Clipnosis: emulando la relajación natural del gato

Esta vez vamos a hablar de otra palabra rara: la clipnosis. No os molestéis en buscarla en el diccionario de la R.A.E. porque no la vais a encontrar. Os la explico enseguida. Este procedimiento se aplica en las consultas veterinarias para tratar gatos desde hace años, pero de vez en cuando aparecen en los medios de comunicación noticias presentando esta técnica como novedosa. Veamos en qué consiste.

Para un perro, el hecho de que le lleven al veterinario suele ser una experiencia de la que, si por ellos fueran, se librarían. Aunque algunos vienen contentos, meneando el rabito y abalanzándose a saludarnos y lamernos la cara, lo cierto es que la mayoría tiran para atrás de la correa, se resisten a entrar y manifiestan cierto miedo.

No es de extrañar: en las consultas se encuentran con unos seres malignos que les cogen, les levantan por lo alto, les colocan sobre mesas de frío acero, les someten a manejos desagradables, les pinchan a saber qué cosas diabólicas, les meten termómetros por salva sea la parte, les miran dentro de las orejas con unos cacharros muy molestos y demás “perrerías”…¡para qué seguir!. Desde luego, si yo fuera perro me escaparía corriendo…

Pues en el caso de los gatos, todavía es peor. Si los perros tienen un instinto jerárquico con el que, mal que bien, se someten al líder o al más fuerte, los gatos carecen de ese instinto y cualquier intento de dominación sólo provoca miedo y reacciones de defensa: huida o agresión.

Si a ésto le añadimos que los gatos son unos animales con propensión al estrés ante cualquier cambio (para ellos, lo nuevo es peligroso), y que la visita al veterinario supone sacarle de su territorio, de su hogar, desplazarle dentro de un transportín en un coche o por la calle, con toda la secuela de ruidos, olores y movimientos, para acabar en un lugar donde hay más gente, más animales, más olores nuevos y, como en el caso de los perros, gente extraña que les coloca en la fría mesa de acero y les hace cosas raras, desagradables para ellos, pues la conclusión es que los gatos son unos pacientes nada dados a colaborar.

En honor a la verdad, los gatos que me acercan a la consulta no tienen nada que ver con aquellas “fieras” a las que me enfrentaba en mis comienzos, hace ya treinta y muchos años. Cada vez son más tranquilos, más domésticos, más fáciles de manejar. Desde hace unos cinco años podrían contarse con los dedos de una mano los que entran por la puerta bufando dentro de sus cestas. A veces sueltan algún bufidito, por justificar, pero nada de gatos agresivos. Es más: ya son mayoría los que se dejan mirar, palpar, explorar sin decir ni pio…¡perdón ni miau!, y algunos son tan buenos que, cuando les ausculto con el fonendoscopio, ronronean tanto que no puedo escuchar nada más.

No obstante, y aunque se porten cada vez mejor, los pobres gatos se asustan. Para reducir esos sustos y, sobre todo con la idea de manejarles mejor de cara a una exploración de ojos u oídos, para una radiografía o una extracción de sangre, los veterinarios contamos con varios métodos de control, según lo nervioso que pueda estar el paciente, y según la incomodidad que le supongan las pruebas. Hay veces que es necesario sedarles un poquito (no es anestesia, la sedación es algo mucho más suave). En otras ocasiones se les pone un bozal especial para gatos, que les tapa los ojos y reduce su alarma. Y en otras ocasiones suele ser muy eficaz de lo que vamos a hablar, de la clipnosis.

Clipnosis: una palabra nueva

Clipnosis es un neologismo que significa algo así como hipnotizar con una pinza, con un clip. En realidad, no es nada nuevo. Es típica la imagen de una gata transportando a sus gatitos, sujetándolos con su boca por la piel del cuello. Esta leve presión desencadena en el cachorro lo que se conoce como reflejo de inmovilidad, con lo que el gatito (o leoncito, o la cría de tigre o de pantera) no se debate y además se queda hecho una bola, con las patas y el rabo encogidos, con la finalidad de que no vayan arrastrándolas por el suelo.

 

Como muchos dueños saben, este reflejo de inmovilidad persiste en numerosos gatos adultos toda la vida. Podemos comprobarlo de una forma tan sencilla como coger un pellizco en la parte final del cuello. Es gracioso ver cómo, con solo este gesto, todo un gatazo queda encogido, con cara de felicidad, colgando de nuestra mano. En cuanto le soltamos, vuelve a actuar con total normalidad.

Los veterinarios habituados a manejar gatos conocemos bien el reflejo de inmovilidad. Es una maniobra que realizo habitualmente en la consulta con el gato apoyado sobre la mesa de exploración, siempre que tengo que aplicar una inyección o una vacuna, pero también a la hora de explorar sus oídos con el otoscopio, sus ojos con el oftalmoscopio, palpar el abdomen o auscultarles el pecho. Es cierto que hay gatos que vienen a la consulta muy, muy nerviosos y en los que el reflejo de inmovilidad apenas funciona, pero os puedo asegurar que prácticamente el 100% de mis pacientes felinos se manejan sin ningún problema con sólo cogerles un pellizquito de piel.

Pues bien. La clipnosis consiste en colocarle en la parte final del cuello, por la parte superior, un clip o una pinza anchos, de los de papelería, y que no apliquen demasiada presión, es decir, que no hagan daño. Hoy día se pueden encontrar en el comercio de los animales de compañía pinzas de plástico especiales e indicadas para la clipnosis aunque, ya dije antes, nos vale una pinza grande cualquiera que no ejerza excesiva presión, no nos valdría, por ejemplo, la clásica pinza de madera para tender la ropa: aprieta demasiado.

Podéis encontrar en Google y bajo el epígrafe clipnosis numerosos vídeos donde comprobar su efecto, en gatazos despiertos, sin nada de tranquilizantes químicos, al que en cuanto se le coloca el clip se queda inmóvil, hasta el punto de poder colocarlo tumbado sobre la mesa el tiempo que queramos. En cuanto se le quita el clip, reacciona inmediatamente como si nada hubiera pasado. Es una muy buena solución para todas aquellas maniobras en las que necesitemos un poco de inmovilidad y en las que no queramos aplicar un tranquilizante.

clipnosis

Ningún efecto secundario, ninguna contraindicación

Como de todo hay en la viña del señor, y hay opiniones para todos los gustos, me sorprendió mucho leer un comentario en una publicación editada por la asociación ISFM (International Society Feline Medicine), su Guía para crear una Clínica Amable con los Gatos (del inglés: Feline Friendly Practice). Publicación seria y contrastada con numerosos consejos para el buen manejo de los gatos en las clínicas veterinarias. Pues bien, hablando de la tranquilización mediante sujección en los gatos nerviosos decía textualmente:

No debe cogerse al gato por el pliegue cutáneo de la nuca para sujetarlo de forma rutinaria y no debe levantarse y mantenerse levantado por dicho pliegue. Coger a un gato y sujetarlo inmediatamente por el pliegue cutáneo de la nuca o contenerlo fuertemente puede ser muy intimidatorio y a menudo provoca una agresividad defensiva…

Sólo estoy de acuerdo en que no hace falta levantarlo en el aire. Con cogerle (suavemente) por la nuca ya es suficiente. Y en los gatos nerviosos y tranquilizados temporalmente por esta sujección, lo que está claro es que, al soltarle, querrán escaparse o meterse otra vez a su jaula, es una cosa que podemos preveer. Pero siempre que leo comentarios de este tipo no puedo dejar de pensar si realmente los gatos españoles son tan diferentes a los británicos, o es que allí, en Gran Bretaña, extreman el proteccionismo hasta un nivel que, sinceramente y en este caso concreto, creo que no es necesario.

Hace poco, en uno de los foros por los que nos movemos los veterinarios, un colega se preguntaba si la sujección por la nuca no sería dolorosa o traumatizante, como sucede con el tipo de sujección que que se les aplica a los caballos con el acial. El acial es un lazo de cuerda sujeto a un mango de madera y que todavía se utiliza para controlar al caballo en casos de animales nerviosos o rebeldes de cara a, por ejemplo, colocar las herraduras o realizar algún tipo de cura. El sistema es duro: cogen el labio superior y retuercen el lazo alrededor, aplicando una presión ciertamente dolorosa para que se estén quietos y no tiren coces ni pretendan huir. nada que ver.

El pellizquito en la piel del gato desencadena un reflejo natural que no resulta doloroso en absoluto y, por la experiencia que tengo, en absoluto traumatizante, contra lo que sostienen los colegas del ISFM. Al revés: podemos ahorrales a nuestros felinos ese poquito de estrés con lo que no guardarán malos recuerdos y la siempre temida visita al veterinario no resultará una mala experiencia ni para el gato, ni para el atribulado dueño…ni para el sufrido veterinario.

 

 

 

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