La domesticación del lobo y el origen del perro

australiano con dingo

Nativo australiano con su dingo, un perro semidomesticado

Esta entrada del blog en realidad es un capítulo que, a su vez, forma parte de un trabajo aún pendiente de publicación sobre el mastín: El mastín español. Historia de un compañero, que presenté a un certamen convocado por la Real Sociedad Canina en 1998, y en la que tuve el honor de ganar el segundo premio, en su categoría de razas españolas.

De las muchas razas de perros, y del mastín en particular

Perro: (De or. inc.) m: mamífero doméstico, de la familia de los cánidos, de forma, tamaño y pelaje muy diversos, según las razas. Tiene olfato muy fino y es inteligente y muy leal al hombre (Diccionario de la Lengua, de la Real Academia Española).

De esta forma tan sencilla describe la Academia de la Lengua al que se define, por antonomasia, como el mejor amigo del hombre. Y, sin embargo, ignoramos muchas cosas de él…demasiadas, quizá…Para empezar, no está claro ni de dónde viene su nombre: perro. Y aunque se ha pretendido buscar en estas palabras resonancias prerromanas por aquello de que no es palabra de origen latino (en latín, perro es: can/canis) lo cierto es que no aparece en castellano hasta el Siglo XII, concretamente en un documento de 1136, la donación al monasterio de Sahagún de una tierras en el «Monte de la Perra». Ya a partir del Siglo XIII su uso se va extendiendo en castellano. Por ejemplo, en un testamento de 1211 se menciona a un difunto toledano: Diego Perro.

Como ya iremos viendo más adelante, perros y pastores aparecen unidos con frecuencia. Los filólogos modernos ven en la palabra «perro» una derivación de las voces pastoriles «urre» o «prrrr» con las que, todavía hoy, se les azuza en la conducción del ganado.

Vivimos tiempos materialistas y hasta nuestro viejo amigo el perro, corre el riesgo de convertirse en otro objeto de consumo más, como si de un coche o una colonia se tratase y, como tal, expuesto a modas y snobismos: todos quieren tener el perro más caro, o el más original, o el más exótico. El mercado de criadores y pajarerías ofrece a los que desean tener un perro y no se conforman con un «chucho» una extensa gama de razas antes desconocidas y para todos los gustos, de todos los tamaños, colores y pelajes.

Hoy se admiten por la Federación Canina Internacional más de cuatrocientas razas. Tal cantidad se debe a la considerable duración del periodo de selección racial, y el abundante número de generaciones transcurridas. Durante este periodo el perro se diseminó por todo el mundo y se supeditó a dos influencias ineludibles: el medio ambiente y el hombre, que inició su selección con el fin de adaptarlo a diferentes funciones. Y aunque hoy en día algunas de aquellas funciones hayan quedado obsoletas, la desaparición de muchas de estas razas se ha evitado por la asunción de una nueva función hoy más importante: cualquier perro de cualquier raza puede ser, simplemente, un animal de compañía.

El perro pasa a ser un símbolo de status social, y el deseo de poseer una raza original, diferente y, si es posible, única, favorece esas modas cíclicas de perros nórdicos, Pit-Bulls, Shar-Peis, Rottweilers, Westies, Labradores, etc, etc, etc, con los numerosísimos problemas para los dueños que, el desconocimiento y las necesidades concretas del manejo de ciertas razas, engendra en una clientela desorientada como, por desgracia, veterinarios y adiestradores estamos acostumbrados a ver.

Pero no se trata de buscar entre las razas exóticas cuando quizá, dando un paseo por el campo, podemos ver en fincas y prados, junto a un rebaño de ovejas, justo lo que quizá estamos necesitando: un perro fuerte e imponente, fiero cuando hay que defender o tierno y mimoso hasta extremos inimaginables en semejante «oso» cuando nos da su afecto. Y, por si fuera poco, adaptado desde hace miles de años al clima de nuestra tierra, a nosotros, en suma. Estoy hablando del mastín.

El triángulo: oveja, mastín y lobo

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                                             Figura ibera. Lobo devorando a una oveja

Hasta escasos años ha viajado con los rebaños trashumantes y aún sigue guardando, como siempre, fincas y ganados, pese a que su enemigo secular y del que paradójicamente desciende, el lobo, hace lustros comenzó a escasear de forma dramática de nuestras montañas. Porque si para algo fue «inventado» el mastín fue, precisamente, para estorbar entre los otros dos protagonistas de nuestra historia: la oveja y el lobo. Hasta tal punto que si no hubiesen existido éste y aquella, no hubiese hecho ninguna falta un perro como el mastín, con las condiciones de corpulencia e instinto agresivo necesarias para ser el estorbo perfecto entre un predador inteligente y antaño abundante, como el lobo, y la que éste definiría si supiese hablar como su presa ideal por tamaño, escasa agilidad y ausencia de defensas: la oveja. (si tenéis interés ved la entrada El mastín y la Mesta)

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Bien es verdad que como animal de compañía tiene sus limitaciones. Cuando se sube al sofá no hay forma de echarle. Con sus 60 u 80 kilos no se le puede coger en brazos como si fuera el Chihuahua de Paris Hilton, y los lacitos no le sientan nada, pero que nada bien. Si pretendemos que nos devuelva la pelota, vamos listos: agotará nuestra paciencia. Y si lo que queremos es un perro adiestrado para presumir ante los amigos y que se siente a la voz de ¡sen!, olvidémonos de monerías, es cabezón como él solo. Pero…¡cómo conmueve esa cara de pobre desgraciado que nos pone si le regañamos por algo!… Y, cuando al atardecer, desperezándose de su larga siesta, renace el instinto guardián y vigila atento sus dominios, te sentirás mucho más seguro si le tienes cerca. Quizá si os cuento su azarosa historia le apreciaréis aún más.

El origen del perro. El problema de la datación

Determinar con cierta aproximación cuando aparece el perro, es una cuestión indirectamente ligada con la aparición del Homo sapiens y, según el criterio subjetivo de la época o del datador, a veces interesa modernizar todo lo posible dicha aparición o, cual anticuarios, envejecer la especie para darle más valor.

Como dataciones pintorescas resulta casi obligado citar al arzobispo de Armagh, James Ussher que, en 1654, calculó la fecha de la Creación del mundo en el año 4004 a.C. basándose en el estudio de la Biblia. Mucho más fino fue John Lighfoot, director del St. Catherine’s College de Cambrigde que, mediante enrevesadas elucubraciones, la situó el 23 de Octubre del año 4004, a.C. a las nueve de la mañana, un domingo, para más exactitud. Por muy surrealistas que nos puedan parecer hoy estas fechas, fueron admitidas e irrebatibles durante dos siglos.

En 1760 Jean-Louis Lecrerc, más conocido como Conde de Buffon, y autor de una Historia Natural, trató de averiguar el tiempo que tardó la Tierra en consolidarse y, con ello, la edad de nuestro planeta. Estudió la rapidez con que se enfriaban unas bolas de hierro candente. La cifra que dedujo, 75.000 años, les pareció a sus coetáneos totalmente descabellada. Hoy día se admite universalmente la teoría darwinista de la evolución, y una cifra de antigüedad para la Tierra de miles de millones de años. Pero a Darwin -como en su época- no le faltan detractores: los «creacionistas», fieles partidarios de la Biblia, siguen dando a la Tierra una cifra de tan sólo 6.000 años,  y los seguidores del «creacionismo» están admitidos y sólidamente instalados en la enseñanza de los Estados Unidos, sobre todo en su zona más «carca», lo que llaman «El Cinturón de la Biblia», los estados situados al sureste, entre Texas y Florida.

Métodos físicos

Los fósiles pueden ser situados en el tiempo por tres métodos diferentes: por la geología (estudio de los estratos y substratos en que aparecen), por las secuencias establecidas con otros fósiles y, el más usado, por el estudio de elementos radioactivos que descargan energía a un ritmo constante y se transforman en otro elemento, lo que se conoce como envejecimiento, por ejemplo los isótopos Potasio/40, Carbono/14, etc.

Métodos genéticos. El lobo como antecesor del perro

La genética comenzó estudiando los rasgos externos, o fenotipo: color de los ojos, del pelo, etc. Los avances en la investigación y las técnicas de laboratorio permiten trabajar con proteínas de la sangre (hemoglobina, seroalbúmina, enzimas, grupos sanguíneos, etc.) aislando las cadenas de aminoácidos que las forman, replicándolos o mediante anticuerpos. Las semejanzas o diferencias de estas moléculas de aminoácidos entre especies similares (perro, lobo, chacal, coyote, zorro) nos sirven, a modo de reloj, midiendo el grado de separación que haya entre ellas.

La molécula de ADN responsable de la herencia y funcionamiento de todos nuestros mecanismos aparece en el núcleo de las células (ADNn) por recombinación de los núcleos del óvulo y del espermatozoide de nuestros padres. Hay otro ADN: el ADNm o mitocondrial (de la mitocondria, orgánulo presente en el citoplasma de las células), que heredamos directamente de nuestra madre, siempre vía matrilineal y que por tanto no se recombina como el ADNn, sino que se propaga. En el ADN hay unidades de evolución, fragmentos de sus largas cadenas , grupos de nucleótidos, que sufren pequeños cambios periódicamente, más frecuentes en el ADNm y no confundibles con los debidos a la recombinación que se produce en el ADNn, y que actúan como un reloj, al poder medir esos cambios. El problema es la inexactitud de este reloj:

…la dificultad básica que entraña el ejemplo del ADNm para interpretar la historia evolutiva reciente brota de la propia fuente de otra de sus ventajas: en la reproducción el ADNm se propaga, no se recombina. Se transmite además por exclusiva línea materna; en consecuencia, el potencial de deriva genética -pérdida accidental de líneas- es grande: algún ADNm desaparece cada vez que una generación no deja descendencia femenina… (Alan G. Thorme. «Evolución multiregional de los humanos»).

El ejemplo más ilustrativo sería un barrio poblado por inmigrantes que tuviesen todos el mismo apellido: no significaría que descendiesen todos de una sola persona, sino que todos estuviesen emparentados y se hubiesen perdido los otros apellidos al extinguirse ciertas ramas.

Los estudios genéticos comenzaron a principios de los 70 (Vriesendorp, 1972; Wong, 1974; Fisher, 1976; Richkind, 1978; Clark, 1975; Simonsen, 1976; Braend y Roed, 1987; etc, etc.), mediante electroforesis e inmunología de proteínas y enzimas sanguíneos, y por comparación de los diferentes enzimogramas de lobos, perros domésticos, zorros, coyotes y chacales, deduciendo en todos los estudios la afinidad genética entre perro y lobo, y la lejanía con las demás especies. Robert Wayne, biólogo evolucionista y Stephen O’Brien, geneticista, corroboraron en 1987 la hipótesis de que el perro desciende única y exclusivamente del lobo, estudiando las divergencias aloenzimáticas, relaciones filogenéticas y tiempos de divergencia entre doce grupos de la familia Canidae.

El estudio genético más completo hasta la fecha (en que presenté este trabajo, en 1998) fue realizado en 1997 por un equipo internacional de la Universidad de California, en Los Ángeles, dirigido por Robert Wayne, y en el que figuraba un español: Carles Vilá. Este estudio se hizo con muestras procedentes de 162 lobos (de Norteamérica, Europa y Asia), 5 coyotes, 12 chacales, 140 perros de diferentes razas y 5 cruces. En el ADNm obtuvo haplotipos: secuencias particulares de una zona conocida como región control, con altas tasas de mutación, relacionando los haplotipos para agrupar las secuencias caninas y lobunas en claves o grupos.

Este estudio es homologable a los que se han hecho recientemente para comprobar los teóricos y posibles cruzamientos entre el Homo sapiens (Hombre de Cromagnon, u hombre actual) y el Homo neanderthalensis (Hombre de Neanderthal, extinto), y de donde han podido deducir que sí, que hubo «mestizos» resultados de algunos cruzamientos y que en nuestros cromosomas de hombres modernos, hay aproximadamente un 2% de genes del Neanderthal. En cuanto al perro-lobo y resumiendo las conclusiones de tan compleja investigación:

1.- El lobo es el único antecesor del perro. Quedan descartados, por diferencias genéticas marcadas, coyotes y chacales.

2.-Aparecen dos líneas maternas visibles (no se pueden contar, obviamente, las líneas extintas). En dos ocasiones posteriores, al menos, se registra en los genes un cruce de lobo y perra, pero contra lo que cabría pensar es excepcional: los proto-perros sólo se cruzan entre sí.

3.-Las tres cuartas partes de todos los perros actuales tienen un linaje originario de una única hembra.

4.- No hay razas caninas puras: en las razas estudiadas, 67 en total, no se presenta uniformidad de haplotipos, están todas recombinadas.

5.- Por datación genética y comparando las diferencias lobo/coyote, lobo/chacal, lobo/zorro, etc., se calcula la separación entre lobo y perro en un tiempo máximo de 135.000 años, un plazo muchísimo mayor que los 14.000 años aceptados hasta ahora por la aparición de fósiles de perro, distinguibles anatómicamente de los de lobo.

Aquí es donde ha estallado la polémica entre los distintos investigadores, ya que las secuencias de mutación mitocondriales tienen una tasa de regularidad bastante accidentada, lo que les convierte en relojes poco exactos.

…la fecha es bastante dudosa, son 135.000 años, 300% arriba o abajo… (O`Brien)

Los que se dedican a investigar los hallazgos arqueológicos son todavía más escépticos:

…No hay huesos que sugieran perros ni ningún otro animal doméstico, ni remotamente próximo a esa fecha. Si así fuera, el mejor amigo del hombre estaría a su lado royendo huesos cuando los humanos modernos aparecieron en África, lo cual es altamente improbable (Richard Klein, paleoantropólogo de la Universidad de Stanford).

De cualquier manera, la fecha de la domesticación se adelanta bastante más de los 14.000 años que se pensaba en razón de los hallazgos fósiles de perros como tal. Wayne argumenta que no hay fósiles de perro anteriores a esa fecha porque los proto-perros eran, anatómicamente, lobos, y por tanto indiferenciables de los fósiles de lobo que sí aparecen con frecuencia en todos los yacimientos arqueológicos del paleolítico. Se produce una diferencia genética precoz por el aislamiento y los cruces entre los proto-perros. Los cambios anatómicos surgirán con el tiempo.

Existe una explicación etológica al razonamiento de Wayne: los lobos, por contacto muy temprano, constante y prolongado con los humanos, y por el fenómeno de la impregnación, no aprenden la conducta social de los lobos adultos, se «olvidan» que son lobos, y los que quedan en los núcleos humanos irán creciendo aislados de sus parientes salvajes, sin mezclarse, formando una línea genética propia, cual emigrantes que se separaron de su tierra original.

Primeros restos fósiles de perro

Los primeros restos fósiles de perros aparecen en el paleolítico, pudiéndose calcular su antigüedad con un método tan preciso como el Carbono-14, y encontrándose en lugares tan distantes unos de otros como la cueva de Palegawra en Irak (12.000 años), Jaguar Cave en Idaho, USA (10.400 años), Star Carr en Inglaterra (9.500 años), Devil`s Law en Australia (8.000 años), Monteburr en Australia (8.000 años), Xian en China (6.800 años), Benton en Missouri, USA (5.500 años), Pont D`Ambon en Francia (9.700 años), Senckemberg en Alemania, Siberia, etc.

Todos estos restos de Canis familiaris presentan marcadas diferencias anatómicas con el lobo, Canis lupus: estudios de morfología dental (Olsen&Olsen, 1977) y craneal (Clutton-Brock, 1976; Robert Wayne, 1986) así lo demuestran. Otra característica a destacar es que casi todos estos restos presentan huellas inequívocas de haber sido devorados: aparecen chamuscados o presentan raspaduras y señales de haber sido descarnados, o los cráneos aparecen abiertos, para extraer el cerebro. El primer resto de convivencia «cariñosa» fue el hallazgo en una tumba de la cultura natufiense del esqueleto intacto de un perro joven junto a un esqueleto humano, en el oasis de Ain Mallaha, al norte de Israel, de una antigüedad aproximada entre 10.000 y 12.000 años.

En España, los primeros restos fósiles hallados se localizan en cuevas del País Vasco. Antropólogos de reconocido prestigio como Barandiarán y Jesús Altuna han excavado yacimientos en Euskadi, como los de Lezetxiki en Mondragón, Marizulo en Urmieta o Urtiaga en Deva, en las que se han hallado restos de perros, con una antigüedad máxima de 8.700 años. En la cueva de Lezetxiki aparecen restos de perro en diferentes niveles. El más reciente es el enterramiento de un varón joven junto a un perro, de hace aproximadamente 5.000 años. En la cueva de Marizulo, el fósil más antiguo se calcula en 6.500 años, pero hay un hallazgo posterior muy interesante: el enterramiento de un hombre junto a un perro (sin cráneo) y junto a un cordero intacto de tres meses, datado hace 5.500 años. El resto de perro más antiguo es un colmillo inferior, aparecido en la cueva de Arenaza (en 1979), datado en algo más de 8.000 años, aunque en un principio y llevados por el inevitable entusiasmo se dató (en Madrid) regalándole 2.000 años de más…ya lo decía al comienzo refiriéndome a los anticuarios: cuanto más viejo, mejor.

Pero no todos los restos arqueológicos van a ser fósiles. Un animal que, más tarde, será tan retratado como el perro, aparece fugazmente en la pintura rupestre. En España aparece en una representación en la Cueva de la Vieja de Alpera, Albacete, donde podemos ver algo parecido a un perro ayudando a unos arqueros en la caza del ciervo. En el sur de Argelia tuve la oportunidad de ver la figura de un perro en escenas de caza, dentro de la extensa zona de pinturas rupestres de Tassili N’Adyer       

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                        Pintura rupestre en el Tassili N’Adyer, al sur de Argelia

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                                                       Cueva de La Vieja, en Alpera.   

Ued Tebobarén, en Tassili Ti-N-Eggoleh Las Las dos anteriores (Tassili N’Adyer y Cueva de la Vieja) son más o menos conocidas y han sido más representadas. Esta última es casi desconocida, por hallarse en el desierto al sur de Argelia, en una zona muy alejada de zonas pobladas y de los circuitos habituales. Representa una escena de caza: un grupo de perros cercando un antílope, y se halla en el Ued Tebobaren, en el Tassili Tin Eggoleh

La domesticación del lobo. Teorías sobre el origen del perro: los antepasados

El eslabón perdido: Studer, en 1901, propuso el origen del perro a partir de un antecesor salvaje y desaparecido, el Canis ferus. La principal objeción a esta teoría es que, mientras hay numerosísimos restos fósiles de todos los cánidos salvajes, no se ha encontrado ninguno de perro con anterioridad al año 13.000 a.C. Además, en todas las especies domesticas existe o existió su agriotipo o antepasado salvaje: de la oveja, el muflón; del caballo, el tarpán; de la gallina, el gallo bankiva; de la vaca, el uro, etc. ¿Dónde estarían los antepasados salvajes del perro que no se domesticaron?. Respuesta: el lobo. De todas formas, esta teoría fue defendida en fecha tan relativamente reciente y en un sitio tan «serio» como el Primer Coloquio de las Ciencias en París, en 1976.

El chacal: teoría defendida por Geoffroy Saint-Hilaire y apoyado por los estigmas morfológicos por Hubbler y Keller en el mismo Coloquio de París, en 1976. Fue rebatido por Francis Peters mediante estudios odontológicos: en el chacal, los dientes son más estrechos que en el perro, cuando la domesticación tiende, precisamente, a la reducción dental.

Cruces de chacal y lobo: el principal valedor de esta teoría fue el Premio Nobel de Medicina en 1973, Konrad Lorenz, padre de la etología, y precisamente por el enorme prestigio que confiere ser merecedor del Nobel, ha sido una teoría universalmente aceptada hasta prácticamente hoy. Segun Lorenz, en su libro: Cuando el hombre encontró al perro, éste proviene de cruces en diferente proporción de lobos y chacales, dando razas más «lupoides», más agresivas, con más sangre de lobo, entre las que Lorenz incluyó las razas tipo Spitz como los nórdicos o los terriers, o bien más «chacaloides», menos agresivas, con más sangre de chacal, entre los que Lorenz incluyó a los bracoides o perros de caza, según el diferente porcentaje de uno o de otro.

Sorprendentemente Konrad Lorenz se rebatió a sí mismo en otro libro posterior: Mis pecados entusiastas, descartando que el lobo hubiese intervenido en el origen del perro, influído esta vez por Charles Darwin, el impulsor de la teoría de la evolución que, en su obra clave, El origen de las especies, dijo: …el antecesor y el sucesor no pueden coexistir; o uno, u otro… Darwin lo aseveró por lo que pensó que tiene de cierto en las especies salvajes…pero una cosa es la evolución, y otra la domesticación. En los animales domésticos y como acabamos de ver, coexisten con su «agriotipo», con su antepasado salvaje.  

La aproximación al hombre

Adopción como mascotas: se ha propuesto que el lobo se domesticó al cuidar los niños como mascotas cachorros que, una vez crecidos, se quedaban en casa. Es cierto que los niños de las tribus actuales de cazadores/recolectores, cogen animalitos con los que se entretienen: monitos, loros, lagartos, etc. También es cierto que estas mascotas suelen acabar en la cazuela. No cabe la menor duda de que los lobeznos serían bien recibidos con los niños y que el estrecho contacto con éstos sería un buen estímulo para la interacción social con los seres humanos.

Pero no hay que confundir causa-efecto, y ver en los cachorros un regalo, como si el Paleolítico fuese una sociedad de tipo consumista, como la presente. Como ejemplo parecido, también en los pueblos los niños se encariñan con un corderito, un conejo, un lechón o una ternera a los que miman y con los que juegan…y se llevan un buen berrinche el día que a la presunta mascota les toca cumplir con el triste papel al que, desde un principio, estaba destinada.

Colaboración en la caza: es la tesis más extendida en cuanto a cómo el hombre y el lobo comenzaron a ayudarse, a ser mutuamente necesarios. Con unas mínimas nociones de etología cualquiera podrá entender que el lobo tiene un periodo clave de adaptación, hasta las seis u ocho semanas de edad. En el perro el período es un poco más largo, hasta los tres meses, y un perro que no haya tenido un contacto estrecho con seres humanos, a partir de esa edad será un animal tímido y arisco. Un lobezno a partir de los dos meses será, como mucho, «domable», pero no doméstico. Y un lobo adulto, con una conducta adquirida en condiciones normales lo tiene clarísimo: podrá seguir a los cazadores para después carroñear cuando éstos se hayan alejado, pero jamás permitirá que se le acerquen y, mucho menos, a sus cachorros.

El lobo como alimento para el hombre: las teorías más recientes explican la aparición del perro merced a la selección que las mujeres de las tribus nómadas del Paleolítico realizaron con los cachorros de lobo, capturados en su búsqueda constante de alimento, bien por haber matado a la madre, bien por localizar las camadas en las madrigueras.

En los cachorros menores de un mes, en vez de comérselos directamente como era lo habitual, las madres que habían perdido a sus hijos (la mortalidad infantil era elevadísima) aliviaban la congestión de sus pechos amamantando los lobeznos y, de paso, los engordaban para su consumo más adelante. Esta crianza que hoy nos puede parecer tan extraña la siguen realizando hoy día tribus cazadoras de Asia, África y Sudamérica con lechones y perritos, y es casi seguro que en el Paleolítico se produjese de forma paralela en diferentes regiones geográficas, como el hallazgo de los fósiles nos sugiere.

Como dato curioso me refirieron que allá en los años cincuenta, aún era costumbre en la provincia de Salamanca, cuando alguna mujer por cualquier motivo debía quitarse la leche, criar amamantando un perrito y, de esa forma, ir retirándose la leche poco a poco sin el riesgo de las dolorosas y peligrosas mastitis. Y para cuando el perrito ya no era necesario, por haberse resuelto el problema, se le sacrificaba: no se le permitía vivir, quizá por evitar el «mal rollo» de ver por el pueblo un perro criado por una mujer, o que un perro resultase «hermano de leche» de otros niños que viviesen en la misma localidad.

Lobeznos llevados a una tribu con mes o mes y medio se integrarán con facilidad, y si encima han sido amamantados, aún mejor, porque el contacto físico directo favorece extraordinariamente los vínculos con el resto de su nueva «manada». El número de lobeznos en una camada oscila de 4 a 9. En una camada completa el cachorro más grande suele ser el más agresivo (el futuro lobo líder de la manada suele haber sido el mayor de la camada), mientras que el más pequeño está acostumbrado a la sumisión al ser molestado por sus hermanos o, lo que es igual, cuando crezca será el menos «problemático» a la hora de tenerlo entre la gente. Y, a su vez, los niños y las mujeres muestran una atracción especial por los cachorros más pequeños de las camadas.

Los lobeznos nacen con los pabellones auditivos y los ojos cerrados, y las orejas pegadas a la cabeza. Durante 21 días son amamantados por la madre. Al cabo de esas tres semanas los cachorros comienzan a enderezar las orejas y a explorar el mundo exterior, fuera del cubil. A los 30 días vocalizan los primeros aullidos. Hasta entonces emiten sólo pequeños ladridos y gazñidos.

La impregnación y la neotenización

El fenómeno de la impregnación fue descrito por primera vez por el austriaco Konrad Lorenz, al que se considera el padre de la etología y del que ya hemos hablado por su teoría del origen del perro como consecuencia de cruces entre lobos y chacales. Konrad Lorenz fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1973 por sus estudios sobre etología, junto al zoólogo holandés Nikolaas Timbergen.

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                                                        Konrad Lorenz con sus ocas

Lorenz descubrió este fenómeno cuando al empollar unos huevos de oca, los pollitos comenzaron a seguirle a él como si fuera su madre, al ser lo primero que vieron moverse nada más romper el cascarón. Las ocas son especies precociales, o lo que es lo mismo: capaces de moverse y de alimentarse nada más nacer. Lo lógico es que lo primero que vean en su vida sea a su madre, a la que seguirán para su protección, pero pueden seguir a perros, vacas e incluso tractores, y son famosos los documentales sobre Konrad Lorenz caminando o nadando por el Danubio, con los pollos siguiéndole.

La palabra neotenia comenzó a utilizarse aplicándola a animales como el ajolote, una especie de salamandra mexicana capaz de reproducirse de manera precoz, aún en estado larvario y sin completar el desarrollo, como una adaptación a sequías que dejaban sin agua los charcos donde viven. Más tarde se aplicó la palabra neotenización a la persistencia, más allá del periodo infantil, de caracteres físicos infantiles.

Todos los mamíferos cuando son cachorros (focas, monos, lobos, ciervos, ratones, el hombre…) presentan unos caracteres externos neoténicos: frente abombada, ojos grandes y de mirada fija, hocico chato, boca pequeña, formas redondeadas, lo que confiere un aspecto indefenso, como de osito de peluche, con la doble misión de provocar en los adultos una actitud protectora y de evitar en éstos una conducta agresiva.

En el caso de los lobos y por neotenización psíquica entendemos la propensión a buscar el contacto físico, la docilidad o conductas apaciguadoras propias de un lobezno  y que podemos ver perpetuadas en muchos perros, tales como tumbarse panza arriba y dejar escapar gotitas de orina, o como el lamer la cara de los adultos, conducta que en la naturaleza provoca la regurgitación de la carne semidigerida con la que los padres van destetando a sus crías. Por neotenización física en los cachorros menos desarrollados entendemos el retraso en el crecimiento, la persistencia de las orejas caídas, ladrar en vez de aullar, etc., lo que favorece precisamente mantener los caracteres protectores.

Lo de la neotenización psíquica nos alcanza a todos, no sólo a los lobos. Basta ver la típica escena de una pareja de enamorados para entenderlo. Ese «portarse como críos» de las parejitas, ese «pichurrín», «cosita», «cielín»…acompañado de gestos, morritos y arrumacos en el fondo no es más que una estrategia biológica. Al «portarse como un niño» lo que se pretende es apaciguar los posibles rechazos o actitudes agresivas del otro.

Los lobeznos criados entre seres humanos van a sufrir un doble proceso de neotenización, física y psíquica. Cuando más adelante haga falta echar mano a cualquiera de los lobeznos ya más gorditos, más crecidos para preparar el menú, la elección entre el más grande, con más genio, posiblemente mordedor, y el más «canijo» de la camada, más tranquilo, más dulce, se decantará con toda seguridad por preservar la vida de este último. Y si la temporada fue buena, no hace falta comerse a todos y los cachorros viven lo suficiente para alcanzar la madurez sexual, a éso de los 6 o 7 meses de edad, no resulta difícil pensar que los caracteres neoténicos se irán fijando, poco a poco, generación tras generación, heredándose aquellos caracteres ya más perrunos que lobunos.

Queda una duda. ¿Cómo se podrían ir manteniendo aquellos caracteres neoténicos en los proto-perros sin mezclarse con los lobos que abundaban por todos lados?. Es muy posible que algunos proto-perros se escaparan de la tribu al alcanzar la madurez sexual llevados por su instinto, pero en los que se quedaron junto a nosotros y según los estudios genéticos realizados por Robert Wayne de los que hablé anteriormente, se mantuvieron unas líneas puras durante decenas de miles de años, con algún esporádico cruce con lobos. La explicación podemos encontrarla en que, tras criarse con seres humanos, los lobos sometidos a impregnación no «saben» relacionarse con los lobos salvajes, ya que sus pautas de conducta no coinciden.

En el caso de los lobos el periodo crucial para la socialización alcanza hasta los 20 ó 30 días como máximo. En los perros, hasta las diez o doce semanas, fase en la que el cachorro aprende, se «impregna» de los hábitos sociales de sus progenitores. Decíamos al comienzo que un perro que no haya tenido trato directo con seres humanos será para toda su vida un animal arisco y asustadizo. Un lobezno capturado a partir de los dos meses ya no se integrará y tendrá instintos huidizos y agresivos.

lobo juan de arphe 1585

Grabado de lobo en De varia commesuracion para la Esculptura y Architectura, De Juan de Arfe y Villafañe, orfebre y grabador. 1585

En los perros la falta de socialización afecta al trato con sus propios congéneres. Los veterinarios vemos con mucha frecuencia problemas por falta de socialización en perros criados desde muy cachorros sólo con personas y que a la hora de pasear por los parques se asustan muchísimo si ven que otro perro se acerca a olfatearles. Y a la hora de pretender cruzarles el instinto no lo es todo, los problemas son aún mayores: perros y perras que no «saben» lo que tienen que hacer, que no reconocen al otro como potencial pareja, que se rechazan a mordiscos aún estando en celo, asustados… Como muy agudamente señala el título de un libro del que lamento no recordar el nombre de la autora (actriz o presentadora, creo): Duquesa no sabe que es una perra.

La agresividad en el perro

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cuadro de perro rabioso

                                          Cuadro de ataque de un perro rabioso

Los veterinarios estamos acostumbrados, por desgracia, a ver numerosos casos de alteraciones de conducta, favorecidos a menudo por el desconocimiento que bastantes propietarios tienen acerca de cómo educar o, lo que es igual, como interrelacionarse con su animal, supuestamente de compañía. Este problema se ve incrementado, como decía en la introducción, por la tendencia consumista de tener la raza de moda, razas que a veces nos deparan desagradables sorpresas como un carácter fuerte, no apto para todos los públicos, o un temperamento que dificulta una educación y una convivencia normales.

Sólo por poner un ejemplo: la tendencia a la fuga en las razas nórdicas, tan de moda hace unos años. Y aunque está claro que dentro de cada raza, incluso dentro de cada camada aparecen diferentes personalidades, un factor determinante para el carácter sociable de un perro está relacionado con sus caracteres neoténicos, aquellos que heredaron de aquellos lobitos más reposados. Pero una cosa es un perro «escapista», y otra muy diferente y mucho más preocupante es un perro agresivo. Es un asunto como para tomárselo muy en serio. Unos pocos datos:

-En Francia, un estudio hecho en 1988 sobre los 10 últimos años: 12 casos de muertes en personas atacadas por perros.

-En Alemania, sólo en el año 1985, 5 muertes, y de 1985 al 88, 35 ataques graves (sin víctimas mortales).

-En los Estados Unidos, del año 1979 al 1996, 183 muertes.

-Y para finalizar, en España, del año 91 al 2005, 17 muertes por agresión de perros.

Sólo como ejemplo, y aunque son datos ya un tanto antiguos, en la década comprendida entre los años 1968 y 1978, en los Estados Unidos se registraron un millón de casos de personas atacadas por perros, algunas con desenlace fatal. El 60% de los perros que se sacrificaban allí fue por problemas de agresividad o conductas conflictivas, aunque hoy afortunadamente haya terapias eficaces y se calcula que sólo se sacrifican por esa razón el 1%. Pero no hay que olvidar que un porcentaje de las agresiones no son sólo por problemas emocionales. Se calcula que entre un 15 y un 20% de los casos el origen era una causa orgánica: cuadros de dolor que vuelven al perro más irritable, o por casos de disfunción cognitiva, lo que a veces le impide reconocer a su propio dueño.

En 1985, Benjamin L. Hart y Lynette A. Hart, etólogos de la escuela de veterinaria en la Universidad de California, en Davis, publicaron un artículo en el boletín veterinario J.A.V.M.A. titulado (traduzco): “Selección de los perros sobre la base de análisis de agrupamiento de perfiles de comportamiento de la raza”. Analizando 30 razas caninas, vieron más porcentajes de agresividad en aquellas menos neotenizadas (con orejas tiesas y cola enroscada, como los Nórdicos, los Terrier o los Chow-Chow), y menor porcentaje de agresividad en las razas más neotenizadas (de orejas y cola caídas, como los de caza, por ejemplo).

Los especialistas en etología canina establecen una lista de nueve parámetros para evaluar la sociabilidad de un perro:

-excitabilidad

-morder a los niños (los niños inquietan mucho a los perros por su tamaño y sus correteos)

-ladridos excesivos

-naturaleza juguetona

-obediencia

-ladridos de perro guardián

-agresividad hacia otros perros

-dominancia sobre el dueño

-territorialidad

Sobre esta lista y añadiendo dos más, los autores anteriormente citados, Benjamin L. Hart y Lynette A. Hart, publicaron el libro: “El perfecto cachorro. Cómo escoger un perro por su conducta”, donde reflejaron la evaluación hecha sobre 56 razas caninas, hecha por 48 veterinarios y 48 adiestradores. Comparándolas todas establecieron los dos extremos, las dos razas radicalmente opuestas:

-el “mejor”, el más tranquilo, doméstico y menos problemático, el Golden retriever.

-el “peor”, el más conflictivo, el Scottish terrier.

Los machos, debido a su hormona, la testosterona, tienen más tendencia a la dominancia y a las agresiones. Aunque las hembras suelen ser mejores guardianas de su territorio, los machos dan más problemas: tendencia a la fuga (instinto de diseminar sus genes), agresividad con otros perros, intentos de dominancia dentro de la familia (para escalar a la posición de “macho alfa”), más ladradores… Sencillamente, necesitan más control. En cualquiera de las razas se puede aplicar el Test de Campbell a las siete semanas de edad, para observar el grado de respuesta y predecir su comportamiento futuro, basado en cinco estímulos: atracción social, seguir al adulto, obligación, dominancia y dignidad.

Está claro que, en muchas ocasiones, lo que uno necesita precisamente es un perro fiero, que ladre y que defienda como es el caso del mastín cuando guarda sus propiedades. Pero como se ve en estos estudios, si lo que uno quiere es un perro de compañía para la casa habrá que pensar otras opciones…independientemente del espacio que se le pueda ofrecer. La reciente moda por los Retrievers o ,últimamente, por el Border Collie parece que, esta vez, está bien encaminada.

¿Por qué los lobos?

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                                                     Camada de lobeznos

Si tuviésemos que amamantar un animal -es un caso- tendríamos que considerar varios factores. Los lobeznos tienen una boca «blandita» y no echan los dientes hasta los quince días. Los rumiantes (cervatillos, cabritos), por contra, nacen ya con los dientes inferiores, chupan con fuerza y dan topetazos en las ubres, con lo que su crianza para una mujer sería molesta, incluso dolorosa. Las patas de los lobeznos son suaves y almohadilladas, mientras que las de los rumiantes tienen duras pezuñas con las que patalean al menor susto. Pero además de las indudables ventajas a la hora de ser amamantados, los lobos presentan otras ventajas cruciales para la convivencia con las tribus del Paleolítico.

Los lobos poseen un instinto social y jerárquico que les ayudaría a integrarse en un grupo también social, y con una escala jerárquica. Son menos tímidos que los rumiantes, permanecerán cerca de las personas en vez de tender a la huída. Los lobeznos poseen unos hábitos higiénicos innatos por lo que tienden a salir fuera de los cubiles para hacer sus necesidades a partir de los tres o cuatro meses de edad ( por increíble que les parezca a muchos desesperados dueños de perros con un transtorno de conducta, de eliminación en este caso), al contrario que los rumiantes, que defecan donde les apetece y muchas veces al día.

Los cánidos aprovecharían para su alimentación cualquier resto de la comida de los humanos, mientras que alimentar un herbívoro con la cantidad de forraje que necesita, en plena época glacial y con todo cubierto de nieve, sería un auténtico problema logístico. Otra ventaja es la ayuda que sus ladridos supondrían como advertencia de posibles peligros, de la presencia de fieras o tribus enemigas. Y otra ventaja, no menos importante para considerar, es el tamaño. Un lobo-perro se acurruca en cualquier rincón, sin estorbar. Los ainus, población de origen caucásico que habitaban la isla de Hokkaido, al norte del archipiélago del Japón, capturaban un osezno al que amamantaban y criaban en familia hasta que tenía un año, cuando el tamaño del animal le volvía incómodo para la convivencia, incluso peligroso, momento en el que se le sacrificaba ritualmente para después comer su carne.

Subespecies de lobo y origen de las razas caninas

El lobo es un animal sumamente adaptable a diferentes climas y temperaturas, habiendo colonizado toda clase de biotopos, desde los hielos árticos hasta los desiertos de Arabia. Se reconocen 32 subespecies de lobo repartidas por todo el Hemisferio Norte. De algunas de estas subespecies van a surgir los troncos básicos de donde proceden todas las razas caninas.

En el Mesolítico y en el Neolítico el hombre ya ocupa asentamientos estables y ha comenzado a domesticar ganado y a cultivar plantas. Los fósiles de perro presentan ahora diferencias notables de tamaño y constitución física. Los suizos fueron los pioneros en describir estos grupos de perros primitivos, al estudiar la cultura de los palafitos que se desarrolló a la orilla de los lagos alpinos. En el Museo de Historia Natural de Berna existe un departamento: la Fundación Canina Albert Heim, en honor al doctor Heim, veterinario y cinólogo, donde se trata de la anatomía comparada, con un importante fondo de restos fósiles caninos.

-en 1862 Karl Luwdig Rütimeyer describió el Canis lacustris, más tarde rebautizado como Canis familiaris palustris, al que se conoció como el «perro de las turberas», por hallarse sus restos en los lagos suizos y turberas de Dinamarca.

en 1878 Woldrich describió el Canis familiaris intermedius, de la Edad del Bronce, en Austria. 

-en 1901 Studer hizo una clasificación y describió al Canis familiaris intermedius y al canis familiaris inostranzewi, de yacimientos de la Edad del Bronce en Checoslovaquia (2.000-3.000 a.C.).

Aparecen restos por toda Europa: Dimitri Anuschin describe C.f. inostranzewi  en 1915, en Rusia;  Alois Jeitteles describe C.f. metris-optimae en 1958, en Austria; Joachim Boessneck en 1962 describe restos de ocho perros en el yacimiento de Seeberg-Burgäschisse-Süd, en Suiza. En España Jesús Altuna, en 1972, describe restos de C.f. inostranzewi y de C.f. intermedius en Marizulo…

En 1963 Frederik Zeuner, en su libro A History of Domesticated Animals estableció una primera clasificación con los diferentes tipos de perros prehistóricos. Mas tarde el japonés Soichi Tanabe, tomando como base la de Zeuner y con una base mucho más científica propuso una nueva clasificación a partir de las diferencias que encontró al investigar, mediante electroforesis, dos enzimas de la sangre: LAP (Leucín-aminopeptidasa) y GPI (Glucosa-fosfatoisomerasa), y variantes de la Hemoglobina (el pigmento de los glóbulos rojos), a lo largo de los años 1974, 1977 y 1978. Sus conclusiones fueron las siguientes:

-hay un grupo de razas, en el eje Norte de China-Corea-Sur del Japón, con diferencias genéticas marcadas respecto a los perros europeos…excepto el Dálmata, raza por otra parte con un metabolismo un tanto peculiar: es el único perro que puede padecer «gota».

Perros akita inu

           Akita Inu (o perro de Akita), la variedad americana, con hocico negro

-que los perros del Norte de Japón (islas Hokkaido y Kuriles) tienen similitudes genéticas con los del Sur de China (Taiwan), Este de La India (Bangladesh) y algunos europeos. Curiosamente esta «isla» de perros diferenciados a los del resto de Japón coincide con la distribución de los ainus (a los que mencioné por su captura y cría de cachorros de oso), población de rasgos caucásicos similares a los europeos: piel blanca, ojos claros, muy velludos, ausencia de rasgos mongoloides como el pliegue epicántico y de origen incierto, que vivían aislados en Hokkaido y Kuriles, rodeados de pueblos mongoloides y separados por miles de kilómetros de las poblaciones caucasoides más próximas.

Tanabe, como buen japonés, añadió a la clasificación de Zeuner el grupo de los perros japoneses y tomando como punto de partida las subespecies de lobo diseñó el árbol genealógico del perro:

-lobos del norte: o Canis lupus lycaon, que daría origen al «perro de las turberas», antepasado de las razas tipo Spitz: de orejas tiesas y colas enroscadas (nórdicos, Chow-Chow, terriers, etc), los «lupoides» que decía Konrad Lorenz.

lobo chino:Canis lupus chanco, que daría origen a los perros del Norte de China, Corea y japón.

lobo de Arabia:Canis lupus arabs, que daría origen a los cuatro troncos básicos de las razas europeas y asiáticas:

*Canis familiaris metris-optimae, antecesor de los perros ovejeros.

*Canis familiaris intermedius, antecesor de los perros «bracoides»: Spaniels, sabuesos, etc

*Canis familiaris leinieri, antecesor de los «graioides»: galgos, lebreles, etc

*Canis familiaris inostranzewi, antecesor de los molosos y de nuestro mastín.

Ahora bien, según el índice total de subespecies del lobo citadas por el historiador y naturalista Ramón Grande del Brío en su obra El lobo ibérico, las citadas por Tanabe no serían las correctas. El Canis lupus lycaon, supuesto antepasado del «perro de las turberas», es una subespecie que habita tan sólo la costa atlántica de Norteamérica. La subespecie presente en el norte de Europa y Asia es el Canis lupus lupus. En cuanto al lobo chino, Canis lupus chanco, Grande del Brío no menciona a esta subespecie, sino al Canis lupus laniger, presente en el norte de China y Mongolia.

Y en cuanto al lobo de Arabia, la distribución del Canis lupus arabs se limita a una pequeña zona montañosa en el sur de la península arábiga, en los países de Yemen y Omán. La subespecie de lobo presente en todo Asia Menor, desde el Mediterráneo hasta La India, es el Canis lupus pallipes.

El lobo de La India como antepasado de los perros europeos

Posiblemente el supuesto origen de los perros tipo Spitz a partir de lobos nórdicos no sería verdad si tomamos como referencia las investigaciones sobre genética de Robert Wayne. Tanabe, siguiendo a Zeuner, pone a los Spitz en un grupo aparte, descendiente de los lobos del norte pero, si bien es cierto que halló diferencias genéticas entre los perros japoneses que demuestran un origen distinto, no las encontró, porque no las hay, entre los Spitz y el resto de las razas europeas. Según Robert Wayne, de haber una cierta lejanía en el origen las diferencias genéticas serían evidentes y, volvemos a insistir, el caso es que no existen tales diferencias.

Ahora es cuando parece que todo va encajando: tenemos una subespecie, una zona y una época.

-Una subespecie, el Canis lupus pallipes o lobo de La India, del grupo de los lobos rojos, de menor tamaño que los europeos al vivir en regiones más cálidas. Más «interactivo» con el hombre: existen varios casos reales y bien documentados, de niños adoptados y criados por lobos salvajes en La India, al estilo de Mowgly, el protagonista de El Libro de la Selva. Y ningún caso documentado en Europa, quitando mitos como el de Rómulo y Remo. Para colmo, no aúlla sino que emite ladridos cortos…el candidato idóneo para la impregnación.

-Una zona, Oriente Próximo, cruce de caminos y punto de partida desde donde se difunden hacia Asia y Europa los Homo sapiens procedentes de África. Zona con abundante presencia humana y de Canis lupus pallipes desde los tiempos más remotos.

-Una época, finales del Neanderthal y comienzos del Cro-Magnon, hace unos 40 ó 50.000 años, lo que está ya más cerca de los cálculos de Robert Wayne.

Tenemos todos los ingredientes para que la mayonesa salga buena: pudo adaptarse a nosotros una subespecie de lobo más susceptible para la domesticación que otras, en una zona crucial y en un momento en que el hombre de Cro-Magnon comienza a expandirse adoptando y llevando con ellos sus proto-perros por toda Europa…lagos suizos incluídos, dando origen entre otros al famoso «perro de las turberas» y, entre otros muchos más, a nuestro querido mastín.

Pero el cómo van surgiendo las razas caninas…ése es un tema para otra entrada.

El imparable ascenso social de los gatos

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Una mirada nada nostálgica al pasado

Aparte de sus pasadas y escasas épocas de esplendor oficial, como en el Egipto de los faraones, el gato casi siempre ha tenido fama de animal arisco, traidor y asociado a la noche y a la lujuria. Desde Aristóteles al Conde de Buffon, pasando por los Padres de la Iglesia y los jueces de la Inquisición, multitud de sesudos varones le han reprochado ese carácter indomable y escandaloso. ¿Quién podía disfrutar de la compañía de un animal así, más que «personas nada fiables», como artistas, bohemios, mujeres independientes y solitarios de todo tipo?… De hecho hasta el refranero consagraba la proverbial fidelidad del perro y su carácter social frente al temperamento huraño del gato (aprovechando para meter la puyita machista):

El hombre y el perro en la plaza, el gato y la mujer en casa.

Todavía se tiende a considerar al gato como una mascota de «segunda división» frente al aceptado perro, y a la gente que tiene gatos como «algo rarita».

 

El gato de la portera

Los gatos de mi infancia eran animales totalmente ariscos, como el gato de la portera o la gata de la tienda de ultramarinos (¡qué palabra tan bonita!), que te bufaban sólo con mirarles y que huían si te acercabas a ellos. Hoy puedo saber que no estaban nada socializados, y que sus madres les habían parido en algún escondrijo inculcándoles esa sabia desconfianza ante el ser humano. No eran animales de compañía, cumplían su papel de cazadores de ratas y con éso bastaba. No es raro, pues, que los primeros -y escasos- gatos que atendí en mis comienzos como veterinario, allá por 1980, fuesen animales difíciles de manejar, a los que se llevaba a la consulta en caso de estricta necesidad. La medicina felina estaba en pañales.

Sé que voy a quedar ante las nuevas generaciones como el Abuelo Cebolleta (¿y quién será ese Abuelo Cebolleta?, se preguntarán) contando sus batallitas, pero mis primeros gatos a finales de los 70 (¡sí, del siglo pasado!, ¿pasa algo?) hacían pis sobre serrín o arena, en cajas de madera, porque no existían ni arenas especiales ni bandejas de plástico, ni tampoco piensos. Comían pescadilla hervida y despojos de casquería: bofe -pulmón-, pajarilla -bazo-, corazón… Obviamente, eran otros tiempos.

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Las razones de un éxito imparable

Luego daré unos pocos números, no asustarse, pero la primera razón de su éxito en el mundo desarrollado es por sus innegables ventajas frente al perro: más pequeño, necesita menos espacio para vivir, menos ruidoso, tira menos pelo, ensucia menos y, muy importante, no hace falta sacarle para que haga sus necesidades. Salvo problemas de conducta de los que más tarde hablaré, el gato hace sus necesidades por instinto en su bandeja sanitaria, lo que nos permite asentarnos unos días con tal de dejarle suficiente comida y agua.

Y otra importante razón para su éxito: una vez aceptado como candidato a animal de compañía, el descubrir -no sin cierta sorpresa- su gran capacidad de dar y de recibir cariño. Todo un maestro en el arte de la seducción, cual Casanova felino.

Las fichas del dominó, o la pescadilla que se muerde la cola

Cualquiera de los dos símiles nos puede valer: o el «efecto dominó» en el que unas fichas van tirando a las demás, o el círculo de la pescadilla. Cuando los gatos se fueron popularizando como mascotas, se produjeron una serie de fenómenos que siguen en aumento: más gente tiene gatos, con lo que más gente conoce a gente que tiene gatos… Al haber más gatos, hay más información sobre ellos (publicaciones, libros, revistas, documentales, exposiciones), con lo que cada vez hay más conocimiento, que llega a más gente, que sabe más sobre gatos… Al conocerse más las razas, aumenta la demanda, con lo que se crían más gatos de raza, con lo que llegan a más gente, con lo que cada vez se ven más…

Dos, seis, diez, veinte, treinta razas…

 

gato egipcio

                                                        Busto de gato egipcio

En términos de razas, no hace falta remontarse a treinta años atrás, en que los únicos que se conocían eran el Siamés y el Persa… Si hablamos de veinte años para acá, el número de razas presentes en exposiciones va, tímidamente, aumentando: comienzan a aparecer algún ejemplar de Sphinx, o de Bosque de Noruega, o de Rag-Doll… Pero de diez años para acá, más de treinta razas se adueñan de las exposiciones felinas. Y si el público no conocía algunas ni de nombre, o sólo por alguna fotografía, basta con acercarse a alguno de los certámenes que los diferentes clubs de criadores organizan cada pocos meses, podrán verles en directo y quizá encapricharse -o dejarse seducir, no olvidemos su capacidad de fascinación- de él y adquirirlo como su nueva mascota.

Hoy día hay más de 60 razas reconocidas por los clubes felinos…y siguen apareciendo, o «inventándose» otras nuevas. Es un mercado en expansión, algo así como el Big-Bang pero en felino…ignoro si a Stephen Hawking le gustan los gatos o le gustará esta comparación, pero ahí la dejo. Los aficionados a los animales en general y a los gatos en particular descubren un mundo nuevo en crecimiento. Muchos de estos aficionados que posiblemente ya han tenido o conocen al humilde -y estupendo- gato callejero, les puede apetecer ahora tener alguno de estos «nuevos gatos»…deslumbrantes, originales, sorprendentes, fascinantes…auténticos príncipes del mundo felino: leopardos en miniatura como el Bengalí, linces en pequeñito como el Maine Coon o el Bosque de Noruega, peludos como los Persas, sin pelo como el Sphinx, suaves y dulces como el Rag Doll, macizos como el Chartreux o el British, estilizados y de profundos ojos azules como el Siamés…

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Un buen ejemplar de la raza Bengalí, el único gato híbrido entre gato común y un gato salvaje, el Felis bengalensis

La pregunta del millón es: ¿cuál escoger?. Deberíamos tener en cuenta varias cosas: el tiempo que podemos dedicarles en cuanto al cepillado del pelo, por ejemplo, en el caso de los Persas. O para dedicarles al juego, tan importante para su equilibrio físico y mental. Si queremos un gato tranquilón que va a estar todo el día dormitando en el sillón o bien un gato activo y juguetón. Dudas, dudas y más dudas…

Obviamente un gato no es un coche (ya estoy oyendo el coro de protestas) que podemos escoger según nuestros gustos y necesidades. Es un ser vivo con una serie de requerimientos que hay que atender. Aplaudo la decisión de tener un gato de raza. He tenido varios de pelo semilargo (Bosque de Noruega, Rag Doll y ahora un Siberiano) pero también he tenido, y tengo, callejeros de lo más «gitano». Sólo un consejo: no nos precipitemos. Podemos siempre pedir consejo a los especialistas, los disfrutaremos el doble.

De censos y estadísticas, o de cómo cada vez hay más gatos

No os preocupéis, no voy aburriros con números. Pero sí quisiera proporcionaros unos pocos datos para ejemplificar la importancia que el gato va adquiriendo. En los Estados Unidos y en Gran Bretaña, países con tradición de encuesta, desde los años 90 los gatos ya superan a los perros en número total: seis millones de gatos más que de perros en los Estados Unidos y más de un millón de diferencia en Gran Bretaña. Pero en el año 2005 ya hay más gatos que perros en prácticamente toda Europa Occidental.

En España aún hay más perros que gatos pero, según los datos obtenidos por censos y consumo de alimentos preparados, los gatos están aumentando a un ritmo superior al de los perros. Un ejemplo: en las clínicas veterinarias, un 20% (uno de cada cinco) de los perros tratados son menores de un año. Por el contrario, el 27% (más de uno de cada cuatro) de los gatos atendidos son menores de un año. De lo que se deduce que hay muchos más gatos jovencitos, lo que hará ir subiendo el porcentaje a favor de los felinos.

 

 

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                         Gatitos «socializándose» con cobayas

Hablando de clínicas veterinarias: lo que hace 30 o incluso 20 años era un porcentaje del 5% de gatos sobre el total de la clientela, hoy día ronda entre el 40 y el 50% de la totalidad. Éso, hablando de clínicas de animales de compañía no especializadas. Porque en las «clínicas felinas» especializadas, que las hay, aunque de momento se cuenten en nuestro país con los dedos de una mano, el porcentaje alcanza el 100 por 100. La pionera, en 1994 fue Tot Cat, en Barcelona (Carrer d’Aribau, 103, tf. 933 235 444). La segunda, ya en Madrid, la clínica Gattos, sita en Paseo de Reina Cristina, 18. Tf. 915 040 651, que tuve el honor de fundar en 1995 con mi entonces socia, Marisa Palmero.

Aparejado a este aumento total del número de gatos va el del gato de raza. Una vez popularizado el gato común, y una vez popularizadas las diferentes razas, el censo en Europa Occidental de gatos con pedigrí alcanza el 5% del total. En España las diferentes fuentes ofrecen cifras confusas, posiblemente no llegue todavía ni al 1%, aunque crece poco a poco, lo mismo que antes había sobre todo perros mestizos, sin raza definida, y después se fueron imponiendo las diferentes razas, a gusto de cada uno.

Flehmen Simba

 

 

Simba, un ejemplar de Bosque Siberiano. Parecería que se está riendo pero en realidad está haciendo el gesto del flehmen

Cada vez más gatos, y algunos de estos gatos son más caros, o de buena raza…lo que redunda a su vez en más preocupación y cuidados por parte de sus esforzados propietarios. Aunque me gustaría recalcar que los dueños del que llamamos el «gato común», en cualquiera de sus variantes, son igual de atentos, cuidadosos y cariñosos con sus mininos que aquellos que cuidan de un gato con pedigrí. La presencia o ausencia de árbol genealógico no redunda en absoluto en el grado de «amor» que se les presta.

A más gatos, más necesidades y más investigación

Ya hace más de veinte años que estamos utilizando como referencia que las multinacionales relacionadas con el sector felino, sean laboratorios farmacéuticos o grandes empresas de alimentación, se fijaron astutamente en un pastel tan goloso como representa el gato en el mercado mundial. Y si, como dice la zarzuela: hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad…la medicina felina avanza a pasos de gigante.

Mencionaba poco antes el incremento del gato como paciente en las clínicas de animales de compañía. En el año 2000 se fundó por un grupo de entusiastas veterinarios GEMFE: Grupo de Especialistas en Medicina Felina, vinculado con ESFM: European Society Feline Medicine (creo que es fácil, pero lo traduzco: Sociedad Europea de Medicina Felina). Y son grupos en constante estudio y actividad, con intercambios de las últimas novedades.

Nuevas enfermedades y por qué se intrigan los laboratorios

Realmente no son nuevas, pero sí se investigan en la actualidad con mucha mayor eficacia, con lo que se detectan enfermedades antes casi desconocidas. El aumento en la cría de gatos de raza ha conducido, por la consanguinidad, a una serie de problemas ahora más frecuentes como la PKD: Poliquistosis Renal, más frecuente en los Persas, o la Displasia de Cadera en los Maine Coon, sólo por poner un par de ejemplos, aunque no sean los únicos ni las únicas razas en los que se presenta.

La detección de virus por modernas técnicas como el PCR (detección de antígenos) se utiliza de forma habitual cuando hace 20 años era impensable recurrir a ella. O tratamientos antes reservados casi en exclusividad para los seres humanos hoy se usan con éxito para tratar diferentes patologías, como sería el caso del Interferón, un estimulador de la inmunidad utilizados, por ejemplo, para la Hepatitis C o el Sida.

Como ejemplos de por qué se sorprenden los laboratorios sólo citar un par de casos: un laboratorio francés que comercializa el Interferón nos convocó hace pocos años a unos cuantos miembros de GEMFE (el grupo felino) para intercambiar experiencias porque, desde Francia, se habían extrañado al comprobar que España era el primer país consumidor de toda Europa, superando incluso el consumo de Japón, hasta entonces el mayor usuario del mundo. Cuando les contamos para qué lo utilizábamos estaban eufóricos, al darles ideas que ellos mismos antes no consideraban. O el caso de otro laboratorio, en este caso estadounidense, especializado en diagnóstico, al comprobar que España era un gran consumidor de reactivos felinos y, en concreto, los veterinarios de la Comunidad de Madrid, los únicos con más consumo de tiras reactivas felinas que de caninas.

Llegan las complicaciones

No todo iba a ser bueno. Las ventajas del gato como animal de compañía se reflejan sobre todo en los de vida urbana, los «gatos de apartamento», los que en la jerga denominamos como in-door (de puertas adentro), frente a los out-door (de puertas afuera, los que tienen posibilidad de salir al exterior). Estos gatos in-door o de interior, que ya no cazan más que las moscas de la ventana, la mayoría de los cuales jamás abandonan el apartamento, pueden vivir una vida cómoda y apacible, pero también pueden manifestar una serie de conductas que a los dueños les pueden resultar desagradables.

Encuesta U.S.A.: el 47% de los dueños de gato creen que su animal presenta conductas anormales.

La cuestión es que la mayoría de estas conductas son totalmente naturales…pero molestan cuando las realizan en el interior de un piso, y no en el exterior: maullidos, marcajes con orina o con las garras… El problema es que estas conductas consideradas como «anormales» son la causa principal de abandonos y de eutanasia. La vida más pasiva del gato de apartamento (ya no cazan, duermen mucho, se mueven poco) puede conducir al tipo de problemas como la obesidad, causa a su vez de diabetes, de artrosis, etc., o también a estereotipias u «obsesiones» como la bulimia o el acicalado compulsivo. Estos problemas de conducta son uno de los principales frentes abiertos en la clínica felina, y en cada congreso o publicación los temas de etología (de conducta) aparecen constantemente.

Epílogo

De proscrito y acompañante de «gente rara» a mascota de primera fila, apreciadísima y que genera a su alrededor un mercado multimillonario, el gato se nos ha colado en casa por la puerta de atrás y ya no hay quién lo saque…como gustan de contar los gatófilos: no fui yo, fue el gato el que me adoptó a mí…

Descubrirle merece la pena, pero compartir la vida con ellos, mucho más. Es una relación que, al contrario de la que tenemos con el perro, aún se está perfeccionando. Pero si hacemos el esfuerzo de entenderles mejor, nunca nos arrepentiremos. Desde que entraron en mi vida por casualidad, ya no la concibo sin ellos.

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La aventura de cruzar a la gatita

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                      Figura egipcia de bronce: gata con su gatito

Salvo en el caso de los criadores, cuya intención es dedicarse precisamente a éso, a criar, lo habitual en los propietarios de felinos domésticos es intentar que no críen y, de paso, mediante la esterilización, inhibir toda esa parafernalia de conductas como son los conciertos de maullidos nocturnos, el marcaje, los intentos de fuga o los embarazos indeseados. El instinto sexual va a producir todas estas situaciones pero, en los gatos que viven confinados en un piso, llegan a resultar francamente molestas para los humanos que compartan con ellos su vida y su hogar.

Pero también puede suceder que decidamos cruzar a nuestro gato o gata de compañía, bien por ser de raza, bien porque nos apetece la experiencia, o bien porque nos parezca toda una preciosidad (¡normal, para éso somos sus orgullosos propietarios!). Una vez tomada la decisión de cruzarle va a ser cuando nos surjan un montón de dudas y comprobemos en carne propia que las cosas no son a veces tan sencillas como nos podría parecer en un principio.

Me gustaría dejar una cosa clara por adelantado. Pese a lo que nos puedan decir muchos «entendidos», NO es necesario cruzar ni a las perras ni a las gatas. No se traumatizan por no ser madres, su cuerpo no se «resiente» por la ausencia de maternidad. Si no queremos que críen la opción es esterilizar, con lo que evitamos tres problemas: de comportamiento (marcajes, maullidos, peleas), enfermedades (tumores, metritis, prostatitis) y camadas indeseadas.

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Gata callejera, aparentemente preñada, feliz con su sardina en la boca

¿Cuándo, dónde, cómo…?

 

 

¿Cuándo?…o la niña ya es toda una mujercita: lo aconsejable y que funciona como norma en muchos clubes felinos es cruzar a las hembras a partir de los doce meses de edad, una vez que ya han completado -o casi- su desarrollo corporal, aunque la mayoría de las gatas comienzan sus primeros celos a los seis u ocho meses y ya son fértiles.

Salvo accidentes, como que la «adolescente rebelde» se escape y se busque un novio por su cuenta, lo suyo es esperar al año o año y medio como mínimo para que la anatomía de la gata esté bien formada de cara a ese esfuerzo orgánico que supone la gestación. A partir de esa fecha, las gatas son capaces de sacar adelante sus camadas por lo menos hasta los ocho años de edad aunque, cuanto más tiempo pase, pueden surgir más dificultades en cuanto al número de cachorros (tienden a ser menos) o a las propias dificultades del parto.

¿Dónde?…¿en tu casa o en la mía?: ¡cuántas citas de éstas a ciegas han fracasado, acabando con un macho asustadísimo, refugiado encima del armario, y una hembra furiosa bufando por toda la casa…!. Si los «novios» no se conocen previamente es tarea harto delicada la presentación y, dado que los gatos hasta ahora no son usuarios de telefonía móvil ni de chats (por cierto: «chat» = gato, en francés), el primer contacto va a ser visual y muy dado a sustos y reacciones defensivas/agresivas, exactamente igual que cuando llevamos un gatito nuevo a casa: la primera reacción suele ser de miedo acompañado de bufidos, lo que en el lenguaje de los gatos se podría traducir como «¡qué horror, un intruso en mi casa!…

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Los gatos acostumbrados a las montas, como es el caso de los gatos de raza destinados a la cría no tienen ningún problema, están acostumbrados y saben perfectamente lo que tienen que hacer. Pero en los gatos caseros y sin experiencia hay que intentar ayudarles a vencer sus miedos. Hay un par de pequeños trucos para minimizar el inevitable estrés. El primero sería llevar siempre la gata a la casa del gato, por aquello de que las hembras son mucho más territoriales y, por tanto, pueden ser más agresivas con los extraños que los machos…y si no, que se lo pregunten al galán que todavía sigue escondido en lo alto del armario…

El otro es intentar reducir el estrés con la ayuda de las feromonas, tanto para crear un ambiente familiar y tranquilizador como para reducir la agresividad ante el extraño antes de que se produzca. El procedimiento es muy sencillo: por un lado unas aplicaciones de spray o difusor en la casa, dos o tres días antes de la «cita a ciegas». Por otro lado, frotando al futuro novio antes de la presentación. ¡Ojo!: no es como echarle colonia masculina tipo Calvin Klein que le vuelva más sexi, sino un producto que va a reducir el efecto agresivo.

¿Cómo? …como las abejas y las flores… El cómo se «fabrican» los gatitos ya nos lo imaginamos todos: chico conoce chica…¡perdón!, gato conoce gata y, al final, nacen los gatitos. Lo normal es así y el mundo y los jardines están llenos de camadas conseguidas gracias a la portentosa capacidad reproductiva de los felinos.

Lo malo es cuando, como en el caso de muchos gatos y gatas domésticos, debido a su temprana incorporación a un hogar, no están socializados con otros gatos, o se asustan ante Romeos desconocidos o, por falta de aprendizaje visual (mirando también se aprende) o, sencillamente, no saben lo que hay que hacer: ni cómo, ni cuándo, ni por dónde…  Influyen otros factores: que al igual que en los seres humanos, se gusten o no se gusten, o haya colaboración o no la haya. Incluso en el caso de machos reproductores de amplia experiencia y currículum paternal demostrado, se producen muchas situaciones para desesperación de los criadores de sementales que tienen el «día vago», o parejas que, sencillamente, «no funcionan».

Por supuesto que la mayoría de las veces la cosa suele salir bien: la gata se deja montar, el macho sabe lo que tiene que hacer y todos (sobre todo los gatos) pues tan contentos. Pero en aquellos casos que no se apañan, la fisiología sexual de los gatos vuelve las cosas más complicadas.

Inseminación artificial

En el caso de las vacas, los caballos, los cerdos, las ovejas e incluso los perros, hace ya muchos años que los procedimientos de inseminación artificial están estandarizados, y lo que es la monta natural en muchas granjas ya ni se utiliza. En el ganado, lo que interesa es la reproducción por el interés económico que conlleva la producción de nuevas crías, y los celos se sincronizan o se provocan para cuando más interesa. Como por ejemplo, que los corderitos nazcan en vez de en primavera, como es lo natural, pues de cara a navidades, que es cuando más caros se venden.

Los gatos, decíamos, son mucho más «raritos». Las hembras no tienen celos con ciclos regulares, como les pasa a las vacas, a las perras…o a las mujeres. Las gatas sólo ovulan en el momento de la cubrición. El procedimiento de obtención del semen en los machos debe hacerse bajo anestesia y mediante un aparato llamado electroeyaculador (no, no es por electroshock) y, aunque haya protocolos hormonales para inducir el celo en las gatas mediante ciertos fármacos, el ejemplo de lo complicado que es conseguir la reproducción en especies amenazadas de felinos, como pueda ser el caso de los linces, nos puede dar una idea de que la reproducción artificial en los gatos no es una empresa fácil.

 

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Conclusiones

Aquí si que hay que dejar que la naturaleza siga su curso. Por supuesto podemos intentar, si nos apetece, cruzar a nuestra gatita. Aparte de la dificultad de encontrar gatos que no hayan sido ya castrados, los protocolos mencionados antes: uso de feromonas, presentaciones graduales, la gata a la casa del gato, etc., nos van a ayudar a reducir las posibles dificultades.

Si creemos que la monta se realizó, lo cual no siempre podemos comprobar puesto que dura escasos segundos, sí que es aconsejable realizar una ecografía a la presunta-futura madre a partir de los 22 días, que es cuando podemos ver ya los fetos en pantalla, para comprobar si la gata efectivamente se quedó preñada o no. Y una semana antes de la fecha prevista del parto (duración de la gestación: entre 60 y 63 días) tambiénm es aconsejable realizar una radiografía, donde podremos ver con claridad cuántos cachorros vienen y su posición, de cara a posibles complicaciones en el parto.

Por favor, no nos asustemos. No es difícil cruzar a la gatita, no tiene por qué haber ningún problema y, desde luego, la experiencia del parto (las gatas se apañan de maravilla y no suele ser necesario hacer nada), de la crianza y del crecimiento, día a día, de los gatitos, es una de las experiencias más bonitas que he tenido la suerte de vivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

Berlín, otra visión

 

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               Ante el antiguo Checkpoint Charli, punto de intercambio de espias

Tuve la oportunidad de conocer Berlín en dos ocasiones, en los años 2009 y 2010. Ambas  estancias fueron cortas, pero la impresión fue muy buena. Excepto  la Isla de los Museos y poco más, Berlín no es una ciudad llena de monumentos, al estilo de París, de Roma o de Viena. Me gustó sobre todo por  ser una ciudad agradable de vivir, amable en general, dinámica, con muy “buen rollo”.

Y además, muy barata. Tras la 2ª  Guerra Mundial, Berlín quedó arrasada a consecuencia de los bombardeos aliados y de la artillería soviética utilizada para su rendición. El hecho de ser la capital de la Alemania nazi la hizo “merecedora” de semejante castigo. Al ser dividida en dos partes, el sector Oeste bajo control aliado se benefició de las ayudas del Plan Marshall y pudo ser reconstruida con cierta rapidez. Pero el sector Este, bajo control soviético, siguió en su mayor parte reducida a solares y edificios en ruinas.

Tras la caída del Telón de Acero y la reunificación de las dos Alemanias, el gobierno se encontró una ciudad en mal estado y bastante despoblada. Se empezó a motivar a los jóvenes para vivir en el sector Este con una política de precios muy baratos en la vivienda, tanto en compra como en alquiler. A día de hoy y pese a la evolución del mercado, los precios siguen siendo muy bajos,  auténticos “chollos” en comparación con los de, por ejemplo, Madrid, o el resto de Alemania.

La consecuencia es una ciudad muy joven y, además, con un flujo internacional de artistas de todos los colores. Berlín siempre fue la capital cultural de Alemania. Ya antes de la 2ª Guerra Mundial había más de cien cabarets, pero actualmente está plagada de galerías y con un mercado artístico en plena ebullición.

Uno de los lugares “artísticos” (entre comillas) más conocidos, visitados por todos los artistas y los turistas en general era el Kunsthaus Tacheles, o el Tacheles, a secas, en la Oranienburger Strasse.  Fue ocupado y dirigido por un grupo de artistas en 1990, en un almacén a punto de demolición creando un centro alternativo. Al comienzo fue tolerado por el ayuntamiento de Berlín ofreciendo una imagen de espacio transgresor lleno de artistas jóvenes e imaginativos, pero al final era más un parque temático para turistas que otra cosa.

Desde luego, había que verlo, como uno de los sitios más conocidos de Berlín. Pero recuerdo sus escaleras y largos corredores, donde se abrían los estudios, como un lugar que apestaba a orines y a humedad, con las paredes saturadas de grafittis, en una especie de “horror vacui”. Y sus antaño “jóvenes rebeldes” más que madurado, habían envejecido, ofreciendo en sus estudios arte del malo (ésa fue mi impresión) y souvenirs en forma de camisetas y cuadritos, cual vulgares tiendas de recuerdos.

En 1988 un grupo de inversores lo compró al ayuntamiento con la idea de hacer un hotel de lujo pero quebró antes. A su vez se lo compró después el banco HSH Nordbank, que también se arruinó. En Junio del 2011 un tribunal ordenó su desalojo, pagando indemnizaciones por un millón de euros al emblemático Bar Zapata y otros bares situados en los bajos, cerrando en Septiembre de 2012 excepto una pequeña zona. La idea del ayuntamiento, dicen, es hacer un centro cultural. Pero sus 1.200 metros cuadrados son todo un caramelo en un barrio que, paradójicamente, el Tacheles ayudo a revalorizar.

Pero Berlín tiene mucho más, aparte del Tacheles. De sus sectores, el barrio más bonito sin duda es Mitte (=el «de en medio», en otras ciudades alemanas al centro se le llama Zentrum), junto a la Isla de los Museos, en el río Spree. El mejor conservado y el más atractivo, pero Berlín bulle de vida en todos sus rincones.  Entre ellos el que más me gusta es el Mauerpark, un mercadillo callejero  lleno de animación.

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Para mí, que nací en El Rastro, disfruto paseando por lugares como éste, rebuscando en los puestos, regateando –sí, en Berlín también se regatea-, donde puedes encontrar de todo, siempre llenos de gente, en plena actividad. Además puedes recorrer la ciudad en bicicleta (son muy respetadas) e incluso de madrugada la sensación es de completa y total seguridad.

Para nosotros otra ventaja añadida: no es necesario saber alemán. El gran flujo de españoles e hispanoamericanos hace que en cualquier bar, restaurante o incluso en el Mauerpark te encuentras con gente que hable castellano, lo que hace más cómoda la estancia. Y en los pocos casos que no, todos los alemanes menores de 50 años te contestarán en inglés.

Mi hermano Miguel vivió en Munich algunos años. Profesor de alemán en la Escuela Oficial de Idiomas consiguió por fin el destino que buscaba: irse a Berlín. Trabajó  como profesor de alemán en la Embajada de España. Estoy deseando devolverle la visita. El edificio fue un regalo que le hizo Hitler a Franco. De estilo neoclásico, está en un sitio precioso, en la Liechtensteinalle, en pleno parque de Tiergarten  (=jardín de los animales, el zoológico), muy cerquita de la Siegessäule, o Columna de la Victoria, la conseguida contra Dinamarca en 1864. Sobre la columna se alza un gran ángel dorado visible desde la Puerta de Brandemburgo. En realidad y pese a sus alas no es un ángel, sino Atenea Niké, la Victoriosa.

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La columna está enclavada en una rotonda, en el centro de la Strasse des 17 Juni. Milagrosamente se salvó de los bombardeos que sufrió Berlín durante la guerra y permaneció  intacta. Quién sabe si la propia Atenea Niké, símbolo de la victoria, quiso proteger aquel espacio de la ciudad, tan hermoso, tan tranquilo. Se puede subir por una escalera hasta un mirador donde contemplar el panorama. Allá a lo lejos  por la recta avenida, dirección Este, destaca la Puerta de Brandemburgo, símbolo de la ciudad, y una de las puertas principales del Muro de Berlín, uno de los checkpoint, donde unos y otros intercambiaban  los espías capturados. Se puede pasear por la Strasse des 17 Juni  pero la mejor forma de disfrutar del lugar y del espeso arbolado del Tiergarten es, sin duda, recorrerlo en bicicleta.

Si seguimos por la avenida hacia el otro lado, hacia el Oeste, y ya saliendo del parque de Tiergarten llegamos al residencial distrito de Charlottenburg. Allí nos encontraremos el flamante Estadio Olímpico que Hitler inauguró para los Juegos Olímpicos de agosto de 1936, y como demostración al mundo del creciente poderío de la Alemania Nazi.

El constructor fue Albert Speer, arquitecto jefe de Adolf Hitler al que el Führer admiraba y respetaba. Realizó otros edificios emblemáticos, como el de la Cancillería (Hitler acabó suicidándose en su bunker) o el fastuoso Campo Zeppelin, en Nuremberg, sede de concentraciones de miles de nazis enfervorizados ante los discursos de su Führer que, las cosas como son, sabía muy bien cómo hechizar a las masas con sus puestas en escena.

A tal punto disfrutó Albert Speer de la confianza de Hitler que, en los últimos años de la contienda, le nombró Ministro de Armamento y Guerra, logrando mantener un suministro abundante de armas pese a los reveses y la destrucción de fábricas. Juzgado en Nuremberg (pero no en “su” Campo Zeppelin sino en el Tribunal Militar Internacional) como colaborador de los nazis, aceptó la pena de veinte años que cumplió íntegramente en Spandau.

Precisamente, el único testigo español en los juicios de Nuremberg fue el fotógrafo Francisco Boix, prisionero en Mauthausen, que logró salvaguardar copias de los miles de fotos que se hicieron en el campo y demostró que Albert Speer, contradiciendo sus declaraciones, sí había estado en Mauthausen, y conocía por tanto el funcionamiento de los campos de concentración.

Los Juegos Olímpicos supusieron un triunfo para los atletas alemanes (y por supuesto para Alemania), muy bien preparados ante semejante responsabilidad, y que consiguieron la mayoría de las medallas de oro. La cineasta Leni Riefenstahl, propagandista oficial del régimen filmó, entre otras obras de ensalzamiento como El triunfo de la voluntad, en el Campo Zeppelin, y dedicada a los Juegos, la película Olympia, en alabanza a esta nueva generación de Übermenschen, de “superhombres”, concepto extraído del filósofo Nietzsche y su libro Así habló Zaratustra.

Pero hubo algunos detalles sombríos en estas Olimpiadas. La atleta alemana Gretel Bergmann, pese a igualar un mes antes el record nacional de salto de altura fue excluida del equipo. ¿La razón?: era judía. El equipo de fútbol de Perú ganó por cuatro a dos (y eso que le anularon tres goles) contra el equipo austriaco. Al final, la victoria fue concedida a Austria “por defecto”…

Pero la anécdota quizá más conocida la protagonizó el atleta de 23 años Jesse Owens, originario de Oakville, un pueblito de Alabama. Ganó cuatro medallas de oro: las de 100, 200 y 4 por 100 metros, y la de salto de longitud. Pero tenía un pequeño problema:  era negro. Hitler abandonó el palco presidencial antes de la entrega de medallas, supongo que bastante contrariado el hombre, por no tener que condecorar  a un Untermensch, a un “infrahombre”, capaz de adelantarse a sus superhombres. Aunque al pobre Jesse Owens le faltaron aún  humillaciones por sufrir en su país.

En sus memorias cuenta que, por primera vez en su vida, en Berlín compartió habitación con blancos, con los otros atletas norteamericanos. Al regresar a los Estados Unidos, volvió a verse obligado a viajar en autobús en los asientos de atrás: los asientos delanteros por ley estaban reservados a los blancos. Para colmo, el presidente Franklin D. Roosevelt no le invitó a la recepción que organizó para los atletas olímpicos en la Casa Blanca. Las elecciones estaban próximas y necesitaba los votos de los segregacionistas estados del Sur. Invitar a un negro, por muy campeón olímpico que fuera, hubiera estado mal visto…

Antes de la ascensión de Hitler y el nazismo al poder, y como uno de los factores que la ayudaron y desencadenaron, estuvieron las salvajes revueltas en 1918. Por una parte, el ejemplo de la triunfante Revolución Rusa en Febrero de 1917, que se mostraba como un espejo en el que mirarse, como un ejemplo a seguir para las siempre sufridas clases trabajadoras.

La Gran Guerra iba tomando un derrotero cada vez peor. En Octubre del 18 la Flota de Alta Mar recibió la orden de lanzar un ataque final contra Inglaterra, lo que llamaron de El Paseo de la Muerte.  El 3 de Noviembre, en Kiel, 40.000 marineros y estibadores tomaron las calles. En un mes desertaron 4.000 soldados… En Berlín se formaron comités de obreros, soldados y marineros, pidiendo la dimisión del káiser Guillermo II.

La derecha, desesperada,  intentaba organizarse. El SPD (Partido Social Demócrata) se escinde. Los líderes socialdemócratas desprecian a los obreros, se van acomodando a la burocracia y congenian con el Alto Mando. Parte de sus militantes lo abandonan y se va al KPD (Partido Comunista de Alemania). Dentro del KPD los más radicales fundan el Spartakusbund, la Liga Espartaquista, bajo el mandato de sus líderes, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg.

La situación se deteriora y se radicaliza cada vez más. El SPD recurre a militares fieles y, sobre todo, a sus fuerzas de choque, el Freikorps, paramilitares de extrema derecha. Los enfrentamientos entre los espartaquistas y los del Freikorps acaban desencadenando violentas  batallas campales y llenan Berlín de barricadas desde donde se intercambian disparos. Todos luchan pensando que es su última oportunidad.

El 15 de Enero de 1919 el SPD consiguió dominar a los espartaquistas, que no han podido o no han sabido formar un frente común con los soldados y arrestan a la mayoría. Entre los detenidos están sus  líderes, Karl Liebknecht y a Rosa Luxemburg.  Karl fue ejecutado inmediatamente en las dependencias del SPD, de varios disparos. A Rosa Luxemburg le machacaron la cara y el cráneo a culatazos…

El Berlín que yo conozco es un Berlín amable, juvenil, artístico, barato… muy agradable en suma. Se puede pasear en bicicleta, pero también se puede pasear en barca. El Landwehrkanal es un bucólico canal, entre árboles, que atraviesa la ciudad de este a oeste. Sale del río Spree en Osthafen, distrito de Friedrischhain y, haciendo una suave curva hacia el sur, cruza Kreuzberg, bordea Tempelhof, y vuelve a subir por Tiergarten hasta llegar otra vez al Spree, en Charlottenburg.

En el Landwehrkanal encontraron flotando el 31 de Mayo de 1919, a los cuatro meses y medio de su asesinato, el cadáver descompuesto y casi irreconocible de Rosa Luxemburg. Una plaza de Berlín y una estación de metro la recuerdan. Casi un mes antes, el 3 de Mayo, las fuerzas gubernamentales consiguieron derrocar lo que se había constituido como la República Soviética de Baviera. Justo en la capital de Baviera, en Munich, un tal Adolf Hitler, ex cabo del ejército, artista frustrado, rechazado por la Academia de Bellas Artes de Viena, comiendo en la capital austriaca de la caridad de los comedores sociales, comenzó su imparable carrera.

Inspirado en la Marcha sobre Roma de Benito Mussolini, el 8 de Noviembre de 1923, a las 20’30, irrumpió en la cervecería Bürgerbräukeller, una de las más grandes de Munich, donde el gobernador de Baviera, Gustav Von Kahr pronunciaba un discurso ante tres mil personas. Hitler cercó la cervecería. 600 miembros de sus SA (Sturmabteilung = «sección de asalto», precursoras y eliminadas la Noche de los Cuchillos Largos por las SS, las Schutzstaffel= «compañías de defensa») bloquearon las puertas. Le acompañaban elementos que luego serían bien conocidos: el jovencísimo Heinrich Himmler, Hermann Göring, Rudolf Hess… Hitler se subió a una mesa y disparó un tiro al techo gritando: “¡La revolución nacional ha comenzado!”…(¿no os recuerda a un tal Tejero?).

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Fotomontaje de John Hearthfield titulada El Führer traga oro y suelta mierda 

Tras dos días de disturbios en Munich fueron detenidos, y Hitler condenado a cinco años en la cárcel de Landsberg, de los que sólo cumplió nueve meses, que aprovechó entre otras cosas para escribir su famoso libro Mein Kampf: “Mi Lucha”. Tras el Putsch de Munich, la revolución nazi había comenzado. El 30 de enero de 1933, Hitler fue nombrado Canciller de Alemania.

Sin duda, eran tiempos revueltos. Muchos, y no sólo los judíos, se debían sentir bastante incómodos entre tanta violencia. En 1929 un dentista berlinés, Friedrich Ritter junto a su amante Dore Strauch, huyeron de sus respectivos cónyuges y de Berlín yendo a establecerse, cual protohippies, a la deshabitada isla Floreana, antes conocida como Santa María, del archipiélago de Las Galápagos, donde fundaron una granja y en la que vivían libres y semidesnudos.

No sé por qué escogieron tan remoto lugar. Supongo que querían irse lo más lejos de todo aquello y empezar de nuevo. Me los puedo imaginar hablando en privado y buscando en mapas algún lugar remoto, lo más alejado posible que hubiera de Berlín para comenzar una nueva vida, sonriéndose y con los ojos llenos de esperanza. Hay una filmación que podéis encontrar en Google donde se ve a Ritter con tan sólo un calzón y cara de felicidad, caminando junto a un burrito cargado con bultos y una pala,  o bañándose en un caño.

No les duró mucho la tranquilidad. Otra familia alemana con hijos les siguió estableciéndose en la isla, con la que al parecer no se llevaban muy bien. Por si fuera poco y, tras ellos, se estableció en Floreana una excéntrica y violenta baronesa austríaca con sus dos amantes, un látigo y una pistola, con la que le gustaba disparar a menudo… Periodistas que querían entrevistar a los “Adán y Eva de Las Galápagos” y curiosos fondeaban a menudo en Floreana para verles. La historia acabó con tiros y asesinatos. Uno de los novios de la baronesa apareció al cabo de las semanas muerto, dentro de una barca. Ritter murió, al parecer, tras comerse un  pollo envenenado. Dore Strauch se volvió al poco tiempo a Berlín. Seguramente pensó que, ya puestos a escoger y al lado de Berlín, su “paraíso” de la isla Floreana tampoco tenía tanto de idílico.

 

Los colmillos del gato

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Gatita en el refugio de montaña de La Renclusa, en la base del Aneto, totalmente feliz con un topillo que acababa de cazar

Una boca diseñada para cazar

la familia de los felinos son un grupo de cazadores superespecializados, auténticas «máquinas de matar», dotados de un sistema nervioso capaz de proporcionarles la coordinación y los reflejos necesarios para el acecho ya la caza, así como de unos órganos de los sentidos (vista, olfato, oído) de una finura exquisita, sin olvidar unas armas mortales como sus garras y sus colmillos.Asombra con toda esta parafernalia que haya presas que se les puedan escapar, aunque la explicación está en que, al igual que ellos evolucionaron para ser unos perfectos cazadores, sus presas han evolucionado para ser unos hábiles «escapistas», es la ley de la naturaleza.

Recuerdo una frase que repetía el gran naturalista Félix Rodríguez de la Fuente en sus documentales sobre la fauna ibérica, en éste caso rfiriéndose al lince ibérico:

…la vida del cazador es la vida del muerto de hambre: de cada diez veces que el lince acecha a un conejo, se le escapan nueve…

Como buenos cazadores que son, los felinos han ido especializándose, por tamaño y hábitat, en presas muy concretas, los que les aportan más alimento con el mínimo esfuerzo. En el caso de los leones -los únicos félidos salvajes sociales- son los grandes ungulados como las cebras, los búfalos o los antílopes que llenan la sabana africana. Precisamente se han hecho gregarios formando manadas por el esfuerzo que supone la caza de estos grandes animales, imprescindible si consideramos el gran esfuerzo que les supone cazar a un animal tan grande -hasta casi una tonelada de peso- y tan fuertemente armados como es el búfalo africano.

Los tigres, solitarios predadores de las junglas y los bosques asiáticos, se han especializado en ciervos y jabalíes, más fáciles de dominar para un cazador que actúa solo. Y en lugares menos exóticos como son nuestro monte mediterráneo, el lince se especializó en la caza del conejo, la presa ideal también para otros grandes cazadores como el águila imperial. De hecho, semejante especialización ha colocado a linces y águilas en situación crítica cuando los conejos escasean, debido a epidemias naturales, tales como la mixomatosis o la enteritis hemorrágica vírica. Cuando los conejos desaparecen, sus predadores naturales pasan hambre.

En el caso de los gatos, su espectro alimenticio abarca desde insectos hasta pequeños ungulados, pasando por todo tipo de aves y reptiles e incluso peces, nunca van a desaprovechar la ocasión de cazar cualquier «bicho» que se les ponga a tiro, porque con las cosas de comer no se juega. Pero tanto para las diversas especies de pequeños gatos salvajes como para nuestro gato doméstico, su presa ideal son los pequeños roedores y, especialmente, los ratones.

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Dos cráneos de gato doméstico donde podemos apreciar perfectamente sus colmillos

La boca del gato está «diseñada » para cazar ratones. Es una paradoja que al examinar la boca de los gatos callejeros con mucha frecuencia los colmillos estén partidos, a consecuencia de las peleas entre ellos por el control del territorio y de las hembras. Al morderse unos a otros en el cuello o los costados, la dura piel de estas zonas en los machos (a veces se nos doblan las agujas a la hora de ponerles alguna inyección) hace de coraza para evitar graves lesiones, con la consecuencia de que los caninos suelen quebrarse.

Podríamos pensar que, ¡qué contrasentido!, esos colmillos deberían ser anchos y fuertes como los de los grandes felinos (leones, tigres, panteras…) o incluso los lobos y sus descendientes directos, los perros. La explicación está en sus diferentes hábitos de caza. A los grandes felinos, al igual que a los cánidos, les interesa sujetar muy bien a sus presas, por lo general grandes herbívoros (cebras, antílopes, ciervos, jabalíes) a los que asfixian mordiéndoles la garganta. El pobre animal se debatirá lo que tarde en morir, hasta un minuto, y el único riesgo es que acierte de casualidad con alguna patada de sus pezuñas.

Una excepción en las presas africanas y que quizá hayamos podido ver en los documentales sobre la naturaleza es la lucha entre el leopardo africano y los babuínos, o papiones, robustos monos que caminan en grupos por el suelo de la sabana y a los que los leopardos, cuando encuentran alguno suelto, atacan. Pero no son presas fáciles. Ya con considerar el nombre de la familia de estos monos nos podemos hacer una idea de su «seriedad»:  cinocéfalos, que en griego significa «cabeza de perro».

Los papiones están siempre en competencia entre ellos mismos, peleando por la jefatura del grupo y son poseedores -en especial los grandes machos- de una boca temible, con unos colmillos que no tienen nada que envidiar a ningún Rottweiler. Y esta peligrosa boca, unida a su agilidad de monos, hace que hasta el leopardo más hambriento tenga muchísimo cuidado al atacar un babuíno, estableciéndose un tétrico ballet, saltando ambos como en un ring de boxeo, y no siendo nada raro que el leopardo, que aprecia su integridad física tanto como nosotros, decida en un momento dado que no vale la pena correr semejantes riesgos, y decida batirse «honorablemente» en retirada.

Las presas «tipo» de los pequeños felinos o de nuestros gatos cazadores, los roedores, no tienen la «cabeza de perro» de los papiones, pero son presas que en un momento dado se defienden bien. Hasta el menor ratoncito está dotado de unos incisivos agudos. En principio su uso es el de roer sus alimentos, pero cuando se debaten pueden inflingir serias y profundas mordeduras al defenderse. Todo el que ha sujetado un hamster «rebelde» se ha podido dar cuenta, en un momento dado, de lo bien que se defienden clavando esos dientecitos tan afilados. Y no hablemos ya de las ratas, cuyos mordiscos, más profundos, pueden resultar mortales si aciertan un órgano vital o un vaso sanguíneo importante.

La razón final de que los gatos tengan esos colmillos tan finos, como estiletes, es que su misión al cazar es clavarse entre las vértebras del cuello de los roedores y acabar con ellos de forma fulminante, antes de que puedan revolverse y morderles a su vez. No pueden permitirse el lujo de esperar un minuto, como cuando un león sujeta a una cebra por la garganta. Los que salen perdiendo con esta especialización evolutiva son los territoriales machos. Todos necesitan cazar, tanto machos como hembras, pero los machos deben además luchar por su territorio, y la evolución les ha protegido a ellos con su dura piel de los mordiscos…a costa de perder a menudo la punta de los colmillos.

Afortunadamente para nuestros gatos caseros se acabó la dependencia de la caza, y la competencia territorial. Mantienen la anatomía de su boca aunque ya sólo mastiquen las bolitas del pienso: ahí no van a tener la preocupación de que las bolitas se les resistan ni de que estén tan duras que su «sonrisa» se vea perjudicada por unas antiestéticas melladuras.

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Este Felis lybica está entregado a una tarea tan peligrosa como cazar una víbora del desierto, poniendo en juego todas sus habilidades

El gato negro

 

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Según un estudio oficial que el gobierno de los Estados Unidos hizo hace más de veinte años, el gato era el animal más rechazado, tras las serpientes y las arañas…ailurofobia, se llama esa figura. Y es verdad que para muchísimas personas los gatos siendo unos animales extraños, traicioneros, sigilosos, indomesticables… Los tiempos van cambiando y los gatos, poco a poco, se van haciendo cada vez más populares, perdiendo esa fama de animales «de los que no te puedes fiar»…Muchos de mis clientes con gato han descubierto, de repente y para su sorpresa un animal encantador, pero todavía son multitud los que no quieren verlos ni de lejos…como ellos dicen, es que yo no soy de gatos…

Si ésto sucede con los gatos en general, los gatos negros son especialmente «amenazadores», doblemente inquietantes. Asociados a la noche y al sigilo. Por esa misma razón, muy sugestivos. Pintores y escritores se han inspirado en ellos, y han tenido en la historia fuerte protagonismo.

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En España y parte de Europa el gato negro se asocia con la mala suerte. En zonas de los Estados Unidos creen que un gato negro en casa condena a la soltería a las hijas casaderas. Y en varios países de Sudamérica, piensan que puede robar el afecto del otro cónyuge. Pero no todo es mala fama. En los países nórdicos se le considera un buen talismán. Los mahometanos creen que los yinns, los genios, intermediarios entre el cielo y la tierra, algo así como nuestros ángeles, toman forma de gatos, generalmente negros.

En Francia está aún extendida la creencia en el martagot, o gato brujo, que vive bajo la apariencia de un gato negro pero al que, si se le trata bien, proporciona riqueza a sus amos. Precisamente en París, entre la Rue de la Reine y la de Sant Denis hay una tienda, Au Chat Noir, flanqueada por sendas estatuas de gato en sus esquinas, y es fama que pasar por allí da buena suerte. Un antiguo egipcio diría que por ser símbolo de Isis y que, al ser dos, número femenino, la suerte es mayor.

Y hablando de los egipcios, gente muy gatófila, entre ellos los gatos negros alejaban el peligro de los venenos. En la Europa altomedieval se usó de forma menos delicada como medicamento: su piel se ponía sobre las quemaduras, y las cenizas obtenidas de quemar su cabeza se aplicaba sobre los ojos de los ciegos, en un intento de recuperar la visión. No todo eran curaciones: si un niño tragaba pelos de gato negro, ya no crecía más.

Pero la asociación pagana entre el gato negro y la diosa Isis, o su versión germánica Freya, resultó la perdición de miles de gatos cuando la Iglesia cristiana lo asimiló con el demonio, y no sólo entre las masas incultas: el papa Inocencio III, en 1208, declaró al gato, urbi et orbi, brazo de Satán. Pocos años después Gregorio IX, el 13 de Junio de 1233 publicó su Vox in Rama identificando los gatos negros con Lucifer.

 

Gato con diosa freya

                                             Imagen de la diosa Freya con su gato

Santo Domingo, fundador de la orden de los dominicos, encargados de la Inquisición, hablaba siempre del demonio como de un gato negro. Y en la «guía de bolsillos» para inquisidores de la época, el Malleus maleficarum (Martillo de herejes) se afirma que los hijos de Satán toman forma de animales y, en especial, de gato negro.

Aproximadamente entre 1250 y 1750, en las actas de los procesos de brujería celebrados en Inglaterra se mencionan siempre, en las declaraciones de las pobres mujeres acusadas de brujas (y que generalmente acababan condenadas a morir en la hoguera) las «personificaciones» del demonio en forma de animal. Algunas eran tan pintorescas como moscas, abejas, ranas, cangrejos o vacas. Pero en más del 50% de los procesos, las acusadas aseguraban haber visto a Satán bajo la forma de un gato negro. Extraído de una de las actas por acusación de brujería, en Alemania, uno de los cargos fué…

hablar amistosamente con el Demonio en forma de gato negro…

Sería motivo de risa si no fuera porque en este caso concreto se trataba de un acta real, y que la pobre mujer acusada, posiblemente murió en la hoguera por esta «diablura»…Con semejante propaganda no es de extrañar que proliferasen las hogueras por toda Europa. Como ejemplo de la barbarie medieval, bastan tres anécdotas:

-los Miércoles del gato, de la ciudad francesa de Metz, que comenzaron en el año 962, al sustituir una bruja condenada a la hoguera por un gato negro. Desde entonces y por Cuaresma, se quemaban encerrados en jaulas y barriles todos los gatos posibles, entre otras cosas para conjurar el baile de San Vito que, al parecer, hacía furor en la comarca.

-el Taigheirm, en Escocia, donde se quemaban lentamente y durante cuatro días, sin descanso, gato tras gato, en un acto público de desafío al diablo.

-y las Ceremonias del Fuego, que se han venido haciendo hasta 1905 varias veces al año, sobre todo el Día de San Juan, en Francia, echando gatos vivos a la hoguera.

En el antiguo Japón los gatos negros eran la forma en que se ocultaban entre la gente unas hermosas mujeres vampiro, aprovechando para colarse en las casas, seducir y asesinar a los hombres. Y la tradición hebrea cuenta que Lilith fué la primera mujer de Adán, a la que Yahvé expulsó del Paraíso por rebelarse abandonando a Adán, y a la que castigó por desobediente transformándola en vampiro bajo la forma de gato negro, y que desde entonces se alimenta de la sangre de los recién nacidos. Por esa razón entre los judíos, y especialmente entre los sefarditas, nunca dejan gatos negros donde haya niños de pocos meses.

 

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El gato negro fue un argumento de peso de la acusación en los procesos contra brujas, templarios, valdenses, albigenses y demás herejes. Asombra pensar cómo pueden quedar gatos todavía. Seguramente deben su supervivencia a su mayor virtud: ser los mejores matarratas que se ha inventado hasta la fecha.

Y, sin embargo, ese color negro que tan mala fama les ha dado, ha garantizado su socialización y su conquista de los medios urbanos. Me explico: el color negro se lo proporciona un pigmento negro, la melanina, la misma que nos permite ponernos morenos. Pero como precursor metabólico de la melanina hay otro compuesto que puede también dar origen a un neurotransmisor, la serotonina, responsable de los estados de agitación, alarma, estrés, agresividad o competencia.

Si el precursor metabólico se «decide» a formar melanina, formará menos serotonina. Por tanto, un gato negro, será menos competitivo con otros gatos. Digamos que no perderá tanto tiempo peleando con otros gatos, será más sociable y con más oportunidades para reproducirse. Y ésta es una de las razones por las que, en las colonias callejeras, abundan y predominan los gatos negros, menos peleones que, por ejemplo, los atigrados en rojo, mucho más tendentes a la territorialidad.

 

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Gatos siguiendo a una «repartidora» de comida. Primer dato: son todos negros y, por tanto, menos competitivos, más sociables. Segundo dato: van todos con el rabo en alto, postura neoténica con la que están diciendo: soy como un cachorrito, no quiero peleas.

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En esta foto que tomé hace tiempo en la calle podemos observar dos gatos: el de atrás, un macho atigrado en rojo controlando en «exclusiva» a la hembra y atento a la aparición de cualquier posible competidor. La hembra, negra, camina delante.

El casting de los gatos negros

Un anunció apareció en el diario Los Angeles Times:  Hollywood en busca de un gato negro.  Al anunció acudieron, el 27 de Noviembre de 1961, ni más ni menos que 152 propietarios de gatos negros, a probar suerte.

Se trataba de un casting para la película Tales of Terror, estrenada en el año 1962 y dirigida por Roger Corman, basada en tres cuentos de Edgar Alan Poe: Morella, La verdad sobre el caso del señor Valdemar y la que nos interesa: El gato negro. Las fotografías forman parte de un extenso reportaje que el fotógrafo Ralph Crane realizó para la revista Life.

Asombra ver las largas colas con esos 152 gatos negros, sujetos algunos por correas -otros iban en brazos- , pacientes y más tranquilos que sus dueños. Ya sabéis: la melanina… Al final la productora contrató uno más «profesional» y con experiencia en rodajes aunque seleccionó siete más de entre todos ellos como apoyo para algunas escenas.

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El momento de las confesiones

Sólo contaros y como detalle personal que a lo largo de mi vida como propietario de gatos, he tenido varios de ellos de color negro. El de ahora se llama Lee. El anterior se llamaba Mandi (de Mandinga…por lo negro). La primera, y también negra, se llamaba Champi. Siempre han vivido con otro gato. Champi vivió con un siamés llamado Luis, con el que tuvo cinco gatitos. De los dos penúltimos, Mandi fue el compañero de Simba, un precioso Bosque de Noruega. Y los dos últimos y con los que convivo actualmente, Lee y su compañero Dersu (un Siberiano cariñosísimo e igual de bonito), que gentilmente me han «prestado» sus nombres para el blog: DersuLee. 

Me gustan todos los gatos, pero los gatos negros tienen una estética que a mí, personalmente, me fascina. Que conste que es mi opinión, para gustos están los colores. Lo que sí puedo confirmar es su carácter. Llevo en la actualidad cuarenta años ya como veterinario, y he conocido gatos con caracteres  muy variables. Pero podría asegurar que los gatos negros suelen ser animales, por lo general, tranquilos (aunque haya algunas excepciones como auténticos demonios). En concreto los míos son animales muy buenos. Jamás les he oído gruñir ni bufar ni les he visto pelearse, y si de algo me quejo es de lo pesados y «cariñosones» que se pueden poner.

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Simba y Mandi en sus buenos tiempos                                                                                                                                                  

Y si tanto Mandi como Lee en su «negritud» y «vulgaridad» (entre comillas) fueron o son los compañeros de dos gatazos con pedigrí: Simba y Dersu, dos razas de pelo semilargo y de muy buen carácter, no significa que estén por debajo en el «escalafón» felino. Quise, y hablaré de sus ventajas, tener siempre gatos en número de dos. Pero como pude elegir, aproveché para tener un gato negro en casa. Y nunca me he arrepentido. No sé si serán una reencarnación del demonio. Lo que sí se, es que son los mejores compañeros.

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                                                               Dersu y Lee

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Maya y La Montaña

Junio de 2.018. En su programa de Vodaphone, edición Giants, entrevistando al actor islandés Haftor Július Björnsson, que interpreta al personaje de La Montaña, en la serie Juego de Tronos. El hombre más fuerte de Europa oficialmente en el 2.018

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Maya, arrugas

Aunque no aparece en los créditos, formó parte del equipo de dibujantes de Arrugas

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Cómo hacer un desamarre en Tánger (y no liarla)

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Como decía Jack el Destripador: vayamos por partes:

En primer lugar, y para aquellos que no lo sepan, un desamarre no es cuando a un barco en el puerto se le sueltan las amarras para liberarlo y partir, que también es éso. Pero en este caso, un desamarre es un protocolo, más o menos ritualizado y más o menos mágico para los que están muy «pillados» en las cosas del amor -en todas sus variantes-  olviden a esa otra persona, para que se la saquen de la cabeza de una vez por todas y puedan liberarse…lo mismo que el barco en el puerto, y vuelvan a normalizar su vida y sus sentimientos. No sé si me he explicado.

Hay muchas personas que creen a pies juntillas en amarres y desamarres, sobre todo en lo primero. Corazones solitarios, fijaciones eróticas, seres despechados…el compañero de la oficina que es que ni nos mira, la vecinita del tercero que ignora nuestras seductoras sonrisas, el ex-novio o ex-novia al que no hay forma de olvidar ni de recuperar para nuestra causa. Y mucha gente que, sobre todo desde el tropical y calentorro Caribe, se ha especializado en ofrecernos fórmulas mágicas, infalibles, en forma de conjuras y recetas con todo tipo de ingredientes a cada cual más pintoresco o asqueroso -imaginaros lo que queráis y acertaréis- para que el ingrato o la ingrata, por fin, caigan rendidos a nuestros pies. O bien, en el caso del desamarre y como decía al principio, desenamorarse o, en el mejor castellano, desencoñarse de una puta vez, ¡que ya está bien, hombre!.

Pues el caso es que una amiga mía se había enamorado como una perra de un marroquí, al que conoció por ser el hermano del novio de otra amiga suya. Y como el chico vivía en Marruecos, pues ahí estuvo mi amiga yendo y viniendo cada vez que podía a ver al chaval del que estaba coladísima. Un viajecito, cada vez. La verdad es que el marroquí era guapísimo, ya se encargó mi amiga de enseñarme un par de fotos, estaba como se suele decir como un queso, pero tanta distancia y tanto viaje al final hicieron mella y decidió cortar con él. Pero no había forma de quitárselo de la cabeza. Y para éso quería hacer, ¿el qué?, pues un desamarre como dios manda. Bueno, Dios o Alá, pero necesitaba olvidarle.

Como mi amiga sabía que yo había viajado a Marruecos unas cuantas veces me preguntó un día -yo aún no sabía nada- si cerca de Ceuta o de Melilla había desierto. –¡Hombre, pues desierto, desierto, no, para éso hay que viajar bastante más al sur!. Mi amiga, desolada, me insistió: –¿Muy al sur?. -Si quieres desierto-desierto si, más de quinientos kilómetros. Y ya me explicó un poco más.

Soluciones numerológicas, que no numéricas

Mi amiga -por caballerosidad no diré su nombre- es un poco bastante esotérica. Cree en estas cosas y otras parecidas. Me contó lo que le pasaba, y me dijo que su profesor de numerología…*

*Nota Bene: no confundir con un matemático ni un licenciado en Ciencias Exactas, no. La numerología es otra más de las pseuciencias por la que, mediante tu nombre, fecha de nacimiento y unas operaciones cabalísticas establecen tu número vital y, de acuerdo con él, vaticinan tu personalidad, tu futuro y unas cuantas cosas más. Tal cual lo dicen os lo cuento. Yo no creo en ésto pero el que quiera, pues adelante*

(continúo)…al consultarle su problema a su profesor de numerología, se supone que el hombre estaría bien enterado, le estableció las pautas para un desamarre. Lo primero, necesitaba un desierto. Lo segundo -me iría enterando sobre la marcha- un conjuro. Lo tercero, dos figuras que representasen a la pareja en cuestión. Lo cuarto, un mapamundi…y algunas cositas más… Cuando mi amiga me dijo lo del desierto y tras preguntarle los detalles me explicó que tampoco hacía falta un desierto al uso, con sus dunas, sus camellos y sus oasis, que bastaría con una amplia extensión arenosa y de horizontes despejados. Se me ocurrió, y así se lo dije, que en las afueras de Tánger -por poner un sitio cercano y más accesible que el lejano desierto- hay unas playas infinitas y solitarias al sur del cabo Espartel, donde el Mediterráneo se abre hacia el extenso océano Atlántico.

A mi amiga le pareció bien. Hacía poco que unos amigos me habían regalado con ocasión de mi cincuentaavo o quincuagésimo cumpleaños, una estancia en una casa rural por el término de Conil, en Cádiz. Le propuse, si le parecía bien, y así se lo pareció, irnos un fin de semana a la casa rural y desde allí a Tarifa, para coger el ferry hasta Tánger. Lo planeamos y en pocos días, nos fuimos. Previamente me pidió, y no quise preguntar, unas vendas, unas escayolas y alguna tijera fuerte.

A Tánger, dispuestos a todo.

Fuimos desde Conil hasta el puerto de Tarifa. Hacía muy poco que se había establecido el servicio del fast-ferry entre Tarifa y Tánger por la compañía marroquí Limadet, abreviatura de Lignes Maritimes du Detroit (Líneas Marítimas del Estrecho), treinta y cinco minutos de trayecto en vez de las clásicas dos horas desde el puerto de Algeciras. Nos esperaba una grata sorpresa: para promocionar la línea del fast-ferry al sacar billete de ida y vuelta la compañía regalaba una visita guiada por Tánger con comida incluída y la ventaja de no necesitar pasaporte ni visado, con el billete ya iba todo incluído. Por supuesto lo aprovechamos, ya sólo la comida te amortizaba el billete.

Embarcamos pues y al llegar a Tánger nos aguardaba el guía, un hombre ya mayor, delgadito y ágil que hablaba todos los idiomas: iba pasando del español al francés, al inglés y al alemán, pastoreando un grupo internacional de turistas de los que enseguida me di cuenta hablando con ellos y por su actitud de que para todos -excepto nosotros- era la primera vez que visitaban Marruecos. Yo ya había estado varias veces en Tánger, ciudad que me gusta mucho y en la que vivía un amigo mío del colegio, Manolo, profesor en el Colegio Español, en cuya casa me había alojado a menudo. Conocía bastante bien Tánger, como es lógico.

Me hizo gracia formar parte de una visita guiada recorriendo la kasba y la medina, por calles que conocía bien, bajo las atentas explicaciones en su «multilengua» de nuestro guía particular. El grupo le seguía obedientemente y arracimado cual el rebaño de ovejas sigue a su pastor, un tanto temerosos de aquellos siniestros nativos de piel oscura y con chilabas, sin duda peligrosos yihadistas todos ellos. Hacía muy pocos años habían volado las Torres Gemelas de Nueva York, había que tener cuidado.

Tras el recorrido y tras la visita obligada a un par de tiendas, sin duda conchabados con el guía que se tomó su té con menta hablando con el dueño sin prisa, mientras los turistas curiosearon todo, les vendieron alfombras y artesanía variada -¡ojo, que yo compré una lámpara de colgar azul para mi casa que bien bonita está, no quisiera ir de alma pura ni de estupendo!- pues nos fuimos a comer. Típico restaurante-palacete marroquí donde nos acomodaron a todos y en el que fuimos degustando los platos de la cocina marroquí: tallín, pinchitos morunos, harira, ricos postres con miel, te con menta al final y entre medias un numerito de danza del vientre, todo muy marroquí… A mi lado se había sentado un norteamericano, creo recordar que me dijo era de Kansas al que, ante sus dudas, le fui explicando un poco de qué iba cada plato y lo de la danza del vientre, el hombre estaba muy agradecido. -Do you know Morocco? (¿conoces Marruecos?)… -Yes, sometimes (si, varias veces)… y se le veía un tanto asombrado por mi reinsistencia magrebí, sin duda algo se ocultaba ahí y más tarde tuvo la prueba .

Pero no me olvidaba de nuestra misión. Pensé en abandonar al grupo y coger un taxi hasta la playa de Espartel que estaba un tanto alejada pero en uno de los recorridos con el bus donde íbamos con el guía pasamos junto a la playa de Malabata y pensé: ¡éste es el sitio!. Tánger se sitúa sobre una amplia bahía, la de Malabata, y a sus pies se extiende una hermosa playa, de punta a punta. La ciudad vieja y el puerto estaban allí mismo, en su extremo oeste, podíamos ir andando. Lo hablé con mi amiga y estuvimos de acuerdo. Pero antes nos tocaba ver a los camellos.

Era domingo, por cierto, y a los tangerinos les encanta pasear los domingos por la tarde. Fuimos con el bus a un parque, en las afueras, una colina con un espeso pinar, donde muchas familias aprovechaban para su esparcimiento. El guía nos explicó y todos -alemanes, franceses, ingleses, americanos y españoles- nos enteramos que íbamos a un sitio donde había camellos y el que quisiese podía subirse y por un módico precio hacerse una foto…¡Vaya horterada!, le comenté a mi amiga, seguro que nadie se sube. Pero para mi asombro y al parar el bus junto a un camello enjaezadísimo, lleno de borlas rojas, preparado al efecto, tooodos los turistas se atropellaron corriendo, encantados, dispuestos no sólo a hacerse las fotos junto al animal, sino a subirse dando grititos -los camellos cuando se levantan dan bruscos bandazos- y hacerse muchas más fotos encima de él….

Homo sum, humani nihil a me alienum puto…que podemos traducir del latín como: «Hombre soy, nada humano debe serme extraño»…cita del Heautontimorumenos («El enemigo de sí mismo»), del escritor latino Terencio. Y tras este latinajo y tamaña pedantería, aquella bonita tarde de domingo tangerina volví a darme cuenta una vez más que sí, que nada humano debe serme extraño. Lo que para mí era tamaña horterada para aquellos turistas neófitos en cuestiones marroquíes era el no va más, todo era very tipical y bien contentos que enseñarían las fotos presumiendo de tamaña aventura a sus parientes y allegados en sus lejanas y frías tierras…

Aún faltaba un detalle: mi compañero de mesa, el de Kansas, al ver que yo ni hacía cola ni demostraba el menor interés en subirme al camello me preguntó extrañado por qué no quería. -Why not?… A lo que le contesté la verdad: hacía muy poco que había estado montando -en camello, por supuesto- con los tuareg en el desierto por Tombuctú…a lo que el buen hombre, abriendo unos ojos como platos y mirándome muy serio debió pensar: ¡lo sabía, lo sabía, es un yihadista infiltrado!…

El desamarre

Habíamos comido, habíamos dado unos paseítos por Tánger, hasta había comprado una preciosa lámpara azul y tocaba entrar en faena. Le pregunté al guía plurilingüe si podíamos volver por separado. ¡Por supuesto!, nos dijo, quizá aliviado de quitarse de encima un par de tipos del grupo aunque tampoco le habíamos dado ninguna guerra, con vuestro billete podéis volveros en otro barco. Así que, cuando se dirigieron al puerto, nos despedimos del resto -el de Kansas seguía mirándome muy serio: ¡lo sabía, lo sabía, y ahora se van con la célula!- y en cinco minutos estábamos en la playa.

Domingo por la tarde, ya dije, y mucha gente paseando por la playa. Recuerdo entre otras cosas un chaval al que en mi imaginación puse de nombre «el Loquito» que él sólo y con el pantalón arremangado, correteaba persiguiendo las olas y de vez en cuando se remojaba el torso con las manos. Pero casi todos eran grupos de jóvenes que deambulaban por ahí, sin prisa porque, como dicen en Marruecos, «la prisa mata». Mi amiga llevaba un paquetito en su capacho. Cuando le pareció bien, se sentó en la arena y sacó el paquetito. Lo desenvolvió y sacó un par de muñecos: una Barbi pelirroja -ella-  y un muñeco que representaba un moro -lo más parecido que encontró a su futuro ex-novio-. Un mapamundi, que desplegó, las vendas que me había pedido, un papel con el conjuro-antiamarre que le dió su profe de numerología y unos cuantos rotuladores de colores. Según iba sacando cosas, yo flipaba cada vez más.

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Apártate un poco, me dijo. Me aparté unos diez o quince metros, tampoco quería dejarla sola, no le iba a pasar nada pero los marroquíes pueden ponerse un poco pesaditos. Mi amiga, a todo esto, es pelirroja y buena moza, el sueño erótico de todo magrebí pero, para mi asombro (volvemos a la cita de Terencio) y aunque la miraban mucho mantenían una prudente distancia, ni se le acercaban porque empezó a hacer cosas un tanto raras: mientras musitaba el conjuro comenzó a partir en trocitos los dos muñecos. Cuando acabó, los envolvió  con cuidado utilizando las vendas. A todo ésto se remangó la falda y las mangas -¡menuda idea en Marruecos!- y empezó a pintarse cosas, luego supe que eran nombres de ciudades de todo el mundo en piernas y brazos. Una vez pintada, envolvió de nuevo el paquete con el mapamundi y haciendo un hoyo en la arena, lo enterró todo.

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-¡Ya está!, me dijo sonriente. –¡Pues vámonos rápido!, porque me imaginaba que, en cuanto nos diésemos la vuelta, todos aquellos chavales que no le quitaban ojo se acercarían a ver qué había enterrado aquella perra infiel, y en cuanto descubriesen la figura de un moro hecha pedazos quizá, tal vez, más de uno especialmente concienciado podría incluso mosquearse por la ofensa -no es broma, para estas cosas los musulmanes se mosquean rápido- y ahí sí que podrían aparecer los yihadistas que tanto miedo le daban a mi amigo el de Kansas reclamando venganza…

Aceleramos camino del puerto que estaba ahí mismo, aunque no dejé de mirar por encima de mi hombro un par de veces, pero hasta que no entramos en las instalaciones portuarias no me sentí tranquilo, aún me temía escuchar detrás unos alaridos amenazadores y unos moros corriendo hacia nosotros blandiendo gumias. Mi amiga lucía una sonrisa de beatitud. Ya de vuelta a España en el barco me fue explicando el proceso: la recitación del conjuro antiamarres, el por qué de los muñequitos, el hecho de romperlos, el mapamundi como apertura de horizontes -mentales y sentimentales- y las ciudades pintadas sobre su cuerpo.

Creo casi innecesario aclarar que a las dos semanas su ex-novio marroquí se vino a trabajar a Bilbao, y volvieron a liarse. Aún les duró un año.

La flora bacteriana: un kilo de bacterias en los intestinos

Escherichia coli

Fotografía al microscopio electrónico de una bacteria muy común: la Escherichia coli, más popularmente E. coli. Benef

Hoy se define la flora bacteriana con el nombre más técnico de la microbiota, o microbioma. Como quien no quiere la cosa, resulta que tenemos un kilo de bacterias en nuestro intestino. Ni cien ni doscientos gramos: un kilo. Pero toda esa cantidad de microorganismos no existe tan sólo en el aparato digestivo, lo que incluye boca, intestino delgado e intestino grueso, aunque ahí es donde la presencia sea más numerosa. Tenemos toda una serie de bacterias en la piel, en los ojos, en la cavidad orofaríngea (nariz, garganta) y en el aparato génito-urinario.

Pero inevitablemente surgen una serie de preguntas, tanta cantidad nos asusta: ¿cómo es que tenemos tantas?. ¿Son necesarias?. ¿Son malas, o son buenas?. ¿De dónde han aparecido?. Y, ¿qué es lo que hacen por fuera y por dentro de nosotros?… ¿Tenemos tantas bacterias porque somos unos guarros?…¿será que no nos lavamos lo suficiente?…¿será que comemos alimentos contaminados?…¿necesitaríamos, quizá, inflarnos a antibióticos para eliminar este exceso?.. Muchas dudas…

Nos están acostumbrando, tanto los medios de difusión como el márketing farmacéutico y de la nutrición, a familiarizarnos con estos dos términos: prebióticos probióticos, insistiendo en que ambos son muy buenos para la salud. Seguramente es verdad pero a veces inducen un poco a confusión. Porque aunque los tomemos por la boca no son alimentos per se. No nos nutren, no nos engordan. Y sin embargo, es cierto: son dos elementos fundamentales para un correcto equilibrio y, sobre todo, para una buena digestión intestinal. Vamos por partes.

Los prebióticos

Se definen como alimentos «funcionales», que no «nutritivos». Están constituídos por fibras solubles, productos lactofermentados y fructooligosacáridos vegetales. Me explico:

-Fibras solubles: Bajo la denominación de «fibras solubles» hay que descartar otras fibras «insolubles» tales como la lignina…que llegarían a nuestro estómago en el caso de que masticáramos madera, por ejemplo. Estas «fibras solubles», presentes en el alimento, sí las podemos digerir (con ayuda, como veremos) y aportan, entre otras cosas, el volumen necesario para que las heces tengan la consistencia necesaria. Cuando ingerimos muy poca fibra en nuestra dieta, las heces son más escasas y más duras, la digestión se ralentiza y se produce el estreñimiento. Pero hay más.

Nos «venden» la fibra en multitud de productos, enfocados sobre todo a combatir el estreñimiento y, secundariamente, para perder peso, pero no es sólo eso. Las fibras ayudan a regular el tránsito intestinal, pero no hay que confundir el hecho de ingerir fibra con lo que sería comerse un puñado de paja. La fibra, en los alimentos, forma parte sobre todo de frutas y verduras. Aunque sea en trocitos pequeños, incluso en puré, está en las moléculas que las forman.

Si para cualquier animal -entre ellos, nosotros- son muy importantes, para los herbívoros tales como los rumiantes (vacas, ovejas) o los caballos lo son más: ellos necesitan un volumen de heces grande y además de consistencia blanda para digerirla bien. Pero para los roedores (cobayas) o los lepóridos (conejos) son sencillamente vitales, por su peculiar fisiología digestiva. En estos dos últimos grupos de animales su carencia acarrea estreñimiento que, si dura más de un día, a su vez produce una intoxicación intestinal por desequilibrio de la flora que les conduce a la muerte.

Además, las fibras atrapan y eliminan exceso de azúcares que producen un índice glucémico elevado, y ayudan por tanto al control de la diabetes. Y no sólo eso: atrapan, transforman y eliminan sustancias tóxicas transportadas por la función secretora de la bilis. Es el caso de la lactulosa, un azúcar sintético al que podríamos asimilar al grupo de los fructooligosacáridos, compuesto por los azúcares naturales fructosa galactosa, que transforma el ión amonio o amoniaco en urea, eliminable por la orina. Si el ión amonio se acumula en intestino y no se elimina produce cuadros de intoxicación, como la llamada encefalopatía hepática. 

-Productos lactofermentados: los fermentos lácteos o de cereales seleccionados favorecen la digestibilidad de la celulosa. La celulosa es un polímero formado por cadenas, de cientos a miles según la especie vegetal, de moléculas de beta-glucosa. Es el principal componente de la pared celular de las plantas. Con esta composición en teoría sería un alimento muy nutritivo para los animales, pero tiene dos pegas: por una parte son fibras muy compactas y, además, es insoluble, con lo que su digestión es imposible. Gracias a los fermentos lácteos, podemos fragmentar, solubilizar y, por tanto, digerir la celulosa. Pero hay más: refuerzan y agilizan la hidrólisis de las enzimas bacterianas, favoreciendo por tanto las actividades enzimáticas necesarias para la transformación de muchos nutrientes en el intestino.

-Fructooligosacáridos: el más conocido es la inulina (no confundir con la insulina, responsable del control de la glucosa). La inulina resiste la digestión en toda la parte superior del intestino (intestino delgado) con lo que se evita su absorción, lo que le permite llegar hasta el colon, donde se convierte en alimento para las bacterias -«buenas»- allí presentes y, también, para las células epiteliales del colon, estimulando su renovación. La inulina permite además la producción de ácidos grasos volátiles, responsables de la acidificación del colon, reforzando el efecto barrera contra las bacterias putrefactivas, las «malas».

Probióticos

La O.M.S. (Organización Mundial de la Salud) define a los probióticos como:

…microorganismos vivos que, cuando son suministrados en cantidades adecuadas, promueven beneficios a la salud del organismo hospedador…

Por tanto los probióticos serían alimentos con microorganismos vivos adicionados, que permanecen activos en el intestino y ejercen importantes efectos fisiológicos. Y tienen muchos, aunque su efecto principal es el de contribuir al equilibrio de la flora intestinal, potenciando el sistema inmunitario. Pueden atravesar todo el aparato digestivo y, de hecho, recuperarse vivos en las heces, aunque la mayoría se adhiere a la mucosa intestinal.

Estos microorganismos vivos son las conocidas como bífidobacterias. Las más efectivas son: Lactobacillus acidophilus, Lactobacillus casei Lactobacillus rhamnosus GG. Esta última es una cepa del Lactobacillus rhamnosus «original». La cepa GG se aisló en el año 1983, y se patentó el 17 de Abril de 1985 por sus investigadores: Sherwood Gorbach y Barry Goldin, de cuyos apellidos recibió las dos «G» finales. Las tres, y en especial esta última, son resistentes a los ácidos gástricos del estómago con lo que su implantación en el intestino está asegurada.

Entre sus funciones principales podemos destacar:

-estimulan y facilitan la digestión gracias a la actividad de sus enzimas lactasa, invertasa y la maltasa, y la asimilación de aminoácidos.

-actúan sobre los microvilli (los pliegues de la mucosa) intestinales, aumentan sus dimensiones y su renovación celular al favorecer su proliferación, mejorando por tanto la fisiología de la absorción de los alimentos en el intestino delgado.

-contribuyen a la síntesis de Vitaminas B2, B5, B9, B12 y Vitamina K.

-al producir ácidos orgánicos como el ácido láctico a partir de glúcidos como la inulina, disminuyen el pH intestinal o, lo que es lo mismo, acidificando por tanto el intestino y limitando el crecimiento de gérmenes patógenos en el intestino.

-destruyen las nitrosaminas, uno de los causantes de tumores.

-estimulan la actividad de los macrófagos (la «policía» del organismo, encargados de eliminar bacterias y células tumorales) y la actividad de anticuerpos, especialmente las Inmunoglobulinas A, con efecto inmunoestimulante.

La microbiota

Estas bífidobacterias tan interesantes forman parte de la flora microbiana normal, o microbiota. Pero no son las únicas. La microbiota es el conjunto de microorganismos que, como adelanté al principio, se localizan de manera normal en distintas zonas del organismo: piel, orofaringe, aparato génito-urinario y aparato digestivo.

Tan sólo en el aparato digestivo se han clasificado hasta ahora casi 500 géneros diferentes de bacterias, aunque se especula que pueden llegar hasta mil. Las cifras son abrumadoras: en todo nuestro organismo se calcula que, por cada célula, de las que tenemos aproximadamente diez billones (, con «b») hay un total de diez bacterias «buenas», lo que supone unos cien billones (con «b»)…lo que no significa que cada célula tenga «sus» diez bacterias, es sólo un problema de proporción.

Lo admito sin ningún empacho: admiro a los microbiólogos por la amplitud de sus conocimientos. En mis tiempos de estudiante en la Facultad de Veterinaria estudiábamos en la asignatura de Microbiología muchas especies, de las que recuerdo y que siguen estando presentes en la clínica diaria algunos géneros como Escherichia, Pseudomona, Salmonella o Campylobacter. Pero  dentro de estos 500 géneros de bacterias intestinales aparece una larga lista que me eran totalmente desconocidos y que me producen cierto vértigo por sus nombres dignos de una película de ciencia-ficción: Caloranaerobacter, Phascolarctobacterium, Subdoligranulum, Anaerobiospirillum Faecalibacterium entre otros… Si hay algún valiente entre el público que crea que he escrito alguno mal, que me lo diga a la cara…

Pero, ¿de dónde aparecen, como si fuera de repente, todas estas bacterias antes desconocidas?. Obviamente no son nuevas, siempre han estado ahí, lo que ocurre es que antes eran muy difíciles de estudiar. La mayoría de las bacterias intestinales son anaerobias, esto es: crecen en ausencia de Oxígeno y su cultivo (por los tradicionales métodos de las placas de Petri, esas plaquitas redondas de cristal con agar-agar para que crezcan) es muy difícil. Su identificación se está haciendo, cual detectives de la serie C.S.I., detectando el PCR de sus cromosomas.

Lo cierto es que la proporción de cada uno de estos géneros de bacterias varía según la zona del aparato digestivo que consideremos. Menos abundantes en el estómago, como el famoso Helicobacter pilori, al que se atribuye cierto protagonismo (relativo) en las úlceras gástricas, y mucho más abundantes en el intestino. Pero mientras que en el íleon (la parte final del intestino delgado) la concentración de bacterias es aproximadamente de 100.000 por cada gramo de materia fecal, en el colon aumenta hasta llegar a 10.000.000.000 (diez mil millones) por cada gramo de sustancia fecal. De ahí la cifra real de un kilogramo en nuestro intestino. Y además el censo de estas bacterias, la diferente proporción de géneros, varía en cada individuo, sobre todo con su tipo de dieta, en lo que influye mucho el país donde hayan nacido y su cultura culinaria…

Sólo en algunos casos podría producirse un desequilibrio que diese lugar a enfermedades. Las más recientes investigaciones o los conceptos más modernos de la biología hablan de nuestro organismo como una colaboración o conjunto de nuestras propias células más toda esa cantidad de bacterias e incontables virus, asociados u origen de esas bacterias. Del concepto antiguo que sólo contemplaba a las bacterias y virus como «enemigos», hoy se tiende a pensar en el organismo como un «gran equipo» orgánico donde todos realizan y tienen asignada una función. De hecho, en nuestro cuerpo habitan bacterias y virus que, en caso de desequilibrio, producirán trastornos. Pero en condiciones normales conviven con nosotros en nuestro interior, interaccionando sin producir enfermedades.

Origen de las bacterias del microbioma

Hoy se considera que las células «modernas», nuestras células actuales, provienen de colonizaciones o colaboraciones con ciertas bacterias. Dentro del citoplasma o cuerpo de nuestras células, y de la inmensa mayoría de las células eucariotas o más evolucionadas, existen unas estructuras llamadas mitocondrias.  Se las considera  como las «centrales energéticas» de la célula, responsables de sintetizar ATP (Adenosín Trifosfato, un nucleótido fundamental para la obtención de la energía celular) a partir de los «carburantes» metabólicos como son la glucosa, los ácidos grasos o los aminoácidos. Las mitocondrias, al igual que el núcleo de las células, poseen su propia cadena de ADN pero con una estructura particular: circular y bicatenario, como el de las bacterias.

De hecho, este ADNm o mitocondrial es muy utilizado en estudios genéticos, porque también se replica en el proceso de la división celular pero con una salvedad frente al ADNn  o nuclear: mientras que éste se produce por una combinación de los ADNn maternos y paternos, mezcla de los núcleos del óvulo y espermatozoide, respectivamente, y por tanto con más posibilidad de variaciones, el ADNm sólo proviene de la mitocondria del óvulo materno, puesto que el espermatozoide no aporta célula completa, sólo núcleo, y es menos dado a variaciones. Es un ADN mediante el cual se hace la trazabilidad de las líneas maternas. Como ejemplo: todos los estudios recientes sobre los posibles cruces entre el hombre de Cromagnon (el Homo sapiens actual, o sea, nosotros) y el hombre de Neanderthal, se realizan con estudios del ADN mitocondrial.

Pero, os preguntaréis: y todo este rollo del ADN mitocondrial, ¿a cuento de qué viene?. Tranquilos que voy. La doctora norteamericana Lynn Margulis propuso la teoría endosimbiótica según la cual, hace 1.500 millones de años, células procariotas o bacterianas, menos evolucionadas y carentes de núcleo, se fusionaron con células eucariotas primitivas, más evolucionadas y con núcleo, aportándose ventajas mutuas, como por ejemplo: el aprovechamiento de la luz solar para realizar la fotosíntesis (obtención de materia orgánica a partir de materia inorgánica).

Una prueba de esta colaboración, además de la estructura inequívocamente bacteriana de las mitocondrias, es el hecho de que, de los más de 25.000 genes presentes en los cromosomas de los animales superiores, 300 de ellos son claramente de origen bacteriano, es decir: de bacterias que se asociaron con nuestras células. Pero el tema, de por sí sugerente, se hace apasionante (al menos para mí que me entusiasmo con facilidad) si consideramos que la forma en que estos 300 genes bacterianos se acoplaron a nuestros cromosomas fue merced a un «trasplante» por virus, que se introdujeron en las células y fueron capaces, como acostumbran, a modificar la cadena de ADN  de los cromosomas.

La relación del organismo con estos gérmenes no es sólo una relación simbiótica o de colaboración, en la que todos sacamos ventajas, que lo es. Un buen ejemplo sería el de la humilde lombriz de tierra. La lombriz practica la geofagia, esto es: come tierra. Pero para transformar los compuestos bioquímicos del suelo y aprovecharlos como fuentes de energía, además de las bacterias que ingiere con la tierra tiene en su aparato digestivo una serie de protozoos en colaboración con otras bacterias que le posibilitan la digestión y, a su vez, va a excretar en sus heces compuestos orgánicos ya transformados que, como saben todos los amantes de la jardinería, enriquecen el suelo con nutrientes aprovechables ahora por las plantas.

El hecho es que nuestra vida sería literalmente imposible sin su ayuda y presencia. En nuestro caso, como apuntábamos más arriba, nos ayudan en la digestión de los alimentos, en la producción de ciertas vitaminas o con un antagonismo microbiano: protegiendo frente a la colonización o, más exactamente, a la proliferación incontrolada de microorganismos patógenos. De hecho hay muy pocos parámetros fisiológicos o inmunológicos que no estén profundamente afectados por la naturaleza y presencia de la microbiota normal.

Posiblemente uno de los factores más importante sea la resistencia del organismo hospedador a las infecciones producidas por gérmenes patógenos. Ésta es una de las razones por las que, tras un tratamiento antibiótico prolongado, se producen diarreas u otros transtornos digestivos: los antibióticos han destruído parte de las bacterias «buenas», hemos perdido parte de sus funciones y se ha producido un desequilibrio en la flora intestinal a favor de las bacterias «malas».

En la medicina más moderna se ha comprobado la importancia de tener una flora intestinal variada y numerosa. En las patologías donde se ha perdido gran parte de esta flora, se están haciendo tratamientos a base de enemas fecales. Ni más ni menos que introducir en el intestino enfermo un enema o suspensión de heces de individuos sanos, con una abundante flora bacteriana. De esta forma, como si fuera un jardín, se «transplantan» millones de bacterias «buenas» al intestino enfermo, consiguiendo que la flora intestinal alterada se reequilibre y vuelva a funcionar correctamente.

La llegada al intestino de la microbiota

Se sabía que la «colonización» intestinal de los mamíferos recién nacidos se inicia vía materna, a través del calostro ingerido en las primeras venticuatro horas de vida, aunque continúa durante toda la lactancia, ininterrumpida y contínuamente. El neonato, de hecho, nace con el intestino totalmente estéril, sin presencia de bacteria alguna. Pero según recientes investigaciones realizadas en nuestro país, y en concreto por empresas en colaboración con la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense donde me formé, al aportar probióticos microbiota normal a la dieta de la madre gestante (estudiado en mujeres, en ratonas, en vacas y en cerdas), se produce la llamada ruta enteromamaria: del intestino materno emigran vía sanguínea las bacterias «buenas» al tejido mamario, y de ahí directamente por la leche al intestino del recién nacido, con toda la serie de ventajas que acabamos de detallar.

No es el único camino. En un parto natural (sin cesárea) el recorrido del neonato por el estrecho canal vaginal deja al recién nacido totalmente impregnado de las secreciones (y los millones de bacterias) presentes en la vagina, y que van a absorberse en parte por la piel. En los modernos paritorios y aunque el bebé haya nacido de cesárea, le impregnan la piel con gasas empapadas en las secreciones vaginales para no perder este aporte de bacterias «buenas». Desde nuestra moderna perspectiva «aséptica» parece una cochinada, pero los partos han sido así toda la vida y tiene su justificación. Las madres animales lamen inmediata y concienzudamente a sus crías recién nacidas para limpiarlas y estimular de paso la respiración, pero en esos breves minutos, las bacterias ya han hecho su entrada.

Recuerdo un anuncio de la tele de productos de limpieza hace años, donde se veía un bebé gateando por una cocina limpísima, con los suelos brillantes como un espejo. A todo ésto al niño se le cae el chupete al suelo y la madre, al verlo, se horroriza  viendo, como si tuviese un microscopio en vez de ojos, una horripilante fauna microbiana con el aspecto de una película de amenazadores monstruos… Una cosa es que el niño ande por una cuadra (y tampoco sería para tanto), pero el exceso compulsivo e hipocondríaco de higiene se ha demostrado que no «acostumbra» al niño a formar sus naturales defensas, y acarrea con el tiempo desde tendencia a procesos alérgicos hasta una reducción de su inmunidad. Ni tanto ni tan calvo.

Comiendo  probióticos

¿Dónde podemos encontrar estos probióticos tan buenos?.  Pues en bebidas producto de fermentación como la sidra, el vino y la cerveza, dosis moderadas, por favor, no hace falta emborracharse. Pero sobre todo en alimentos fermentados: el chucrut alemán (procedente de la col) o el kimchi coreano (a base de verduras). Y mucho más fácil de utilizar y localizar para nosotros, en los yogures frescos. Hay otros productos lácteos fermentados, como el kéfir del Cáucaso, el jocoque de Méjico o el labneh de Oriente Medio, pero no están tan fácilmente disponibles.

Por cierto: para los reticentes al consumo de yogur «por si aquello de la intolerancia a la lactosa», sólo comentar que en los yogures naturales, la proporción de lactosa oscila entre el 0,4 y el 0,5%. Si tenemos en cuenta que para que los intolerantes (a la lactosa) desarrollen síntomas se precisa que el porcentaje supere el 2%, podemos tener claro que en ningún caso el yogur va a perjudicarles en ese sentido.

Hay un producto que, aunque nos recuerde al yogur, no es una leche fermentada con la ayuda de probióticos: la cuajada. Se trata en esencia de leche de oveja sola o mezclada con leche de vaca. El proceso de obtención de la cuajada es similar al de los quesos. Se cuaja o coagula la leche mediante el «cuajo» (presente en el estómago de mamíferos lactantes, en este caso el cordero) o mediante productos ácidos tales como el zumo de limón o el vinagre o, lo que es más cómodo en la economía rural, con extractos de algunas plantas: géneros Cynara (la alcachofa), Sylibum (cardo mariano) y, sobre todo, el Galium, conocido popularmente como el «cuajaleches» (¿por qué será?). Está muy rica pero, pese a su aspecto similar al yogur, la cuajada no nos va a aportar lactobacilos.

Un último apunte: el Sistema Nervioso Entérico

El intestino no es un simple tubo de paso. En el intestino, además de sus microvilli (donde se absorben los nutrientes) y de las glándulas relacionadas con la digestión (hígado, páncreas) existe también un Sistema Nervioso Entérico, extendido a todo lo largo de su trayecto, con su estructura a base de neuronas, de células nerviosas, al igual que en cerebro, la médula o los nervios periféricos. Los neurólogos han constatado que las neuronas entéricas liberan diversos neurotransmisores, tales como acetilcolina, dopamina, norepinefrina y serotonina, entre otros.

El 95% de la serotonina y el 50% de la dopamina, dos de los neurotransmisores más importantes, son segregados en el intestino. Los neurotransmisores regulan estados de ánimo, emociones o estados depresivos. Afectan también al ritmo cardíaco, regulan la secreción de hormonas y al apetito, actúan en los ciclos sueño-vigilia, y además coordinan la hormona del estrés  y la temperatura corporal. Regulan e influyen en tantas cosas que la lista se haría casi infinita: esquizofrenia, transtornos obsesivo-compulsivos, depresión, ansiedad, agresividad, insomnio, fibromialgia, hiperactividad…También se sabe que el intestino, o su microbiota, produce benzodiazepinas, sustancias sintetizadas en laboratorio y que se utilizan como tranquilizantes, registradas bajo nombres que a todos nos suenan: Valium, Librium, Tranxilium, Lorazepán, Diazepán…

Y todo ello, desde el intestino. No me voy a extender más, pero hay numerosos estudios sobre la correlación entre el Sistema Nervioso Central, el intestino y la microbiota. La correcta alimentación y una microbiota equilibrada van mucho más allá de una buena digestión. Las alteraciones y desequilibrios pueden producir algo más que gases y diarreas. Pueden influir en nuestro estado emocional hasta un punto que ahora comenzamos a descubrir.