la detención era un contrasentido, “venía” de España, pero algo tenían que hacer los aburridos beneméritos con aquel hombre…

Tras una conversación telefónica aproveché un Puente del Pilar, creo recordar que del año 98, para conocerle. Me costó trabajo encontrar la casa, a las afueras de La Línea, un chalecito entre caseríos y alquerías, al que habían bautizado como Casatuya, porque allí ayudaban con comida, ropa y dinero a muchos necesitados de la zona, y el Campo de Gibraltar es una comarca bastante deprimida. Estuvimos hablando varias horas, me pareció un hombre de lo más interesante y seductor en su conversación. Por supuesto, no sólo me suscribí al Miliario, sino que le compré los ejemplares atrasados, y me dedicó el libro del Repertorio de caminos de la Hispania romana que había llevado conmigo.

Volví a verle por última vez en la Escuela de Ingenieros de Caminos, en la Universidad Complutense. Nos había convocado a los suscriptores, pudimos juntarnos una treintena. El motivo era el de su sucesión. Nos dijo que quería dejarlo por motivos de salud, pero antes nos pidió que nos fuésemos levantando, de uno en uno, y que dijésemos nuestro nombre y por qué estábamos allí. Y uno de los que se levantó dijo: Me llamo Enrique Suja y soy el descubridor de Titulcia… Aquel día nos hicimos amigos.

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                                     Emplazamiento de Titultia según Enrique Suja

Titulcia (o Titultia, en latín) fue un cruce de caminos de los muchos que hubo en la Hispania romana pero, en el caso de Titulcia, su importancia radicaba por estar en un cruce de caminos importantes, y por ser el límite de dos grandes provincias. El problema es que, al igual que los miliarios encontrados con posterioridad solían ser “extravagantes” (ya no estaban en su sitio original), algunas de las ciudades romanas habían desaparecido. Se mencionan en las crónicas pero su localización exacta nos es desconocida. Otras, por el contrario, han continuado existiendo sin desaparecer. De las más conocidas: Mérida está donde se fundó Emerita Augusta; Zaragoza se levanta sobre los restos de Cesar Augusta; León sobre lo que fue el campamento romano de la Legio VII, etc. Pero hay dos emplazamientos romanos ubicados en la provincia de Madrid, desaparecidos en su tiempo y que han dado lugar a muchas especulaciones: Titultia Miaccum.

No hay que confundir el actual pueblo de Titulcia, en la confluencia entre los ríos Tajuña y el Jarama, con la ciudad romana. La confusión viene de cuando, en 1814, el rey Fernando VII cambió su nombre original de Bayona de Tajuña por el de Titulcia al pensar, por unos restos romanos encontrados, que ésta era la Titultia mencionada en los itinerarios romanos. Se ha barajado la posible ubicación de la antigua Titultia en localidades como Móstoles o la “Villa de Materno” en Carranque (provincia de Toledo).

De la otra ciudad “madrileña”, Miaccum, se ha jugado con situarla en la casa de Campo e incluso en la propia Madrid. Las teorías propuestas tanto por Gonzalo Arias como por Enrique Suja es que puede localizarse en la actual Chapinería, cerca de San Martín de Valdeiglesias y coincidente con el trazado de la vía XXIX, la que proveniente de Lusitania terminaba precisamente en Titulcia. Pero, ¿cómo es posible situar con fiabilidad una ciudad desaparecida?. ¿Y por qué tanta confusión en las localizaciones?.

El Itinerario de Antonino

El que los romanos eran gente práctica, está fuera de toda duda. Para mantener el Imperio, para asegurar el suministro de sus ciudadanos y para sostener a sus legiones existía en Roma una oficina estatal centralizada, algo así como un Ministerio de Hacienda. Organismo que estableció varios impuestos, de los que el más conocido era el de la annona: un impuesto en especies, constituído por vino, aceite y principalmente trigo. Los campesinos (y el Imperio era una sociedad de base agrícola) estaban obligados a entregar cada año una cuota fija de trigo. Y los encargados de recaudarlo, almacenarlo y conducirlo a su destino, eran las legiones romanas, aprovechando para moverse de un punto a otro del Imperio su red de calzadas.

El que los ingenieros romanos eran gente muy preparada también está fuera de toda duda. Algunos acueductos y  puentes siguen ahí, resistiendo el paso del tiempo, como el acueducto de Segovia (en uso hasta hace escasos años) o el puente de Alcántara. Las calzadas romanas son otra prueba de su capacidad, diseñadas en varias capas (drenaje, refuerzo, laterales, rodadas) para caminos normales pero también para atravesar zonas pantanosas, para sortear montañas y para facilitar las comunicaciones, y con una anchura que permitía pasar dos carros. Pero aunque algunas antiguas calzadas, por su ubicación y utilidad, siguieron siendo usadas y sujetas a reformas con posterioridad para su mantenimiento, muchas de ellas quedaron en desuso y sus elementos (grandes losas, los propios miliarios) sirvieron de canteras para diferentes usos, lo que unido al paso del tiempo, las hicieron desaparecer, del todo o en parte. Encontrarlas, reconocerlas e identificarlas ya es tarea de expertos: arqueólogos e historiadores. Pero, ¿cómo saber de qué calzadas estábamos hablando?.

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Una de las grandes pistas para su identificación es lo que se conoce como El itinerario de Antonino. Se trata de una recopilación de todos los caminos del Imperio elaborado por orden del emperador Antonino Augusto Caracalla, que gobernó entre los años 211 y 217 d.C., aunque la copia más antigua conocida se elaboró un siglo más tarde, bajo el mandato de Diocleciano. Con posterioridad se elaboraron varias copias, con diversas inexactitudes, como el llamado Anónimo de Ravena… que no Rávena, como se suele decir equivocadamente en español, esdrújula que sacaba de sus casillas a Gonzalo…

Otra pista arqueológica se conoce como los Vasos de Vicarello: cuatro vasos de plata con forma de miliario hallados en las termas de Vicarello, cerca de Roma. Se cree que fueron exvotos llevados por un gaditano (hispanorromano) y en cuyos laterales están grabados los nombres y las distancias entre las estaciones que llevaban desde Gades hasta Roma.

Contra lo que se suele, o solía creer, El itinerario de Antonino no era un simple mapa de carreteras, al estilo de los de Campsa que llevamos en el coche, no estaba pensado para los simples viajeros que deseaban recorrer el Imperio (aunque les podría valer), sino que estaba enfocado a los recaudadores de la annona. De hecho, no era un mapa en dos dimensiones, sino que eran unos listados de puntos concretos y sus respectivas distancias. A tal fin, en el Itinerario se detallan ciudades, pero también mansio o almacenes, y la distancia en millas entre un punto y otro.

Inexactitudes en el Itinerario de Antonino

Y aquí surgen las dudas: las distancias no siempre coinciden. La milla romana (recordemos: milia passuum, mil “pasos dobles”) equivalía a 1.480 metros…pero no siempre era así. En los Vasos de Vicarello las millas, por la causa que fuere, son de 1.841 metros. Y si, como a veces sucedía, se consideraba la “milla olímpica” (por la ciudad griega de Olympos, la de los juegos), entonces daba una longitud de 1.609,72 metros por milla. Aunque ése no fue el principal problema.

Trazando en un mapa las ciudades conocidas y sumando las distancias que las separan, se supone que sería fácil ubicar las poblaciones hoy desaparecidas: bastaría con ir intercalándolas según sus distancias, pero las cuentas no salían. En algunos casos sí coincidían. En otras, por contrario, daban distancias mayores a lo que sería en línea recta. Se achacó en algunos casos a la diferencia en la medida de las millas utilizadas, caso de haber utilizado varias. En otros, a los posibles errores de los sucesivos copistas, que pudieron haber confundido las distancias originalmente citadas.

La “teoría de los acusativos”

Hoy ya nadie, salvo los filólogos, latinistas y algunos ratones de biblioteca, domina el latín. A mí aún me tocó, en mi lejana infancia, estudiar aquellas letanías del rosa, rosae, rosa… Aunque hablemos castellano, lengua romance y por tanto heredera directa del latín, hemos sintetizado muchísimo la compleja gramática latina con la que nos “torturaron” en nuestra niñez. No me voy a extender porque de aquello no se me quedó nada (mi cabeza no dio para tanto) pero por lo que nos atañe para aclarar el lío de las calzadas, sólo comentar que el latín utilizaba seis “casos gramaticales” con los que entre ellos se aclaraban perfectamente para comunicarse. Los casos eran: nominativo, vocativo, acusativo, genitivo, dativo y ablativo. Y según la terminación de las palabras, los romanos ya sabían a qué correspondía cada caso.

No me quisiera poner pesado. Como ejemplo, en español nos manejamos con las preposiciones. Si decimos: “el perro de Juanito”…no modificamos la palabra “perro”, porque con el “de” ya estamos indicando que ese perro pertenece a alguien (en este caso, a Juanito). Si decimos “trae comida para el perro” tampoco modificamos la palabra “perro”, con el “para” ya estamos indicando una acción…¿me voy explicando?.

La gran idea de Gonzalo Arias fue la de proponer la “teoría de los acusativos”, no por acusar a nadie, sino por el caso gramatical latino. Otro ejemplo: si el nominativo de Titultia, el mencionar a la ciudad, es así: Titultia, en los Itinerarios aparecería en acusativo, como Titultiam, acabado en “am”. Y esa terminación lo que indicaría sería “hacia Titultia“…desde un cruce de caminos, en este caso. Titulcia no estaría “en” el mismo camino, sino “hacia un lado”, y a una distancia que, sumada a la de las dos localidades opuestas, ya sí coincidiría con la que se adjudicaba en el Itinerario. Por supuesto la “teoría de los acusativos” fue discutidísima nada más plantearse, aunque por la fuerza de su lógica y al resolver esas distancias “imposibles” ya ha sido -casi- generalmente aceptada entre los expertos.

El fácil recurso de echar la culpa de una letra más o una letra menos a los humildes copistas estaba un poco fuera de sitio. Eran monjes cuyo trabajo estaba dedicado, casi en exclusividad, por su habilidad o por su inteligencia, a copiar los textos a mano, no “se les iban los dedos” en un teclado, como se me van a menudo a mi en el ordenador, o los frecuentes errores en los mensajes del móvil. Y al igual que el valor se le supone al soldado, debemos atribuirles un rigor, una seriedad y una meticulosidad en su lento trabajo que no daba lugar a tales distracciones…además de que ellos si que hablaban latín, y conocían y daban la importancia que tenían a los casos y a las terminaciones.

Muchas veces las localidades mencionadas en el Itinerario están apartadas del camino. Una ciudad, por lo general, sí que era meta o partida del camino. Pero esas localidades apartadas eran muy pequeños poblamientos, las llamadas mansio, en realidad no “mansiones” sino almacenes en los que se iba guardando el trigo recaudado por la annona, aunque a su alrededor se generaran poblaciones de cierta envergadura. Titulcia fue uno de estos casos.

Volvemos a Titulcia y a su localización con Enrique Suja

Conocí los restos de Titulcia en el primer paseo ex-profeso que di con Enrique Suja. Por supuesto, esa localización también ha sido discutidísima por los expertos. Pero la teoría de Enrique se fundamenta en que se halla en una encrucijada de tres grandes vías romanas, las que se han denominado como la XXIX (la denominada ad Lusitania), procedente de Mérida; la XXIII, que se dirige al norte, cruzando la Sierra de Guadarrama, y la XXV, en dirección a Complutum (Alcalá de Henares). Estas eran una parte de las grandes vías o calzadas, las rutas principales del Imperio, obviamente no iguales a las actuales autovías aunque con un uso similar, intercomunicadas entre si gracias a caminos menores como hoy las carreteras comarcales comunican entre sí a las autovías.

Como aclaración, lo de numerar las vías romanas es invento moderno. Lo de ponerlo en números romanos fue porque quedaba más propio. Los romanos les ponían nombre: Via Appia, Via Domitia, Via Lusitanica… lo que tenía su lógica, aunque hoy y por un tema administrativo lo hacemos al revés: lo que antes era la Carretera de La Coruña hoy es la A-6 (antes, Nacional o N-6). Aunque entre nosotros creo que nos aclaramos mejor (yo al menos) si nos dicen, en vez de “tienes que tirar por la A-2”, cuando nos dicen: “tienes que tirar por la de Barcelona”…

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                        Mapa de las principales calzadas romanas de Hispania

En el dibujo hecho por Enrique Suja de Titulcia y alrededores que inserté al comienzo de esta entrada se ven los trazados de las calzadas XXIX, XXIII y XXV, y sus conexiones intermedias. La XXIX acaba ahí, como tal, y su denominación Per Lusitania  lo que nos indica es que su recorrido, al sur de Gredos y paralela al río Tietar en su mayor parte (Gonzalo Arias propuso denominarla “por el valle del Tietar”), transcurría por la provincia romana de la Lusitania, provincia que acababa justo ahí. En esta zona del oeste de la Comunidad de Madrid confluían, supuestamente, varias de las provincias: la Lusitania y Tarraconensis, más tarde desdoblada en Tarraconensis y Cartaginensis, aunque los límites no eran precisos.

Pero un dato que llamó mucho la atención a Gonzalo Arias fue el que, entre los términos municipales de Santa María de la Alameda (Madrid), Peguerinos (Ávila) y Las Navas del Marqués (Ávila) la localización, precisamente, de un monte denominado Cerro Cartagena en mapas antiguos. Aníbal, desde su ciudad de Cartago Nova y con anterioridad al dominio de Hispania por parte del Imperio Romano, estableció o aprovechó un camino anterior que desde allí se dirigía hasta Galicia para el intercambio de dos elementos muy valiosos en la época: por una parte el estaño gallego, del que no había minas en el Mediterráneo, necesario para la fabricación del bronce al fundirlo con el cobre, y por otra parte el esparto del Ager Spartarium, los “Campos del esparto”, al sudeste de España, necesario para la manufactura de cordelería para la navegación a vela, aparte de otros usos (prensas para el vino y el aceite, alpargatas, etc.). El “descubrimiento” del Cerro Cartagena como si marcara el final de la provincia romana del mismo nombre, al menos apoyó sus teorías.

Una propuesta para considerar el origen del nombre de Titulcia es precisamente que provenga de Titulus Ulterior: “la ciudad del límite”…del límite con la Hispania Ulterior, por la primitiva denominación romana de la península debida a la división en dos grandes provincias, la Ulterior y la Citerior. A grosso modo, la parte Este, la primeramente conquistada (Citerior), y la parte Oeste, aún semidominada o por dominar (Ulterior). Más tarde y con la península sometida bajo el Imperio, se establecerían otras divisiones administrativas. Titulcia, pues e inicialmente, estaba en la “frontera”.

La Titulcia de Enrique está situada junto al río Aulencia, cerca de su confluencia con el río Guadarrama, entre las localidades de Valdemorillo y Villanueva de la Cañada. En una llanura aluvial, actualmente ocupada por algunos chalets ilegales y junto a una gravera que, día a día (no sé qué quedará de ella), va sacando arena con destino a la construcción. Me enseñó restos de calzada, de clara traza romana, algún solado, numerosos restos de ladrillo y tejas romanas y, en los cortados de 2 ó 3 metros de altura donde las excavadoras han ido sacando arena, secciones de cistas: antiguos silos para grano usados con posterioridad como pozos ciegos donde se tiraban basuras y en cuyos fondos se podían ver más restos cerámicos.

Enrique lleva más de treinta años recorriendo los contornos, haciendo fotografías y descubriendo restos de todo tipo, desde el Neolítico hasta los visigodos, lo que va reflejando en sus escritos, escritos originalmente a máquina (al igual que Gonzalo Arias) y que le animo, si no a publicar, al menos salvaguardar en el ordenador. Mantiene una relación de amor-odio con Patrimonio Nacional a los que ha avisado en bastantes ocasiones de sus descubrimientos pero, o bien por falta de presupuesto para acometer una excavación en serio o bien porque Enrique no es arqueólogo titulado, no le han solido hacer mucho caso.

Pero sí puedo contar que en uno de nuestros paseos para enseñarme unos restos de alcantarillado romano le acompañé a las afueras de Quijorna. Que, por cierto, y según Enrique, el nombre vendría de Quixerona: “donde se recoge la annona“. En un campo allí al lado de las alcantarillas paseamos por una parcela de una superficie como dos campos de tenis, aproximadamente. Estaba recién roturado. Estuvimos un par de horas pisando los terrones, donde fuimos descubriendo numerosos trozos de terra sigillata.. Como aclaración, la terra sigillata (de “tierra o cerámica sellada”, por el sello con el que el autor firmaba su obra) era la cerámica de lujo de los romanos: fina, patinada, decorada…cuando un arqueólogo descubre un fragmento de sigillata da saltos de alegría… Aquella tarde pudimos ver numerosos fragmentos de los bordes, fondos de las piezas (con su sello), trozos a veces muy pequeños, a veces vasijas rotas… Enrique opina que “alguien” rico debió vivir allí para acumular tal cantidad de cerámica “de la buena”…

Enrique localiza vías

Las calzadas romanas están en su mayoría destruidas, o han acabado sepultadas bajo caminos posteriores o, en una zona con tantas urbanizaciones como la comarca de la Sierra de Guadarrama no es raro que hayan acabado ocultas bajo los chalets adosados… La vía XXIII (la que se dirige al norte) está para lo que cabe bien conservada y empedrada en su mayor parte. Hace tiempo localizó en las inmediaciones de Villanueva del Pardillo lo que parecía ser un lagar romano donde estaba a punto de construirse una urbanización, y avisó a Patrimonio Nacional. Acudió un arqueólogo que excavó y redactó una memoria…pero cuando acabó, las obras continuaron y actualmente el lagar “descansa” bajo los chalets.

Pero si tienes ojo experto y eres hábil, y Enrique lo es, puedes localizar por el campo evidencias de su existencia. Sobre todo si ya calculas distancias sobre el plano, aproximadamente y por el trazado de restos anteriores por donde “deben” estar. Es una tarea detectivesca, consultando mapas detallados de la zona o con la ayuda inestimable de Google Earth, pero unido a la tarea de campo y con paciencia, con mucha paciencia, da sus frutos.

Enrique ha ido descubriendo poco a poco muchos pequeños tramos, o deduciéndolo por la localización de antiguas villas romanas, o de antiguas fuentes, o utilizando otra fuente de información como son los topónimos o preguntando, como se suele decir, a los viejos del lugar. De esa forma Enrique Suja ha ido reconstruyendo, mitad por pruebas sólidas, mitad por pura deducción, los trazados de las antiguas calzadas. En un mundo como es el de la arqueología, y en un mundo como es éste, con muy pocos restos físicos y la mayoría bastante discutibles, y al igual que le pasó a Gonzalo Arias en vida, la polémica ha estado presente desde sus comienzos aunque, como Enrique me dijo la última vez que le vi, ya pocos expertos se atreven a discutir la evidencia  del trazado de las tres vías y de su confluencia: Titulcia.