Españoles en Viet Nam. La guerra secreta.

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La guerra del Viet Nam desatada contra los Estados Unidos, junto con su precedente contra Francia – a la que se conoció como la guerra de Indochina- provocó un total aproximado de entre un millón y medio a seis millones de bajas. Determinó el mapa geopolítico del mundo en la segunda mitad del Siglo XX como consecuencia de la prolongación de la Guerra Fría, e involucró directamente a más de diez países. Pero poco se sabe de la participación de españoles en aquellas guerras, aunque se calculan en más de mil los que lucharon en tan lejanas tierras… Uno de ellos fue el legionario Ángel de Haro, al que tuve la oportunidad de conocer. Ángel murió hace pocos años pero las veces que nos veíamos le encantaba contarme historias que me ilustraron bastante lo que fue aquel conflicto, tan lejano para nosotros.

Millones de muertos

Ese amplio y nebuloso margen de bajas «de entre un millón y medio a seis millones» vino de la imposibilidad material de cuantificar con exactitud las bajas de los anónimos norvietnamitas, tanto los milicianos como la población civil. Más precisión encontramos en los censos facilitados por el bando opuesto: durante la guerra de Viet Nam murieron 58.159 soldados norteamericanos, más 1.700 desaparecidos y 303.000 heridos. Los que tuvieron el triste honor de encabezar la lista fueron el comandante Dale Buis y el sargento Chester Ovnard, durante los ataques a la base de Bien, aunque después les seguirían miles más. Entre soldados de ejércitos colaboradores, como survietnamitas, coreanos (del Sur), australianos, neozelandeses y thailandeses sumaron otras 225.000 bajas más. Por parte de Viet Nam del Norte las bajas calculadas, siempre con una relativa aproximación, ascendieron a más de 600.000 militares más 400.000 civiles, cerca de un millón de muertos. Por otra parte en la guerra de Indochina los franceses perdieron cerca de 93.000 soldados frente a 175.000 milicianos del Viet Minh mas unos 250.000 civiles muertos…

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Marines norteamericanos con prisionero norvietnamita

Viet Nam fue el primer conflicto televisado de la historia, lo que permitió la denuncia de los frecuentes abusos y violaciones contra la población civil. La conocida como batalla de My Lai desató un escándalo en los Estados Unidos, debido a la masacre que supuso por parte de los soldados norteamericanos en aquella localidad, donde sólo encontraron viejos, mujeres y niños, y reflejada pese a los desmentidos oficiales por la presencia de periodistas y reporteros gráficos. De hecho y a lo largo de toda la guerra del Viet Nam 278 soldados norteamericanos fueron condenados por sus propios tribunales, debido a las atrocidades cometidas. La excusa declarada por la intervención norteamericana para una guerra que se prolongaría desde 1.955 hasta 1.975 fue la de impedir la reunificación de ambos Viet Nam, norte y sur, bajo un gobierno comunista, reunificación que al final no consiguieron evitar. Pero la guerra del Viet Nam fue tan sólo la prolongación de la que los franceses mantuvieron en lo que se conoció en su momento como la guerra de Indochina.

Españoles bajo uniforme francés

Se calculan en más de mil los españoles que combatieron en Indochina a lo largo de los nueve años que duró la guerra con Francia. La inmensa mayoría soldados republicanos que, tras la derrota en la Guerra Civil y huídos a través de los Pirineos, acabaron confinados en los campos de refugiados del sur de Francia como Saint-Ciprien o Argelès-sur-Mer. El gobierno francés les ofreció dos opciones: ser devueltos a España (con la casi total seguridad de ser fusilados), o bien alistarse en el ejército francés y, en concreto, en la Legión Extranjera. Ante tales perspectivas se alistaron bajo bandera francesa unos 15.000 en total. Tras la experiencia bélica de tres años de lucha y ante la funesta posibilidad de ser entregados a Franco, muchos de ellos aceptaron. Posiblemente ya no sabían hacer otra cosa. La 2ª Guerra Mundial no tardó en desencadenarse y bastantes de ellos lucharon en el norte de África (unos 2.000 en Túnez contra el Africa Korps del general Rommel), en suelo francés o hasta en las lejanas Indochina o Narvik, en Noruega. 

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Milicianos republicanos en la batalla del Ebro

Parte acabaron tras largo periplo a las órdenes de Philippe Leclerc, conde de Hauteclocque, más conocido como el general Leclerc. Rebelde al gobierno colaboracionista de Pétain, partidario y a las órdenes del entonces en Londres general Charles De Gaulle, comenzó desde Chad en 1.943 una larga lucha que le llevó hasta la liberación de París. La Deuxième Division contaba con una compañía: «la Nueve», llamada así, en castellano, al estar integrada en su inmensa mayoría por 144 republicanos españoles. Leclerc se dirige al capitán Raymond Dronne, responsable de la Novena Compañía (la «Nueve») con estas palabras:

no hay que obedecer órdenes idiotas (por parte del Alto Mando norteamericano, en teoría coordinador del avance). Dronne, tome a sus hombres de la Novena y entre en París. Diga a los parisinos que toda nuestra división estará con ellos mañana…

La Nueve

Los españoles de «la nueve» en París, con su tanqueta Guadalajara

Y según testimonio personal de Dronne, que sabía apreciar a sus hombres y se había ganado su respeto, cuenta en sus Memorias:

…eran hombres muy valientes. Difíciles de mandar, orgullosos, temerarios. Con una experiencia inmediata de la guerra. Muchos de ellos atravesaban una crisis moral grave, como consecuencia de la guerra civil española…

Los de «La Nueve» son los primeros en entrar a París, el 25 de Agosto de 1.944, con sus tanquetas rotuladas con nombres de famosas batallas de nuestra Guerra Civil: Guadalajara, Belchite, Brunete, Teruel… Pero ésa es otra historia. Volvamos a Viet Nam.

Españoles en Viet Nam

Hay testimonios o citaciones de muchos españoles que lucharon en Viet Nam: Robert Pujol, José Cortés, Antonio Polanco… De entre ellos quizá destacar al Doctor Ripoll Fonte que, tras la guerra, se instalo como médico en la capital de Camboya haciéndose amigo del general camboyano Susten Fernández…como suena. Susten viajó a España en alguna ocasión asombrándose de la cantidad de Fernández que encuentra en España… De lo que se enteró más tarde es que, en el Siglo XVII, sus antepasados habían llegado desde Filipinas con la intención de conquistar el reino Jemer, sembrando su «exótico» apellido… Por mi parte, tuve la ocasión y el placer de conocer al amigo Ángel, de arrebatada historia y que cada vez que nos veíamos gustaba de contarme «batallitas» de su estancia en la Legión… o de lo que fue su experiencia en Dien Bien Phu.

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Legionarios españoles, los novios de la muerte

Ángel se había alistado a la Legión en España por razones que no vienen al caso. Cuando le faltaban pocos meses para licenciarse,  una mañana les formaron en el patio, donde les ordenaron despojarse de sus uniformes. En la Legión ni se cuestionaban las órdenes. Así que se quedaron en calzoncillos en el patio inmediatamente a la voz de ¡ar!. Ahora, dijo el oficial, pónganse esos otros… y señaló un montón que había apilados, allí al lado. Se los pusieron sin rechistar y, una vez puestos, mirándose con disimulo unos a otros murmuraron, oye, esto no es del ejército español…

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      Legionarios caídos tras la masacre de Edchera, en el antiguo Sahara Español1.958

Efectivamente: eran uniformes de la Legión Extranjera Francesa… Sin mayores explicaciones los metieron en aviones y al cabo de muchas horas llegaron, para su asombro, a un  lejano país del que seguramente ninguno de los legionarios ni siquiera había oído hablar. Faltaban aún unos cuantos años para que el nombre de Viet Nam se hiciera famoso. Pero, según me contaba mi amigo Ángel, nada más llegar muy pronto aprendieron otro nombre: Dien Bien Phu. Corría el año 1954.

Dien Bien Phu, la gran derrota

Tras nueve años de guerra en Indochina, y pese a algunas sonadas victorias del ejército francés, el tesón y la moral irreductibles de los guerrilleros del Viet Minh (más tarde conocido como Viet Cong) fueron cercando poco a poco a los franceses, hasta quedar reducidos en el valle de Diem Bien Phu, al norte del Viet Nam. Un amplio valle  de 16 por 9 kilómetros, lleno de arrozales y pequeñas aldeas, surcado por el río Nan Yun. Los franceses escogieron este amplio valle por cuestiones estratégicas: principalmente para cortar la comunicación entre Laos y China, y pensando que aquí serían invencibles. Agrupados en el valle, instalaron dos pistas de aterrizaje y ocho puntos fuertes, todos con nombres de mujer: Beatrice, Gabrielle, Claudine, Anne-Marie, Huguette, Dominique, Eliane e Isabelle … es lo que tienen los franceses, que para estas cosas se ponen románticos y quieren convencer a todo el mundo de que son muy seductores…

Los generales franceses  subestimaron a los norvietnamitas pensando que allí podrían defenderse bien, y que los guerrilleros serían incapaces de instalar artillería potente en el circo de montañas que lo rodeaban. Los soldados franceses se burlaban de aquellos hombrecillos, bajitos y canijos…Pero como la Historia nos enseña a menudo y como suele suceder, cuando un ejército regular se enfrenta a guerrilleros, siempre se creen mejores que ellos… y casi siempre se equivocan…

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Ho Chi Minh y el general Giap. Planeando acciones y satisfechos tras la victoria

Los norvietnamitas estaban bajo el mando de su líder Ho Chi Minh, conocido cariñosamente como «el tío Ho» por los suyos. Su verdadero nombre era Nguyen That Than. Lo de Ho Chi Minh era su nombre de guerra y significa «el que ilumina»… Formado en Francia y en la URSS, combatiente en China con Mao Tse Tung contra el derechista Kuomintang de Chiang Kai-Shek, y vencedor del ejército japonés que invadió Viet Nam durante la Segunda Guerra Mundial, a los que logró expulsar. En Diem Bien Phu, el ejército norvietnamita estuvo bajo las órdenes directas del general Vo Nguyen Giap que, con anterioridad, había sufrido una derrota contra los franceses, pero también una sonada victoria y, contra lo que pensaron los del Alto Mando francés, subieron prácticamente a pulso su artillería y abundante munición hasta la cresta de las montañas, cargándola a hombros, tirando con cuerdas de los cañones, escondiéndolos después  en refugios antiaéreos a salvo de los aviones enemigos, con los que castigaban continuamente al ejército francés en el valle. Cuenta Giap:

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Transportando munición y piezas hasta los refugios de la montaña

para el Estado Mayor francés era imposible que pudiéramos instalar artillería en las alturas que dominan la olla de Dien Bien Phu, pero desmontamos los cañones para transportarlos pieza por pieza… (y añade, irónico) …¡siguiendo su lógica formal, tenían razón!... Más adelante continúa: …¡nuestros pies son de hierro!…utilizamos millares de bicicletas fabricadas en Saint Étienne (en Francia) que modificamos para llevar cargas de 250 kg…

El ejército regular de Giap, conocido como el Chu Luc, consta de 50.000 hombres, a los que había que añadir artillería pesada china atendida por expertos chinos, cosa que los franceses desconocen. El ejército francés destacado en Dien Bien Phu consta de 13.000 hombres. En parte, ejército regular; en parte, la fuerza de choque de la Legión Extranjera y el resto, mercenarios argelinos, marroquíes, senegaleses y vietnamitas. Como soporte, 28 cañones, 28 morteros, 10 tanques ligeros M24 y 6 aviones, cazas Bearcat. Los españoles «invitados» a formar parte de la Legión Extranjera son englobados en el 2º Batallón Extranjero de Paracaidistas, bajo el mando del comandante Liensenfelt, en total, unos doscientos. Y entre ellos, mi amigo Ángel.

En lo que se denominó la Operación Castor, el 20 de Noviembre de 1.953 son lanzados 4.000 paracaidistas que toman el lugar en ese mismo día, sin encontrar resistencia. En los siguientes tres días se van sumando 9.000 hombres más. Durante casi dos meses la situación parece tranquila. Construyen las dos pistas de aterrizaje y los ocho campamentos con nombres de mujer. Pero la noche del 31 de Enero de 1.954 se desata el comienzo del fin. Desde la cresta de las montañas, desde sus escondites a salvo de la aviación, ante la incredulidad y la desesperación de los franceses, 200 cañones machacan los campamentos y las pistas de aviación. Cañones que, para colmo, están fuera del alcance de la artillería francesa. Para cuando el Alto Mando francés intenta una operación de apoyo a cargo de la R.C.P. (Regimiento de Cazadores Paracaidistas), son ferozmente rechazados por el Viet Minh con artillería antiaérea. Nuevo desconcierto para los franceses que no contaban con que los vietnamitas contaran con ese tipo de armamento. Durante pocas semanas Giap no arriesga a sus hombres, tan sólo deja que la artillería siembre la carga mortal de sus obuses.  

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Paracaidistas norteamericanos de la 101 División

En la madrugada del 12 de Marzo Giap se decide a lanzar su infantería, que conquista las posiciones Béatrice y Gabrielle y aniquila dos batallones de franceses. El comandante de artillería se suicida aquella misma noche aunque el Alto Mando decide no comunicarlo inmediatamente a la tropa por no desmoralizar. El Jefe de Estado Mayor, conde Hubert-Marie-Jean-Albert de Seguins-Pazzis, sufre una crisis nerviosa que le mantiene varias horas fuera de juego. Seis días más tarde, el 18 de Marzo, los vietnamitas han tomado el primer aeropuerto. Pocos días después, el segundo aeropuerto ya es suyo. El 28 de Marzo aterriza el último avión francés que resulta inmediatamente destruído. Inhabilitadas las pistas de aterrizaje, los suministros de munición y de materiales ya sólo se pueden hacer lanzándolos en paracaídas que, para desgracia de los franceses, suelen caer dentro de la zona controlada por el Viet Minh. Para colmo, a mediados de Abril hacen su aparición los monzones, imposibilitando cualquier ayuda desde el aire, además de convertir bunkers y trincheras en pozos y lodazales.

La moral de los franceses no puede estar más por los suelos. Su prioridad es aguantar como sea hasta que se celebre la Convención de Ginebra donde se pretende establecer la paz entre Francia y el Viet Nam, pero no les va a dar tiempo. Los mercenarios vietnamitas han desertado en masa, y otros dos mil desertores, magrebíes en su mayoría, han abandonado los campamentos y se esconden en cuevas a lo largo del río Nam Yum («las ratas del Nam Yum«, les llaman sus antiguos camaradas) de dónde sólo salen por la noche para robar comida. Entre los desertores también se contaron españoles, pero no para escapar, sino para unirse al enemigo. Desde el comienzo de la Guerra de Indochina, hacía ocho años, muchos de los soldados bajo uniforme francés, antiguos soldados republicanos y de fuertes convicciones comunistas, veían con mucha más simpatía a los vietnamitas de Ho Chi Minh que a los «imperialistas» franceses. De hecho Ho Chi Minh hizo algunas emisiones por la radio al ejército francés invitándoles a desertar y unirse a ellos, en las que algunas de las alocuciones se dirigía a los españoles y en español que, curiosamente, dominaba de forma casi perfecta. 

Angel de Haro y sus “caballeros legionarios” trasplantados a Viet Nam sufrieron junto al ejército francés el acoso norvietnamita, replegándose cada vez más, abandonando de uno en uno aquellos puntos fuertes con nombre de mujer, incapaces tan sólo de una débil resistencia. Ángel me contaba anécdotas como la de una oficial médico, de las pocas mujeres que había en Dien Bien Phu, que salía a recoger heridos con los camilleros bajo el fuego enemigo, disparando con la otra mano una pistola sin parar.

El general Giap describió de una forma muy oriental, hasta poética si se quiere ver así, los estragos que su táctica de guerra producía en los franceses:

será una pelea entre un elefante y un tigre. Si el tigre se queda quieto el elefante lo aplastará sin remedio, pero el tigre nunca se quedará quieto. Saltará sobre el lomo del elefante arrancándole grandes trozos de carne para esconderse después en la jungla. Así el elefante morirá desangrado. Será el lento desangrar del elefante caído… 

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Largas filas de prisioneros, custodiados por el Viet Minh

Por fin, diezmados, cercados y sin más opción, los franceses se rinden el 8 de Mayo de 1954. Hasta el último momento se lanzaron refuerzos de paracaidistas, pero no bastaban: fueron enviados 4.306 soldados en total para sustituir a las pérdidas, que ascendían a 5.500 bajas. De los 20.000 combatientes franceses de la guarnición se contabilizaron un total de 7.500 bajas entre muertos y heridos. Sólo los muertos, 2.293, entre fuerzas aerotransportadas y Legión Extranjera. Tras la rendición 11.721 fueron hechos prisioneros y enviados a campos de trabajo. De éstos sólo sobrevivieron 3.290. El resto murió en los campos, por hambre y enfermedades.

Ángel tuvo suerte. Como él decía, al alistarse vendió su vida a la Legión por un sueldo ínfimo… pero salvó la vida. Ho Chi Minh había vuelto a ganar, lo que se llamó la Batalla de Indochina. Repetiría la victoria una vez más contra el poderoso ejército norteamericano, en lo que se llamaría la Guerra de Vietnam aunque no pudo llegar a verlo. Murió poco tiempo antes de la victoria, de tuberculosis, en una cueva donde se escondía cerca de Hanoi, el 2 de Septiembre de 1.969, a los 79 años de edad.

Franco y los Doce de la Fama

Mi amigo Manolo Navarro, al que conocí en Tombuctú, dueño de la productora La Nave de Tharsis, terminó hace poco un documental titulado: Go Cong. La guerra secreta de los españoles en Vietnam, que estuvo preparando pocos años atrásMe preguntó en su momento si no conocería alguien que hubiese luchado por allí. Justo, le dije, mi amigo Ángel, y le conté el episodio de Diem Bien Phu.

Mi sorpresa fue que, con lo locuaz que era Ángel habitualmente, se negó a aparecer ante una cámara contando sus experiencias en Vietnam. Ángel murió hace pocos  años pero con su hija elaboramos algunas teorías, como la de que hubiese un pacto de silencio ante aquellos hechos, posiblemente con la Legión Extranjera o el ejército francés. De hecho, el gobierno de París, en agradecimiento por los servicios de armas prestados bajo su uniforme, le ofreció la nacionalidad –que no aceptó- y trabajos de responsabilidad y confianza en factorías francesas de la aviación, donde trabajó varios años.

En el documental de mi amigo Manolo sale a relucir una historia, de las varias que se ocultaron bajo el franquismo. Ya en la Guerra del Vietnam con el gobierno norteamericano, el presidente Lyndon B. Johnson  solicitó colaboración militar en 1965 a varios países europeos en un intento de no aparecer él sólo como el agresor. Entre ellos pidió ayuda a España, con la seguridad de que con la amistad hispano-norteamericana y contando con el feroz anticomunismo de Franco, sin duda éste le apoyaría. La solicitud se hizo a través de la Free World Military Assistance Office.

La gran sorpresa fue la respuesta de Franco. En unos documentos recientemente desclasificados se puede ver una carta enviada al embajador español en Washington, Merry del Val, en la que se afirma que la carta ha sido redactada de puño y letra por el Caudillo, aunque más tarde corregida, con la orden de que le fuese entregada al presidente. Expone –resumo algo, pero el contenido es literal- un análisis certero y lleno de sentido común sobre la situación en varios puntos:

1º La guerra en la selva será un fracaso. La guerra de guerrillas será interminable.                 2º Una guerra prolongada sólo favorecerá a los chinos.                                                           3º Los americanos siempre serán considerados como extranjeros. Nunca aceptados por la población local.                                                                                                                            4º No es un asunto militar, sino un asunto político.                                                                  5º Los pueblos oprimidos y pobres siempre elegirán el comunismo porque es el único camino eficaz que se les deja.                                                                                                      6º No se pueden negar realidades presentes como el socialismo. El comunismo no desaparecerá del sudeste asiático por la fuerza de las armas.                                                   7º Hay soluciones. Todos los actores en conflicto aspiran a lo mismo: echar a los chinos.         8º A “Hochi Ing” (así llama Franco a Ho Chi Minh en la carta), por su historia y su empeño en echar a los japoneses primero, a los chinos después y a los franceses más tarde, hemos de confirmarle un mérito de patriota al que no puede dejar indiferente el aniquilamiento de su país. Dejando a un lado su carácter de duro adversario, podría ser el hombre de esta hora que el Vietnam necesita.

Asombra la indiscutible admiración que Franco procesaba a Ho Chi Minh, y aquí hay que reconocer la inteligencia militar de un hombre, con la experiencia de haber combatido a la guerrilla de los rifeños durante varios años.

Franco, pese a lo que esperaba el presidente Johnson, no envió destacamentos armados. A cambió envió un grupo de doce médicos militares, todos ellos voluntarios, a los que se conoció más tarde como Los 12 de la fama, y que estuvieron durante cinco años atendiendo al personal civil en el Hospital Español,  en la población de Go Cong, en el delta del Mekong, al sur de Vietnam.

Recuerdan algunos de aquellos médicos, entrevistados en el documental de mi amigo, el trabajo con la población local, entre los que estaban muy bien considerados, sobre todo al comprobar éstos la diferencia del trato hacia los vietnamitas por parte de aquellos médicos españoles que les atendían y el personal norteamericano, muy militarizado, que utilizaba sus propios hospitales generalmente para ellos solos.

De hecho Los Doce de la Fama solían estar escasos de medios y tuvieron que solicitarlos en repetidas ocasiones tanto al mando norteamericano como al gobierno español.  Atendían sobre todo enfermedades comunes, cirugías, pero también algún caso aislado por heridas de guerra entre las que, sospechan, hubo algún que otro guerrillero del Viet Cong, a los que cuidaron igual que a los demás. Los militares del Viet Cong eran conscientes y apreciaban la ayuda prestada a los civiles.

Según avanzaba la guerra y los guerrilleros del Viet Cong ganaban terreno, comenzaron a bombardear Go Cong y alguna bomba dañó parte del hospital. Aguantaron aún un tiempo, pero la presión se iba haciendo cada vez más fuerte. La guerra estaba llegando a su desenlace, y  al final fueron evacuados y devueltos a España.

El soplado vaginal de las vacas.

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Soplado vaginal entre los actuales Dinkas, del Sudán

Los lejanos comienzos de la domesticación del ganado vacuno.

Se da por hecho que la domesticación del ganado vacuno se produjo en la zona conocida como el Creciente Fértil, situada en el Próximo Oriente, durante el periodo que el arqueólogo australiano Vere Gordon Childe denominó como la Revolución Neolítica. Según la Teoría de los Oasis de Childe y, tras un periodo de desecación, las poblaciones humanas y animales se fueron concentrando en las orillas de los ríos y en oasis donde la proximidad favoreció la domesticación de varias especies, bovinos y ovinos principalmente, además de algunas plantas, como los cereales. Estos cambios climáticos se produjeron en un periodo comprendido entre finales del Pleistoceno y comienzos del Holoceno, hace 10.000 o 12.000 años.

Pero la Revolución Neolítica no se produjo sólo en ese Creciente Fértil, que se extendía desde los ríos Tigris y Eufrates por el este, hasta la ribera del Mediterráneo por el oeste, pasando por el norte de Siria. Hubo otras zonas en el Viejo Continente, tales como el valle del Nilo en Egipto, los de los ríos Indo y Ganges en La India, o el valle del Yang Tse en China, en los que la arqueología ha demostrado procesos paralelos e independientes de domesticación.

Hay otra zona más en debate: el Sahara central (en árabe pronunciado asájara = desierto). Concretamente en la inmensa zona delimitada por los actuales desiertos de Libia y Argelia, pero que comprende también parte de los actuales estados de Níger, Mali, Chad y Mauritania. En tan extensa región se encuentran numerosos yacimientos arqueológicos, con una antigüedad máxima estimada de 12.000 años. En estos yacimientos los testimonios en forma de grabados y pinturas rupestres son abundantísimos. La zona con más densidad es la del Tassili N’Ayyer, al sureste de Argelia lindando con Libia, una gran meseta rocosa que se extiende a lo largo de 800 kilómetros, pero existen grabados y pinturas desde el desierto occidental de Egipto hasta prácticamente la costa del Atlántico, en Marruecos y el antiguo Sahara Español.

 

 

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Escena de ordeño en grabado rupestre, en Wadi Tiksatin (Libia)

En el Tassili N’Ayyer y zonas aledañas (Murzuk en Libia, Tibesti en Chad, la meseta de Yado en Níger o el macizo de Hoggar al sur de Argelia) los grabados rupestres nos muestran casi desde el comienzo una variada fauna que originalmente correspondía a la fauna salvaje allí presente, y objeto de caza: muflones, búfalos, avestruces, hipopótamos, elefantes o rinocerontes, entre otros. Más adelante y en los diversos periodos estudiados por los especialistas, aparecerán los bóvidos con evidencia de domesticación y, en la fase de las pinturas (posterior a los grabados en roca), un período cuyo nombre ya define la temática: el Periodo Pastoral o Bovidiense, que se extendió a grosso modo entre los años 7.000 y 2.500 a.C. En este periodo, el más numeroso en representaciones y de un gran naturalismo, aparecen multitud de escenas de pastoreo, con rebaños de vacas y escenas de la vida familiar de los pastores.

 

 

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Pinturas rupestres de vacas del periodo pastoril o bovidense en el Tassili N’Ayer. Se trata de uno de los miles de calcos, reales, que hizo Henry Lothe durante su estancia en el Tassili N’Ayer. Actualmente se pueden ver en el Museo del Hombre de París. Cada 2-3 meses los sustituyen para evitar el deterioro que supone su exposición a los agentes atmosféricos.

La domesticación de los bóvidos en el Sahara

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Escenas de ordeño en el Antiguo Egipto. De 2ª Dinastía, y de Mastaba de Kagemni

Antes de entrar en la polémica sobre la domesticación de los bóvidos en el Sahara central quisiera hacer una aclaración. En la actualidad estamos acostumbrados a contemplar el Sahara como un lugar sumamente árido pero, ni siempre ha estado seco, ni tan siquiera caliente. Los expertos han establecido varias fases climáticas. Así, hasta hace unos 20.000 años el Sahara era una región muy húmeda, con grandes lagos en su interior. Pero durante los 10.000 años siguientes (hasta hace unos 10.000, aproximadamente) la influencia de las épocas glaciares europeas y, en concreto, la última y más dura glaciación de Wurm, se dejó sentir experimentando un clima muy frío y árido, sin apenas precipitaciones y con muy bajas temperaturas. La aridez hizo que los cauces de los ríos Nilo, Níger y Senegal, así como el gran lago Chad se secasen, quedando sus cauces cubiertos por la arena.

La situación de frío y aridez se mantuvo hasta el final de la glaciación de Wurm, hace 10.000-12.000 años, en que volvieron las lluvias y el clima se templó. Entre los años 9.000 y 2.500 a.C. el Sahara fue un lugar perfectamente habitable, con ríos caudalosos, lagos estables y una vegetación floreciente, con zonas de arbolado y verdes praderas, dignas de una postal de Irlanda. La fauna procedente del sur se expandió por el Sahara, y de ahí su imagen frecuente en los grabados donde los cazadores la dejaron representada. En 1.933 el teniente Brenans explorando la zona al frente de un cuerpo de camelleros descubrió, para su asombro, en las paredes del reseco cauce del Ued Yerat, al norte del Tassili, numerosos grabados a tamaño natural de aquella fauna salvaje hace tiempo desaparecida en la zona. Este hallazgo dio comienzo a las exploraciones en las que Henry Lothe tomó la supervisión, centrándose sobre todo en el Tassili N’Ayer, cuya traducción del bereber significa precisamente «la meseta de los ríos», evidencia de tiempos mejores.

La domesticación de los bóvidos en el Sahara central es un tema sujeto a polémica. Arqueólogos como la gran experta en la zona, la argelina Malika Hashid, arqueóloga, antropóloga y ex directora de los yacimientos del Tassili N’Ayer, opina que fue un proceso independiente, debido a la evolución del control de la fauna salvaje y, en concreto, de los bóvidos como los búfalos de grandes cuernos, a los que en numerosos grabados se puede ver ya sujetos con cuerdas. Por el contrario, otros expertos sostienen, apoyándose incluso en el estudio filológico de las lenguas de los pueblos allí presentes (que probaría sus migraciones), que el ganado vacuno provenía desde el lejano Creciente Fértil y que penetró en África difundiéndose bien por el norte hasta el Mediterráneo, emigrando a aquel Sahara aún verde y totalmente apto para mantener grandes rebaños y, en otro de sus movimientos, bajando por la costa oriental del continente hasta el extremo sur.

¿Para qué valen las vacas?. La leche.

Hoy día decir «vaca» es decir «leche». Hay expertos que sostienen que, inicialmente y al igual que sucedió con el ganado ovino, su primera utilidad fue como fuente de carne. Puede ser. Pero en la estrecha convivencia durante milenios de los pueblos pastores con su ganado, la utilidad de ese producto con que las vacas alimentaban a sus terneros debió resultarles evidente. En un proceso natural común a todas las hembras mamíferas, las madres producen leche para alimentar a sus crías, y esa producción finaliza cuando éstas alcanzan el desarrollo suficiente para ser autónomos en cuanto a su alimentación.

Hoy día la leche de vaca es un producto sujeto a muchas controversias debido a los problemas que su ingestión puede producir, bien por las alergias debidas a su proteína: la caseína, o debido a la intolerancia a su azúcar, la lactosa, en aquellas personas con deficiencia en cuanto a la enzima necesaria para su digestión: la lactasa. Si queréis profundizar en el tema podéis consultar la entrada a mi blog titulada: La leche, ¿buena o mala para nuestra alimentación?. Pero desde hace miles de años ha sido una de las principales fuentes de alimentación para muchos pueblos nómadas y ganaderos que han utilizado la leche de vaca, de búfala, de yak, de reno, de yegua, de cabra, de oveja o de camella, obteniendo de ella las proteínas, vitaminas y minerales necesarios. Incluso el agua necesaria, en zonas áridas.

Pueblos ganaderos africanos como los masai, los fulani, los dinkas, los nuer o los tuareg, entre otros muchos, dependen en gran medida para su alimentación de la ingesta de leche. Pero incluso los antiguos europeos debieron su supervivencia en gran parte a la leche de sus vacas. Todavía forma parte importante de la economía agraria. Con esta dependencia no es raro, pues, la abundante iconografía que desde la antigüedad nos han dejado en grabados y pinturas los primitivos pueblos ganaderos.

 

 

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Escenas de ordeño en el Ued Yerat (Argelia) y en Jebel el-‘Uweynat (Libia)

Testimonios arqueológicos. El soplado vaginal de las vacas

 

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Grabado rupestre con escena de soplado en el Wadi Imrawen, en el Messak (Libia)

Las vacas producen la apreciada leche tras parir los terneros. Mientras éstos se amamantan, las vacas producirán leche. Pero en las modernas razas de producción exclusivamente lechera, tales como las frisonas (las típicas vacas blancas con manchas negras) se ha conseguido mediante selección que, aunque se les retire el ternero nada más nacer (ya se le alimentará con leche en polvo) y estimulada su producción bien con el ordeño manual, bien como es el sistema actual con las ordeñadoras automáticas, la vaca continúe produciendo leche durante casi un año, hasta que se la insemine artificialmente de nuevo, para producir más terneros… La vaca no va a conocer ya a sus hijos, sino tan siquiera al padre de éstos. Son las exigencias de la moderna industria lechera…

En las antiguas economías agrarias la vaca producía leche mientras el ternero continuase mamando. Los pastores permitían al ternero mamar lo justo, mientras que ellos a su vez ordeñaban a la vaca para conseguir «su» leche. Pero cuando el ternero estaba más crecido, o en aquellos casos frecuentes en los que el ternero moría, la vaca se «secaba» (como se dice en el argot ganadero) en cuestión de muy pocos días. Y el ingenio humano sumado a la necesidad comenzó a buscar soluciones.

 

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Soplado vaginal, pintura rupestre en I-n-Sebuk, en Immidir (Macizo del Hoggar, Argelia)

Un remedio clásico era colocarle otro ternero a la vaca. Pero, para que la vaca lo aceptase y no lo rechazase, uno de los trucos era rociar al nuevo ternero con orina del recién muerto. La vaca, tras olisquearle y reconocer el olor, comenzaba a lamer al nuevo ternero y la suplantación ya estaba hecha. Esta solución, por ejemplo, me la han contado personalmente amigos marroquíes, tal y como la utilizan en su pueblo. Otras suplantaciones similares se conseguían colocando frente a la vaca el cadáver del ternero muerto con lo que, inicialmente, la vaca era estimulada para la lactación. Pero incluso en estos casos, o bien cuando por su ciclo natural, la vaca iba produciendo cada vez menos leche, los ganaderos inventaron un  recurso que a nosotros, habitantes de un mundo desarrollado, nos podrá parecer un tanto asqueroso pero que demostraba su efectividad: el soplado vaginal de las vacas.

En esencia consiste en arrimar la cara a la vulva de la vaca y soplar fuertemente dentro de ella. Generalmente, aunque no siempre, uno aprovecha para ordeñar mientras otro sopla. Bien directamente, bien con el auxilio de un tubo (hueso o caña) insertado dentro, o bien mediante artilugios de arcilla en forma de embudo para facilitar la insuflación. La base fisiológica del soplado es la estimulación de la matriz para producir un aumento de la hormona oxitocina, responsable de las contracciones uterinas en el momento del parto, pero también de la producción de leche.

soplado concha para insuflar, Hungría S. XIX0007soplado cerámicas para insuflar de Wadi Hawar (Sudán) del neolí0007

 

 

Caracola, Hungría, S. XIX                           «Embudos» cerámicos neolíticos, para el soplado

Esta técnica se ha descrito en prácticamente todos los pueblos ganaderos africanos: los afar de Etiopía, los masai de Kenia, los tuareg de Argelia, los turu y los ziba de Tanzania, los fulani de la franja del Sahel, los dinka y los nuer del Sudán o los hotentotes sudafricanos. Pero también en pueblos asiáticos ganaderos como los yakutos siberianos, los kalmukos mongoles, los kirguises, los irakíes de Basora, los tibetanos o los pastores hindúes. En La India, en concreto, la técnica utilizada era la inserción de una caña de bambú por donde se soplaba, lo que se conocía como fuka. Ghandi consiguió, llevado por sus buenos sentimientos hacia los animales, la prohibición de la fuka alegando el malestar que podía producir a las vacas.

 

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Hotentotes. Grabado de 1719

Pero no hay que irse tan lejos. Heródoto en sus Historias nos lo cuenta como una costumbre entre los escitas del sur de Rusia aunque, en este caso, no con vacas sino con yeguas, animales que se siguen utilizando hoy día para ese fin entre los pastores de Mongolia. La cita es así:

tras tomar unos tubos de hueso, muy semejantes a flautas, introduciéndolos en los genitales de las yeguas, soplan con sus bocas y, mientras unos están soplando, otros las ordeñan. Y dicen que hacen ésto por lo siguiente: que las venas de la yegua se hinchan al ser sopladas y la ubre se pone en acción… (Heródoto, «Historias», Libro IV, cap. 2)

Aún en el Siglo XIX se describió en Europa: entre los magyares de Hungría, entre los bosnios, los irlandeses (mención en 1.681) o en la cercana Alsacia (mención de 1.894). Hay incluso una comunicación personal de un ganadero de la región de Aubrac, en Francia, fechada en 2.010.

 

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Nuer, del Sudán

La costumbre no se ha perdido. Hay testimonios actuales en ganaderos que viven en pleno neolítico, como los dinkas y los nuer del Sudán y que, mientras insuflan aire en la vagina de sus vacas, masajean las ubres para conseguir una mayor estimulación, una mayor producción de oxitocina (aunque ellos obviamente no lo sepan) y una mayor producción de leche. Insisto: a nosotros nos parecerá una cochinada éso de arrimarle la cara a la vulva, pero para ellos no tiene nada de asqueroso, al revés, la supervivencia es lo primero.

 

 

 

 

 

El perro Paco. Un héroe y mártir castizo en el Madrid de 1882

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EL PERRO PACO

Corría el año de 1879, el día 4 de Octubre concretamente, festividad de San Francisco de Asís, cuando un caballero camina por la calle de Alcalá, rodeado de varios amigos. Este hombre era don Gonzalo de Saavedra y Cueto, marqués de Bogaraya, grande de España, borbónico hasta las cachas y persona con gran futuro pues algunos años más tarde será alcalde de Madrid. Se dirigen hacia el Café de Fornos donde han decidido cenar. La Historia sin que él lo sepa ha decidido que sea el introductor de uno de los personajes más famoso de Madrid: el perro Paco.

Según las crónicas, un chucho de los muchos que deambulan por la calle, tirando a pequeño y de color negro con mancha blanca en el pecho. Se cuenta, aunque no está contrastado y quizá forme parte del mito, que Paco nació en Colmenar de Oreja. El perro se había acostumbrado, con ese don de gentes que le caracterizaba, a viajar en el pescante de los coches de posta que unían Colmenar de Oreja con Chinchón, hasta que un día le dio por ampliar sus horizontes y llegar hasta la capital. Aquella noche del 4 de Octubre de 1879 el perro se acercó a las perneras del señor marqués y, por esos azares de la vida, le cayó simpático. Sus destinos, para suerte del perro Paco, quedaron unidos.

El Café de Fornos

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El mencionado Café de Fornos se situaba donde actualmente hay un Starbuck, en el cruce de Alcalá con la calle de Nuestra Señora de los Peligros, antiguamente calle Angosta de los Peligros, para distinguirla de la calle Ancha de Peligros (para los madrileños, Peligros sin más).  Conviene señalar para jóvenes y viejos que Madrid, por aquel entonces, era un poco diferente a la actual. Para empezar, aún no existía la Gran Vía. Se construiría unas décadas después a costa de la demolición de más de dos mil viviendas, angostas y oscuras en un laberinto de callejas más oscuras y angostas todavía, en pleno fervor de saneamiento y modernización de la ciudad.

Las únicas calles amplias que mereciesen ese nombre eran las cuatro que confluyen en la Puerta del Sol: Arenal, Mayor, la Carrera de San Jerónimo y Alcalá, que acababa con tal nombre en lo que hoy es la Plaza de Cibeles y en aquellos tiempos cauce del arroyo de la Castellana, que discurría extramuros en dirección Norte-Sur, formando parte de la Cañada Real y en cuyos prados y descansaderos pacían los rebaños de merinas en su trashumancia. De su existencia quedan ecos, como el del Paseo de Recoletos, antiguamente Prado de los Recoletos Agustinos, o la Fuente Castellana que dio nombre al largo paseo bajo el que se soterra el arroyo y que se situaba en la actual Plaza de Emilio Castelar. Pero volvamos al Fornos y al perro Paco.

En la esquina entre Alcalá y Peligros, como decíamos, se encontraba el café de más postín del Madrid de entonces: el Fornos, llamado así por el apellido de su propietario, don Manuel. Que, por cierto, se pegaría un tiro en la cabeza en uno de sus reservados tal que en 1905. Pero aún faltaban algunos años. En el de 1879 con el que comenzaba esta crónica, se acababan de mudar desde su primitiva ubicación en la calle de Arlabán. El nuevo local se montó a todo lujo: muchas mesas de mármol, sillas de madera y divanes de terciopelo rojo. Grandes espejos, pinturas (de Plasencia, de Gomar y de Sala) por las paredes, reloj con dos esferas e incluso cubertería de plata que acabarían sustituyendo al ser ésta objeto de “coleccionismo” por parte de la selecta clientela.

Porque la clientela del Café de Fornos era de lo más selecto. Por la tarde iban a merendar los matrimonios burgueses. Según avanzaba la tarde, se instalaban en sus mesas políticos, militares, cómicos, intelectuales, toreros y demás gente de mal vivir. Se hicieron famosas las tertulias como la del escritor y comediógrafo Vital Aza y, sobre todo, la de don Felipe Ducazcal. Actor y empresario de teatro, fundador de El Heraldo de Madrid y amigo de don Amadeo de Saboya y de Alfonso XII. Con él se sentaban los cómicos Rafael Calvo y Antonio Vico, el tenor Julián Gayarre, los músicos Chueca y Chapí, el torero Frascuelo o el inventor Isaac Peral. Además del ya citado, el Marqués de Bogaraya, que comandaba el conocido como el Batallón del Aguardiente. El Café de Fornos no cerraba nunca. En los reservados del piso inferior se gestaron conspiraciones o, lo que era más habitual, citas galantes aprovechando la intimidad de los compartimentos.

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                                La tertulia de Vital Aza, en el Café de Fornos

El perro Paco entra en escena

Quiso la suerte que aquella noche el Marqués y aquel chucho se hiciesen amigos, y con semejante padrino entrase por pleno derecho al selecto Café de Fornos. El perro Paco (como fue bautizado por la festividad del día) dormía en las cocheras de los tranvías, por aquel entonces todavía tirados por mulas, sitas en la calle Fuencarral, que unían la Puerta del Sol con la glorieta de Cuatro Caminos. Cuando Paco se quería retirar rascaba la puerta de las cocheras que le eran franqueadas por el guarda. Paco era, nunca mejor dicho, un animal de costumbres, o todo un bohemio, como queráis llamarle. Ya famoso, nunca aceptó las muchísimas invitaciones para entrar en las casas de sus protectores.

Aquella noche en el Café de Fornos le arrimaron una silla y, como un comensal más, le pusieron un plato con carne asada que el perro, suponemos, engulló con delectación. Acabada la cena, pidió el Marqués una botella de champán. Y echándole unas gotas sobre su cabeza quedó bautizado como Paco, entrando en la leyenda. Para los parroquianos del Fornos invitar al perro Paco se convirtió en una costumbre. Paco se acercaba al Fornos, al que los camareros permitían pasar como personaje señalado que era. Siempre había alguien que le invitaba a un plato de carne que el perro, como había aprendido, comía subido en una silla. Como persona educada, esperaba a que su mecenas de turno se retirase acompañándole sin prisas hasta la puerta de su domicilio. Nos cuenta Natalio Rivas, por aquel entonces joven político y que asegura haberlo visto personalmente que, tras acompañarle, y rechazando toda invitación a entrar a la casa, se dirigía hasta su lugar de descanso, en las cocheras de la calle Fuencarral.

El perro Paco comenzó a frecuentar no sólo el Café de Fornos, sino el cercano teatro Apolo, nada que ver con el actual, y que estaba situado en el número 45 de la calle de Alcalá de Madrid, justo a la derecha de la iglesia de San José. Inaugurado el 23 de Marzo de 1873 tenía cabida para 1.200 espectadores, lo que le valió la popular denominación de la “catedral del género chico”. Y donde, por supuesto, le dejaban entrar. No había en Madrid portero o conserje que osase impedirle la entrada. Si había butaca libre, se sentaba. Y si el teatro estaba lleno siempre había espectadores que le hacían sitio. Una vez acabada la función y como costumbre adquirida por derecho, al Fornos, que ya habría algún amigo que le invitaría a cenar. Al poco otro de sus mecenas, don Felipe Ducazcal antes mencionado, le invitaba a desayunar a diario en el Café Suizo, situado en la acera de enfrente, en la esquina entre las calles de Alcalá y la de Sevilla. Con el bollo mañanero y su bistec nocturno del Fornos, Paco tenía la vida resuelta y bien resuelta. El can se había convertido en un icono de la época. Se escribieron canciones sobre él, los periodistas mencionaban su asistencia a los eventos como si se tratara de una celebrity más, e incluso se editó un periódico, El Perro Paco, donde se reflejaban las “opiniones” del chucho sobre política, arte, cultura, y todo lo debatible. Incluso se anunció una manzanilla de Sanlúcar bajo la denominación de El perro Paco, al precio de tres pesetas la botella.

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El perro Paco y los toros

 

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                                    La antigua plaza de toros. Al fondo, Madrid

Como madrileño de pro, Paco se aficionó a los toros. Por aquel entonces la plaza de Madrid se situaba entre lo que serían las calles Goya y Jorge Juan, de ahí la tradición actual de los toreros de vestirse en el Hotel Wellington, a un tiro de piedra de aquella localización. Los toros eran llevados a la plaza no en camión, que no los había, sino arreados a caballo desde las vegas de Aranjuez al mejor estilo campero cual auténticos cow-boys  del lejano Oeste y, ya en Madrid, por el paseo de las Delicias arriba, ganado bravo descendiente de la afamada ganadería sevillana de Veragua.

Los días de lidia los madrileños se acercaban a la plaza subiendo la calle Alcalá o, como se decía y se dice en el foro, por la “c’alcalá p’arriba”. Eran días de fiesta, ataviadas ellas con pañolón o mantillas, ellos con su mejor terno y claveles en la solapa. Los más pudientes en coches de caballos, algunos en tranvía, los más a pie. Y con ellos, el perro Paco. Ocupaba su localidad como uno más y, acabada la faena y muerto el toro, gustaba de saltar a la arena para pegar unos saltos, volviendo a la localidad cuando los clarines anunciaban el siguiente toro, lo cual era muy celebrado por los espectadores excepto algún purista, que siempre los hay, como don Mariano de Cavia, criticando en algunas de sus crónicas lo que consideraba indecoroso con la lidia.

La muerte del perro Paco

 Desde el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías lorquiano a la ¡Talavera, Talavera, qué triste suerte tu suerte!…por la muerte de Joselito El Gallo, el mundo taurino ha gustado lamentar con coplas y poemas la desgraciada muerte de sus héroes.  A toda una celebridad como el perro Paco, por desgracia, nadie supo cantarle.

La tarde del día 21 de Junio de 1882, festividad de San Luis Gonzaga, se celebraba en Madrid una becerrada “de las de convite”, del gremio de vinateros, en la que estaban anunciados Isidro Grané, Ernesto Jiménez, Enrique Gaire y José Rodríguez Miguel, más conocido en el mundillo taurino como Pepe el de los Galápagos, mote que debía al regentar una taberna en la calle de Hortaleza, frente a la fuente de los Galápagos. Todos ellos con la ayuda de Santos López, Pulguita, banderillero que formó parte de la cuadrilla de don Luis Mazzantini.

El último becerro de la tarde correspondió a Pepe el de los Galápagos, un ejemplar peligroso que demostró bravura y embestía con aviesas intenciones. El Pulguita no consiguió hacerse con él y menos aún El Galápagos. Como la faena se dilataba y el respetable se aburría, el perro Paco decidió saltar a la arena. Las crónicas se contradicen. No se aclaran si El Galápagos tropezó con él, o si Paco distraía en exceso al morlaco, pero el caso es que El Galápagos, nervioso,  lanzó un estocazo al chucho que le atravesó los ijares. Y allí se lió la marimorena. Mientras la plaza abucheaba al Galápagos por herir a uno de los personajes más queridos de Madrid, cerca de cien espectadores se arrojaron al ruedo, ignorando al becerro, con la intención de linchar al novillero, cosa que consiguió evitar la fuerza pública.

Quien tiene un amigo tiene un tesoro. Y a Paco no le faltaron amigos. El jefe de areneros, Pepe Chinchilla, tomándole en brazos lo condujo presto a la enfermería donde le hicieron unas curas de urgencia, aunque la cogida parecía grave. Se requirieron los servicios profesionales del veterinario don Ciriaco Baigorri que, viendo el mal estado del can, avisó a su colega don Francisco de Jaime y que a su vez convocó a un tercer veterinario, don Pedro Benito Aguado. Dice el refrán popular que…»un médico cura; dos, dudan; tres, muerte segura»… No dudamos de su competencia pero es cierto que Fleming tardaría aún sesenta años en inventar la penicilina, que el estoque del Galápagos había atravesado al pobre chucho de lado a lado y que posiblemente no había nada que hacer, pero el caso es que Paco falleció a los pocos días.

Otro amigo de los del Fornos de Paco, el torero Frascuelo, se hizo cargo del cuerpo y lo mandó disecar por el mejor taxidermista de Madrid, don Ángel Severini. Tras un breve periplo en un par de establecimientos, entre ellos una droguería sita en el 22 de la calle Desengaño (aunque las crónicas se contradicen si fue antes o después) el busto disecado del perro Paco acabó decorando una taberna taurina sita en el 89 de la calle de Alcalá, propiedad de aquel Pepe Chinchilla que lo condujo a la enfermería de la plaza. Podemos imaginarlo sin mucho esfuerzo, quizá flanqueado por sendas y serias cabezas de astados. No dudo de la buena intención del propietario, pero posiblemente también hubo en el lucimiento de los restos mortales del pobre Paco su poquito de lo que aún no se llamaba marketing, y podemos imaginar también los brindis que más de uno y más de dos, con los ojos húmedos no se sabe si por la emoción o por el vino, dedicaban a Paco levantando el vaso y recordando sus hazañas. Pero a Paco aún le faltaba un último viaje, y pasado el primer y lógico entusiasmo tampoco duró mucho tiempo en la taberna del Chinchilla. Acabó, anónimamente, enterrado en El Retiro.

Epílogo

La memoria de Paco entre los madrileños aún seguía viva pocos años después de su muerte. Hubo un personaje del que no he logrado encontrar el nombre aunque bien me hubiese gustado, que promovió una campaña para recaudar fondos y erigir una estatua al perro Paco. El caso es que, en muy poco tiempo y apelando al buen recuerdo del chucho, logró reunir la nada desdeñable cantidad de 2.900 pesetas de las de la época. Pero, si Paco era libre y bohemio, el recaudador demostró serlo todavía más. Según crónica de la época: …desapareció con el dinero y nunca más se supo de él…

El largo peregrinar de los manuscritos árabes. La Biblioteca de El Escorial y la Fundación Kati de Tombuctú. 2ª parte.

Manuscritos. El Monasterio en invierno

Quiero agradecer su cordial ayuda en lo referente al Fondo Árabe de la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial a su bibliotecario y antiguo prior, Don Jose Luis del Valle y, muy especialmente a una buena amiga, restauradora de cubiertas antiguas, por su abundante y valiosa información. Y en cuanto a lo que atañe a la Fundación Kati, a su depositario y conservador contra viento y marea Ismail Kati, siempre amable y de siempre interesante conversación, y a Manuel Alonso Navarro, al que conocí casualmente frente a la mezquita de Yingueraber cuando aún desconocía la existencia de los Kati, y junto al que emprendí una accidentada «huída» de Tombuctú, huída que significó el comienzo de una estupenda amistad. A todos, gracias.

1.- El destierro del toledano

2.- los antepasados de Ali Ben Ziyad y el rey visigodo Witiza

3.- El exilio

4.- El fin del viaje

5.- En familia

6.- La biblioteca Kati

7.- La triste vida de Muhamad Abana

8.- Ismail Diadié Haidara Kati y el Fondo Kati

9.- Las bibliotecas de Tombuctú

El destierro del toledano

Arde Toledo o, de momento, arde La Magdalena. Mudéjares y conversos se han rebelado ante la creciente presión de los cristianos viejos que han acabado con la situación de tolerancia a sus instituciones, hasta entonces respetadas. Estamos en el día 22 del mes de Julio del año 1.467. Diez y seis años antes, en 1.451, se promulgan una serie de medidas restrictivas contra judíos y musulmanes. Los judíos protestan y alegan que ya Juan II en 1.450 -volvería a hacerlo en 1.452- había revocado normas similares, aunque los episodios de asaltos a las juderías han sido casi una constante desde la toma de Toledo por Alfonso VI el 25 de Mayo de 1.085, apoyado por los judíos, por cierto. En principio los nobles toledanos aceptan, pero sólo en parte, y las restricciones aumentan: prohibición de andar de noche, salir a la calle durante las festividades cristianas o llevar señales distintivas en la ropa que les identifiquen, entre otras.

La Liga de Nobles ha destronado simbólicamente a Enrique IV de Castilla en la llamada Farsa de Ávila, el 5 de Julio de 1.465, coronando a su hermanastro Alfonso como Alfonso XII -aunque en su momento se le conoció como «El Inocente»- con tan sólo doce años. No les duraría mucho, murió a los catorce de edad. Los cristianos viejos comienzan a limpiar Castilla de todo aquello que llevase sangre judía, ya fueran judíos o conversos, así como a los mudéjares y musulmanes convertidos al cristianismo. Mudéjares y conversos (para los cristianos viejos son la misma cosa) sintiéndose cada vez más amenazados y fuertemente armados han cercado la catedral, matando a dos canónigos y algunos fieles. Cuando se aproximan refuerzos, los rebeldes montan barricadas en puertas y puentes, pero los cristianos consiguen escapar de la catedral y la respuesta de los rebeldes es pegar fuego al próximo barrio de La Magdalena donde mil seiscientas casas van a quedar arrasadas. Tras varios días de lucha el fuego es controlado y los rebeldes reducidos. El cabecilla converso Fernando de la Torre es ahorcado para general escarmiento en la Plaza de Santa Leocadia, mientras que su hermano Álvaro lo será en la Plaza del Seco. Durante varios días más otros conversos continuarán dando ejemplo con su ejecución. La antigua tolerancia queda cortada en seco, quedando tanto judíos, como mudéjares o conversos excluídos de todo cargo público.

En 1.460 un mudéjar principal, descendiente de visigodos conversos al Islam, Alí Ben Ziyad al-Quti, ejerce como juez y autoridad entre la comunidad musulmana. Las crónicas -o las memorias familiares, sería más exacto- nos cuentan que además de su patrimonio, contaba con negocios de hostelería y restauración, como diríamos ahora. Pero tras lo que quedará para la posteridad como «Los Fuegos de La Magdalena», su situación así como la de otros mudéjares empieza a ser muy complicada. Atrás quedan tiempos mejores, como cuando la Escuela de Traductores de Toledo, desde la toma por Alfonso VI hasta Fernando El Santo o hasta la muerte de su hijo Alfonso X, llamado El Sabio, cristaliza en el mundo del conocimiento la tan proverbial convivencia de las tres culturas.

El 22 Dhu’l-Qa’dah del año 872 de la Héjira -el 22 de Abril del 1.468 de la Era Cristiana- Alí Ben Ziyad fue autorizado a abandonar Toledo junto a un grupo de mudéjares y conversos, llevando consigo algunas propiedades: algo de dinero y, sobre todo, sus bienes más preciados entre los que se cuentan sus libros, unos 400 manuscritos escritos en hebreo, árabe y aljamiado -castellano escrito bajo caracteres árabes-, compendios de astronomía, matemáticas, medicina y filosofía, que Alí Ben Ziyad ha podido reunir con facilidad en una ciudad como Toledo, sede que fue de la Escuela de Traductores. La condición impuesta para poder marcharse es dejar en la ciudad en calidad de rehenes a sus familias. Durante su exilio les enviará cartas. Todos confían, ¡inshaláh!, que el exilio sea breve y volver a reunirse con ellos, tarde o temprano, cuando la situación mejore aunque en su interior sospechan que será difícil. Jamás volverá a verles.

Los antepasados de Alí Ben Ziyad y el rey visigodo Witiza

…oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza… cuentan las crónicas. Algo debía de «cocerse» para tan negros augurios, y no andaban descarriados. Si el tema os interesa podéis profundizar algo más en la figura y las circunstancias de Witiza en la entrada de este blog titulada: De Toledo a Tombuctú y los descendientes de Witiza. Pero para entender de cómo la figura del mudéjar Alí Ben Ziyad surge en Toledo, os aclararé algunos datos.

Entre los nobles visigodos era costumbre escoger rey en asamblea. Con el tiempo se volvió una cuestión casi hereditaria, de padres a hijos, pero originalmente primaba la validez del candidato. Una cuestión que suscitó divisiones profundas entre ellos fue el enfrentamiento entre unitarios y trinitarios. La iglesia cristiana de los primeros siglos estaba dividida en múltiples sectas. Uno de los principales desacuerdos se basaba en la cristología, o la relación entre Jesús y Dios. Originalmente los visigodos practicaban el cristianismo basado en los principios del presbítero Arrio de Alejandría que sostenía la subordinación de Jesús respecto a Dios, lo que se definió en griego, la lengua culta de la época, como homoiusia (de diferente materia) para los arrianos. Dios sólo era lo que ahora llamamos Dios Padre, mientras que Jesús no compartía esa naturaleza divina.

La corriente oficial se había establecido en el Primer Concilio de Nicea, convocada por el emperador Constantino en el año 325, y sostenían que Dios Padre y Dios Hijo (Jesucristo) eran de la misma naturaleza, lo que llamaban la homousia (en griego, la consustancialidad). Una letra más, una letra menos, pero unos conceptos radicalmente enfrentados. Algo más tarde y en el Concilio de Constantinopla del año 381 convocado por el emperador Teodosio se añade la figura del Espíritu Santo, con lo que se constituye el dogma o «misterio» de la Santísima Trinidad. El denominarle «misterio» no fue a la ligera. Es una figura que, aunque hoy en día tengamos bastante asimilada en el subconsciente de la cultura cristiana, en su momento generó importantes debates teológicos y muchas controversias. Pero la poderosa iglesia de Roma con el apoyo del todavía fuerte Imperio Romano la acabó imponiendo. Sus partidarios comenzaron a llamarse los «trinitarios»-o católicos, de «universalidad»-  en oposición a los partidarios de Arrio, o «unitarios». Por diferentes motivos, los recién llegados y cristianizados visigodos eran arrianos y, por tanto, unitarios.

En España la Iglesia tiene su sede oficial en Toledo. Dependiente de la casa madre de Roma y trinitaria, por tanto. Aunque en sus comienzos la nobleza visigoda se encuadra bajo la creencia unitaria, el rey Recaredo en el año 589 convoca el Tercer Concilio de Toledo donde se impone la doctrina trinitaria. El objetivo puede que fuese la reconciliación entre la Iglesia y la monarquía, y el apoyo de parte de la nobleza hispanoromana. No sin fuerte oposición y focos de resistencia, Recaredo implanta la doctrina trinitaria que pasa a ser la oficial a todos los efectos.

Oficial…para las altas esferas. Si para los eclesiásticos más preparados debió ser arduo entender el «misterio», para las gentes de a pie, analfabetos en su inmensa mayoría, debía ser «cosa de los curas» que había que acatar como tantas otras bajo el riesgo de ser declarado hereje y morir bajo torturas, aunque nadie la entendiese, que tampoco se les pretendía discusiones teológicas, con acatar el dogma les bastaba. Fe, al fin y al cabo, significa creer ciegamente, con la proverbial e incombustible fe del carbonero, en lo que no se puede ver ni demostrar.
 
Tras más de cien años desde la conversión oficial de la aristocracia goda al catolicismo, Witiza da un golpe de timón y se declara partidario del unitarismo arriano. No podemos saber sus motivos, tan sólo especular. ¿Enfrentamientos con la Iglesia…convencimiento propio?…. Su decisión divide a los nobles visigodos: mientras unos vuelven al unitarismo arriano, otros siguen siendo partidarios del trinitarismo católico. Pero hay un hecho que resulta sospechoso. De los diez y ocho concilios de Toledo (desde el año 397 hasta el 702) se conservan las actas de todos…excepto del último, celebrado ya bajo el reinado de Witiza. ¿Perdido, destruído quizá…?. En los concilios se registraban tanto acontecimientos religiosos como las leyes promulgadas por el monarca de turno.
 
Aunque no podamos consultar las actas de ese último concilio, y cualquier especulación sobre su contenido está sujeto a la particular interpretación de numerosos autores, hay testimonios y comentarios que giran sobre él en los que, con una mezcla de escándalo y de asombro, se nos cuenta que, por ejemplo, Witiza autoriza el matrimonio de los sacerdotes y tolera la poligamia, amén de otras reformas «escandalosas» y que limitan el poder de la Iglesia. Es muy posible que Witiza regularice unas costumbres que se habían vuelto casi norma. La moral de la época no era la nuestra, y concubinatos (dentro de la iglesia) o poligamia (usual entre los judíos) no eran hechos aislados. 
 
Sea como sea y por estas u otras razones, efectivamente, «oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza»… De una forma que las crónicas reconocen como violenta, Witiza es encarcelado y desaparece del mapa. De su sucesor Don Rodrigo nos cuenta la historia su derrota a manos de los invasores musulmanes que, desde su foco original en Arabia, se van expandiendo y van dominando el Magreb hasta acabar desembarcando en Gibraltar. Las crónicas nos cuentan también que el gobernador de Ceuta y de la Hispania Tingitana, provincia española que comprendía la franja costera de lo que ahora es Marruecos, el conde Don Julian, solicita ayuda a los recién llegados para combatir a Rodrigo. ¿La causa?. Por una parte, por fidelidad debida al depuesto Witiza que le había nombrado gobernador. Y, por otra parte, el romancero cuenta que Rodrigo había violado o seducido a su hija, Florinda la Cava, por lo que Don Julian busca venganza para restablecer su honor. Como argumento de los abusos de Don Rodrigo cuenta el romancero con un toque muy fantasioso que cuando localizan a Rodrigo, ya derrotado y escondido en una cueva donde mora una enorme serpiente, ésta le está devorando y, en sus propias palabras, confiesa: …ya me come, ya me come, por do más pecado había…
 
Visigodos y musulmanes se enfrentan en la famosa batalla del río Guadalete (en otras crónicas el escenario será la laguna de La Janda, al pie del cerro donde se encarama el pueblo de Véjer de la Frontera), que se extendió entre el 19 y el 26 de Junio del año 711, en forma de escaramuzas o combates abiertos. Durante esa semana los enfrentamientos son constantes. Ya apunta el romancero:
… Las tropas de Don Rodrigo se desmayaban o huían cuando en la octava (el subrayado es mío) batalla sus enemigos vencían… 
Rodrigo, o Rodericus como también se le llama, ha acudido al sur a toda prisa para luchar contra los invasores, enredado como estaba en sofocar otra rebelión de los vascones, una más, dejando en el norte parte de sus tropas para asegurar la paz. En una de esas contiendas los partidarios y parientes de Witiza se largaron del campo de batalla con sus particulares mesnadas, dejando solo a Rodrigo, lo que condujo a su derrota. No fue sólo éso: a finales de ese mismo año Don Oppas, hermano de Witiza y obispo de Sevilla entrega la ciudad de Toledo sin combatir, completando su venganza.

En el libro La Revolución Islámica en Occidente su autor, Ignacio de Olagüe, sumamente documentado y obra de un erudito como sin duda lo fue -publicado por primera vez en París y en francés- argumenta que los primeros musulmanes que llegan a España y los pobladores hispanos con los que se encuentran, se entienden perfecta y pacíficamente. Ni imponen ni compiten por su religión. Los musulmanes luchan si acaso por desplazar del poder a la élite visigoda para ponerse ellos, pero el hecho es que la población les acepta sin ningún problema y numerosos nobles visigodos se islamizan y se integran con los recién llegados. Es una «conquista» que sorprende por lo rápida para la escasa fuerza de tan sólo siete mil soldados que cruzan el Estrecho, en barcos facilitados por el Conde Don Julián. Excepto alguna pequeña resistencia como la declarada en Mérida por los visigodos allí refugiados, o los focos en las montañas del norte, el país es dominado en un año y pico.

Hay otro hecho a tomar en cuenta: los musulmanes son unitarios (No hay más Dios que Alá, comienza la shahada,su declaración de fe), al igual que los judíos, para los que sólo hay un Yahvé. La masa de la población hispana posiblemente también. Y el sector visigodo como el que encabeza Witiza, se declara unitario. En cambio para los musulmanes, el trinitarismo de la Iglesia oficial y de Don Rodrigo y sus partidarios les resulta cuando menos extraño, y lo asimilan al politeísmo de los griegos. Para ellos, en absoluto respetable. El entendimiento es mucho más fácil con los unitarios, con los que se identifican

La visión, o la imagen que hoy día tenemos de los musulmanes como fanáticos intransigentes e intolerantes, dispuestos a la yihad (en árabe: el esfuerzo) o a reventarse con un cinturón de explosivos o a bordo de un avión, no tiene nada que ver con lo que debió ser la convivencia en la España de los Siglos VIII y IX. Según las actas de los diez y ocho Concilios de Toledo, desde los años 397 al 702, éste último misteriosamente perdido o eliminado, y que va detallando Olagüe uno tras otro, tanto musulmanes como judíos y cristianos eran indistinguibles por el aspecto y la vestimenta, y su religión se limitaba a un discreto ámbito doméstico. Según estas mismas actas, los matrimonios mixtos eran  frecuentes.

Witiza ha muerto encarcelado por Rodrigo. Su hijo Agila II y supuesto sucesor había combatido contra Don Rodrigo por el control de las provincias Tarraconense y Narbonense, y allí se queda. Su hijo mayor Alamundo -o Almundo- también se islamiza y adopta el apellido Quti: «el hijo del godo», al que se le concede el derecho a seguir con su patrimonio de «mil fincas» en el Guadiana Occidental. La hija de Alamundo, Sara, se casa en Sevilla con Isa ibn Muzahim al que ha conocido en Damasco donde acude a reclamar ante el sultán la propiedad de esas tierras que su tío y hermano de Alamundo, Ardabasto, le ha usurpado. Sus descendientes serán los Qutiya: «los hijos de la goda». Uno de sus descendientes directos, el cronista Abu Bakr Ibn al-Qutiya y autor del Ta’rij Iftitah Al-Andalus (Historia de la conquista de Al Andalus) nos cuenta aproximadamente en el año 900 que las campañas militares fueron escasas y poco importantes, al contrario de las políticas de pactos y relaciones. Los Quti han entrado en escena.

El exilio

Alí Ben Ziyad al-Quti al-Muttawakki (por su padre) al-Tolétuli al-Andalusí… así es como firma sus escritos cuando cruza el Estrecho: Alí Ben Ziyad el Godo, el Toledano, el Español… los nombres completos de los musulmanes parecen liosos pero nos dan información de su origen y su genealogía: el hijo de Muttawakk, el nieto de Ziyad…Un destino contra el que no puede luchar va alejando a Alí Ben Ziyad cada vez más de esa Toledo que, como él mismo cuenta en sus poemas, tanto añora. Desde Toledo marcha a Sevilla, que obra en poder de los cristianos desde que el 23 de Noviembre de 1.278 Fernando III la rindiera tras largo asedio, expulsando a sus moradores. Es parada corta, pues desde Sevilla parte hasta Granada donde un hombre de los conocimientos y la valía de Alí Ben Ziyad encuentra rápido acomodo en la corte nazarí. Pero la desgracia le persigue. Luchas de sucesión le hacen perder el favor del que disfruta y le obligan a marcharse -una partida más- de la ciudad.

Desde 1.464 hay treguas firmadas y respetadas entre Enrique IV de Castilla y Abú-l-Hasán de Granada. La situación es tranquila y Alí Ben Ziyad prospera. Enrique no quiere dispersar sus fuerzas inmerso como está en la lucha civil contra su hermanastra Isabel, la que tras su coronación será llamada «La Católica». Pero en 1.470 Abú-l-Hasán reinicia hostilidades y emprende fuertes razzias que alcanzan Castilla. El asustado obispo de Toledo advierte al propio monarca:

tan poderosamente y hazer las crueldades que se hazen, matando y quemando y destruyendo sus tierras; esto parece un mal irreparable según la forma nueva deste rey de Granada, y la entrada que aora hizo o do muy grandes tiempos que moros no llegaron… 

El motivo de las razzias es doble: el granadino sabe que Enrique IV no pasa por su mejor momento y, por otra parte, está estableciendo contactos con dos focos rebeldes que le están dando mucha -literalmente- guerra, en las ciudades de Málaga y Almería.

Siempre según sus propias anotaciones o por la crónica familiar de su futuro hijo africano, un hijo que aún ni se imagina, sabemos que Alí Ben Ziyad recala en Ceuta, bajo dominio portugués y mera escala hacia el Marruecos musulmán, aunque Ceuta es ciudad pacífica y más enfocada al comercio que a la guerra. Juan I de Portugal la gana a los benimerines el 21 de Agosto de 1.415, de forma fulminante y casi sorpresiva. 30 años antes los portugueses se han quitado de encima la amenaza de Castilla en la batalla de Aljubarrota y están imparables. Pero Ali Ben Ziyad pretende bajar más al sur.

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     El periplo de Alí Ben Ziyad, aunque no consta la parte del viaje por Egipto y Asia

Durante los dos años siguientes viaja de un lado a otro. Las diversas crónicas no coinciden o, mejor, no aseguran si realmente Alí Ben Ziyad llegó hasta El Cairo y La Meca, aunque para un un hombre como él es más que posible que aprovechara la «ocasión» brindada por su exilio y, como buen musulmán, peregrinara a La Meca para cumplir con el precepto del Hayy (pronúnciese «Hash»).  En algunos escritos donde se le menciona se antepone a su nombre el «Hayyi» que sólo pueden llevar los peregrinos, y los musulmanes con esas cosas no bromean. Sabemos que de Ceuta se encamina a Fez, capital del Islam en Marruecos. Sin duda visitó la medersa de la gran mezquita de Qarawiyyin, centro del conocimiento generado y adoptado desde el mundo grecorromano por el mundo musulmán y orgullo de sus habitantes, los fasis. Desde Fez parte a Marrakesh donde intentará en vano tras una breve estancia  volver a establecerse, pero los conflictos dinásticos le obligan, por su seguridad, a marcharse. Su opción es abandonar Marruecos donde ve que no tiene nada que hacer, donde incluso y en su condición de andalusí, de «extranjero», está mal visto en una corte llena de intrigas

El punto de partida es ahora Siyilmasa, antigua ciudad caravanera cuyos adobes vemos hoy desmoronados a las afueras de Rissani, al sur de Marruecos, testigos de su pasado esplendor. Siyilmasa, «la puerta del norte», donde llegaron durante mil años las caravanas procedentes de Bilat al-Sudan, «el país de los negros», cargadas de oro, marfil y esclavos, y que retornaban al sur atravesando el Sahara hasta ciudades como Ualata, Chinguetti, Uadan o la mítica Tombuctú, cargadas con sal, telas y otra valiosísima mercancía: manuscritos. Ali Ben Ziyad no podía adivinarlo desde Siyilmasa, pero su periplo acabaría justo al otro extremo, allá donde termina la ruta de las caravanas y los agotados comerciantes dan gracias a Alá por haberles librado de los bandidos, de la sed, de las tormentas de arena, del extravío y de la muerte.

Manuscritos. Corán de Ceuta

                                     Corán de Ceuta, escrito en caracteres cúficos

En Ceuta compra lo que constituye una de las joyas de su colección, un corán terminado el 13 de Noviembre del año 1.198 según consta, pieza almohade con sus cubiertas grabadas en oro y redactado en escritura cúfica. De entre los diferentes estilos de la caligrafía árabe como el nashí y ruq’a -de tipo cursivo- , el thuluth o el diwani, la cúfica es una letra ornamental -de trazos rectos y no tan recargada de curvas como la cursiva, usada para inscripciones en piedra pero también para todo lo solemne, y el Corán de Ceuta sin duda debió parecérselo a los almohades que lo encargaron. Este corán en concreto es el primero de una serie de tres, copiado uno tras el otro -recordemos: Guttemberg no ha nacido todavía y la imprenta tardará más de 300 años en aparecer- y del que se conocían los otros dos ejemplares, uno en El Cairo y el otro en la medersa de la gran mezquita de Kairuán, en Túnez, aunque actualmente en Estambul. De éste comprado en Ceuta se sabía la existencia pero se consideró perdido. No aparecerá hasta finales del Siglo XX. La familia lo ocultará para protegerlo.

En Siyilmasa berrean los camellos en los caravansares. Su descanso durará poco, barruntan partir cargados una vez más, girando el largo cuello y  viendo a sus camelleros ordenar las mercancías. Alí Ben Ziyad barrunta la cada vez más menguada esperanza del retorno. Su destino será atravesar el desierto suplicando a Alá, según su propio testimonio, para que le devuelva la felicidad perdida. Escribe en los márgenes de sus libros:

…salí de Toledo, tierra de los moros, camino del reino del sur, tierra de los negros, donde espero encontrar la paz… o también, lleno de dudas:

lloro mi país, lloro mis hijos, lloro mi tierra, lloro mi vida, lloro mi exilio, lloro la tierra de los godos…¡cómo dejar la tierra que tanto amé, el paraíso de este mundo!¿qué me espera en la tierra de los negros, tierra que no conozco?… 

Podemos fácilmente compadecerle, entender su desesperación. Es un exilado que añora su ciudad perdida, que escribe a su familia prisionera en Toledo, pero que aprovecha para ver, para conocer y para estudiar. Un alma inquieta como es la suya y entre tanta melancolía aún tiene tiempo para hacerse en los oasis del Tuat con otra de las que serán las joyas de su biblioteca particular, Kitab As Shifa, título completo Kitab As Shifa Bi Ta’rif Huquq Al-Mustafa, una biografía del Profeta que cambia el 22 de Julio del año 1.468  por 225 gramos de oro en polvo según anota minuciosamente en aljamiado (recordemos: castellano escrito en caracteres árabes), en las márgenes del manuscrito, costumbre que él y sus descendientes continuarán y gracias a las cuales nos van a ir informando de los muchos avatares en la vida de la familia Quti.

Los oasis del Tuat se encuentran en el centro del desierto argelino, a unos 540 km al sur de Siyilmasa y son parada obligada para las caravanas que atraviesan el Sahara. El viajero tangerino Ibn Battuta paró allí en 1.353 acompañando una caravana que conducía 600 esclavas entre otras «mercancías», haciendo escala a su regreso de Tombuctú camino de Siyilmasa, y describe los villorrios escalonados a lo largo del oasis como áridos a pesar del agua de sus pozos, donde ni siembran ni cosechan nada, y donde sus habitantes se alimentan de dátiles y de langostas:

éstas son abundantes entre ellos… se almacenan como se almacenan los dátiles y las utilizan para la comida, salen a cazarlas antes de la salida del sol porque en ese tiempo no vuelan a causa del frío… nutritivas son, sin duda, y como dice el refrán: a buen hambre no hay pan duro.

Manuscritos. Abraham Cresques

Detalle del Atlas Catalán de Abraham Cresques, 1.375, de la Escuela de Cartografía Mallorquina, actualmente en la Biblioteca Nacional de París. En la parte superior izquierda podemos ver la costa de Andalucía. Abajo, sentado en su trono y sosteniendo una gran pepita de oro, al mítico Mansa Musa, el hombre más rico del mundo de todos los tiempos.

La única riqueza natural del Tuat es el agua de los pozos. Caravanas como en la que viajó Ibn Battuta se detienen allí para rellenar sus odres y permitir abrevar a sus camellos, y donde los comerciantes aprovechan para intercambiar sus mercancías. Las principales: sal hacia el sur, oro hacia el norte. O manuscritos, como el Kitab As Shifa que compra Alí Ben Ziyad, entre otras cosas. Algunos comerciantes se instalan allí y entre ellos, los más activos, los judíos, que detentan el monopolio de la sal. Sus barrios en todo el Magreb son conocidos como mellah: la sal, cuya demanda en el País de los Negros, en el lejano Bilat al Sudan es tan fuerte que en algunos puntos se intercambia al mismo peso, sal por oro.

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Planchas de sal de las minas de Taudeni, a catorce días (en camello) al norte de Tombuctú, presente en todos los mercados del Sahel

Los judíos establecen colonias para controlar el comercio en cada estación de paso desde el norte hasta el sur y están perfectamente informados de la geografía del desierto. En ello les ayudan los cartógrafos -judíos, como la familia de Abraham Cresques- que, por encargo de los reyes de Aragón, trazan atlas de todo el Mediterráneo, vitales para la exploración y el comercio. En el conocido como Atlas Catalán figuran los oasis del Tuat y aparece un personaje coronado en el centro del borde inferior sosteniendo una gran pepita de oro en su mano derecha. Es el Kanka Musa (el «rey» Musa),o Mansa Musa, emperador del reino de Meli, el hombre más rico de todos los tiempos, al que se le ha calculado un patrimonio de 400.000 millones de dólares actuales y que, partiendo de Tombuctú, peregrinará a La Meca en el año 1.324 con tal cantidad de oro derrochado a lo largo de su viaje que durante diez años hará que baje la cotización del oro en El Cairo.

El fin del viaje

Siempre según sus crónicas, Alí Ben Ziyad continuó su viaje desde los oasis del Tuat hasta Chinguetti, al norte de Mauritania. Su destino inmediato era el de la ciudad caravanera de Walata aunque dieron un rodeo por Chinguetti, evitando el árido y peligroso desierto del Tagant, una travesía de unos catorce días sin un solo pozo de agua, donde las caravanas a veces perecían de sed. Cuentan los viajeros que, los que se atrevían a bajar directamente hasta Walata, adelantaban emisarios para que desde la ciudad, y a un punto distante dos o tres días antes de llegar, fuesen a buscarles con el agua que necesitaban y de la que habían agotado sus reservas. Pero el Tagant, dicen, es un desierto traidor lleno de yinns, de diablos que extravían a los mensajeros que se han atrevido a cruzarlo para que todos perezcan de sed.

Chinguetti es ciudad santa en Mauritania. Como casi todas las antiguas ciudades caravaneras, perdido su pasado esplendor, decrépita y comida por las arenas. Desde lejos se contempla el minarete de su mezquita, emblema de Mauritania, coronado por huevos de avestruz como símbolos preislámicos de la creación y de la vida. Hoy los peregrinos viajan a La Meca en avión, pero antaño se agrupaban junto a la mezquita todos los musulmanes piadosos que querían cumplir con el precepto del Hayy  -a pie, por supuesto- y protegerse mutuamente en tan largo y peligroso viaje. Aquellos que lo conseguían regresaban a sus pueblos anteponiendo a su nombre el Hayyi de peregrino, respetados en su comunidad y consultados en casos de conflicto.

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Alminar de la mezquita de Chinguetti construída con la técnica de la «piedra seca», sin argamasa, sistema utilizado desde Wadán hasta Walata

Desde Chinguetti y vía Tishit llegó hasta Walata, la antigua Biru fundada por los negros soninke, que compitió con Tombuctú como la «puerta del sur» en el comercio transahariano de las caravanas del oro y la sal, pero que acabó perdiendo posiciones al gozar Tombuctú de puerto sobre el río Níger, lo que le facilitaba el comercio, esta vez ya en barcas, bien hacia Gao por el Este, bien hacia Yenné -que ellos pronuncian Yéne- por el Oeste. Walata es otra ciudad antaño próspera y hoy semiderruída, aunque los descendientes de los antiguos comerciantes -y hoy empobrecidos- siguen anclados en su dignidad cual si de hidalgos castellanos se tratase.

Walata, como Tombuctú, vive de sus recuerdos, de cuando eran ricas ciudades dedicadas al intercambio en la época de las caravanas. En el ambiente y en las gentes queda un rastro de grandeza aunque ya no comercian, ya no hay maestros ni escuelas coránicas de las muchas que acogió. Como en cualquier población del mundo venida a menos, se palpa un clasismo exagerado y trasnochado. Hoy en día Walata es famosa por la decoración de sus casas, que realizan las mujeres metiendo sus manos en barro rojo y blanco y trazando geometrías llenas de simbolismo en patios y portadas, pero como ejemplo del complejo de superioridad de los herederos de los antiguamente ricos comerciantes, nos contaron allí que una mujer de la casta superior rechazó el trabajo de una haratin, descendiente de esclavos y la mejor decoradora del momento, indigna de poner sus sucias manos en tan digna vivienda…

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Para más información a los interesados en el origen y la técnica de la decoración en Walata podéis verlo en la entrada «Mauritania, entre ciudades perdidas y AlQaeda«

Otro ejemplo más antiguo: cuentan los actuales walatís con bastante sorna que hace años e indignados los ricos comerciantes, al parecer por una ofensa a su jefe, iban a enfrentarse en una batalla campal a la casta de los nemadis, cazadores seminómadas bastante rústicos (lo que ya es decir mucho en el desierto), moradores de una barriada aparte en las afueras de Walata. Pero al contemplar desde lo alto de la duna que habían escogido como campo de batalla a los nemadis, y considerar los comerciantes que podían ensuciarse sus babuchas de seda y sus ricos vestidos bordados al menor roce con aquellos bárbaros, dejaron la pelea para mejor momento y a los desharrapados nemadis allí plantados…

Desde Walata continúa su camino hacia el sur, cruzando lo que hoy es la frontera con Mali. Ganas dan de entonar el famoso poema de Rodrigo Caro: …Éstos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora, campos de soledad, mustio collado, fueron en tiempos Itálica famosa…  Aún dentro de territorio mauritano debió de pasar cerca de otro lugar en tiempos muy próspero pero, para cuando Alí Ben Ziyad pasa por allí, ni él ni nadie recuerdan su existencia: Kumbi Saleh, la que fue capital del extinto Reino de Ghana (nada que ver con el actual país del mismo nombre) desde el Siglo VII, ciudad que contó con treinta mil habitantes repartidos en dos zonas. Al norte, los comerciantes musulmanes con sus doce mezquitas. Al sur, el palacio real de Ghana con sus jardines y dependencias. En el año 1.076, cuatrocientos años antes del viaje de Alí Ben Ziyad, los guerreros almorávides de la tribu shanaya –los zenetes que mencionan los cristianos- al mando de Abu Bakr la arrasan hasta los cimientos.

Pisando quizá sin saber las piedras de Kumbi Saleh y, quizá sin saber que estaba llegando a lo que sería el término de su viaje, Alí Ben Ziyad se va acercando a la ciudad de Gumbu, conocida en su momento como «la ciudad de los sabios», hoy otro pequeño emplazamiento al norte de Mali, pero en aquel momento con medersa –universidad islámica- y asociado a ella, un gran comercio de libros. En Gumbu le esperan dos descubrimientos. Uno, el imperio de los shongay. El otro, una mujer: Khadiya Bint Abubacar Syla.

En familia

Los shongay comienzan a expandirse a partir de comienzos del Siglo XIV desde su región originaria de Gao, en las orillas del Níger, al este del actual Mali. Cuentan con el control y el dominio sobre el río Níger, para el que construyen una pequeña flota. Aprovechan la descomposición y debilidad del imperio Meli para ir ganándole terreno, aquel imperio del que fuera máxima autoridad el riquísimo Mansa Musa, el mismo que en 1.324 peregrinó a La Meca devaluando el precio del oro en El Cairo por todo el que derrochó. Pero como nos enseña repetidamente la historia, los grandes imperios acaban por caer, incapaces de abarcarlo todo. Los shongay apenas se han islamizado. Su emperador Sonni Ali Ber de hecho es animista y cuando conquista Tombuctú ignora e incluso persigue a los musulmanes. Su sobrino y sucesor, Muhammed I, el Askia, por el contrario, se ha convertido en un devoto musulmán. Cae Tombuctú en primer lugar y, más tarde, Yenné -que ellos, insisto, pronuncian Yéne, con acento llano y no en agudo como los franceses-. Desde Yéne y continuando hacia el norte y el oeste su reino incluirá entre otras zonas Gumbu, y en Gumbu se los va a encontrar Alí Ben Ziyad.

El imperio shongay se mantendrá con los altibajos, conspiraciones, derrocamientos y complots propios de todo imperio que en el mundo han sido, son y serán, desde los asirios a los chinos pasando por los romanos, por los incas…y los shongay, por supuesto. Su fin vendrá a manos de otro reinado, en este caso desde Marrakesh y de la mano de Yuder Pachá, capturado de niño por piratas berberiscos en las costas de Cuevas de Almanzora -en Almería- y que por su capacidad llegará a general del sultán. Aunque hay quien sostiene que Yuder Pachá era morisco -descendiente de musulmanes- las crónicas le describen como de tez clara y de ojos azules…además de pequeña estatura, lo que ya no es significativo. Yuder Pachá  comanda un ejército de más de siete mil hombres con los que durante dos meses y en dura travesía atraviesa el Sahara, perdiendo casi la mitad de sus efectivos. Los soldados de Yuder son en su mayoría moriscos procedentes de Al Ándalus y el ejército habla en castellano. Las listas del material están asimismo en castellano.

Cuando se enfrentan por fin al ejército de los shongay en la batalla de Tondibi en el año 1.591 -a las orillas del Níger, entre Gao y Tombuctú- son sólo cuatro mil contra cuarenta mil, pero van provistos de armas de fuego, lo que determinará su victoria sobre los shongay, armados tan sólo con lanzas y escudos de cuero, incapaces de detener las balas de los arcabuces. Los descendientes de estos moriscos se asentarán en Tombuctú como clase privilegiada, aunque se irán mestizando con las nativas y seguirán siendo conocidos en la ciudad como los «arma», aunque hoy día ellos mismos lo pronuncien un tanto deformado, algo así como «úrruma», por el nombre en español de las armas de fuego. El dominio marroquí se extenderá desde su conquista en 1.591 hasta 1.833, en que otros tomarán el relevo del poder. En este caso los peul -perdonad que me ponga pesado, aparece siempre escrito con la grafía francesa, pero en honor a la verdad ellos lo pronuncian píul-, pueblo de pastores seminómadas que se acaban de islamizar y avanzan con la fe y el arrojo de los neófitos. Pero me estoy adelantado mucho. Hemos dejado a Alí Ben Ziyad, recién llegado a Gurma, y estamos todavía en el año 1.471.

No sabemos porque nadie nos lo ha contado cómo era físicamente Alí Ben Ziyad. Sabemos que era descendiente de godos, de familia aristocrática y, seguramente, emparentadas siempre entre ellas como hace la nobleza para preservar su «pureza», sus propiedades y sus privilegios, familias nobles de origen visigodo, manteniendo un físico posiblemente nórdico. No será descabellado imaginarle de piel, ojos y cabellos claros, quizá incluso de buena estatura, un «buen mozo», como diríamos ahora. En Gurma su aspecto «exótico» para los africanos, sumado a su gran cultura de hombre de mundo, muy viajado y unido a sus conocimientos como ulema, doctor de la ley islámica, profesión que ya ejercía en la lejana Toledo, convierten al recién llegado en un personaje digno de interés. Para cuando Alí Ben Ziyad llega a Gurma el año 1.471 el emperador de los songhay, Sonni Ali Ber, que reinará desde el año 1.464 hasta 1.492 -morirá el año en que otros que ni conoce están descubriendo mundos nuevos que ni imagina- sigue expandiendo su reino. Ya domina Gurma y en 1.473 va a conquistar la ciudad de Yénne, famosa por su gran mezquita de estilo sudanés tras un largo asedio de varios meses. Igual que podemos imaginar el aspecto de Alí Ben Ziyad, podemos hacer un ejercicio de imaginación, y pensar cómo debió ser aquel primer encuentro entre el rey y el sabio, la atracción o la curiosidad que se despertaría entre Sonni Ali Ber y Alí Ben Ziyad.

Entre los admiradores y -sin duda- admiradoras de Alí Ben Ziyad no sólo blanco, sino con pinta de «sueco» se contó otra vital para la continuación de lo que será la dinastía Kati: la sobrina mayor del emperador, la princesa Kadiya Bint Abubacar Syla o, más abreviado familiarmente, Kadiya Syla. Un hombre de estado como Sonni Ali Ber y por muy animista que fuera debió pensar que no había que dejar escapar semejante «fichaje». Y qué mejor forma que meterle en la familia. Alí Ben Ziyad era un hombre todavía joven y, como se suele decir, «cayó de pie». Ni más ni menos que yerno del rey. No tenemos datos sobre la fecha de la boda, pero debió ser casi inmediata. Se acabaron las desgracias.

La biblioteca Kati

El emperador Sonni Ali Ber murió el año 1.492 y le sucedió su sobrino Muhammad I, el Askia, o el «usurpador», mote que se puso él mismo, y bajo cuyo apodo reina hasta el año 1.528. Muhammad es hermano menor de Kadiya Syla con lo que Ali Ben Ziyad pasa de yerno a cuñado del emperador, ganando puestos en la corte shongay. Pese a su indudable valía y su experiencia como jurista y como administrador no todo era fácil. En Tombuctú a los andalusíes emigrados y que acompañan a Ali Ben Ziyad les conocen despectivamente entre la casta de ricos comerciantes, anterior a la llegada de los shongay -reprimida por ellos y como tal, rencorosos con estos privilegiados recién llegados- como los laluyi, los «renegados», a los que acusan de estar emparentados con godos cristianos. Un poco por disimular es cuando cambian su apellido: de los al-Quti pasan a llamarse Kati. Un poco por apartarse de Tombuctú y de esa nobleza sometida y rencorosa, van gradualmente estableciéndose en Tindirma, localidad a la orilla del Níger, a unos 200 km río arriba.

No sabemos exactamente en qué fecha, pero tras la boda nació el primer hijo: Mahmud Kati. El primer Kati africano, y mestizo. Alí Ben Ziyad era godo, pero Kadiya Syla era negra, y ya se sabe cómo tira la genética hacia lo «oscuro».  Los sucesivos matrimonios de los Kati, así como sucedió con los «arma», se realizan con mujeres de la zona, de raza negra, y negra se vuelve la familia. El actual patriarca de la familia Kati, Ismael, personaje de gran afabilidad y sentido de humor y del que ya hablaré cuando toque, comenta riéndose  que en Tombuctú y sólo por sus orígenes andalusíes le catalogan como «blanco», cuando su piel -dice, señalándose el brazo- es negra como el carbón.

Cuando el riquísimo rey de los MeliMansa Musa, volvió de su famosa peregrinación a La Meca, además de depreciar el valor del oro en El Cairo se trajo consigo a la corte a otro personaje de los de la época: el poeta y arquitecto As Saheli (pronúnciese «Sájili» como dicen ellos), con la misión de construir y embellecer sus palacios.  Su nombre completo sería Abu Isaq Ibrahim As Saheli  Al-Garnati… Garnati: «el granadino», pues había nacido en Granada en 1.290, de familia de perfumistas árabes. Vivió el resto de su vida entre Gao y Tombuctú -donde murió el 13 de Octubre de 1.316- como arquitecto real, construyendo mezquitas con el característico estilo sudanés, y allí se casó y formó familia. Y comenta en sus Crónicas sahelianas, con un humor muy socarrón que, sus hijos…son negros como escarabajos… Una descendiente de As Saheli, Mariam, se casará con un KatiAlfa Mahmud Kati, biznieto de Alí Ben Ziyad y padre de Alfa Ibrahim del que luego hablaré. 

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Posando cual turista en la azotea de la mezquita de Yingueraber, en Tombuctú, de estilo sudanés, una de las primeras obras del arquitecto granadino Isaq As Saheli

Mahmud Kati fue el equivalente a ministro de Finanzas y de Justicia en la corte shongay, así como virrey en la parte occidental del imperio. En Tombuctú tuvo ocasión de conocer a un joven con el que hizo amistad: Hassan bin Muhammed al-Wazzani al-Fasi ( lo que traducido sería: Hassán, hijo de Mohammed el alamín de Fez), más conocido en Occidente como León el Africano. Hassán -o León- había nacido en Granada (¡otro «garnati»!) en 1.488 pero tras la toma por los Reyes Católicos se exilió con su familia a Fez, donde su padre había sido alamín -el encargado de controlar pesas y medidas-, donde estudió en la medersa de la gran mezquita de Karauín, y desde donde partió con su tío en un largo viaje diplomático desde el Magreb hasta Arabia, pasando por Kano (en Nigeria) y Tombuctú, donde conoció a Mahmud Kati. Con venticinco años fue capturado por nave cristiana en el mar, cerca de Creta, y llevado a Roma donde el Papa León X, asombrado por su inteligencia, le liberó en 1.520, le bautizó como León el Africano y donde, bajo su encargo, escribió -en italiano- un libro que marcó época, que se tradujo en toda Europa y que durante años fue la única fuente fiable de aquellos países lejanos: Descripción de África y de las cosas notables que ahí hay.

Como correspondía a su origen y posición Mahmud Kati fue un erudito, autor de textos de historia, de astronomía, derecho y medicina pero, por lo que ha llegado hasta nosotros, ha sido por ser el autor del Tarik Al-Fettash: la «Crónica del Viajero», compuesta en 1.489, donde narra eventos de su propia familia, los Kati, además de sucesos históricos como los hechos del imperio shongay desde su tío-abuelo Sonni Ali Ber hasta el año 1.599, la primera historia de África contada por un africano. Obviamente  Mahmud Kati no vivió tanto como hasta 1.599, aunque se nos dice que muere en 1.593. Se supone que la recopilación final la compuso su nieto Ibn al-Mukhtar sobre los textos originales de Mahmud Kati. 

De hecho el Tarik Al-Fettash es la única obra del Fondo Kati de la que existieron copias fuera del propio Fondo. Cuando los franceses conquistan Mali en 1.893 ya saben de la existencia de la biblioteca y en concreto de esta obra y de su autor por testimonios secundarios, aunque no disponen de ella por más que buscan infructuosamente los libros por ciudades y aldeas, con lo que acaban considerándola perdida… En 1.896 se publicó un artículo en Francia hablando de Mahmud Kati y de su importancia como historiador. Pero hubo que esperar hasta 1.911 para encontrar una copia (no he conseguido encontrar referencias sobre su localización), lo que supuso todo un descubrimiento. Ya en 1.914 se había traducido al francés, descrito y comentado y, años más tarde, auspiciada bajo la UNESCO. Pero quisiera destacar cómo tan sólo en la copia original del Fondo  Kati –y no en las demás- es donde se narran los eventos de los andalusíes, como si posteriormente hubiesen sido censuradas.

Mahmud Kati fué el verdadero creador del Fondo Kati. A los cuatrocientos manuscritos que su padre llevó consigo desde Toledo, a los que se fueron añadiendo los libros que tuvo tiempo y afición de comprar por el camino, tales como el Corán de Ceuta, o el Kittab As Shifa cambiado por polvo de oro en los oasis del Tuat, a esos manuscritos paternos suma la biblioteca de su familia materna, heredada por su tío el rey Askia, hermano de su madre, biblioteca que a su vez han ido reuniendo poco a poco. Entre los manuscritos del Fondo Kati consta una carta que el emperador Askia escribe al sultán de El Cairo solicitándole «libros de religión»… Con ambas bibliotecas, materna y paterna, se constituirá lo que conocemos como el Fondo Kati. Y es en muchos de esos libros, dada la escasez y la carestía del papel, donde los Kati, generación tras generación, irán escribiendo anotaciones en sus márgenes donde podemos reconstruir los avatares de la familia, desde bodas hasta contratos, desde los nacimientos de los hijos a los fallecimientos.

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Manuscrito con los márgenes repleto de anotaciones, lo que en castellano se llamarían las «glosas»

Los Kati se fueron sucediendo. Mientras dura el imperio shongay, de cuya familia imperial forman parte, va todo bien. Pero en 1.591 llegan atravesando el Sahara desde la lejana Marrakesh unas tropas que diezman al ejército con sus arcabuces y se instauran como nuevos amos. Obedeciendo las órdenes del sultán saquean Tombuctú y, entre otras cosas, se llevan 1.600 manuscritos de la medersa de la mezquita de Sankoré (que ellos pronuncian Sánkore, en esdrújulo, aunque nos haya llegado en su versión francesa), centro de estudios islámicos, que acabarán por esas cosas de la historia y las vueltas que da la vida en la Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial. En Tombuctú el idioma de la administración, ahora que están gobernados bajo el control de los moriscos, es el castellano, y así seguirá al menos durante un siglo. Cambian las tornas para los Kati. Se alejan de Tombuctú, se instalan definitivamente en Tindirma  y en Kirchamba –aldea escondida entre marismas a unos 50 km de Tombuctú- y «por si las moscas» deciden, por primera vez, esconder sus libros.

Manuscritos. Fundación Kati

El método es simple: la familia ha ido creciendo y las diferentes ramas se han ido integrando con la población y dispersado por pueblos y aldeas de la Curva del Níger, lo que ellos llaman «la joroba del camello». A lo largo de unos 500 o 600 kilómetros el río traza una gran curva, se dirige primero desde Segú hacia el noreste para descender después, dirección sureste hacia Gao, y más allá. Es territorio intrincado, no una simple orilla de río. A lo largo de toda esa curva hay zonas de marismas, islas interiores, lagos e incluso un delta interior, el lago Debo, que inunda los alrededores en la época de las crecidas. Algunos de los Kati siguen prestando servicio en la administración de Tombuctú  pero la mayoría son ya simples campesinos. A cada jefe de familia se le entregan lotes de manuscritos con instrucciones precisas para que los guarden: emparedados tras los muros de adobe, enterrados dentro de cofres en los campos de cultivo…Le pregunté una vez a Ismail, cuando nos contó la última dispersión de los manuscritos, que cuántos eran en su familia, a lo que me contestó -como siempre- riéndose: …unos mil, ¡lo normal en África!…

Podemos reconstruir con bastante fiabilidad la genealogía de los Kati, o al menos las líneas directas, gracias sobre todo a esas anotaciones que hemos comentado sobre los márgenes de los manuscritos, algunos de ellos cuajados de notas. Sin andarnos por las ramas… colaterales, me refiero, de la familia, de lo que no es lugar ni momento , sabemos o deducimos algo sobre la familia que Ali Ben Ziyad dejó en Toledo. No tenemos constancia del nombre de su mujer toledana pero sí el de un hijo: Musa. Y sabemos que Alí Ben Ziyad murió en Gumbu. Del hijo que tuvo con la princesa Khadiya Syla, Mahmud Kati (nombre completo: Alfa Kati Mahmud al-Andalusí al-Tuláytuli al-Wa’kori) sabemos que nació en Tombuctú y se nos dice que murió en un lugar llamado Arkiya, el 27 de Septiembre de 1.593 (mucho me parece, con 120 años, no se descartan errores). De su mujer no tenemos el nombre aunque sabemos que era hija de su tío, el emperador Askia, prima suya por tanto.  Sí que sabemos los nombres de sus cinco hijos (Ismail, Alí, Ibrahim, Yusuf y Al-Amín) de los que dos fallecen en Kirchamba, iniciada la diáspora tras la llegada de los «arma» a Tombuctú. Y, siguiendo la descendencia, vamos bajando: de uno de ellos, Alí, a Alfa Mahmud Kati, casado con Mariam – descendiente del arquitecto As Sáhili- ,  Alfa Ibrahim,  Abana,  Muhamad, Abd Al-Rahmán (por sobrenombre «Darhamán Sini-Kandi», nos dicen), Hamma, Yayé Diadié y, por último, Ismael Diadié Haidara Kati, «nuestro» Ismail, nacido el 15 de Marzo de 1.957 en Tombuctú, aunque eso ya no hace falta que conste en los manuscritos, con esa facultad de seducción de los nacidos bajo el signo de Piscis.

Retrocedemos un poquito. A finales de mil seiscientos las cosas parecen tranquilizarse y el patriarca de la familia, Mahmud Kati II, vuelve a reunir los manuscritos aunque a su muerte deciden dispersarlos de nuevo. No será la última vez. El hijo de Mahmud Kati:  Alfa Ibrahim  junto a su hijo Abana deciden volver a juntar los manuscritos, en cuyos márgenes comienzan a copiar y ya de manera sistemática textos en los márgenes sobre los andalusíes. Pese a tanta anotación no podemos dar por totalmente seguros los años. En 1.818 sabemos que el Seuk Amadú, de la etnia peul fulani, como también se los conoce, acaba de volver de La Meca, lleno de afán evangelizador digno de los actuales integristas, aplicando la sharía, la más estricta ley islámica allá por donde pasa. Ha reunido a su alrededor un ejército fiel de más de 10.000 hombres y desde su centro en  Hamdulalih  forma lo que se conoce como el imperio Mássina, que engloba la zona occidental de la Curva del Níger, dominando desde Ségu hasta Tombuctú, donde entra en 1.825 acabando con el dominio marroquí.

Los Kati que continúan viviendo en Tombuctú son muy mal vistos por los fulani, les consideran a la vez cristianos y judíos que mantienen ocultas sus creencias y, para colmo, se sabe que tienen manuscritos escritos en hebreo y en «cristiano» (se refieren a los aljamiados, escritos en castellano bajo caracteres árabes). Alfa Ibrahim es asesinado por los peul. Los Kati de Tombuctú, viendo las cosas francamente mal, deciden dispersarse por las aldeas de la Curva del Níger y olvidando sus antiguas ocupaciones administrativas o en la judicatura, van a disimular dedicándose a cultivar la tierra cual pacíficos labriegos. Algunos se llevarán sus libros. Su hijo Abana lamenta la dispersión de los manuscritos pero no puede entretenerse y con los que había conseguido reunir junto a su padre Alfa Ibrahim se marcha con su familia a Gundam, a unos 100 km. al este de Tombuctú, donde vive su suegro y amado maestro Ali Gao. Siempre les unirá un gran afecto, superior a la relación del maestro con el discípulo favorito que para él fue. Para Abana, que se ha quedado huérfano, Alí Gao será como un padre.

La triste vida de Muhamad Abana

A Abana le pudieron las circunstancias. Acaban de asesinar a su padre y la intolerancia de los peul le obliga a abandonar su ciudad. Se siente obligado por fidelidad al recuerdo de su padre a volver a reunir la biblioteca familiar, de la que se supone es depositario. Y, para colmo, tiene diferencias con su mujer. Ella, Arkia Alí-Gao, es prima lejana de su marido. Por aclarar digamos que su padre, Alí Gao, era sobrino-nieto del padre de Abana, pero en familias como los Kati son frecuentes los intentos por no dispersar en exceso la cohesión familiar. Según cuenta el propio Abana él ya había decidido recorrer el país, aprender de los maestros e intentar recuperar los dispersos manuscritos de la familia, decisión que es muy mal recibida por su mujer, apoyada por su madre y sus hermanas (¡vaya panorama para el pobre Abana!). Sigue contando que una noche hubo tan fuerte bronca que hasta acudieron, alarmados, los vecinos. Aquella misma noche se marchó para no volver.

Manuscritos. La Rihla de Abana

                  La Rihla de Abana, en su edición en castellano, de la Editorial Almuzara

Deja todo el fondo manuscrito bajo el cuidado de su mujer Arkia y se marcha, posiblemente ya no aguanta más presión.  Abana escribe un libro que podemos conseguir traducido, editado por la editorial Almuzara -en cuyo fondo abundan los de tema andalusí- y en el que nos describe su periplo, penas y pensamientos: la Rihla (pronúnciese Rij-la), que podemos traducir como el «viaje» o la «crónica».  El melancólico Abana comienza a recorrer pueblos y aldeas de la Curva del Níger hablando con unos y con otros. Tuvo tiempo para todo. Llegó hasta la lejana Chinguetti. Vivió temporadas con maestros sufís o astrólogos, estudió botánica y farmacopea. Incluso tuvo otros hijos con otras mujeres. Podemos definirlo como una mezcla de Quijote y de filósofo, siempre en la búsqueda del conocimiento, pero no olvida su tarea de compilador de la biblioteca. Negocia con parientes y con extraños la compra de manuscritos contándonos que los va cambiando por vacas o camellos, y todo lo que obtiene lo envía a la casa familiar. Su gran mérito sin duda es haber conseguido recopilar un total de dos mil manuscritos, incluso reescribir aquellos que se encuentran en mal estado y a los que hace llegar a Gundam, aunque él no los verá. A veces y vencido por la nostalgia decide volver con su familia pero, y así nos lo cuenta él mismo en la Rihla:  llegando a Gundam decide darse la vuelta en el último momento y encaminarse a Tindirma. Sin duda, un alma atormentada.

Tras leer y releer los manuscritos de la familia, Abana, nos cuenta, tiene un sueño y es conocer aquel lejanísimo Al-Ándalus de donde proviene y que, en la distancia, idealiza. Para él, Al-Ándalus es un mito. Yo conocí Tombuctú en el año 2.003 y para entonces ya había muchísima más información, pero me contaron viajeros españoles que allá por mil novecientos noventa y tantos, cuando Ismail Kati comenzó con la debida cautela a desvelar el secreto de su «secreta» biblioteca y acompañado por «garnatis» de Granada, al hablar con descendientes de los «arma» y decirles que eran andaluces se les abrían unos ojos como platos…¡¡¡andaluces!!!, ¿de Al-Ándalus?….flipaban, me decían, porque para ellos Al-Ándalus era su tierra mítica de origen, pero que dudaban incluso para situarla en un mapa. Una cosa era Europa o Francia que conocían bien, incluso España pero…¡¡¡Al-Ándalus!!!…aquello era un mito perdido en los tiempos…

En un siglo en que muchos exploradores europeos quieren descubrir África, subvencionados por las Sociedades Geográficas que se fundan en Francia o Gran Bretaña con la obvia intención de primero descubrir para después colonizar y ampliar sus imperios en expansión, Abana se obsesiona con un viaje inverso, desde Tombuctú hasta Europa. El Atlas Catalán de Abraham Cresques y las narraciones que llegan a Europa a través de los comerciantes despiertan la codicia de todos por el oro y, en especial, por el mito -esta vez para los europeos- de Tombuctú, a la que se imaginan en la distancia pavimentada en oro. Mientras exploradores como el escocés Mungo Park o el inglés Gordon Laing se dejan la vida en el intento, otros como el francés René Caillié, el alemán Heinrich Barth o el malagueño Cristóbal Benitez vuelven para contarlo y para describir Tombuctú como una ciudad en completa decadencia. Pero la conquista se ha iniciado y cae en poder de los franceses en 1.893. Coincidiendo en el tiempo con aquellos intrépidos Abana desea conocer Al-Ándalus. Creemos que no lo consiguió. En todo caso se pierde totalmente su rastro, dejándonos la Rihla como recuerdo. Arkia le sobrevivió hasta 1.857, guardando fielmente los manuscritos y no sólo eso. Ya casi anciana, sin noticias de Abana desde hacía años y dándolo por muerto, buscó los hijos que éste había tenido con otras mujeres y se los llevó a vivir con ella, adoptándolos. Tanta fidelidad no valió de nada. A su muerte sus descendientes decidieron de nuevo dispersar los manuscritos.

Ismail Diadié Haidara Kati y el Fondo Kati

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     Ismail (a la izquierda) y uno de sus copistas, en los «buenos tiempos», en su casa de Tombuctú

En 1.952 la tía de Ismail Kati pensó que había llegado el momento de volver a reunir el fondo. Nos cuenta Ismail que su padre, Yayé Diadié, en un sueño parecido al de su abuelo Muhammad Abana, quiso conocer Al-Ándalus pero sólo llegó a contemplar desde Tánger las costas, tan cerca y tan lejos, de Tarifa.  A la muerte de su padre, en el año 1.982 y  con venticinco de edad, a Ismail le toca la tarea de hacerse cargo de la biblioteca familiar. Semejante empeño le supuso quince años. A veces solo o, en ocasiones, acompañado de su tía, aldea por aldea, visitando a los numerosos familiares depositarios de los manuscritos para tratar de convencerles, para negociar su rescate -con las cosas de comer no se juega y todos tenemos un precio-  y poder recuperar casi todos, aunque hubo excepciones y alguno queda por ahí. Podría parecernos excesivo, quince años, hoy que contamos con teléfonos móviles y con internet para comunicarnos, pero en África las cosas funcionan de otra manera y, ni en aquellos años había esos medios, e incluso ahora, en muchas aldeas, no disponen de ellos. Y además allí no hay prisa. En África las distancias son largas, los caminos incómodos y una vez que has llegado la visita no se solventa con un simple café con pastas. La visita puede prolongarse una semana o más, en las que se habla de todo, en las que se pregunta por todos, y en las que se negocia. El tiempo en las zonas rurales de la Curva del Níger, de Mali y de toda África parece haberse quedado detenido. Como contaba el propio Ismail en 1.988:

seguimos casándonos y bautizándonos como en tiempos de Yuder, y nuestros padres siguen entregándonos militarmente sus espadas en cuyas empuñaduras se lee Córdoba y Granada…

Muy poco a poco, se fueron reuniendo los manuscritos. Escritos en pergamino, sobre papel vitelado, protegidos por cubiertas de cuero, la mayoría estaban y están en muy mal estado. Como saben los que trabajan con ellos es material muy frágil. Tras todos los avatares sufridos con anterioridad y a partir de la muerte de Arkia, en 1.857, los manuscritos habían permanecido enterrados o emparedados tras adobe, sufriendo año tras año la humedad, las crecidas del Níger y las termitas, cuando no sirviendo de pasto para ratas. Los manuscritos fueron llegando a Tombuctú. Actualmente el Fondo Kati consta de 12.714 manuscritos, lo que no supone doce mil libros. Una gran parte de ellos son una simple hoja: cartas, contratos, hojas sueltas… y dentro de esos libros hay un total de 7.115 anotaciones en las páginas, lo que constituye la verdadera crónica de la familia, los «cotilleos» al margen -nunca mejor dicho- de los Kati.

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      «Paisaje» de Tombuctú: chozas de nómadas y paredes derruidas de adobe

Nos contaba Ismail entre las muchas anécdotas que suelta sin parar que, cuando a finales de los años 80 del pasado siglo y con casi todos los manuscritos reunidos en su casa, empezó a llover… Tombuctú está en el desierto pero, cuando en el desierto se pone a llover, llueve a raudales. Cuando caminas por la ciudad encuentras muchas casas derruídas. Construídas todas en adobe, el barato material de la zona, vuelven al barro del que están hechas por las esporádicas y copiosas tormentas. Las calles comenzaron a encharcarse, el agua comenzó a rodear la casa -de adobe- e Ismail entró en pánico….¡no puede ser, nos decía, que ahora esto se inunde y los manuscritos se pierdan!…pero para entender la importancia y el respeto de los habitantes de Tombuctú a lo que sabían -allí se sabe todo-  que Ismail había reunido, sin que nadie les dijese nada, sin haberles pedido nada, sin decir una palabra, todos los habitantes de Tombuctú, negros, moros, tuareg, shongay o bambara se dispusieron como un sólo hombre a apilar sacos de arena rodeando la casa para contener la riada y evitar la catástrofe… ¡qué lección de sabiduría y de solidaridad por parte de ésos que desde Europa contemplamos como moros o negros ignorantes y atrasados!… ¡qué gran lección!…

Las bibliotecas de Tombuctú

El Fondo Kati no es la única. Ciudad con un activo tráfico comercial desde siglos, con una universidad como la de la mezquita Sánkore, con una tradición  de más treinta centros de estudios islámicos, los valiosos manuscritos copiados allí o llegados desde el norte a lomo de camellos eran muy solicitados. En otras ciudades antaño prósperas como Chinguetti, Wadán o Walatta en Mauritania, o Gao, Yéne y Tombuctú en Mali, muchas familias de los antiguos comerciantes guardan con mimo sus viejos libros.

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            Una de las antiguas bibliotecas de Chinguetti, en Mauritania

Tan sólo en Tombuctú se conocen más de sesenta bibliotecas. Algunas no tienen más que unos pocos ejemplares. Otras como las del Fondo Kati tienen esos 12.714 que ya hemos mencionado. La conocida como Mamma Haidara consta de unos 9.000 y fue creada por Abdul Kader Haidara en memoria de su padre, Mamma Haidara, cadí, académico y gramático sobre un fondo creado en el Siglo XVI por su antepasado Mohamed El Mawlud, y al que Mamma Haidara añadió manuscritos comprados en Egipto y Sudán. Cabe comentar que como su apellido (Haidara) ya nos hace suponer están emparentados con Ismail, con el que han colaborado en ocasiones.

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                  Parte de los fondos de la biblioteca Mamma Haidara

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               Tratados de astronomía de la biblioteca Mamma Haidara

Mucho más rica en fondos, unos 20.000 manuscritos, es la biblioteca Ahmed Baba. Contiene manuscritos desde los Siglos XIV al XVI. La mayoría en árabe, pero también en turco y en hebreo, y algunos en lenguas locales como el shongay, tamashek (la lengua hablada por los tuareg, variante del bereber) y bamanankán (de los bambara, población mayoritaria al este de Mali). Una de sus «joyas» es el Tarik Al-Sudan, «Historia o Crónica del Sudán», escrita en 1.655 por Abd al-Sadi, erudito que trabajó en la administración para los «arma» de Tombuctú. El nombre dado a la biblioteca de Ahmed Baba es un homenaje a Abu Al-Abbas Ahmad Ibn Ahmad Al-Takruri Al-Massufi Al-Timbukti, más conocido -y más corto- como Ahmed Baba (Papá Ahmed, podríamos traducir), escritor y erudito shongay, decano que fue en la medersa de la mezquita de Sánkore.

Ahmed Baba se le ocurrió la «genial» idea de protestar cuando, conquistada Tombuctú por Yuder Pachá, los «arma» comenzaron a abusar de la población, saqueando y robando. Como respuesta fue deportado a Marruecos y de paso los 1.600 libros de que constaba la biblioteca de Sánkore desaparecieron, aunque sabemos lo que pasó con ellos: fueron detrás de Ahmed Baba hasta Marrakesh, a engrosar la colección particular del sultán. Más tarde su hijo, Muley Zaydán se los quiso llevar hasta Agadir, como ya he contado en la primera parte de esta entrada. Y desde allí, todos, o en parte, fueron capturados por la Armada Real española al interceptar el barco en que Jean Philippe de Castelane los quería llevar hasta Marsella. Acabaron, desde la biblioteca de Sánkore, en la del Monasterio de El Escorial.

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Entrada de la biblioteca de Ahmed Baba, y portada en su memoria en Tombuctú

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La Ahmed Baba se creó bajo la UNESCO en 1.973 bajo el nombre de Instituto Ahmed Baba de educación Superior e Investigación Islámica, y cuenta con patrocinio de Kuwait, lo que sin duda le permite disponer de grandes medios a la hora de cuidar y mantener sus instalaciones, y modernizar algo tan importante como es el microfilmado y la restauración de los manuscritos.

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Mali, Tombuctú, mezquita Sidi Yahia S.XV

La antigua puerta de la mezquita de Sidi Yahiha, del siglo XV, destruída por los yihadistas en el 2.013. 

Pero hay algo muy difícil de controlar, como es la barbarie. En 2.013 y bajo la ofensiva yihadista, una de las cosas de las que se preocuparon los combatientes de Ansar Al-Din  (Defensores de la Fe, podemos traducir) ayudados por AlQaeda del Magreb, fue la destrucción de bibliotecas. Y la de Ahmed Baba resultaba muy golosa. Tiranos y dictadores siempre le han tenido mucha manía a los libros, ejemplos hay demasiados por desgracia a lo largo de la historia: la de Alejandría, las quemas de libros por los nazis, el Índice de libros prohibidos de la Inquisición, la destrucción de la librería del califa Al-Hakam de Córdoba por Almanzor, las de El Cairo o la de Damasco…los musulmanes argumentaban siempre lo mismo: si repiten lo que ya dijo Alá son inútiles, si lo contradicen son pecado… Para su desgracia el papel y el fuego hacen muy buenas migas. Afortunadamente para el Fondo Kati y como dice Ismael, sin perder la sonrisa, …llevamos más de quinientos años escondiéndonos, tenemos experiencia… A eso se une el que, y es importante, la biblioteca de los Kati es algo familiar y, por tanto, visceralmente más defendible. Los yihadistas también se acercaron a ella pero consiguieron engañarles y ahora mismo los libros se encuentran, otra vez, escondidos en lugar seguro, en casas de amigos de plena confianza.

Cuando se destapó en 1.998 la existencia de la «biblioteca perdida» – como se la llamó en su momento- de Tombuctú la reacción internacional en los medios académicos fue enorme: de repente salían a la luz miles de manuscritos de gran valor económico y, sobre todo, intelectual. Se comparó a los manuscritos esenios de las cuevas del Qumrán, en el Mar Muerto, pero como dice Ismail aquellos son escritos sólo de temas teológicos y no pasan de pocos cientos. En los del Fondo Kati se cuentan por miles, y se tocan todos los temas. Todos querían acceder a ella, todos querían investigarla.

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Conocí a Ismail en el año 2.005, con ocasión de una pequeña exposición que se hizo en Sevilla sobre el Fondo Kati, gracias a la amistad con Manuel Alonso Navarro al que conocí, como digo en la introducción, frente a la mezquita de Yingueraber, una de las primeras construcciones de As Sáheli en Tombuctú. Manuel es íntimo de Ismail, y cuando le conocí venían precisamente rodando un documental para el que recorrieron los escenarios que recorrió hace más de quinientos años Alí Ben Ziyad en su exilio desde Toledo, documental titulado «Fondo Kati. Testigo del exilio ibérico en Tombuctú«. Pude ver en Sevilla y en privado el Corán de Ceuta junto con otras veinte piezas: un tratado de oftalmología, una página en tamashek (lengua tuareg), creo recordar un manuscrito hebreo… Me sentía sencillamente alucinado. Recuerdo que me temblaban los dedos de la emoción sólo de rozar aquellas páginas, de pensar en la historia que llevaban a cuestas. En la conferencia que dio Ismael por la tarde en su correctísimo español -este hombre lo habla todo: árabe, bambara, shongay, tamashek, francés, inglés, alemán, italiano…y todo bien- y donde me dejó alucinado por su memoria, la memoria de los africanos, la de la tradición oral, le pregunté -y corría el año 2.005, estaban las cosas tranquilas- si no le parecería más conveniente depositar los manuscritos en lugar seguro, incluso en alguna caja fuerte en Europa. Su respuesta fue la siguiente: …estos libros no son sólo unos libros, son la familia, son nuestra historia, y debo siempre tenerlos cerca...

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Más tarde me comentó que alguna universidad norteamericana le habían ofrecido muchísimo dinero si se los daba en depósito, a lo que se negó…e Ismail suele andar siempre muy corto de dinero. Pero me contó otra cosa que refleja aún más su decisión de no dividir la biblioteca, al costo que sea. Cuando se supo lo del Fondo Kati y los manuscritos que contenía, apareció un día en el aeropuerto de Tombuctú un avión privado, perteneciente a un jeque de los Emiratos del Golfo Pérsico, un multimillonario como sólo los jeques de los Emiratos pueden serlo. El jeque venía con la intención de llevarse el Corán de Ceuta. Le colocó delante un cheque en blanco y le dijo: pon lo que quieras…lo que quieras….e Ismail volvió a negarse. La biblioteca no se separa.

En 2.003 -yo no tuve ocasión de verlo- se inauguró la sede de la biblioteca, con fondos donados por la Universidad de Granada y la Junta de Andalucía. Ismail vive repartido entre Tombuctú y Granada. A finales del siglo pasado había contactado con intelectuales de Granada y de otros sitios (José Saramago, Angel Valente, Antonio Muñoz Molina, Goytisolo…) que le apoyaron con entusiasmo en la tarea. Hubo su parte de «hispánica chapuza» en la construcción del edificio. En primer lugar se construyó con bloques de hormigón, poco adecuados en cuanto al control de calor y humedad que tanto daño pueden hacer a un material tan sensible como los manuscritos. Para la instalación eléctrica se trajeron desde España unas tomas que no coincidían con las clavijas que se utilizan en Tombuctú…

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Ismail, como digo, viene a España con frecuencia. Cuando le conocí en el 2.005 tuve ocasión además de conocer algunas personas muy relacionadas con él. Entre otras, la pintora Irene López de Castro con la que he seguido manteniendo contacto y de la que me honro en poseer alguna de sus obras, en las que valoro -aparte de su calidad técnica- el cómo capta sobre todo los personajes y la luz de aquella región. Irene ha estado varias veces en Tombuctú disfrutando de su hospitalidad y la de su familia. En varias ocasiones han coincidido en exposiciones -en España- compartiendo ambos su visión, una visión que confluye: la pictórica de Irene y la poética de Ismail. Conozco el país, conozco a Ismail y conozco a Irene, son exposiciones que procuro no perderme.

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A raíz de la amenaza que supuso para el Fondo la ofensiva yihadista, en el año 2.012 el grupo asegurador DKV se ha hecho cargo del patrocinio en cuanto al mantenimiento de los manuscritos y los traslados, incluyendo los necesarios para Ismail. Se prevén traslados y exposiciones temporales -la idea siempre es retornar a Tombuctú…cuando buenamente se pueda-  en el Centro Cultural de San Marcos de Toledo, en los Claustros de Santo Domingo en Jerez y en el castillo de Guzmán el Bueno de Tarifa, con el apoyo de los respectivos ayuntamientos. Como dice Ismail con su habitual socarronería: …hasta ahora he conseguido entenderme con el  PP, con el PSOE, con la Junta de Andalucía y con Ciudadanos…sólo me falta hablar con Podemos…

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El largo peregrinar de los manuscritos árabes. La Biblioteca de El Escorial y la Fundación Kati de Tombuctú. 1ª parte.

Manuscritos. El Monasterio en invierno

Quiero agradecer su cordial ayuda en lo referente al Fondo Árabe de la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial a su bibliotecario y antiguo prior, Don Jose Luis del Valle y, muy especialmente, a una buena amiga y restauradora de cubiertas antiguas, por su abundante y valiosa información. Y en cuanto a lo que atañe a la Fundación Kati, a su depositario y conservador contra viento y marea Ismail Kati, por su amabilidad y de siempre interesante conversación, y a Manuel Alonso Navarro, al que conocí casualmente frente a la mezquita de Yingueraber cuando aún desconocía la existencia de los Kati, y junto al que emprendí una accidentada «huída» de Tombuctú, huída que significó el comienzo de una estupenda amistad. A todos, gracias…

1.- Una lucha dinástica más, y una traición

2.- Moriscos y corsarios

3.- Los libros de la librería del padre de Muley Zaydán

4.- los arábigos y los Plomos del Sacromonte

5.- El Fondo Árabe de la Biblioteca de San Lorenzo

6.- El incendio de la Biblioteca y otros desastres

7.- Un héroe afrancesado, Jose Antonio Conde

Una lucha dinástica más, y una traición.

Las menguadas tropas que aún le permanecían fieles se habían conseguido refugiar con el sultán en el puerto de Safi, junto a su reducido séquito, sus mujeres y las pertenencias que había conseguido llevar con él al abandonar Marrakesh. Derrotado en la última batalla por el general Abu Malib, cada vez más acosado por las fuerzas de su hermano Muley Xeque, al que se podía peligrosamente considerar ya casi como su sucesor, el sultán intentó una última jugada. Aún tenía bastante oro como para contratar un barco que le sacase de Safi y escapar de su ambicioso hermano. Temiendo traiciones entre los musulmanes ante la visible pérdida de su poder, negoció sin saberlo otra traición, esta vez con el capitán provenzal Jean Philippe de Castelane, su transporte hasta Agadir. Llegados a este puerto, el capitán reclamó el pago íntegro del flete antes de entregar la carga. Pero al no serle satisfecha la suma previamente acordada de tres mil ducados, aprovechó la noche para zarpar rumbo a Marsella llevándose consigo las pertenencias del derrocado Muley Zaydan, entre las que se encontraba la rica biblioteca de su padre, el anterior sultán de la dinastía saadí, Abu-l-Abbas Ahmad al-Mansur al-Dahabi, más conocido como Ahmad al-Mansur, en árabe: «el Victorioso», debido a ser el ganador de la batalla de Alcazarquivir, más conocida como la de los Tres Reyes. 

Sus victorias no se limitaron tan sólo a Marruecos. En el año de 1.590 envió una expedición que atravesó a pie el desierto del Sahara en una agotadora marcha de dos meses, que redujo el número de soldados casi a la mitad: de 7.000 a 4.000. Desde Marrakesh querían llegar hasta Tombuctú, atraído el sultán por la fama del oro y las riquezas. El cuerpo expedicionario superviviente de 4.000 soldados estaba integrado principalmente por moriscos llegados de España, hispanoparlantes por tanto, e incluso las listas de la intendencia aún las podemos consultar, y están en castellano. Los comandaba Yuder Pachá, capturado de niño por los berberiscos en Cuevas de Almanzora, en la costa de Almería, aunque criado y educado en Marrakesh.

En Noviembre  de aquel año y ya junto al río Níger se enfrentaron a un ejército de 40.000 guerreros shongay en la batalla de Tondibi, cerca de Gao, a los que derrotaron por la gran ventaja que les supuso el llevar armas de fuego, enfrentadas a las lanzas y escudos de cuero y paja de los shongay que, contra los arcabuzazos, no les valieron de nada. Desde entonces a los descendientes de aquellos moriscos que se asentaron en Tombuctú se les conoce como «armas» -«úrrumas» tal y como las pronuncian ahora-, por la palabra en castellano, del que conservan en su dialecto muchas otras. El dominio marroquí en Tombuctú y la Curva del Níger se extenderá hasta 1.833 pero hasta 1.618 al menos la lengua usada en la administración será el castellano.

Pero como los manuscritos árabes tienden a ser muy peregrinos, y aunque volveré a Tombuctú cuando toque hablar de los de la Fundación Kati, cabe aquí mencionar que tras la conquista de Tombuctú por las tropas comandadas por Yuder Pachá, parte del botín se hizo con 1.600 manuscritos árabes que figuraban en la medersa o universidad islámica de la mezquita de Sánkore (según pronuncian ellos). De Tombuctú viajaron a lomo de camello hasta Marrakesh, a la librería de Ahmad al-Mansur. Su hijo Muley Zaydán, con el que comenzamos esta crónica, y como veremos con más detalle y por los avatares de la guerra, se los llevó al puerto de Safi, de donde el francés Jean-Philippe de Castelane los transportó hasta Agadir. Y desde Agadir, con la intención de navegar hasta Marsella, fueron interceptados por la Armada Española yendo a dar ya no con sus huesos sino con sus lomos hasta la Biblioteca de San Lorenzo. Largo peregrinar, desde Tombuctú hasta El Escorial.

Moriscos y corsarios

Los barcos de la Armada Española solían patrullar frente a las cotas de Salé, intentando evitar la práctica del corso. Larache servía de base a los españoles al haber sido cedida a Felipe III por Muley Xeque, en agradecimiento o como pago por su apoyo frente a Muley Zaydán y, teniendo Larache en su poder, controlaban la costa que llamaban de la Mámora, por lo que Salé se convirtió en uno de los pocos puertos marroquíes en el Atlántico. Pero para los marroquíes disponer de Salé tampoco fue posible.

En 1609 se establecieron en Marruecos unos 40.000 moriscos, tras el decreto de expulsión dictado por Felipe III. La mayoría se establecieron en las ciudades del norte (Tetuán, Tánger, Xauen o Fez) pero 10.000 de ellos, por diferentes circunstancias que no vienen al caso, acabaron estableciéndose en Rabat y en Salé, a ambos lados del ancho estuario del río Bu Regreg. Rabat había sido fundada por el sultán almohade Yuqub al-Mansur (otro «victorioso») tras su victoria en la batalla de Alarcos, en 1195 contra el rey castellano Alfonso VIII. Aunque hoy día sea la capital marroquí, en 1.600 estaba en un estado ruinoso y prácticamente abandonada, apenas la habitaban un centenar de pobres viviendas.

Salé, en la orilla norte del Bu Regreg, por el contrario tenía una población estable de musulmanes y judíos sefarditas, expulsados de España por los Reyes Católicos tras la toma de Granada. El sultán pretendió establecer una base de corsarios, flota formada sobre todo por moriscos y controlada por un caid al que se pagaba el 10% de los botines. Pero en 1626 los moriscos mataron al caid y se declararon independientes. De aquellos moriscos, cerca de dos mil procedían de la localidad pacense de Hornachos que, debido a estar mejor organizados, se hicieron con el control de lo que se conoció como «La República de las Dos Orillas».

La República de los «hornacheros», como se les conocía más coloquialmente, se mantuvo hasta 1668. En sus mejores momentos contó con una flota de más de cuarenta barcos y sus fortificaciones estaban protegidas por 68 cañones que apuntaban al mar en previsión de ataques. Los hornacheros mantuvieron relaciones diplomáticas con Holanda e Inglaterra al convertirse en un activo centro comercial, aunque su actividad principal fue la piratería. Actuaban en el Estrecho de Gibraltar y en el Mediterráneo, aunque en sus correrías también capturaban barcos en el Atlántico, llegando en sus incursiones hasta la lejana Islandia.

La anécdota «sentimental» por parte de los hornacheros fue el intento de llegar a un acuerdo con Felipe IV, para lo cual hicieron llegar una larga carta al Duque de Medina-Sidonia en 1.631 en la que, entre otras cosas, proponían entregar la ciudad… por el gran amor que tienen a España, pues desde que salieron suspiran por ella… Proponían que se les dejase volver a Hornachos, indemnizar a los vecinos que hubiesen ocupado sus casas y tierras, entregar sus 68 cañones y sus barcos, que les respetaran haciendas y privilegios, demostrar su fe cristiana….pero las negociaciones no prosperaron y los hornacheros debieron seguir dedicándose al corso.

Corría el mes de Junio del año 1.612. Tres -hay quien dice cuatro- bajeles de la Armada Española gobernados por Pedro de Lara, lugarteniente del almirante Luis Fajardo que patrullaban cerca de Salé, apresaron al navío francés Nôtre-Dame-de-la-Garde, comandado por el capitán Jean-Philippe de Castelane. Castelane era cualquier cosa menos un comerciante. Había llegado a Safi con cartas de Luis XIII y del Duque de Guisa, y había sido el cónsul francés en 1.610, bajo el reinado de Enrique IV, con el fin de repatriar a sus compatriotas capturados. Hay quien aventura que se hubiera puesto en secreto de acuerdo con los españoles pero, ¿para qué, si su propósito seguramente y a todas luces sería el de hurtar las propiedades de Muley Zaydan y llevárselas a Marsella?…Conducido a Cádiz fue juzgado como pirata y, como tal, condenado a galeras. Y como suele suceder con los «agentes especiales» pillados en falta, Francia se desentendió de su pirata.

Los libros de la librería del padre de Mulay Zaydán

Muley Zaydán y contra todo pronóstico logró restablecer sus fuerzas, derrotar a su ambicioso hermano y regresar, victorioso, para poder descansar en sus añorados palacios de Marrakesh. Pero, aunque restablecido en el trono, no se olvidó de las pertenencias robadas arteramente por el ex-capitán y ahora galeote Jean-Philippe de Castelane y, muy especialmente, de la valiosa librería -como se la llamó en su tiempo- reunida por su padre, el sultán Ahmad al-Mansur, lo que consideró su mayor pérdida. Mulay Zaydán estaba perfectamente informado de que la librería obraba en estos momentos en poder de la Corona española, a donde dirigió en primer lugar sus quejas, por una parte, y sus reclamaciones. Pero la respuesta de Felipe III fue contundente: el botín no se había robado a Marruecos, sino capturado en barco francés y, por tanto, a Francia. Añadiendo que este botín…era contrabando, y contrabando de buena presa es contrabando… Las cosas claras.

Con posterioridad y bajo las salidas de códices del Fondo Árabe con «pasaporte legítimo» hubo alguna devolución al Reino de Marruecos. En 1.776 y ante una visita al Monasterio por parte de una delegación marroquí llegada para un Tratado de Paz y Comercio, siempre con el permiso del rey, le fueron regalados varios códices. Y en 1.880 el embajador Muhammad ibn Utman, llegado para restablecer las buenas relaciones entre España y Marruecos y en visita a la biblioteca seleccionó catorce códices, bajo el beneplácito de Carlos III. Hay que señalar que en la primera visita y para no tentar la suerte, se ocultaron los más valiosos de la librería de Mulay Zaydán, diciendo que se habían perdido durante el incendio de 1.671. Mentiras piadosas…los diplomáticos siempre han de ser así: cuando dicen tal vez, realmente están diciendo no…

Agotada la vía del pedir favores a Muley Zaydán le quedaba intentar la del rescate. Ofreció una elevada suma a Felipe III quien la rechazó, pidiendo a cambio la liberación de los cautivos cristianos que hubiese en Marruecos. Aunque como «el rey prudente» se conoció a su padre Felipe II, Felipe III anduvo igual de prudente y esperó antes de devolver nada a cambio de nada. Pasados dos años y dado que la petición no se cumplía, el rey solicitó un Dictamen del Consejo de Estado sobre el cual resolvió que dicha librería aráuiga se trasladase a la Real Biblioteca del Monasterio del Escorial, donde ingresó en 1.614.

No es de extrañar el empeño del sultán por recuperar la librería de su padre. Según Gurmendi, de quien hablaré a continuación, el número de manuscritos procedentes de la Biblioteca Real Marroquí de Marrakesh y con la marca de la dinastía sa’adí ascendía a cuatro mil, veinte o treinta menos, de los cuales más de quinientos y, siempre según el testimonio de Gurmendi, estaban desenquadernados. Sería excesivamente prolijo hacer relación de ellos, pero solo comentar que, excepto aquellos desenquadernados,  la mayoría estaban cuidadosamente provistos de tapas de piel ricamente labradas en relieve y con ribetes de oro, algunos incluso adornadas sus cubiertas con piedras preciosas. Tratados de leyes, de gramática, de medicina, de astronomía, de filosofía…y, por supuesto, algunos Coranes.

El más famoso, el llamado Corán de Mulay Zaydán, realizado según consta en el Folio 264 por encargo de su padre, el sultán Ahmad al-Mansur en la mezquita del Palacio al-Badi  de Marrakesh y terminado el 13 del mes Rabi’a del año 1.008 de la Héjira, 2 de Noviembre de 1.599 de nuestra era cristiana. Encuadernado con piel de cabra blanca, estampado en oro, cantos dorados así como los herrajes. Escritura de tipo mabsut: la reservada a la escritura del Corán. Los títulos de las suras, en cúfica oro sobre fondo azul….toda una joya. Sin duda a Mulay Zaydán le llevaban los demonios la desgracia de haberlo perdido. Sobre el original albergado en la Biblioteca de San Lorenzo se han hecho algunos pocos facsímiles por expertos según reproducción fiel -fidelísima como corresponde- , cuya cotización ronda los 3.700 euros.

Manuscritos. Coran de Mulay Zaydan

                                        Facsímil del Corán de Mulay Zaydán

Los arábigos y los Plomos del Sacromonte

Como se lee en la carta del rey al prior de San Lorenzo, fechada el 6 de mayo de 1.614, la entrega e instalación se hicieron bajo la supervisión de Francisco de Gurmendi, a quien le había sido entregada por el mismo Felipe III para que la ordenase…por sciencias y facultades…  El guipuzcoano Gurmendi servía en la corte de Felipe III en la… traducción e interpretación de las lenguas arábiga, turquesa y persiana… El conocimiento de tan inusuales lenguas le venía a Gurmendi por la circunstancia de haber sido discípulo de Diego de Urrea, de supuesto origen calabrés, capturado de niño por corsarios berberiscos y educado en Tremecén, Argelia, donde compartió enseñanzas con el entonces joven príncipe Muley Xeque -causante indirecto de la llegada de la librería de Mulay Zaydán al Monasterio-, y donde adquirió el dominio de la lengua árabe, así como de la… Turquesa, Persiana y Tártara… 

Diego de Urrea fue nombrado en 1593 a petición del entonces rey, Felipe II, profesor de lengua árabe en la Universidad de Alcalá. En 1.595 el rey exige -tal cual, poder real, sin opción- a… Arias Montano y al arávigo…, o sea, Urrea, que traduzcan los recién encontrados Plomos del Sacromonte y, un año más tarde, se les conmina a trasladarse a Granada… y no salgan della… –sigue quedando bien clara la voluntad real- para asistir a la traducción de dichos libros.

Benito Arias Montano fue otro de los arábigos y todo un personaje de la época. Nacido en la localidad pacense de Fregenal de la Sierra en 1.527, estudió varias disciplinas en las que destacó, y entre otras el estudio de latín, griego, árabe, hebreo y sirio. La Inquisición siempre le tuvo en el punto de mira por sus «desviaciones» en cuanto a la interpretación de la Biblia Vulgata y, posiblemente, se libró de morir en la hoguera gracias a la protección que siempre le dispensó Felipe II . Cabe añadir que Fregenal de la Sierra fue uno de los «puntos calientes» junto a la cercana Sevilla de lo que se llamó los «alumbrados», una especie de pre-protestantismo español y, como tal, perseguida con saña. Del mismo Fregenal y con cuatro años de diferencia era Cipriano de Valera, conocido de Arias Montano en su época de estudiantes en Sevilla y religioso en el monasterio de San Isidoro del Campo, muy próximo a las ruinas de Itálica. En el verano de 1.557 y sabiéndose vigilados de cerca por la Inquisición doce monjes, entre ellos Valera, consiguen huir a Ginebra y ser condenados «en ausencia». Otros cuarenta monjes no tuvieron tanta suerte: fueron quemados vivos, bajo la acusación de herejía.

El 18 de Marzo del año 1.588 se decide derribar la Torre Turpiana, el minarete de la antigua mezquita mayor de Granada. El hallazgo de una caja de plomo conteniendo restos humanos, una imagen de la Virgen y un pergamino manuscrito -con textos en árabe- detuvo la demolición. Se dieron para la traducción a dos notables de la ciudad, moriscos conversos, Miguel de Luna y su suegro Alonso del Castillo. En el pergamino constaba una profecía de San Juan sobre el fin del mundo que San Cecilio, arzobispo de Granada, había hecho ocultar para que no fuese profanado por los árabes. Pero el pergamino de la Torre Turpiana contaba algo más: cual mapa del tesoro daba vagas pistas sobre la localización de otros escritos portentosos ocultos en las proximidades de la ciudad.

Manuscritos. Torre Turpiana

                                            El manuscrito de la Torre Turpiana

Lo de los Plomos del Sacromonte es una de esas historias dignas y comentadas por su aura de misterio por entusiastas profesionales del esoterismo como Jiménez del Oso o Iker Jiménez en programas como Cuarto Milenio y similares. Los tales Plomos consistían en 21 libros formados por 223 planchas circulares de plomo … con extraños dibujos e inscripciones latinas y árabes… de factura morisca… salomónicos según comentaron en su momento, que habían sido halladas entre los años 1.595 y 1.599 a las afueras de Granada, en la colina de Valparaíso, desde entonces conocido como el Sacromonte. Para su traducción fue para lo que se «exigió» a arábigos como Benito Arias Montano y a Diego de Urrea ir a Granada y no salir hasta que no quedasen traducidos a satisfacción de la Corona.

Manuscritos. Plomos del Sacromonte

                                                   Los Plomos del Sacromonte

Como es de imaginar, semejante hallazgo levantó auténticas polvaredas. En su momento llegaron a ser interpretados como un Quinto Evangelio revelado por la Virgen -en árabe, éso sí- para ser divulgado en España. Hubo autores cristianos como el arzobispo Pedro Vaca de Castro que apostaron incondicionalmente por su autenticidad. Otros, como su traductor Benito Arias Montano, manifestaron serias dudas al respecto. La crítica filológica e histórica parece determinar que pudo ser obra de moriscos de alta posición en los años posteriores a la Rebelión de Las Alpujarras, y se sospechó de Miguel de Luna y Alonso Castillo, los traductores del pergamino de la Torre Turpiana, en un intento de conciliar el cristianismo «islámico» de los moriscos con el catolicismo castellano. En 1.682 fueron definitivamente declarados falsos y heréticos por el Papa Inocencio XI.

El Fondo Árabe de la Biblioteca de San Lorenzo

Felipe II, monarca debatido, mantuvo siempre gran preocupación por todo lo intelectual. Siendo todavía príncipe ordena comprar en Valencia, en 1.542 -a sus catorce años de edad-, un Corán a través de Gil Sánchez de Baeza: …un libro de alcorán que mandó su alteza comprar…(citado por Jose Luis Gonzalo Sánchez-Molero, La «Librería Rica» de Felipe II: estudio histórico y catalogación, en Archivo General de Simancas).  Desde 1.567 y siendo ya rey se reúne en el Monasterio un fondo bibliográfico que no para de crecer, comenzando por la librería particular del monarca. Y como parte importante, la del Fondo Árabe. Formado a base de compras por toda Europa, de copias de libros prestados, de adquisiciones a particulares, de donaciones como la del propio Arias Montano, entre ellos 19 libros Aráuigos. O la célebre biblioteca de Diego Hurtado de Mendoza, donada por disposición testamentaria según dice el mismo Mendoza poco antes de morir, el 14 de Agosto de 1.575, a Hernando de Briviesca, guardajoyas de Felipe II: …cuenta de lo que tenía hecho, que es haber dado a su Mg. sus libros y pinturas y antiguallas… El rey aceptó el legado condonando la elevada deuda que el antiguo embajador tenía con él, encargando a su secretario Antonio Gracián el reconocimiento y traslado de la biblioteca. De los 853 códices registrados, 268 corresponden a los Lingua arabica manuscripta.

A primeros de marzo del año 1.577 el rey Felipe II requiere a su «hombre de confianza» Benito Arias Montano para organizar la entonces joven Biblioteca, a lo que el arábigo  accede por fidelidad al rey aunque, según cronista, de la misma…malísima gana… con la que se encargó del asunto de los Plomos del Sacromonte.  En 1.579 ya es nombrado oficialmente como Librero Mayor de la Laurentina. Hombre sin duda puntilloso y responsable tuvo a su cargo la ardua tarea de poner inicialmente orden en semejante colección de legajos, tarea que le ocupó diez meses, ordenándolos por idiomas: lenguas vulgares -las habladas en Europa: castellano, francés, italiano, toscano, – junto a las obras en latín y griego, y las que constituirían el Fondo Árabe: en árabe, persa y hebreo, principalmente, y para dejar clara la propiedad el diseño de las cubiertas, en piel de becerro y con la parrilla, símbolo del martirio de San Lorenzo, estampada dentro de un óvalo en el centro de la tapa, con instrucciones a veces precisas del propio Felipe II.

Alonso del Castillo es otro personaje digno de comentario, y al que ya mencioné junto a su yerno Miguel de Luna en el extraño asunto del pergamino hallado en la Torre Turpiana y los Plomos del Sacromonte. Su padre, morisco principal, nació bajo el dominio nazarí y fue de los obligados a convertirse al cristianismo en 1.500, tras la toma de Granada por Los Reyes católicos en 1.492. Alonso se educó ya bajo el cristianismo como morisco asimilado. Estudió medicina en la Universidad de Granada donde aprendió además latín y griego, lenguas que dominó junto al castellano y al dialecto árabe-granadino. Con estos conocimientos el Concejo le encargó la traducción de las inscripciones árabes en el palacio de La Alhambra, de las que evitó traducir algunas para evitar su destrucción por su contenido religioso. En calidad de romançeador o informador, intervino en la represión de la revuelta morisca conocida como la Guerra de las Alpujarras. En 1.573 es llamado a la Corte para colaborar en la formación del Fondo Árabe de El Escorial, además de ser nombrado intérprete real como traductor de la correspondencia que Felipe II mantuvo con gobiernos árabes. Durante su estancia en El Escorial, obtuvo autorización real para atender a la numerosa clientela que solicitaba sus servicios atraída por el prestigio de …su ciencia médica arábiga y por su competencia en descifrar los manuscritos que la contenían…

Comenzaron a llegar los libros, en este caso los arávigos que, antes de nada, hay que numerar. Arias Montano hace una sucinta relación de 285  Libri Arabici en 1.579. El Licenciado Alonso del Castillo había concluído el 16 de Agosto de 1.583 un Catalogus CCLXI (de 261, para los que se les hayan olvidado los números en  latín) Manuscriptorum Arabicorum  según los fondos del Monasterio. En 1.598 -18 años después del inventario de Arias Montano-  Diego de Urrea, cumplida su tarea de traducir los Plomos, concluye el Índice de los libros arávigos detallando 499 entradas, aunque no incluye los 268 en Lingua arábica manuscripta adquiridos a raíz del testamento de Don Diego Hurtado de Mendoza. Obviamente, el Fondo va creciendo. Alonso del Castillo y siempre con permiso real había viajado ex profeso hasta Andalucía para realizar algunas compras. Acabada la Reconquista sin duda había un goloso mercado de libros arábigos, bien por necesidad de sus dueños, moriscos empobrecidos, bien por alejar la sombra de la sospecha de mantener el culto prohibido ante la siempre vigilante Inquisición.

Los estragos del Cardenal Cisneros, y unos cuantos libros menos

El 2 de Enero de 1492 se produce la caída de Granada. En aquellos momentos Cisneros era ya confesor de la reina Isabel la Católica. Se sabe muy poco de aquellos últimos años de la civilización nazarí, y es más que probable que este desconocimiento de deba en parte al gran estrago de sus manuscritos por Cisneros. Este acontecimiento se produjo no a raíz de la entrega de la ciudad a los Reyes Católicos, sino a finales de 1499, cuando Cisneros fue enviado expresamente a Granada para convertir al cristianismo a la ciudadanía musulmana. La represión fue tan fuerte que los granadinos se convertían en masa.

Julián Ribera, que nos habla, entre otras arábigo-hispanas, de las famosas bibliotecas granadinas, como la real de los Beni Alahmar, con sabios bibliotecarios al frente, las de particulares como Azzobaidi, Ben Faracún, Attazar o Ben Lope, asegura que…

…una de las quemas más famosas, con las que se empezó en la España cristiana la obra de destrucción, fue la que tuvo lugar en la plaza de Bibarrambla de la ciudad de Granada por orden del Cardenal Cisneros. Allí se abrasaron millares de preciosos códices de esmerada labor caligráfica y artística y, al decir del padre Alcolea, había muchos con cantoneras y manecillas de plata y oro, y bastantes perlas, apreciado todo en más de 10.000 ducados que algunos espectadores dieran en el acto si se los hubieran querido vender…

Pero, dice el mismo autor, esto no fue más que empezar: aún tuvo consecuencias más nefastas el decreto de doña Juana (1511) que ordenaba a los moriscos entregar a los justicias todos los libros escritos en lengua árabe para que, una vez examinados…

les fueran devueltos los de filosofía (que no tendrían, porque ellos mismos los habían quemado) y los de medicina e historia (de los que ya no tendrían muchos), y se quemasen los de su dañada ley y secta (que eran los más)… (Daniel Eisemberg, «Cisneros y la quema de los manuscritos granadinos», Journal of Hispanic Philology, 1992. Julián Ribera y Tarragó, «La enseñanza entre los musulmanes españoles. Bibliófilos y Bibliotecas en la España Musulmana». 1925)

En tiempos todavía de Arias Montano ingresan en la Biblioteca unos manuscritos árabes procedentes de los bienes de Isabel la Católica que se custodiaban en la Capilla Real de Granada. Alonso del Castillo fue el encargado en 1.573 de examinarlos previamente a su traslado a la Biblioteca, donde ingresaron en 1.591. Según la copia notarial  había…Onze libros chicos y grandes, enquadernados y desenquadernados, todos escriptos en arávigo…   En 1.582 y también desde Granada se habían enviado 32 cuerpos de manuscritos hasta entonces custodiados por la Inquisición. Aunque antes y después continuara la llegada de manuscritos árabes, el gran aporte sin duda fue el procedente ya citado de la captura por parte de la Real Armada de la librería de Muley Zaydán, aquellos cuatro mil…veinte o treinta menos… según la estimación del guipuzcoano Francisco de Gurmendi.

Manuscritos. utilidades de los animales

Libro de las utilidades de los animales, de Ibn al Durayhim al-Mawsili, de 1.354. Signatura nº 898 en manuscritos árabes, de la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo.

El incendio de la Biblioteca y otros percances

en muy breve rato se quemó la librería manuscrita, sin que remedios humanos bastasen para reprimir la actividad del fuego… (según el informe testimonial del archivero Fray Juan de Toledo).

Manuscritos. Incendio del Monasterio

        El incendio del Monasterio de 1.671, según cuadro en el Museo del Prado

Libros y fuego son peligrosa combinación, del que la historia nos cuenta numerosos ejemplos. Muchos por censura, otros por accidente. Incendios en el Monasterio hubo varios. En el primero de 1.579 ardió la llamada Torre de la Botica. En 1.731, 1.744, 1.763, 1.827 y 1.872 fueron reseñados otros, aunque parciales y pronto controlados. Pero el 7 de Junio de 1.671, cuentan que a las tres de la tarde, se declaró un incendio comenzado al parecer en una de las chimeneas del colegio situada en la parte norte. Brasas vivas en las buhardillas y un fuerte viento azuzaron un fuego en apariencia controlado, de forma que pese a los esfuerzos y en menos de tres horas habían desaparecido las cubiertas de la mitad del edificio que mira al norte. Del campanario de las torres que flanquean la entrada principal, se fundieron 38 de sus 40 campanas cuyo bronce, cuentan, corría como el agua por las escaleras y los muros. El entramado de viguería, la tablazón de ripias y pares, reseca madera directamente bajo la cubierta de pizarra que, bajo el sol del verano, quema sólo con tocarla contribuyó al desastre. El Vicario con gran piedad y supongo mirando hacia atrás de reojo por si había que salir corriendo, presentó ante las llamas el Santísimo Sacramento, incluso el velo milagroso de Santa Águeda, que en tiempos hubo contenido las lavas del Etna, pero el fuego debía ser ateo porque arreciaba cada vez más.

Visto que Dios no echaba una mano, gentes de todos los alrededores se afanaron durante horas entre el ahogo y el agotamiento. Su esfuerzo no fue en vano y gracias a ellos se salvó gran parte del edificio y de sus tesoros. Pero la librería resultó seriamente dañada y, en especial, los manuscritos árabes. Actualmente y desde el año 1.850 el Salón de Manuscritos se encuentra en la antigua ropería del Monasterio, con gruesos muros y bóvedas de piedra, lo que les protegió en el incendio de 1.872. En 1.671 la mayoría de los códices se guardaban en el Salón Alto y el Salón de Verano, en la planta alta, de altas bóvedas y con sus ventanales abiertos al Patio de Reyes, orientados al norte. El fuego se cebó en los viejos manuscritos. Sin extintores, sin los modernos medios anti incendios y entre la confusión del momento algunos se amontonaron, mojados, en rincones de alguna sala, en una espera que duró más de cincuenta años. Otros, y ante la desesperación…

… para salvarlos del incendio muchos de los códices árabes fueron arrojados por las ventanas, y son bastantes los que aún conservan las huellas del agua, mezclada en algún caso con tierra y arena. En tales operaciones de salvamento hubo códices que se desvencijaron, con la correspondiente dispersión de hojas. En la subsiguiente confusión, no siempre fueron debidamente reagrupadas las de uno mismo, al tiempo que de otros se conservaron solo algunas. De ellas resultó un mare magnum sin orden ni concierto, de hojas o cuadernos, que constituyeron esa massa damnata que Casiri dejó totalmente de lado en su catalogación… (Justel Calabozo, Legajos árabes de El Escorial, pag. 437).  

Braulio Justel Calabozo, catedrático de Lengua y Literatura Árabes en la Universidad de Cádiz desde 1984, fue uno de los arabistas que investigó modernamente el Fondo Árabe. Según sus cálculos y tras el desastre, de 3.974 manuscritos arávigos catalogados se perdieron 2.500, de los que quedan en la actualidad tan solo 1.939, árabes en su mayoría, aunque haya una parte en persa, turco o aljamiados. Ya Justel Calabozo nos da una idea del desbarajuste que sufrieron los manuscritos supervivientes en el intento desesperado por preservarlos del fuego. Si un libro moderno y bien cosido lo más seguro es que quedase desencuadernado al ser arrojado desde un tercer piso, podemos imaginar como quedarían los viejos manuscritos, formados en muchos casos por hojas apiladas dentro de un estuche, como las cartas de una baraja. Y de aquellos otros arrojados, amontonados y mojados en los rincones, la acción del agua sobre papel viejo solo pudo producir una pasta irreconocible, esa massa damnata que, según Justel Calabozo… Casiri dejó totalmente de lado en su catalogación…

El mencionado Miguel Casiri, nacido en Trípoli en 1.710, experto en árabe, sirio y arameo, y presbítero por el rito maronita, es llevado a El Escorial en 1.749 para organizar «los restos del naufragio» que llevaban más de cincuenta años en un estado de casi abandono, y para que descifre …si son tesoros o carbones lo que se guardan…. Emprende el encargo de la catalogación, empezando por los manuscritos que se hallaban recogidos en la Biblioteca Alta,…limpios y no olvidados, pero sin índices ni inventarios, como selva inculta que nadie se atreve a pasear… Al cabo de diez años Casiri había concluído prácticamente sus índices y catálogos de su Bibliotheca Arabico-Hispana, aunque consta que excluyó los códices sin encuadernar y los manuscritos desencuadernados. Pero a los manuscritos árabes aún les quedaban daños por sufrir.

han sido víctimas de varios incendios, y como si esto no fuera bastante, han sufrido mucho por el interés que por ellos se han tomado algunos bibliotecarios más celosos que discretos, quienes tuvieron la fatal idea de encuadernar de nuevo libros estropeados, que vistieron con encuadernaciones lujosas, a veces, y siempre funestas para los manuscritos, pues lo menos malo que resultó fue el que quedaran cortadas o inutilizadas las notas marginales por la cuchilla de sucesivos encuadernadores… (Francisco Codera, Informe, 1.898). Codera comprobó ya en 1.844 que muchos códices habían sido cosidos desordenadamente, hallando los folios faltos en legajos o encuadernados como parte de otros códices mezclando unos con otros o confundiendo, como se suele decir, «las churras con las merinas». Casi todas las evidencias señalan a Félix Rozanski, sacerdote polaco y bibliotecario del Monasterio entre los años 1.875 y 1.885. El celo de Rozanski como encuadernador fue notorio:

los dos mil árabes que encontré a mi llegada al Escorial en un estado muy deplorable desde el incendio de 1.671, algunos desgarrados, otros mitad en un manuscrito y otros mitad en otro, varios despues de haber recibido aguas, vueltos en una masa compacta y dura como madera, etc., han sido recompuestos, ordenados, despegados con cuidado, foliados, unos restaurados y otros de nuevo encuadernados en pasta negra, por mis cuidados, añadiendo unos 22 volúmenes que compuse de fragmentos y otros acumulados en los legajos…

Percances y pérdidas no faltaron. A veces, «despistados» al ser sacados -en una época en que había poco control- por investigadores, con el resultado de perderse su pista. Otras, en viajes a veces sin retorno a la Biblioteca Nacional, pese a la acreditada procedencia de la Biblioteca del Monasterio. Afortunadamente fueron más las recuperaciones que las pérdidas.

Manuscritos árabes. Códice árabe Medicina castellana S.XV

Medicina castellana, códice árabe S.XV. Actualmente en la Biblioteca Nacional de Madrid (con nº 5240 en Fondo Manuscritos) aunque consta como «Procedente de la Biblioteca del Escorial», lo que se advierte por la «marca de la casa»: parrilla grabada en el centro de la cubierta, símbolo de San Lorenzo

Un héroe afrancesado, Jose Antonio Conde

Decir «afrancesado» en España supone todavía hoy y en el sentido peyorativo de la palabra decir traidor, antipatriota y colaboracionista con el enemigo, esto es: el francés. No voy a entrar en la atracción que el ejemplo francés supuso para muchos españoles de la época, ansiosos de libertad, de ilustración y de modernidad, frente al absolutismo de la monarquía española, el atraso de la sociedad y el enorme lastre en muchos sentidos que suponía la religión. Entre tanto incendio, tanto celoso encuadernador y tanta pérdida por sustracción, que la hubo cuando el control de los fondos no era tan exhaustivo como afortunadamente es hoy, habría que destacar algún personaje que, como en las películas de héroes, decidió jugarse el tipo para salvar lo que él supo que estaba en peligro: el afrancesado Jose Antonio Conde.

El 20 de Agosto de 1.809 se ejecutaba la Real Orden de José I Bonaparte por la que se expulsaba a la comunidad jerónima de San Lorenzo y se confiscaban todos los bienes del Monasterio, que fueron enviados en carretones a Madrid. Para el traslado se comisionó al arabista Jose Antonio Conde, conservador de la Real Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial. Sabedor del riesgo de que fuesen sacados de España, los ocultó en una capilla del Convento de la Trinidad, lo que durante muchos años se llamó el «grupo extraviado». Seis años permanecieron ocultos hasta el fin de la guerra bajo montones de impresos en el Convento de la Trinidad, largos años en los que seguramente pudo afectarles la humedad, así como el trajín de los traslados en carretas tanto en su salida del Escorial como ya en 1.815, a su definitivo regreso.

Exilio más dilatado de más de cien años sufrieron los códices con los que Conde estaba trabajando en su casa cuando tuvo lugar la invasión napoleónica. Por su condición de afrancesado hubo de salir de España con ciertas prisas en 1.813. A su regreso y hasta su fallecimiento, en 1.820, los libros seguían en su casa, aunque a su muerte sus testamentarios hicieron un inventario de sus bienes, entre ellos la librería. Hubo una venta y dispersión de libros de Conde. Algunos propios, otros tomados en préstamo de la Biblioteca de San Lorenzo pero que quedaron en su casa al huir de España.

por razones no esclarecidas y circunstancias harto confusas los libros de Conde fueron a parar a Londres, donde el martes 6 de Junio de 1.824 abrió pública subasta de los mismos Mr. Evans el cual redactó a tal fin un sucinto catálogo… (Justel Calabozo)

Aunque no formase parte del Fondo Árabe, una de las joyas del Monasterio, con número de lote 1.169 en la subasta fue el manuscrito del Cancionero de Johan de Baena, recogido por el judino Johan Alfón de Baena -como consta en su título completo- hacia 1.445, para ofrecérselo como regalo a Juan II de Castilla. Otros ejemplares subastados procedentes de la librería de Jose Antonio Conde fueron 78 libros impresos y 112 manuscritos, entre los que se encontraban varios códices árabes escurialenses dados por desaparecidos desde la invasión napoleónica en los inventarios y catálogos posteriores a 1.809.  El Cancionero de Baena fue adquirido en la subasta de Mr. Evans por el librero londinense Thomas Thorpe, quien lo vendió al bibliófilo Richard Heber, a cuyo fallecimiento en 1.833, el mismo Mr. Evans lo subastó de nuevo detallando…. this extraordinary manuscript…one of the treasures…in the Royal Library of San Lorenzo in the Escurial…, siendo adquirido entonces por Léon Tèchener, librero y editor, para la Biblioteca Nacional de Francia donde se encuentra desde 1.836. Y allí sigue, sin atender a reclamaciones…destino similar al de la librería de Mulay Zaydán…

Manuscritos. cancionero Johan de Baena

Cancionero de Baena, del fondo de manuscritos del Monasterio y actualmente en París

Más suerte hubo con los códices árabes escurialenses subastados por Evans en 1.824. Los adquirió el anticuarista irlandés Edward King, vizconde de Kingsborough, para donarlos en ese mismo año a la recién fundada Société Asiatique de Paris que, más de un siglo después, los restituiría a su legítima dueña, la Biblioteca de El Escorial. En el mes de Julio de 1.948 se celebró en París el XXI Congreso Internacional de Orientalistas. La Société Asiatique  encargó con tal ocasión una nueva catalogación de los manuscritos árabes de su biblioteca observándose que varios de los donados por Edward King contenían información incontestable de su pertenencia a la Biblioteca del Monasterio y, algunos de ellos, la signatura y la marca antigua. El profesor Jean Sauvaget, miembro destacado de la Société Asiatique, se puso en contacto con su colega, Emilio García Gómez, director de Al-Andalus y participante en el Congreso. Juntos pudieron comprobar la procedencia e iniciaron las gestiones oportunas para el traslado a España y su tardío pero oportunísimo reingreso en la Biblioteca, que se realizó en 1.949. Final feliz.

Los molosos, antepasados de los mastines

moloso mastin español

Esta entrada del blog en realidad es un capítulo que, a su vez, forma parte de un trabajo aún pendiente de publicación sobre el mastín: El mastín español. Historia de un compañero, que presenté a un certamen convocado por la Real Sociedad Canina en 1998, y en la que tuve el honor de ganar el segundo premio, en su categoría de razas españolas.

El problema de clasificar

Como ya señaló el zoólogo y etólogo norteamericano John Paul Scott en su libro Genética y comportamiento social, la clasificación de las razas caninas refleja la cultura de los pueblos. Así, en Alemania, las primeras clasificaciones distinguían entre razas de trabajo y razas de guarda. En Gran Bretaña, entre deportivas y no deportivas. Clasificar, encontrar el lugar adecuado, no siempre ha sido fácil.

Cuentan las lenguas de doble filo que Karl von Linné, el gran naturalista sueco del S. XVIII, autor del libro Systema naturae (1798) e inventor de la nomenclatura binómica  (¡no os asustéis, no tiene nada que ver con la bomba atómica!) para nombrar y clasificar a los seres vivos con dos palabras: la primera, el género -siempre con mayúscula-; la segunda, la especie -con minúscula-, ejemplo fácil: Homo  (género) sapiens (especie)… Decía que Karl von Linné, que había clasificado y puesto nombre a miles de especies,

cuando encontraba un nuevo insecto y no sabía dónde clasificarle exactamente, lo depositaba discretamente en el suelo y lo aplastaba con el pie... (Oskar Otto Heinroth, La clasificación según taxones, 1922).

El naturalista romano Plinio el Viejo, muerto en el año 79 d.C. en la erupción del Vesubio (donde acudió con sus barcos para rescatar a las gentes en la playa y se intoxicó por las emanaciones del volcán), nos habla en su libro Historia Natural de los perros de Italia. Describe los mastines napolitanos y los canis melitae, los antepasados del actual Maltés, perritos falderos muy del agrado de las damas romanas de la época…antes igual que ahora.

Pero aunque no se refiera a los perros y ya citando a Plinio, este autor debía tener una extraña fijación con los elefantes. En su ya citada Historia Natural y en el libro VIII nos  cuenta que:

los elefantes, en ciertas épocas, rinden un misterioso culto a los astros…para continuar más adelante…los dragones atacan en verano a los elefantes: lo hacen para beberles toda la sangre que, como nadie ignora (?) es muy fría….

elefante y dragón

Grabado del conocido como Bestiario de Oxford, del Manuscrito Ashmole (siglo X),  de la Biblioteca Bodleiana (The «Bod», para los eruditos), en Oxford. En él se representa el mito del dragón bebiendo la sangre del elefante.

Como detalle pintoresco y ya metidos en el berenjenal, no puedo dejar de mencionar la clasificación más surrealista que he podido encontrar y que consta en la enciclopedia china Emporio celestial de conocimientos benévolos, recogida por el escritor argentino Jorge Luis Borges dentro de su libro Otras inquisiciones, en el ensayo El idioma analítico de John Wilkins (obispo y erudito inglés) y, dentro de este ensayo, atribuyendo su descubrimiento a Franz Kuhn, abogado alemán y un célebre traductor del chino. Según el inspirado clasificador, se dividen en:

a) pertenecientes al Emperador                                                                                                          b) embalsamados                                                                                                                                    c) amaestrados                                                                                                                                        d) lechones                                                                                                                                              e) sirenas                                                                                                                                                  f) fabulosos                                                                                                                                              g) perros sueltos                                                                                                                                      h) incluídos en esta clasificación                                                                                                        i) que se agitan como locos                                                                                                                  j) innumerables                                                                                                                                      k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello                                                                l) etcétera                                                                                                                                                  m) que acaban de romper el jarrón                                                                                                    n) que de lejos, parecen moscas

¿Curioso, no?. Lo bueno es que Borges, muy aficionado a fabular, se lo inventó. Al igual que Cervantes en El Quijote, mezcla cosas inventadas junto a otras totalmente ciertas. Mientras que John Wilkins y Franz Kuhn fueron personajes que existieron de verdad, la «clasificación» antes citada no lo es. Borges mezcla datos reales para apoyar sus «ficciones», construyendo una estructura literaria más sólida y consigue que al final nos las creamos, que parezca «de verdad». Hablando de lo movedizo que es el terreno de las clasificaciones, Borges escribió una reflexión que nos viene como anillo al dedo:

notoriamente no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo…

Pero como nosotros no somos Borges y necesitamos poner un poquito de orden en este caos, vamos a ver cómo se fue organizando el tema de las razas. Me temo que vais a escuchar muy a menudo la temida palabra: «clasificación».

La clasificación de las razas caninas

Aparte de las menciones ya citadas a algunas razas hechas por Plinio el Viejo, el que sistematiza la clasificación y un poco anterior a él en el tiempo es Columela (nombre completo: Lucio Junio Moderato, lo de Columela era un sobrenombre), hispano-romano que vivió en Cádiz a comienzos de nuestra era. En su tratado de agricultura De re rustica («Los trabajos del campo», dividido en doce libros o capítulos), ordena a los perros en razas de pastor, de guarda y de caza. Su clasificación es la siguiente:

1.- venatrici o de caza, divididos a su vez en sagaces (rastreadores), celeres (perseguidores) y pugnaces (los que atacan y sujetan la presa. Evidentemente para la caza mayor).

2.- pastores (creo que no hace falta traducir).

3.- villatici (guardianes).

Y añade el interesante dato de la conveniencia de seleccionar los colores. Blanco para los pastores, y así poder distinguirlos de los lobos en los ataques nocturnos, o negro para los de guarda porque así dan más miedo, criterio que comparten los psicólogos actuales.

Juliana Berners, priora del convento de Sopwell, en Hertfordshire, Inglaterra, escribió el Libro de Saint Albans (1486) donde, en el segundo tomo dedicado a la caza, establece la primera clasificación moderna de razas caninas.

En 1576 el doctor John Keys, el médico de cámara de la reina Isabel I de Inglaterra, elabora una relación de las razas caninas de Gran Bretaña en su obra escrita en latín Canibus britannicus, y que firma como Ioannes Caius, latinizando su nombre como era la moda entonces entre los eruditos. Según cuenta él mismo, mantuvo correspondencia con un naturalista suizo, Conrad Gesner, autor de Historiae Animalium, que le animó a escribir su libro sobre las razas caninas británicas.

El clérigo naturalista inglés Edward Topsell no clasificó las razas pero sí incluyó láminas de perros en su bestiario The History of Fourfooted Beasts and Serpents (Historia de las bestias de cuatro patas y las serpientes), publicado en 1605. Topsell se cura en salud -por si acaso- diciendo que

no haría que el lector imaginase que he contado todo lo nunca dicho de estas bestias, sino solo lo que han dicho muchos… 

Así, Topsell, entre otras «perlas» dice, por ejemplo, que las comadrejas dan a luz por las orejas, que los elefantes adoran al Sol y a la Luna y quedan embarazados al masticar la mandrágora o que los ratones se reproducen no sólo copulando, sino que también la tierra los engendra…

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                                                 Ilustración del Bestiario de Edward Topsell

Pero los que marcan la pauta en la teoría clasificatoria son casi todos franceses. El naturalista Georges Louis Lecrerc, más conocido como el Conde de Buffon, en su Historia natural, general y particular (1775) clasificó unas treinta razas, atendiendo a la forma y porte de las orejas, según fuesen erguidas, caídas o parcialmente erguidas.

En 1790 el abate Pierre-Joseph de Bonnaterre publicó en varios volúmenes su Tableau Encyclopédique et Métodique des Trois Règnes de la Nature…aunque se conoce más resumido tan largo título como el Tableau  («la pizarra»). El Tableau contiene más de 400 ilustraciones de los animales conocidos y, dentro de ellos, ilustra y clasifica grupos de perros según razas o tamaños.

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                           Perros falderos y molosos, según Bonnaterre

Otro naturalista francés, Georges Cuvier, fue el primero en clasificar el reino animal desde el punto de vista estructural o morfológico que, no obstante, estaba completamente estructurado a su función. En su obra Reino animal distribuido a partir de su organización (cuatro tomos en su primera edición de 1817, que se ampliaron a cinco a partir de la segunda edición, ya en 1829), se basó en caracteres craneanos y en la relación cráneo-maxilar para establecer tres categorías: pastores procedentes del Perro de las Turberas, molosos y galgos.

En 1885 el veterinario militar Pierre Megnin estableció cinco tallas según la alzada: mayor de 65 cm., de 40 a 65, de 20 a 40, o menor de 20, y el pachón para las dos menores. Y establece según su estructura corporal, cuatro tipos o categorías: lupoides (pastores), bracoides (caza), molosoides (defensa) y graioides (galgos).

Poco más tarde otro veterinario, Charles Cornevin, profesor en la primera Facultad de Veterinaria de Europa, la de Lyon -fundada en 1763- y en su libro Tratado de Zootecnia Especial (1897), establece una clasificación basada en caracteres externos: talla, proporciones, pelaje y forma de las orejas. Como novedad añade a las cuatro razas de gatos descritas por Karl von Linné (Catus angorensis, C. hispanicus, C. domesticus y C. ceruleus) tres razas más.

El catedrático de Zootecnia y Sanidad en la nueva Facultad de Veterinaria de Alfort (París), Raoul Baron, propuso en 1878 que en todas las especies existe un prototipo. En el caso del perro, estaría entre los 25 y 30 kg. de peso, de perfil recto y de proporciones medias, a lo que llamó eumétrico. Como ejemplo, sería el Pastor Alemán. Todos los animales podían ser definidos mediante tres cifras, cada una del -1 al +1, siendo el prototipo ideal el 000.

1ª cifra: heterometría, de peso y forma.

2ª cifra: aloidismo, perfiles generales.

3ª cifra: anamorfosis, proporciones totales.

El interés por los perros seguía aumentando. Ya en el año 1859 se celebró la primera exposición canina, en Newcastle-on-Tyne, aunque en aquella ocasión sólo participaron Setters y Pointers. Por cierto: la primera exposición felina se celebró en 1871 en el palacio de Cristal de Londres, donde participaron 170 gatos, aunque hubo un precedente «gatuno», una exposición que se celebró en Winchester, en 1598.

Este incremento de la popularidad y la necesidad de establecer unos parámetros fijos, lo que se llamó estándar para cada raza en concreto, motivó la fundación en 1911 de la F.C.I., la Fédération Cynologique International, con sede en Thuin,  Bélgica, donde se clasifican las razas reconocidas -337 según mis datos-  oficialmente en diez grupos, según su aptitud o afinidad, según la clasificación propuesta por Villemont en 1970.

Sin entrar en los otros grupos, a los molosos corresponde el Grupo 2º, de perros de guarda, defensa y utilidad. Dentro de este grupo se distingue entre los molosos de montaña (tipo mastín), de pelo largo, y los de tipo dogo, de pelo corto.

Descripción y fenotipo

Según Pierre Megnin el adjetivo «molosoide» define a perros de …cabeza maciza, esferoidea y cuboidea, con orejas pequeñas y caídas, hocico corto, belfos largos y gruesos, cuerpo proporcionado de gran talla, así como cinco dedos en los pies traseros igual que en los delanteros…

Aunque actualmente se reconozcan de forma oficial más de sesenta razas de guarda, muchos de ellos han sido conseguidos mediante cruces experimentales (Dobermann, Bull Terrier, Pit Bull, Dogo argentino, Leonberger, etc.) y otros, sencillamente, no se ajustan a la definición de molosoide. En animales de tan antiguo origen no se puede pretender una pureza total, pero sin duda los molosos de hechuras más clásicas los encontramos en razas originarias de zonas aisladas o montañosas donde, como veremos, han podido evolucionar libres de todo contacto: mastín español, del Pirineo, del Tíbet, del Caucaso (Ovtcharka), Tatra, San Bernardo, Karabash, etc.

¿Hay molosos miniatura?

No todos los molosos son grandes perrazos. Sorprendería saber que dos de ellos, de los considerados falderos, tales como el Pekinés y el Carlino, pertenecen a la misma categoría que los mastines. El cómo estas dos razas llegaron a reducir hasta tal punto su tamaño tiene su explicación en la intervención, otra vez de la mano femenina, y esta vez oriental al seleccionar los perros para compañía entre los más pequeños, y cuanto más pequeños mejor.

La enanificación de razas es un paso más en la neotenización y lo que se busca es un aspecto lo más infantil posible. Es lo que se conoce como maternidad vicariante, podríamos decir como un sucedáneo de la maternidad. Como dice una amiga mía criadora de Carlinos: …es lo más parecido a tener en brazos un bebé , con esa mirada…

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Cachorro de Carlino, el de la cara de niño. Otro moloso enanificado: el Bull Dog Francés

Los llamados popularmente «perros falderos» no son un invento moderno. Existían ya en la antigüedad en sociedades altamente civilizadas: chinos, persas, griegos, romanos… Como vemos en sus ilustraciones o nos cuentan las crónicas, tenían ya sus perrillos sentados en el regazo de los mandarines o de las grandes damas. Popea, la mujer del emperador romano Nerón, tenía un Maltés al que situaba en las ceremonias oficiales por delante de Lépida, tía del emperador, lo que ocasionó una vez una disputa tan violenta que Lépida murió del disgusto.

El geógrafo y viajero griego Estrabón los cita en su Geografía (año 29 a.C.), que ha llegado hasta nuestros días casi intacta, reunida en 17 «libros» o capítulos, y donde además de recopilar todos los conocimientos geográficos de la época, hace una mención a estos perros:

existe un promontorio en la isla de Sicilia llamado Melita de donde se transportan muchos y graciosos perritos llamados canis melitae, los cuales son apreciados por las patricias como si fuesen alhajas…

Pero si la enanificación de las razas no es invención moderna, el actual protagonismo o utilidad de los perros como animales de compañía, ha favorecido la reducción en el tamaño sacando variedades «enanas» de varias razas, hasta hace muy poco de utilidad: Teckel, Schnauzer, Pinscher, Caniche, Yorkshire Terrier, Pomerania, etc.

Testimonios arqueológicos e históricos de los molosos. La caza y la guerra

El nombre de «moloso» proviene de la antigua región de Molosia, en el montañoso interior de la región del Epiro – en la actual Albania-, lo que daba nombre a sus habitantes: los molosos. Alrededor del año 400 a.C. un escultor desconocido erigió una estatua a Molossus, el perro de Olympia, hija de Pirro, rey de los epirotas. Precisamente en el Epiro, actualmente zona fronteriza entre Albania y Grecia -y en algún otro punto de los Balcanes- y hasta los años 50 vivieron de forma totalmente nómada, sin cultivar la tierra, una raza de pastores, los sarakatsani, dedicados exclusivamente a la cría de ovejas y al comercio de los quesos y la lana.

Perros similares a Molossus fueron utilizados desde la antigüedad en Grecia, Egipto y Asia Menor como fuerzas auxiliares en los ejércitos. Su fiereza y acometividad les hicieron tanto o más apreciados por sus cualidades como guardianes de casas y rebaños que como perros de presa en las cacerías, o como auxiliar en la batalla. Resultarán ser los mejores soldados, sin conocer el miedo, sin rendirse jamás.

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                                             Molosos asirios, usados para la guerra

Guerra y caza gozan del más alto prestigio y van unidos en la mentalidad batalladora de aquellas épocas, mentalidad que se prolongará hasta más allá de la Edad Media. En la Conquista de América, heredera del espíritu de frontera de la Reconquista, los fieros perros alanos lucharán junto a los exploradores.

mañoso en la caza, arte e sabiduría de guerrear y de vencer… (Alfonso X, Código de las Siete Partidas, escrito dentro de la 2ª Partida, Título 5, Ley 20).

no hay cosa que más se allegue con las maneras del caballero que ser montero o cazador… (Infante Don Juan Manuel -sobrino de Alfonso X- , Libro de la Caza, 1325).

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     Libro de la Montería de Alfonso XI (1312-1350), donde aparecen los molosos

el caballero debe cabalgar, justar, correr lanzas, ir armado, tomar parte en torneos, esgrimir, cazar ciervos, osos, jabalíes, leones, y las demás cosas semejantes a éstas que son oficio de caballero; pues por todas estas cosas cosas se acostumbran los caballeros a los hechos de armas… (Ramón Llull, Libro de la Orden de caballería. 1275).

       betanzos sepulcro

Sepulcro con escenas de caza de la iglesia de Betanzos, soportado sobre dos figuras de piedra: un jabalí y un oso.

Hasta Cervantes nos deja su opinión: ….la caza es imagen de la guerra… (Don Quijote, 2ª parte, cap. XXXIIII …no, no me he equivocado: 4 como IIII.

Las más antiguas representaciones de molosos se encuentran en los frescos con que los egipcios decoraban casas y templos, con su habitual estilo realista, de gran naturalidad. La estela del faraón Intef II (2118-2069 a.C.) de la XIª dinastía es famosa al aparecer representados sus tres perros, cada uno con su nombre (en idioma no egipcio) y al lado, la traducción al egipcio.

Antef II

        Los perros de Intef II: Behekay (Gacela), Abaquer (Galgo) y Pehetes (Negro)

Abundan los bajorrelieves hititas, y asirios donde les vemos en la caza del león y del asno salvaje, o sujetos por traíllas a sus anchos collares y conducidos por los soldados: grandes perros de aspecto fiero, cabeza ancha, orejas caídas, cola enroscada y pelo corto.

babilonio

Palacio de Taklat-Palasar, 1150 a.C.

Molosos hititas

Relieve del periodo hitita de la caza del león, con perro

Molosos arqueologia, perros0001

Exvoto encontrado en Nísibis, Babilonia, con representación de un moloso, dedicado a «la diosa que atiende las oraciones»

molosos NíniveMolosos ninive la caza del asno

            En el palacio de Nínive son abundantes las representaciones de molosos

Los antiguos egipcios les pintaron en escenas de guerra: Tutankamon contra los nubios del Sudán (1.350 a.C.) o Ramsés II contra los hicsos en la batalla de Kadesh (1.300 a.C.), donde se ve a los molosos mordiendo a los enemigos y despejando el camino al faraón victorioso.

Molosos tutankamon nubios 20005        Tutankamon -nubios         

Perros de guerra representados en la llamada Caja Pintada, bajo el carro de Tutankamon. Museo de Antigüedades Egipcias del Cairo. Parecen similares pero no lo son. En el de arriba, contra los hititas. En el de abajo, contra los nubios del Sudán.

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Teja de arcilla esmaltada con cobalto. No es un Gran Danés arlequín, es un moloso egipcio.

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Mango tallado de marfil con imágenes de molosos de un cuchillo de silex del Periodo Geerzense (o cultura Naqada II), predinástico egipcio (3.500-3.200 a.C.), zona de El Fayum.

Se cuenta una anécdota sobre Alejandro Magno que, en el año 330 a.C., barrió desde Egipto hasta La India con su ejército de macedonios. Llevaba con él a su perro Periles, al parecer un moloso que le regalaron cuando tenía once años y que le salvó la vida -aunque al perro le costase la suya- mordiendo en el labio a un elefante en la batalla de Hidaspes, contra el rey Poros de La India, en el año 326 a.C. Y otra anécdota cuenta que un rey de Albania le regaló un gran moloso con fama de invencible. Alejandro le enfrentó a un jabalí y a un oso, pero el perro ni siquiera se levantó. Decepcionado y creyéndole cobarde le mandó matar pero el rey, al saberlo, le regaló otro advirtiéndole que su valor era tan grande que despreciaría cualquier enemigo que no fueran leones o elefantes.

el moloso de alejandro

Grabado del S. XVIII con la figuración del enfrentamiento del legendario moloso regalado a Alejandro luchando contra un león, tras vencer al elefante

Los romanos emplearon para el circo sus molosos, los canis pugnaces, enfrentándolos a las fieras para diversión de la plebe. Y Julio Cesar en sus crónicas La Guerra de las Galias nos cuenta que, cuando desembarcó con sus legiones en las costas británicas, encontró junto a sus adversarios unos grandes perros amastinados, similares al actual Mastiff inglés.

Los molosos conquistan Europa. El mito del mastín del Tíbet

Molosos mastin tibet (2)

Hay muchas teorías acerca de la aparición de los molosos en Europa y, como sucede cuando las cosas no están muy claras, se tiende a mitificar. Se ha propuesto a los fenicios y, sobre todo, a los romanos como introductores de las razas por los países que formaron parte del Imperio Romano. Y ya, mitificando, se cita casi siempre al mastín del Tibet como supuesto antecesor de todos los molosos.

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Cartel en la entrada del monasterio budista de Kopán, cerca de Katmandú, en Nepal. No se leer sánscrito pero seguro que debía poner algo así como «cuidado con el perro». Imagen de moloso.

Los iniciadores de esta teoría fueron sobre todo cinólogos suizos. En 1897, el inspector forestal superior Max Siber, de Winterthur, escribió el libro Der Tibetanhund (El mastín del Tibet, 1897), en el que describió al mastín del Tibet junto a otros molosos como el Boyero suizo, sugiriendo su ascendente. El profesor Bernhard Studer y, más tarde, el doctor B. Siegmund admitieron, no obstante, que el tipo dogo (el molosoide descrito por Megnin) se desarrolló en diferentes épocas y lugares, de diferentes razas.

Según Albert Heim, geólogo e investigador suizo, en 1850 y hablando del San Bernardo consideró tres hipótesis respecto a su origen:

1-la de Studer, que lo consideraba descendiente del Canis familiaris inostranzewi.

2- la de Siegmund, que pensaba que era un agigantamiento del perro de las turberas.

3- la de C. Keller y H. Kramer, que lo hacían descender del mastín del Tíbet

Es frecuente encontrar en la bibliografía sobre molosos la cita, repetida por unos y otros autores por lo magnífica, del viajero veneciano Marco Polo, que se supone conoció a este perro en sus viajes, y lo describió de forma un tanto sobrecogedora: …grande como un asno y con la voz potente como un león…

Sin embargo, en el libro donde narra su largo viaje, Il millione, traducido al castellano como Viajes (Ed. Austral, 7ª edición) no aparece la famosa cita. Marco Polo cuando habla del Tibet y de sus perros dice:

los indígenas son idólatrasTienen malas costumbres, crían grandes mastines muy recios para la lucha y para pelear con las fieras. Tienen muchas clases de perros…(Cap. CXVII).

Más adelante menciona otros perros diferentes:

del rey Canci, que reina en tramontana (describe el norte de Mongolia, lindando con Siberia)… Y sabed que la Rusia Mayor confina en el norte con esta provincia… Este rey no tiene ciudades ni fortalezas. Sus gentes se nutren de leche y de carne… Por causa del frío intenso viven en casas subterráneas… Existen allí también grandes osos blancos… Y este rey posee una región donde no pueden vivir los caballos, el hielo y el cieno son tan considerables que los caballos no pueden andar, por esta razón han hecho trineos sin ruedas, que van sobre el hielo y no se hunden en él. En estos trineos ponen pieles de osos y tiran de ellos los perros de los que os he hablado… Hay mesones donde el viajero se puede albergar. En éstos hay por lo menos cuarenta perros mastines grandes como pollinos (el subrayado es mío, Marco Polo no dice nada de su mítica «voz de león»), y son estos perros los que transportan los correos de un sitio a otro…(Cap. CCXVIII).

Marco Polo está describiendo una región ya metida en Siberia con osos polares, mucho hielo y perros que tiran de trineos… posiblemente a los que se refirió fue a una raza de perros nórdicos, y no al mastín del Tibet.

Diseminación y llegada a España. Las migraciones de los pueblos indoeuropeos

Se ha pretendido explicar su llegada a Europa central de la mano de los invasores que, procedentes de las estepas de Asia (hunos, ávaros, alanos y ostrogodos) irrumpieron desde el año 100 hasta el 900 de nuestra era. Pero esta teoría no explicaría por qué se encontraron en Suiza restos de un moloso parecido al mastín, hasta en los espolones dobles, del año 4.000 a.C.

Otros afirman que entraron a España con los fenicios, en sus viajes comerciales por el Mediterráneo. Sin descartar esta posibilidad, el cinólogo español Luis Esquiró y coincidiendo con las teorías de Studer, sugiere el origen multicéntrico de los molosos en diferentes lugares de Europa y Asia. La península ibérica sería uno de estos focos por su geografía aislada y la utilidad local de estos perros.

Pero podemos plantearnos una hipótesis aún más atractiva, que reúna el origen oriental y la adaptación hace miles de años, si nos remontamos a la expansión de los pueblos indoeuropeos, es decir, a los antepasados de (casi) todos nosotros.

Aproximadamente y a partir del año 5.000-4.500 a.C. se suceden consecutivas oleadas de aguerridos pastores nómadas y de agricultores con nuevas técnicas que, desde sus estepas del sur de Rusia y de Asia central, se irán extendiendo hasta cubrir una zona que abarca la casi totalidad de Europa, y desde Turquía hasta la India.

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En su largo periplo de miles de años, los llamados indoeuropeos o pueblos arios se diversificarán, mezclandose en algunos casos con otras culturas, dando origen a numerosos pueblos: castas superiores de la India, suecos, afganos, ingleses, persas, alemanes, catalanes o castellanos, de lenguas muy diferentes pero con un origen común.

Su espíritu conquistador y sus técnicas avanzadas hacen desaparecer las primitivas culturas agrícolas de Europa y dejan numerosos testimonios en los mitos de los héroes griegos e hindúes, o en sus choques con otras culturas ya presentes. Indoeuropeos son los Pueblos del Mar y los hititas que amenazan Egipto y, a cambio, les enseñan unas armas que, para aquellos tiempos, fueron tan revolucionarias como más adelante serán la pólvora y los misiles: el caballo, el carro de guerra y las armas de hierro. Parte de aquellos Pueblos del Mar son los filisteos que menciona la Biblia y de los que procede el nombre de Palestina.

Aunque con el tiempo se establecen, desarrollando culturas tan avanzadas como la griega y la romana, las primeras oleadas de invasores de las varias que se irán sucediendo (y las últimas: aquellos hunos, alanos y ostrogodos que acaban con el Imperio Romano) se organizan en tribus de pastores, en busca de hierba fresca para sus rebaños de ovejas, vacas y caballos. En su nomadeo, durante siglos y siglos, utilizarán perros para defender los campamentos y el ganado, perros que se irán moldeando en el duro clima de la estepa y de las montañas, siempre en guardia contra las manadas de lobos que acechan los rebaños, atentos al menor descuido para hacerse con una presa tan indefensa y apetecible como las ovejas.

Allí donde se establezcan las tribus, sus molosos irán diferenciándose en razas locales aunque manteniendo unas características comunes: instinto agresivo y desconfiado, gran tamaño, pelaje espeso y protector y, en algunas razas, colores claros para distinguirse de los lobos en la confusión de los ataques nocturnos, como ya sabiamente aconsejaban Columela y Plinio en sus tratados.

Podríamos preguntarnos por qué los pastores indoeuropeos «inventan» los mastines mientras que otros pueblos de pastores nómadas como los beduinos árabes o los judíos de la Biblia no poseen estos perros. La respuesta puede estar en el clima. Las razas grandes se producen en climas fríos como las estepas y montañas, escenario habitual de los mastines. La segunda explicación, y también asociada al clima, puede estar en el enemigo contra el que se ha seleccionado: el lobo.

En los desiertos y resecos páramos de Asia Menor y África los lobos son escasos y de pequeño tamaño: ... los lobos de Egipto son apenas más grandes que zorros... (Aristóteles, Historia Natural, Lib.VIII, c.28), al contrario de los grandes lobos que abundan en las estepas y montañas de Europa y Asia Central. En las zonas cálidas abundan los chacales, poco más peligrosos que los zorros, y si había predadores grandes eran en todo caso leones o leopardos, contra los que ni el más fiero mastín tiene nada que hacer.

Los celtíberos, pueblos de pastores

Entre los años 1.000 y 500 a.C. llegan a España las primeras avanzadillas de pueblos indoeuropeos, como los celtas, estableciéndose inicialmente en la meseta norte, muy escasamente poblada, al contrario que las zonas pobladas por iberos, en el este de la península. Queda sin ocupar el País Vasco, único reducto pre-indoeuropeo en Europa, junto con Laponia.

Julio Cesar en su libro Guerra de las Galias (Lib. I, cap. 51) narra que, estando cerca de Lérida, se acercó a su campamento un nutrido grupo de arqueros y jinetes galos en número de 6.000 que, junto con sus hijos, mujeres y esclavos, alcanzarían tal vez la cifra de 20.000. Habían cruzado los Pirineos buscando tierras donde asentarse. Para cuando los romanos entran en escena, año 200 a.C., encuentran en la meseta central una amalgama de pueblos celtíberos en diferente grado de desarrollo, es decir, de evolución desde el nomadeo a la agricultura.

Algunos de ellos, como los vacceos, distribuídos por lo que será la provincia de Valladolid y limítrofes, practican lo que se ha dado en llamar el «comunismo agrario»:

entre los vacceos la propiedad de la tierra es comunal. Cada año reparten la tierra cultivable en lotes familiares. La cosecha total era para la comunidad que la repartía según las necesidades. Al que se quedaba con alguna parte se le ejecutaba…(Diodoro de Sicilia, Bibliotheca Historica, Lib.V, cap. 34).

Pero casi todas las tribus: lusones, pelendones, titos y arévacos (los que defendieron Numancia) siguen siendo ganaderos y la abundancia de sus rebaños de ovejas, vacas y caballos sorprende a los cronistas romanos: … en cuanto a su alimentación, se sirven de todo tipo de carnes, que abundan entre ellos…(Diodoro, obra citada, Lib. V, cap. 34). Curiosa o casualmente, Castilla-León (antiguamente Castilla La Vieja) sigue siendo la Comunidad Autónoma donde el consumo de carne es más alto.

El griego Polibio, amigo personal del general romano Escipión y testigo presencial de la caída de Numancia, en su Historia General se asombra de que entre los celtíberos … la caza no se aprecia en nada, se la dan gratis a quienes compran alguna otra cosa…. Y se asombra porque los romanos son casi vegetarianos, raramente consumen carne y sólo en ocasiones especiales, comprando la carne -cara- de los animales sacrificados a los dioses o criando algún cerdo, si acaso …comedores de hierba… les llama irónicamente Plauto, autor de comedias de la época.

Como indicio de su gran actividad ganadera hay varios testimonios: las ciudades arevacas de Numancia y Termancia en el año 139 a.C. (seis años antes de su cerco y destrucción por Escipión, en el 133 a.C.) entregaron a los romanos como impuesto tres mil pieles de buey y ochocientos caballos. Apiano de Alejandría en su amplia y detallada Historia Romana y en su sección Sobre Iberia nos cuenta que …cuando el general Lúculo sitió la ciudad de Intercatia les exigió, a cambio de su indulgencia, cincuenta rehenes y diez mil sagum (túnica confeccionada con lana de oveja)… El mismo Apiano y hablando de Lúculo dice que recibió de Cauca (la actual Coca) rehenes, plata y fuerzas a caballo, pero que Pallantia (la actual Palencia) le ofreció dura resistencia con su caballería.

…(los lusitanos) crían unos caballos tan veloces que las yeguas son fecundadas por el viento Zéphirus… (Plinio, Historia Natural, Lib.VIII, cap. 166…¡otra vez Plinio con sus historias!).

Porque ésa es otra cuestión. Apiano y Polibio destacaron el valor y la feroz resistencia que les opusieron aquellas tribus. Polibio cuenta a los romanos:

extraordinaria fue la naturaleza de esta guerra, así como la duración de los enfrentamientos. En verdad, si alguien quiere imaginarse una guerra de fuego, que piense sólo en ésta…No sólo quitan la vida a los hombres, sino que abren en canal a los perros y destrozan a los animales…

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A la izquierda, guerrero ibero de una estela de Osuna, en el Museo Arqueológico Nacional. Se observa perfectamente la empuñadura característica de una falcata, la espada típica hispánica, en su mano derecha. A la derecha, guerreros celtíberos. Dibujo a partir de la iconografía de una vasija de Numancia

Son las Guerras Celtibéricas, que llegan a producir crisis políticas en Roma por su larga duración, más de veinte años, y su alto coste en hombres y en medios. En el año 152 a.C. la leva para reclutar hombres con destino a Hispania fue tan impopular que hubo de suspenderse la operación.

los celtíberos suministran para la lucha no sólo excelentes jinetes, sino también infantes que destacan por su valor y su alta capacidad de sufrimiento… (Diodoro de Sicilia, obra citada, Lib. V, cap. 33).

El general cartaginés Aníbal encontró en estas tribus magníficos mercenarios para sus ejércitos: …los hispanos ocupaban la vanguardia de Aníbal, las mejores tropas de todo el ejército… (Tito Livio, Ab Urbe condita –La fundación de la ciudad-, año 10 d.C.).

vinieron también los celtíberos. Honor es para ellos caer en la batalla… Los lusitanos son tropa terrible, hábiles en emboscadas, ágiles, ligeros y capaces de salir de peligros… (Silio Itálico, Punica, 80 d.C.).

Cuando Aníbal se dirige a Italia para atacar Roma, a punto de cruzar los Alpes, cuenta entre sus tropas con 8.000 hispanos de a pie y dos o tres mil jinetes celtíberos, aparte de sus 37 elefantes. Tras quince días de dura travesía y con el río Po ya a la vista los supervivientes, según Polibio …parecían una manada de fieras…

Aníbal, en vísperas de la batalla de Tesino (año 218 a.C.) contra Roma, arenga a sus tropas para infundirles valor y dirige este mensaje a la caballería celtíbera, mercenarios que forman sus fuerzas de choque:

… bastante habéis tenido que soportar hasta ahora apacentando ovejas en los pelados montes de Lusitania y Celtiberia, sin ver el fruto de tantas fatigas. Ya es hora que recibáis vuestra recompensa y logréis el premio de vuestros esfuerzos…

El clima de la meseta es duro, y para mantener su ganado necesitan conducirlo de un lado a otro, según las estaciones, para aprovechar los mejores pastos. Nuestros aguerridos tatarabuelos están inventando la trashumancia.

El mastín español. Razas y variedades

hay otros perros que llamamos mastines, que son tan grandes de cuerpo como los dichos alanos, fieros a la guarda del ganado. Tienen gran cuello y fuertes pechos. De medio cuerpo atrás son cenceños (enjutos), tienen mucha fuerza y ligereza, son muy valientes, pues en los desiertos montes siguen a los lobos, defendiendo el ganado y mano a mano pelean con ellos y los matan, en que se conoce su mucha valentía, pues rinden tan fieros animales… (Alonso Martínez de Espinar, Arte de Ballestería o Montería, 1644).

Pastoreo mastin 3

Ya tenemos al mastín entre nosotros. Donde alcanzará un protagonismo destacado será en la trashumancia y de ella hablaré en el apartado sobre la Mesta. En la península aparecen cuatro razas reconocidas, que fueron separándose en sus diferentes zonas de trabajo. Los mastines de Portugal: el Rafeiro do Alentejo y el Cao da Serra Estrela, son bastante similares al español, del que con toda probabilidad descienden, en el avance de la Reconquista.

Nuestros dos mastines, el español y el del Pirineo, se fueron diferenciando desde los comienzos al vivir en zonas aisladas y al quedar separados por la cordillera Ibérica. El trasiego de ganado y perros que podía darse por los contactos entre La Rioja y Navarra, quedó interrumpido tempranamente, al establecerse de forma definitiva la frontera entre los reinos independientes de Aragón y de Castilla por el Tratado de Almizra en 1244, entre Jaime II de Aragón y el infante Alfonso de Castilla, futuro Alfonso X, y que fijaron los límites entre ambos reinos al estar los dos en pleno proceso reconquistador. Al quedar marcadas las fronteras los contactos entre los pastores de ambos reinos serán nulos.

La trashumancia o, como se suele denominar más adecuadamente, la trasterminancia en Aragón se establece en un corto recorrido de pocos días, entre el somontano aragonés y los pastos pirenaicos. La distribución del mastín del Pirineo se centra en los valles que, de norte a sur, cruzan el Alto Aragón: Hecho, Ansó, Tena, y los lindantes del Roncal navarro y del valle de Arán.

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Mastín del Pirineo a la derecha. A su izquierda su vecino francés, el Montaña del Pirineo

La vida en la alta montaña favoreció el espeso pelaje y su típico manto blanco con algunas manchas oscuras, color que además de aislarlos del frío, evitaba la confusión con los lobos en los ataques nocturnos. Aunque a veces se confunda con su vecino del lado francés, el Montaña de los Pirineos, en este último el color blanco es total, y la cabeza algo más cónica.

El mastín español sigue siendo abundante en un amplio territorio que se corresponde con su antigua zona de trabajo, desde León y La Rioja hasta Extremadura y Sierra Morena. En tan extensos dominios y además del pastoreo se dedicó a la guarda de fincas, principal actividad hoy día. Se ha pretendido y es común, buscar razas en lo que no son simples variaciones en tamaño y pelajes. Por razones de clima, los ejemplares más corpulentos se dan en las montañas de la zona leonesa, mientras que los meridionales suelen ser más ligeros y con menos pelo.

Para aumentar la confusión se habla del «mastín ligero» en tierra de monterías, que no es otra cosa que el resultado de su cruce con podencos, a fin de hacerlo más veloz para su empleo en las rehalas. No hay mastín manchego, ni leonés, ni andaluz ni extremeño. Son todos la misma raza, el mismo mastín que, años atrás compartió el pan con los pastores, compañeros (del latín cum panis: el que comparte el pan) en los largos caminos de la Mesta.

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El más popular de los molosos: el San Bernardo. Y el Terranova, rescate de naúfragos.

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Otro moloso: el Ovtcharka o pastor del Caucaso.  Uno, en un chalet. El otro, en su ambiente

Un recuerdo para el alano

En España, además de los mastines, hubo otros dos molosos: el dogo español y el alano. Mientras que el mastín siguió siendo necesario, con Mesta o sin Mesta, los otros dos fueron perros ligados a la aristocracia, utilizados en las grandes cacerías o en la guerra, y fueron perdiendo su razón de ser conforme iban menguando los privilegios de la nobleza.

La primera descripción del dogo se la debemos a un autor ya citado, Alonso Martinez de Espinar, ballestero de Felipe IV en su libro Arte de ballestería o montería y se lo compara, precisamente, con el alano:…los dogos tienen las mismas señales que el alano, pero son más cortos y membrudos, tienen la cola más corta y con más pelo….

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Una imagen vale más que dos palabras. Dos niños y un dogo, de Francisco de Goya

El dogo se utilizó también como «perro de carnicero», para manejar el ganado vacuno en el campo o para sujetarle en los mataderos, de la misma forma en que se utilizan hoy en las fincas de ganado bravo los Boxers o «chatos». En los festejos populares se utilizó, en las corridas, para azuzarles contra los toros mansos, costumbre que se suplió más tarde con el uso de las banderillas de fuego. Goya en su Tauromaquia o Antonio Carnicero, coetáneo de Goya, retratan tal costumbre en los grabados de la época.

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Aguafuerte de Antonio Carnicero en su Tauromaquia, Sexta suerte (año 1787)

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Detalle de Patio de caballos de la plaza de toros de Madrid (1.856), de Manuel Rodriguez de la Parra Castellano, más conocido como Manuel Castellano. Con dos dogos

En el mismo libro ya citado de Alonso Martinez de Espinar, nos encontramos una descripción del alano un tanto sobrecogedora: …el hocico romo, la frente ancha y levantada, los ojos hundidos y sangrientos, de un mirar espantoso, el cuello corto y ancho… La fiereza del alano tuvo sobrada aplicación como acompañante de los soldados en la Reconquista y, más tarde, en la Conquista de América.

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El alano español, una raza recuperada          Presa canario, sangre de alano

Los cronistas de Indias, semejantes a sus colegas romanos en su afán por registrarlo todo, nos hablaron de los más famosos de aquellos perros que, junto a los expedicionarios, sembraron el pánico entre los indios. En sus crónicas citan algunos como «Amadís», «Turco» o «Calisto». Más conocido fue «Bruto», de Hernando de Soto, explorador de La Florida y aficionado a la montería de cazar indios con sus perros. O «Leoncico» y «Becerrico», de Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Océano Pacífico.

Balboa soltó a los alanos y arremetió a los indios animosamente y a pocas vueltas los hizo huir…huían los indios de miedo a los perros por lo que dijeron… (López de Gómara, en El descubrimiento de las Indias). El mismo cronista añade también que «Becerrico» ganaba más que un arcabucero, por su valor innegable como soldado.

Pero más famoso fue su hijo «Leoncico», al que el cronista González Fernández de Oviedo que le conoció personalmente, describe en su Historia General y Natural de las Indias (Lib. XXIX, cap. III) como …alano bermejo (leonado), de hocico negro, recio y doblado (macizo), con muchas heridas y señales de la guerra con los indios… 

Hizo ganar a su dueño más de mil pesos en oro, ya que participaba como uno más en los repartos de botín y esclavos que conseguían en sus incursiones. Según el cronista,

era tan temido de los indios que iban más seguros diez cristianos con él que veinte solos… Y si algún prisionero se fugaba, a la voz de …¡Ido es, búscale!…lo encontraba y devolvía al campamento sujetándole firme, pero sin apretar de la muñeca, o destrozándole a dentelladas si al pobre desgraciado se le ocurría resistirse…

Semejante personaje no podía acabar bien: murió envenenado, y ninguno de sus hijos alcanzó su categoría. Su dueño, por cierto, murió degollado por orden de su suegro. Se ve que en aquellos tiempos revueltos pocos morían de viejos…

Los alanos también fueron utilizados en su negro papel de verdugos, para «aperrear» o ejecutar a indios rebeldes o esclavos fugitivos, y para castigar lo que se conocía como «pecado nefando», algo al parecer frecuente entre los indios y que no era otra cosa que la homosexualidad. De hecho, las referencias a esta tendencia sexual son numerosas:

ajusticiamiento con perro

Detalle del llamado Manuscrito del aperreamiento (Biblioteca Nacional de París, manuscrito número 374), donde se ve la ejecución de un sacerdote y seis nobles de Cholula, con glosas en nahuatl, bajo la supervisión de Hernán Cortés. Suceso acaecido en el año 1523, aunque el dibujo se realizó en 1560.

ajusticiamiento con perros

Grabado del holandés Johann Theodor de Bry en su serie Grandes viajes, o América. 1590

...en el tiempo que así estaba entre éstos vi una diablura, y es que vi un hombre casado con otro y éstos eran unos hombres amarionados (sic), impotentes y andaban tapados como mujeres, y hacen el oficio de mujeres… (Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en Naufragios y Comentarios, cap. XXVI).

El alano, aunque desaparecido de España, se ha vuelto a recuperar mediante cruces, por los escasos descendientes que se mantuvieron aislados en la Sierra de las Encartaciones, en Guipuzcoa. Pero el alano dejó en Sudamérica un descendiente, el Fila brasilero. El Fila, del portugués «filar»: agarrar, sujetar…, se ha mantenido hasta hoy en Brasil gracias a la estructura casi feudal de las grandes plantaciones de café y caña de azúcar. Utilizado para guardar las mansiones y, hasta hace escasos años, para la misma función que su aguerrido antecesor: la caza del indio o del esclavo fugitivo.

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El lobo: pesadilla de pastores. La Bestia de Gévaudan.

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                                      Estatua íbera: lobo devorando a un cordero

Esta entrada del blog en realidad es un capítulo que, a su vez, forma parte de un trabajo aún pendiente de publicación sobre el mastín: El mastín español. Historia de un compañero, que presenté a un certamen convocado por la Real Sociedad Canina en 1998, y en la que tuve el honor de ganar el segundo premio, en su categoría de razas españolas.

Para un predador especializado en un tipo de presas, como es el caso del conejo para el lince o el águila imperial, las alteraciones del medio son dramáticas. Cuando la densidad poblacional del conejo en el medio ambiente disminuye en exceso, sobre todo debido a epidemias como la mixomatosis o la enteritis vírica hemorrágica, las poblaciones de águilas y de linces se ven seriamente afectadas. Pueden cazar otras presas, y lo hacen, pero acusan siempre la escasez de su presa «tipo».

El lobo, por contra, es el depredador social más versátil, después del hombre y muy adaptable además a cambios de clima, vegetación y fauna. Sus fósiles aparecen en prácticamente todas las cuevas y yacimientos arqueológicos con regularidad, tanto en las fases glaciares (las dos últimas del Riss y la muy dura del Würm) como las interglaciares más templadas, sin mostrar las variaciones que otras especies más especializadas acusan, como el rinoceronte lanudo, mamut y el oso de las cavernas.

Se reconocen hoy 32 subespecies de lobo, del Canis lupus, distribuidos por todo el hemisferio norte, repartidos en cuatro grupos: lobos blancos, grises, pardos y rojos, de norte a sur. Y como corresponde a la adaptación al frío, de mayor a menor tamaño, respectivamente.

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Félix Rodríguez de la Fuente con sus lobos troquelados. Obsérvese la mancha oscura en las patas delanteras, típica de la subespecie española: el Canis lupus signatus

En España la subespecie presente en tiempos en toda la península aunque ahora mucho más restringida, es el Canis lupus signatus, por una mancha oscura visible en la parte delantera de su carpo. El peso medio de los machos españoles es de 50 kg. En Centroeuropa no es raro que alcancen los 75 kg, pero el récord lo ostenta un lobo cazado en los Cárpatos que alcanzó los 92 kg. de peso. Los lobos rojos, habitantes de zonas más cálidas (Arabia, La India, Norte de Africa), son los más pequeños, como suele acontecer con casi todas las especies y, como ya observaron los clásicos:

los lobos en Egipto apenas son más grandes que zorros... (Heródoto, «Historia», Lib. II, Logo 5. S.V. a.C.).

lobos, perros, zorros y liebres son más pequeños en Egipto que en Grecia... (Aristóteles, Historia Natural, lib. VIII, 28)

La alimentación del lobo. El índice de apetencia.

El lobo tiene un espectro alimentario muy grande: de cazador de grandes ungulados a pequeños roedores o carroñero, pero siempre guiado por el índice de apetencia: obtención de la mayor cantidad de biomasa (de «carne», para que se me entienda) con el menor gasto de energía. Y cuando sus presas naturales escasean o aún habiéndolas se presenta la tentación en forma de ganado, el lobo entra en conflicto con el hombre convirtiéndose entonces en pesadilla de pastores. …Criatura abominable y sanguinaria…, le llama la Biblia, escrita por un pueblo de nómadas y criadores de ovejas al fin y al cabo.

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             La eterna preocupación. Representaciones de lobos en la cerámica ibera

Es aquí donde el lobo aparece en escena, como segundo protagonista en nuestro «triángulo»: oveja-mastín-lobo, y es ahora cuando va a hacer falta un arma en forma de perro. Grande, fuerte y valiente, capaz de enfrentarse a un enemigo a su vez tan fuerte, valiente y peligroso y además desesperado por el hambre: el lobo.

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Pastor del Caucaso con su perro, un «ovtcharka», versión del Caucaso de nuestros mastines, imprescindible para la lucha contra el lobo. 

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            Protección de lanza de carro celtíbera con cabeza de lobo

Según los estudios de campo reflejados en el libro El lobo Ibérico, Biología y Mitología de Ramón Grande de Brío, la dieta del lobo en la Península Ibérica oscila según las zonas: desde un 100% de ungulados salvajes en Sierra Morena, a cerca de un 90% de ganado doméstico en Portugal, debido en este último caso a la elevada densidad de población humana y reducido número de especies salvajes. Entre los ungulados salvajes, el corzo llega en algunas zonas a constituir el 90% de su dieta.

Y volvemos a recordar lo del índice de apetencia: más carne con el menor esfuerzo. Un ciervo pesa dos o tres veces más que un corzo, pero es más “trabajoso” de cazar. Del muflón, antepasado salvaje de la oveja, hay restos fósiles en España, pero desapareció de nuestra fauna, y Félix  Rodriguez de la Fuente opinaba que el lobo influyó en su extinción viendo como en zonas donde se reintrodujo como pieza de caza, los lobos lo escogen como presa frente a otras especies.

En los años 70, se introdujeron un centenar de gamos para repoblar la Sierra de Sanabria y los lobos de la zona acabaron con ellos en pocos meses…posiblemente venían de alguna finca de cría donde adquieren pocos reflejos. Corzos, muflores, gamos…animales sin apenas defensas y que oscilan entre los 30 y los 70 kg. de peso, presas ideales para un carnívoro de 50 kg.

Algo similar sucede con el ganado doméstico. El lobo es muy capaz de atacar a los caballos y vacas que viven sueltos todo el año en las montañas del norte. Una manada de lobos podrá hacerse con un caballo o una vaca aislados, entorpecidos por la nieve pero, cuando se trata de un rebaño, éstos se defienden formando una rueda con las crías dentro y un círculo de cuernos o de patas coceando, capaces de disuadir al lobo más curtido.

Las ovejas son otra cosa: peso ideal (50-60 kg), no cocean, no cornean y si están en un redil ni siquiera podrán correr. La oveja, tercera protagonista de esta historia estaría totalmente desvalida si no fuera por el perro, pero para enfrentarse al lobo no vale cualquiera.

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Grabado de lobo en De varia commesuración para la Esculptura y Architectura de Juan de Arfe y Villafañe, orfebre y grabador, 1585

Los perros como alimento del lobo

Resulta que los perros también entran en la dieta del lobo en una proporción, según los estudios de Grande del Brío y analizando sus heces, superior al 10%, llegando a ser el 25% de su alimentación en ciertas épocas y zonas. Los lobos no dudan en hacerse con perros pastores (los “careas”) o perros sueltos que siempre vagabundean a las afueras de los pueblos. Y por observaciones de campo o por documentos grabados, mientras que los careas aún intentarán defender a sus ovejas, los callejeros huyen despavoridos en cuanto se “huelen” que hay lobos cerca. Y aquí interviene otra vez, el índice de apetencia: un perro de menos de 45 kg (tamaño de un pastor alemán grande) no es enemigo para un lobo, mientras que un mastín mediano, por encima de los 50-55 kg, ya es capaz de hacerle frente.

 …que en el mencionado pueblo los animales dañinos, sobre todo lobos, están haciendo grandes estragos en la ganadería mayor y menor, habiéndose llegado a ver hasta veinte lobos juntos; también hace ver que éstos han exterminado casi por completo los perros del ganado… (Ordenanzas de Corporales, en la Cabrera Alta de León. 1602)

La lucha contra el lobo

Es fácil entender la obsesión que para los pastores significó defenderse contra los ataques de los lobos, y la huella que ha dejado en el subconsciente colectivo en forma de tantos mitos y fobias, desde el cuento de Caperucita a la tradición del hombre-lobo, presente en toda Europa.

…El lobo podrá tal vez ser erradicado en su ambiente natural por el hombre, pero a éste le resultará mucho más difícil desterrarlo del mundo de la imaginación (R. Grande del Brío, obra citada).          

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                        Montañas de León. El mastín vigila a «sus» ovejas.

La lucha contra el lobo ha utilizado todos los recursos posibles, pero hasta la aparición de las armas de fuego o sobre todo, el uso devastador de la estricnina, principal causa del declive del lobo en este siglo, fue una lucha a la desesperada. En el Pirineo catalán, hasta comienzos del siglo XX

, era costumbre entre los pastores el rezo en común del parenostre del llop, invocando la protección divina contra el lobo. Incluso una enfermedad muy contagiosa entre las ovejas era conocida como el llop volant.

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Lobos cazados en Santander (1956) y en Abiac, Francia, 1954

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                                               Cacería de lobos en los Abruzzos, Italia. 1900

En un plano más material, la lucha contra el lobo se realiza en forma de batidas, monterías, recompensas y trampas de lobos. Las monterías se organizaban con regularidad. Así, el Concejo de Valdeón, en la provincia de León y zona lobera en la actualidad, tenían ordenanzas de montería, con juntas anuales para reparar los chorcos y decretar las fechas de montería. Se convocaba a los vecinos en un punto predeterminado a toque de campana, un rapidísimo repiqueteo, y estaban obligados a asistir, so pena de multa, todos los vecinos varones mayores de 16 años y menores de 65. Se permitía portar armas pero sólo podía ir a caballo el Montero Mayor. La fecha de las batidas solía ser en Mayo, mes en que han desaparecido las nieves y en que los lobos están recién paridos, ideal para capturar las camadas.

Lobero con cachorros

                            Alimañero de Salamanca, años 40, con una camada de lobeznos

...Ytem hordenamos y mandamos que todo el mes de maio aia de ir el concejo tres días a lobos... (Ordenanzas de La Cuesta, Cabrera Alta de León. S.XVIII).

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         Vista parcial del exterior del cortello de lobos, en Lubián, Zamora

Los chorcos u hoyas, así como los fojos, cortellos, callejos y cousos eran trampas para atrapar los lobos, frecuentes en León, Galicia y Asturias… regiones muy castigadas por los lobos. Hechas en piedra, consistían en largos paredones que acababan conduciendo a una trampa o foso, de donde el lobo ya no podía salir. En los Ancares leoneses era costumbre enfrentar mastines a los lobos atrapados en el cortello, siendo motivo de diversión popular y cruzándose apuestas.

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Trampa para lobos cerca de Cares. Interior, final del corredor en embudo que conduce al pozo. En medio, escondites para los paisanos y evitar que el lobo retrocediera.

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 Trampa para lobos cerca de Cares. Boca del pozo donde acababan cayendo los lobos. 

Muy grave debía ser el problema para que en Francia, en el año 813, el Emperador Carlomagno creara el cuerpo de los lupardii (loberos) y uno de sus sucesores, Enrique III, en 1583, institucionaliza dentro del propio ejército el Corp de Louvetérie. Las monterías daban sus frutos; a guisa de ejemplo, en la zona de La Guardia, en Alava, desde 1570 a 1700 se capturan un total de 320 lobos adultos y 370 camadas. Resulta paradójico que hasta el año 1617, y por presiones obvias de la poderosa Mesta de pastores de Castilla, Felipe III no autorice a los pastores el uso de las armas de fuego. Hasta entonces la única defensa del ganado eran los mastines, los “perros loberos” y como tal, se los protege:

…si alguno matare can villano de ganado que lobo mate o tuelle a lobo, pague XV mencales... (Fuero de Cuenca, otorgado por Alfonso VIII en el año 1190)

…Tod aquel que can aldeano matare que lobo matare peche XX mencales… Et qui matare otro can, que non sagudiere carne a lobo, peche X mencales…(Fuero de Zorita de los Canes, S.XIII)

– Otro tanto se señala en el Fuero de Baeza (Jaen), otorgado por Fernando III en 1236, sobre un conjunto de disposiciones dictadas anteriormente por Alfonso VII, más tarde ampliado por Alfonso X.

– En el Fuero Viejo de Castilla ( en origen dentro de la colección de Alfonso VIII de 1212), se dispone la pena de 30 sueldos para todo aquel … que mate can que mate lobo...

Los mastines son grandes, fuertes y valientes, y se enfrentan a los lobos. Pero para proteger a los mastines de las dentelladas en el cuello propinadas por los lobos durante sus peleas, se les protege con carlancas: collares de hierro con grandes púas al exterior. Los pastores podrían decir que si el mastín no existiese habría que inventarlo…y eso es precisamente lo que hicieron sus antepasados.

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                                                Diferentes tipos de carlancas

En Francia también

Si en España los lobos fueron siempre una pesadilla para los pastores, posiblemente en Francia y hasta tiempos recientes, la situación pudo ser aún peor. Con grandes zonas semimontañosas, muy boscosas y escasamente pobladas, los lobos -más robustos que los españoles- eran abundantes y camparon por sus respetos. Sólo como ejemplo: en 1437  los lobos devoraron catorce personas entre Montmartre y la Puerta de San Antonio, en lo que eran los alrededores de París.

Ya he comentado más arriba la institución desde el reinado de Carlomagno, en el Siglo IX, del cuerpo de lupardii, que evolucionó pocos siglos más tarde al Corp de Louvetérie. Los tratados dedicados a la caza del lobo son numerosos:

– Jean de Clamargan, bajo el reinado de Carlos IX escribe su La chasse du loup en 1576.

-Monsieur de Andrezzi, en el año 1600 y bajo el reinado de Enrique IV, escribe su tratado sobre la cría y selección de perros loberos, y cuenta que con sus perros cazó un gran ejemplar de …esta especie de lobos negros que se come a los niños y a las mujeres gordas…

-En 1699 un miembro de la nobleza de la dinastía de Lorraine mató en un invierno 315 lobos en un radio de 12 kilómetros, en los alrededores de Nancy.

-Jean Emmanuel Hector Le Couteulx de Canteleu escribió varios tratados del arte venatorio, sobre la caza del jabalí o del ciervo. En su tratado La caza del lobo en 1861, explica además la selección y cría de perros necesarios para estar tarea. Este libro, por cierto, fue de los primeros en estar ilustrado con fotografías. Ocho, en concreto, por la antigua técnica sobre papel albúmina, descubierta en 1850 (la técnica, no la albúmina).

La Bestia de Gévaudan

lobo atacando

Si hay una figura de lobo monstruoso que aterrorizó a los campesinos, ésa fue la conocida como La Bestia de Gévaudan. Gévaudan es una comarca al sur de Francia, en la Auvernia. Hoy como entonces, sigue siendo una región fría, montañosa, mezcla de páramos, bosques frondosos y poco poblada. Entre 1764 y su supuesto fin, en 1767, asoló la zona provocando hasta 130 muertes, que fueron tan «sólo» 83 hasta su supuesta primera eliminación «oficial», en 1765, aunque después seguiría matando. Las víctimas fueron sobre todo niños y mujeres, aunque se contaron unos cuantos hombres entre los fallecidos. Aparecían a menudo decapìtados, abiertos en canal y con las vísceras devoradas. En algunos casos sólo se había comido el cuero cabelludo…

Cuando las muertes empezaron a ser más de lo normal el gobierno, bajo el reinado de Luis XV, enfocó la cuestión como un problema de estado, entre otras cosas por las burlas internacionales -y con mucha mala leche- inspiradas por la ineficacia de las medidas tomadas. El rey se implicó ofreciendo cuantiosas recompensas y mandando expediciones cada vez más numerosas con expertos tiradores que organizaban batidas, una detrás de otra…pero la Bestia seguía matando… Los monteros reales al mando se fueron sucediendo según fracasaban en su empeño y tarea de capturar a la Bestia.

En 1765 se puso al cargo el Marqués D’Enneval, aristócrata normando y experto cazador, que se jactaba de haber matado a lo largo de su vida 1.270 lobos. Cazaron muchos durante estas batidas, pero al parecer ninguno era ni por el tamaño ni por el aspecto la temible Bestia. D’Enneval fue destituído. Porque los escasos supervivientes y los monteros que, según ellos, lo habían visto y disparado -siempre huía dejando un rastro de sangre, desaparecía un tiempo pero volvía a aparecer-, lo iban describiendo cada vez con mayor detalle: un animal muy grande, oscuro, peludo, de largo hocico y muy rápido, que se levantaba sobre sus patas posteriores en el momento de abalanzarse sobre la víctima…

En Septiembre de 1765 Sieur Antoine de Beauterne con la ayuda de sus tiradores aseguró haberlo matado. En efecto se trataba de un lobo muy grande, de unos 55 kilos. Lo enviaron a la corte de Versalles donde lo embalsamaron, Beauterne recibió el premio y los honores y el asunto pareció haber quedado zanjado. Pero a los pocos días la Bestia reapareció con más muertes en goteo. Y como desde la corte el problema «oficialmente» se había resuelto, no enviaron más cuerpos especiales. Entró el invierno, y los campesinos no se atrevían ya ni a salir de casa, ni a vigilar sus vacas, ni a recoger leña…

Especulaciones hubo muchísimas. Además de creer que era el demonio en persona (misas y rogativas hubo a cientos), se barajó la posibilidad de que fuese un loup-garou: la versión francesa del hombre-lobo. O incluso una especie de fiera foránea que, en aquellos tiempos de expediciones y descubrimientos, alguien se hubiera traído de tierras lejanas y después hubiera escapado o hubiese sido soltado.

No era una idea tan descabellada. En Lizarza (entre Guipuzcoa y Navarra) fueron cazados tres leopardos: en 1777, 1781 y 1782. En Ordizia (no lejos de allí) se cazó un tigre en 1608, y en Idiazábal, más al norte, otro tigre en 1776. ¿Cómo llegaron allí?…a saber, pero los cazaron. En Gévaudan se habló de osos -frecuentes en la zona por aquel entonces- , de hienas, de extraños híbridos…incluso de algún gran dogo asilvestrado. A saber…

En Junio de 1767 un campesino de la zona y antiguo furtivo -recién salido de presidio- con gran conocimiento del lugar y larga experiencia, Jean Chastel, consiguió matar un lobo muy grande, de unos 65 kilos de peso. Presentaba antiguas heridas por arma de fuego, e incluso la cicatriz de una cuchillada en el pecho hecha por una lanza casera con la que se defendió una de las supervivientes, una valiente muchacha llamada Marie-Jeanne Valet, herida sin duda grave y que dejó a la Bestia fuera de combate durante tres meses. Pero para cuando lo enviaron a Versalles el calor había descompuesto el cuerpo, y el gran naturalista francés, el Conde de Buffon, rehusó practicarle la autopsia.

Para los campesinos se acabó la pesadilla, no volvió a producirse ningún ataque. Los supersticiosos paisanos -¡y quién no, en su lugar!- atribuyeron el éxito, entre otras cosas, porque decían que Jean Chastel había utilizado dos medallas de la Virgen para fundir dos balas de plata…el «viejo» truco para acabar con un hombre-lobo, como todos ellos sabían. Chastel, hombre piadoso, y aunque tenía su bala de plata preparada, había estado esperando a la Bestia con su biblia abierta y rezando sin parar. Y con un único tiro, aún no se habían inventado los rifles de repetición, le partió la columna.

Pero como Jean Chastel no era aristócrata, ni tan siquiera militar, sino sólo un pobre campesino, ni fue recibido por el rey cuando llegó con su lobo podrido a Versalles, ni se le otorgó recompensa alguna, ni se le reconoció mayor mérito. Años después un sencillo monumento agradece su memoria en la pequeña localidad de La Besseyre-Saint-Mary, en cuya iglesia está enterrado. Como hombre de extracción humilde, su tumba está situada a la izquierda de la iglesia. Carece de méritos y, en consecuencia, carece de lápida.

Las vacunas, ¿ángeles o demonios?

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Capítulo extraído de mi libro Terapias alternativas para tu animal de compañía.

¿Ángeles o demonios?

He hablado de las vacunas para nuestras mascotas domésticas en el capítulo correspondiente a las enfermedades infecciosas, pero no quería dejar de hacer algún comentario frente a la eficacia, a la inocuidad, la inutilidad o el daño que las vacunas puedan causar. Hay opiniones para todos los gustos. En círculos alternativos, e incluso entre algunos médicos, las vacunas están totalmente denostadas, y hay una tendencia creciente a no vacunar. Uno de los argumentos es que las vacunas sólo son un gran negocio para las potentes multinacionales farmacéuticas. Otro, son las posibles reacciones vacunales, debidas sobre todo a los excipientes, necesarios para la estabilidad de las vacunas. Seguir leyendo «Las vacunas, ¿ángeles o demonios?»

La acupuntura. ¿Trucos de chinos?

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En Noviembre de 2010, la Unesco declaró a la acupuntura como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Pese al desprestigio inicial en Occidente, que llegó hasta el punto de su persecución legal, acusándola de intrusismo profesional en el campo de la medicina, poco a poco se ha ido aceptando (por ejemplo, como en el año 1997, en el Instituto Nacional de la Salud de los Estados Unidos) por su eficacia e implantando, bien como especialidad, bien como masters, en numerosas universidades europeas y americanas. En España hay varias asociaciones, tanto de médicos como de veterinarios especializados en acupuntura.

En concreto y en San Lorenzo de El Escorial, donde vivo, el Instituto Chi imparte desde hace años cursos de medicina china y de acupuntura para veterinarios, con gran éxito, por cierto. En países como Corea, China, Viet Nam y Cuba, forma parte de los sistemas nacionales de salud. De hecho en Viet Nam se utiliza, además de para otras muchas cosas, como único sistema de analgesia en los quirófanos, como bloqueante del dolor. Pero…¿cómo funciona la acupuntura?.

La acupuntura según la filosofía china

Según la filosofía china el mundo, y nosotros dentro de él, se organiza con los cinco elementos: madera, tierra, fuego, metal y agua. La teoría tradicional china considera que la enfermedad es un desequilibrio entre el yin y el yang, las dos fuerzas opuestas y complementarias que rigen el universo. La energía vital fluye por el cuerpo a lo largo de los meridianos, canales o vías de comunicación. Hay 12 meridianos correspondientes a 12 órganos (pulmones, intestino grueso, intestino delgado, bazo-páncreas, corazón, riñones, vejiga, sistema cardiovascular, vesícula biliar e hígado) más 2 vasos extraordinarios permanentes (el de la concepción y el vaso gobernador), 14 en total.

A lo largo de los 14 meridianos se sitúan 365 puntos, aunque existan algunos fuera de los meridianos. Estos puntos se consideran resonadores y al punturar (insertar las agujas) se equilibra la energía (el yin y el yang) alterada en el órgano que lo rige. Dicho trastorno puede deberse tanto a factores externos como internos, lo que al final se manifiesta en enfermedades. Los expertos orientales diagnostican la enfermedad, entre otras cosas, mediante la exploración de los pulsos con ambas manos en ambas muñecas, 9 en total en cada muñeca:

en tres zonas y, dentro de cada zona, superficial, medio y profundo en cada punto, donde cada uno correspondiente a un órgano.

Los primeros testimonios de la acupuntura nos hacen retroceder a los tiempos de Shi Huang Di, llamado El Emperador Amarillo (2697-2599 a.C.), pero se descubrieron agujas de sílex usadas con anterioridad a las usadas actualmente, de metal. Las utilizadas hoy en día son unas pequeñas agujas metálicas, de unos 4 ó 5 centímetros (no se «clava» todo, sólo un par de milímetros) y muy finas, que se insertan ayudándose de un fiador para que no se doblen al punturar. Pero las hay de muchos tamaños, y en los hospitales de Oriente las hay hasta de 15 o 20 centímetros, según cada aplicación.

Cuando veo a un médico chino tomar los pulsos con las dos manos, muy concentrado, con bastante detenimiento y moviendo hábilmente sus dedos, no puedo evitar pensar en un pianista. Cuentan que los médicos chinos más hábiles calculaban sólo con el pulso y con bastante certeza si había gestación, el tiempo exacto de embarazo y, además, si iba a ser niño o niña. Además complementan la información obtenida de los pulsos examinando la lengua, la orina y el aspecto general del cuerpo.

La acupuntura según la ciencia occidental

Esto en lo que se refiere a la teoría oriental. La ciencia occidental nos explica que la acupuntura funciona mediante la estimulación del SNC (Sistema Nervioso Central, o lo que es igual: cerebro y médula espinal) a través de la liberación de neurotransmisores. En la piel hay zonas concretas, los acupuntos, situadas sobre terminaciones nerviosas. La estimulación de estos acupuntos activan los llamados arcos reflejos neuronales, conexiones mediante neuronas que van desde la piel (SNP: Sistema Nervioso Periférico) hasta el SNC (Sistema Nervioso Central), activando respuestas tanto en SNC como en el Sistema Endocrino.

El estudio fisiológico del mecanismo del dolor es un tema tan complejo que excede la intención, meramente divulgativa, de una entrada como es ésta. No obstante intentaré explicarlo de la forma más resumida y más sencilla posible.

Se han realizado estudios utilizando la Resonancia Magnética y Tomografía donde se ha podido observar que, con la estimulación de puntos concretos en la piel, se incrementa el consumo de oxígeno y la utilización de glucosa en puntos concretos del cerebro. En el interior de la columna vertebral y protegido por las vértebras está el canal medular, donde se aloja la médula espinal, aislada y protegida a su vez por las meninges. 

La médula contiene el tejido nervioso que, por grupos o “paquetes”, cada cual con su función específica, transmite y comunica los estímulos nerviosos desde el Sistema Nervioso Central hasta las extremidades, pero también en sentido inverso. Son, tanto “órdenes” como “mensajes”. Dentro de la médula espinal, en la zona llamada Rostroventral, se localizan centros medulares del dolor, tales como el PAG (Periacueducto Gris Mesencefálico) y el NRM (Núcleo Rafe Magno). Ambos forman el Sistema de Inhibición Descendente del Dolor, controlando la transmisión de impulsos nerviosos desde las vías aferentes noniceptivas (receptores del dolor).

Este sistema analgésico funciona a través de los axones (largas ramas de las neuronas) que la PAG envía al NRM, desde donde descienden desde el tracto dorsolateral de la médula espinal a los complejos inhibidores en el cuerno dorsal. De forma que el dolor es bloqueado antes de ser percibido como tal en el cerebro. Los neurotransmisores involucrados pertenecen a lo que se conoce como el sistema opiode endógeno, y constan de tres familias de péptidos: las endorfinas, las encefalinas y las dinorfinas, de fuerte acción antinoniceptiva (acción analgésica). Sólo como ejemplo, la acción analgésica de las dinorfinas es 200 veces más potente que la de la morfina.

Con todo este rollo sólo quiero explicar que la acupuntura, frente a lo que opinan sus detractores, no es un efecto placebo, sino que hay un mecanismo nervioso demostrado capaz de bloquear el dolor, pero que va mucho más allá de la traumatología, que es donde más se solicita. La acupuntura se usa para todo tipo de problemas: desde trastornos depresivos, digestivos, hormonales… hasta la corrección de anemias, por ejemplo, por su efecto en el sistema endocrino.

Los detractores de la acupuntura -que los hay- pueden aducir que la mejoría de los pacientes pueda deberse a un efecto de sugestión, lo que se llama un efecto «placebo». Podríamos justificarlo en el caso de dolencias articulares, o musculares. El deseo de encontrarse mejor a veces nos hace sentirnos mejor. Pero cuando se corrige una anemia, en este caso, evidentemente, no se puede hablar de efecto placebo. Y cuando el paciente es un perro o un caballo, creo que tampoco.

acupuntura en caballos

              Una de las láminas del libro The Treatment of Horses by Acupuncture

Personalmente, yo nunca he utilizado la acupuntura con mis pacientes. Aunque me interesé por ella y la estudié hace más de 30 años, fue sólo a nivel teórico. A nivel aplicativo carezco de los conocimientos técnicos necesarios. Pero sí la han utilizado en mí (problemas de lumbalgias) y los resultados han sido siempre satisfactorios. Como “científico” que soy, me gusta observar la forma de actuación: desde la exploración inicial hasta el método en que se utilizan las agujas.

Tengo un gran amigo acupuntor, surcoreano, Sangwhan Lee, que trabaja en la zona de El Escorial. Todo un profesional y, además, muy intuitivo, podría contar muchas anécdotas de él, aunque creo que no vienen al caso. Me contaba que cuando empezó Medicina en Seul, desde el primer día ya aplicaban agujas en los pacientes. Una formación, sin duda, muy completa. He visto también la aplicación en perros y en caballos y, según mi criterio personal, es un sistema muy eficaz, totalmente válido, “científicamente” impecable.

Los acupuntores experimentados y que han estudiado en profundidad y durante años puntos y meridianos saben perfectamente donde implantar las agujas. Pero en Occidente se utiliza también una forma más “fácil” para localizar las zonas idóneas, con los buscapuntos. Los doctores Manaka en Japón,  Niboyet y Pourret en Francia o Dumitrescu en Rumanía, a finales de los años 50 estudiaron con galvanómetros puntos en la piel con menor resistencia eléctrica, donde comprobaron una caída de la impedancia cutánea justo en los mismos puntos descritos por los acupuntores orientales.

Hay otras técnicas manuales relacionadas con la estimulación de la piel, como la Digitopuntura, el Shiatsu, el Reiki  o la Kinesiología.

En la Kinesiología, palabra que proviene del griego Kinesis (movimiento) y Logos (estudio), los practicantes hablan de cuatro niveles: el mental/emocional, el dietético/químico, el estructural/muscular y el energético/fuerza vital. Los kinesiólogos tratan el estrés y la relación cuerpo-mente, detectando bloqueos a nivel físico, emocional, mental o energético.

En la Digitopuntura y Shiatsu, al igual que en la acupuntura, se estimulan las terminaciones nerviosas de la piel pero sin utilizar agujas, usando los dedos, las palmas de las manos, los antebrazos, los codos, las rodillas y las plantas de los pies.

El Reiki, del japonés: poder espiritual. Es una técnica que trata de lograr la sanación a través de la imposición de manos, especialmente sobre ciertas zonas del cuerpo: los chakras (del sánscrito: círculos, o puertas de energía), en sesiones de unos 45 minutos, experimentando el paciente gran relajación al canalizar la energía vital universal, con lo que alivia desequilibrios físicos, mentales y emocionales. Como podemos ver estas técnicas orientales buscan siempre la armonización de todos los niveles del cuerpo, tanto físicos como espirituales.

El monje zen japonés Mikao Usui desarrolló el Reiki en 1922 tras un retiro espiritual. Legó a sus alumnos cinco principios que estableció como normas de vida, muy parecidos a los principios budistas:

-no te irrites

-no te preocupes

-sé agradecido

-trabaja con diligencia

-sé amable con los demás,

Y el consejo de recitarlos una vez al día, como un mantra. Y con los mantras entraríamos en un campo tan interesante como es el campo de la musicoterapia. Pero por el momento aquí lo dejo.

La leche, ¿buena o mala para nuestra alimentación?

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                                       Ordeñando los yak, en Mongolia

La leche de vaca

La leche es un producto que forma parte importante de la alimentación humana desde la domesticación de los animales en el Neolítico, hace más de 10.000 años. Gracias a la leche de vaca, y a la de otros bóvidos como el yak en el Tíbet y la de búfala en Asia, o bien la de camella en el desierto, la de reno en Laponia o la de ovejas y cabras en muchas partes del Viejo Continente,  numerosos grupos humanos han salido y salen adelante, desde los primitivos pueblos indoeuropeos a los europeos modernos, pero también grupos asiáticos o africanos. Y, sin embargo, su uso ha sido puesto en entredicho desde hace unos cincuenta años hasta ahora. La leche, originalmente, es una buena fuente de proteínas, además de Calcio, Fósforo y Vitaminas: C, A, B2 (Riboflavina), B3 (Niacina) y B9 (Ácido Fólico).

El principal problema era su contaminación bacteriana, siendo las más graves y transmisibles al ser humano el Mycobacterium, causante de la tuberculosis, y la Brucella, causante de las Fiebres de Malta. Para evitar este grave problema de salud a mediados del S.XIX se fueron probando sistemas de esterilización, de los cuales los más usados son la Pasteurización o HTST, consistente en calentar la leche a 72ºC  durante 15 minutos (la llamada comercialmente leche esterilizada) o, el más usado, el UHT , acróstico de Ultra High Temperature, por el que se procesa la leche a 138ºC durante poco más de 2 segundos. Hoy día, incluso, habría que añadir la contaminación química por todo el proceso del tratado industrial de la leche, añadido al de la contaminación accidental en la propia alimentación del ganado, tanto por los productos añadidos a los piensos como la de los pastos.

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El problema de estas manipulaciones es que la leche, aparte de perder la carga bacteriana, pierde parte de sus vitaminas, principalmente la Vitamina C. Si a ésto añadimos los procesos industriales consistentes en la filtración, homogeneización, bactofugación (o centrifugación) y la eliminación del exceso de grasa por encima del mínimo legal exigido del 3,5% de contenido graso, lo que nos queda al final es un producto desnaturalizado, y muy lejano de aquella leche que espumeaba en los cubos tras el ordeño manual. Hoy día, además, nos la presentan en el comercio “enriquecida” con Calcio, con Ácidos Omega-3 y Omega-6 y en sus variantes de entera (con ese mínimo legal del 3,5% de materia grasa), semidesnatada y desnatada. Sólo se parece a la original en lo blanco.

En medios «alternativos» se concede mayor digestibilidad a la leche de oveja o de cabra frente a la leche de vaca, en razón del mayor tamaño de los glóbulos de grasa de esta especie…como si los glóbulos de la leche de vaca fuesen «piedras» o grandes pedazos de mantequilla que caen sobre la mucosa del estómago, cuando en realidad estamos hablando de una diferencia en su diámetro de milimicras (milésimas de milímetro), igualmente digestibles en ambos casos. Por lo demás, su composición en cuanto a caseína y lactosa es prácticamente la misma. No, no hay diferencia…salvo el sabor, ligeramente más dulzona en el caso de la leche de cabra.

Diferencia entre alergia e intolerancia

Se tiende a confundir, pero son dos cosas muy diferentes. Una alergia es siempre una reacción del organismo a una proteína. Entre muchas otras, pueden ser las que se presentan a las que hay en las heces de los ácaros del polvo (alergia al polvo, coloquialmente), de las presentes en la saliva de los insectos cuando nos pican (alergia a la picadura de pulga), de las de los pólenes de especies concretas de plantas («fiebre del heno») o de proteínas  componentes de algunos alimentos. En el caso de la leche sería una reacción a su proteína: la caseína. Mientras que una intolerancia es la incapacidad para digerir ciertos alimentos, debido a la carencia de las enzimas necesarias. En el caso de la leche, sería por deficiencia de lactasa. En otro caso diferente, el del gluten de algunos cereales, podría darse o bien alergia, o bien intolerancia.

A nivel nutricional la leche se ha demonizado mucho por los problemas que puede acarrear la digestión de algunos de sus nutrientes, principalmente la caseína, la lactosa y el ácido araquidónico. 

-la caseína es la proteína de la leche, fragmentada para ser digerida por la enzima renina en el estómago, y susceptible de causar reacciones alérgicas alimentarias.

-la lactosa, el azúcar de la leche. Desdoblada por la enzima lactasa, que hidroliza la lactosa descomponiéndola en glucosa y galactosa, dos azúcares perfectamente digeribles. Cuando hay un déficit de lactasa, la lactosa no se digiere, fermenta en intestino produciendo gases y diarreas, e irritación en la mucosa intestinal debido al ácido láctico resultante. De hecho, en poblaciones humanas, hay variaciones en cuanto a la digestibilidad de la leche por motivos genéticos, como veremos a continuación.

-por último, el Ácido araquidónico, que es un ácido graso precursor de las Prostaglandinas, en concreto la PgE2. Su exceso y sólo en algunos casos concretos produce inflamaciones en las células del intestino y debilitamiento de las membranas celulares.

Hay muchos estudios en los que se propone la influencia que el consumo de la leche de vaca, añadiendo el de sus productos (yogur, mantequilla, nata, quesos, etc.) tiene sobre la presentación de diversos tumores como el de próstata en los hombres y, principalmente, el de mama en las mujeres. Influencia más evidente (según los estudios) en Europa y los Estados Unidos, y menor en países asiáticos como Japón o China, países estos últimos con muy poca tradición en el consumo de lácteos. En China, por ejemplo, la incidencia de estos tumores sería mucho mayor en Hong-Kong, por la influencia occidental (debido a la larga presencia colonial británica) que ha modificado muchos hábitos alimentarios respecto a los tradicionales de la cultura china.

La deficiencia de lactasa en el mundo

En los tres grandes grupos humanos básicos, admitidos científicamente como razas (aunque el término esté sujeto a discusión respecto a su validez o ética) como son los caucásicos (europeos y poblaciones de Oriente Medio y Asia Central), los negros africanos y los asiáticos del Este (y sus descendientes directos, los indios americanos), la evolución y la genética permitieron la persistencia del gen que hace mantener la lactasa más allá del destete en los caucásicos y en algunos grupos africanos (como los masai, por ejemplo, grandes consumidores de leche), lo que ha facilitado  el uso de la leche cruda para su supervivencia. 

Un estudio publicado en el American Journal of Human Genetics sobre investigaciones en poblaciones de todo el mundo, explica el por qué en algunas de esas poblaciones se mantuvo la capacidad de digerir la lactosa mientras que en otras no. Así, más de tres cuartas partes de la población humana del planeta no son capaces de asimilar la lactosa. Por un problema de selección natural, se ha mantenido en la cuarta parte restante. Además de su innegable valor nutritivo, las ventajas para los consumidores de leche fueron varias:

-su alto contenido en riboflavina, la Vitamina B2, que aporta protección contra la malaria, enfermedad muy frecuente en los trópicos y que causa alta mortalidad en África.

-su alto contenido en agua, de un 83 a un 89%, que asegura la hidratación en aquellas poblaciones habitantes de zonas áridas.

-en zonas de latitud muy al norte, con muy poca exposición al sol, se asimila menos la Vitamina D. Ello es debido al mecanismo que, a través de la radiación ultravioleta, ayuda a sintetizar la Vitamina D y que a su vez ayuda a fijar el Calcio al hueso. Precisamente la lactosa estimula la absorción del Calcio.

Según los datos del American Journal of Human Genetics, más del 90% de los asiáticos del Este, porcentaje que en los chinos alcanza el 98%, no asimilan la lactosa. Siempre he pensado que esa intolerancia tan generalizada y los problemas digestivos que conlleva, es una de las principales causas por las que, en las medicinas orientales, proscriben el uso de la leche y de los lácteos, aunque por su filosofía tan especial insisten, por ejemplo, en evitar los alimentos “blancos” (los «cinco venenos blancos»: leche, harina, sal, azúcar refinado y arroz sin cáscara). Habría que comentar que la alimentación tradicional de los asiáticos se basa mayormente en vegetales, tales como el arroz (con o sin cáscara) y las verduras, y un componente variable de proteína animal, principalmente carne de cerdo y aves (pollo, patos). Pero no tienen tradición ganadera ni, por tanto, lechera.

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Escena de ordeño en un grabado rupestre en el Sahara, aproximadamente 10.000 años

La mayoría de los indios americanos, tanto del Norte como del Sur (descendientes directos del grupo mongoloide que desde Asia atravesó el Estrecho de Bering) y, como ejemplo, los indios mapuches de Chile, no la asimilan en un 90%. En cambio, en Europa, el porcentaje no llega al 4% de intolerancia a la lactosa en países como Suiza o Dinamarca, de amplia tradición lechera. En España las variaciones se presentan según zonas, dependiendo de la cultura tradicional más ganadera/lechera o más agricultora: de menos del 20% de intolerancia en lo que llamábamos “la España húmeda”: Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco… al 40% en Levante y Andalucía.

Pero es en África donde se dan las mayores variaciones atendiendo a su modo de vida, con un porcentaje medio de intolerancia a la lactosa que oscila entre un 60 y un 70%, pero que varía según los grupos humanos, por la razón que el estudio ya mencionado explicó de la siguiente manera:

-cazadores/agricultores como los yoruba de Nigeria, con una intolerancia del 100%; los agricultores ibo (o igbo), de Nigeria, en un 90%; o los cazadores bosquimanos de Sudáfrica y Namibia, en más del 95%.

-en cambio los pueblos de pastores/ganaderos como los fulani de la franja del Sahel, que pastorean sus rebaños desde Chad hasta Senegal, presentan una intolerancia a la lactosa menor del 20%; los tutsi de Ruanda, vaqueros tradicionales, de un 7%; o los masai de Kenia, menor de un 6%, con una dieta muy nutritiva aunque “pintoresca”, basada en el consumo diario de leche mezclada con sangre de sus rebaños.

La conclusión es clara: aquellos pueblos con economía ganadera, por un problema de selección natural adaptativa a sus recursos, mantuvieron el gen que permite la pervivencia de la lactasa más allá del periodo natural del destete. Por el contrario, los que basaban su supervivencia en los cultivos o en la caza, no lo mantuvieron y no podían aprovechar la leche como fuente de nutrición. La pregunta que surge en todos los foros es: ¿es natural tomar leche de vaca?… La respuesta es: salvo intolerancias, tan natural como comer patatas o trigo.

El mundo de la genética nos cuenta, con su lenguaje «sencillo», más que cómo, dónde radica esa pervivencia de la lactasa. Concretamente, en el par de cromosomas nº 2 (más exactamente en el «brazo largo», en la posición 2q21), donde radica el gen LCT, que codifica la lactasa permitiendo la digestión de la lactosa en los lactantes.  El gen MCM6 perpetúa la persistencia de la lactasa en los adultos, así como el polimorfismo 13910 C/T.

La variante europea: T-13910 se halla presente además en grupos de pastores de África central y del norte. Otra variante, la G-13915 la encontramos en la península arábiga, norte de Kenia y norte del Sudán. Otra variante más, la G-13907, en el extremo norte de Kenia y Sudán , así como en Etiopía, estimándose su antigüedad en unos 5.000 años. Y una cuarta variante, la C-14010, en poblaciones de Kenia y Tanzania llegando hasta el sur de África, estimándose su aparición hace más de 3.000 años. Estos datos un tanto liosos lo que nos están en contando es el movimiento de poblaciones de origen cushídico que, desde el norte de África, fueron extendiéndose o migrando hasta el sur, acompañados (sin ellos saberlo, obviamente) con ellos sus genes.

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Sin embargo la leche sigue conservando unas propiedades nutricionales buenas. Y en nuestras mascotas no es raro, sobre todo en los gatos, darles “un poquito” de leche, aunque haya alguna raza especial como el Siamés donde sí se observa más el problema de la intolerancia a la lactosa…curiosamente y no sé si tendrá alguna relación, el Siamés se seleccionó en el Extremo Oriente, zona sin tradición de consumir leche. Una opción, y así lo recomiendo en casos de gastroenteritis en nuestras mascotas, es administrarles productos lácteos fermentados como el yogur o el queso fresco.

El yogur, y el apasionante mundo de los probióticos

En el yogur la lactosa ya está desdoblada tras su fermentación, en forma de glucosa y galactosa, perfectamente digeribles. Además les aporta una cantidad importante de flora bacteriana, los Lactobacilos, importantes para una digestión correcta y equilibrada. Eso sí: insisto en que sea yogur natural, “el de siempre”, nada de bíos, ni griegos, ni muesli ni con frutas del bosque. Las diferencias entre uno y otras son escasas: algo más de grasa en el yogur griego, la adicción de frutas o cereales en los dos últimos, y una proporción mayor de Lactobacilos en el Bío. Y el queso fresco sin superar más de 100 gramos en cada toma, cada 2 o 3 días.

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Joven kazaja elaborando el kumis, a base de leche de yegua batida y ligeramente fermentada 

Aquí tengo que hablar un poco -sólo un poco- del mundo de los probióticos. Según la O.M.S. (Organización Mundial de la Salud) son…microorganismos vivos que, cuando son suministrados en cantidades adecuadas (explicaré luego el concepto de UFC) promueven beneficios para la salud del organismo hospedador…

En esencia, los probióticos son organismos vivos adicionados que permanecen activos en el intestino. Pero, ¿cuáles son esos beneficios que menciona la O.M.S.?:

  1. equilibran la flora intestinal, la microbiota, potenciando el sistema inmunitario.
  2. estimulan y facilitan la digestión gracias a la actividad de la lactasa, la invertasa y la maltasa, y a la asimilación de aminoácidos.
  3. en los microvilli del intestino aumentan sus dimensiones y su renovación celular mediante la proliferación, mejorando la fisiología de la absorción.
  4. contribuyen a la síntesis de vitaminas: B2, B5, B9, B12, D y K.
  5. al producir ácidos orgánicos como el ácido láctico a partir de glúcidos como la inulina (un prebiótico), disminuyen el pH intestinal, limitando el crecimiento de gérmenes patógenos en el intestino.
  6. destruyen las nitrosaminas, uno de los causantes de tumores.
  7. estimulan la formación de los macrófagos y la producción de anticuerpos, especialmente las Inmunoglobulinas A, con efecto inmunoestimulante.

Para conocer la cantidad de flora láctica presente en el yogur se atiende a lo que se conoce como el CFU o UFC: «unidad formadora de colonias». Bajo este nombre se contempla el mínimo de células separables capaces de formar nuevas colonias que podemos ver en los medios de cultivo, bien en superficie o bien dentro de un medio (generalmente el más empleado, el agar-agar). Además del yogur natural hay varios productos que incorporan flora láctica. Mencionaré dos según los datos que proporcionan los fabricantes: el pienso comercial Live, de la compañía Bacterfield, o el producto comercial Fortiflora.

-el pienso Live presenta una especie: el Enterococcus faecium (bajo sus cepas genéticas DSM-10663 y la NCIMB-10415) con una concentración de 1×10 elevado a 9 CFU/kg.

-la Fortiflora, a su vez, presenta la misma especie: Enterococcus faecium (bajo la cepa SF-68), a una concentración de 5×10 elevado a 8 UFC/gramo (no en kg, ¡ojo!).

Gradualmente se van incorporando al mercado otros productos que integran probióticos. Sólo como ejemplo, el Calsporín, que aporta esporas (más estables ante la primera barrera que suponen los jugos digestivos gástricos e intestinales) de Bacillus subtilis, en este caso de la cepa C-3102, con los mismos efectos beneficiosos que las ya citadas o las del yogur natural.

En el caso del yogur natural, las bacterias presentes -aún con su misma acción- son diferentes: Lactobacillus bulgaricus Streptococcus thermophylus, ambos responsables de la fermentación láctica de la leche. Estos microorganismos, según definición de la O.M.S…deben ser viables y estar presentes en el producto terminado…en cantidad mínima de 1×10 elevado a 7 (no lo indica, pero se refiere a UFC) colonias por gramo o mililitro… El yogur fresco contiene 3×10 elevado a 8 UFC de Streptococcus termophylus, por un lado, y la misma proporción de Lactobacillus bulgaricus…como podemos ver, una concentración superior a la mínima exigida por la O.M.S.

Existen otros «yogures» en el mercado, tales como el Activia o el Actimel, aunque utilizan otros fermentos. Por ejemplo, el Activia presenta el Bifidobacterium actiregularis, a una concentración de «8 mil millones (¿8×10 elevado a 9 UFC?) por cada envase de 240 gramos. En principio, unas concentraciones suficientes en todos. El único «problema» es la adición a estos yogures, de colorantes y saborizantes que «desnaturalizan» un poco la composición del yogur natural.

Para terminar con el efecto beneficioso de los lactobacilos, sobre todo de cara a su efecto inmunoestimulante, sólo añadir que se han publicado varios trabajos (uno muy detallado realizado por el veterinario Salvador Cervantes) sobre el efecto positivo del producto Fortiflora (ya comentado antes) ante infecciones, sobre todo víricas, centrándose en la producida por Herpesvirus en gatos, y donde se comprobó el incremento de la Inmunoglobulina A y de la formación de linfocitos, reduciéndose en un gran porcentaje los síntomas más visibles, como son los de la queratoconjuntivitis. Pero, insisto, es el mismo efecto que conseguiríamos con un producto tan sencillo, barato y tan bien aceptado por los animales como nuestro viejo amigo: el yogur natural.

Porcentajes de lactosa

Aquí me gustaría hacer un pequeño comentario sobre el porcentaje en lactosa presente en la leche y sus derivados, de cara a su intolerancia. De entrada, cualquier producto con un contenido por debajo a un 2% de lactosa puede ser bien tolerado por la mayoría de las personas con intolerancia a ésta. Recordemos que no se trata de una alergia, en la que una pequeñísima parte puede producir graves reacciones en el organismo, sino una intolerancia por incapacidad de su digestión.

El porcentaje de lactosa en los alimentos varía incluso según su marca comercial pero, por ejemplo, en las leches e independientemente de su contenido en grasas (igual da la leche entera que la desnatada) oscila entre un 4’8 y un 5’2%. Curiosamente, la leche humana tiene uno de los porcentajes más altos: un 7%. En el yogur y por la razón de la predigestión de la lactosa por la flora bacteriana, el porcentaje es mucho menor, y varía en los yogures comerciales descremados entre un 1’9 y un 6% (desaconsejados, por tanto, para los lactasa deficientes). Esto, insisto, en los descremados. Es en los yogures comerciales «enteros» (con toda su grasa) donde el porcentaje se reduce, según marcas, a sólo un 0’4 o un 0’5% de lactosa, muy por debajo de esa cifra crítica del 2% que veíamos al principio y sin ninguna consecuencia por tanto para los lactasa deficientes.

Hace casi 40 años que elaboro mi propio yogur. No se necesita ningún aparato sofisticado: basta una simple yogurtera de las que podemos encontrar en el comercio de pequeños electrodomésticos, un vasito de yogur y un litro de leche. Lo mezclamos, lo dejamos 8 o 10 horas a 36º-38ºC y tendremos un litro de yogur natural, con todas sus propiedades. No he encontrado datos sobre el ,porcentaje de lactosa en los yogures «caseros», pero extrapolando las cifras anteriores supongo que no llegará ni al 0’5%.

Por fortuna no soy lactasa deficiente, por lo que utilizo para el yogur leche «comercial» de vaca (no vale la de soja, no «cuaja»). Cuando puedo, consigo leche de granja. Pero habitualmente consumo leche de cabra, de granjas garantizadas. Aunque en círculos alternativos se recomienda la de cabra frente a la de vaca, las diferencias de composición entre ambas son mínimas, el porcentaje de lactosa es similar y si acaso hay alguna pequeña diferencia entre el tamaño de los microglóbulos de grasa. Para mí, una diferencia importante de cara a su sabor es el contenido en grasa: sobre el mínimo legal de 3’6% de la leche de vaca, en la de cabra que yo consumo alcanza un 4’6%, lo que la convierte en más «mantecosa». El resto es cuestión de gustos.

Hay una indicación concreta para darle leche a las mascotas, y es en la situación de cachorros lactantes sin acceso a su leche materna a los que hay que criar a biberón. Un error frecuente es administrar leche de vaca y, lo que es aún peor, “rebajándola” con agua (no sé de dónde habrá salido esa idea tan peregrina y extendida, por desgracia). La leche de perra y especialmente la de gata, es mucho más concentrada que la de vaca, con aproximadamente el doble de materia seca, de grasa y de proteínas. Si además la rebajamos con agua lo más fácil, aparte de suministrarles la cuarta parte de lo que necesitan, es que acaben con diarrea, especialmente grave en un cachorro tan frágil. Para atender tal necesidad, hoy día existen en el comercio leches maternizadas con una composición adecuada tanto para perritos como para gatitos huérfanos.

En el caso de las mujeres la lactancia natural es indiscutible e indiscutida. Además de que con el calostro los neonatos adquieren anticuerpos que les protejan ante enfermedades infecciosas, y además de sus propiedades nutricionales, imprescindibles para un recién nacido, es la mejor forma de que las Lactobacterias colonicen el intestino, de cara a su futura alimentación y correcta digestión, una vez destetados. Un mamífero en el momento de nacer tiene un intestino estéril, sin presencia de ningún tipo de Lactobacilos. Pero no hay que pensar que, con que se amamanten tres meses «ya tienen bastante». Si no hay posibilidad de prolongar la lactación por las urgencias de la incorporación al trabajo u otras contingencias pues sí, más valen tres meses que nada. Pero si el niño prolonga la lactación hasta el año o más allá, en cada toma de la teta materna se añadirán más y más Lactobacilos. Tendrá un intestino más «rico». 

Si queréis mas información, podéis consultar la entrada en este blog de la Microbiota. Un kilo de bacterias en el intestino

Alternativas a la leche de vaca

Como alternativa para la leche de vaca, existe hoy día una amplia gama en el mercado de “leches” vegetales: de arroz, de avena, de almendra, de anacardo…o la más popular, la de soja. La soja, Glycine max, es una leguminosa cultivada tradicionalmente en Extremo Oriente, donde era principalmente un alimento de «pobres», aunque hoy día el cultivo se haya extendido a todo el mundo, siendo los principales productores los Estados Unidos con 83 millones de Toneladas, seguido por Brasil y Argentina. Aunque hay que destacar que más del 90% del cultivo mundial es transgénico, basado en manipulación genética de las plantas.

Dentro de la composición de la soja entran ácidos grasos esenciales poliinsaturados (los Omega-3 y Omega-6), proteínas (un porcentaje muy alto: 37 gramos por cada 100 de semilla) y vitaminas (grupo B, Vit. E). Posee los 8 aminoácidos esenciales, excepto la Metionina. También contiene Fosfaditilserina: la Lecitina de la soja, que aumenta la capacidad cognitiva y la memoria, que tienden a disminuir a partir de los 45 años, y las isoflavonas, con capacidad antioxidante y actividad estrogénica.

Hasta ahí la parte buena, lo que explica su popularidad. Pero cada vez más se están observando intolerancias alimentarias a la soja. No está aún claro si por una pérdida de calidad o debido a su manipulación genética. Y en cuanto a la acción de las isoflavonas, también conocidas como hormonas vegetales o fitohormonas, aunque se supone que están indicadas en mujeres para aliviar los síntomas menopáusicos, estarían contraindicadas en mujeres de riesgo o con antecedentes de cáncer hormono-dependiente, como los de mama, el de ovarios, o la formación de miomas, debido al exceso de fitoestrógenos.

Por otro lado, y siguiendo con lo malo, la soja contiene antinutrientes como los inhibidores de enzimas digestivas (inhibidores de las proteasas) y fitatos (quelantes o “secuestradores” de minerales esenciales: Calcio, Magnesio, Cobre, Zinc, Hierro). Habría, por tanto, que considerar el uso alternativo de la soja con cuidado.

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                                Vaca frisona, superproductora de leche