La domesticación del lobo y el origen del perro

australiano con dingo

Nativo australiano con su dingo, un perro semidomesticado

Esta entrada del blog en realidad es un capítulo que, a su vez, forma parte de un trabajo aún pendiente de publicación sobre el mastín: El mastín español. Historia de un compañero, que presenté a un certamen convocado por la Real Sociedad Canina en 1998, y en la que tuve el honor de ganar el segundo premio, en su categoría de razas españolas.

De las muchas razas de perros, y del mastín en particular

Perro: (De or. inc.) m: mamífero doméstico, de la familia de los cánidos, de forma, tamaño y pelaje muy diversos, según las razas. Tiene olfato muy fino y es inteligente y muy leal al hombre (Diccionario de la Lengua, de la Real Academia Española).

De esta forma tan sencilla describe la Academia de la Lengua al que se define, por antonomasia, como el mejor amigo del hombre. Y, sin embargo, ignoramos muchas cosas de él…demasiadas, quizá…Para empezar, no está claro ni de dónde viene su nombre: perro. Y aunque se ha pretendido buscar en estas palabras resonancias prerromanas por aquello de que no es palabra de origen latino (en latín, perro es: can/canis) lo cierto es que no aparece en castellano hasta el Siglo XII, concretamente en un documento de 1136, la donación al monasterio de Sahagún de una tierras en el “Monte de la Perra”. Ya a partir del Siglo XIII su uso se va extendiendo en castellano. Por ejemplo, en un testamento de 1211 se menciona a un difunto toledano: Diego Perro.

Como ya iremos viendo más adelante, perros y pastores aparecen unidos con frecuencia. Los filólogos modernos ven en la palabra “perro” una derivación de las voces pastoriles “urre” o “prrrr” con las que, todavía hoy, se les azuza en la conducción del ganado.

Vivimos tiempos materialistas y hasta nuestro viejo amigo el perro, corre el riesgo de convertirse en otro objeto de consumo más, como si de un coche o una colonia se tratase y, como tal, expuesto a modas y snobismos: todos quieren tener el perro más caro, o el más original, o el más exótico. El mercado de criadores y pajarerías ofrece a los que desean tener un perro y no se conforman con un “chucho” una extensa gama de razas antes desconocidas y para todos los gustos, de todos los tamaños, colores y pelajes.

Hoy se admiten por la Federación Canina Internacional más de cuatrocientas razas. Tal cantidad se debe a la considerable duración del periodo de selección racial, y el abundante número de generaciones transcurridas. Durante este periodo el perro se diseminó por todo el mundo y se supeditó a dos influencias ineludibles: el medio ambiente y el hombre, que inició su selección con el fin de adaptarlo a diferentes funciones. Y aunque hoy en día algunas de aquellas funciones hayan quedado obsoletas, la desaparición de muchas de estas razas se ha evitado por la asunción de una nueva función hoy más importante: cualquier perro de cualquier raza puede ser, simplemente, un animal de compañía.

El perro pasa a ser un símbolo de status social, y el deseo de poseer una raza original, diferente y, si es posible, única, favorece esas modas cíclicas de perros nórdicos, Pit-Bulls, Shar-Peis, Rottweilers, Westies, Labradores, etc, etc, etc, con los numerosísimos problemas para los dueños que, el desconocimiento y las necesidades concretas del manejo de ciertas razas, engendra en una clientela desorientada como, por desgracia, veterinarios y adiestradores estamos acostumbrados a ver.

Pero no se trata de buscar entre las razas exóticas cuando quizá, dando un paseo por el campo, podemos ver en fincas y prados, junto a un rebaño de ovejas, justo lo que quizá estamos necesitando: un perro fuerte e imponente, fiero cuando hay que defender o tierno y mimoso hasta extremos inimaginables en semejante “oso” cuando nos da su afecto. Y, por si fuera poco, adaptado desde hace miles de años al clima de nuestra tierra, a nosotros, en suma. Estoy hablando del mastín.

El triángulo: oveja, mastín y lobo

 

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                                             Figura ibera. Lobo devorando a una oveja

Hasta escasos años ha viajado con los rebaños trashumantes y aún sigue guardando, como siempre, fincas y ganados, pese a que su enemigo secular y del que paradójicamente desciende, el lobo, hace lustros comenzó a escasear de forma dramática de nuestras montañas. Porque si para algo fue “inventado” el mastín fue, precisamente, para estorbar entre los otros dos protagonistas de nuestra historia: la oveja y el lobo. Hasta tal punto que si no hubiesen existido éste y aquella, no hubiese hecho ninguna falta un perro como el mastín, con las condiciones de corpulencia e instinto agresivo necesarias para ser el estorbo perfecto entre un predador inteligente y antaño abundante, como el lobo, y la que éste definiría si supiese hablar como su presa ideal por tamaño, escasa agilidad y ausencia de defensas: la oveja. (si tenéis interés ved la entrada El mastín y la Mesta)

 

Molosos mastin 50002

Bien es verdad que como animal de compañía tiene sus limitaciones. Cuando se sube al sofá no hay forma de echarle. Con sus 60 u 80 kilos no se le puede coger en brazos como si fuera el Chihuahua de Paris Hilton, y los lacitos no le sientan nada, pero que nada bien. Si pretendemos que nos devuelva la pelota, vamos listos: agotará nuestra paciencia. Y si lo que queremos es un perro adiestrado para presumir ante los amigos y que se siente a la voz de ¡sen!, olvidémonos de monerías, es cabezón como él solo. Pero…¡cómo conmueve esa cara de pobre desgraciado que nos pone si le regañamos por algo!… Y, cuando al atardecer, desperezándose de su larga siesta, renace el instinto guardián y vigila atento sus dominios, te sentirás mucho más seguro si le tienes cerca. Quizá si os cuento su azarosa historia le apreciaréis aún más.

El origen del perro. El problema de la datación

Determinar con cierta aproximación cuando aparece el perro, es una cuestión indirectamente ligada con la aparición del Homo sapiens y, según el criterio subjetivo de la época o del datador, a veces interesa modernizar todo lo posible dicha aparición o, cual anticuarios, envejecer la especie para darle más valor.

Como dataciones pintorescas resulta casi obligado citar al arzobispo de Armagh, James Ussher que en 1654 calculó la fecha de la Creación del mundo en el año 4004 a.C. basándose en el estudio de la Biblia. Mucho más fino fue John Lighfoot, director del St. Catherine’s College de Cambrigde que, mediante enrevesadas elucubraciones, la situó el 23 de Octubre del año 4004, a las nueve de la mañana, un domingo, para más exactitud. Por muy surrealistas que nos puedan parecer hoy estas fechas, fueron admitidas e irrebatibles durante dos siglos.

En 1760 Jean-Louis Lecrerc, más conocido como Conde de Buffon, y autor de una Historia Natural, trató de averiguar el tiempo que tardó la Tierra en consolidarse y, con ello, la edad de nuestro planeta. Estudió la rapidez con que se enfriaban unas bolas de hierro candente. La cifra que dedujo, 75.000 años, les pareció a sus coetáneos totalmente descabellada. Hoy día se admite universalmente la teoría darwinista de la evolución, y una cifra de antigüedad para la Tierra de miles de millones de años. Pero a Darwin -como en su época- no le faltan detractores: los “creacionistas”, fieles partidarios de la Biblia, siguen dando a la Tierra una cifra de tan sólo 6.000 años,  y los seguidores del “creacionismo” están admitidos y sólidamente instalados en la enseñanza de los Estados Unidos, sobre todo en su zona más “carca”, lo que llaman “El Cinturón de la Biblia”, los estados situados al sureste, entre Texas y Florida.

Métodos físicos

Los fósiles pueden ser situados en el tiempo por tres métodos diferentes: por la geología (estudio de los estratos y substratos en que aparecen), por las secuencias establecidas con otros fósiles y, el más usado, por el estudio de elementos radioactivos que descargan energía a un ritmo constante y se transforman en otro elemento, lo que se conoce como envejecimiento, por ejemplo los isótopos Potasio/40, Carbono/14, etc.

Métodos genéticos. El lobo como antecesor del perro

La genética comenzó estudiando los rasgos externos, o fenotipo: color de los ojos, del pelo, etc. Los avances en la investigación y las técnicas de laboratorio permiten trabajar con proteínas de la sangre (hemoglobina, seroalbúmina, enzimas, grupos sanguíneos, etc.) aislando las cadenas de aminoácidos que las forman, replicándolos o mediante anticuerpos. Las semejanzas o diferencias de estas moléculas de aminoácidos entre especies similares (perro, lobo, chacal, coyote, zorro) nos sirven, a modo de reloj, midiendo el grado de separación que haya entre ellas.

La molécula de ADN responsable de la herencia y funcionamiento de todos nuestros mecanismos aparece en el núcleo de las células (ADNn) por recombinación de los núcleos del óvulo y del espermatozoide de nuestros padres. Hay otro ADN: el ADNm o mitocondrial (de la mitocondria, orgánulo presente en el citoplasma de las células), que heredamos directamente de nuestra madre, siempre vía matrilineal y que por tanto no se recombina como el ADNn, sino que se propaga. En el ADN hay unidades de evolución, fragmentos de sus largas cadenas , grupos de nucleótidos, que sufren pequeños cambios periódicamente, más frecuentes en el ADNm y no confundibles con los debidos a la recombinación que se produce en el ADNn, y que actúan como un reloj, al poder medir esos cambios. El problema es la inexactitud de este reloj:

…la dificultad básica que entraña el ejemplo del ADNm para interpretar la historia evolutiva reciente brota de la propia fuente de otra de sus ventajas: en la reproducción el ADNm se propaga, no se recombina. Se transmite además por exclusiva línea materna; en consecuencia, el potencial de deriva genética -pérdida accidental de líneas- es grande: algún ADNm desaparece cada vez que una generación no deja descendencia femenina… (Alan G. Thorme. “Evolución multiregional de los humanos”).

El ejemplo más ilustrativo sería un barrio poblado por inmigrantes que tuviesen todos el mismo apellido: no significaría que descendiesen todos de una sola persona, sino que todos estuviesen emparentados y se hubiesen perdido los otros apellidos al extinguirse ciertas ramas.

Los estudios genéticos comenzaron a principios de los 70 (Vriesendorp, 1972; Wong, 1974; Fisher, 1976; Richkind, 1978; Clark, 1975; Simonsen, 1976; Braend y Roed, 1987; etc, etc.), mediante electroforesis e inmunología de proteínas y enzimas sanguíneos, y por comparación de los diferentes enzimogramas de lobos, perros domésticos, zorros, coyotes y chacales, deduciendo en todos los estudios la afinidad genética entre perro y lobo, y la lejanía con las demás especies. Robert Wayne, biólogo evolucionista y Stephen O’Brien, geneticista, corroboraron en 1987 la hipótesis de que el perro desciende única y exclusivamente del lobo, estudiando las divergencias aloenzimáticas, relaciones filogenéticas y tiempos de divergencia entre doce grupos de la familia Canidae.

El estudio genético más completo hasta la fecha (en que presenté este trabajo, en 1998) fue realizado en 1997 por un equipo internacional de la Universidad de California, en Los Ángeles, dirigido por Robert Wayne, y en el que figuraba un español: Carles Vilá. Este estudio se hizo con muestras procedentes de 162 lobos (de Norteamérica, Europa y Asia), 5 coyotes, 12 chacales, 140 perros de diferentes razas y 5 cruces. En el ADNm obtuvo haplotipos: secuencias particulares de una zona conocida como región control, con altas tasas de mutación, relacionando los haplotipos para agrupar las secuencias caninas y lobunas en claves o grupos.

Este estudio es homologable a los que se han hecho recientemente para comprobar los teóricos y posibles cruzamientos entre el Homo sapiens (Hombre de Cromagnon, u hombre actual) y el Homo neanderthalensis (Hombre de Neanderthal, extinto), y de donde han podido deducir que sí, que hubo “mestizos” resultados de algunos cruzamientos y que en nuestros cromosomas de hombres modernos, hay aproximadamente un 2% de genes del Neanderthal. En cuanto al perro-lobo y resumiendo las conclusiones de tan compleja investigación:

1.- El lobo es el único antecesor del perro. Quedan descartados, por diferencias genéticas marcadas, coyotes y chacales.

2.-Aparecen dos líneas maternas visibles (no se pueden contar, obviamente, las líneas extintas). En dos ocasiones posteriores, al menos, se registra en los genes un cruce de lobo y perra, pero contra lo que cabría pensar es excepcional: los proto-perros sólo se cruzan entre sí.

3.-Las tres cuartas partes de todos los perros actuales tienen un linaje originario de una única hembra.

4.- No hay razas caninas puras: en las razas estudiadas, 67 en total, no se presenta uniformidad de haplotipos, están todas recombinadas.

5.- Por datación genética y comparando las diferencias lobo/coyote, lobo/chacal, lobo/zorro, etc., se calcula la separación entre lobo y perro en un tiempo máximo de 135.000 años, un plazo muchísimo mayor que los 14.000 años aceptados hasta ahora por la aparición de fósiles de perro, distinguibles anatómicamente de los de lobo.

Aquí es donde ha estallado la polémica entre los distintos investigadores, ya que las secuencias de mutación mitocondriales tienen una tasa de regularidad bastante accidentada, lo que les convierte en relojes poco exactos.

…la fecha es bastante dudosa, son 135.000 años, 300% arriba o abajo… (O`Brien)

Los que se dedican a investigar los hallazgos arqueológicos son todavía más escépticos:

…No hay huesos que sugieran perros ni ningún otro animal doméstico, ni remotamente próximo a esa fecha. Si así fuera, el mejor amigo del hombre estaría a su lado royendo huesos cuando los humanos modernos aparecieron en África, lo cual es altamente improbable (Richard Klein, paleoantropólogo de la Universidad de Stanford).

De cualquier manera, la fecha de la domesticación se adelanta bastante más de los 14.000 años que se pensaba en razón de los hallazgos fósiles de perros como tal. Wayne argumenta que no hay fósiles de perro anteriores a esa fecha porque los proto-perros eran, anatómicamente, lobos, y por tanto indiferenciables de los fósiles de lobo que sí aparecen con frecuencia en todos los yacimientos arqueológicos del paleolítico. Se produce una diferencia genética precoz por el aislamiento y los cruces entre los proto-perros. Los cambios anatómicos surgirán con el tiempo.

Existe una explicación etológica al razonamiento de Wayne: los lobos, por contacto muy temprano, constante y prolongado con los humanos, y por el fenómeno de la impregnación, no aprenden la conducta social de los lobos adultos, se “olvidan” que son lobos, y los que quedan en los núcleos humanos irán creciendo aislados de sus parientes salvajes, sin mezclarse, formando una línea genética propia, cual emigrantes que se separaron de su tierra original.

Primeros restos fósiles de perro

Los primeros restos fósiles de perros aparecen en el paleolítico, pudiéndose calcular su antigüedad con un método tan preciso como el Carbono-14, y encontrándose en lugares tan distantes unos de otros como la cueva de Palegawra en Irak (12.000 años), Jaguar Cave en Idaho, USA (10.400 años), Star Carr en Inglaterra (9.500 años), Devil`s Law en Australia (8.000 años), Monteburr en Australia (8.000 años), Xian en China (6.800 años), Benton en Missouri, USA (5.500 años), Pont D`Ambon en Francia (9.700 años), Senckemberg en Alemania, Siberia, etc.

Todos estos restos de Canis familiaris presentan marcadas diferencias anatómicas con el lobo, Canis lupus: estudios de morfología dental (Olsen&Olsen, 1977) y craneal (Clutton-Brock, 1976; Robert Wayne, 1986) así lo demuestran. Otra característica a destacar es que casi todos estos restos presentan huellas inequívocas de haber sido devorados: aparecen chamuscados o presentan raspaduras y señales de haber sido descarnados, o los cráneos aparecen abiertos, para extraer el cerebro. El primer resto de convivencia “cariñosa” fue el hallazgo en una tumba de la cultura natufiense del esqueleto intacto de un perro joven junto a un esqueleto humano, en el oasis de Ain Mallaha, al norte de Israel, de una antigüedad aproximada entre 10.000 y 12.000 años.

En España, los primeros restos fósiles hallados se localizan en cuevas del País Vasco. Antropólogos de reconocido prestigio como Barandiarán y Jesús Altuna han excavado yacimientos en Euskadi, como los de Lezetxiki en Mondragón, Marizulo en Urmieta o Urtiaga en Deva, en las que se han hallado restos de perros, con una antigüedad máxima de 8.700 años. En la cueva de Lezetxiki aparecen restos de perro en diferentes niveles. El más reciente es el enterramiento de un varón joven junto a un perro, de hace aproximadamente 5.000 años. En la cueva de Marizulo, el fósil más antiguo se calcula en 6.500 años, pero hay un hallazgo posterior muy interesante: el enterramiento de un hombre junto a un perro (sin cráneo) y junto a un cordero intacto de tres meses, datado hace 5.500 años. El resto de perro más antiguo es un colmillo inferior, aparecido en la cueva de Arenaza (en 1979), datado en algo más de 8.000 años, aunque en un principio y llevados por el inevitable entusiasmo se dató (en Madrid) regalándole 2.000 años de más…ya lo decía al comienzo refiriéndome a los anticuarios, cuanto más viejo, mejor.

Pero no todos los restos arqueológicos van a ser fósiles. Un animal que, más tarde, será tan retratado como el perro, aparece fugazmente en la pintura rupestre. En España aparece en una representación en la Cueva de la Vieja de Alpera, Albacete, donde podemos ver algo parecido a un perro ayudando a unos arqueros en la caza del ciervo. En el sur de Argelia tuve la oportunidad de ver la figura de un perro en escenas de caza, dentro de la extensa zona de pinturas rupestres de Tassili N’Adyer       

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                        Pintura rupestre en el Tassili N’Adyer, al sur de Argelia

 

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                                                       Cueva de La Vieja, en Alpera.   

 

Ued Tebobarén, en Tassili Ti-N-Eggoleh Las dos anteriores (Tassili N’Adyer y Cueva de la Vieja) son más o menos conocidas y han sido más representadas. Esta última es casi desconocida, por hallarse en una zona muy alejada de zonas pobladas y de los circuitos habituales. Representa una escena de caza: un grupo de perros cercando un antílope, y se halla en el Ued Tebobaren, en el Tassili Tin Eggoleh

La domesticación del lobo. Teorías sobre el origen del perro: los antepasados

El eslabón perdido: Studer, en 1901, propuso el origen del perro a partir de un antecesor salvaje y desaparecido, el Canis ferus. La principal objeción a esta teoría es que, mientras hay numerosísimos restos fósiles de todos los cánidos salvajes, no se ha encontrado ninguno de perro con anterioridad al año 13.000 a.C. Además, en todas las especies domesticas existe o existió su agriotipo o antepasado salvaje: de la oveja, el muflón; del caballo, el tarpán; de la gallina, el gallo bankiva; de la vaca, el uro, etc. ¿Dónde estarían los antepasados salvajes del perro que no se domesticaron?. Respuesta: el lobo. De todas formas, esta teoría fue defendida en fecha tan relativamente reciente y en un sitio tan “serio” como el Primer Coloquio de las Ciencias en París, en 1976.

El chacal: teoría defendida por Geoffroy Saint-Hilaire y apoyado por los estigmas morfológicos por Hubbler y Keller en el mismo Coloquio de París, en 1976. Fue rebatido por Francis Peters mediante estudios odontológicos: en el chacal, los dientes son más estrechos que en el perro, cuando la domesticación tiende, precisamente, a la reducción dental.

Cruces de chacal y lobo: el principal valedor de esta teoría fue el Premio Nobel de Medicina en 1973, Konrad Lorenz, padre de la etología, y precisamente por el enorme prestigio que confiere ser merecedor del Nobel, ha sido una teoría universalmente aceptada hasta prácticamente hoy. Segun Lorenz, en su libro: Cuando el hombre encontró al perro, éste proviene de cruces en diferente proporción de lobos y chacales, dando razas más “lupoides”, más agresivas, con más sangre de lobo, entre las que Lorenz incluyó las razas tipo Spitz como los nórdicos o los terriers, o bien más “chacaloides”, menos agresivas, con más sangre de chacal, entre los que Lorenz incluyó a los bracoides o perros de caza, según el diferente porcentaje de uno o de otro.

Sorprendentemente Konrad Lorenz se rebatió a sí mismo en otro libro posterior: Mis pecados entusiastas, descartando que el lobo hubiese intervenido en el origen del perro, influído esta vez por Charles Darwin, el impulsor de la teoría de la evolución que, en su obra clave, El origen de las especies, dijo: …el antecesor y el sucesor no pueden coexistir; o uno, u otro… Darwin lo aseveró por lo que tiene de cierto en las especies salvajes…y no siempre, hay excepciones. En los animales domésticos y como acabamos de ver, coexisten con su “agriotipo”, con su antepasado salvaje.  

La aproximación al hombre

Adopción como mascotas: se ha propuesto que el lobo se domesticó al cuidar los niños como mascotas cachorros que, una vez crecidos, se quedaban en casa. Es cierto que los niños de las tribus actuales de cazadores/recolectores, cogen animalitos con los que se entretienen: monitos, loros, lagartos, etc. También es cierto que estas mascotas suelen acabar en la cazuela. No cabe la menor duda de que los lobeznos serían bien recibidos con los niños y que el estrecho contacto con éstos sería un buen estímulo para la interacción social con los seres humanos.

Pero no hay que confundir causa-efecto, y ver en los cachorros un regalo, como si el Paleolítico fuese una sociedad de tipo consumista, como la presente. Como ejemplo parecido, también en los pueblos los niños se encariñan con un corderito, un conejo, un lechón o una ternera a los que miman y con los que juegan…y se llevan un buen berrinche el día que a la presunta mascota les toca cumplir con el triste papel al que, desde un principio, estaba destinada.

Colaboración en la caza: es la tesis más extendida en cuanto a cómo el hombre y el lobo comenzaron a ayudarse, a ser mutuamente necesarios.Con unas mínimas nociones de etología cualquiera podrá entender que el lobo tiene un periodo clave de adaptación, hasta las seis u ocho semanas de edad. En el perro el período es un poco más largo, hasta los tres meses, y un perro que no haya tenido un contacto estrecho con seres humanos, a partir de esa edad será un animal tímido y arisco. Un lobezno a partir de los dos meses será, como mucho, “domable”, pero no doméstico. Y un lobo adulto, con una conducta adquirida en condiciones normales lo tiene clarísimo: podrá seguir a los cazadores para después carroñear cuando éstos se hayan alejado, pero jamás permitirá que se le acerquen y, mucho menos, a sus cachorros.

El lobo como alimento para el hombre: las teorías más recientes explican la aparición del perro merced a la selección que las mujeres de las tribus nómadas del Paleolítico realizaron con los cachorros de lobo, capturados en su búsqueda constante de alimento, bien por haber matado a la madre, bien por localizar las camadas en las madrigueras.

En los cachorros menores de un mes, en vez de comérselos directamente como era lo habitual, las madres que habían perdido a sus hijos (la mortalidad infantil era elevadísima) aliviaban la congestión de sus pechos amamantando los lobeznos y, de paso, los engordaban para su consumo más adelante. Esta crianza que hoy nos puede parecer tan extraña la siguen realizando hoy día tribus cazadoras de Asia, África y Sudamérica con lechones y perritos, y es casi seguro que en el Paleolítico se produjese de forma paralela en diferentes regiones geográficas, como el hallazgo de los fósiles nos sugiere.

Como dato curioso me refirieron que allá en los años cincuenta, aún era costumbre en la provincia de Salamanca, cuando alguna mujer por cualquier motivo debía quitarse la leche, criar amamantándo un perrito y, de esa forma, ir retirándose la leche poco a poco sin el riesgo de las dolorosas y peligrosas mastitis. Y para cuando el perrito ya no era necesario, por haberse resuelto el problema, se le sacrificaba: no se le permitía vivir, quizá por evitar el “mal rollo” de ver por el pueblo un perro criado por una mujer, o que un perro resultase “hermano de leche” de otros niños que viviesen en la misma localidad.

Lobeznos llevados a una tribu con mes o mes y medio se integrarán con facilidad, y si encima han sido amamantados, aún mejor, porque el contacto físico directo favorece extraordinariamente los vínculos con el resto de su nueva “manada”. El número de lobeznos en una camada oscila de 4 a 9. En una camada completa el cachorro más grande suele ser el más agresivo (el futuro lobo líder de la manada suele haber sido el mayor de la camada), mientras que el más pequeño está acostumbrado a la sumisión al ser molestado por sus hermanos o, lo que es igual, cuando crezca será el menos “problemático” a la hora de tenerlo entre la gente. Y, a su vez, los niños y las mujeres muestran una atracción especial por los cachorros más pequeños de las camadas.

Los lobeznos nacen con los pabellones auditivos y los ojos cerrados, y las orejas pegadas a la cabeza. Durante 21 días son amamantados por la madre. Al cabo de esas tres semanas los cachorros comienzan a enderezar las orejas y a explorar el mundo exterior, fuera del cubil. A los 30 días vocalizan los primeros aullidos. Hasta entonces emiten sólo pequeños ladridos y gazñidos.

La impregnación y la neotenización

El fenómeno de la impregnación fue descrito por primera vez por el austriaco Konrad Lorenz, al que se considera el padre de la etología y del que ya hemos hablado por su teoría del origen del perro como consecuencia de cruces entre lobos y chacales. Konrad Lorenz fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1973 por sus estudios sobre etología, junto al zoólogo holandés Nikolaas Timbergen.

 

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                                                        Konrad Lorenz con sus ocas

Lorenz descubrió este fenómeno cuando al empollar unos huevos de oca, los pollitos comenzaron a seguirle a él como si fuera su madre, al ser lo primero que vieron moverse nada más romper el cascarón. Las ocas son especies precociales, o lo que es lo mismo: capaces de moverse y de alimentarse nada más nacer. Lo lógico es que lo primero que vean en su vida sea a su madre, a la que seguirán para su protección, pero pueden seguir a perros, vacas e incluso tractores, y son famosos los documentales sobre Konrad Lorenz caminando o nadando por el Danubio, con los pollos siguiéndole.

La palabra neotenia comenzó a utilizarse aplicándola a animales como el ajolote, una especie de salamandra mexicana capaz de reproducirse de manera precoz, aún en estado larvario y sin completar el desarrollo, como una adaptación a sequías que dejaban sin agua los charcos donde viven. Más tarde se aplicó la palabra neotenización a la persistencia, más allá del periodo infantil, de caracteres físicos infantiles.

Todos los mamíferos cuando son cachorros (focas, monos, lobos, ciervos, ratones, el hombre…) presentan unos caracteres externos neoténicos: frente abombada, ojos grandes y de mirada fija, hocico chato, boca pequeña, formas redondeadas, lo que confiere un aspecto indefenso, como de osito de peluche, con la doble misión de provocar en los adultos una actitud protectora y de evitar en éstos una conducta agresiva.

En el caso de los lobos y por neotenización psíquica entendemos la propensión a buscar el contacto físico, la docilidad o conductas apaciguadoras propias de un lobezno  y que podemos ver perpetuadas en muchos perros, tales como tumbarse panza arriba y dejar escapar gotitas de orina, o como el lamer la cara de los adultos, conducta que en la naturaleza provoca la regurgitación de la carne semidigerida con la que los padres van destetando a sus crías. Por neotenización física en los cachorros menos desarrollados entendemos el retraso en el crecimiento, la persistencia de las orejas caídas, ladrar en vez de aullar, etc., lo que favorece precisamente mantener los caracteres protectores.

Lo de la neotenización psíquica nos alcanza a todos, no sólo a los lobos. Basta ver la típica escena de una pareja de enamorados para entenderlo. Ese “portarse como críos” de las parejitas, ese “pichurrín”, “cosita”, “cielín”…acompañado de gestos, morritos y arrumacos en el fondo no es más que una estrategia biológica. Al “portarse como un niño” lo que se pretende es apaciguar los posibles rechazos o actitudes agresivas del otro.

Los lobeznos criados entre seres humanos van a sufrir un doble proceso de neotenización, física y psíquica. Cuando más adelante haga falta echar mano a cualquiera de los lobeznos ya más gorditos, más crecidos para preparar el menú, la elección entre el más grande, con más genio, posiblemente mordedor, y el más “canijo” de la camada, más tranquilo, más dulce, se decantará con toda seguridad por preservar la vida de este último. Y si la temporada fue buena, no hace falta comerse a todos y los cachorros viven lo suficiente para alcanzar la madurez sexual, a éso de los 6 o 7 meses de edad, no resulta difícil pensar que los caracteres neoténicos se irán fijando, poco a poco, generación tras generación, heredándose aquellos caracteres ya más perrunos que lobunos.

Queda una duda. ¿Cómo se podrían ir manteniendo aquellos caracteres neoténicos en los proto-perros sin mezclarse con los lobos que abundaban por todos lados?. Es muy posible que algunos proto-perros se escaparan de la tribu al alcanzar la madurez sexual llevados por su instinto, pero en los que se quedaron junto a nosotros y según los estudios genéticos realizados por Robert Wayne de los que hablé anteriormente, se mantuvieron unas líneas puras durante decenas de miles de años, con algún esporádico cruce con lobos. La explicación podemos encontrarla en que, tras criarse con seres humanos, los lobos sometidos a impregnación no “saben” relacionarse con los lobos salvajes, ya que sus pautas de conducta no coinciden.

En el caso de los lobos el periodo crucial para la socialización alcanza hasta los 20 ó 30 días como máximo. En los perros, hasta las diez o doce semanas, fase en la que el cachorro aprende, se “impregna” de los hábitos sociales de sus progenitores. Decíamos al comienzo que un perro que no haya tenido trato directo con seres humanos será para toda su vida un animal arisco y asustadizo. Un lobezno capturado a partir de los dos meses ya no se integrará y tendrá instintos huidizos y agresivos.

 

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Grabado de lobo en De varia commesuracion para la Esculptura y Architectura, De Juan de Arfe y Villafañe, orfebre y grabador. 1585

En los perros la falta de socialización afecta al trato con sus propios congéneres. Los veterinarios vemos con mucha frecuencia problemas por falta de socialización en perros criados desde muy cachorros sólo con personas y que a la hora de pasear por los parques se asustan muchísimo si ven que otro perro se acerca a olfatearles. Y a la hora de pretender cruzarles el instinto no lo es todo, los problemas son aún mayores: perros y perras que no “saben” lo que tienen que hacer, que no reconocen al otro como potencial pareja, que se rechazan a mordiscos aún estando en celo, asustados… Como muy agudamente señala el título de un libro del que lamento no recordar el nombre de la autora (actriz o presentadora, creo): Duquesa no sabe que es una perra.

La agresividad en el perro

perro agresivo0002

cuadro de perro rabioso

 

                                          Cuadro de ataque de un perro rabioso

Los veterinarios estamos acostumbrados, por desgracia, a ver numerosos casos de alteraciones de conducta, favorecidos a menudo por el desconocimiento que bastantes propietarios tienen acerca de cómo educar o, lo que es igual, como interrelacionarse con su animal, supuestamente de compañía. Este problema se ve incrementado, como decía en la introducción, por la tendencia consumista de tener la raza de moda, razas que a veces nos deparan desagradables sorpresas como un carácter fuerte, no apto para todos los públicos, o un temperamento que dificulta una educación y una convivencia normales.

Sólo por poner un ejemplo: la tendencia a la fuga en las razas nórdicas, tan de moda hace unos años. Y aunque está claro que dentro de cada raza, incluso dentro de cada camada aparecen diferentes personalidades, un factor determinante para el carácter sociable de un perro está relacionado con sus caracteres neoténicos, aquellos que heredaron de aquellos lobitos más reposados. Pero una cosa es un perro “escapista”, y otra muy diferente y mucho más preocupante es un perro agresivo. Es un asunto como para tomárselo muy en serio. Unos pocos datos:

-En Francia, un estudio hecho en 1988 sobre los 10 últimos años: 12 casos de muertes en personas atacadas por perros.

-En Alemania, sólo en el año 1985, 5 muertes, y de 1985 al 88, 35 ataques graves (sin víctimas mortales).

-En los Estados Unidos, del año 1979 al 1996, 183 muertes.

-Y para finalizar, en España, del año 91 al 2005, 17 muertes por agresión de perros.

Sólo como ejemplo, y aunque son datos ya un tanto antiguos, en la década comprendida entre los años 1968 y 1978, en los Estados Unidos se registraron un millón de casos de personas atacadas por perros, algunas con desenlace fatal. El 60% de los perros que se sacrificaban allí fue por problemas de agresividad o conductas conflictivas, aunque hoy afortunadamente haya terapias eficaces y se calcula que sólo se sacrifican por esa razón el 1%. Pero no hay que olvidar que un porcentaje de las agresiones no son sólo por problemas emocionales. Se calcula que entre un 15 y un 20% de los casos el origen era una causa orgánica: cuadros de dolor que vuelven al perro más irritable, o por casos de disfunción cognitiva, lo que a veces le impide reconocer a su propio dueño.

En 1985, Benjamin L. Hart y Lynette A. Hart, etólogos de la escuela de veterinaria en la Universidad de California, en Davis, publicaron un artículo en el boletín veterinario J.A.V.M.A. titulado (traduzco): “Selección de los perros sobre la base de análisis de agrupamiento de perfiles de comportamiento de la raza”. Analizando 30 razas caninas, vieron más porcentajes de agresividad en aquellas menos neotenizadas (con orejas tiesas y cola enroscada, como los Nórdicos, los Terrier o los Chow-Chow), y menor porcentaje de agresividad en las razas más neotenizadas (de orejas y cola caídas, como los de caza, por ejemplo).

Los especialistas en etología canina establecen una lista de nueve parámetros para evaluar la sociabilidad de un perro:

-excitabilidad

-morder a los niños (los niños inquietan mucho a los perros por su tamaño y sus correteos)

-ladridos excesivos

-naturaleza juguetona

-obediencia

-ladridos de perro guardián

-agresividad hacia otros perros

-dominancia sobre el dueño

-territorialidad

Sobre esta lista y añadiendo dos más, los autores anteriormente citados, Benjamin L. Hart y Lynette A. Hart, publicaron el libro: “El perfecto cachorro. Cómo escoger un perro por su conducta”, donde reflejaron la evaluación hecha sobre 56 razas caninas, hecha por 48 veterinarios y 48 adiestradores. Comparándolas todas establecieron los dos extremos, las dos razas radicalmente opuestas:

-el “mejor”, el más tranquilo, doméstico y menos problemático, el Golden retriever.

-el “peor”, el más conflictivo, el Scottish terrier.

Los machos, debido a su hormona, la testosterona, tienen más tendencia a la dominancia y a las agresiones. Aunque las hembras suelen ser mejores guardianas de su territorio, los machos dan más problemas: tendencia a la fuga (instinto de diseminar sus genes), agresividad con otros perros, intentos de dominancia dentro de la familia (para escalar a la posición de “macho alfa”), más ladradores… Sencillamente, necesitan más control. En cualquiera de las razas se puede aplicar el Test de Campbell a las siete semanas de edad, para observar el grado de respuesta y predecir su comportamiento futuro, basado en cinco estímulos: atracción social, seguir al adulto, obligación, dominancia y dignidad.

Está claro que, en muchas ocasiones, lo que uno necesita precisamente es un perro fiero, que ladre y que defienda como es el caso del mastín cuando guarda sus propiedades. Pero como se ve en estos estudios, si lo que uno quiere es un perro de compañía para la casa habrá que pensar otras opciones…independientemente del espacio que se le pueda ofrecer. La reciente moda por los Retrievers o ,últimamente, por el Border Collie parece que, esta vez, está bien encaminada.

¿Por qué los lobos?

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                                                     Camada de lobeznos

Si tuviésemos que amamantar un animal -es un caso- tendríamos que considerar varios factores. Los lobeznos tienen una boca “blandita” y no echan los dientes hasta los quince días. Los rumiantes (cervatillos, cabritos), por contra, nacen ya con los dientes inferiores, chupan con fuerza y dan topetazos en las ubres, con lo que su crianza para una mujer sería molesta, incluso dolorosa. Las patas de los lobeznos son suaves y almohadilladas, mientras que las de los rumiantes tienen duras pezuñas con las que patalean al menor susto. Pero además de las indudables ventajas a la hora de ser amamantados, los lobos presentan otras ventajas cruciales para la convivencia con las tribus del Paleolítico.

Los lobos poseen un instinto social y jerárquico que les ayudaría a integrarse en un grupo también social, y con una escala jerárquica. Son menos tímidos que los rumiantes, permanecerán cerca de las personas en vez de tender a la huída. Los lobeznos poseen unos hábitos higiénicos innatos por lo que tienden a salir fuera de los cubiles para hacer sus necesidades a partir de los tres o cuatro meses de edad ( por increíble que les parezca a muchos desesperados dueños de perros con un transtorno de conducta, de eliminación en este caso), al contrario que los rumiantes, que defecan donde les apetece y muchas veces al día.

Los cánidos aprovecharían para su alimentación cualquier resto de la comida de los humanos, mientras que alimentar un herbívoro con la cantidad de forraje que necesita, en plena época glacial y con todo cubierto de nieve, sería un auténtico problema logístico. Otra ventaja es la ayuda que sus ladridos supondrían como advertencia de posibles peligros, de la presencia de fieras o tribus enemigas. Y otra ventaja, no menos importante para considerar es el tamaño. Un lobo-perro se acurruca en cualquier rincón, sin estorbar. Los ainus, población de origen caucásico que habitaban la isla de Hokkaido, al norte del archipiélago del Japón, capturaban un osezno al que amamantaban y criaban en familia hasta que tenía un año, cuando el tamaño del animal le volvía incómodo para la convivencia, incluso peligroso, momento en el que se le sacrificaba ritualmente para después comer su carne.

Subespecies de lobo y origen de las razas caninas

El lobo es un animal sumamente adaptable a diferentes climas y temperaturas, habiendo colonizado toda clase de biotopos, desde los hielos árticos hasta los desiertos de Arabia. Se reconocen 32 subespecies de lobo repartidas por todo el Hemisferio Norte. De algunas de estas subespecies van a surgir los troncos básicos de donde proceden todas las razas caninas.

En el Mesolítico y en el Neolítico el hombre ya ocupa asentamientos estables y ha comenzado a domesticar ganado y a cultivar plantas. Los fósiles de perro presentan ahora diferencias notables de tamaño y constitución física. Los suizos fueron los pioneros en describir estos grupos de perros primitivos, al estudiar la cultura de los palafitos que se desarrolló a la orilla de los lagos alpinos. En el Museo de Historia Natural de Berna existe un departamento: la Fundación Canina Albert Heim, en honor al doctor Heim, veterinario y cinólogo, donde se trata de la anatomía comparada, con un importante fondo de restos fósiles caninos.

-en 1862 Karl Luwdig Rütimeyer describió el Canis lacustris, más tarde rebautizado como Canis familiaris palustris, al que se conoció como el “perro de las turberas”, por hallarse sus restos en los lagos suizos y turberas de Dinamarca.

en 1878 Woldrich describió el Canis familiaris intermedius, de la Edad del Bronce, en Austria. 

-en 1901 Studer hizo una clasificación y describió al Canis familiaris intermedius y al canis familiaris inostranzewi, de yacimientos de la Edad del Bronce en Checoslovaquia (2.000-3.000 a.C.).

Aparecen restos por toda Europa: Dimitri Anuschin describe C.f. inostranzewi  en 1915, en Rusia;  Alois Jeitteles describe C.f. metris-optimae en 1958, en Austria; Joachim Boessneck en 1962 describe restos de ocho perros en el yacimiento de Seeberg-Burgäschisse-Süd, en Suiza. En España Jesús Altuna, en 1972, describe restos de C.f. inostranzewi y de C.f. intermedius en Marizulo…

En 1963 Frederik Zeuner, en su libro A History of Domesticated Animals estableció una primera clasificación con los diferentes tipos de perros prehistóricos. Mas tarde Soichi Tanabe, tomando como base la de Zeuner y con una base mucho más científica propuso una nueva clasificación a partir de las diferencias que encontró al investigar, mediante electroforesis, dos enzimas de la sangre: LAP (Leucín-aminopeptidasa) y GPI (Glucosa-fosfatoisomerasa), y variantes de la Hemoglobina (el pigmento de los glóbulos rojos), a lo largo de los años 1974, 1977 y 1978. Sus conclusiones fueron las siguientes:

-hay un grupo de razas, en el eje Norte de China-Corea-Sur del Japón, con diferencias genéticas marcadas respecto a los perros europeos…excepto el Dálmata, raza por otra parte con un metabolismo un tanto peculiar: es el único perro que puede padecer “gota”.

 

Perros akita inu

           Akita Inu (o perro de Akita), la variedad americana, con hocico negro

-que los perros del Norte de Japón (islas Hokkaido y Kuriles) tienen similitudes genéticas con los del Sur de China (Taiwan), Este de La India (Bangladesh) y algunos europeos. Curiosamente esta “isla” de perros diferenciados a los del resto de Japón coincide con la distribución de los ainus (a los que mencioné por su captura y cría de cachorros de oso), población de rasgos caucásicos similares a los europeos: piel blanca, ojos claros, muy velludos, ausencia de rasgos mongoloides como el pliegue epicántico y de origen incierto, que vivían aislados en Hokkaido y Kuriles, rodeados de pueblos mongoloides y separados por miles de kilómetros de las poblaciones caucasoides más próximas.

Tanabe, como buen japonés, añadió a la clasificación de Zeuner el grupo de los perros japoneses y tomando como punto de partida las subespecies de lobo diseñó el árbol genealógico del perro:

-lobos del norte: o Canis lupus lycaon, que daría origen al “perro de las turberas”, antepasado de las razas tipo Spitz: de orejas tiesas y colas enroscadas (nórdicos, Chow-Chow, terriers, etc), los “lupoides” que decía Konrad Lorenz.

lobo chino:Canis lupus chanco, que daría origen a los perros del Norte de China, Corea y japón.

lobo de Arabia:Canis lupus arabs, que daría origen a los cuatro troncos básicos de las razas europeas y asiáticas:

*Canis familiaris metris-optimae, antecesor de los perros ovejeros.

*Canis familiaris intermedius, antecesor de los perros “bracoides”: Spaniels, sabuesos, etc

*Canis familiaris leinieri, antecesor de los “graioides”: galgos, lebreles, etc

*Canis familiaris inostranzewi, antecesor de los molosos y de nuestro mastín.

Ahora bien, según el índice total de subespecies del lobo citadas por el historiador y naturalista Ramón Grande del Brío en su obra El lobo ibérico, las citadas por Tanabe no serían las correctas. El canis lupus lycaon, supuesto antepasado del “perro de las turberas”, es una subespecie que habita tan sólo la costa atlántica de Norteamérica. La subespecie presente en el norte de Europa y Asia es el Canis lupus lupus. En cuanto al lobo chino, Canis lupus chanco, Grande del Brío no menciona a esta subespecie, sino al Canis lupus laniger, presente en el norte de China y Mongolia.

Y en cuanto al lobo de Arabia, la distribución del Canis lupus arabs se limita a una pequeña zona montañosa en el sudoeste de la península arábiga, en Yemen. La subespecie de lobo presente en todo Asia Menor, desde el Mediterráneo hasta La India, es el Canis lupus pallipes.

El lobo de La India como antepasado de los perros europeos

Posiblemente el supuesto origen de los perros tipo Spitz a partir de lobos nórdicos no sería verdad si tomamos como referencia las investigaciones sobre genética de Robert Wayne. Tanabe, siguiendo a Zeuner, pone a los Spitz en un grupo aparte, descendiente de los lobos del norte pero, si bien es cierto que halló diferencias genéticas entre los perros japoneses que demuestran un origen distinto, no las encontró, porque no las hay, entre los Spitz y el resto de las razas europeas. Según Robert Wayne, de haber una cierta lejanía en el origen las diferencias genéticas serían evidentes y, volvemos a insistir, el caso es que no existen tales diferencias.

Ahora es cuando parece que todo va encajando: tenemos una subespecie, una zona y una época.

-Una subespecie, el Canis lupus pallipes o lobo de La India, del grupo de los lobos rojos, de menor tamaño que los europeos al vivir en regiones más cálidas. Más “interactivo” con el hombre: existen varios casos reales y bien documentados, de niños adoptados y criados por lobos salvajes en La India, al estilo de Mowgly, el protagonista de El Libro de la Selva. Y ningún caso documentado en Europa, quitando mitos como el de Rómulo y Remo. Para colmo, no aúlla sino que emite ladridos cortos…el candidato idóneo para la impregnación.

-Una zona, Oriente Próximo, cruce de caminos y punto de partida desde donde se difunden hacia Asia y Europa los Homo sapiens procedentes de África. Zona con abundante presencia humana y de Canis lupus pallipes desde los tiempos más remotos.

-Una época, finales del Neanderthal y comienzos del Cro-Magnon, hace unos 40 ó 50.000 años, lo que está ya más cerca de los cálculos de Robert Wayne.

Tenemos todos los ingredientes para que la mayonesa salga buena: pudo adaptarse a nosotros una subespecie de lobo más susceptible para la domesticación que otras, en una zona crucial y en un momento en que el hombre de Cro-Magnon comienza a expandirse adoptando y llevando con ellos sus proto-perros por toda Europa…lagos suizos incluídos, dando origen entre otros al famoso “perro de las turberas” y, entre otros muchos más, a nuestro querido mastín.

Pero el cómo van surgiendo las razas caninas…ése es un tema para otra entrada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Berlín, otra visión

 

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               Ante el antiguo Checkpoint Charli, punto de intercambio de espias

Tuve la oportunidad de conocer Berlín en dos ocasiones, en los años 2009 y 2010. Ambas  estancias fueron cortas, pero la impresión fue muy buena. Excepto  la Isla de los Museos y poco más, Berlín no es una ciudad llena de monumentos, al estilo de París, de Roma o de Viena. Me gustó sobre todo por  ser una ciudad agradable de vivir, amable en general, dinámica, con muy “buen rollo”.

Y además, muy barata. Tras la 2ª  Guerra Mundial, Berlín quedó arrasada a consecuencia de los bombardeos aliados y de la artillería soviética utilizada para su rendición. El hecho de ser la capital de la Alemania nazi la hizo “merecedora” de semejante castigo. Al ser dividida en dos partes, el sector Oeste bajo control aliado se benefició de las ayudas del Plan Marshall y pudo ser reconstruida con cierta rapidez. Pero el sector Este, bajo control soviético, siguió en su mayor parte reducida a solares y edificios en ruinas.

Tras la caída del Telón de Acero y la reunificación de las dos Alemanias, el gobierno se encontró una ciudad en mal estado y bastante despoblada. Se empezó a motivar a los jóvenes para vivir en el sector Este con una política de precios muy baratos en la vivienda, tanto en compra como en alquiler. A día de hoy y pese a la evolución del mercado, los precios siguen siendo muy bajos,  auténticos “chollos” en comparación con los de, por ejemplo, Madrid, o el resto de Alemania.

La consecuencia es una ciudad muy joven y, además, con un flujo internacional de artistas de todos los colores. Berlín siempre fue la capital cultural de Alemania. Ya antes de la 2ª Guerra Mundial había más de cien cabarets, pero actualmente está plagada de galerías y con un mercado artístico en plena ebullición.

Uno de los lugares “artísticos” (entre comillas) más conocidos, visitados por todos los artistas y los turistas en general era el Kunsthaus Tacheles, o el Tacheles, a secas, en la Oranienburger Strasse.  Fue ocupado y dirigido por un grupo de artistas en 1990, en un almacén a punto de demolición creando un centro alternativo. Al comienzo fue tolerado por el ayuntamiento de Berlín ofreciendo una imagen de espacio transgresor lleno de artistas jóvenes e imaginativos, pero al final era más un parque temático para turistas que otra cosa.

Desde luego, había que verlo, como uno de los sitios más conocidos de Berlín. Pero recuerdo sus escaleras y largos corredores, donde se abrían los estudios, como un lugar que apestaba a orines y a humedad, con las paredes saturadas de grafittis, en una especie de “horror vacui”. Y sus antaño “jóvenes rebeldes” más que madurado, habían envejecido, ofreciendo en sus estudios arte del malo (ésa fue mi impresión) y souvenirs en forma de camisetas y cuadritos, cual vulgares tiendas de recuerdos.

En 1988 un grupo de inversores lo compró al ayuntamiento con la idea de hacer un hotel de lujo pero quebró antes. A su vez se lo compró después el banco HSH Nordbank, que también se arruinó. En Junio del 2011 un tribunal ordenó su desalojo, pagando indemnizaciones por un millón de euros al emblemático Bar Zapata y otros bares situados en los bajos, cerrando en Septiembre de 2012 excepto una pequeña zona. La idea del ayuntamiento, dicen, es hacer un centro cultural. Pero sus 1.200 metros cuadrados son todo un caramelo en un barrio que, paradójicamente, el Tacheles ayudo a revalorizar.

Pero Berlín tiene mucho más, aparte del Tacheles. De sus sectores, el barrio más bonito sin duda es Mitte (=el “de en medio”, en otras ciudades alemanas al centro se le llama Zentrum), junto a la Isla de los Museos, en el río Spree. El mejor conservado y el más atractivo, pero Berlín bulle de vida en todos sus rincones.  Entre ellos el que más me gusta es el Mauerpark, un mercadillo callejero  lleno de animación.

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Para mí, que nací en El Rastro, disfruto paseando por lugares como éste, rebuscando en los puestos, regateando –sí, en Berlín también se regatea-, donde puedes encontrar de todo, siempre llenos de gente, en plena actividad. Además puedes recorrer la ciudad en bicicleta (son muy respetadas) e incluso de madrugada la sensación es de completa y total seguridad.

Para nosotros otra ventaja añadida: no es necesario saber alemán. El gran flujo de españoles e hispanoamericanos hace que en cualquier bar, restaurante o incluso en el Mauerpark te encuentras con gente que hable castellano, lo que hace más cómoda la estancia. Y en los pocos casos que no, todos los alemanes menores de 50 años te contestarán en inglés.

Mi hermano Miguel vivió en Munich algunos años. Profesor de alemán en la Escuela Oficial de Idiomas consiguió por fin el destino que buscaba: irse a Berlín. Trabaja actualmente como profesor de alemán en la Embajada de España. Estoy deseando devolverle la visita. El edificio fue un regalo que le hizo Hitler a Franco. De estilo neoclásico, está en un sitio precioso, en la Liechtensteinalle, en pleno parque de Tiergarten  (=jardín de los animales, el zoológico), muy cerquita de la Siegessäule, o Columna de la Victoria, la conseguida contra Dinamarca en 1864. Sobre la columna se alza un gran ángel dorado visible desde la Puerta de Brandemburgo. En realidad y pese a sus alas no es un ángel, sino Atenea Niké, la Victoriosa.

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La columna está enclavada en una rotonda, en el centro de la Strasse des 17 Juni. Milagrosamente se salvó de los bombardeos que sufrió Berlín durante la guerra y permaneció  intacta. Quién sabe si la propia Atenea Niké, símbolo de la victoria, quiso proteger aquel espacio de la ciudad, tan hermoso, tan tranquilo. Se puede subir por una escalera hasta un mirador donde contemplar el panorama. Allá a lo lejos  por la recta avenida, dirección Este, destaca la Puerta de Brandemburgo, símbolo de la ciudad, y una de las puertas principales del Muro de Berlín, uno de los checkpoint, donde unos y otros intercambiaban  los espías capturados. Se puede pasear por la Strasse des 17 Juni  pero la mejor forma de disfrutar del lugar y del espeso arbolado del Tiergarten es, sin duda, recorrerlo en bicicleta.

Si seguimos por la avenida hacia el otro lado, hacia el Oeste, y ya saliendo del parque de Tiergarten llegamos al residencial distrito de Charlottenburg. Allí nos encontraremos el flamante Estadio Olímpico que Hitler inauguró para los Juegos Olímpicos de agosto de 1936, y como demostración al mundo del creciente poderío de la Alemania Nazi.

El constructor fue Albert Speer, arquitecto jefe de Adolf Hitler al que el Führer admiraba y respetaba. Realizó otros edificios emblemáticos, como el de la Cancillería (Hitler acabó suicidándose en su bunker) o el fastuoso Campo Zeppelin, en Nuremberg, sede de concentraciones de miles de nazis enfervorizados ante los discursos de su Führer que, las cosas como son, sabía muy bien cómo hechizar a las masas con sus puestas en escena.

A tal punto disfrutó Albert Speer de la confianza de Hitler que, en los últimos años de la contienda, le nombró Ministro de Armamento y Guerra, logrando mantener un suministro abundante de armas pese a los reveses y la destrucción de fábricas. Juzgado en Nuremberg (pero no en “su” Campo Zeppelin sino en el Tribunal Militar Internacional) como colaborador de los nazis, aceptó la pena de veinte años que cumplió íntegramente en Spandau.

Precisamente, el único testigo español en los juicios de Nuremberg fue el fotógrafo Francisco Boix, prisionero en Mauthausen, que logró salvaguardar copias de los miles de fotos que se hicieron en el campo y demostró que Albert Speer, contradiciendo sus declaraciones, sí había estado en Mauthausen, y conocía por tanto el funcionamiento de los campos de concentración.

Los Juegos Olímpicos supusieron un triunfo para los atletas alemanes (y por supuesto para Alemania), muy bien preparados ante semejante responsabilidad, y que consiguieron la mayoría de las medallas de oro. La cineasta Leni Riefenstahl, propagandista oficial del régimen filmó, entre otras obras de ensalzamiento como El triunfo de la voluntad, en el Campo Zeppelin, y dedicada a los Juegos, la película Olympia, en alabanza a esta nueva generación de Übermenschen, de “superhombres”, concepto extraído del filósofo Nietzsche y su libro Así habló Zaratustra.

Pero hubo algunos detalles sombríos en estas Olimpiadas. La atleta alemana Gretel Bergmann, pese a igualar un mes antes el record nacional de salto de altura fue excluida del equipo. ¿La razón?: era judía. El equipo de fútbol de Perú ganó por cuatro a dos (y eso que le anularon tres goles) contra el equipo austriaco. Al final, la victoria fue concedida a Austria “por defecto”…

Pero la anécdota quizá más conocida la protagonizó el atleta de 23 años Jesse Owens, originario de Oakville, un pueblito de Alabama. Ganó cuatro medallas de oro: las de 100, 200 y 4 por 100 metros, y la de salto de longitud. Pero tenía un pequeño problema:  era negro. Hitler abandonó el palco presidencial antes de la entrega de medallas, supongo que bastante contrariado el hombre, por no tener que condecorar  a un Untermensch, a un “infrahombre”, capaz de adelantarse a sus superhombres. Aunque al pobre Jesse Owens le faltaron aún  humillaciones por sufrir en su país.

En sus memorias cuenta que, por primera vez en su vida, en Berlín compartió habitación con blancos, con los otros atletas norteamericanos. Al regresar a los Estados Unidos, volvió a verse obligado a viajar en autobús en los asientos de atrás: los asientos delanteros por ley estaban reservados a los blancos. Para colmo, el presidente Franklin D. Roosevelt no le invitó a la recepción que organizó para los atletas olímpicos en la Casa Blanca. Las elecciones estaban próximas y necesitaba los votos de los segregacionistas estados del Sur. Invitar a un negro, por muy campeón olímpico que fuera, hubiera estado mal visto…

Antes de la ascensión de Hitler y el nazismo al poder, y como uno de los factores que la ayudaron y desencadenaron, estuvieron las salvajes revueltas en 1918. Por una parte, el ejemplo de la triunfante Revolución Rusa en Febrero de 1917, que se mostraba como un espejo en el que mirarse, como un ejemplo a seguir para las siempre sufridas clases trabajadoras.

La Gran Guerra iba tomando un derrotero cada vez peor. En Octubre del 18 la Flota de Alta Mar recibió la orden de lanzar un ataque final contra Inglaterra, lo que llamaron de El Paseo de la Muerte.  El 3 de Noviembre, en Kiel, 40.000 marineros y estibadores tomaron las calles. En un mes desertaron 4.000 soldados… En Berlín se formaron comités de obreros, soldados y marineros, pidiendo la dimisión del káiser Guillermo II.

La derecha, desesperada,  intentaba organizarse. El SPD (Partido Social Demócrata) se escinde. Los líderes socialdemócratas desprecian a los obreros, se van acomodando a la burocracia y congenian con el Alto Mando. Parte de sus militantes lo abandonan y se va al KPD (Partido Comunista de Alemania). Dentro del KPD los más radicales fundan el Spartakusbund, la Liga Espartaquista, bajo el mandato de sus líderes, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg.

La situación se deteriora y se radicaliza cada vez más. El SPD recurre a militares fieles y, sobre todo, a sus fuerzas de choque, el Freikorps, paramilitares de extrema derecha. Los enfrentamientos entre los espartaquistas y los del Freikorps acaban desencadenando violentas  batallas campales y llenan Berlín de barricadas desde donde se intercambian disparos. Todos luchan pensando que es su última oportunidad.

El 15 de Enero de 1919 el SPD consiguió dominar a los espartaquistas, que no han podido o no han sabido formar un frente común con los soldados y arrestan a la mayoría. Entre los detenidos están sus  líderes, Karl Liebknecht y a Rosa Luxemburg.  Karl fue ejecutado inmediatamente en las dependencias del SPD, de varios disparos. A Rosa Luxemburg le machacaron la cara y el cráneo a culatazos…

El Berlín que yo conozco es un Berlín amable, juvenil, artístico, barato… muy agradable en suma. Se puede pasear en bicicleta, pero también se puede pasear en barca. El Landwehrkanal es un bucólico canal, entre árboles, que atraviesa la ciudad de este a oeste. Sale del río Spree en Osthafen, distrito de Friedrischhain y, haciendo una suave curva hacia el sur, cruza Kreuzberg, bordea Tempelhof, y vuelve a subir por Tiergarten hasta llegar otra vez al Spree, en Charlottenburg.

En el Landwehrkanal encontraron flotando el 31 de Mayo de 1919, a los cuatro meses y medio de su asesinato, el cadáver descompuesto y casi irreconocible de Rosa Luxemburg. Una plaza de Berlín y una estación de metro la recuerdan. Casi un mes antes, el 3 de Mayo, las fuerzas gubernamentales consiguieron derrocar lo que se había constituido como la República Soviética de Baviera. Justo en la capital de Baviera, en Munich, un tal Adolf Hitler, ex cabo del ejército, artista frustrado, rechazado por la Academia de Bellas Artes de Viena, comiendo en la capital austriaca de la caridad de los comedores sociales, comenzó su imparable carrera.

Inspirado en la Marcha sobre Roma de Benito Mussolini, el 8 de Noviembre de 1923, a las 20’30, irrumpió en la cervecería Bürgerbräukeller, una de las más grandes de Munich, donde el gobernador de Baviera, Gustav Von Kahr pronunciaba un discurso ante tres mil personas. Hitler cercó la cervecería. 600 miembros de sus SA (Sturmabteilung = sección de asalto, precursoras y eliminadas la Noche de los Cuchillos Largos por las SS, las Schutzstaffel= compañías de defensa) bloquearon las puertas. Le acompañaban elementos que luego serían bien conocidos: el jovencísimo Heinrich Himmler, Hermann Göring, Rudolf Hess… Hitler se subió a una mesa y disparó un tiro al techo gritando: “¡La revolución nacional ha comenzado!”…(¿no os recuerda a un tal Tejero?).

Arte social. John Heartfield 2

Fotomontaje de John Hearthfield titulada El Führer traga oro y suelta mierda 

Tras dos días de disturbios en Munich fueron detenidos, y Hitler condenado a cinco años en la cárcel de Landsberg, de los que sólo cumplió nueve meses, que aprovechó entre otras cosas para escribir su famoso libro Mein Kampf: “Mi Lucha”. Tras el Putsch de Munich, la revolución nazi había comenzado. El 30 de enero de 1933, Hitler fue nombrado Canciller de Alemania.

Sin duda, eran tiempos revueltos. Muchos, y no sólo los judíos, se debían sentir bastante incómodos entre tanta violencia. En 1929 un dentista berlinés, Friedrich Ritter junto a su amante Dore Strauch, huyeron de sus respectivos cónyuges y de Berlín yendo a establecerse, cual protohippies, a la deshabitada isla Floreana, antes conocida como Santa María, del archipiélago de Las Galápagos, donde fundaron una granja y en la que vivían libres y semidesnudos.

No sé por qué escogieron tan remoto lugar. Supongo que querían irse lo más lejos de todo aquello y empezar de nuevo. Me los puedo imaginar hablando en privado y buscando en mapas algún lugar remoto, lo más alejado posible que hubiera de Berlín para comenzar una nueva vida, sonriéndose y con los ojos llenos de esperanza. Hay una filmación que podéis encontrar en Google donde se ve a Ritter con tan sólo un calzón y cara de felicidad, caminando junto a un burrito cargado con bultos y una pala,  o bañándose en un caño.

No les duró mucho la tranquilidad. Otra familia alemana con hijos les siguió estableciéndose en la isla, con la que al parecer no se llevaban muy bien. Por si fuera poco y, tras ellos, se estableció en Floreana una excéntrica y violenta baronesa austríaca con sus dos amantes, un látigo y una pistola, con la que le gustaba disparar a menudo… Periodistas que querían entrevistar a los “Adán y Eva de Las Galápagos” y curiosos fondeaban a menudo en Floreana para verles. La historia acabó con tiros y asesinatos. Uno de los novios de la baronesa apareció al cabo de las semanas muerto, dentro de una barca. Ritter murió, al parecer, tras comerse un  pollo envenenado. Dore Strauch se volvió al poco tiempo a Berlín. Seguramente pensó que, ya puestos a escoger y al lado de Berlín, su “paraíso” de la isla Floreana tampoco tenía tanto de idílico.

 

Prisciliano. ¿Quién está enterrado en Compostela?

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Nuestras sombras. Siempre de Este a Oeste, siempre con el sol a las espaldas

Sostienen los heterodoxos que en la cripta de la Catedral de Compostela no está enterrado el Apóstol Santiago, sino Prisciliano. Decía Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler: 

Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira, más gente la creerá

El que, siglo tras siglo, una idea o creencia se mantenga, perpetuada por aquellos que se copian unos a otros sin plantearse apenas variaciones no revalida nada, pero se convierte en materia de fe, que consiste en creer aquello que nadie puede demostrar. La Historia está plagada de casos.

Los exégetas la defienden con ardor, ardor guerrero incluso, pero históricamente la figura del Apóstol Santiago no es más que un cúmulo de leyendas. Dicen, se supone, nos cuentan que, en vida, llegó incluso a predicar en España. Que descorazonado por el poco caso que aquí se le hacía, se le apareció milagrosamente en Zaragoza la Vírgen María en persona, encima de una columna por más señas, lo que daría origen a “La Vírgen del Pilar”, patrona de Zaragoza y de España entera. Que de regreso a Judea, fue martirizado y decapitado y que, milagrosamente de nuevo y a bordo de una barca de piedra que navegaba sola, atravesó todo el Mediterráneo y las Columnas de Hércules hasta llegar a Galicia. En concreto hasta Iria Flavia, la actual Padrón, donde unos fieles le enterraron tierra adentro.

 

Camino Santiago y Pirineos-06 039

                                              Con mi amigo Killian, frente a la catedral

Que, en el Siglo VIII, un eremita de la zona llamado Pelagio viese luces por el campo, que un obispo llamado Teodomiro le escuchase, y que un rey batallador llamado Alfonso, por otro nombre El Casto le diese crédito, no significa mas que le daba argumentos para combatir contra los sarracenos, en unos tiempos que aún nadie llamaba Reconquista.

Prisciliano

Que Prisciliano existió históricamente está demostrado con numerosos testimonios. Gallego de nacimiento, obispo de Ávila y predicador de creencias gnósticas, de las que abundaban en todo el orbe cultural grecoromano, desde Hispania hasta Asia Menor. En los comienzos del cristianismo más de doscientas sectas diferentes se extendían por cada comunidad cristiana, con nombres que hoy nos suenan extraños pero que estaban muy bien definidas y, bajo las cuales y en aquellos tiempos, se agrupaban múltiples ideologías, enfrentadas unas a otras: agapetas, basilianos, maniqueos, carpocracianos, felicianos, adamitas… y unas doscientas más.

En el Epitoma Chronicon de San Próspero de Aquitania se nos cuenta que…(en el año 379) bajo el consulado de Ausonio y de Olybrio comenzó a predicar un discípulo de los agapetas llamado Prisciliano, natural de Galicia… Por otra parte un testigo de la época, Sulpicio Severo en su obra Chronicorum Libri Duo (también conocida como Historia Sacra) nos lo describe como perteneciente a una familia aristocrática, muy rica, lo que le había permitido adquirir una gran cultura. Más personalmente nos lo describe como:

atrevido, facundo, erudito, muy ejercitado en la declamación y en la disputa; feliz, ciertamente, si no hubiese echado a perder con malas opiniones sus grandes dotes de alma y de cuerpo. Agudo e inquieto, habilísimo en el discurso y la dialéctica. Velaba mucho, nada codicioso, sumamente parco y capaz de soportar el hambre y la sed. Pero con estas cualidades mezclaba gran vanidad, hinchado con su vana y profana ciencia, puesto que había ejercido las artes mágicas desde su juventud….

Prisciliano propugna el rechazo a la unión de la Iglesia con el estado imperial, y a la corrupción y el enriquecimiento de las jerarquías eclesiásticas. Los obispos peninsulares se dividen ante sus planteamientos. Dos de ellos, Salviano e Instancio consiguen elevarle a la sede episcopal vacante de Ávila. Otros se convierten en enemigos suyos a muerte: Higinio de Córdoba e Hidacio de Mérida escriben una carta a Ambrosio, obispo de Milán, donde se encontraba la corte imperial, consiguiendo la excomunión de Prisciliano.

Pero el enemigo más feroz es Itacio, obispo de Ossonoba (la actual Faro, al sur de Portugal). En su Apologetica atribuye sus conocimientos de magia y astronomía a Marcos de Memphis (Egipto), creador en España de la secta de los agapetas, gnóstico y seguidor de las doctrinas del esclavo persa Manes, fundador del maniqueísmo, creencia dualista (bien frente al mal, luz frente a la oscuridad, Belcebú frente a Dios, etc), acusaciones que Prisciliano rebate constantemente frente a sus acusadores. Itacio, de hecho, en su campaña personal llegó a Tréveris antes que Prisciliano, “calentando” el ambiente y consiguiendo la condena de éste. No debía ser el tal Itacio trigo limpio. Sulpicio Severo define a Itacio como: …osado, parlanchín, desvergonzado, suntuoso, demasiado proclive al vientre y a la gula…

Prisciliano gana adeptos en toda España con un credo abierto al que se adhirieron gentes de todas clases y sobre todo, ¡peligro!, mujeres, a las que admitía en sus grupos. Pero en un momento tan convulso como fue el Siglo IV y  bajo una iglesia cristiana cada vez más fuerte y protegida por el Imperio Romano, que quiere controlar a todos aquellos herejes, Prisciliano resultaba cuanto menos incómodo, si no peligroso.

Catalizó la tradición céltica precristiana, que aún se mantenía de “tapadillo” en su Galicia natal, con sus cultos druídicos de adoración a la naturaleza, junto a tradiciones arcanas de Oriente. Los que le critican nos dan la pista. Uno de sus detractores, el Padre de la Iglesia San Jerónimo, redactor de la biblia Vulgata, en su Ad Ctesiphontem adversus Pelagium, llama a Prisciliano: Zoroastris magi studiosissimum (“estudiosísimo de la magia de Zoroastro”), lo que nos da una pista de sus conocimientos de las religiones orientales. Otros le acusan a él y a sus discípulos de permitir a las mujeres asistir a sus lecciones. Les critican, concretamente, y causa cierto estupor el escándalo, por ayunar, por celebrar ritos en las cavernas y en los montes, por dejarse el pelo largo o por caminar descalzos… Aún dos o tres siglos después el hecho de caminar descalzo o el “ser gallego” (tal cual), era motivo sospechosísimo que te podía llevar ante un tribunal de la Inquisición o ser añadido como agravante.

Confiado en su inocencia y con el propósito de revocar su edicto de excomunión, Prisciliano se dirigió con un grupo de fieles hasta Tréveris, ciudad en el noroeste de Alemania. En Tréveris el general romano de origen hispano, Magno Clemente Máximo, gobernador militar de Britania, se ha rebelado cruzando a las Galias derrotando y asesinando a Graciano, emperador de Occidente, proclamándose a su vez emperador. Su “jefe” y emperador de Oriente, Teodosio, aceptó a regañadientes y le cedió el mando de la parte occidental del imperio. Sabedor Clemente Máximo de su situación de inestabilidad, procura atraerse el apoyo de la Iglesia Católica. Ésta a su vez necesita el apoyo institucional para enfrentarse a las numerosas sectas que proliferan en el imperio. Sólo en Occidente se cuentan por decenas: arrianos, rigoristas, binionitas, patripasianos, novacianos, nicolaítas, ofitas, maniqueos, agapetas, homuncionitas, catáfragos, borboritas… y los propios priscilianistas.

En este marco de guerras civiles y sus alternancias de poder dentro del Imperio Romano, con un emperador de Occidente católico y ultra ortodoxo como era Máximo, y una iglesia recelosa de la popularidad y la heterodoxia de Prisciliano, éste fue acusado en Tréveris, entre otras cosas, de maleficios, de utilizar hierbas abortivas, de orar desnudo, de conciliábulos con danzas nocturnas y de otros graves pecados.

Pecados inventados o, mejor aún, confesados al final bajo tortura, donde hasta el más valiente admite todo lo que le digan sus torturadores. En un proceso rápido y casi de tapadillo, y en lo que fue la primera condena por herejía, Prisciliano fue decapitado en el año 385 junto con seis de sus seguidores. Las reacciones de protesta fueron numerosas e inmediatas en toda la cristiandad, de entre ellos personajes tan poco sospechosos de simpatías priscilianistas como San Martín de Tours o San Juan Crisóstomo en Oriente que declara: …condenar a muerte a un hereje sería desencadenar en la tierra una guerra sin cuartel… (¡ni se imaginaba la reacción de la Iglesia en los siglos posteriores!), e incluso el Papa Siricio….pero en aquellos tiempos el único medio de comunicación era mediante cartas, muy lentas en llegar, y para entonces el enemigo ya había sido eliminado. Tres años más tarde, en el 388, el emperador Teodosio que no ha olvidado la traición, derrota y decapita a Clemente Máximo y condena a los que condenaron a Prisciliano. El propio obispo de Ossobona, Itacio, es excomulgado y deportado en el año 389 por su implicación en el juicio.

¿Qué quedó de Prisciliano?. Pues que pese a las contínuas condenas y admoniciones por parte de la jerarquía eclesiástica, el priscilianismo siguió extendiéndose y practicándose por toda Hispania desde su centro gallego, de una forma más o menos encubierta durante varios siglos más, aprovechando que los suevos conquistan Galicia en el año 409 y les libran de los controles del Imperio Romano. La Iglesia, no obstante, sigue condenando siglo tras siglo los “errores” priscilianistas, señal inequívoca de que seguía latente. Todavía en el IV Concilio de Toledo, en el año 633, los obispos allí reunidos condenan los dogmas de Prisciliano..

Que Prisciliano seguía molestando, y mucho, lo demuestran las actas del Primer Concilio de Toledo, celebrado entre los años 397 y 400, doce años después de la eliminación del “hereje”. Los diez y nueve obispos reunidos para la ocasión condenan, en primer lugar, el priscilianismo. Obviamente seguía latente y tan preocupante como para obligarles a celebrar un Concilio. Aprovechan también para reafirmarse en lo que se ha acordado en el Concilio de Nicea, celebrado en el año 325, y uno de cuyos controvertidos dogmas es el del “misterio de la Santísima Trinidad”. A tal fin, se instaura el rezo del Credo (en latín: “yo creo”). Durante el Concilio de Toledo el obispo Sinfosio escribe, literalmente:

Condeno, juntamente con su autor, todos los libros heréticos y en especial la doctrina de Prisciliano, según acaba de ser expuesto, donde se afirma que escribió que el Hijo de Dios no puede nacer…(opinión contraria al dogma de Nicea).

En el año 567 y en el Concilio de Braga, se insiste en sus diez y siete cánones contra la, se supone que resistiendo contra viento y marea, herejía priscilianista. Entre otras:

si alguno niega que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas, de una sola substancia, virtud y potestad, y sólo reconoce una persona, como dijeron Sabelio y Prisciliano, sea anatema.

si alguno introduce otras personas divinas fuera de las de la Santísima Trinidad, como dijeron los gnósticos y Prisciliano, sea anatema.

si alguno cree, con los paganos y Prisciliano, que las almas humanas están sujetas fatalmente a las estrellas, sea anatema.

si algún clérigo o monje vive en compañía de mujeres que no sean su madre, hermanas o próxima parienta, como hacen los priscilianistas, sea anatema.

si alguno afirma, al modo de Prisciliano, que los doce signos del Zodiaco influyen en las diversas partes del cuerpo y están señalados con los nombres de los patriarcas, sea anatema.

si alguno lee, sigue o defiende los libros que Prisciliano alteró según su error, bajo los nombres de patriarcas, profetas y apóstoles, sea anatema.

Como curiosidad, el 2º Concilio de Toledo, de los diez y ocho que se convocaron, se celebró 127 años después del primero. Pero en éste primer Concilio, y como demostración de que eran otros tiempos, bastante machistas (de ahí el escándalo de que Prisciliano admitiese mujeres en sus ritos), permitidme tan sólo citar un par de “perlas”:

Cánon VII: …que el clérigo cuya mujer pecare (obviamente se casaban), tenga potestad de castigarle sin causarle la muerte (describe tenerla atada y someterla a ayunos y azotes), y que no se siente con ella a la mesa…

Cánon XVII: …que sea privado de la comunión aquel (clérigo) que teniendo ya esposa tuviere también concubina…

Pero, volviendo a Prisciliano. Tres años tras la ejecución y ya restaurada la normalidad bajo Teodosio, un grupo de seguidores fue autorizado a rescatar sus restos de Tréveris. Bajando el río Mosela y después el Rin, navegaron hasta Galicia donde le dieron sepultura. Seguía siendo, aún después de muerto, una “figura” incómoda, no consta públicamente dónde le enterraron y posiblemente fue una ceremonia, si no clandestina, bastante restringida. En todo caso no muy lejos de donde le desembarcaron. Y, ¿dónde desembarcaron sus restos?. Pues precisamente en Iria Flavia, actual Padrón (a una jornada de Compostela), donde justo la tradición cristiana posterior sostiene que apareció, milagrosamente transportado en su barca de piedra, el cuerpo del Apóstol Santiago, casual y curiosamente decapitado, al igual que Prisciliano.

Los escritos de Prisciliano fueron cuidadosamente expurgados y quemados sus libros. Se condenaba a aquellos que guardasen textos priscilianistas aunque, como ya hemos visto, debieron de quedar algunos cuidadosamente ocultos para mantener y difundir su doctrina. Oficialmente, desaparecieron todos. Pero en 1885 el erudito alemán Georg Schepps encontró en la biblioteca de la Universidad de Würzbourg, en Baviera, once opúsculos en un códice datados por los expertos como de finales del Siglo V y con evidentes caracteres de escritura española, con hermosas letras unciales. Consta de diez y ocho cuadernos que contienen en todo 146 hojas que reproducen textos de Prisciliano y de sus seguidores. En ellos aparecen parte de sus doctrinas y poemas místicos. Los tres más interesantes (para los estudiosos o teólogos al menos): el  Liber Apologeticus, Liber as Damasum episcopum y el Liber de fide et de apocryphis.

Cuenta el escritor Fernando Sanchez Dragó (al que la figura de Prisciliano le apasiona) que, hace muchos años, y hablando con un anciano aristócrata gallego, éste le contó que hacía también muchos años, un cantero gallego le confesó, llorando, un secreto. En unas obras llevadas a cabo en la cripta de la Catedral de Compostela descubrieron sobre la supuesta tumba de Santiago una lápida donde se podía leer el nombre de Prisciliano. El obispo le ordenó destruirla a mazazos. Así se construye -o destruye- la historia.

La pregunta es, de nuevo: ¿quién está enterrado en Compostela?.

Camino Santiago y Pirineos-06 026

Fin del camino en Finisterre, como mandan los cánones. Donde acaba la tierra, donde se pone el sol.

 

El mastín y la Mesta de Castilla

 

 

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Esta entrada del blog en realidad es un capítulo que, a su vez, forma parte de un trabajo aún pendiente de publicación sobre el mastín: El mastín español. Historia de un compañero, que presenté a un certamen convocado por la Real Sociedad Canina en 1998, y en la que tuve el honor de ganar el segundo premio, en su categoría de razas españolas.

La Mesta es un capítulo tan importante en la historia de Castilla, tanto por la riqueza generada como por la pujanza dentro de Europa, que numerosos autores han profundizado en el estudio de sus múltiples facetas, tales como el origen, desarrollo, economía, etc. De entre ellos destaca el norteamericano Julius Klein cuya obra: La Mesta. Un estudio de la historia de la economía española, 1273-1836, en la que empleó varios años de ardua investigación en diversos archivos, obra rica en información y lúcida en exposición, sigue siendo la “biblia” para todos los que han querido acercarse a lo que significó, para Castilla,  la cría de ovino y el comercio de la lana durante seis siglos.

Un apunte sobre Julius Klein, el pionero

La figura de Julius Klein es una rara avis, en el sentido que tuvo que ser un norteamericano y hace más de un siglo, el que se interesase por un tema, supuestamente tan importante para nosotros y que aquí nadie había tocado, o en todo caso muy de pasada. Licenciado en Historia y Literatura por Berkeley, fue becado por la Universidad de Harvard entre los años 1912 y 1914 para investigar en Europa. Y aunque consultó esporádicamente archivos de Francia, Gran Bretaña y Alemania, fue en España donde más tiempo permaneció… en una España todavía muy atrasada. Durante esos años se dedicó afanosamente a consultar legajos polvorientos en varios archivos, tales como los de Simancas o el de la Asociación de Ganaderos del Reino, que absorbió los de la Mesta de Castilla tras su disolución.

Su obra La Mesta…fue presentada como tesis en Harvard aunque no se publicó hasta 1920. Pero hubo de esperar a 1936 para ser traducida y publicada en castellano gracias a la Revista de Occidente, fundada y dirigida por Ortega y Gasset. Julius Klein aún hizo algún trabajo de investigación sobre Latinoamérica, aunque lo que pudo haber sido una gran carrera como investigador y docente quedó a un lado ante su nueva actividad, ésta vez como asesor político experto en temas económicos y latinoamericanos, en puestos cada vez de mayor responsabilidad.

Los conflictivos comienzos del pastoreo. Los antecedentes de la Mesta

Podemos resumir, en esencia, la importancia que tuvo la ganadería en la España medieval si tenemos en cuenta dos factores: el avance de la Reconquista y la escasez de población. Según avanzan las fronteras hacia el sur, la ganadería se impone como medio de explotación de unas tierras extensas y asoladas por la guerra, con constantes incursiones por uno u otro bando, por las frecuentes epidemias de peste y por largos periodos de sequía con la secuela de la hambruna:

-…la continuidad de guerras y alborotos impedía la labranza de los campos (Colmenares, “Historia de Segovia”, tomo I, pg. 445)

-…en este año (1301) fue en toda la tierra muy bien grand fambre, e los omes moríanse por las plazas e por las calles de fambre, e fue tan grande la mortandad en la gente, que bien cuidaran (calcularan) que muriera el cuarto de toda la gente de la tierra… (Crónica de Fernando IV, pg. 119)

…en el año de 1350 murió el mismo rey Don Alfonso (de la peste negra, en Algeciras). En esta peste que arrasó toda Europa y parte de Asia, España padeció infinito; tanto, que después del diluvio no hay noticia de semejante calamidad; de tres partes de la gente perecieron las dos; entonces se despobló España, y las tierras quedaron yermas, sin dueños y sin colonos…(Fernando Cos-Gayón, “La Mesta”, 1869).

-…en 1348 hace su aparición la peste negra; en tres años se lleva a un tercio de la población europea mientras que el clima sufre un descenso de la temperatura: los inviernos se prolongan, los ríos se hielan durante meses y los lobos entran en París…(Georges Minois, “Historia de los infiernos“).

-…Et quando el Rey ovo a salir de la tutoria, falló el regno mui despoblado, et muchos lugares yermos: ca con estas maneras muchas de las gentes del regno desamparaban heredades… (“Crónica de Don Alfonso el Onceno”, en 1325)

La agricultura precisa para su aprovechamiento de una población estable, cierta seguridad y el tiempo necesario para esperar las cosechas, y estas tres cosas en la Castilla medieval, de momento, son impensables. La ganadería ofrece la ventaja de que necesita menos mano de obra y, sobre todo, ofrece más movilidad. El pastoreo ya era practicado por los celtíberos, herencia de la cultura pastoril nómada de sus antepasados arios. Se limita en un principio a los mismos recorridos que hacían los celtíberos en lo que aún no se llamaba Castilla: en la cuenca del Duero, de la montaña a la llanura y de la llanura a la montaña, siguiendo el ritmo de las estaciones. Recorridos de pocos días, al estilo de la transterminancia que siguen practicando los pastores en los valles del Pirineo.

Pastoreo Pirineos

                                  Pastoreo estival en los valles del Pirineo

Pero, poco a poco, y superando sus crisis motivadas por las guerras o la peste, la población va aumentando, lo que conduce a que se van colonizando cada vez más tierras que comienzan a ser cultivadas. Esta corta trashumancia en los reinos de Castilla y León fue motivo de conflictos desde sus comienzos -y antes, como veremos- , al chocar los movimientos del ganado con el uso de las tierras por parte de los agricultores, conflictos harto frecuentes si consideramos las muchas veces que se intenta regular:

– en el año 504 se redacta el Código de Eurico, de unos 400 capítulos donde se recopilan las “mores” o costumbres, entre otras las del pastoreo. Su sucesor, el rey godo Sisenando lo amplía en el 603.

-Recesvinto aprovecha el VIII Concilio de Toledo, en el año 654, para redactar el Liber Iudiciorum (o Libro de los Jueces), más conocido como el Fuero Juzgo al ser traducido al castellano años después, y donde podemos leer: “autoriza el acceso, sin restricciones, del ganado a las tierras abiertas y su paso por carreteras públicas (“Fuero Juzgo”, Lib.VIII, tit.IV, ley 27).

-el Fuero de 974 autoriza a proceder contra quien se apodere del ganado.

Villas y ciudades, a partir del año 1000, redactan sus propios fueros bajo la aquiescencia de los reyes, en un intento de expansión de sus áreas de influencia y apacentar sus ganados:

-Alfonso I de Castilla, en 1088: …tomando debaxo su protección y amparo todos los ganados de Segovia y mandando que pudiesen pastar libremente sin que nadie se atreviere a oponerse a los pastores, prenderlos, montazgarlos (cobrarles impuestos) ni impedírselo…(Colmenares, Historia de Segovia).

-Salamanca redacta sus propios fueros para controlar los derechos de paso y pasto de los ganados foráneos. En los Fueros de Sepúlveda y Fresno, otorgados por Alfonso VIII en 1207, se prohibe labrar y poblar los lugares más alejados del término, los “extremos” (palabra que vamos a oir a menudo) reservándolos para sus pastos.

-El Fuero de Cuenca castiga con fuertes multas y la expulsión a los que se atrevan a arar dichos extremos: …”Qui exido de conceio laurrare, assí de uilla como de aldeas, peche LX marauedís al juez y a los alcaides y a los caualleros y dexe la heredat”…

Las tierras, a menudo, están en poder de la nobleza feudal y los monasterios, y contra estos dos poderosos estamentos chocan los concejos de los pueblos. El propio Cid Campeador actuó una vez de juez, en el año 1073, en un pleito entre el monasterio de Cardeña y el concejo de Orbaneja. Caballeros y modestos propietarios se reúnen varias veces al año para dirimir sus problemas. Son el germen de las “mestas” (uniones) locales de ganaderos y pastores. En estas mestas ya tenían derecho a voto cualquier propietario de 50 o más ovejas, fuesen estantes o trashumantes, tanto hombres como mujeres. Este democrático derecho al voto se mantuvo igual años después, ya bajo la protección de la poderosa Hermandad de la Mesta de Castilla, donde valía lo mismo el voto de una mujer con cincuenta ovejas que los conventos de Guadalupe o El Escorial, propietarios de rebaños con miles de cabezas.

La palabra “mesta” se utilizó en un principio con más exactitud para designar al ganado mesteño o descarriado, “mixto” o mezclado con otros rebaños. Los pastores se reunían en lugar y fecha prefijados para reconocer cada cual las suyas. Para evitar tentaciones, Alfonso XI de León, en 1229 dispone: …“guardar las mestas, no ocultarlas, venderlas ni mudarlas la marca”…

Pero son inevitables los conflictos entre los concejos con intereses pastoriles por el aprovechamiento de los pastos. Apenas conocido fue el enfrentamiento acaecido entre los concejos de Madrid y de Segovia, que no tuvo nada que envidiar a una película del Oeste. Durante casi cien años, entre los años 1200 y 1300 se sucedieron a ambos lados de la Sierra saqueos, destrucción de aldeas, robo de ganado y muertes, todo por unas hierbas fronterizas.

El caso más llamativo es el de Segovia, protegida en sus pretensiones por Alfonso VIII, por el Documento de las Cañadas, de 1208. Segovia avanza sobre las tierras de otros concejos, y el más perjudicado es el de Madrid, quedando ésta reducida casi a las tierras que rodean la villa (Elías Tormo, El estrecho cerco de Madrid, de la Edad Media, por la admirable colonización segoviana, en el Boletín de la Academia de la Historia, 1946).

Alfonso X intentó poner orden fundando en 1268 la villa de Guadarrama, poblada por segovianos, para arbitrar las competencias entre éstos y los madrileños (Diccionario geográfico, histórico y estadístico de España, de Don Pascual Madoz, S.XIX). Y ya que, pongamos que hablo de Madrid, el famoso emblema del Oso y el Madroño también tiene que ver con el tema: representa la solución salomónica que se encontró al litigio que se mantuvo durante veinte años entre el concejo y el cabildo. Los vecinos pudieron aprovechar los árboles y la caza, representados por la osa (es una osa y no un oso) y el árbol (un manzano, más que un madroño), mientras que el cabildo pudo aprovechar los pastos para sus ovejas (la hierba del suelo).

Las tensiones entre concejos de campesinos y pastores se iban haciendo tan frecuentes que, a ruegos de éstos y con el fin principal de regular los derechos de paso, los montazgos y portazgos (impuestos locales por derechos de paso), Alfonso X El Sabio funda el Honrado Concejo de la Mesta de Castilla, por los Privilegios de Gualda, el sábado 2 de Septiembre del año 1311 de la Era Hispánica, según consta en los documentos (año 1273 de la Era Cristiana).

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               Carta de confirmación de los privilegios de la Mesta por Enrique II

La Mesta

En esencia, la Mesta es un sindicato de ganaderos que se unen para protegerse, homologar el precio de la lana, evitar competencias en el arriendo de los pastos (y evitar que suban los precios), eludir los múltiples impuestos que debían pagar allí por donde pasaban sus ovejas y, muy importante, proteger la integridad de las “servidumbres de paso”, tupida red de caminos pecuarios, estimados en un total de 125.000 kilómetros, formados por:

-cañadas: vías principales, con una anchura fija de 90 varas castellanas, unos 76 metros.

-cordeles: enlaces entre cañadas, de 45 varas, unos 39 metros de anchura.

-veredas: caminos locales, de 23 varas, unos 19 metros

y que van a permitir la marcha de los ganados a “extremos” desde las sierras de origen.

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            Mapa de las principales cañadas de la Mesta y sus áreas de invernada

No es éste el lugar para extenderse hablando de la Mesta de Castilla. Sólo decir que durante sus seis siglos de existencia fue un estado dentro del estado, con leyes, autoridades y parlamento propios, con un sistema democrático como decíamos más arriba con votaciones a mano alzada en los que valía lo mismo el voto de un humilde propietario de cien ovejas que el del Monasterio de El Escorial, con 30.000, y un escrupuloso respeto a las decisiones tomadas en sus juntas semestrales.

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                           Burgos, sede del Consulado de la Lana

Bajo el reinado de su fundador, Alfonso X El Sabio, Castilla disfruta de la economía más próspera de la península y es una de las potencias más pujantes de Europa, gracias a la repoblación de las ricas comarcas andaluzas, recién conquistadas, y al desarrollo de la ganadería y la exportación de lana, que compite con tal éxito con la lana inglesa que copa los mercados y la industria pañera de Flandes, Génova y la propia Inglaterra; fomenta el desarrollo de ciudades feriales como Medina del Campo o Burgos (sede del Consulado de la Lana, donde se regula todo el comercio exterior), y de los puertos del Cantábrico, tales como Santander, Bilbao o Castro Urdiales, donde se embarca el preciado género con destino al norte de Europa.

 

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                                            Embarcando los fardos de lana

Para el trasiego de las miles de arrobas (en Castilla, equivalente a 11’500 kg; en Aragón, a 12’500 kg) de lana desde los lugares de esquileo hasta los mercados y puertos, se crea en 1497 la Cabaña Real de Carreteros, equivalentes a los camioneros de hoy en día -aunque algo más lentos-, y que en sus carretas hacían unas rutas circulares transportando además de la lana, sal, cerámicas, carbón, madera y otros géneros, de un punto a otro. En invierno descansa la fuerza motriz, los bueyes, en las dehesas de Talavera y comarcas cercanas, recuperándose con los ricos pastos que crecen en la ladera sur de la Sierra de Gredos.

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      Carretas de bueyes por el Puente de Segovia de Madrid, finales S.XIX.

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…la mejor sustancia destos reynos…

 

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Staalmeesters: el Gremio de Pañeros de Amsterdam, por Rembrandt. Los que                                                                           compraban la lana merina

de nuestras lanas y caballos se hacía el mejor aprecio, como en tiempos de los godos y romanos, pues consta que los reyes de África enviaron a Carlomagno entre otros regalos exquisitos, una porción de lana de nuestras ovejas (pag. 117)… nuestros tejidos de lana, algodón, lino y seda eran muy estimados en toda Europa, como se echa de ver por los muchos velos y telas que iban de España a Roma en el siglo nono, y por el paño que envió a regalar el rey Mahomad Abu-Abdalla en el año de 865 a Carlos el Calvo, rey de Francia (pag. 131)…(Masdeu, “España Árabe, en Historia Crítica”, Tomo XIII, pag.117, 1781).

La lana española tenía ya fama en la antigüedad. Autores clásicos como Varrón, Columela, Plinio y Estrabón mencionan la calidad de la lana de las ovejas de la Bética, o los sagum, túnicas de lana de los celtíberos, requeridas como impuesto por los romanos, aunque es cierto que la lana de las ovejas iberas era de fibra larga y suave y color pardo rojizo, y no crespa y corta y de color blanco, como la lana merina.

cuando el general Lúculo sitió la ciudad de Intercatia (aún sin localización precisa: se barajan, entre otras, Villalpando, Aguilar de Campos o San Pedro de Latarce) les exigió, a cambio de su indulgencia, cincuenta rehenes y diez mil “sagum”… ((Appiano de Alejandría, “De rebus hispaniensibus”).

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                       Figura ibera representando un lobo devorando una oveja

 

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Pastoreo exvoto ibérico

 

 

 

A la izquierda, pequeño exvoto ibérico de bronce hallado en Despeñaperros.                A la derecha, parece la figura de un belén, pero es un exvoto romano de terracota

Pero el auge de la Mesta se produjo al finalizar la Reconquista, con la obtención de la oveja merina, de finísima lana, y la conquista de los vastos territorios de La Mancha, Andalucía y Extremadura, ideales como pastos de invierno. La primera mención a la lana merina consta en un documento notarial redactado en 1307, por el clan de comerciantes genoveses Usodimare, en la que se alude a la compra en Túnez de unos sacos de “lana qui apellatur merinus”  (“lana que llaman merina”. Robert Salatino López, “The Origins of the Merino Sheep”). En España la primera mención se halla en los inventarios de tarifas expendidas por Juan II, en 1442, en los que fijan las tasas para el paño confeccionado con “lana merina” (Julius Klein, “La Mesta…”).

 

 

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Pastoreo la lana merina

  Carnero y oveja merina. Obsérvese el espesor de la capa de lana

 

esquileo dioscorides

 

Ilustración de un facsímil del libro De Materia Médica, del médico griego Discórides (Siglo I), traducido por el médico segoviano Andrés de Laguna, con ampliaciones, comentarios  e ilustrado por él mismo (1554), y donde se puede ver unas tijeras como las del Museo Arqueológico.

Pastoreo tijeras celtíberas

Tijeras de esquilar celtíberas, Museo de Arqueología de Madrid. Iguales a las usadas de siempre, hasta que aparecieron las esquiladoras eléctricas

Aunque para variar, hay teorías de lo más pintoresco para explicar la aparición de la apreciada oveja merina, parece ser un proceso de cruzamiento del ganado autóctono con moruecos importados procedentes de la región de Al-Gharb, de Marruecos. Se protege celosamente a estas ovejas, fuente de la principal riqueza de Castilla (…la mejor sustancia destos reynos…), prohibiendo su exportación y controlándolas, una a una, las pocas veces que atraviesan las fronteras hacia Navarra, Aragón o Portugal.

De la misma forma que monasterios como El Paular, Guadalupe o El Escorial, pertenecientes a la orden de los Jerónimos, poseen mediante donaciones gran parte de los pastizales de verano en el norte, la “invernada” se realiza en los extensos territorios del sur, arrebatados a los moros por las órdenes militares (Santiago, Calatrava, Montesa) que han contribuído a su conquista. Estas tierras de secano, incapaces de mantener grandes rebaños en verano al quedar agostadas y resecas, obtienen excelentes rentas como pastos invernales, lo que se llamó “maravedís de yerba”. Unos y otros obtienen parte importante de sus ingresos gracias al comercio de la lana merina.

Es ahora cuando la trashumancia alcanza sus máximos recorridos, moviendo cada año entre dos y tres millones de ovejas -llegaron a ser cinco millones en 1780- en un doble viaje de hasta 600 kilómetros, 20 días como mínimo, a razón de 4 ó 5 leguas diarias (unos 20-30 kilómetros), desde las montañas del norte de Castilla hasta los “extremos”, cada vez más alejados, de Extremadura, La Mancha o Andalucía.

Extremadura, pastores y perros

Y hablando de Extremadura, y pese a lo que se ha propuesto a menudo, el nombre de la región extremeña no le viene de ser “extrema” y “dura”, sino que es, sencillamente un término pastoril. Cuando los pastores, sorianos y segovianos en su mayoría (lo que se conocía como “serranos”) se despedían de sus familias por San Miguel, 29 de Septiembre, decían que se iban “a la extremadura”, es decir, comenzaban su viaje “a extremos”…unos extremos que ya no estaban en las afueras de su pueblo, sino cada vez más alejados.

 

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Una imagen que ya no se ve, salvo “festejos reivindicativos”. Cabras junto a la Puerta de Alcalá. Fotografía de 1.910

 El paso de las merinas por el Puente de Alcántara, Cáceres. Construído por los romanos entre los años 104 y 106, su nombre actual deriva precisamente del árabe: al-qantara = “el puente”.

Se habla en los contratos de “lana extremada” y de “lana extremeña”, como sinónimo de lanas u ovejas trashumantes que, al igual que los pastores, “hacen los extremos”, así como se menciona al hablar del ganado estante como “que no extremeña”. Al igual que “andadura” es el hecho de andar, y “metedura” el hecho de meter, la “extremadura” era el hecho de viajar a los extremos, el viaje en sí, aunque acabase por dar nombre a aquellas tierras lejanas donde terminaba el recorrido, y a donde se referían las familias de los pastores cuando se les recordaba: “están en la extremadura”. Aún suena por las sierras, melancólico, el romance de despedida:

ya se van los pastores a la extremadura (con minúscula), ya se queda la sierra triste y oscura…

La dura vida de los pastores goza al menos de una fuerte tutela por parte de la Mesta: los pastores están exentos de servir en el ejército, por tanto no se les puede movilizar en caso de guerras. No se les puede encarcelar por deudas de sus amos ni de la Mesta. Están exentos de aparecer ante la justicia como testigos y no necesitaban abandonar los rebaños ante el requerimiento de ningún funcionario…a no ser que fueran expresamente autorizados por la Mesta. Sólo pagan impuestos en su lugar de origen.

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Pastores castellanos.     

pastor de Roma

Figura de plata de pastor romano (Siglo I), con cordero a la espalda

 

 

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    La anunciación de los pastores. Fresco del techo en San Isidoro de León.                    

…otrosí, mando que ningún pastor non sea prendado por razón ninguna, si non fuere por su debida propia o por fiadura que el mesmo haya fecho… (Alfonso X, “Privilegios de Gualda”, 1311 de la Era Hispánica).

-… y que pagasen segun fuero (no “fuera”, sino por los Fueros de protección) el daño que hiciesen los ganados en las mieses, viñas, huertos, prados o dehesas, reconocidas por tales… (Disposiciones de Alfonso de Castilla en el año 1200 según Colmenares en su ya citada “Historia de Segovia”, 1637)

Como vemos la casi única obligación de los pastores era permanecer con el rebaño impidiendo el acceso de las ovejas a las “cinco cosas vedadas”: trigales y panes, viñas, huertas y prados de guadaña. Y protegerlos contra los lobos y los forajidos. Esta necesidad de protección se consigue con dos cosas: armas y perros.

La escasez de armas de fuego en épocas pasadas dificultaba la caza del lobo. En el año 1527 el Emperador Carlos V prohibía el ejercicio de la caza con armas de fuego, así como la tenencia de arcabuces por los particulares, reservando su uso para el ejército. Las quejas formuladas por los pastores, quienes se sentían desvalidos ante las frecuentes depredaciones de los lobos, motivó que en el año 1617, Felipe III promulgara una pragmática autorizándoles el uso de las armas de fuego.

La Mesta reconoce a los pastores castellanos el derecho a ir armados por los frecuentes ataques de que los rebaños eran objeto, no sólo por parte de los lobos, sino también por “merodeadores y gitanos”. Los gitanos fueron causa de un sinfín de quejas por parte de la Mesta, lo cual influyó en el Decreto de 1499, que los expulsaba del territorio. Pero no parece que tuviera este edicto una gran eficacia -como está claro, los gitanos siguen entre nosotros- , ya que reaparece el problema repetidamente en años sucesivos. A los alcaldes entregadores de La Mesta se les concedió una licencia especial de armas para defenderse de los gitanos.

 

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                                                           Manuales para pastores

En cuanto a los perros, para el cuidado de las ovejas se necesitaban de dos clases: los careas y los mastines. El carea: pequeño, ágil, listo, atentos a las órdenes de los pastores para conducir las ovejas. No tenía un estándar definido, se seleccionaban los que por herencia materna o temperamento parecían ofrecer las cualidades necesarias. Hoy día sí hay un carea castellano, pero razas estandarizadas similares las vemos por otras zonas ganaderas: el Gos d’atura catalán, su versión francesa allende el Pirineo o Berger des Pyrenées, o el Euskal Artzain Txacurra vasco.

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         Gos d’atura catalán. En castellano se traduciría como “perro de parada”

La palabra: “carea”, para designar a este tipo de perros vendría del hecho de la conducción de las ovejas hacia el “careo”: hierba que pastan las ovejas, de donde proviene “carear”: pastar, o la frase “salir al careo”.La aparición del carea en la Mesta es tardía ya que el papel de conducir el rebaño estaba encomendado en un principio a los zagales, chavales de doce o catorce años que estaban todo el día corriendo alrededor del rebaño para que no se metiesen en los “vedados”.

El mastín

moloso mastin español

Y el mastín, resistente para aguantar las caminatas, duro para soportar fríos y calores, valiente y fuerte para enfrentarse a los lobos… Antes de la aparición de las armas de fuego y aún con éstas, ante el ataque nocturno de una manada de lobos, un rebaño de ovejas sin mastines está indefenso, sin más. Si en las montañas y los páramos de Castilla los mastines eran la mejor arma contra el lobo, en los largos desplazamientos de la Mesta, el mastín se hizo imprescindible, y se le da la categoría que merece. En el salario de los pastores, junto al “cundido”: sal, pimentón, ajos, sebo, manteca y pan, que dará lugar a platos pastoriles tan sabrosos y  energéticos como las migas y la caldereta, se incluye la comida de los perros: el “canil”, pan negro de centeno especial para los perros y el “chicharro”, mezcla de harina de centeno, restos de carne y huesos triturados. En Burgos, en los siglos de la Mesta, se obligaba a las gentes a dar de comer antes a los perros pastores que a las propias personas, e idéntica ración.

…La cabaña de merinas estaba compuesta por lo menos un rebaño, no inferior a 1.000 cabezas, el cual se dividía en dos o tres hatajos de parir (hembras de vientre), otro de borras (corderas primales de reposición) y la carnerada (sementales), mas los mansos (también llamados encencerrados), carneros castrados jóvenes, siempre cornudos, de buena marcha y debidamente adiestrados, usados como guías y auxiliares de la conducción de las distintas piezas enumeradas… (“Razas ovinas españolas”, de los veterinarios Antonio Sánchez Belda y María C. Sánchez Trujillano).

El rebaño estaba a cargo de un pastor con cuatro ayudadores y cinco mastines. Julius Klein en su libro La Mesta…nos cuenta:

los perros eran cuidados con especial esmero, asignándoles la misma cantidad de comida que a los pastores. Todo daño inferido a los perros se multaba con una pena de cinco ovejas en adelante. La posesión de un mastín extraviado era ilegal, sin previa autorización de La Mesta otorgada en sus juntas anuales…

Se protegía a los perros loberos con fuertes multas:

-…si alguno matare can villano de ganado que lobo mate o tuelle a lobo, pague XV mencales… (Fuero de Cuenca, otorgado por Alfonso VIII en 1190).

-…todo aquel que can aldeano matare que lobo matare peche XX mencales…e qui matare otro can que non sagudiere carne a lobo, peche X mencales… (Fuero de Zorita de los Canes, S. XIII)

-Otro tanto se señala en el Fuero de Baeza, otorgado por Fernando III en 1236, sobre un conjunto de disposiciones dictadas anteriormente por Alfonso VII, más tarde ampliado por Alfonso X.

est es Fuero antiguo del precio de los canes…e por can que mata al lobo, treinta sueldos, e el otro tres sueldos… (Fuero Viejo de Castiella, Libro Segundo, Titol V, en 1378, en origen dentro de la colección de Alfonso VIII de 1212).

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Las carlancas: una herramienta imprescindible para proteger el cuello de los mastines de la dentellada mortal del lobo

Con relación a la función de los perros “matalobos” me veo obligado a mencionar el libro: Perros: una nueva interpretación sobre su origen, comportamiento y evolución, del biólogo estadounidense Raymond Coppinger. Aparte de sus teoría sobre el origen y de algunas otras más que no comparto, hace mención varias veces a que los perros realmente no mataban lobos en Europa. Sólo con las cuatro citas anteriores donde ya, desde la Edad Media, se mencionan perros que mataban lobos en la España medieval, más otros testimonios que podría añadir, creo que quedaría bien demostrado. El autor, como ya mencioné es norteamericano y allí no hubo generaciones de ganaderos con necesidad de plantear estas estrategias. Si hubiese investigado en España quizá hubiera cambiado su opinión.

Pero por si esos testimonios medievales le pareciesen dudosos al autor, hay otro testimonio gráfico incontestable: un documental en blanco y negro, sobre el ataque de dos lobos a las ovejas en una granja aislada en la montaña nevada. No se menciona el país ni la época pero calculo años 30-40.  El comentarista del documental creo que habla en ruso y posiblemente se trata de un país del Este. Los lobos atacan y matan un par de ovejas. El pastor llama a sus perros y aparece corriendo un “ovtcharka”, el tremendo Pastor del Caucaso, un moloso de montaña parecido a nuestro mastín, que ataca a los lobos mordiéndolos en el cuello y matándolos en menos de un minuto. El documental acaba con el pastor recorriendo las aldeas de la zona, con los lobos muertos encima de una mula, el perro caminando delante y los agradecidos campesinos recompensando al pastor con comida y especies. Señor Coppinger: los perros SÍ matan lobos. Podéis buscarlo en Youtube: en las páginas vídeos de Pastor del Caucaso, o en “perro vs. lobo” o, directamente como: Rare footage: caucasian sepherd defending the flock of sheep.

 

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La trashumancia se rige por un calendario natural, que a su vez condiciona los contratos con los pastores: de San Juan a San Juan, 24 de Junio; el arriendo de los pastos: San Marcos, 24 de Mayo; la partida a extremos: San Miguel, 29 de Septiembre; la llegada a extremos: San Lucas, 18 de Octubre; el esquileo: por San Juan, para que a las ovejas no les afecte un frío o lluvias tardías (son muy delicadas, se acatarran con facilidad); las juntas generales y, hasta por condicionar, el nacimiento de los pastores -hijos- en Marzo al ser Junio el mes que más tiempo pasaban los pastores -padres- en casa, cuando el esquileo.

Pese a todo su poder y la influencia que sobre los reyes ejercían los grandes beneficios del comercio de la lana, la historia de la Mesta es un continuo choque por el uso de unos pastos que los habitantes de villas y aldeas consideran suyos, por derecho. En el Siglo XVIII coinciden, curiosamente, el apogeo en cuanto al número de animales trashumantes, que llegaron a cinco millones en 1780, y las críticas más feroces, impulsadas por hombres de la Ilustración, Jovellanos y Campomanes, partidarios del desarrollo de la agricultura y que achacaron a la Mesta y a sus rancias instituciones todas las culpas del atraso de España.

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La trashumancia no se limitó sólo a las ovejas. Hoy día se sigue manteniendo la costumbre, el día de San Juan, de subir los rebaños de miles de vacas avileñas que van confluyendo desde los pastos del sur de Gredos hasta los del norte, siguiendo el milenario trazado del Puerto del Pico.

Campomanes en 1782 obliga a redifinir las cañadas y elimina viejos privilegios como el Derecho de Posesión, una especie de monopolio atávico de los pastos arrendados a terceros y de los que éstos no podían desligarse, ya que estaban obligados a continuar mientras la Mesta quisiese hacer uso de ellos. Campomanes también actualiza un censo del ganado y ganaderos para comprobar quién disfruta en realidad de las ventajas mesteñas. Un año después, en 1783, se redacta el Memorial Ajustado del Expediente de Concordia, entre la Mesta  y los extremeños por el largo pleito en que estuvieron envueltos muchos años, al sentirse estos últimos perjudicados al no poder aprovechar los pastos que la Mesta acapara por el atávico Derecho de Posesión, y que se falla a favor de ellos.

 

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Hoy, a la luz de la historia, podemos ver que ni asfixió la agricultura, ni abortó la industria pañera de Castilla, ni desertizó el paisaje, argumentos que, en su momento, se esgrimieron en su contra. La economía, motor del mundo, acabó con la Mesta de muerte natural: la cotización de la lana cayó en picado, cesaron las exportaciones y, pese a la protección sobre las merinas, se produjo un goteo en forma de salidas toleradas a diversos países de Europa.

…desde 1715 hasta las guerras napoleónicas, en 1808, fueron saliendo lotes de cuarenta, trescientas, seis, doscientas o mil ovejas a York, Suecia, Dinamarca, Silesia, Austria, Bayreuth, Ucrania, Sajonia, Piamonte, etc... (Charles-Philibert de Lasteyrie, “Historia de la introducción del ganado merino en diferentes partes de Europa”, 1820).

Las merinas se aclimataron bien, y algunas demasiado bien. Las de Sajonia, de un rebaño de 1.000 en 1767, cuarenta años después estaban vendiendo 50.000 arrobas de lana a Inglaterra. En Alemania se fundan “Escuelas de pastores” para enseñarles a manejar a las merinas. La puntilla llegó en 1808 con la invasión napoleónica y la Guerra de la Independencia. El movimiento de ejércitos y el desorden propios de toda guerra, dificultaron enormemente la trashumancia y los grandes rebaños de merinas desaparecieron, o bien comidos, o bien por abigeato.

Los privilegios de la Mesta ya no tenían razón de ser en una Castilla mucho más poblada y necesitada de tierras para cultivar. El 31 de Enero de 1836 quedó disuelta por Real Decreto.

Declive de La Mesta y recuperación del mastín

Las cañadas, indefensas y cada vez menos transitadas fueron invadidas, poco a poco, por tierras de labor, cortadas por los cercados o en regiones urbanizadas como la Sierra de Guadarrama, ocupadas por zonas residenciales. Y aunque de vez en cuando surjan intentos románticos de recuperar el uso de las cañadas, la realidad social y económica del país las han vuelto obsoletas para su uso original, que era el de llevar las ovejas caminando desde los pastos de verano a los de invierno.

Hoy se sigue haciendo el viaje a “extremos”, aunque sea a mucha menor escala. Pero lo que suponía un viaje duro e incómodo, sujeto a las inclemencias del tiempo, en lo que se tardaba veinte o treinta días, en cuyo recorrido se perdía, por enfermedad, agotamiento y muerte hasta un 15% del ganado, y donde no era nada raro que los pastores también pudiesen enfermar y fallecer, hoy se hace de forma mucho más rápida y cómoda en tren o en camión, y si no que se lo pregunten a los pastores que son los que lo sufren, y no a los “urbanitas”, nostálgicos de bucólicas tradiciones, que quizá no aguantarían ni un día a pie controlando minuto a minuto los rebaños, bajo el sol y la lluvia.

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Un viejo testimonio de la Mesta en el que ya casi nadie repara: un mojón señalizador de las antiguas cañadas en plena Puerta de Alcalá de Madrid, por donde antaño cruzaban las ovejas.

El fin de la Mesta no significó que el mastín perdiese su utilidad. Desaparecieron muchos puestos de trabajo en aquella “reconversión”, pero frente a los tres millones de ovejas merinas mesteñas quedaron otros quince millones de ovejas más, entre razas locales, estables o de cortos recorridos, que siguieron necesitando de la atenta vigilancia del mastín frente al lobo o los ladrones de dos patas. Tras la desaparición de la Mesta el número de trashumantes bajó a quinientas mil, pero fue aumentando según mejoraba la economía en España. En 1910 ascendieron ya a 1.500.000.

Más importancia tuvo la crisis que supuso el estallido de la Guerra Civil, unido a las penurias de la posguerra lo que, unido a la desaparición de los lobos en muchas regiones, debido a las batidas o al veneno, limitaron su número en muchas zonas, quedando arrinconados en fincas o en sus viejas montañas de la meseta, donde todavía había ganado que cuidar y lobos de los que defenderlo.

La posguerra marcó también una etapa, la de aquellos primeros aficionados que, frente a la llegada cada vez mayor de razas extranjeras por afán innovador, rescataron al mastín del ámbito rural con el objetivo de seleccionar y proteger la raza. En 1946 se redactó el primer estándar y el 4 de Marzo de 1981 se funda la Asociación Nacional del Perro Mastín Español (la del Mastín del Pirineo se había fundado en 1977).

Quizá a partir de ahora nos fijaremos mejor en ellos cuando los encontremos dando un paseo por el campo. Tumbados desde donde puedan vigilar los rebaños, manifiestan esa tranquilidad, esa confianza en sí mismos que sólo tienen los fuertes. Ni saben ni les importa si el pastor al que acompañan es indoeuropeo, celtíbero o de la Mesta. Saben que han andado mucho junto a él, y que se sienten con fuerzas para andar mucho más todavía. Pero sobre todo saben que mientras él, el mastín, esté a su lado, no va a permitirle a nadie que le toque un sólo pelo de la lana a “sus” ovejas.

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Una de romanos: Titulcia, la Vía XXIX y Gonzalo Arias

 

 

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Durante varios años se “editó” un boletín como el que encabeza esta entrada. Como indica en su encabezado, un tal Gonzalo Arias lo hacía todo: editaba, dirigía, redactaba (él solo, de ahí lo de “redactor-jefe”), administraba y mecanografiaba…a máquina, de las de antes. Además de éso se ocupaba de meterlo en sobres, donde pegaba un sello y lo echaba al buzón para enviarlo a sus, aproximadamente, sesenta suscriptores. La mayoría, simples particulares interesados en esa cosa tan rara como eran las vías romanas (ingenieros de caminos, arqueólogos, funcionarios, jubilados, profesores o simples veterinarios, como yo). Algunas pocas instituciones, y pare usted de contar. Y todo ello, con la inestimable ayuda de su “secretaria” Hilde, para más datos, su mujer.

He escogido al azar este número donde ya se anuncia la “agonía” del Miliario. Gonzalo Arias se sabía enfermo y quería buscar un sucesor o sucesores que se siguiesen encargando de la recopilación de trabajos -gratuitos, por supuesto- de los numerosos colaboradores del proyecto. Tras su fallecimiento, que no tardó en acontecer, un grupo de entusiastas mantuvo la publicación. Esta vez más cuidado, bajo el título de El Nuevo Miliario, en papel satinado y no en vulgares resmas de papel (de estraza, en sus comienzos), pero una vez desaparecido Gonzalo, el “alma mater” (y nunca mejor el latinajo) del Miliario, aquella segunda etapa no duró más de tres años, y el Miliario desapareció, como desapareció su fundador.

El Miliario Extravagante

Ya el nombre del boletín nos podía dar una idea de la mentalidad atípica de Gonzalo Arias. Para aclarar: un “miliario” o “piedra miliar” era un gran mojón de granito, generalmente de forma circular, y de una altura entre 2 y 4 metros, que los romanos colocaban en el borde de sus calzadas, esa red de caminos con las que se comunicaba todo el Imperio, con un intervalo irregular, aunque en las cercanías de las grandes ciudades podía ser un intervalo aproximado de una milla romana, más o menos cada 1480 metros, el equivalente  a mil passus, el paso doble romano…no, no era una canción popular, sino la zancada de pie izquierdo a pie izquierdo (o de derecho a derecho, según se mire). La mayoría de los miliarios llevaba inscripciones donde figuraba tallado en el granito el nombre completo del emperador, la distancia hasta  Roma o la ciudad próxima más importante y el gobernador militar bajo cuyo mandato fuese erigido.

Con la desaparición del Imperio Romano y el descuido de las vías y calzadas, muchos miliarios fueron destruidos, aunque otros muchos se aprovecharon por su solidez para reforzar muros de castillos, de conventos, de iglesias y palacios, de casas o incluso de una simple cuadra. Y al estar fuera de su sitio original, dieron apellido al boletín: “extravagante”: fuera del camino.

Gonzalo Arias…el extravagante

Supe de la existencia de Gonzalo por casualidad, al leer un artículo escrito por él sobre las calzadas romanas en la Sierra de Guadarrama y que apareció en una revista local, Apuntes de la Sierra, que editaba un amigo mío. Aunque no vivía aquí había sido el suegro de otro amigo de San Lorenzo de El Escorial. Al final del artículo hablaba de un libro (por supuesto, autoeditado, como el Miliario Extravagante) que no se vendía en librerías, sino que había que pedírselo a él personalmente. Por supuesto se lo encargué.

vias romanas. libro de Gonzalo Arias

Por su ex-yerno me fui informando acerca de él. Había trabajado de traductor en la UNESCO, en París, hasta 1968. Había fundado El Miliario Extravagante en 1963, pero con anterioridad y como anexo en el Miliario iba sacando unos mapas,  muy trabajados en un total de 56, que abarcaban desde Tartessos hasta la muerte de Alfonso VIII. Adjunto dos de ellos en las correspondientes entradas de la Edad Media en la Sierra de Guadarrama.

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                                             Uno de los mapas de Gonzalo Arias

Influído por las ideas de Ghandi y de Martir Luther King comenzó su vida como activista de la no-violencia. Y cuando digo activista, me refiero a un hombre que no paraba de “tocar las narices” al entonces Régimen de Franco. En 1968 tuvo su debut: recorrió unos cien metros por la calle de Princesa de Madrid portando unos carteles tipo sandwich, como en los que pone “Compro oro”, pero en vez de comprar oro hacía una petición pública de elecciones…¡hacía falta valor, en 1968, con Franco vivo y con una salud de hierro!. Por supuesto fue detenido inmediatamente y acabó en la cárcel. Pero como ni era comunista ni anarquista ni peligroso, le soltaron enseguida.

En 1971 organizó la “Marcha a la Prisión” de Carabanchel, en apoyo a la objeción de conciencia al servicio militar, en unos años en los que los objetores arriesgaban condenas con largos años de cárcel. Por supuesto, el que acabó dentro otra vez fue él.  Contaba que allí dentro, en Carabanchel, tuvo ocasión de conocer a muchos presos políticos (los cuales, por cierto, eran muy respetados dentro de la cárcel por los reclusos comunes), como Marcelino Camacho, Simón Sanchez Montero y otros, que le cogieron gran aprecio. Aunque no fuese comunista o sindicalista como ellos veían en él lo que siempre fue: un buen hombre, con una ética y una honradez a toda prueba, inclusive de cárceles.

En 1976 hizo una marcha desde Ginebra que pretendía llegar hasta Valencia, aunque en la frontera y como era previsible fueron detenidos. Esta vez el motivo era la denuncia pública de las torturas policiales. Estaba de Ministro de Gobernación Arias Navarro, y existía una expresa prohibición gubernamental de hablar sobre el tema. Otra vez a la cárcel.

En 1973 se mudó a La Línea de la Concepción, donde le conocí. Y se mudó allí porque desde el 73 hasta el 82 de vez en cuando cogía un chinchorro en La Línea con el que remaba a Gibraltar, y tras entrevistarse con políticos “llanitos” (nombre popular de los gibraltareños por su forma de hablar, mezcla de inglés y castellano) se volvía andando y saltaba la verja hacia España…donde los guardias civiles al saludo de…¡pero otra vez, Don Gonzalo!…se lo llevaba al calabozo una horas. El caso es que desde el gobierno se contemplaba a Gibraltar como parte de España, con lo que la detención era un contrasentido, “venía” de España, pero algo tenían que hacer los aburridos beneméritos con aquel hombre…

Tras una conversación telefónica aproveché un Puente del Pilar, creo recordar que del año 98, para conocerle. Me costó trabajo encontrar la casa, a las afueras de La Línea, un chalecito entre caseríos y alquerías, al que habían bautizado como Casatuya, porque allí ayudaban con comida, ropa y dinero a muchos necesitados de la zona, y el Campo de Gibraltar es una comarca bastante deprimida. Estuvimos hablando varias horas, me pareció un hombre de lo más interesante y seductor en su conversación. Por supuesto, no sólo me suscribí al Miliario, sino que le compré los ejemplares atrasados, y me dedicó el libro del Repertorio de caminos de la Hispania romana que había llevado conmigo.

Volví a verle por última vez en la Escuela de Ingenieros de Caminos, en la Universidad Complutense. Nos había convocado a los suscriptores, pudimos juntarnos una treintena. El motivo era el de su sucesión. Nos dijo que quería dejarlo por motivos de salud, pero antes nos pidió que nos fuésemos levantando, de uno en uno, y que dijésemos nuestro nombre y por qué estábamos allí. Y uno de los que se levantó dijo: Me llamo Enrique Suja y soy el descubridor de Titulcia… Aquel día nos hicimos amigos.

Titulcia

 

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                                     Emplazamiento de Titultia según Enrique Suja

Titulcia (o Titultia, en latín) fue un cruce de caminos de los muchos que hubo en la Hispania romana pero, en el caso de Titulcia, su importancia radicaba por estar en un cruce de caminos importantes, y por ser el límite de dos grandes provincias. El problema es que, al igual que los miliarios encontrados con posterioridad solían ser “extravagantes” (ya no estaban en su sitio original), algunas de las ciudades romanas habían desaparecido. Se mencionan en las crónicas pero su localización exacta nos es desconocida. Otras, por el contrario, han continuado existiendo sin desaparecer. De las más conocidas: Mérida está donde se fundó Emerita Augusta; Zaragoza se levanta sobre los restos de Cesar Augusta; León sobre lo que fue el campamento romano de la Legio VII, etc. Pero hay dos emplazamientos romanos ubicados en la provincia de Madrid, desaparecidos en su tiempo y que han dado lugar a muchas especulaciones: Titultia Miaccum.

No hay que confundir el actual pueblo de Titulcia, en la confluencia entre los ríos Tajuña y el Jarama, con la ciudad romana. La confusión viene de cuando, en 1814, el rey Fernando VII cambió su nombre original de Bayona de Tajuña por el de Titulcia al pensar, por unos restos romanos encontrados, que ésta era la Titultia mencionada en los itinerarios romanos. Se ha barajado la posible ubicación de la antigua Titultia en localidades como Móstoles o la “Villa de Materno” en Carranque (provincia de Toledo).

De la otra ciudad “madrileña”, Miaccum, se ha jugado con situarla en la casa de Campo e incluso en la propia Madrid. Las teorías propuestas tanto por Gonzalo Arias como por Enrique Suja es que puede localizarse en la actual Chapinería, cerca de San Martín de Valdeiglesias y coincidente con el trazado de la vía XXIX, la que proveniente de Lusitania terminaba precisamente en Titulcia. Pero, ¿cómo es posible situar con fiabilidad una ciudad desaparecida?. ¿Y por qué tanta confusión en las localizaciones?.

El Itinerario de Antonino

El que los romanos eran gente práctica, está fuera de toda duda. Para mantener el Imperio, para asegurar el suministro de sus ciudadanos y para sostener a sus legiones existía en Roma una oficina estatal centralizada, algo así como un Ministerio de Hacienda. Organismo que estableció varios impuestos, de los que el más conocido era el de la annona: un impuesto en especies, constituído por vino, aceite y principalmente trigo. Los campesinos (y el Imperio era una sociedad de base agrícola) estaban obligados a entregar cada año una cuota fija de trigo. Y los encargados de recaudarlo, almacenarlo y conducirlo a su destino, eran las legiones romanas, aprovechando para moverse de un punto a otro del Imperio su red de calzadas.

El que los ingenieros romanos eran gente muy preparada también está fuera de toda duda. Algunos acueductos y  puentes siguen ahí, resistiendo el paso del tiempo, como el acueducto de Segovia (en uso hasta hace escasos años) o el puente de Alcántara. Las calzadas romanas son otra prueba de su capacidad, diseñadas en varias capas (drenaje, refuerzo, laterales, rodadas) para caminos normales pero también para atravesar zonas pantanosas, para sortear montañas y para facilitar las comunicaciones, y con una anchura que permitía pasar dos carros. Pero aunque algunas antiguas calzadas, por su ubicación y utilidad, siguieron siendo usadas y sujetas a reformas con posterioridad para su mantenimiento, muchas de ellas quedaron en desuso y sus elementos (grandes losas, los propios miliarios) sirvieron de canteras para diferentes usos, lo que unido al paso del tiempo, las hicieron desaparecer, del todo o en parte. Encontrarlas, reconocerlas e identificarlas ya es tarea de expertos: arqueólogos e historiadores. Pero, ¿cómo saber de qué calzadas estábamos hablando?.

 

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Una de las grandes pistas para su identificación es lo que se conoce como El itinerario de Antonino. Se trata de una recopilación de todos los caminos del Imperio elaborado por orden del emperador Antonino Augusto Caracalla, que gobernó entre los años 211 y 217 d.C., aunque la copia más antigua conocida se elaboró un siglo más tarde, bajo el mandato de Diocleciano. Con posterioridad se elaboraron varias copias, con diversas inexactitudes, como el llamado Anónimo de Ravena… que no Rávena, como se suele decir equivocadamente en español, esdrújula que sacaba de sus casillas a Gonzalo…

Otra pista arqueológica se conoce como los Vasos de Vicarello: cuatro vasos de plata con forma de miliario hallados en las termas de Vicarello, cerca de Roma. Se cree que fueron exvotos llevados por un gaditano (hispanorromano) y en cuyos laterales están grabados los nombres y las distancias entre las estaciones que llevaban desde Gades hasta Roma.

Contra lo que se suele, o solía creer, El itinerario de Antonino no era un simple mapa de carreteras, al estilo de los de Campsa que llevamos en el coche, no estaba pensado para los simples viajeros que deseaban recorrer el Imperio (aunque les podría valer), sino que estaba enfocado a los recaudadores de la annona. De hecho, no era un mapa en dos dimensiones, sino que eran unos listados de puntos concretos y sus respectivas distancias. A tal fin, en el Itinerario se detallan ciudades, pero también mansio o almacenes, y la distancia en millas entre un punto y otro.

Inexactitudes en el Itinerario de Antonino

Y aquí surgen las dudas: las distancias no siempre coinciden. La milla romana (recordemos: milia passuum, mil “pasos dobles”) equivalía a 1.480 metros…pero no siempre era así. En los Vasos de Vicarello las millas, por la causa que fuere, son de 1.841 metros. Y si, como a veces sucedía, se consideraba la “milla olímpica” (por la ciudad griega de Olympos, la de los juegos), entonces daba una longitud de 1.609,72 metros por milla. Aunque ése no fue el principal problema.

Trazando en un mapa las ciudades conocidas y sumando las distancias que las separan, se supone que sería fácil ubicar las poblaciones hoy desaparecidas: bastaría con ir intercalándolas según sus distancias, pero las cuentas no salían. En algunos casos sí coincidían. En otras, por contrario, daban distancias mayores a lo que sería en línea recta. Se achacó en algunos casos a la diferencia en la medida de las millas utilizadas, caso de haber utilizado varias. En otros, a los posibles errores de los sucesivos copistas, que pudieron haber confundido las distancias originalmente citadas.

La “teoría de los acusativos”

Hoy ya nadie, salvo los filólogos, latinistas y algunos ratones de biblioteca, domina el latín. A mí aún me tocó, en mi lejana infancia, estudiar aquellas letanías del rosa, rosae, rosa… Aunque hablemos castellano, lengua romance y por tanto heredera directa del latín, hemos sintetizado muchísimo la compleja gramática latina con la que nos “torturaron” en nuestra niñez. No me voy a extender porque de aquello no se me quedó nada (mi cabeza no dio para tanto) pero por lo que nos atañe para aclarar el lío de las calzadas, sólo comentar que el latín utilizaba seis “casos gramaticales” con los que entre ellos se aclaraban perfectamente para comunicarse. Los casos eran: nominativo, vocativo, acusativo, genitivo, dativo y ablativo. Y según la terminación de las palabras, los romanos ya sabían a qué correspondía cada caso.

No me quisiera poner pesado. Como ejemplo, en español nos manejamos con las preposiciones. Si decimos: “el perro de Juanito”…no modificamos la palabra “perro”, porque con el “de” ya estamos indicando que ese perro pertenece a alguien (en este caso, a Juanito). Si decimos “trae comida para el perro” tampoco modificamos la palabra “perro”, con el “para” ya estamos indicando una acción…¿me voy explicando?.

La gran idea de Gonzalo Arias fue la de proponer la “teoría de los acusativos”, no por acusar a nadie, sino por el caso gramatical latino. Otro ejemplo: si el nominativo de Titultia, el mencionar a la ciudad, es así: Titultia, en los Itinerarios aparecería en acusativo, como Titultiam, acabado en “am”. Y esa terminación lo que indicaría sería “hacia Titultia“…desde un cruce de caminos, en este caso. Titulcia no estaría “en” el mismo camino, sino “hacia un lado”, y a una distancia que, sumada a la de las dos localidades opuestas, ya sí coincidiría con la que se adjudicaba en el Itinerario. Por supuesto la “teoría de los acusativos” fue discutidísima nada más plantearse, aunque por la fuerza de su lógica y al resolver esas distancias “imposibles” ya ha sido -casi- generalmente aceptada entre los expertos.

El fácil recurso de echar la culpa de una letra más o una letra menos a los humildes copistas estaba un poco fuera de sitio. Eran monjes cuyo trabajo estaba dedicado, casi en exclusividad, por su habilidad o por su inteligencia, a copiar los textos a mano, no “se les iban los dedos” en un teclado, como se me van a menudo a mi en el ordenador, o los frecuentes errores en los mensajes del móvil. Y al igual que el valor se le supone al soldado, debemos atribuirles un rigor, una seriedad y una meticulosidad en su lento trabajo que no daba lugar a tales distracciones…además de que ellos si que hablaban latín, y conocían y daban la importancia que tenían a los casos y a las terminaciones.

Muchas veces las localidades mencionadas en el Itinerario están apartadas del camino. Una ciudad, por lo general, sí que era meta o partida del camino. Pero esas localidades apartadas eran muy pequeños poblamientos, las llamadas mansio, en realidad no “mansiones” sino almacenes en los que se iba guardando el trigo recaudado por la annona, aunque a su alrededor se generaran poblaciones de cierta envergadura. Titulcia fue uno de estos casos.

Volvemos a Titulcia y a su localización con Enrique Suja

Conocí los restos de Titulcia en el primer paseo ex-profeso que di con Enrique Suja. Por supuesto, esa localización también ha sido discutidísima por los expertos. Pero la teoría de Enrique se fundamenta en que se halla en una encrucijada de tres grandes vías romanas, las que se han denominado como la XXIX (la denominada ad Lusitania), procedente de Mérida; la XXIII, que se dirige al norte, cruzando la Sierra de Guadarrama, y la XXV, en dirección a Complutum (Alcalá de Henares). Estas eran una parte de las grandes vías o calzadas, las rutas principales del Imperio, obviamente no iguales a las actuales autovías aunque con un uso similar, intercomunicadas entre si gracias a caminos menores como hoy las carreteras comarcales comunican entre sí a las autovías.

Como aclaración, lo de numerar las vías romanas es invento moderno. Lo de ponerlo en números romanos fue porque quedaba más propio. Los romanos les ponían nombre: Via Appia, Via Domitia, Via Lusitanica… lo que tenía su lógica, aunque hoy y por un tema administrativo lo hacemos al revés: lo que antes era la Carretera de La Coruña hoy es la A-6 (antes, Nacional o N-6). Aunque entre nosotros creo que nos aclaramos mejor (yo al menos) si nos dicen, en vez de “tienes que tirar por la A-2”, cuando nos dicen: “tienes que tirar por la de Barcelona”…

 

vias romanas en hispania

Mapa de las principales calzadas romanas de Hispania, según Gonzalo Arias

En el dibujo hecho por Enrique Suja de Titulcia y alrededores que inserté al comienzo de esta entrada se ven los trazados de las calzadas XXIX, XXIII y XXV, y sus conexiones intermedias. La XXIX acaba ahí, como tal, y su denominación Per Lusitania  lo que nos indica es que su recorrido, al sur de Gredos y paralela al río Tietar en su mayor parte (Gonzalo Arias propuso denominarla “por el valle del Tietar”), transcurría por la provincia romana de la Lusitania, provincia que acababa justo ahí. En esta zona del oeste de la Comunidad de Madrid confluían, supuestamente, varias de las provincias: la Lusitania y Tarraconensis, más tarde desdoblada en Tarraconensis y Cartaginensis, aunque los límites no eran precisos.

Pero un dato que llamó mucho la atención a Gonzalo Arias fue el que, entre los términos municipales de Santa María de la Alameda (Madrid), Peguerinos (Ávila) y Las Navas del Marqués (Ávila) la localización, precisamente, de un monte denominado Cerro Cartagena en mapas antiguos. Aníbal, desde su ciudad de Cartago Nova y con anterioridad al dominio de Hispania por parte del Imperio Romano, estableció o aprovechó un camino anterior que desde allí se dirigía hasta Galicia para el intercambio de dos elementos muy valiosos en la época: por una parte el estaño gallego, del que no había minas en el Mediterráneo, necesario para la fabricación del bronce al fundirlo con el cobre, y por otra parte el esparto del Ager Spartarium, los “Campos del esparto”, al sudeste de España, necesario para la manufactura de cordelería para la navegación a vela, aparte de otros usos (prensas para el vino y el aceite, alpargatas, etc.). El “descubrimiento” del Cerro Cartagena como si marcara el final de la provincia romana del mismo nombre, al menos apoyó sus teorías.

Una propuesta para considerar el origen del nombre de Titulcia es precisamente que provenga de Titulus Ulterior: “la ciudad del límite”…del límite con la Hispania Ulterior, por la primitiva denominación romana de la península debida a la división en dos grandes provincias, la Ulterior y la Citerior. A grosso modo, la parte Este, la primeramente conquistada (Citerior), y la parte Oeste, aún semidominada o por dominar (Ulterior). Más tarde y con la península sometida bajo el Imperio, se establecerían otras divisiones administrativas. Titulcia, pues, e inicialmente, estaba en la “frontera”.

La Titulcia de Enrique está situada junto al río Aulencia, cerca de su confluencia con el río Guadarrama, entre las localidades de Valdemorillo y Villanueva de la Cañada. En una llanura aluvial, actualmente ocupada por algunos chalets ilegales y junto a una gravera que, día a día (no sé qué quedará de ella), va sacando arena con destino a la construcción. Me enseñó restos de calzada, de clara traza romana, algún solado, numerosos restos de ladrillo y tejas romanas y, en los cortados de 2 ó 3 metros de altura donde las excavadoras han ido sacando arena, secciones de cistas: antiguos silos para grano usados con posterioridad como pozos ciegos donde se tiraban basuras y en cuyos fondos se podían ver más restos cerámicos.

Enrique lleva más de treinta años recorriendo los contornos, haciendo fotografías y descubriendo restos de todo tipo, desde el Neolítico hasta los visigodos, lo que va reflejando en sus escritos, escritos originalmente a máquina (al igual que Gonzalo Arias) y que le animo, si no a publicar, al menos salvaguardar en el ordenador. Mantiene una relación de amor-odio con Patrimonio Nacional a los que ha avisado en bastantes ocasiones de sus descubrimientos pero, o bien por falta de presupuesto para acometer una excavación en serio o bien porque Enrique no es arqueólogo titulado, no le han solido hacer mucho caso.

Pero sí puedo contar que en uno de nuestros paseos para enseñarme unos restos de alcantarillado romano le acompañé a las afueras de Quijorna. Que, por cierto, y según Enrique, el nombre vendría de Quixerona: “donde se recoge la annona“. En un campo allí al lado de las alcantarillas paseamos por una parcela de una superficie como dos campos de tenis, aproximadamente. Estaba recién roturado. Estuvimos un par de horas pisando los terrones, donde fuimos descubriendo numerosos trozos de terra sigillata.. Como aclaración, la terra sigillata (de “tierra o cerámica sellada”, por el sello con el que el autor firmaba su obra) era la cerámica de lujo de los romanos: fina, patinada, decorada…cuando un arqueólogo descubre un fragmento de sigillata da saltos de alegría… Aquella tarde pudimos ver numerosos fragmentos de los bordes, fondos de las piezas (con su sello), trozos a veces muy pequeños, a veces vasijas rotas… Enrique opina que “alguien” rico debió vivir allí para acumular tal cantidad de cerámica “de la buena”…

Enrique localiza vías

Las calzadas romanas están en su mayoría destruidas, o han acabado sepultadas bajo caminos posteriores o, en una zona con tantas urbanizaciones como la comarca de la Sierra de Guadarrama no es raro que hayan acabado ocultas bajo los chalets adosados… La vía XXIII (la que se dirige al norte) está para lo que cabe bien conservada y empedrada en su mayor parte. Hace tiempo localizó en las inmediaciones de Villanueva del Pardillo lo que parecía ser un lagar romano donde estaba a punto de construirse una urbanización, y avisó a Patrimonio Nacional. Acudió un arqueólogo que excavó y redactó una memoria…pero cuando acabó, las obras continuaron y actualmente el lagar “descansa” bajo los chalets.

Pero si tienes ojo experto y eres hábil, y Enrique lo es, puedes localizar por el campo evidencias de su existencia. Sobre todo si ya calculas distancias sobre el plano, aproximadamente y por el trazado de restos anteriores por donde “deben” estar. Es una tarea detectivesca, consultando mapas detallados de la zona o con la ayuda inestimable de Google Earth, pero unido a la tarea de campo y con paciencia, con mucha paciencia, da sus frutos.

Enrique ha ido descubriendo poco a poco muchos pequeños tramos, o deduciéndolo por la localización de antiguas villas romanas, o de antiguas fuentes, o utilizando otra fuente de información como son los topónimos o preguntando, como se suele decir, a los viejos del lugar. De esa forma Enrique Suja ha ido reconstruyendo, mitad por pruebas sólidas, mitad por pura deducción, los trazados de las antiguas calzadas. En un mundo como es el de la arqueología, y en un mundo como es éste, con muy pocos restos físicos y la mayoría bastante discutibles, y al igual que le pasó a Gonzalo Arias en vida, la polémica ha estado presente desde sus comienzos aunque, como Enrique me dijo la última vez que le vi, ya pocos expertos se atreven a discutir la evidencia  del trazado de las tres vías y de su confluencia: Titulcia.

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El velatorio de Franco

 

Imagen (6)Soy el que está de frente…no, el de la “caja” no… el de las gafas y el bigote…mucho más jovencillo. 20 de Noviembre de 1975…el “veinte ene”, o 20N, como se conoció, aunque hayan pasado más de cuarenta años y para muchos, sobre todo los nacidos después, sea una fecha tan remota -y confundible, casi- como el reinado de Carlos V.

La mili

Sí, todavía se hacía el servicio militar: la “mili”, para el vulgo. Andaba yo en primero de carrera y como en aquel momento te mandaban fuera de tu región militar, el caso es que me apunté voluntario por aquello de quedarme en Madrid y no repetir curso…aunque al final acabé repitiendo de todas formas y me supuso, por el tema del voluntariado, tres meses más: quince, en vez de los doce meses que era la norma. Al menos, viví la experiencia.

Agonía y muerte de Franco

Aquel verano, el del año 1975, Franco andaba ya muy enfermo. Se ha escrito en abundancia sobre el largo proceso, el “equipo médico habitual”, las operaciones de urgencia en el Palacio del Pardo y las famosas “diarreas en forma de melena”…En el cuartel seleccionaron a los más altos y a los más guapos (entre los que no estaba yo) pero nos hicieron practicar a todos casi cada día en el patio maniobras nuevas como el “paso lento” y cosas similares, de cara a un funeral. Nadie de nuestros superiores nos decía nada, pero todos lo veíamos claro.

La salud de Franco ya se veía muy comprometida, pero eran tiempos muy revueltos por lo duros, y más ante las dudas que se suscitaban sobre su sucesión. Ya había designado a Juan Carlos como futuro rey de España, con aquella frase de dejarlo todo “atado y bien atado”, aunque a su muerte vendría la famosa Transición. A comienzos del mes de Noviembre el rey Hassan de Marruecos y aprovechando la agonía organizó la Marcha Verde, invadiendo la entonces colonia del Sahara Español, para quedarse. Aún tuvo las fuerzas, o la decisión, de firmar sus últimas condenas de muerte, mediante Consejo de Guerra y ejecutadas mediante fusilamiento a cinco jóvenes: tres del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista Patriota) y dos de ETA. Los pelotones estaban formados por diez policías y guardias civiles, todos voluntarios. Aquellos fusilamientos sucedieron un día de infausta memoria: el 27 de Septiembre de 1975.

En el cuartel y a muy poco del fallecimiento de Franco, faltaría menos de una semana, nos formaron a todos en el patio. El teniente nos aclaró ya para qué estábamos practicando el “paso lento”. Y como el Ejército del Aire, en el que me encuadraba, tenía fama de ser un poco más aperturista que los de Tierra o la Marina, aún ofreció la oportunidad a aquellos seleccionados de que, si alguno no deseaba participar en las ceremonias del funeral, eran libres de decirlo…(y más puntos suspensivos)… Silencio absoluto, todos firmes como palos… No sé si alguno de ellos hubiese preferido no ir, pero no estaban las cosas como para “significarse”…

Continuó el teniente: y si alguno no seleccionado desea participar, que de un paso al frente…

Y ahí estuve yo, no sé si como un auténtico patriota, como un guerrero, como un héroe pero, serio e impasible el ademán como mandan los cánones, adelantándome a la fila con el pie izquierdo, como también mandan los cánones. Y, después de mí, dos o tres más. Debo aclarar a los que no me conozcan que yo, de franquista, de guerrero o de héroe no tengo un pelo. Más bien de antifranquista, con todo lo que el concepto engloba. Pero de siempre me ha apasionado la historia y pensé, y no me equivocaba, que iba a ser una experiencia única e inolvidable, y quise aprovechar la ocasión: voluntario para la “mili”, y voluntario para el velatorio.

El día 20 de Noviembre había programada en la Facultad un examen de química. A las cinco de la madrugada sonó el teléfono: era mi difunto ex-suegro, simpatizante comunista, adicto a sintonizar por las noches -y con mucha discreción- emisoras clandestinas del “partido” (que en aquellos tiempos sólo se refería al Partido Comunista) como Radio Pirenaica, que acababa de enterarse y me avisaba. Se adelantó por diez minutos a otra llamada, esta vez del cuartel, reclamando mi presencia. Como ni tenía coche ni en aquella época había “buhos” (autobuses nocturnos), me fui andando hasta el cuartel.

El velatorio

En el cuartel nos organizaron. Nos iríamos enterando luego. Iban a ser tres turnos de ocho horas cada uno que deberíamos pasar en un cuartel de Infantería, cerca de la Plaza de España, próximo al Palacio de Oriente donde se desarrollaría el velatorio. De aquel cuartel saldríamos cada dos horas para colocarnos junto al féretro quince minutos. Una hora de descanso y otros quince, y así las dos horas. Luego a descansar al cuartel entre tanda y tanda. En principio iba a ser media hora de plantón junto al muerto, pero los legionarios se ponían tan, pero que tan tiesos, que a más de uno le dio una bajada de tensión que acabó con él en el suelo. No era plan. Nadie debía quitarle protagonismo al “Difunto”.

Mi primer turno fue de noche. Nos sacaron del cuartel en un furgón. Desde mi cuartel en la Avenida de Portugal, lo que llamaban “La Casa de Campo” (ya que en tiempos y antes de reestructurar los límites de la Casa de Campo propiamente dicha estaba dentro de ésta) y hasta llegar al Palacio de Oriente, fuimos bordeando el río Manzanares para subir por la Cuesta de la Vega. Me asombró ver las larguísimas colas kilométricas que ya, desde el río, subían hasta el palacio. Podían ser las tres de la madrugada y a finales de Noviembre, y más junto al Manzanares, hacía un frío de muerte. Había, creo, tres colas más, éstas desde el centro de Madrid, pero en ésta es donde más frío debieron de pasar. Hombres, mujeres y niños. Dudo que todos fueran franquistas nostálgicos, pienso que muchos de ellos sólo querían asegurarse y verlo (en el fondo, como yo). Cuentan, y me lo creo, que se agotaron las botellas de cava en los comercios con las que miles de españoles celebraron, en la más estricta intimidad, la muerte del dictador.

El espectáculo

El ambiente en el cuartel era de soldados, policías y guardias civiles con cara de sueño, dejando pasar las horas entre turno y turno en la cantina, dormitando, bebiendo o jugando a las máquinas de pinball, cuando estaban libres, que no era nunca. El que tuviese a su cargo la cantina debió hacer el negocio del siglo. Pero el ambiente en el palacio era mucho más selecto: bullía de militares de alta graduación, engalanados con sus mejores uniformes, o de políticos, o de lo que se llamaba “grandes personalidades”, nadie podía faltar a la cita, nadie podía excusarse de “presentar sus respetos” al difunto Caudillo.

Nos colocaron a cada lado del féretro: Tierra, Mar y Aire, Policía Armada (los “grises” en aquella época) y Guardia Civil. Como se puede ver en la foto, los fusiles con el cañón hacia abajo. Correajes de gala y cascos o gorras hacia atrás. Detrás nuestro, y haciendo sus turnos, los “altos mandos”. Justo delante de nosotros, a dos metros escasos, el Difunto. Siempre fue bajito, pero me llamó la atención lo pequeñito que se había quedado. Por uno de los orificios de su nariz se veían aún las marcas de los tubos que le habían colocado para el oxígeno.

El espectáculo estuvo en la gente. Durante dos o, no recuerdo bien, tres días, un flujo ininterrumpido desfiló ante el féretro. La inmensa mayoría en silencio y sin apenas detenerse. Algunos dejaban flores. Otros y otras, como dicen los “de izquierdas”, se paraban delante llorando, cayendo de rodillas, haciendo el saludo fascista brazo en alto, gritando ¡Arriba España! o soltando perlas como una señora: ¡Ay, Franquito, qué solos nos dejas!… Mi compi de velatorio y yo ya habíamos pactado no mirarnos a los ojos pasara lo que pasara, por si acaso, para evitar la terrible tentación de esbozar tan siquiera una sonrisa, lo que podía suponernos, como mínimo, calabozo y condena, ya no sé si incluso acabar ante un pelotón como los pobres desgraciados del FRAP. Aunque a veces, os lo aseguro, fue difícil aguantar.

En aquellos días se hicieron miles de fotos que aparecieron en toda la prensa. Las buscábamos para vernos y cuando encontrábamos algún compañero se las pasábamos. Pero la mejor foto, con diferencia, es con la que encabezo esta entrada, y en la que me honro en aparecer. Por el color y por el encuadre. Figuró en varias revistas. Figuraba también en la portada de la caja del video “oficial” del velatorio (aún no existían los DVDs…ni los teléfonos móviles, ni los ordenadores portátiles, eran otros tiempos). Pero, sobre todo, salió en el primer fascículo de una enciclopedia llamada La Historia se confiesa, de un historiador franquista, Ricardo de la Cierva, y que debió aprovechar la ocasión, ésa que pintan calva, para meter en el primer fascículo la muerte de Franco.

Lo compré, por supuesto. Pero cuando se la enseñé a mi madre, entusiasmada, debió agotar todos los de los quioscos del barrio para recortarla y enviársela a todos sus amigos y parientes (y tenía muchos). Aquello supuso sin duda el fin de mi aún no comenzada carrera política. Bien es verdad que durante un tiempo la llevé en la cartera para enseñársela a mucho nostálgico, respondiendo a sus emocionadas preguntas ante los cafés o cañas con que, agradecidos, me invitaban.

La Sierra de Guadarrama en la Edad Media: moros y cristianos (1ª parte: el dominio árabe).

La época medieval en la Sierra de Guadarrama es una etapa poco conocida, tanto por la escasez de documentos históricos fiables como por el hecho de que, al tratarse de una zona fronteriza, estuvo muy escasamente poblada hasta ya avanzada la Reconquista, careciendo del esplendor de las ciudades monumentales, avatares históricos, romances y crónicas que sí tuvieron Castilla y León, por un lado, o Al Ándalus, por otro. Pero los escasos testimonios que han llegado a nuestras manos nos cuentan que aquella lejana época fue de todo, menos aburrida.

Tierra de frontera

Tiempos épicos, de incursiones guerreras, de castillos en tierra de nadie, con la guarnición siempre alerta ante la inminencia de un ataque… Viejos pueblos escondidos entre bosques y peñascos, ignorados y al margen de la historia, o pueblos nuevos fundados ante la necesidad de poblar y defender las tierras recién conquistadas y que, una vez eliminado el enemigo común, habituados a la lucha, guerrearon entre sí…

Si miramos el actual paisaje de la sierra, resulta difícil imaginar tiempos tan turbulentos, de espadas y armaduras, de castillos asediados, donde sólo podemos ver ahora chalets adosados, carreteras y coches, muchos coches. Pero no está tan lejana aquella época -solo basta mirar y usar un poco la imaginación- en que, en vez de motores, se oyeron los gritos, relinchos y el retumbar del suelo bajo los cascos de los caballos.

Antecedentes históricos

Los primeros pobladores conocidos de la Sierra de Guadarrama se remontan a diez mil años atrás: cazadores nómadas, atraídos por la abundante caza de la región y que dejaron numerosos restos de su presencia en forma de campamentos estacionales e instrumentos de piedra: puntas de flecha, rascadores, hachas…

La presencia humana en la sierra es contínua, aunque las primeras descripciones se las debemos a los cronistas que acompañaron a los legionarios de Roma: Estrabón, Apiano, Polibio, y que nos hablaron de los diferentes pueblos que encontraron en su avance por la meseta. Y en esta zona concreta que nos ocupa, de los carpetanos, pueblo celtíbero dedicado sobre todo al cuidado de numerosos rebaños de vacas, ovejas y caballos. El clima de la sierra y de su templada vertiente sur favorece unos pastos excelentes para el ganado, que sorprenden a los romanos por su abundancia y a los árabes por su calidad:

…en cuanto a su alimentación, se sirven de todo tipo de carnes, que abundan entre ellos… (Diodoro de Sicilia, Libro V, capítulo 34)

…en esta sierra hay mucho ganado vacuno y ovino con el que trafican los ganaderos para aprovisionar todas las comarcas. No hay ninguna vaca ni oveja flaca, antes bien, todo lo contrario, están bien cebadas y gordas. Por éso corre un refrán por toda España aludiendo a la bondad de las vacas y ovejas serranas… (Al Idrisi, geógrafo árabe, año 1100).

La presencia árabe

Es un error muy difundido hablar de los 800 años de presencia árabe en España (781 años, exactamente). Ésto se puede aplicar, si acaso, a Almería, Granada y Málaga. En Andalucía Occidental o Murcia, la cifra se rebajaría a 250 años, y en Toledo, Madrid o Zaragoza a 120 ó 130 años como máximo. Sí que hubo incursiones o expediciones hasta Galicia, Cataluña y el sur de Francia, pero apenas hubo ocupación al norte del Ebro o del Duero, encontrando siempre tenaz resistencia por parte de los visigodos.

Hacia el año 740 llegaron de Oriente tropas sirias para sofocar los ataques de los vándalos del norte de África y los visigodos de España. Éstos, desde Galicia, León y Extremadura se agruparon cerca de Toledo, amenazando la ciudad, aunque serían derrotados por la coalición árabe-siria.

Los sirios fueron asentados con sus familias, de acuerdo con el régimen de la hospitalidad romana, vigente en la España visigoda, recibiendo dos tercios de las propiedades donde se instalaron, tanto en tierras como en ganado y esclavos, con la condición de prestar ayuda militar a los emires de Córdoba. A partir del año 743 las provincias ocupadas por los sirios recibieron el nombre de “provincias militarizadas”, porque en cada una de ellas estaba acantonada un ejército sirio, cuyo régimen militar estaba calcado de la milicia romana o bizantina, ocupando la zona que se extiende hoy desde Cartagena al Algarve.

Éste fue el territorio realmente ocupado por los árabes desde mediados del Siglo VIII hasta el Siglo XI, porque hay que distinguir entre ocupación efectiva de un territorio enemigo, de las incursiones esporádicas con el objetivo de destruir cosechas o capturar botín y prisioneros.

 

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La Marca Norte

Los territorios al norte del Guadiana pertenecientes a Al Ándalus y sin guarnición militar fija, se regían por las capitulaciones con estatutos especiales, gozando de un régimen de autonomía local y, en muchos casos, el reconocimiento de la autoridad de Córdoba sería más formal que real. Esta situación tan especial produjo frecuentes conflictos con ciudades tan importantes como Mérida, Zaragoza y, especialmente, la levantisca Toledo, contra la que menudearon expediciones de castigo en los años 797, 807 y 814 (esta última, con incendio de la ciudad incluído), o la “Jornada del Foso”, en la que 700 notables de la ciudad fueron decapitados como escarmiento a su rebeldía.

Toledo, Talavera y Guadalajara constituyen las tres plazas fuertes que defienden la Marca Norte de los cristianos, siempre amenazando desde el otro lado de las sierras. Entre el Tajo y el Guadiana, un territorio controlado que sirve como colchón de protección para la población estable y las prósperas ciudades de Al Ándalus: Jaén, Sevilla, Córdoba, Almería, Murcia… Y entre el Tajo y la Sierra de Guadarrama, la “tierra de nadie”, casi despoblada, difícil de defender ante las frecuentes incursiones de “infieles”, y donde el dominio musulmán sólo se reconoce en un puñado de plazas fuertes, castillos que sufren una y otra vez asedios por parte de los cristianos, o desde las que parten aceifas, expediciones de castigo, contra Castilla.

Son fortalezas como las de Atienza, Talamanca del Jarama, Alcalá de Henares, Castejón, el muy fortificado Madrid, Peñahora, Calatalifa o, más al norte, Medinaceli, comparado por un cronista árabe a un:

…espolón contra Castilla y un nudo en la garganta de los infieles…

Pero es en plena Sierra de Guadarrama donde se encuentra la primera línea de fuego, la frontera, el último campamento tras el cual ya sólo hay tierra cristiana, el Fagg Humaid o Puerto de Humaid, identificado también como Balat Humaid (Camino de Humaid), el Balatomé mencionado en las fuentes cristianas:

…se exime de todo pecho (impuesto) a las alberguerías de los puertos de Valathomé, Fuenfría e de Manzanares e de Malangosto… (Carta de Alfonso X El Sabio, fechada el 26 de Junio de 1273).

Las fuentes árabes confirman que la frontera siempre estuvo ahí, desde el Siglo VIII al X. Se llegaba a él subiendo el curso del río Guadarrama, hasta la altura de Tablada, camino del Puerto del León (o de Los Leones, llamado así por el frente mantenido aunque, esta vez, en la Guerra Civil), paso natural entre ambas Castillas. Pero que a los árabes no les asustaba cruzar la montaña, lo demuestra la misma existencia del Puerto y, sobre todo, el frecuente uso del mismo para dirigir desde allí sus aceifas por territorio cristiano:

-Abderramán I, casi recién llegado, huído de Damasco para restaurar la dinastía Omeya en Córdoba, cruzó el Puerto el año 755 para atacar Segovia.

-Abderramán II organizó una expedición de castigo contra Castilla por la ayuda prestada a los rebeldes toledanos, el mes de Julio del año 838. Partiendo de Toledo, subió el curso del río Guadarrama hasta llegar al Balatomé. En el año 840 repitió la expedición, llegando hasta Galicia.

-En el año 943, Abderramán III invitó a un príncipe idrisí, norteafricano, que quería participar en una aceifa, y le aseguró que sería regiamente atendido en cada uno de los treinta campamentos reales, desde el primero en Algeciras, hasta el de Humaid, en el confín de la frontera.

-o el más famoso, el caudillo militar Almanzor (del árabe Al Mansur = el Victorioso), azote de cristianos durante más de treinta años, que utilizó este paso en varias ocasiones, en alguna de sus temidas razzias, en las que llegó a destruir Barcelona o a saquear Compostela, llevándose las campanas de la catedral a lomos de cristianos hasta Córdoba para utilizarlas como lámparas de aceite en la Mezquita. Como ejemplos y en un par de ocasiones, el 23 de Mayo del año 977 y partiendo de Madrid, cruzó el Puerto para conquistar y saquear Cuellar. O en el año 989, al menos, volvió a pasar otra vez, camino de León.

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-por último y para no extenderme demasiado, citar la expedición de Al Mamún, que en el año 1072 atacó Segovia, destruyendo parte del acueducto, reconstruído por Isabel La Católica en 1484.

La guarnición de estos puestos avanzados, no exentos de peligro, también fue especial. Además de pequeños destacamentos regulares, se recurría a un sistema de claros antecedentes romanos: tropas fronterizas auxiliares, contratadas entre la población local, con sueldo y parte en el botín obtenido en las aceifas.

Pero otro sistema paralelo consistía en la concentración de ascetas y jóvenes novicios, monjes guerreros que, durante el Ramadán y otras épocas, se acercaban a la frontera para consagrarse al ayuno, la oración, el estudio y la yihad (del árabe: el esfuerzo), la guerra santa. A Toledo, sede de estudios coránicos, acudían jóvenes llegados de todas partes, incluso de Oriente, y desde allí se repartían como ribat o combatientes por la fe, desde Medinaceli hasta Coria, por todos los castillos, allá donde su presencia fuera necesaria.

PostData: los dos mapas reproducidos pertenecen al Atlas Histórico de la Península Ibérica, Vol. I (y último, no hubo más), con el subtítulo: Desde Tartessos hasta la muerte de Alfonso VIII (1214). Esta serie de 56 mapas se publicaron, como suplemento, del boletín El Miliario Extravagante, entre 1993 y 1999. Su autor, ya fallecido, Gonzalo Arias, y al que tuve el placer de conocer personalmente, fue todo un personaje. Le dedico una entrada en este blog.

 

Sobre Reyes Magos, reliquias y evangelios

 

Lipsonoteca 3

Uno de los relicarios expuestos en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

En el extra de Navidad de hace unos años, en la revista Apuntes de la Sierra, revista de ámbito local en San Lorenzo de El Escorial, S. Zapke y G. Sabau en su artículo El sepulcro de los Reyes Magos comienzan diciendo que:

…la veracidad de la encantadora historia de los Reyes Magos está básicamente fundamentada en el Evangelio de San Mateo…para añadir que: …el texto de San Mateo no admite discusión…y continuar después con un bien documentado trabajo sobre sus reliquias, incluyendo la del dedo del rey Baltasar, custodiado en la lipsonoteca (la colección de reliquias) atesorada por Felipe II, del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Con la intención, no de polemizar, sino de arrojar alguna luz sobre tan delicados temas, me gustaría exponer algunos hechos, quizá no tan conocidos como la historia de los Reyes Magos.

De sectas, herejes y evangelios:

Las primitivas comunidades cristianas se extendieron desde Judea por todo el Mediterráneo y el Medio Oriente hasta Persia, por una región y en una época repletas en creencias y filosofías pre-cristianas. Desde influencias del budismo al panteón greco-latino, pasando por los cultos de Mitra, Zoroastro, mazdeísmo, mitos egipcios, esenios, gnósticos, etc., que impregnaron en mayor o menor grado al joven cristianismo en expansión.

Este cristianismo ha ido asentándose en pequeñas comunidades, a veces aisladas o muy lejanas unas de otras. Hay que tener en cuenta que el cristianismo surge como una secta divergente dentro del judaísmo oficial, estando inicialmente muy mal visto o incluso perseguido por parte de los propios judíos, por no hablar del imperio romano, bajo el que nace. Dentro de estos pequeños grupos, cada cual se ha ido formando y ha ido recibiendo diferentes influencias y el mensaje o la evolución de ese mensaje en cada una de ellas puede llegar a ser radicalmente opuesto al de otras. Aún no hay un canon que las homologue, aún no hay unas normas que las unifique, éso lo irá imponiendo la Iglesia más tarde. Pero todas y cada una de ellas se creen en posesión de la verdad absoluta.

Al filo de esta evolución, surgen diferentes sectas, de las que llegaron a contabilizarse hasta 128 a finales del Siglo IV. La lista es casi infinita: coreítas, setheistas, maniqueos, carpocracianos, sabeanos, coliridianos, docetas, montanistas, cerdonianos, valentinianos, astotiritas, ofitas, cainitas, nicolaítas, tascodrujitas, sampseanos, hemerobaptistas, nestorianos, monofisitas, etc., etc., etc…, de alguna de las cuales, a su vez, nacerían herejías europeas posteriores como el priscilianismo, los cátaros o los bogomilos, entre otras. cada cual con su diferente interpretación del mensaje cristiano. Y, como es de suponer, cada una de estas sectas se veía como la única y verdadera, cruzándose mutuamente acusaciones de herejía (del griego aíresis: la convicción):

Ningún hereje es cristiano. Pero si no es cristiano, todo hereje es demonio: reses para el matadero del infierno (San Jerónimo, Doctor de la Iglesia).

En las comunidades cristianas se van recopilando, por escrito, los testimonios orales que circulaban de boca en boca, dándoles formas o versiones diferentes. Aparecen así los Evangelios. El origen de la palabra es griego, de Eu (bueno) y Angelos (mensaje, la misma raíz que designará a los “ángeles”: los mensajeros celestiales, intermediarios entre Dios y los hombres). Cuando en una remota comunidad cristiana aparecía alguien -que generalmente venía de lejos- trayendo noticias y novedades, era todo un acontecimiento y motivo de gozo para aquellas gentes, era un buen mensaje. Era la única forma de estar actualizado, en unos tiempos en que no existía la radio, la televisión, y mucho menos internet o los teléfonos móviles.

Los cuatro evangelios…y cincuenta más.

Hoy conocemos como Evangelios por antonomasia los llamados Evangelios Canónicos, reconocidos por la Iglesia: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Pero existen al menos cincuenta más, conocidos como Apócrifos (del griego: ocultos). Hasta el Siglo IV se admitieron como buenos todos ellos, incluso los Padres de la Iglesia citaron con veneración numerosos pasajes de los Apócrifos. Pero es a partir de los Concilios de Nicea (año 325) y de Laodicea (año 363) cuando las autoridades eclesiásticas, de una Iglesia cada vez más poderosa, impusieron la admisión exclusiva de los cuatro Evangelios Canónicos, con la prohibición absoluta y penada de dar crédito a los Apócrifos.

Curiosamente el Evangelio de San Juan estuvo a punto de no ser admitido, bajo sospecha de gnóstico, y el Apocalipsis de San Juan fue considerado herético hasta que los Padres de la Iglesia lo declararon oficial a finales del Siglo IV. En el Concilio de Hipona (año 393) quedó definitivamente fijada la lista, el Canon Bíblico. El por qué se admitieron unos y no otros es una interesante cuestión que no viene ahora al caso.

La autoría de los Evangelios ha hecho correr ríos de tinta por parte de los tratadistas de la Iglesia así como numerosos seglares. Este artículo como tal fue publicado hace unos diez años, pero en el 2014 se editó un libro: El Reino, del francés Emmanuele Carrère, donde investiga y documenta abundantemente sobre la figura y la vida de San Lucas, secretario y acompañante del apóstol San Pablo, auténtico “creador” (San Pablo) de lo que constituiría la ideología cristiana, abierta a la predicación a los gentiles (a los no-judíos) precisamente por oposición al núcleo judío que permaneció en Jerusalén y que era partidario de la conversión tan sólo a los hebreos.

No obstante, se admite por fuentes tan libres de toda sospecha como teólogos, filólogos y tratadistas de la Iglesia, que ninguno de los Evangelios, ni Canónicos ni Apócrifos, tiene un único autor, y que todos han sufrido a lo largo de los años modificaciones, así como la supresión de párrafos que chocaban con las ideas del momento.

El Evangelio según San Mateo y los Reyes Magos

En los Evangelios Canónicos podemos detectar la primera división surgida entre los cristianos: los hebraicos, partidarios de reservar el cristianismo únicamente para los judíos (tendencia de San Pedro, reflejada en el Evangelio según San Mateo), y los helenizantes, o partidarios de extenderlo también a los gentiles, o no judíos. El Evangelio según San Lucas defiende esta otra línea, encabezada por San Pablo, lo que le valió alguna paliza, cárcel, confinamiento e intentos de linchamiento en sus dilatados viajes por parte de hebraicos un tanto integristas. Era un hombre sufrido, sin duda. Se hizo tejedor para mantenerse de su propio trabajo. No admitía regalos y el dinero que recolectaba en las comunidades cristianas para la “casa madre” lo llevaba a Jerusalén donde, las pocas veces que estuvo, siempre fue muy mal visto.

Pues bien; paradójicamente, el hebraico Evangelio según San Mateo es el único de los cuatro Canónicos que menciona a los Reyes Magos. Y digo paradójico, pues sugiere la aceptación del cristianismo por parte de extranjeros. Pero la mención es un tanto confusa: no dice ni cuántos, ni el nombre, ni que fuesen reyes:

Después de haber nacido Jesús en Belén de Judea, en el tiempo del rey Herodes, unos magos de Oriente (el subrayado es mío) se presentaron en Jerusalén, diciendo: “¿Dónde está el que ha nacido, el Rey de los Judíos?. Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo” (San Mateo, II-1,2).

¿De dónde salió entonces toda esta historia de que eran tres (en los relatos armenios y sirios el número suele ser doce), de que eran reyes y además llamados Melchor, Gaspar y Baltasar, uno de ellos negro, para más señas?. Viene a cuento el comentario del Director de la Casa de la Biblia de Madrid, Don Evaristo Martín Nieto, en la introducción al Evangelio según San Mateo, de La Santa Biblia (Ediciones Paulinas, página 1149):

Este evangelio es, pues, esencialmente doctrinal. La preocupación histórica es siempre en él puramente marginal.

Como vamos viendo, el texto de San Mateo, sí admite discusión.

Aparecen los Reyes Magos

David Copperfield hubiese asombrado a los antiguos con sus trucos, pero nunca le hubieran llamado mago. Los magos (del sánscrito meg mag: grande, sabio) constituían la élite de la casta sacerdotal en la antigua Persia. Y, para los judíos, decir mago era decir persa, con un componente añadido de exotismo y fascinación.

Ya en el Antiguo Testamento aparecen remotas profecías sobre estrellas brillantes a cuyo resplandor acudirán reyes cargados de presentes. En los salmos de David se habla de mirra, áloe y oro de Arabia (XLV, 9). El profeta Isaías se extiende un poco más cuando predice que:

Las naciones caminarán a tu luz y los reyes al esplendor de tu aurora (LX, 3)….todos vendrán de Saba, trayendo oro e incienso…(LX, 6). Y ya, como curiosidad, Isaías menciona al reino de Tartessos, que floreció en las costas de Cádiz hace más de tres mil años: Y al frente de ellos los navíos de Tarsis (LX, 9).

El profeta Balaam, en el Sepher Vaieddaber (XXIV, 17), menciona también…una estrella brillante que se levantará, cual rey glorioso, de la estirpe de Jacob… Estas y otras profecías dejaron el terreno abonado para los relatos sobre la Adoración del Mesías que aparecen tanto en los Evangelios Canónicos como en los Apócrifos.

El evangelio considerado más antiguo por los expertos (su primera redacción en arameo se estima posterior al año 60), el apócrifo Proto-Evangelio de Santiago, menciona…unos magos de Oriente (XXI,1-4), de forma prácticamente calcada a la única cita canónica, la del Evangelio según San Mateo (II, 1-2). Y dado que éste se redactó entre los años 90 o 100, podemos suponer quién copió a quién.

Pero hay otros dos evangelios, apócrifos, que hablan de los Reyes Magos con bastante más detalle: el Evangelio Armenio de la Infancia y el Evangelio Árabe de la Infancia, traducidos por Peeters (Evangiles apocryphes, 1914), que les llamó las mil y una noches cristianas  por su abundancia en narraciones. El Evangelio Árabe (VII, 1-4) habla de los persas:

…adoradores del fuego y las estrellas, que enviaron a tres reyes, hijos de los reyes de Persia, con oro, incienso y mirra…según que Zoroastro lo había predicho…

El Evangelio Armenio es el que más datos proporciona (V, 10; XI, 1-25):

Y aquellos reyes de los magos eran tres hermanos. El primero era Melkon, rey de los persas; el segundo, Gathaspar, rey de los indios; y el tercero, Paldasar, rey de los árabes.

De ambos evangelios derivó el Libro de la Infancia,

citado por Sargis Shnorhali (Siglo XII) y por el príncipe armenio e historiador Vardán, en el Siglo XIII, de donde copió los nombres (con su fonética primitiva) y sus cualidades. Vardan, en su Geographia, dice que en el convento de Amenaphrkié se creía poseer la tumba de Gaspar. Para terminar, y ya en Europa, el primero que habla de ellos con sus nombres actuales fue el benedictino inglés, San Beda el Venerable (673-735), en su Historia Ecclesiastica.

Hasta aquí, todo bien, excepto por un par de detalles. Los Evangelios de la Infancia fueron redactados, como muy pronto, a finales del Siglo VI, ya un “poquito” alejados en el tiempo del momento de la Adoración, y en una zona de fuerte influencia de cultos orientales (cita de Zoroastro, más conocido en Europa como Zaratustra, mítico profeta persa) que pudieron “contaminarles”.

Por otra parte y, muy importante para un buen creyente, los nombres y detalles concretos de los Reyes Magos únicamente aparecen en unos evangelios condenados por la Iglesia, hace ya 1.600 años. La cuestión es: ¿debe un buen cristiano conceder crédito a lo que cuentan unos libros condenados por falsos y heréticos?…aunque a San Beda el Venerable no pareció importarle mucho. ¿O debe ceñirse a lo que cuentan los Canónicos y admite, por tanto y en exclusividad, la Iglesia?. O sea: ni Melchor, ni Gaspar, ni Baltasar, ni reyes, ni negro. Ni, por supuesto, reliquias fiables.

Reliquias para todos los gustos

Vidrieras Sainte Chapelle

Las impresionantes vidrieras, que fueron revolucionarias para su época por los colores y su estructura, de la Sainte Chapelle de Paris. Construida entre los años 1.242 y 1.248 en la isla de la Cité, en París, por el rey Luis IX, llamado El Santo. Se edificó con la intención de albergar dos reliquias de la Pasión de Cristo: la Corona de Espinas y un fragmento de la Santa Cruz, compradas al emperador de Constantinopla. Dicho emperador hizo un gran negocio: la compra de las reliquias costó más que la construcción de todo el edificio.

Los primeros cristianos siguen, hasta el Siglo III, los usos judíos, y los judíos no guardan reliquias. Fue a partir de la peregrinación a Tierra Santa de Santa Helena, la madre de Constantino (el emperador que “legalizó” a los cristianos), y su búsqueda de restos de la Pasión, cuando se abrió la veda. Santa Helena era la mujer del anterior emperador, Constancio Cloro, y se cristianizó. Con casi 80 años viajó a Tierra Santa (entre los años 326 y 328) y se entrevistó con el obispo Macario. Dice la historia que buscaron en el monte Gólgota desenterrando restos de cruces, clavos y hasta la tabla que clavaron en la cruz con la leyenda I.N.R.I. (Iesus Nazarenus Rex Iudeorum = Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos).

Si pensamos que el monte Gólgota era el lugar de las crucifixiones, castigo reservado a los ladrones, criminales y a los esclavos fugitivos (nunca a ciudadanos romanos de pleno derecho, a ésos se les decapitaba ahorrándoles el largo tormento de la cruz), podemos imaginar que en trescientos años habían pasado por el monte Gólgota cientos o incluso miles de condenados. Al monte Gólgota se le conocía también como el monte Calvario, por la cantidad de calaveras allí existentes, restos de las víctimas. Y los restos de madera podrida de las cruces o los clavos herrumbrosos deberían ser muy abundantes. Pero Santa Helena, ¡ay!, era nada más y nada menos que la madre del emperador, y había que encontrar restos, sí o sí

. Y, por supuesto, los encontraron. Los judíos siempre han sido grandes comerciantes y no iban a dejar escapar semejante oportunidad.

Pero fue a raíz de la conquista de Jerusalén por los cruzados cuando comenzó el negocio millonario de la búsqueda (o fabricación) y venta de reliquias, que inundaron Europa. San Cirilo de Jerusalén ya se quejaba de que el orbe cristiano estaba lleno de astillas de la Vera Cruz. Apenas hay iglesia o monasterio que no se precie de atesorar algún fragmento de Lignum Crucis, de madera de la cruz, hasta tal punto que si se reuniesen daría para montar más de veinte cruces.

Con los clavos de Cristo se podría montar una ferretería: el historiador alemán Herrmann enumeró ventisiete, pero hay más. Espinas de la corona, se cuentan más de ochocientas. Del Santo Grial, el cáliz de la Última Cena, hay cuatro sólo en España y cinco más en Francia e Italia. En cuanto a la Sábana Santa (la más famosa, la de Turín, está datada por el carbono-14 en el Siglo XIV) existen cincuenta y una entre Francia, España e Italia, sin contar con los paños de la Verónica.

Pero hay reliquias mucho más surrealistas. Del Santo Prepucio, de cuando circuncidaron a Jesús, hay catorce, estudiados por el dominico A. V. Müller, uno de ellos en Burgos. Santa Catalina de Siena, según propia confesión, llevaba y sentía en el dedo el prepucio que Cristo mismo le había entregado.

El Monasterio de El Escorial alberga la mayor colección de reliquias de todo el mundo: más de 7.000 (concretamente, 7.422), muchas con su “certificado de autenticidad”. La “lipsonoteca” (nombre más exacto) fue reunida en vida por Felipe II, en la que gastó sin duda una fortuna, aunque inferior a la que pagaría San Luis de Francia por las suyas. Se pueden ver en la entrada de la basílica dos días al año: el Domingo de Resurrección y el 1 de Noviembre, días en que se abren las puertas que la protegen. A la izquierda, la dedicada a reliquias de santas y de mártires, mientras que a la derecha reposan los restos masculinos.

Lipsonoteca 2 detalle mujeres

Parte de las reliquias femeninas. Como símbolo del martirio, corte en el cuello

Sólo entre dos iglesias de Sangüesa, Navarra: la de Santa María y la de Santiago, reúnen tres pedazos de la cruz, piedra del santo Sepulcro, cabellos de la Virgen María, aceite en el que frieron a San Juan Evangelista, maná del que alimentó a los judíos en el desierto durante su huída de Egipto, un pié de San Bartolomé, barro del que sobró de moldear a Adán, lágrimas de Moisés, etc…

Más ejemplos: plumas y huevos (?) del Espíritu Santo (obispado de Maguncia), una pluma blanca del ala del arcángel Gabriel (Sangüesa), otra pluma del arcángel Miguel (Liria), una pezuña del diablo (Cuenca), leche de la Vírgen María, dientes de leche del Niño Jesús, el cuerpo de uno de los Santos Inocentes, una sandalia de San Pedro… Yo, humildemente, me atrevo a preguntar: ¿serán de verdad todas estas reliquias?…

Epílogo. Unas pequeñas dudas

Unos Reyes Magos que aún ni se conocían cuando, teóricamente, aparecieron, y que posiblemente inventaron (para colmo, unos “herejes”) quinientos años después…y unas reliquias, bastante dudosas de por sí, de estos más que dudosos Reyes.

Como motivo para cabalgatas navideñas o como historia para contar a los niños, me parece un cuento precioso, y me extraña que los de la factoría Disney no la hayan aprovechado para una película. Pero para una persona seria, creo que la historia arroja las suficientes sombras como para admitir discusión…a no ser que uno la quiera contemplar bajo la inconmovible y proverbial fe del carbonero.

Lipsonoteca 1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De Toledo a Tombuctú. Unitarios, trinitarios y los descendientes de Witiza.

Oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza, decían las crónicas. Tiempos revueltos, aquellos últimos años de la dominación visigoda en la península. Pero, ¿quién era ese tal Witiza de tan mal agüero?… pues el penúltimo rey godo, y el último “legal”, en el sentido de que, entre los nobles visigodos, se designaba al sucesor por asamblea. En algunos casos podía ser su hijo, pero en otros no: se nombraba al que se considerase más apto. En el caso de Witiza la sucesión se solucionó por la vía más drástica: su sucesor, Roderico (más conocido en las crónicas como Don Rodrigo) con el acuerdo de parte de la nobleza visigoda le hizo prisionero y lo más seguro es que muriese estando encarcelado, aunque las crónicas son confusas y contradictorias.

 
Witiza se había convertido en un personaje “incómodo” ante la nobleza visigoda y, sobre todo, ante la Iglesia. Cuando los visigodos se establecen en España en el año 507 siguen los principios de Arrio, presbítero de Alejandría, que niega el dogma de la Santísima Trinidad. Para los arrianos Dios es uno, y Jesucristo que llegó después, tan sólo su hijo, careciendo de la naturaleza divina. En el griego, lingua franca  en el que se expresan los primitivos cristianos, definen la naturaleza de Jesús con una palabra muy bonita: la homoiusia, lo que vienen a decir que es de sustancia semejante a Dios Padre pero no igual, al carecer de vida eterna. Por contra, la Iglesia de Roma a la que el emperador Constantino debe su apoyo proclaman en cambio la firmeza de ese dogma en el Concilio de Nicea, en el año 325, y vuelven a establecerlo de forma definitiva en el Concilio de Constantinopla, año 381. Para dejarlo bien claro a sus fieles, redactan la oración del Credo (en latín= yo creo). Dios es uno y trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Definen la naturaleza de Jesús con otra palabra: homoousia, o consustancialidad. Una sola letra de diferencia pero que marca una enorme distancia. Sus seguidores serán los católicos, también llamados trinitarios, mientras que el unitarismo de los arrianos queda declarado como herejía.
 
Semejante diferencia teológica era una más entre las controversias de las numerosas sectas cristianas, más de doscientas durante los tres primeros siglos del cristianismo (aunque surgirían otras durante la Edad Media), que se extendían por el Mediterráneo. Pero el poder se apoya en la fe, y viceversa. Cuando el rey godo Recaredo, aprovechando el Tercer Concilio de Toledo en el año 587 se declara públicamente católico, y abandona el arrianismo hasta entonces practicado por sus antecesores, lo condena como pública herejía, perseguible y castigable. En su decisión muy posiblemente cuenta el que la poderosa Iglesia hispano-goda, con sede en Toledo, sigue las directrices de la de Roma y es, por tanto, trinitaria.
 
Cabe pensar que para la Iglesia, sobre todo para sus miembros más preparados, estas disquisiciones teológicas eran, si no fácilmente comprensibles, sí asumibles. Pero para la gran masa de la población aunque cristianos, este nuevo dogma de la Santísima Trinidad podía resultarles un tanto difícil de asimilar. No en vano, cuando la Iglesia se refiere a él lo suelen denominar como el “misterio” de la Santísima Trinidad, ya están dando pistas de que no es tan fácil entenderlo. Ahora y tras casi dos mil años de repetirlo lo tenemos bastante asumido. Pero para aquellas gentes sencillas creer en Dios, en un único Dios, era fácil.
Ahora bien: que ese Dios sea uno y trino, que el Hijo (que al fin y al cabo nació después, y fue hombre en un cuerpo material y mortal) sea de la misma naturaleza que el Dios creador de todo, es más extraño. Pero que además haya una Tercera Persona (el Espíritu Santo), sin entidad visible, y al que para poder imaginar se le represente en forma de paloma, no deja de ser confuso…el “misterio” era un tanto misterioso… La gente de a pie, se sentían más cómodos, tenían que pensar menos bajo el unitarismo de los arrianos que bajo el trinitarismo de los católicos, aunque para estar a bien con la autoridad, y más bajo el peligro de ser considerados herejes, aceptasen el dogma. Fe, al fin y al cabo, significa creer ciegamente, con la proverbial e incombustible fe del carbonero, en lo que no se puede ver ni demostrar.
 
Tras más de cien años desde la conversión oficial de la aristocracia goda al catolicismo, Witiza da un golpe de timón y se declara partidario del unitarismo arriano. No podemos saber sus motivos, tan sólo especular. ¿Enfrentamientos con la Iglesia…convencimiento propio?…. Su decisión divide a los nobles visigodos: mientras unos vuelven al unitarismo arriano, otros siguen siendo partidarios del trinitarismo católico. Pero hay un hecho que resulta sospechoso. De los diez y ocho concilios de Toledo (desde el año 397 hasta el 702) se conservan las actas de todos…excepto del último, celebrado ya bajo el reinado de Witiza. ¿Perdido, destruído quizá…?. En los concilios se registraban tanto acontecimientos religiosos como las leyes promulgadas por el monarca de turno.
 
Aunque no podamos consultar las actas de ese último concilio, y cualquier especulación sobre su contenido está sujeto a la particular interpretación de numerosos autores, hay testimonios y comentarios que giran sobre él en los que, con una mezcla de escándalo y de asombro, se nos cuenta que, por ejemplo, Witiza autoriza el matrimonio de los sacerdotes y tolera la poligamia, amén de otras reformas “escandalosas”, y que limitan el poder de la Iglesia. Es muy posible que Witiza regularice unas costumbres que se habían vuelto casi norma. La moral de la época no era la nuestra, y concubinatos (dentro de la iglesia) o poligamia (usual entre los judíos) no eran hechos aislados. 
 
Hay otro hecho a tomar en cuenta: los musulmanes son unitarios (No hay más Dios que Alá, comienza la shahada,su declaración de fe), al igual que los judíos, para los que sólo hay un Yahvé. La masa de la población hispana posiblemente también. Y el sector visigodo como el que encabeza Witiza, se declaran unitarios. En cambio para los musulmanes, ese trinitarismo les resulta cuando menos extraño, y lo asimilan al politeísmo de los griegos. Para ellos, en absoluto respetable. El entendimiento es mucho más fácil con los unitarios, con los que se identifican.
 
Sea como sea y por estas u otras razones, efectivamente, “oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza”… De una forma que las crónicas reconocen como violenta, Witiza es encarcelado y desaparece del mapa. De Don Rodrigo nos cuenta la historia su derrota a manos de los invasores musulmanes que, desde su foco original en Arabia, se van expandiendo y van dominando el Magreb hasta acabar desembarcando en Gibraltar. Las crónicas nos cuentan también que el gobernador de Ceuta y de la Hispania Tingitana, provincia española que comprendía la franja costera de lo que ahora es Marruecos, el conde Don Julian, solicita ayuda a los recién llegados para combatir a Rodrigo. ¿La causa?. Por una parte, por fidelidad debida al depuesto Witiza que le había nombrado gobernador. Y, por otra parte, el romancero cuenta que Rodrigo había violado o seducido a su hija, Florinda la Cava, por lo que Don Julian busca venganza para restablecer su honor. Como argumento de los abusos de Don Rodrigo cuenta el romancero con un toque muy fantasioso que, cuando localizan a Rodrigo, ya derrotado y escondido en una cueva donde mora una enorme serpiente, ésta le está devorando y, en sus propias palabras confiesa: …ya me come, ya me come, por do más pecado había…
 
Visigodos y musulmanes se enfrentan en la famosa batalla del Guadalete, que se extendió entre el 19 y el 26 de Junio del año 711, en forma de escaramuzas o combates abiertos. Durante esa semana los enfrentamientos son constantes. Ya apunta el romancero:
…Las tropas de Don Rodrigo se desmayaban o huían cuando en la octava batalla sus enemigos vencían…
 
En una de esas contiendas los partidarios y parientes de Witiza se largaron del campo de batalla dejando solo a Rodrigo, lo que condujo a su derrota. No fue sólo éso: a finales de ese mismo año Don Oppas, hermano de Witiza y obispo de Toledo entrega la ciudad sin combatir, completando su venganza.
 
Fueron muchos los nobles godos que se islamizaron voluntariamente, sin excesivo esfuerzo, bien por identificarse con el unitarismo de los musulmanes, bien por conservar sus privilegios, para ayudar a los inicialmente escasos musulmanes (Tarik cruza el Estrecho con tan sólo siete mil soldados), o un poco de todo. Como ejemplos: Los Banu Qasi (arabización de Casius, apellido latino), dinastía hispano-goda que durante generaciones gobiernan la zona al norte del Ebro, o Tudmir (de Teodomiro), noble godo que gobierna parte de las provincias de Alicante y Murcia. Y, entre ellos, los familiares de Witiza. Sus descendientes arabizan su apellido como los Kati o  Quti. Incluso hay una rama que descienden de Sara, nieta de Witiza: los Qutiya (=los de la goda). Y bajo ese apellido y en sucesión directa, el destino quiso que acabaran en la lejana Tombuctú. Pero eso es motivo para otro artículo…¡perdón!…para otra entrada.

Eulogio, el obispo cordobés que no sabía quien era Mahoma

 

Mapas Gonzalo Arias

Corría el año 848 cuando Eulogio, sacerdote cordobés de noble familia senatorial y más tarde obispo de Toledo, decidió viajar hasta la lejana Germania con la intención, al parecer, de visitar a su hermano. Tenía por aquel entonces cuarenta y ocho años. Él no lo sabía pero los percances de aquel viaje iban a transtornar profundamente las, hasta entonces, pacíficas relaciones entre musulmanes y cristianos.

Según cuentan las crónicas, en el año 711 las tropas musulmanas del general bereber Tarik, a las órdenes de Musa ibn Nusair, vasallo a su vez de Walid I, cruza el estrecho de Gibraltar comenzando lo que se prolongaría durante casi ochocientos años como la presencia islámica en la península.

Sin meternos en detalles ni en controversias (que las hay, aunque éso lo dejo para otra entrada) en el año 750 Córdoba se convierte en la capital de Al Ándalus bajo la dinastía Omeya. Tras la matanza de los Omeyas en Damasco por parte de la nueva dinastía Abbasí el último superviviente, Abderramán I, con la ayuda de unos pocos fieles consigue escapar y, tras un periplo lleno de peligros y luchando contra sus adversarios dentro y fuera de la península, encuentra refugio en Córdoba lo que dará origen, años después y ya bajo Abderramán III, al califato independiente de los Omeyas.

Es en esta ciudad, y en el seno de una noble familia cristiana donde nace Eulogio en el año 800. La convivencia de los musulmanes con judíos y cristianos es buena. A los musulmanes les agrada su monoteísmo y les llaman dhimmis o “protegidos”, también conocidos como La gente del Libro, respetando su estudio de la Biblia y de la Torah. Solamente en la ciudad de Córdoba se contabilizaban seis iglesias, con su culto. Según testimonio de Eulogio se trataba de las de San Acisclo, San Zoylo, San Vicente (donde se edificaría la mezquita), San Cipriano, San Ginés Mártir y Santa Eulalia. Además de dos monasterios junto a la ciudad más seis en la sierra.

Dentro de Córdoba estaba la abadía de Spera-in-Deo, centro de estudios, continuador de la tradición de San Isidoro. Eulogio en su Memoriale Sanctorum describe al abad Spera-in-Deo como: …varón elocuentísimo, lumbrera grande de la Iglesia en nuestros tiempos… Bajo su tutela espiritual se forman Eulogio y el que será su amigo y biógrafo Álvaro Paulo de Córdoba. Aunque lego, teólogo, escritor y poeta, Álvaro sobrevive a Eulogio, y será el que nos de testimonio de él y de sus vicisitudes en su Vita vel passio beatissimi Eulogii.

En las zonas controladas por los musulmanes, la mayor parte de la península, además de sinagogas sigue habiendo iglesias, ermitas, obispos, sacerdotes como Eulogio, monjes y anacoretas, y todos disfrutan de libertad de culto y de movimientos. Sólo están obligados a pagar impuestos a sus nuevos amos, exactamente igual que hacían anteriormente con los visigodos y, antes de ellos, con los romanos. Para la gente normal no había apenas diferencia: sólo habían cambiado de señores.

Como decía al comienzo, la convivencia entre las tres religiones es buena. Bajo el prestigio de la cultura y la dominación musulmana es muy frecuente que la población y sobre todo los jóvenes vayan olvidando el latín y expresándose en árabe, adoptando además sus costumbres, vestidos e incluso haciéndose circuncidar. No es de extrañar: en muchos países colonizados por otros la cultura dominante impregna a la población. Pasó bajo el Imperio romano, pasó en las colonias americanas, asiáticas y africanas, y pasa en aquella España recientemente musulmana.Los matrimonios mixtos entre árabes y cristianos aunque algo no muy bien visto, se van haciendo frecuentes, dando origen a la casta de los muladíes, en árabe: los “mestizos”. Este “relajo” de las costumbres no deja de escandalizar a los estrictos observadores de la fe cristiana que ven con preocupación cómo se pierde el respeto por la fe.

Bajo la dominación musulmana en Córdoba (y suponemos en gran parte de la Hispania conquistada) a la población cristiana, al igual que sucedió con la población musulmana residente en territorios reconquistados, se les autoriza a ser gobernados bajo un conde cristiano, así como un juez que controle sus asuntos, un arrendador de tributos y un tesorero, que posteriormente deberán dar cuenta a sus nuevos amos. En cuanto a la pervivencia del culto, se les toleraba ser convocados a la oración al toque de campana, así como conducir a los muertos a la sepultura con cirios encendidos y cánticos bajo la cruz levantada.

Cuando a sus cuarenta y ocho años de edad Eulogio viaja con la intención de llegar a Francia es un hombre sin duda culto y que ha recibido una excelente educación. Lleva casi cincuenta años viviendo en estrecha convivencia con los musulmanes y en una ciudad que lleva casi cien años bajo su gobierno. Sin duda los conoce muy bien: sus costumbres, sus leyes y su religión…o al menos éso es lo que nos imaginamos.

Eulogio intenta cruzar hasta Francia primero por la Marca Hispánica, territorio que coincide aproximadamente con la actual Cataluña y bajo el dominio carolingio de Carlos el Calvo, pero una rebelión ya del lado francés le hace desistir. Lo intenta más tarde desde Pamplona y otro conflicto dinástico se lo impide. Wilesindo, obispo de Pamplona, le acoge y decide pasar unos meses visitando monasterios pirenaicos y estudiando en sus bibliotecas.

Descubre con agrado obras para él desconocidas en Córdoba tales como La Eneida de Virgilio u otras obras de autores latinos como Horacio y Juvenal, e incluso La Ciudad de Dios, de San Agustín de Hipona. Pero es en el monasterio navarro de Leyre, pegado a las faldas de la sierra de Errando, ya en las estribaciones de los Pirineos, donde descubre para su asombro una Vida de Mahoma, personaje al que desconoce. Él mismo lo cuenta así:

Estando yo en Pamplona y viviendo en el monasterio de Leyre, la curiosidad de saber hízome registrar todos los libros allí conservados. De improviso cayeron mis ojos en las páginas de un opúsculo sin nombre de autor, que contenía la siguiente historia acerca del nefando profeta: “Nació el heresiarca Mahoma…”.

Y es aquí donde surgen mis dudas. Una persona adulta, cultivada, de familia principal, que lleva viviendo bajo dominio musulmán cuarenta y ocho años, en una ciudad como Córdoba, capital del señorío islámico desde hace cien años…¿y no sabe quién es Mahoma?…

Un -suponemos que- indignado Eulogio encargó en el scriptorium de Leyre una copia del opúsculo que se llevó a Córdoba, junto con copias de otras obras latinas desconocidas en Al -Andalus. En el dilatado viaje de regreso, durante el cual tuvo tiempo hasta para ser ordenado obispo de Toledo, visitó otros centros cristianos. Pero fue ya al regresar a su Córdoba natal cuando, imbuído de un renovado fervor religioso e indignado por la existencia de “aquel heresiarca Mahoma”, fomentó entre sus acólitos lo que más tarde se llamaría el fanatismo, un movimiento que hoy denominaríamos de protesta, en forma de manifestaciones públicas en contra de la fe islámica o, lo que es lo mismo, de búsqueda voluntaria del martirio, como forma de llamar la atención y servir de ejemplo a otros cristianos.

Los musulmanes podían ser muy tolerantes con los dhimmis, con sus “protegidos”, pero en cuanto a la defensa de su fe son bastante intransigentes. La apostasía es condenada a muerte, así como la blasfemia, los insultos al Islam o el difamar a Mahoma…como hemos tenido ejemplos muy recientes en Europa. Como consecuencia de aquellas protestas, cuarenta y ocho cristianos, el penúltimo de los cuales el propio Eulogio, fueron ajusticiados mereciendo por parte de la iglesia católica el apelativo de mártires. Eulogio redacta el Documentum martyriale, para confortar a aquellos condenados que esperan en las cárceles a ser ejecutados.

El prestigio del que gozaba Eulogio y su dignidad como obispo electo de Toledo le permitieron ser juzgado directamente por el emir Muhammad I. Las crónicas describen al emir como un hombre culto, poeta y matemático, amante de las artes y que embelleció Córdoba aún más de lo que ya era. Pero, ascendido al emirato en el año 852, le tocó bregar con graves revueltas. Las dos peores: con la de la poderosa dinastía de los Banu Qasi (arabización del apellido latino Casius), hispano-godos islamizados, señores de Zaragoza y gran parte del territorio al norte del Ebro, o la de otro caudillo muladí: Omar ibn Hafsún (arabización de Alfonso), que dominó gran parte de Málaga y Granada desde su inexpugnable refugio en Bobastro, dentro de la serranía de Ronda.

A Muhammad I, suponemos que bastante intranquilo a causa de estos y otros graves problemas, sólo le faltaba ya esta ola de rebeldía cristiana en su propia capital. Tras haber ajusticiado a cuarenta y seis cristianos por ofender al Islam ahora le tocó el turno a Eulogio. Durante el juicio, aún tuvo su oportunidad. Uno de los consejeros que acompañaban a Muhamad I le exhortó a hacer un simulacro de retractación:

Pronuncia una sola palabra y después sigue la religión que te plazca…ante lo que Eulogio, manteniéndose en sus trece, se limitó a hacer una defensa del Evangelio. Fue decapitado allí mismo.

Llegado a este punto, cabe plantearnos cómo en Córdoba y en aquellos tiempos, un docto varón como sin duda fue Eulogio desconociese totalmente la existencia de Mahoma. O, lo que es igual: ¿por qué los musulmanes recién llegados a España no mencionaban la figura del fundador de su religión?. Para aclarar este enigma aconsejo recurrir a un libro muy discutido por la ortodoxia cristiana: La Revolución Islámica en Occidente, de Ignacio Olagüe.

Para empezar, Olagüe fue un personaje cuanto menos, curioso. Donostiarra, estudió Derecho y trabajó algunos años como paleontólogo en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Fundó en 1929 el primer cine-club de España. Fue socio en una galería de arte junto a Ernesto Gimenez-Caballero, introductor del fascismo en España y él mismo fué militante de las JONS (Junta de Ofensiva Nacional Sindicalista), de fuerte ideología fascista.

Pero en su libro La Revolución Islámica…, sumamente documentado, obra de un erudito como sin duda lo era Olagüe (publicado por primera vez en París, en francés), argumenta que los primeros musulmanes que llegan a España, supuestamente invadiéndola, y los pobladores hispanos con los que se encuentran, se entienden perfecta y pacíficamente. Ni imponen ni compiten por su religión. Luchan si acaso por desplazar del poder a la élite visigoda para ponerse ellos, pero el hecho es que la población les acepta sin ningún problema y numerosos nobles visigodos se islamizan y se integran con los recién llegados.

La visión, o la imagen que hoy día tenemos de los musulmanes como fanáticos intransigentes e intolerantes, dispuestos a la yihad (en árabe: el esfuerzo) o a reventarse con un cinturón de explosivos o a bordo de un avión, no tiene nada que ver con lo que debió ser la convivencia en la España de los Siglos VIII y IX. Según las actas de los diez y ocho Concilios de Toledo, desde los años 397 al 702, éste último misteriosamente perdido o eliminado, y que va detallando Olagüe uno tras otro, tanto musulmanes como judíos y cristianos eran indistinguibles por el aspecto y la vestimenta, y su religión se limitaba a un discreto ámbito doméstico. Según estas mismas actas los matrimonios mixtos, aunque no bien vistos, eran muy frecuentes.

Nada de invocaciones a Alá desde lo alto de los minaretes por los muezzines. Nada de rezos multitudinarios los viernes, día santo del Islam, en grandes mezquitas. Esas manifestaciones externas de culto se instauran sobre todo con la llegada de los muy fanáticos almorávides desde África, a partir del año 1040, y que se escandalizan por el relajo religioso de los musulmanes asentados en la península. Pero en Córdoba, y hasta el año 850, cada cual iba a lo suyo y me gusta pensar que, aunque tuviesen -como es lógico- sus propios círculos de parientes y allegados, las relaciones vecinales eran tranquilas, nadie se metía con nadie y menos por temas religiosos que, al parecer y visto lo visto, tampoco les producía excesiva inquietud.