Los mitos de la ciencia

Mostrar todos«Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad!«, cantaban en la zarzuela La Verbena de La Paloma allá por 1894. Y éso que aún faltaban unos años hasta que Max Plank definiera los «quantos» de energía o Einstein formulara su teoría de la relatividad, que comenzó a revolucionar la física clásica (heredera de los griegos, de Newton y de los físicos de la Ilustración) hasta establecer la que hoy conocemos como física cuántica.
Apreciar las leyes de la física clásica es fácil: todos podemos comprobar en qué consiste la ley de la gravedad, basta con dejar caer algo. El formular su explicación vendrá después, pero el fenómeno ya está visto.
 
En la física cuántica el tema es muchísimo más complejo. Sólo expertos matemáticos y físicos, mentes superprivilegiadas, muy por encima del nivel normal (del mío, por supuesto) son capaces de deducir mediante fórmulas matemáticas la existencia de partículas, subpartículas, energías o extradimensiones inimaginables para una observación normal. Teóricas mientras no puedan comprobarse. Por éso, y aunque quizá no sea la mejor forma de definirla, me atrevo a meter la física cuántica en la categoría de los mitos.
 
El tema de las deducciones matemáticas para explicar fenómenos físicos no es nuevo. Ya en fecha tan temprana como 1718 el astrónomo, físico y matemático inglés Edmund Halley (el que dio nombre al cometa) describió las trayectorias regulares apreciables de las estrellas fijas en el firmamento. Pero una de ellas, la más brillante en el firmamento y de las más próximas a la Tierra, Sirio, de la constelación de Canis Major se les resistía: no tenía una trayectoria lineal sino que su camino hacía «eses»…
 
En 1844 el astrónomo y físico alemán Friedrich Bessel dedujo, mediante cálculos matemáticos, que a la trayectoria de Sirio le afectaba otro cuerpo celeste, no visible con los telescopios de la época debido al intenso brillo de Sirio, pero que estaba ahí, y a la que llamaron Sirio-B o «el cachorro». Efectivamente se trataba de una «enana blanca», de altísima densidad y gran poder gravitatorio, que no se pudo observar hasta 1862. Pero Sirio siguió dando mucho más de sí. 
 
En 1995 dos astrónomos franceses plantearon la posibilidad de una tercera estrella en el sistema, Sirio-C, en teoría una «enana roja» (nada que ver con la política, son términos de la astronomía) de enorme poder gravitatorio. Pero en 2011 se descartó con absoluta seguridad la existencia de Sirio-C.
 
Pero Sirio siempre ha dado para muchos mitos, debido a su intenso brillo. Los antiguos griegos la hacían responsable de producir la rabia en los perros. Pero más allá, en África, existe un pueblo en los límites de Malí junto a Burkina Fasso, los dogones, pueblo de agricultores, de creencias animistas con una amplia mitología y muy observadores del cielo aunque, por supuesto, sin ningún tipo de instrumento, ni tan siquiera de los más primitivos. Tuve ocasión de viajar allí hace años y conocerlos. Los dogones controlan el ciclo de Sirio y cada 50 años celebran una fiesta en su honor. Pues bien, cuando mencionan a Sirio los dogones dicen textualmente: «caminan tres juntas aunque sólo veamos una», afirmaciones que asombraban a los occidentales.
 
Dos teorías para explicar su conocimiento: la primera, que los dogones ya tuvieron contacto con europeos desde los años 20 del pasado siglo y bien pudieron adquirir información de temas que les interesaban especialmente. La segunda, y aquí ya entran a saco los mitos, las leyendas, las supersticiones y todo lo mágico, es que los extraterrestres les visitaron y les transmitieron sus conocimientos. Cuestión de fe: el que se lo quiera creer, que se lo crea.
 
Pero ciñéndonos a la física cuántica, su propia cualidad de ciencia «que no se vé» le confiere un aura de misterio que ha alcanzado a grandes sectores de la población. Todos hemos oído hablar, a todos nos «suenan» los Agujeros Negros, los Quarks, la Teoría de las Cuerdas o el famoso Bosón de Higgs, aunque apenas nadie salvo los especialistas podrían definirlos con claridad. Aunque sean pura ciencia, son mitos. Y como tales mitos van ocupando su lugar en ese campo tan mítico (y perdonadme la redundancia) como es la ciencia-ficción, hoy llamada de anticipación.
 
Invaden el cine: películas futuristas como The Martian o Interstelar, en las que participaron en el equipo como asesores físicos de la Nasa, nos hablan de viajes a través de Agujeros Negros o de los Agujeros de Gusano, como el que coge el metro. Éstos últimos, por contarlo de forma fácil, serían atajos en el espacio-tiempo. Hasta ahora nadie los ha visto, son una elucubración matemática pero, como dicen los gallegos: «eu non creo nas bruxas, pero habelas haylas«.
 
La teoría del Bing-Bang como origen del universo, la teoría de las Cuerdas como vehículos de energía, la teoría de «El Universo como un Todo», todo ello adobado y explicado mediante enrevesadas fórmulas matemáticas, estarán muy claras para las mentes preclaras, pero a mi me pierde, me marea y me confunde. Serán todas verdad, pero se me escapan.
 
En el extremo inverso e interrrelacionado con las mismas leyes gravitatorias y electromagnéticas que rigen el Universo, pasamos a las micropartículas. ¡Ay, lejos quedaron los tiempos en que el bueno de Demócrito, Heráclito o Parménides en su Grecia Clásica definieran el átomo como la cosa más pequeña e indivisible!. Hoy conocemos ya no sólo los núcleos (protón, neutrón) y electrones…ahora sabemos (o intuímos, o nos han sabido contar) que hay una subdivisión de éstos en micropartículas, tales como Quarks y Bosones, a su vez con cargas electromagnéticas en constante conflicto. Igual que Friedrich Bessel dedujo de la existencia de Sirio-B por la interferencia en la trayectoria de Sirio-A, los investigadores sospecharon de la existencia del Bosón de Higgs por las alteraciones en otras micropartículas. 
 
Por intentar resumirlo de la forma más simple posible, el Bosón de Higgs impregna de masa a las partículas elementales, aunque carece de espín, carga eléctrica o color…términos que definen cualidades físicas cada una. Para rizar más el rizo con otro ejemplo: el Fotón es el responsable de la propagación de la luz…pero no existe en reposo, tan sólo en movimiento, y además explicado éste por la teoría ondulatoria…a vosotros no sé, pero yo me estoy mareando.
 
Teorizar la existencia del Bosón de Higgs fué fácil (para ellos, los sabios, por supuesto). Que era complicado capturarlo le hizo merecedor de nombres míticos (volvemos al mito) tales como «la partícula de Dios». Demostrarlo supuso la construcción del acelerador de partículas, en el CERN de Suiza, con el colisionador de Hadrones (resumiendo: los núcleos atómicos), tarea que llevó desde el 2008 hasta que en el 2012 se anunció a bombo y platillo, pero con un puntito de prudencia, se vé que aún no estaban totalmente seguros, la observación de una nueva partícula «consistente con el Bosón de Higgs». Lo cierto es que, hasta un año después, no se atrevieron a confirmarlo y aún así hay quien duda si el Bosón detectado no será el de Higgs, sino otro muy parecido…digo yo que ellos sabrán distinguirlos, yo creo que me vería incapaz. Lo que haya costado capturar al Bosón, entre la construcción del CERN y la numerosa plantilla de científicos que trabajan dentro, no me lo quiero ni imaginar.
 
¿Cómo no mezclar mitología con física moderna, si hasta sus investigadores ya lo hacen?… Uno de los pioneros en el mundo Quark, el neoyorkino Murray Gell-Mann, es un ejemplo de capacidad. Aprendió de forma autónoma cálculo infinitesimal a los seis años. Domina 16 ó 17 idiomas. Una de las formas de clasificación de las subpartículas recibió el nombre de «Óctuple Camino«, al igual que las enseñanzas budistas. Y hasta el nombre de las subpartículas tiene su tono humorístico, cuando no místico o mítico. Las dividen en seis tipos de»sabores» (según sus cualidades físicas) y en «generaciones» (tres, hasta ahora). Y los nombres adjudicados a ellas, tales como «encanto», «arriba», «abajo», «cima», «fondo» o «extraño»…Pero que nadie lo entienda como un juego de adolescentes. Tras todo este humor hay una deducción matemática, tremendamente compleja.
 
Hasta el nombre de Quark tiene su gracia. Gell-Mann pensó en llamarlo «pork» (cerdo), pero encontró un juego de palabras en la novela Finnegan´s Wake, del irlandés James Joyce, obra ya de por sí complicada. Quark sonaba como Cork (ciudad irlandesa) y que también significa corteza, o corcho. Y al tiempo es la onomatopeya del grito de la gaviota. Y como Quark se quedó.
 
A los profanos mucha ciencia moderna nos parece magia. El escritor y científico Arthur C. Clarke, conocido por ser el autor de la novela (después llevada al cine) «2001, una odisea del espacio» propugnó sus tres leyes, de las que la tercera dice así: Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. ¿Habrá todavía quien dude, sobre la mitología oculta en la física cuántica?

«Flehmen»: una palabra muy rara. El mundo de las emociones en los gatos

Aunque la palabra pueda sonar algo extraña, por su origen alemán, el flehmen es un gesto muy común en los gatos, vinculado con su percepción de las hembras en celo a través de su Órgano Vomero-Nasal que, por cierto, también poseemos los humanos.

Como introducción comenzaremos con un poquito (sólo un poquito) de historia: hablaremos del Órgano Vomero-Nasal (OVM). En 1813 el médico danés Ludvig Jacobson dio su nombre a una estructura sensorial en los animales, aunque cien años antes, en 1703, el zoólogo holandés Frederik Ruysch describió en el ser humano el OVM, un «pseudoolfato» (permitidme que le llame así) capaz de detectar partículas «pesadas», no volátiles, de naturaleza proteica, a través de unos orificios situados tras los incisivos superiores.

La diferencia es que, mientras el olfato conecta con la corteza olfatoria del cerebro y es un sentido consciente (percibimos inmediatamente si es agradable o desagradable), lo que olemos o, más bien, aspiramos a través del OVM lo procesamos de forma inconsciente. Conecta con dos estructuras cerebrales: el hipotálamo y la amígdala, que rigen emociones, el miedo o la sexualidad, y no nos damos cuenta.

En algunos animales como las serpientes, con ese gesto tan típico de sacar y meter la lengua constantemente, lo que están haciendo es «paladear» el aire. Con el extremo bífido introducen en los orificios de entrada del OVM micropartículas, lo que les ayuda a detectar a sus presas. En los mamíferos es algo más complejo. El OVM detecta feromonas (las mal llamadas hormonas sociales) y directamente a través del hipotálamo y la amígdala genera emociones, aunque no seamos conscientes de ello.

Paul Leyhausen, pionero del comportamiento felino.

Nacido en Bonn, el 10 de Noviembre de 1916, Leyhausen dedicó casi toda su vida como zoólogo al estudio del comportamiento de los felinos salvajes y domésticos. Ya en 1941 era asistente y estrecho colaborador del que sería Premio Nobel de Medicina en 1973, el austríaco Konrad Lorenz, llamado el padre de la etología (la conducta animal) por sus descubrimientos y que, por cierto y aunque no se suele mencionar, fue uno de los primeros simpatizantes del Partido Nacional Socialista de Adolfo Hitler.

Konrad Lorenz describió el fenómeno del imprinting o, lo que es igual, la fijación o asimilación de las crías a sus progenitores, más o menos rápido según las especies: más lento en las altriciales (aquellas que, como nosotros, nacen totalmente desprotegidas) o más rápido en las precociales (aquellas que nacen con capacidad de moverse e incluso de alimentarse nada más nacer). Lorenz hizo sus experimentos con polluelos de oca, una especie precocial. Lo normal es que un patito siga a su madre aprendiendo a ser pato, porque es lo primero que ven moverse nada más salir del huevo. Pero son famosas las imágenes de pequeñas ocas siguiendo a Lorenz, o nadando tras él en el Danubio, aunque igualmente pueden seguir a un perro, una vaca o incluso a un tractor, si éso fue lo primero que ven nada más romper el cascarón.

Pues bien: fue Leyhausen el primero en mencionar la palabra flehmen en sus publicaciones en alemán, aunque su libro Comportamiento Felino: la Conducta Social y Predadora de los Gatos Domésticos y Salvajes fue traducido y publicado con gran éxito en inglés por primera vez el 1 de Septiembre de 1978.

Flehmen: una palabra que no existía

Como soy así, un tanto cartesiano (o escéptico metódico, si lo preferís) y me gusta comprobarlo todo por mi mismo, la primera vez que leí la palabra flehmen acudí a mi diccionario de alemán para ver el significado exacto en castellano y, para mi sorpresa, no la encontré. En cuanto pude le pregunté al padre (alemán) de un amigo (también alemán) a ver si la conocía… El hombre se quedó dudando y me dijo que no, que no le sonaba de nada. Pero al explicarle de qué se trataba (ahora os lo cuento, por favor, no os impacientéis) dijo: ¡aaaah, te refieres a flännen!… Me lo explicó: era una palabra ya un poco en desuso. Me fui corriendo al diccionario de alemán y esta vez sí, ahí estaba. Flännen: gesto que hacen los niños al lloriquear, algo así como lo que nosotros llamamos hacer pucheros.

Admito sugerencias y correcciones. Mientras tanto mi única explicación es que, posiblemente, el traductor alemán-inglés del libro de Leyhausen al encontrar esa palabra un tanto rara la transcribió mal y como la conocemos: flehmen, que es la que hoy día utilizan todos los etólogos y que ya no vamos a cambiar.

Flehmen: un gesto que sí existe.

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Pues allá vamos: el flehmen (dejémoslo así, no vale la pena discutir) es el gesto que hacen no sólo todos los felinos, sino también los caballos y los ciervos, entre otros, cuando detectan el olor de las hembras en celo. Algunos le llaman la mueca. Yo le llamo la cara de tonto, y consiste en levantar ligeramente la cabeza, con los ojos entrecerrados, la boca entreabierta, el labio superior retraído y lentos movimientos de la lengua, como si bebiesen. Es una cara, efectivamente, que recuerda a los niños lloriqueando, pero lo que están haciendo es captar las feromonas y, con la ayuda de la lengua, pasar esas partículas hacia el cielo de la boca, hacia el Órgano Vomero-Nasal, también conocido como Órgano de Jacobson (en honor de aquel danés que mencioné al principio).

Los caballistas conocen muy bien la mueca, y cuando ven a sus potros enseñando los dientes aconsejan desmontar y atarles a un poste bien fuerte, porque ante el olor de las yeguas en celo pueden ponerse muy nerviosos. Recuerdo a mi gato Simba, un precioso Bosque de Noruega y, aunque estaba castrado, se subía a la mesa del quirófano a olfatear con detenimiento a aquellas gatas, ya anestesiadas y que iban a ser esterilizadas… Yo le dejaba porque me hacía gracia ver la cara de tonto que ponía, el pobre. Y hablando con algún cliente del tema más de uno me comentó que sus gatos hacían el flehmen cuando olían…¡huevos de gallina!… Supongo que detectaban los olores que habían quedado en la cáscara al pasar por la cloaca.

El Órgano Vomero-Nasal en los seres humanos y la Talidomida.

Aunque no seamos conscientes de ello, poseemos un OVM como todo bicho que se precie, aunque en nuestro caso sólo uno de los lados es funcional. Los fabricantes de perfumes conocen bien los estímulos y añaden esencias, almizcles y demás sustancias que, además de la sensación placentera del buen olor, mueven en nuestro interior otras sensaciones, es el truco de esos perfumes que seducen. Los anuncian además como perfumes con feromonas, irresistibles para el sexo opuesto…

Al parecer el OVM es el responsable en muchas mujeres embarazadas de esas desagradables nauseas, sobre todo al comienzo de la gestación. En los años 60 se utilizó un medicamento, la Talidomida de nefasto recuerdo porque, efectivamente, bloqueaba el OVM evitando la molesta sensación de las nauseas matutinas, pero más tarde se descubrió su efecto teratogénico: miles de niños nacieron con defectos en las extremidades, lo que se conoce médicamente como focomelia o atrofia de brazos y piernas. España fue uno de los últimos países en prohibir su uso, en 1963, pero el daño ya estaba hecho. Los afectados y sus familias siguen pleiteando con el laboratorio alemán Grünenthal, el distribuidor de la Talidomida que, hasta ahora, se niega a indemnizar.