La aventura de cruzar a la gatita

Salvo en el caso de los criadores, cuya intención es dedicarse precisamente a éso, a criar, lo habitual en los propietarios de felinos domésticos es intentar que no críen y, de paso, mediante la esterilización, inhibir toda esa parafernalia de conductas como son los conciertos de maullidos nocturnos, el marcaje, los intentos de fuga o los embarazos indeseados. El instinto sexual va a producir todas estas situaciones pero, en los gatos que viven confinados en un piso, llegan a resultar francamente molestas para los humanos que compartan con ellos su vida y su hogar.

Pero también puede suceder que decidamos cruzar a nuestro gato o gata de compañía, bien por ser de raza, bien porque nos apetece la experiencia, o bien porque nos parezca toda una preciosidad (¡normal, para éso somos sus orgullosos propietarios!). Una vez tomada la decisión de cruzarle va a ser cuando nos surjan un montón de dudas y comprobemos en carne propia que las cosas no son a veces tan sencillas como nos podría parecer en un principio.

Me gustaría dejar una cosa clara por adelantado. Pese a lo que nos puedan decir muchos “entendidos”, NO es necesario cruzar ni a las perras ni a las gatas. No se traumatizan por no ser madres, su cuerpo no se “resiente” por la ausencia de maternidad. Si no queremos que críen la opción es esterilizar, con lo que evitamos tres problemas: de comportamiento (marcajes, maullidos, peleas), enfermedades (tumores, metritis, prostatitis) y camadas indeseadas.

¿Cuándo, dónde, cómo…?

pareja de gatos0002

¿Cuándo?…o la niña ya es toda una mujercita: lo aconsejable y que funciona como norma en muchos clubes felinos es cruzar a las hembras a partir de los doce meses de edad, una vez que ya han completado -o casi- su desarrollo corporal, aunque la mayoría de las gatas comienzan sus primeros celos a los seis u ocho meses y ya son fértiles.

Salvo accidentes, como que la “adolescente rebelde” se escape y se busque un novio por su cuenta, lo suyo es esperar al año o año y medio como mínimo para que la anatomía de la gata esté bien formada de cara a ese esfuerzo orgánico que supone la gestación. A partir de esa fecha, las gatas son capaces de sacar adelante sus camadas por lo menos hasta los ocho años de edad aunque, cuanto más tiempo pase, pueden surgir más dificultades en cuanto al número de cachorros (tienden a ser menos) o a las propias dificultades del parto.

¿Dónde?…¿en tu casa o en la mía?: ¡cuántas citas de éstas a ciegas han fracasado, acabando con un macho asustadísimo, refugiado encima del armario, y una hembra furiosa bufando por toda la casa…!. Si los “novios” no se conocen previamente es tarea harto delicada la presentación y, dado que los gatos hasta ahora no son usuarios de telefonía móvil ni de chats (por cierto: “chat” = gato, en francés), el primer contacto va a ser visual y muy dado a sustos y reacciones defensivas/agresivas, exactamente igual que cuando llevamos un gatito nuevo a casa: la primera reacción suele ser de miedo acompañado de bufidos, lo que en el lenguaje de los gatos se podría traducir como “¡qué horror, un intruso en mi casa!…

Los gatos acostumbrados a las montas, como es el caso de los gatos de raza destinados a la cría no tienen ningún problema, están acostumbrados y saben perfectamente lo que tienen que hacer. Pero en los gatos caseros y sin experiencia hay que intentar ayudarles a vencer sus miedos. Hay un par de pequeños trucos para minimizar el inevitable estrés. El primero sería llevar siempre la gata a la casa del gato, por aquello de que las hembras son mucho más territoriales y, por tanto, pueden ser más agresivas con los extraños que los machos…y si no, que se lo pregunten al galán que todavía sigue escondido en lo alto del armario…

El otro es intentar reducir el estrés con la ayuda de las feromonas, tanto para crear un ambiente familiar y tranquilizador como para reducir la agresividad ante el extraño antes de que se produzca. El procedimiento es muy sencillo: por un lado unas aplicaciones de spray o difusor en la casa, dos o tres días antes de la “cita a ciegas”. Por otro lado, frotando al futuro novio antes de la presentación. ¡Ojo!: no es como echarle colonia masculina tipo Calvin Klein que le vuelva más sexi, sino un producto que va a reducir el efecto agresivo.

¿Cómo? …como las abejas y las flores… El cómo se “fabrican” los gatitos ya nos lo imaginamos todos: chico conoce chica…¡perdón!, gato conoce gata y, al final, nacen los gatitos. Lo normal es así y el mundo y los jardines están llenos de camadas conseguidas gracias a la portentosa capacidad reproductiva de los felinos.

Lo malo es cuando, como en el caso de muchos gatos y gatas domésticos, debido a su temprana incorporación a un hogar, no están socializados con otros gatos, o se asustan ante Romeos desconocidos o, por falta de aprendizaje visual (mirando también se aprende) o, sencillamente, no saben lo que hay que hacer: ni cómo, ni cuándo, ni por dónde…  Influyen otros factores: que al igual que en los seres humanos, se gusten o no se gusten, o haya colaboración o no la haya. Incluso en el caso de machos reproductores de amplia experiencia y currículum paternal demostrado, se producen muchas situaciones para desesperación de los criadores de sementales que tienen el “día vago”, o parejas que, sencillamente, “no funcionan”.

Por supuesto que la mayoría de las veces la cosa suele salir bien: la gata se deja montar, el macho sabe lo que tiene que hacer y todos (sobre todo los gatos) pues tan contentos. Pero en aquellos casos que no se apañan, la fisiología sexual de los gatos vuelve las cosas más complicadas.

Inseminación artificial

En el caso de las vacas, los caballos, los cerdos, las ovejas e incluso los perros, hace ya muchos años que los procedimientos de inseminación artificial están estandarizados, y lo que es la monta natural en muchas granjas ya ni se utiliza. En el ganado, lo que interesa es la reproducción por el interés económico que conlleva la producción de nuevas crías, y los celos se sincronizan o se provocan para cuando más interesa. Como por ejemplo, que los corderitos nazcan en vez de en primavera, como es lo natural, pues de cara a navidades, que es cuando más caros se venden.

Los gatos, decíamos, son mucho más “raritos”. Las hembras no tienen celos con ciclos regulares, como les pasa a las vacas, a las perras…o a las mujeres. Las gatas sólo ovulan en el momento de la cubrición. El procedimiento de obtención del semen en los machos debe hacerse bajo anestesia y mediante un aparato llamado electroeyaculador (no, no es por electroshock) y, aunque haya protocolos hormonales para inducir el celo en las gatas mediante ciertos fármacos, el ejemplo de lo complicado que es conseguir la reproducción en especies amenazadas de felinos, como pueda ser el caso de los linces, nos puede dar una idea de que la reproducción artificial en los gatos no es una empresa fácil.

camada de gatitos0002

Conclusiones

Aquí si que hay que dejar que la naturaleza siga su curso. Por supuesto podemos intentar, si nos apetece, cruzar a nuestra gatita. Aparte de la dificultad de encontrar gatos que no hayan sido ya castrados, los protocolos mencionados antes: uso de feromonas, presentaciones graduales, la gata a la casa del gato, etc., nos van a ayudar a reducir las posibles dificultades.

Si creemos que la monta se realizó, lo cual no siempre podemos comprobar puesto que dura escasos segundos, sí que es aconsejable realizar una ecografía a la presunta-futura madre a partir de los 22 días, que es cuando podemos ver ya los fetos en pantalla, para comprobar si la gata efectivamente se quedó preñada o no. Y una semana antes de la fecha prevista del parto (duración de la gestación: entre 60 y 63 días) tambiénm es aconsejable realizar una radiografía, donde podremos ver con claridad cuántos cachorros vienen y su posición, de cara a posibles complicaciones en el parto.

Por favor, no nos asustemos. No es difícil cruzar a la gatita, no tiene por qué haber ningún problema y, desde luego, la experiencia del parto (las gatas se apañan de maravilla y no suele ser necesario hacer nada), de la crianza y del crecimiento, día a día, de los gatitos, es una de las experiencias más bonitas que he tenido la suerte de vivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

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