El lobo: pesadilla de pastores. La Bestia de Gévaudan.

Esta entrada del blog en realidad es un capítulo que, a su vez, forma parte de un trabajo aún pendiente de publicación sobre el mastín: El mastín español. Historia de un compañero, que presenté a un certamen convocado por la Real Sociedad Canina en 1998, y en la que tuve el honor de ganar el segundo premio, en su categoría de razas españolas.

 

Para un predador especializado en un tipo de presas, como es el caso del conejo para el lince o el águila imperial, las alteraciones del medio son dramáticas. Cuando la densidad poblacional del conejo en el medio ambiente disminuye en exceso, sobre todo debido a epidemias como la mixomatosis o la enteritis vírica hemorrágica, las poblaciones de águilas y de linces se ven seriamente afectadas. Pueden cazar otras presas, y lo hacen, pero acusan siempre la escasez de su presa “tipo”.

El lobo, por contra, es el depredador social más versátil, después del hombre y muy adaptable además a cambios de clima, vegetación y fauna. Sus fósiles aparecen en prácticamente todas las cuevas y yacimientos arqueológicos con regularidad, tanto en las fases glaciares (las dos últimas del Riss y la muy dura del Würm) como las interglaciares más templadas, sin mostrar las variaciones que otras especies más especializadas acusan, como el rinoceronte lanudo, mamut y el león de las cavernas.

Se reconocen hoy 32 subespecies de lobo, del Canis lupus, distribuidos por todo el hemisferio norte, repartidos en cuatro grupos: lobos blancos, grises, pardos y rojos, de norte a sur. Y como corresponde a la adaptación al frío, de mayor a menor tamaño, respectivamente.

lobos y rodriguez de la fuente

Félix Rodríguez de la Fuente con sus lobos troquelados. Obsérvese la mancha oscura en las patas delanteras, típica de la subespecie española: el Canis lupus signatus

En España la subespecie presente en tiempos en toda la península aunque ahora mucho más restringida, es el Canis lupus signatus, por una mancha oscura visible en la parte delantera de su carpo. El peso medio de los machos españoles es de 50 kg. En Centroeuropa no es raro que alcancen los 75 kg, pero el récord lo ostenta un lobo cazado en los Cárpatos que alcanzó los 92 kg. de peso. Los lobos rojos, habitantes de zonas más cálidas (Arabia, La India, Norte de Africa), son los más pequeños, como suele acontecer con casi todas las especies y como ya observaron los clásicos:

los lobos en Egipto apenas son más grandes que zorros... (Heródoto, “Historiae”, Lib. II, Logo 5. S.V. a.C.).

lobos, perros, zorros y liebres son más pequeños en Egipto que en Grecia... (Aristóteles, Historia Natural, lib. VIII, 28)

La alimentación del lobo. El índice de apetencia.

El lobo tiene un espectro alimentario muy grande: de cazador de grandes ungulados a pequeños roedores o carroñero, pero siempre guiado por el índice de apetencia: obtención de la mayor cantidad de biomasa, de “carne”, para que se me entienda, con el menor gasto de energía. Y cuando sus presas naturales escasean o aún habiéndolas se presenta la tentación en forma de ganado, el lobo entra en conflicto con el hombre convirtiéndose entonces en pesadilla de pastores. …Criatura abominable y sanguinaria…, le llama la Biblia, escrita por un pueblo de nómadas y criadores de ovejas al fin y al cabo.

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                                            Figura íbera de lobo devorando a una oveja

Es aquí donde el lobo aparece en escena, como segundo protagonista en nuestro “triángulo”: oveja-mastín-lobo, y es ahora cuando va a hacer falta un arma en forma de perro. Grande, fuerte y valiente, capaz de enfrentarse a un enemigo a su vez tan fuerte, valiente y peligroso y además desesperado por el hambre: el lobo.

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             La eterna preocupación. Representaciones de lobos en la cerámica ibera

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            Protección de lanza de carro celtíbera con cabeza de lobo

Según los estudios de campo reflejados en el libro El lobo Ibérico, Biología y Mitología de Ramón Grande de Brío, la dieta del lobo en la Península Ibérica oscila según las zonas: desde un 100% de ungulados salvajes en Sierra Morena, a cerca de un 90% de ganado doméstico en Portugal, debido en este último caso a la elevada densidad de población humana y reducido número de especies salvajes. Entre los ungulados salvajes, el corzo llega en algunas zonas a constituir el 90% de su dieta.

Y volvemos a recordar lo del índice de apetencia: más carne con el menor esfuerzo. Un ciervo pesa dos o tres veces más que un corzo, pero es más “trabajoso” de cazar. Del muflón, antepasado salvaje de la oveja, hay restos fósiles en España, pero desapareció de nuestra fauna, y Félix  Rodriguez de la Fuente opinaba que el lobo influyó en su extinción viendo como en zonas donde se reintrodujo como pieza de caza, los lobos lo escogen como presa frente a otras especies.

En los años 70, se introdujeron un centenar de gamos para repoblar la Sierra de Sanabria y los lobos de la zona acabaron con ellos en pocos meses…posiblemente venían de alguna finca de cría donde adquieren pocos reflejos. Corzos, muflores, gamos…animales sin apenas defensas y que oscilan entre los 30 y los 70 kg. de peso, presas ideales para un carnívoro de 50 kg.

Algo similar sucede con el ganado doméstico. El lobo es muy capaz de atacar a los caballos y vacas que viven sueltos todo el año en las montañas del norte. Una manada de lobos podrá hacerse con un caballo o una vaca aislados, entorpecidos por la nieve pero, cuando se trata de un rebaño, éstos se defienden formando una rueda con las crías dentro y un círculo de cuernos o de patas coceando, capaces de disuadir al lobo más curtido.

Las ovejas son otra cosa: peso ideal (50-60 kg), no cocean, no cornean y si están en un redil ni siquiera podrán correr. La oveja, tercera protagonista de esta historia estaría totalmente desvalida si no fuera por el perro, pero para enfrentarse al lobo no vale cualquiera.

lobo juan de arphe 1585

Grabado de lobo en De varia commesuración para la Esculptura y Architectura de Juan de Arfe y Villafañe, orfebre y grabador, 1585

Los perros como alimento del lobo

Resulta que los perros también entran en la dieta del lobo en una proporción, según los estudios de Grande del Brío y analizando sus heces, superior al 10%, llegando a ser el 25% de su alimentación en ciertas épocas y zonas. Los lobos no dudan en hacerse con perros pastores (los “careas”) o perros sueltos que siempre vagabundean a las afueras de los pueblos. Y por observaciones de campo o por documentos grabados, mientras que los careas aún intentarán defender a sus ovejas, los callejeros huyen despavoridos en cuanto se “huelen” que hay lobos cerca. Y aquí interviene otra vez, el índice de apetencia: un perro de menos de 45 kg (tamaño de un pastor alemán grande) no es enemigo para un lobo, mientras que un mastín mediano, por encima de los 50-55 kg, ya es capaz de hacerle frente.

 …que en el mencionado pueblo los animales dañinos, sobre todo lobos, están haciendo grandes estragos en la ganadería mayor y menor, habiéndose llegado a ver hasta veinte lobos juntos; también hace ver que éstos han exterminado casi por completo los perros del ganado… (Ordenanzas de Corporales, en la Cabrera Alta de León. 1602)

La lucha contra el lobo

Es fácil entender la obsesión que para los pastores significó defenderse contra los ataques de los lobos, y la huella que ha dejado en el subconsciente colectivo en forma de tantos mitos y fobias, desde el cuento de Caperucita a la tradición del hombre-lobo, presente en toda Europa. El lobo podrá tal vez ser erradicado en su ambiente natural por el hombre, pero a éste le resultará mucho más difícil desterrarlo del mundo de la imaginación (R. Grande del Brío, obra citada).

La lucha contra el lobo ha utilizado todos los recursos posibles, pero hasta la aparición de las armas de fuego o sobre todo, el uso devastador de la estricnina, principal causa del declive del lobo en este siglo, fue una lucha a la desesperada. En el Pirineo catalán, hasta comienzos de este siglo, era costumbre entre los pastores el rezo en común del parenostre del llop, invocando la protección divina contra el lobo. Incluso una enfermedad muy contagiosa entre las ovejas era conocida como el llop volant.

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Lobos cazados en Santander (1956) y en Abiac, Francia, 1954

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                                               Cacería de lobos en los Abruzzos, Italia. 1900

En un plano más material, la lucha contra el lobo se realiza en forma de batidas, monterías, recompensas y trampas de lobos. Las monterías se organizaban con regularidad. Así, el Concejo de Valdeón, en la provincia de León y zona lobera en la actualidad, tenían ordenanzas de montería, con juntas anuales para reparar los chorcos y decretar las fechas de montería. Se convocaba a los vecinos en un punto predeterminado a toque de campana, un rapidísimo repiqueteo, y estaban obligados a asistir, so pena de multa, todos los vecinos varones mayores de 16 años y menores de 65. Se permitía portar armas pero sólo podía ir a caballo el Montero Mayor. La fecha de las batidas solía ser en Mayo, mes en que han desaparecido las nieves y en que los lobos están recién paridos, ideal para capturar las camadas.

...Ytem hordenamos y mandamos que todo el mes de maio aia de ir el concejo tres días a lobos... (Ordenanzas de La Cuesta, Cabrera Alta de León. S.XVIII).

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         Vista parcial del exterior del cortello de lobos, en Lubián, Zamora

Los chorcos u hoyas, así como los fojos, cortellos, callejos y cousos eran trampas para atrapar los lobos, frecuentes en León, Galicia y Asturias… regiones muy castigadas por los lobos. Hechas en piedra, consistían en largos paredones que acababan conduciendo a una trampa o foso, de donde el lobo ya no podía salir. En los Ancares leoneses era costumbre enfrentar mastines a los lobos atrapados en el cortello, siendo motivo de diversión popular y cruzándose apuestas.

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Trampa para lobos cerca de Cares. Interior, final del corredor en embudo que conduce al pozo. En medio, escondites para los paisanos y evitar que el lobo retrocediera.

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 Trampa para lobos cerca de Cares. Boca del pozo donde acababan cayendo los lobos. 

Muy grave debía ser el problema para que en Francia, en el año 813, el Emperador Carlomagno creara el cuerpo de los lupardii (loberos) y uno de sus sucesores, Enrique III, en 1583, institucionaliza dentro del propio ejército el Corp de Louvetérie. Las monterías daban sus frutos; a guisa de ejemplo, en la zona de La Guardia, en Alava, desde 1570 a 1700 se capturan un total de 320 lobos adultos y 370 camadas. Resulta paradójico que hasta el año 1617, y por presiones obvias de la poderosa Mesta de pastores de Castilla, Felipe III no autorice a los pastores el uso de las armas de fuego. Hasta entonces la única defensa del ganado eran los mastines, los “perros loberos” y como tal, se los protege:

…si alguno matare can villano de ganado que lobo mate o tuelle a lobo, pague XV mencales... (Fuero de Cuenca, otorgado por Alfonso VIII en el año 1190)

…Tod aquel que can aldeano matare que lobo matare peche XX mencales… Et qui matare otro can, que non sagudiere carne a lobo, peche X mencales…(Fuero de Zorita de los Canes, S.XIII)

– Otro tanto se señala en el Fuero de Baeza (Jaen), otorgado por Fernando III en 1236, sobre un conjunto de disposiciones dictadas anteriormente por Alfonso VII, más tarde ampliado por Alfonso X.

– En el Fuero Viejo de Castilla ( en origen dentro de la colección de Alfonso VIII de 1212), se dispone la pena de 30 sueldos para todo aquel … que mate can que mate lobo...

Los mastines son grandes, fuertes y valientes, y se enfrentan a los lobos. Pero para proteger a los mastines de las dentelladas en el cuello propinadas por los lobos durante sus peleas, se les protege con carlancas: collares de hierro con grandes púas al exterior. Los pastores podrían decir que si el mastín no existiese habría que inventarlo…y éso es precisamente lo que hicieron sus antepasados.

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En Francia también

Si en España los lobos fueron siempre una pesadilla para los pastores, posiblemente en Francia y hasta tiempos recientes, la situación pudo ser aún peor. Con grandes zonas semimontañosas, muy boscosas y escasamente pobladas, los lobos -más robustos que los españoles- eran abundantes y camparon por sus respetos. Sólo como ejemplo: en 1437  los lobos devoraron catorce personas entre Montmartre y la Puerta de San Antonio, en lo que eran los alrededores de París.

Ya he comentado más arriba la institución desde el reinado de Carlomagno, en el Siglo IX, del cuerpo de lupardii, que evolucionó pocos siglos más tarde al Corp de Louvetérie. Los tratados dedicados a la caza del lobo son numerosos:

– Jean de Clamargan, bajo el reinado de Carlos IX escribe su La chasse du loup en 1576.

-Monsieur de Andrezzi, en el año 1600 y bajo el reinado de Enrique IV, escribe su tratado sobre la cría y selección de perros loberos, y cuenta que con sus perros cazó un gran ejemplar de …esta especie de lobos negros que se come a los niños y a las mujeres gordas…

-En 1699 un miembro de la nobleza de la dinastía de Lorraine mató en un invierno 315 lobos en un radio de 12 kilómetros, en los alrededores de Nancy.

-Jean Emmanuel Hector Le Couteulx de Canteleu escribió varios tratados del arte venatorio, sobre la caza del jabalí o del ciervo. En su tratado La caza del lobo en 1861, explica además la selección y cría de perros necesarios para estar tarea. Este libro, por cierto, fue de los primeros en estar ilustrado con fotografías. Ocho, en concreto, por la antigua técnica sobre papel albúmina, descubierta en 1850 (la técnica, no la albúmina).

La Bestia de Gévaudan

lobo atacando

Si hay una figura de lobo monstruoso que aterrorizó a los campesinos, ésa fue la conocida como La Bestia de Gévaudan. Gévaudan es una comarca al sur de Francia, en la Auvernia. Hoy como entonces, sigue siendo una región fría, montañosa, mezcla de páramos, bosques frondosos y poco poblada. Entre 1764 y su supuesto fin, en 1767, asoló la zona provocando hasta 130 muertes, que fueron tan “sólo” 83 hasta su supuesta primera eliminación “oficial”, en 1765, aunque después seguiría matando. Las víctimas fueron sobre todo niños y mujeres, aunque se contaron unos cuantos hombres entre los fallecidos. Aparecían a menudo decapìtados, abiertos en canal y con las vísceras devoradas. En algunos casos sólo se había comido el cuero cabelludo…

Cuando las muertes empezaron a ser más de lo normal el gobierno, bajo el reinado de Luis XV, enfocó la cuestión como un problema de estado, entre otras cosas por las burlas internacionales -y con mucha mala leche- inspiradas por la ineficacia de las medidas tomadas. El rey se implicó ofreciendo cuantiosas recompensas y mandando expediciones cada vez más numerosas con expertos tiradores que organizaban batidas, una detrás de otra…pero la Bestia seguía matando… Los monteros reales al mando se fueron sucediendo según fracasaban en su empeño y tarea de capturar a la Bestia.

En 1765 se puso al cargo el Marqués D’Enneval, aristócrata normando y experto cazador, que se jactaba de haber matado a lo largo de su vida 1.270 lobos. Cazaron muchos durante estas batidas, pero al parecer ninguno era ni por el tamaño ni por el aspecto la temible Bestia. D’Enneval fue destituído. Porque los escasos supervivientes y los monteros que, según ellos, lo habían visto y disparado -siempre huía dejando un rastro de sangre, desaparecía un tiempo pero volvía a aparecer-, lo iban describiendo cada vez con mayor detalle: un animal muy grande, oscuro, peludo, de largo hocico y muy rápido, que se levantaba sobre sus patas posteriores en el momento de abalanzarse sobre la víctima…

En Septiembre de 1765 Sieur Antoine de Beauterne con la ayuda de sus tiradores aseguró haberlo matado. En efecto se trataba de un lobo muy grande, de unos 55 kilos. Lo enviaron a la corte de Versalles donde lo embalsamaron, Beauterne recibió el premio y los honores y el asunto pareció haber quedado zanjado. Pero a los pocos días la Bestia reapareció con más muertes en goteo. Y como desde la corte el problema “oficialmente” se había resuelto, no enviaron más cuerpos especiales. Entró el invierno, y los campesinos no se atrevían ya ni a salir de casa, ni a vigilar sus vacas, ni a recoger leña…

Especulaciones hubo muchísimas. Además de creer que era el demonio en persona (misas y rogativas hubo a cientos), se barajó la posibilidad de que fuese un loup-garou: la versión francesa del hombre-lobo. O incluso una especie de fiera foránea que, en aquellos tiempos de expediciones y descubrimientos, alguien se hubiera traído de tierras lejanas y después hubiera escapado y hubiese sido soltado.

No era una idea tan descabellada. En Lizarza (entre Guipuzcoa y Navarra) fueron cazados tres leopardos: en 1777, 1781 y 1782. En Ordizia (no lejos de allí) se cazó un tigre en 1608, y en Idiazábal, más al norte, otro tigre en 1776. ¿Cómo llegaron allí?…a saber, pero los cazaron. En Gévaudan se habló de osos -frecuentes en la zona por aquel entonces- , de hienas, de extraños híbridos…incluso de algún gran dogo asilvestrado. A saber.

En Junio de 1767 un campesino de la zona y antiguo furtivo -recién salido de presidio- con gran conocimiento del lugar y larga experiencia, Jean Chastel, consiguió matar un lobo muy grande, de unos 65 kilos de peso. Presentaba antiguas heridas por arma de fuego, e incluso la cicatriz de una cuchillada en el pecho hecha por una lanza casera con la que se defendió una de las supervivientes, una valiente muchacha llamada Marie-Jeanne Valet, herida sin duda grave y que dejó a la Bestia fuera de combate durante tres meses. Pero para cuando lo enviaron a Versalles el calor había descompuesto el cuerpo, y el gran naturalista francés, el Conde de Buffon, rehusó practicarle la autopsia.

Para los campesinos se acabó la pesadilla, no volvió a producirse ningún ataque. Los supersticiosos paisanos -¡y quién no, en su lugar!- atribuyeron el éxito, entre otras cosas, porque decían que Jean Chastel había utilizado dos medallas de la Virgen para fundir dos balas de plata…el “viejo” truco para acabar con un hombre-lobo, como todos ellos sabían. Chastel, hombre piadoso y aunque tenía su bala de plata preparada, había estado esperando a la Bestia con su biblia abierta y rezando sin parar. Y con un único tiro, aún no se habían inventado los rifles de repetición, le partió la columna.

Pero como Jean Chastel no era aristócrata, ni tan siquiera militar, sino sólo un pobre campesino, ni fue recibido por el rey cuando llegó con su lobo podrido a Versalles, ni se le otorgó recompensa alguna, ni se le reconoció mayor mérito. Años después un sencillo monumento agradece su memoria en la pequeña localidad de La Besseyre-Saint-Mary, en cuya iglesia está enterrado. Como hombre de extracción humilde, su tumba está situada a la izquierda de la iglesia. Carece de méritos y, en consecuencia, carece de lápida.

 

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