“Flehmen”: una palabra muy rara. El mundo de las emociones en los gatos

Aunque la palabra pueda sonar algo extraña, por su origen alemán, el flehmen es un gesto muy común en los gatos, vinculado con su percepción de las hembras en celo a través de su Órgano Vomero-Nasal que, por cierto, también poseemos los humanos.

Como introducción comenzaremos con un poquito (sólo un poquito) de historia: hablaremos del Órgano Vomero-Nasal (OVM). En 1813 el médico danés Ludvig Jacobson dio su nombre a una estructura sensorial en los animales, aunque cien años antes, en 1703, el zoólogo holandés Frederik Ruysch describió en el ser humano el OVM, un “pseudoolfato” (permitidme que le llame así) capaz de detectar partículas “pesadas”, no volátiles, de naturaleza proteica, a través de unos orificios situados tras los incisivos superiores.

La diferencia es que, mientras el olfato conecta con la corteza olfatoria del cerebro y es un sentido consciente (percibimos inmediatamente si es agradable o desagradable), lo que olemos o, más bien, aspiramos a través del OVM lo procesamos de forma inconsciente. Conecta con dos estructuras cerebrales: el hipotálamo y la amígdala, que rigen emociones, el miedo o la sexualidad, y no nos damos cuenta.

En algunos animales como las serpientes, con ese gesto tan típico de sacar y meter la lengua constantemente, lo que están haciendo es “paladear” el aire. Con el extremo bífido introducen en los orificios de entrada del OVM micropartículas, lo que les ayuda a detectar a sus presas. En los mamíferos es algo más complejo. El OVM detecta feromonas (las mal llamadas hormonas sociales) y directamente a través del hipotálamo y la amígdala genera emociones, aunque no seamos conscientes de ello.

Paul Leyhausen, pionero del comportamiento felino.

Nacido en Bonn, el 10 de Noviembre de 1916, Leyhausen dedicó casi toda su vida como zoólogo al estudio del comportamiento de los felinos salvajes y domésticos. Ya en 1941 era asistente y estrecho colaborador del que sería Premio Nobel de Medicina en en 1973, el austríaco Konrad Lorenz, llamado el padre de la etología (la conducta animal) por sus descubrimientos y que, por cierto y aunque no se suele mencionar, fue uno de los primeros simpatizantes del Partido Nacional Socialista de Adolfo Hitler.

Konrad Lorenz describió el fenómeno del imprinting o, lo que es igual, la fijación o asimilación de las crías a sus progenitores, más o menos rápido según las especies: más lento en las altriciales (aquellas que, como nosotros, nacen totalmente desprotegidas) o más rápido en las precociales (aquellas que nacen con capacidad de moverse e incluso de alimentarse nada más nacer). Lorenz hizo sus experimentos con polluelos de oca, una especie precocial. Lo normal es que un patito siga a su madre aprendiendo a ser pato, porque es lo primero que ven moverse nada más salir del huevo. Pero son famosas las imágenes de pequeñas ocas siguiendo a Lorenz, o nadando tras él en el Danubio, aunque igualmente pueden seguir a un perro, una vaca o incluso a un tractor, si éso fue lo primero que ven nada más romper el cascarón.

Pues bien: fue Leyhausen el primero en mencionar la palabra flehmen en sus publicaciones en alemán, aunque su libro Comportamiento Felino: la Conducta Social y Predadora de los Gatos Domésticos y Salvajes fue traducido y publicado con gran éxito en inglés por primera vez el 1 de Septiembre de 1978.

Flehmen: una palabra que no existía

Como soy así, un tanto cartesiano (o escéptico metódico, si lo preferís) y me gusta comprobarlo todo por mi mismo, la primera vez que leí la palabra flehmen acudí a mi diccionario de alemán para ver el significado exacto en castellano y, para mi sorpresa, no la encontré. En cuanto pude le pregunté al padre (alemán) de un amigo (también alemán) a ver si la conocía… El hombre se quedó dudando y me dijo que no, que no le sonaba de nada. Pero al explicarle de qué se trataba (ahora os lo cuento, por favor, no os impacientéis) dijo: ¡aaaah, te refieres a flännen!… Me lo explicó: era una palabra ya un poco en desuso. Me fui corriendo al diccionario de alemán y esta vez sí, ahí estaba. Flännen: gesto que hacen los niños al lloriquear, algo así como lo que nosotros llamamos hacer pucheros.

Admito sugerencias y correcciones. Mientras tanto mi única explicación es que, posiblemente, el traductor alemán-inglés del libro de Leyhausen al encontrar esa palabra un tanto rara la transcribió mal y como la conocemos: flehmen, que es la que hoy día utilizan todos los etólogos y que ya no vamos a cambiar.

Flehmen: un gesto que sí existe.

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Pues allá vamos: el flehmen (dejémoslo así, no vale la pena discutir) es el gesto que hacen no sólo todos los felinos, sino también los caballos y los ciervos, entre otros, cuando detectan el olor de las hembras en celo. Algunos le llaman la mueca. Yo le llamo la cara de tonto, y consiste en levantar ligeramente la cabeza, con los ojos entrecerrados, la boca entreabierta, el labio superior retraído y lentos movimientos de la lengua, como si bebiesen. Es una cara, efectivamente, que recuerda a los niños lloriqueando, pero lo que están haciendo es captar las feromonas y, con la ayuda de la lengua, pasar esas partículas hacia el cielo de la boca, hacia el Órgano Vomero-Nasal, también conocido como Órgano de Jacobson (en honor de aquel danés que mencioné al principio).

Los caballistas conocen muy bien la mueca, y cuando ven a sus potros enseñando los dientes aconsejan desmontar y atarles a un poste bien fuerte, porque ante el olor de las yeguas en celo pueden ponerse muy nerviosos. Recuerdo a mi gato Simba, un precioso Bosque de Noruega y, aunque estaba castrado, se subía a la mesa del quirófano a olfatear con detenimiento a aquellas gatas, ya anestesiadas y que iban a ser esterilizadas… Yo le dejaba porque me hacía gracia ver la cara de tonto que ponía, el pobre. Y hablando con algún cliente del tema más de uno me comentó que sus gatos hacían el flehmen cuando olían…¡huevos de gallina!… Supongo que detectaban los olores que habían quedado en la cáscara al pasar por la cloaca.

El Órgano Vomero-Nasal en los seres humanos y la Talidomida.

Aunque no seamos conscientes de ello, poseemos un OVM como todo bicho que se precie, aunque en nuestro caso sólo uno de los lados es funcional. Los fabricantes de perfumes conocen bien los estímulos y añaden esencias, almizcles y demás sustancias que, además de la sensación placentera del buen olor, mueven en nuestro interior otras sensaciones, es el truco de esos perfumes que seducen. Los anuncian además como perfumes con feromonas, irresistibles para el sexo opuesto…

Al parecer el OVM es el responsable en muchas mujeres embarazadas de esas desagradables nauseas, sobre todo al comienzo de la gestación. En los años 60 se utilizó un medicamento, la Talidomida de nefasto recuerdo porque, efectivamente, bloqueaba el OVM evitando la molesta sensación de las nauseas matutinas, pero más tarde se descubrió su efecto teratogénico: miles de niños nacieron con defectos en las extremidades, lo que se conoce médicamente como focomelia o atrofia de brazos y piernas. España fue uno de los últimos países en prohibir su uso, en 1963, pero el daño ya estaba hecho. Los afectados y sus familias siguen pleiteando con el laboratorio alemán Grünenthal, el distribuidor de la Talidomida que, hasta ahora, se niega a indemnizar.

 

 

 

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