Controversias en la alimentación felina (y canina)

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A finales de Enero del 2012, y dentro de las jornadas del Congreso de GEMFE (Grupo de Especialistas en Medicina Felina), uno de los ponentes invitados al Congreso, el veterinario Richard Malik, de la Universidad de Sidney (Australia), de larga trayectoria y gran prestigio, “revolucionó” un tanto nuestra idea de la alimentación ideal al contar que él alimentaba a sus gatos en un 50% con dieta comercial, preferiblemente premium (marcas de calidad) en forma “húmeda” (latas o sobres, de los que llevan trocitos visibles en salsa), y el otro 50%, y aquí vino la polémica, con piezas de carne cruda (alitas o muslos de pollo o carne de cordero, nunca pescado) dos veces al día. Añadiendo, además, que les ponía la comida en el plato de ducha para que no le ensuciasen la casa.

Malik hizo la observación de que el trabajo de masticar y desgarrar piel, tendones y huesos de las piezas enteras, les resultaba más laborioso que las bolitas del pienso seco, favorecía el instinto predador y les saciaba más. Recomendaba excluir de la administración de carne cruda a los gatitos en crecimiento, para los que aconsejaba dietas premium. La otra excepción eran los gatos enfermos, para los que recomendaba dietas de prescripción.

Dentro de los miembros de GEMFE, los días posteriores al Congreso fueron un revoltillo de correos por internet. ¿A quién hacemos caso ahora?. ¿Dietas raw food (crudas)?. Como esta discusión entre los alimentos “naturales” y las dietas comerciales viene de antiguo, y tenemos la polémica servida, voy a intentar aclarar algunos puntos.

Los felinos, ¿carnívoros estrictos?

La fisiología de los felinos en general y la del gato en particular es la de un carnívoro “casi” estricto (y ahora aclararé lo de “casi”). Su intestino presenta una gran diferencia respecto al que tienen los herbívoros, cuyo tubo digestivo es muy largo para permitirles asimilar una dieta basada en vegetales, muy rica en fibra e hidratos de carbono, pero “pesada” de digerir, ayudados por una flora bacteriana abundante. Alguno de éstos herbívoros como los conejos, los caballos o los rumiantes, poseen partes más amplias (el ciego, la panza, etc.) para facilitar la presencia de la flora intestinal y la retención de este alimento, que resulta lento para su digestión.

Por contra, el intestino de los carnívoros es mucho más corto, ya que las proteínas de origen animal, la carne, es de digestión mucho más rápida, basada en la acción de las enzimas. Dentro de los carnívoros, por ejemplo, el intestino de los félidos es más corto incluso que el de los cánidos, debido a su alimentación casi estrictamente carnívora.

Cuando digo “casi” me refiero a que, aunque devoran a sus presas, no siempre comen en primer lugar la musculatura. De hecho muchos gatos, duchos en cazar ratones, no se comen totalmente a sus presas, si no que las devoran parcialmente comenzando por la cabeza, ingiriendo el cerebro, por su riqueza en proteínas y vitaminas. Y los grandes felinos como los leones y los tigres, tras cazar una cebra o un búfalo se recrean devorando en primer lugar las vísceras, con un contenido vegetal pre-digerido, más fácil de asimilar para ellos de lo que sería la hierba fresca.

La dieta de los felinos admite un mayor porcentaje de grasas en su alimentación que la de otros animales, por aquello de que las grasas son hidratos de carbono “concentrados”, por lo que de estas grasas pueden obtener la energía necesaria. Al carecer de una flora bacteriana intestinal (lo que llamamos la microbiota) tan abundante y especializada como la de los herbívoros, y de un intestino tan largo como para permitir la digestión de vegetales, a un gato la ingesta de un porcentaje demasiado alto de fibra les resulta “indigesto”, no pueden con ella.

Por esta razón, la tendencia de que algunos propietarios intenten convertir a sus gatos en vegetarianos va contra natura: su fisiología y su anatomía han evolucionado durante miles de años para permitirles digerir proteína animal. Una dieta vegetariana les va a suponer mucho trabajo. Es como si nosotros nos empeñamos en digerir madera, como las termitas. Carecemos de la microbiota con la que ellas cuentan. Nuestro organismo, sencillamente, no puede.

Los hábitos alimenticios del gato

En libertad, los felinos dedican muchas horas a la actividad de buscar comida, lo que no significa que estén mucho tiempo comiendo, sino que se dedican a éso tan importante para los felinos como es el acecho, perseguir, correr, saltar…el desahogo físico, canalizar sus energías, podríamos decir. Para un gato casero, confinado toda su vida a un apartamento, con su platito de comida siempre lleno, toda esta actividad queda anulada. Por esa razón es tan importante para ellos el juego, tanto física como psicológicamente. Si ya no cazan necesitan jugar, y para éso estamos nosotros: tirando pelotitas, estimulándoles con cañas, con un puntero láser, con lo que sea, pero teniendo claro que necesitan moverse.

Además, los hábitos naturales del gato les impulsan a estar comiendo con mucha frecuencia: pequeñas cantidades, pero hasta veinte veces al día. Por esta razón los gatos van y vienen muchas veces a su comedero. Nos puede parecer que no comen, o que apenas comen, pero debemos entender que los felinos no son aficionados a darse grandes comilonas como los perros (herencia del instinto predador de los lobos), sino que se dosifican muy bien. Si tenemos dudas, un consejo: contar las bolitas que les ponemos y recontarlas a las 24 horas, así sabremos exactamente la cantidad. Seguro que es la suficiente.

Dietas naturales versus dietas comerciales: ¿son unas mejores que otras?

Surgen dudas sobre la calidad o la mejoría de las dietas naturales ante las dietas comerciales. Los detractores de las dietas comerciales preparadas, sobre todo los piensos, argumentan que a la larga pueden producir problemas de obesidad, afectar al buen estado de los dientes, provocar alergias, etc. Los que, como yo, estamos a favor, pensamos y sabemos que los laboratorios dedicados a la alimentación animal llevan más de cincuenta años estudiando a conciencia las necesidades nutricionales de perros y gatos, afinando hasta tal punto que ya no sólo atienden, y menciono sólo los piensos de mantenimiento en animales sanos, a las necesidades específicas de un cachorro, de una hembra gestante, un animal viejo o un animal activo, sino incluso ya a cada raza en particular: Yorkshire, .Golden Retriever, Bull Dog…

La empresa francesa Royal Canin hizo unos estudios, filmando a través de un cristal, sobre la forma en que los gatos Persas, de morro muy chato y hocico corto, comían las “croquetas”, las bolitas del pienso. Al ver que las cogían ayudándose con la lengua hacia abajo, como una pala retroexcavadora, al contrario que los otros gatos, que utilizan la lengua hacia arriba, diseñaron la forma y el tamaño de las croquetas más adecuados para su aprehensión por parte de los Persas. Alimentos equilibrados, adecuados, específicos…ideales, en teoría.

Sabemos que animales como las aves de presa o las serpientes ingieren a sus presas (roedores, pájaros, etc.) completas, lo que supone que digieren no sólo la musculatura sino lasa vísceras (con el correspondiente aporte de vitaminas extra) y el esqueleto (calcio). En el caso de los gatos necesitamos proporcionarles lo que se conoce como el enriquecimiento ambiental, es decir: que estén más a gusto. Cuando Malik recomienda suministrar piezas de carne cruda como parte de la dieta de sus gatos, lo que está es recomendando, más que alimentar, entretener.

El hecho de cambiar, aunque sea temporalmente, su dieta “seca” a una dieta “húmeda”, más apetitosa, puede ayudarnos a que un gato anoréxico se decida a comer.Quizá en estos casos, la carne cruda les puede resultar más apetitosa que el pienso y nos ayude a solucionar situaciones frecuentes de anorexia, muy peligrosas para la salud del gato.

Las dietas comerciales “húmedas”, en forma de sobres o de latas, están especialmente recomendadas en patologías tales como la cistitis idiopática o los problemas renales, en los que es necesario administrarles más humedad en su dieta: un 80% de agua como componente de la dieta “húmeda” frente a un 6-7% de la “seca”.

La empresa de alimentación norteamericana para mascotas Hill’s hizo un estudio hace años en los que se demostró que, con dietas “húmedas”, un gato produce el doble de orina, aún sin facilitarle ni una gota de agua, que cuando sólo tomaban dietas “secas” con agua ad libitum (a libre disposición). Este experimento demostraba por qué los felinos salvajes y, en este caso concreto, los que viven en zonas áridas (como el Felis lybica, el antepasado del gato doméstico), con muy poca agua a su alcance, obtienen la que necesitan directamente de la contenida en sus presas, un 80-85%, similar a la de los alimentos comerciales “húmedos”. En este caso, las latas forman parte de las dietas comercializadas, no tiene que ser necesariamente carne cruda.

Dietas a base de carne

Hablando de la carne, en la Universidad de Illinois se realizó un estudio con dos lotes de gatos domésticos, comparando la digestibilidad entre carne cruda y carne cocinada, y las conclusiones fueron que ambas se digieren igual de bien, no hay ninguna diferencia en cuanto a su asimilación.

Recientemente se publicó un amplio estudio del Dr. Daniel P. Schlesinger, en la Universidad de Calgary, Alberta (Canadá), comparando dietas “naturales”: basadas en carnes crudas de diferentes especies, e incluso vegetales, y las dietas comerciales, tanto en su forma “húmeda” (latas) como en su forma “seca” (piensos). El estudio se basó en diferentes publicaciones de los Estados Unidos y de Australia y las conclusiones me parecieron muy interesantes.

Partimos de que la comida tiene un significado social para los seres humanos del que los gatos carecen, no disfrutan más por el hecho de comer juntos al contrario que nosotros, aunque tendemos a pensar erróneamente que nuestro perro o gato debe comer lo que come el resto de la familia. Buscamos, éso si, tener a nuestras mascotas sanas, bien alimentadas, con una buena calidad de vida. Pero pensar que las dietas basadas en carne cruda, o incluso a base de vegetales, son mejores para nuestro gato o nuestro perro es una suposición que acarrea varios riesgos, sobre todo de dos tipos, comprobados por los numerosos estudios realizados: deficiencias nutritivas y contaminación bacteriana que, en algunos casos, llegan a afectar a los propietarios y cuidadores.

Deficiencias nutritivas

Hipervitaminosis A en dietas a base de pescado o hígado, que se corrigieron al cambiar a dietas comerciales. Panosteítis felinas por dietas a base de pescado azul. Osteodistrofias (raquitismo, hiperparatiroidismo secundario nutricional) por dietas a base de carne cruda, a causa del desequilibrio producido por el exceso de Fósforo y falta de Calcio, Magnesio y Zinc. En dietas vegetarianas, transtornos circulatorios por déficit de Vitamina B12. Transtornos cardíacos y alteraciones de la retina (con ceguera) por falta de aminoácidos como la Taurina o la Arginina… Podría seguir.

Contaminación bacteriana

Muchos casos citados. Gérmenes como el Escherichia coli (frecuentemente citado como E. coli o simplemente coli), en más del 60% de las carnes analizadas…¡incluso las que se venden congeladas para los perros!. Campylobacter en numerosas muestras de pollo y pavo. Otros: Cryptospòridium, Neospora, Toxoplasma (y luego le echan la culpa al gato). Uno de los que se han encontrado con más abundancia es la Salmonella: en tres ciudades de Canadá se hizo un muestreo, encontrando Salmonella en el 21% de la carne cruda, y hasta en un 67% si era de pollo, y además de la cepa resistente a antibióticos. En cambio no se encontró en ninguna de las dietas comerciales (0%). En otros estudios se encontró hasta un 80% en la carne cruda. Un problema grave de la Salmonella es la posibilidad de contagio a las personas próximas: en uno de los estudios se aisló de las heces en 36 animales y en las de 16 dueños de esas mascotas.

Conclusión

Lo natural no siempre es lo mejor. Como les digo a veces a mis clientes, bromeando, las picaduras de avispas no son nada buenas, por muy naturales que sean. Y el comer setas venenosas puede ser hasta mortal, y las setas son naturalísimas.

La alimentación “natural” no siempre es la mejor. Si de verdad queremos dar a nuestras mascotas una alimentación excelente, equilibrada y exenta de riesgos, la opción está clarísima: confiemos en unos alimentos estudiados, preparados y contrastados para ellos, los alimentos comerciales, tanto en latas como en pienso. Ellos quizá no nos lo agradezcan, porque no saben, pero les mantendremos sanos, a salvo de gérmenes peligrosos y además está demostrado que alargaremos su vida para disfrutar de su compañía.

 

 

 

 

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