La Sierra de Guadarrama en la Edad Media. Moros y cristianos (2ª parte: la reconquista).

El hostigamiento cristiano. Repoblación y destrucción

Si bien, desde los Siglos VIII al X la frontera se mantuvo inamovible gracias al campamento del Balat Humait, no es menos cierto que para la guarnición allí destacada no fue precisamente un destino cómodo y reposado. Las incursiones árabes, las temidas aceifas que desde aquí partían, tuvieron su réplica en el bando cristiano desde los primeros años de la invasión musulmana. La movilidad de las tropas a caballo, de uno u otro bando, que podían aparecer en cualquier momento, transformaron la vida de los lugareños en un perpetuo sobresalto.

Para hacerse una idea, basta recordar a un personaje de la época del que ya hemos adelantado algo: Ben Abí Amir, más conocido como Almanzor (del árabe Al Mansur = el Victorioso). De familia yemení, supo escalar puestos en la corte de Córdoba hasta llegar a hombre de confianza -y posiblemente amante- de la sultana Subh, vasconavarra, haciéndose con el mando militar. Los cronistas árabes quizá exageran cuando le atribuyen cincuenta campañas pero no andarían muy lejos si consideramos que llevaba a cabo una o dos razzias al año, y estuvo en activo desde los años 977 hasta el 1008, muriendo, como se suele decir, “con las botas puestas”.

La inseguridad de pueblos y ciudades, unido a las aldeas arrasadas, produjo el fenómeno de los despoblados, o tierras de nadie, en los territorios más próximos a la frontera, expuestos a los ataques y difíciles de defender. Una amplia franja de terreno que abarcaba del Tajo a Guadarrama en la zona árabe y, en territorio cristiano, del Sistema Central hasta el río Duero.

Alfonso I el Católico (739-766) decidió despoblar el sur del Duero y hacer de esta tierra de nadie un desierto protector donde los musulmanes no pudiesen obtener rehenes, botín ni ganado con el que aprovisionarse. Para ello aprovechó la hambruna y la peste que una larga sequía, del año 750 al 755, produjo en los colonos bereberes de la meseta norte. Alfonso bajó de sus montañas exterminando a los que quedaban pero, como carecía de fuerzas para dominar la zona, se llevó a los cristianos que encontró para repoblar al norte del Duero, quedando el río como frontera real:

…en el año 852 de la Era Hispánica (año 814 de la era cristiana) salieron de Malacoria los foramontanos y vinieron a Castilla (Anales castellanos).

Alfonso II el Casto, facilita que los foramontanos (siervos de Cantabria) bajen de las montañas como colonos libres a Castilla a los que se adjudican tierras. La mentalidad de “propietarios de la tierra” castellanos frente a la de siervos en el reino de León es la principal causa de la mentalidad conservadora actual -y su tendencia política-. Nada como ser dueño de tu tierra para querer que nada cambie.

Esta colonización provoca las iras del Emirato de Córdoba, que lanza aceifas devastadoras, pero el proceso es imparable. La relación de reyes, repoblaciones y destrucciones sería larga. Como ejemplo basten los de León: repoblada el año 845, destruída el 846, vuelta a repoblar el 856; los de Burgos: destruída en 860, repoblada el 884; o los de Sepúlveda: arrasada el 746, repoblada el 940 y vuelta a arrasar por Almanzor el año 984.

Los cristianos tampoco se quedaron cortos a la hora de atacar y destruir. El bien amurallado castillo de Madrid, peligrosamente próximo a la frontera, sufrió frecuentes asedios, como el de Ramiro II de León, en 931, que derribó parte de sus murallas, o el de Fernando I el Magno, rey de Castilla y León que, en 1074, volvió a destruir sus recios muros.

El Siglo XI es testigo de la progresiva debilidad del Califato de Córdoba. Una vez muerto Almanzor y arrasada Córdoba por los bereberes (musulmanes, sí, pero enfrentados a los árabes) el territorio bajo el control de Córdoba se descompone en numerosos reinos de taifas, en constante lucha entre sí, ocasión que los cristianos aprovechan para aumentar la frecuencia de sus razzias.

mapas reconquista 3

La Chronica Adefonsis Imperatoris (Crónica del emperador Alfonso) menciona con mal disimulado orgullo algunas de estas incursiones. Pero si las huestes de reyes y nobles, más fuertes, asedian las ricas ciudades de Al Ándalus, codiciosos de oro y plata, las milicias concejiles, paramilitares, encuadradas por campesinos armados, se dedican al abigeato. Más cuatreros que guerreros, buscan sobre todo ganado que llevarse a sus tierras.

Estas razzias cristianas no siempre tenían un final feliz. El riesgo de ser alcanzados por la caballería que salía en pos de los ladrones era alto, entorpecidos en su fuga por la lentitud de los rebaños. Un “comando” que regresaba, feliz, a Salamanca con rico botín de oro, plata y ganado obtenido en Badajoz, fué sorprendido y derrotado por las tropas que en su busca mandó Yusuf Ben Tasufin, emir almorávide.

Sahib al-Sala, cronista árabe, cuenta que los musulmanes rescataron en Ávila un botín de, nada menos, 50.000 ovejas y 200 vacas. O, para terminar, la crónica conocida como el Anónimo de Madrid nos cuenta que, en 1117, un destacamento de ochenta cristianos procedentes de Talavera, fueron sorprendidos a la vuelta de una razzia por los almohades, rescatando un botín de ovejas y vacas, y esclavizando a los cristianos.

La conquista de la Marca Norte. Madrid empieza a repoblarse.

La tranquilidad llegó a la región con el gran empuje que a la Reconquista dio Alfonso VI el Bravo (1072-1109), rey de León y ahora también de Castilla a la muerte de su hermano Sancho. Para hacer memoria, fue el gran amigo del Cid Campeador. Muerto Sancho en el asedio de Zamora por la traición de Bellido Dolfos, al coronarse Alfonso como rey de Castilla dicen la leyenda y las crónicas que el Cid, en plena ceremonia, le hizo jurar que no tuvo arte ni parte en la muerte de su hermano… Alfonso juró, pero al Cid le valió el destierro. Exactamente no fue así, al parecer se trató más bien de unos líos con los impuestos que el Cid debía recaudar al rey musulmán de Sevilla,  vasallo de Castilla, pero así es como nos lo han hecho llegar.

Alfonso era un gran guerrero, pero era aún mejor como político. Capitula con los habitantes de Toledo y entra en la capital de la Marca Norte sin necesidad de batallar, el 25 de Mayo del año 1085. Pero antes ya le rendían vasallaje ciudades como Badajoz, Sevilla, Málaga, Granada y Valencia, y además el rey cristiano de Navarra. Repuebla, ya definitivamente, Segovia, Ávila, Salamanca, Arévalo y Sepúlveda, que recobrarán la tranquilidad perdida. De esta época proceden nombres de pueblos avileños y segovianos tales como Martinmuñoz, Garcihernández u Hortunpascual, que corresponden a los firmantes de diplomas concedidos por Alfonso VI a sus repobladores.

Madrid ha caído o, mejor, ha capitulado, dos años antes. En Madrid Alfonso reconoce a judíos y musulmanes el derecho a mantener residencia y religión. Pero para favorecer la llegada de colonos cristianos se autoriza a éstos el aprovechamiento de los bosques y pastos hasta la Sierra, hasta los límites de Lozoya y El Berrueco, según puntualiza Alfonso VII en 1152. El Madrid cristiano resistió con éxito un asedio en 1110 por parte de los almorávides, los mismos fanáticos monjes guerreros contra los que lucha el Cid en Valencia, y que dan nombre al Campo del Moro, donde acamparon, al pie del Alcázar, pero la ciudad va prosperando al punto de alcanzar la inusitada, para la época, población de doce mil habitantes en el año 1090. Y es el aprovechamiento de los recursos lo que acaba por generar fuertes tensiones entre las ciudades de Madrid y de Segovia.

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La guerra entre Madrid y Segovia

Entre los Siglos XII y XIII se sucedieron a un lado y otro de la Sierra de Guadarrama, como si de una película del oeste se tratase, robos de ganado, asaltos a aldeas y muertes. ¿La causa?: conflictos pastoriles.

La Sierra de Guadarrama era un territorio casi desierto. Tan sólo existían un par de poblaciones: Robledo de Chavela y Valdemorillo, que han logrado sobrevivir discretamente entre bosques y peñascos, demasiado pequeñas para ser tenidas en cuenta aunque, en el caso de Valdemorillo, su existencia se remonta a celtíberos, romanos y visigodos, en la cercana Titultia, cruce de vías romanas que atravesaban la península.  En tiempos de Felipe II se mencionan enterramientos visigodos en Valdemorillo:

…esqueletos de hombres muy grandes enterrados como al presente entierran a los cristianos… (Relaciones histórico geográficas).

Los pastores segovianos apacientan a sus rebaños en ambas faldas de la Sierra. Y, según Segovia crece y sus rebaños aumentan, necesitan más tierras de pastoreo, chocando con la expansión que, desde Madrid, sube hacia el norte. No es un problema exclusivo de la Sierra de Guadarrama. En toda Castilla los pleitos entre concejos (seglares) o contra cabildos (de la Iglesia) se multiplican. El propio Cid Campeador actuó como juez en un pleito suscitado entre el Monasterio de Cardeña y el Concejo de Orbaneja, en Burgos. En el caso de Segovia, la ciudad goza de especial protección en forma de fueros y privilegios por parte de Alfonso VIII, debido a su riqueza pecuaria y a su incipiente industria pañera.

Como precursor de la fundación de la Mesta, poderoso sindicato de pastores que regulará más adelante Alfonso X el Sabio, Alfonso VIII elabora el Documento de las cañadas (830, tomo III) en el 1208, donde delimita las vías del pastoreo, antecedente de las cañadas reales. Pero es en el documento 686, en el año 1200, donde concede a Segovia el privilegio para que sus ganados pasten por todo el reino sin pagar montazgos (impuestos locales). Madrid llega a quedar constreñida a las tierras que rodean a la villa.

Excepto poblaciones como Robledo o Valdemorillo, con el avance de la Reconquista surgen en la ladera sur de la Sierra de Guadarrama, en el lado madrileño, pequeños núcleos campesinos dispersos: aldeas como Fuentelámparas, La Fresneda, Valmayor  o Navalquejigo…cuyos pobladores, por cierto, serán expulsados cuando Felipe II construye el Monasterio de El Escorial y cierra todos sus contornos con una muralla de 45 km de largo, lo que se llamará la Pared Real.

La duda es si estas aldeas se fundaron por madrileños o segovianos. Sí que sabemos, por ejemplo, que Guadarrama fue fundada y poblada por segovianos, gracias al acta de fundación firmado por Alfonso X el sabio en 1260. En cambio Galapagar pleiteó por el uso de sus pastos, alegando que el núcleo original de su población, Santa María del Retamar, fue fundada por un madrileño. Aún en el año 1239, la villa de Madrid planteó ante el rey una querella contra Segovia.

PostData: los dos mapas reproducidos pertenecen al Atlas Histórico de la Península Ibérica, Vol. I (y último, no hubo más), con el subtítulo: Desde Tartessos hasta la muerte de Alfonso VIII (1214). Esta serie de 56 mapas se publicaron, como suplemento, del boletín El Miliario Extravagante, entre 1993 y 1999. Su autor, ya fallecido, Gonzalo Arias, y al que tuve el placer de conocer personalmente, fue todo un personaje. Le dedico una entrada en este blog

 

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