Las uñas del gato: tres alternativas a la deungulación

 

 

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Todos los gatos, tanto los que viven en el exterior como los que viven dentro de casa, necesitan utilizar sus uñas, que son el arma con que les dota la naturaleza para desarrollar su instinto cazador. A veces estas uñas pueden suponer un problema para la convivencia con los humanos pero, para minimizar estos inconvenientes, se puede recurrir a la manicura, a la educación o a las fundas de silicona, evitando la deungulación.

El gato es un animal que ha evolucionado para ser un perfecto cazador. En aquellos ejemplares afortunados que tienen la posibilidad de acceder al exterior (los llamados out-door, que significa de puertas afuera), aunque sea el pequeño jardín de un adosado, los gatos van a ser felices explorando su territorio, acechando sigilosos a todo lo que se mueva, afilándose las garras en los árboles, dando rienda suelta a su instinto y a su necesidad de actividad física sin molestar a nadie.

 

El problema se da en los gatos caseros de interior, los llamados in-door (de puertas adentro), confinados toda su vida a un espacio cerrado pero que siguen necesitando la misma actividad que los out-door. Pese a su aspecto inofensivo de “felpudos-siempre-durmiendo”, mantienen en lo más íntimo ese instinto y esas capacidades de predador, aunque ya no cacen, si acaso, más que las moscas en la ventana. La selección natural les ha dotado de rápidos reflejos, de un instinto que les pone rápidamente en guardia al menor imprevisto, de una necesidad de marcaje, y de unos instrumentos que son de lo más eficaz para su primitiva función de cazadores: sus afiladas garras.

Como saben muy bien todos los propietarios de gatos, en un momento dado de susto, hasta el animal más tranquilo puede sacar las uñas para defenderse…ya no atacar: éso sucedería en situaciones realmente graves, de mucha tensión. Y ellos pueden interpretar, con su peculiar lógica felina, que tienen que defenderse tal vez por algo tan simple como cogerle en brazos cuando él no quiere -los gatos son así: ellos deciden cuándo, cómo y con quién-, por meterle a la fuerza en su cesta, por despertarle en plena siesta o porque el otro gato de la casa quiere jugar y él, sencillamente, pasa de que le molesten.

Cualquiera de estas situaciones pueden motivarle a utilizar las garras, causando arañazos a veces bastante desagradables. Si a éso le añadimos la necesidad natural de marcar el territorio (él no puede saber si otro gato va a aparecer por casa en cualquier momento para usurparle la posesión de sus dominios), marcaje que, entre otras formas realizan arañando ciertas zonas con el consiguiente destrozo de tapicerías, alfombras o cortinas, pues es verdad que sus garras pueden llegar a producir problemas de convivencia. ¿Hay algún remedio, aparte de la opción drástica, que nos negamos a considerar, de desprendernos del gato?…pues sí, señores, podemos considerar por orden de preferencia, cuatro soluciones.

La manicura

Las uñas de los gatos, al igual que las nuestras, son de crecimiento continuo. Y, al igual que las nuestras, pueden recortarse. Para un gato adulto o nervioso que no esté acostumbrado desde cachorro, quizá la maniobra no sea de su agrado aunque, con paciencia, y sin cortar necesariamente las diez uñas delanteras en la misma sesión, podemos conseguirlo. Lo ideal es acostumbrarle desde cachorrito. La técnica es sencilla. Con unas tijeritas especiales, tipo tenacilla o de guillotina (las rectas no valen), y presionando suavemente el dedo para que asome la garra, se corta el extremo más afilado, donde forma el gancho. Basta con quitar dos milímetros. Si se realiza la operación aproximadamente una vez al mes, las uñas ya no estarán tan afiladas.

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La manicura es especialmente necesaria en aquellos gatos ya viejos que, por artrosis u otras razones, ya no se afilan las uñas…ni en el rascador, ni el el caro sofá de piel que tanto nos gusta. Pero como decía en el apartado anterior, las uñas son de crecimiento continuo y si ellos no las gastan, irán creciendo cada vez más hasta llegar a clavarse por el hecho de crecer curvadas, literalmente en sus propios dedos. Atiendo con frecuencia este tipo de pacientes seniles con uñas clavadas y cuyos propietarios me los traen a la consulta porque notan que se mueven con dificultad, o porque reaccionan con agresividad al intentar explorar sus patas. ¡Importante el cuidado y la revisión de las uñas en los gatos viejos!

 

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La educación

Pero…(ya me parece estar escuchando el rumor de fondo)…¿pueden educarse los gatos?. Pues sí, señores, los gatos pueden educarse. La única salvedad es que la educación debe ser persuasiva y no coercitiva, es decir: no admiten los castigos físicos ni las imposiciones. Para ellos no somos, como en el caso de los perros, animales sociales y jerarquizados, el “jefe de la manada”, “el macho Alfa”, no. Somos sencillamente compañeros de apartamento. O sea, que de gritarles nada de nada y de pegarles aún menos: sólo conseguiríamos asustarles más. ¡Paciencia, señores, con los gatos hay que tener paciencia!.

 

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           A veces dan ganas, pero éste no es el mejor método. Calma y paciencia

En el caso de las molestias producidas por el uso del marcaje con las uñas en los sofás (ese carísimo sofá de piel que tanto les atrae), puede bastar con cubrirlos con una manta o un plástico que los haga menos “interesantes”. Incluso en los puntos de rascado se pueden colocar objetos que se caigan haciendo ruido, como una sencilla botella de plástico vacía, por ejemplo, que les asuste y les disuada de seguir utilizando esas zonas. Aplicar olores de cítricos como zumo de limón diluído, o pulverizar finamente (no hace falta empapar) con algún ambientador con olor a cítrico, se ha demostrado eficaz en la mayoría de los casos. Y, como alternativa, colocar al lado un rascador.

Los rascadores

Hay un surtido infinito en el comercio: horizontales, verticales (los más atractivos), con un piso (o con dos, o con tres), con una caja hueca donde les gusta guarecerse, etc. Lo principal es ofrecer una superficie o un poste forrados con moqueta, con cuerda de pita u otro elemento áspero, en el que les encanta clavar y afilarse las garras.

 

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Lo más recomendable es acostumbrarles (sí: educarles) desde pequeñitos. Arrimarles al poste y rascar nosotros primero con nuestras propias uñas, haciendo ruido. Como son tan curiosos se fijarán mucho. Y después con una de sus patitas frotando sobre el rascador. Otro de los consejos que suele resultar muy útil es frotar el rascador con cat-nip, con la “hierba gatera”, cuyo olor les resulta sumamente atractivo y que podemos encontrar en las tiendas especializadas.

La hierba gatera

No confundir con esas bandejitas con semillas de gramíneas que, al humedecerlas, crecen y comen para purgarse. El cat-nip o “hierba gatera” es una especie de la familia de las Labiadas (vamos a ponernos un poquito profundos), científicamente llamada Nepeta cataria, pariente de la lavanda, de la menta y de la valeriana, que produce una sustancia llamada nepetalactona. 

Lo curioso de esa sustancia es que, en más de un 50% de los gatos mayores de 4 ó 5 meses, estimula en el cerebro de los gatos el mismo centro nervioso que, en nosotros, estimula el tetrahidrocannabinol, el THC, el principio activo de la marihuana. Nota bene:  en los gatos el efecto de la nepetalactona es pasajero y no produce adicción (ni en nosotros tampoco, que conste). Pero, mientras les dura, es gracioso ver cómo se frotan, mordisquean y arañan allí donde lo hayamos aplicado. De hecho, muchos juguetes para gatos llevan esta sustancia para estimularles a usarlos, e incluso algunos rascadores incorporan una bolsita con hojitas secas, como las del te, y siempre es una buena ayuda para animarles a usar el rascador.

Las fundas de silicona

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No es fácil encontrarlas en España, pero se pueden conseguir. A mí me las trajeron de los Estados Unidos. Los kits constan de 20 ó 30 funditas, con un tubo de pegamento instantáneo, tipo Superglue. El uso es sencillísimo: primero se cortan las uñas lo más posible, se aplica una gotita de pegamento dentro de la funda y se colocan sobre la uña. Debido al crecimiento de éstas, duran aproximadamente un mes, pero se pueden reutilizar. Y como son de colores…¡quedan monísimos!.

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La deungulación

La deungulación es una operación que algunos dueños desesperados solicitan como solución ante los problemas que les causan gatos muy nerviosos, intolerantes (casos de bebés que se acercan gateando y les molestan con la respuesta agresiva del gato y el riesgo de lesiones serias), o destrozadores compulsivos de tapicerías, reacios a utilizar un rascador.

Nuestra obligación como veterinarios es informar: es una operación que, aún realizada con las debidas condiciones, es bastante traumática. Consiste en la extirpación de la primera falange (donde se inserta la uña) en los diez dedos de ambas patas delanteras. Absolutamente desaconsejada en gatos out-door que quedan literalmente desarmados ante los riesgos de tener que defenderse de perros u otros gatos. Además, tenemos que informar de que, como hemos visto, existen otras opciones posibles para evitar esas molestias.

Está prohibida en numerosos países. En España, en concreto, está prohibida en Cataluña por la Ley de Protección Animal, en el apartado E de su artículo 5 y, en breve, se irá extendiendo la prohibición a otras autonomías. Además, las asociaciones nacionales de veterinarios tales como AVEPA o, dentro de ésta, el grupo de especialistas en medicina felina: GEMFE, la desaconsejan totalmente.

Como información complementaria, para los que gustáis de navegar por internet, os recomiendo dos páginas muy interesantes. La primera, hojas de información del Feline Advisory Bureau sobre por qué arañan los gatos y cómo evitar que lo hagan en lugares indeseados:

http://www.fabcats.org/gemfe/articulos/Aranando%20y%20afilando%20las%20unas%20en%20casa.html

La segunda, traducción al español del artículo Por qué los gatos necesitan las uñas:  www.migato.com

Por último, recordad que el rascado es una actividad totalmente normal en el gato: no es que nos esté “castigando” ni que sea un diablillo. Es necesario para ellos, se sentirán mejor física y psicológicamente. Como siempre, sólo tenemos que procurar entenderles y facilitarles el uso de sus garras. Éso sí, procurando que vivamos todos juntos y sin problemas.

 

 

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La domesticación del gato

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                                                       Momias de gato                         

Los gatos en Egipto

Las enciclopedias atribuyen al Egipto de los faraones el honor de haber “domesticado” (luego aclararé lo de entre paréntesis) al gato en algún momento entre la VI y la XII dinastías, aproximadamente 2.000 años antes de Cristo. El primer hallazgo achacable, por su anatomía ya definida, al Felis catus como tal, se encontró en un enterramiento en Mostagedda, en el Alto Egipto, en zonas de tumbas donde comenzó el proceso de las primeras momificaciones.

Es conocido por casi todos que en el Antiguo Egipto el gato era un animal sagrado, dedicado a la diosa Bast, o Bastet. La importancia del gato en una economía agrícola como la egipcia estaba clara: hoy, como ayer, su principal función era la de cazadores de roedores, principal plaga de los cultivos y de los depósitos de cereales.

 

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               Figura egipcia de bronce, de gata amamantando a sus cachorros

 

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                       El antepasado salvaje del gato doméstico: el Felis lybica

El agriotipo o antepasado salvaje del gato doméstico, del Felis catus como tal, es el gato salvaje norteafricano: el Felis lybica. Hay unas cuantas especies de gatos silvestres en el Viejo Continente, con una distribución que a veces se superpone, de un tamaño similar e incluso con una capa parecida: el gato montés europeo (Felis sylvestris), el norteafricano (Felis lybica), el de patas negras (Felis nigripes), etc. Ocupan todo tipo de biotopos, desde bosques cerrados a zonas esteparias, e incluso el desierto.

A parte de discusiones que no vienen al caso entre biólogos sobre si son especies diferentes, o meras subespecies dentro de la Felis sylvestris, lo  que sí parece claro es que el gato salvaje norteafricano es el verdadero precursor de nuestro gato doméstico, y ello por unas cuantos motivos, siendo el principal su buen carácter, su predisposición o su facilidad para convivir con los seres humanos.

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Por una parte, se han hecho varios intentos de domesticar al gato montés europeo, el Felis sylvestris, pero incluso criando camadas desde muy pequeños, manifiestan siempre un carácter sumamente asustadizo, cuando no claramente agresivo. En cambio, del norteafricano (Felis lybica), hay numeroso testimonios de que en las aldeas de los nativos de su zona de distribución (Oriente Medio y África hasta la zona central), tal y como se ha descrito entre los azande del Sudán, los gatos norteafricanos deambulan tranquilamente entre las chozas, siendo respetados por su cualidad de ser unos excelentes cazadores de ratones.No viven “con” ellos, viven “entre” ellos, pero todos salen beneficiados.

Dos naturalistas nos han legado su testimonio personal al respecto: el botánico y explorador alemán Schweinfurth (en 1868) y, un siglo más tarde, el zoologo sudafricano Reay Smithers. Ambos vivieron durante varios meses en una aldea azande haciendo trabajos de campo. Al cabo de pocas semanas, estaban desesperados: los ratones habían invadido su choza comiéndose, no sólo su comida, sino sus libros, sus papeles, su ropa, sus ejemplares recolectados, todo. Hasta que los nativos les aconsejaron: Coge un gatito muy pequeño y tenle contigo hasta que se tranquilice. Así lo hicieron: el gatito intentó escaparse durante unos días pero se acostumbró enseguida a la compañía del hombre, comenzó a cazar y sus problemas con los ratones desaparecieron de raíz.

Respecto a Egipto, hay historias como la de los persas, narradas por Polieno (general macedonio al que se achaca a veces que estaba…más interesado por la fantasía que por la exactitud histórica…) en su obra Estratagemas, y en la que nos cuenta que los ejércitos del rey aqueménida Cambises II, al asediar en el año 525 a.C. la ciudad de Pelusio, se escudaron tras gatos para que los egipcios no les lanzaran flechas, por miedo a matarlos. O la que cuenta Diodoro de Sicilia acerca del asesinato en el año 60 a.C. de un romano que, accidentalmente, atropelló a un gato con su carro, siendo muerto por un soldado egipcio. O las historias que nos cuenta nuestro viejo amigo Heródoto, sobre el luto que guardaban las familias durante los 70 días que duraba la momificación (depilación de las cejas de los propietarios en señal de duelo incluídas) cuando se moría el gato de casa.

Mencionaba hace unas líneas el ejemplo de la ciudad de Bubastis, situada en el este del Delta del Nilo, y consagrada a la diosa Bast o Bastet, con cabeza de gato. Heródoto la visitó en el año 450 a.C. diciendo en sus Historias que era…un placer para los ojos…, y en la que se celebraba entre los meses de Abril y Mayo una gran fiesta anual, donde acudían más de 700.000 personas… Según cuenta, esas fiestas comenzaban con música y vino y acababan siendo, como diríamos hoy, un “desmadre”, con las mujeres desnudas paseando y bailando por las calles.

Los peregrinos que acudían a Bubastis solían llevarse a sus hogares momias de gatos, para proteger su hogar. Pero en ésto, como en todo, hubo su cara y su cruz: la cara, la devoción por los gatos. La cruz, que para atender la alta demanda de momias de gato, los sacerdotes de Bubastis los criaban hasta que a la edad de cuatro a seis meses les sacrificaban partiéndoles el cuello, como los análisis de las momias mediante radiografías han podido demostrar. ¡El negocio es el negocio, y de algo hay qué vivir!, podrían haber alegado los sacerdotes…

El “negocio” con los gatos no se ciñó con las ventas de las momias por parte de los sacerdotes. En 1.888 y durante unas excavaciones cerca de Bubastis se encontró un cementerio felino que contenía la cantidad aproximada de 80.000 momias de gato. Como tampoco se trataba de estatuas ni grandes restos arqueológicos un comerciante inglés no tuvo problemas para llevárselos a Gran Bretaña: un total de 19 toneladas, con la idea de pulverizarlos y, mezclados con el suelo, formar un buen fertilizante. Quiso la fortuna, o quizá la diosa Bastet estuvo al quite, que los campesinos ingleses no aceptasen de buen grado semejante abono, y el avispado comerciante tuvo que malvenderlo, a muy bajo precio.

Como último apunte, cuando Napoleón -al que no le gustaban nada los gatos- se entrevistó con un sultán otomano, mantuvo durante toda la entrevista un gato sobre su regazo, sabiendo que al sultán sí le gustaban y así le iba a caer más simpático…¡el negocio es el negocio!…

Fue cuestión de tiempo que hombres y gatos fueran adaptándose. Anteriormente a los huesos (ya diferenciados anatómicamente) de Felis catus hallados en Mostagedda, se encontraron restos de Felis lybica en unos de los estratos de la ciudad de Jericó, datados en unos 6.000 años antes de Cristo. La duda surge al pensar si pudieron corresponder a “animales de compañía”, adaptados a la convivencia con los humanos, o bien pudieran ser restos de animales cazados y utilizados como alimento, ya que Jericó está dentro de la zona de distribución del Felis lybica en libertad.

El primer “minino” de la historia

La revolución en la datación felina vino de la mano de los descubrimientos efectuados en el año 2004 por Jean-Denis Vigne, arqueólogo del Museo de Historia Natural de Paris, en el yacimiento de Silurokambos, al sur de la isla de Chipre, yacimiento que venía siendo excavado desde 1992, y al que se ha datado con una antigüedad de 9.500 años. Esta isla situada al este del Mediterráneo fue colonizada, hace aproximadamente 10.000 años, por agricultores neolíticos procedentes, al parecer, de la costa de Turquía. Llevaron consigo sus animales de los que, hasta entonces, no había restos arqueológicos en la isla: perros, vacas, cabras y cerdos. Y, como se comprobó en el 2004, gatos o, al menos, un gato.

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Se encontró un enterramiento de un hombre joven, unos treinta años aproximadamente, posiblemente perteneciente a una casta superior,acompañado de hachas pulidas de piedra, herramientas de silex y conchas marinas y, a su lado, cuidadosamente enterrado a cuarenta centímetros, el esqueleto de un Felis lybica intacto, de ocho meses de edad, como se observa en el recuadro de la parte inferior.

El hallazgo en cuestión evidencia muchas cosas: en primer lugar, en Chipre no hay restos anteriores ni de Felis lybica ni del Felis sylvestris, el gato montés europeo. Luego aquel gatito había sido llevado a Chipre intencionadamente en los barcos de los pobladores neolíticos, o quizá había nacido allí, hijo de una gata anterior, igualmente “importada”. En segundo lugar, los restos del gato están intactos: no hay sospecha -como en los de Jericó- que pudiese haber servido de alimento. Y, en tercer lugar, su posición tan cercana al esqueleto del hombre, sugiere que era un animal con cierto componente afectivo, incluso que pudo haber sido sacrificado para hacer compañía a su dueño en el más allá. El primer minino de la historia.

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Cómo darle una pastilla a tu gato

Gato, educar                                          El último recurso: ¡o te la tomas o…!

Nota del autor (del blog): esta entrada, lo aclaro, no es mía, pero como hace tiempo que me llegó por internet y me pareció siempre muy graciosa, la pongo como entrada en Cosas de gatos. El humor nunca está de más.

Instrucciones:

  1. Tome el gato y acúnelo en su brazo izquierdo como si estuviera sosteniendo un bebé.
  2. Coloque el dedo índice y pulgar de su mano izquierda para aplicar una suave presión sobre las mejillas del minino, mientras sostiene la píldora con la derecha. Cuanto el gato abra la boca arroje la píldora dentro. Permítale cerra la boca a los efectos de que el gato la trague.
  3. Levante la píldora del suelo y saque al gato de atrás del sofá. Acune al gato en su brazo izquierdo y repita el proceso.
  4. Traiga al gato desde el escritorio y tire la píldora baboseada a la basura.
  5. Tome una nueva píldora de la caja, acune al gato en su brazo izquierdo, manteniendo las patas traseras firmemente sujetas con su mano izquierda. Fuerce la apertura de mandíbulas y empuje la píldora dentro de la boca con su dedo medio. Mantenga la boca del gato cerrada y cuente hasta 10.
  6. Saque la píldora de la pecera y al gato de arriba del armario. Llame a su esposa que está en el jardín para que lo ayude.
  7. Arrodíllese en el suelo con el gato firmemente sostenido entre sus rodillas. Mantenga sus patas traseras y delanteras quietas. Ignore los gruñidos que emite. Pídale a su esposa que sostenga la cabeza del gato con una mano mientas le abre la boca con una regla de madera. Arroje la píldora dentro y frote vigorosamente la garganta del gato.
  8.  Traiga el gato del portarrollo de la cortina. Traiga otra píldora de la caja. Recuerde comprar una nueva regla y reparar las cortinas. Barra cuidadosamente los trozos de las figuras de porcelana y póngalos aparte para pegarlos luego.
  9. Envuelva al gato con una toalla grande y pídale a su esposa que lo mantenga estirado, con sólo la cabeza visible. Ponga la píldora en una pajita de gaseosa. Abra la boca del gato con un lápiz. Ponga un extremo de la pajita en la boca del gato y el otro en la suya. Sople.
  10. Verifique en el prospecto de la caja para asegurarse de que la píldora que se acaba de tragar no es dañina para seres humanos. Beba un vaso de agua para recuperar el sentido del gusto. Aplique desinfectante y antiséptico a los brazos de su esposa y limpie la sangre de la alfombra con agua fría y jabón.
  11. Traiga el gato del tejado vecino. Tome otra píldora. Ponga al gato en el armario y cierre la puerta en su cuello, dejando sólo la cabeza fuera del mismo. Fuerce la apertura de la boca con una cuchara de postre. Arroje la píldora dentro de la boca con una bandita elástica.
  12. Vaya al garaje a buscar un destornillador para volver a colocar la puerta del armario en sus bisagras. Aplíquese compresas frías en las mejillas y verifique cuándo fue su última dosis de vacuna antitetánica. Arroje la camiseta que llevaba puesta a la lavadora y tome una limpia del armario.
  13. Llame a los bomberos para bajar al gato del árbol de la calle de enfrente. Discúlpese con su vecino que acaba de estrellarse contra su reja tratando de escapar del gato furioso.
  14. Tome la última píldora de la caja. Ate las patas delanteras del gato junto con las traseras con una cuerda. Átelo firmemente a la pata de la mesa de la cocina. Busque guantes de trabajo pesado. Mantenga la boca del gato abierta con una prqueña palanca. Ponga la píldora en la boca seguida de un trozo de carne. Mantenga la cabeza vertical y vierta medio litro de agua a través de la garganta del gato para que se trague la píldora.
  15. Haga que su esposa lo lleve a Urgencias. Siéntese tranquilo mientras el doctor le venda los dedos y la frente y le saca la píldora del ojo. En el camino de vuelta a casa deténgase en la tienda de muebles para comprar una nueva mesa.
  16. Por último arregle con una oficina inmobiliaria para comprar una nueva casa y llame al veterinario para averiguar si tiene otro tipo de mascota.

 

 

                                            

El difícil trago de llevar al gato al veterinario

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                 El antepasado salvaje del gato doméstico: el Felis lybica

La mayoría de los gatos son pesimistas y piensan que siempre pueda ocurrir lo peor. Trata de no confirmárselo (Kim Kendall, veterinario)

Día a día aumenta el número de gatos en la sociedad y, lógicamente, aumenta el número de gatos que son llevados por sus dueños al veterinario. Los censos confirman que si ya en 1995 había más gatos que perros en los Estados Unidos y en Gran Bretaña, en varios países de Europa Occidental (Francia, Italia, Alemania, Holanda…) esta “ventaja” felina se alcanzó a partir del año 2000. Las ventajas de los gatos versus perros están claras: menor tamaño, menos ruidosos, más limpios, tenemos menos tiempo para pasearlos y casas más pequeñas donde cuidarles…y para asombro de los que antes les desconocían, igualdad de cariño y de compañía.

En España todavía son mayoría los perros respecto de los gatos (el tercer animal, por cierto, es el conejo). Pero las estadísticas nos dicen que el incremento anual en el consumo de los artículos dedicados a gatos es superior al de los perros, o que porcentualmente hay más gatitos jóvenes que perritos en las clínicas veterinarias. De datos como éstos se deduce que en un futuro no muy lejano nos asimilemos a la tendencia europea, que los gatos serán también aquí mayoría y estarán, lógicamente, cada vez más presentes en las consultas veterinarias.

Unas leves nociones de psicología felina

Conviene recordar que el agriotipo, el antepasado salvaje del gato doméstico: el gato salvaje norteafricano o Felis lybica, es un cazador de hábitos solitarios y muy territorial,  que para sobrevivir necesita controlar perfectamente su zona, y al que cualquier cambio le puede suponer una amenaza. Para ellos, lo nuevo es peligroso. En este sentido los gatos son grandes conservadores, no les gustan las novedades, y cualquier alteración afecta a su tranquilidad y estabilidad.

Para el gato, la visita al veterinario es un cúmulo de experiencias, como mínimo, no agradables, y es lógico que tanta mudanza le ocasiones estrés. Un gato asustado si puede, huye. Si no puede huir, se esconde. Y si tampoco puede esconderse, se defiende atacando.

¿Y si nos ahorramos todos un mal rato?

Para nadie es agradable la típica escena de un gato bufando dentro de su cesta, ya nada más cruzar la puerta, aunque estimula el pensamiento: el gato viene aterrado y pensando cómo defenderse; el dueño con un gran sofocón y pensando en no traerle más; y el veterinario pensando por qué no se hizo informático y cómo y por dónde va a lidiar con semejante mini-tigre de Bengala sin jugarse -literalmente- el pellejo.

 

Muchos propietarios, de hecho, se plantean no llevar a su gato al veterinario sólo por el mal trago que supone para todos, en especial para él y para su felino. Pero, si entre veterinarios y dueños establecemos unas sencillas normas, será posible en mucho gatos minimizar el estrés, principal causa de la agresividad del gato, y que las cosas sean más fáciles para todos. Estas normas son en teoría fácilmente aplicables en la mayoría de los casos, aunque sabemos que para un porcentaje de “fieras” da igual hagamos lo que hagamos y cómo lo hagamos. Siempre, y como dice mi profesora de yoga: lo mejor es lo posible.

El viaje hasta la clínica.:

-utilizar cestas de plástico, fácilmente desmontables y lavables, que el gato utilice habitualmente en casa como refugio o cama, para estar acostumbrado a meterse en ella.

-debe estar limpio, eliminando olores anteriores de experiencias quizá no agradables.

“amueblado”con una mantita o jersey confortables y ya conocidos, con el tranquilizador olor de la casa, y algún juguete.

-acondicionado con feromonas o “cat-nip” (la hierba estimulante) que se lo haga aún más agradable.

-un empapador debajo de todo por si, inevitablemente, se orina, para que no se manche.

-cubierto con una manta o similar para evitar la estimulación visual.

-no llevarle en brazos, por muy tranquilo que sea en casa. En la calle cualquier estímulo (perros ladrando, ruido de motos o de coches) puede alterarle.

-no utilizar cestas de mimbre: difíciles de lavar y con una única puerta. Cuando es frontal, mal acceso al gato.

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-evita bolsas de plástico o de deporte: peores para limpiar. Con cremalleras que a veces se atascan. Con paredes no rígidas que, en un momento dado, presionan al animal.

La sala de espera

Volvamos a ponernos en su lugar (el arte de la empatía): estamos esperando nuestro turno en el dentista. Cada vez que oímos el sonido del torno, nos dan ganas de salir corriendo. Miramos las puertas cerradas temiendo que se abran y que nos llamen…

-si es posible, separar perros de gatos en la sala de espera o, si acuden a la consulta con cita previa, en horarios diferentes. Si coinciden con perros les alteran porque ladran, “huelen” a perro, se mueven mucho o, peor aún, se acercan a la cesta para olerles.

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-si hay mucho jaleo, retirarle a algún lugar tranquilo y dejarles tapados.

-dejarle dentro de su cesta en algún lugar alto (mesitas, estantes, mostrador) desde donde pueda ver a su dueño.

-poner un cartel en sitio visible: POR FAVOR, NO SAQUEN LOS GATOS DE LA CESTA… Tal vez habrá quien no nos haga ni caso, pero al menos ya queda dicho.

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-no dejar la cesta en el suelo, donde el movimiento de los pies de otras personas u otros animales le asustan.

-nunca sacarle, por bueno que sea en casa. Cualquier estímulo puede asustarle y provocar su huída. Atraparle luego sí será un problema.

En la consulta

Otra vez a practicar la empatía: estamos sentados en el sillón del dentista, viéndole preparar sus instrumentos de “tortura”. Sabemos que no nos va a hacer daño, nos esforzamos en controlarnos, pero nos iríamos corriendo…

-tener limpia la consulta, no sólo por higiene, sino por eliminar olores previos “de pánico” que otros gatos han dejado antes y que él huele.

-utilizar feromonas en spray y en difusor. No tranquilizará a las “fieras” pero con los levemente asustados quizá ayude.

-dejarle dentro de su cesta sin sacarle, mientras hacemos el trabajo previo: completar la anamnesis, rellenar la cartilla, preparar las vacunas, etc

-desmontar la parte superior del transportín y, si es posible, manejarle dentro (exploración, auscultación, etc). En su casa a veces se resisten a entrar, sobre todo si no están acostumbrados a utilizarlo. Pero en la consulta es lo más parecido que hay a su casa y dentro se portan mejor que sobre la mesa. Siempre de cara a su dueño.

-hablarle suavemente, movernos despacio y actuar sin brusquedades: evitar portazos, golpes, ruidos fuertes, voces…

-si está un poco nervioso, distraerle con plumeros (puede hacerlo el propio dueño) mientras se le explora e incluso se le inyecta, los plumeros hacen maravillas en los gatos nerviosos. Los criadores los utilizan mucho en las exposiciones mientras los jueces de raza les examinan.

-si sabemos ya que hay que inyectarle (sedación, vacunas, tratamientos…) procurar hacerlo pronto para que no se asuste. Una técnica apaciguadora muy eficaz es la de sujetarle con un pellizquito en la nuca, o la clipnosis (ver la entrada dedicada a ella) con la que la gran mayoría de los gatos ni se enteran.

clipnosis

-si hay varios veterinarios en la clínica, que los atienda al que más le gusten los gatos. La soltura en el manejo la percibe el paciente y la agradece le propietario.

-no dejar que el dueño saque al gato de la cesta antes de tiempo ni dejar que se baje al suelo. Muchas veces el propietario está aún más nervioso que el gato y tiende a liberarlo, pero por la misma razón que no debe hacerlo en la sala de espera y con más motivo. Un gato con pánico saltará de la mesa, correteará por el suelo y pegará saltos hasta el techo intentando huir, y será muy difícil volver a meterle.

-no sacarle de la cesta a tirones o sacudiéndola boca abajo, lo que aumentará aún más el estrés. Es el riesgo de las cestas con sólo una parte frontal.

-no gritarle, ni aplastarle contra la mesa, ni sujetarle con fuerza. Las amenazas y la agresión no producen sumisión, como teóricamente en los perros, sino reacción ante una amenaza, aumentando sus susto.

-evitar mirarle fijamente a los ojos. En muchas especies, incluída la nuestra, una mirada fija es una preparación al ataque y se interpreta como un desafío.

Si no colabora o en casos de gatos asustados, y de cara a tomar una muestra de sangre (con lo que conlleva de poner una goma compresora en el brazo y pincharle con una aguja) o “posar” para una radiografía o una ecografía, lo mejor es sedarle. A los propietarios no les suele gustar la idea, pero podemos argumentar que, primero, NO es una anestesia sino una tranquilización transitoria y reversible, y de esa forma evitaremos un fuerte estrés al gato. Segundo: podemos hacer nuestro trabajo bien y no a medias o no hacerlo y, en último lugar, para sucesivas ocasiones, el gato no se alterará tanto.

En los gatos que ya sabemos que van a venir asustados o lo pasan muy mal en el desplazamiento, una opción interesante es la de administrarle tranquilizantes orales, una simple pastillita  una hora antes de salir de casa. Con la sedación estaremos todos más tranquilos: gatos, propietarios y veterinarios.

El control de las colonias callejeras de gatos

 

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          Voluntaria repartiendo comida a un grupo de amistosos gatos callejero

Gatos, gatos, y más gatos…

Allá donde puedan encontrar refugio, tranquilidad o comida, los gatos sin dueño se van instalando y, gracias a su capacidad reproductiva, en pocos meses las colonias crecen y crecen llegando, en situación favorable, a formar grupos de centenares de individuos. Para los gatos callejeros la situación no es ideal: son animales desnutridos al agotar sus recursos alimenticios, y la alta densidad favorece la aparición de enfermedades de todo tipo, con una alta mortalidad, especialmente en los más jóvenes.

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En la mayoría de las ciudades, las colonias incontroladas de gatos se han convertido en un problema que muchos ayuntamientos no saben cómo resolver y que, en bastantes casos, acuciados por las quejas de los vecinos, molestos por los conciertos nocturnos en época de celo op por los malos olores, solventan de forma expeditiva y bastante poco humanitaria a base de venenos o métodos aún más drásticos.

Por citar un par de ejemplos: en pleno corazón de Madrid, en la Glorieta de Carlos V, más conocida como Atocha, y donde actualmente se ubica el Museo Reina Sofía, se emplazaba el Hospital de San Carlos. Al hallarse abandonado durante muchos años, encontró su “sitio” en sus jardines y naves una nutridísima colonia de gatos que hubo que desalojar de forma urgente cuando comenzaron las obras del museo. Al responsable de las obras o del desalojo no se le ocurrió mejor idea que utilizar perros, supongo que de caza o adiestrados para eliminar a tan molestos “okupas”.

Pero en todas partes cuecen habas y el salvajismo no es patrimonio de los países mediterráneos: en un lugar tan civilizado como Suiza, hace pocos años los ediles de un municipio de cuyo nombre no quiero acordarme, abrumados por el incremento de los gatos callejeros, contrataron un ¡cazador! para eliminar a tiros a los felinos sin dueño conocido…

Pero los gatos siguen siendo los más eficaces matarratas que se hayan inventado jamás. La eliminación de las colonias callejeras suelen acarrear el rebrote de las plagas de roedores. Y, en el peor de los casos, cuando se necesita controlar su número no hace falta cazarles como a alimañas. Afortunadamente contamos con otros recursos más científicos y más humanitarios.

Control, control y más control. Los ejemplos de Roma o de Valencia

 

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Aunque haya otras ciudades donde se aplique este sistema, me gusta ponerlas de ejemplo por su efectividad. En Roma las ratas son una plaga por la abundancia de restos arqueológicos y por el cauce del Tíber. Y hace muchos años que los romanos, subvencionados por su ayuntamiento, miman a sus gatos: al caer la tarde, multitud de hombres y de mujeres sacan a la calle bandejas con comida y leche que los mininos agradecen con la mejor de sus sonrisas, y con un aspecto lustroso y envidiable. ¡Es difícil ver un gato flaco en Roma!.

En pleno centro de Roma y a cinco minutos caminando desde el Foro, se encuentra la plaza de Largo Argentina donde, hace años, levantando el pavimento de la calle con ocasión de unas obras, encontraron los restos de unos templos que han dejado allí para su contemplación. Pues bien, en Largo Argentina, desde la que parten los tranvías hacia el castizo barrio del Trastévere, es famosa la colonia de gatos. Muy amistosos, y controlados por el ayuntamiento romano, que ha colocado carteles advirtiendo de la prohibición de abandonar otros gatos allí. Se trata de animales a los que se ha realizado el test de la Leucemia Felina, a los que se ha vacunado y a los que se ha esterilizado, haciendo una pequeña muesca en la oreja para saber qué animales están controlados y cuales no.

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El ejemplo de Valencia es más próximo e igualmente admirable. Tuve el placer de estar con ellos hace pocos años (¡un abrazo para Ana, Josep, Mercedes y todos los demás!) y me asombró su eficacia. La activa Sociedad Valenciana Protectora de Animales y Plantas, además de conseguir del ayuntamiento la gestión de la perrera municipal, en sus diversas instalaciones recogen, operan, curan y dan en adopción -con seguimiento posterior- cada año a centenares de perros y de gatos, siguiendo con las colonias callejeras un protocolo similar al de Roma.

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Mi hija Maya con los amistosos gatos controlados de Largo Argentina, en Roma

Pasos a seguir para el control de gatos callejeros

Contar con el respaldo del ayuntamiento de Roma está muy bien, pero la iniciativa privada ha sido siempre fundamental en la protección animal, y un primer paso es el de todas aquellas personas que, en la medida de sus posibilidades, cuidan a los gatos sin dueño.

Desde simples particulares a albergues o centros de adopción, hay varios pasos que podemos dar, desde el más fácil de procurarles alimento al del control efectivo de colonias, donde se incluyen test, vacunas y cirugía. Es preferible contar con el apoyo de entidades de protección que nos faciliten jaulas-trampa y, desde luego, con veterinarios (¡que los hay, y muchos!) dispuestos a ganar poco o nada, aportando su granito de arena en el tema de los test, las vacunas o la cirugía. En todo caso, lo mejor es lo posible.

Si sólo podemos darles de comer, siempre es preferible la comida seca (los piensos) que los restos de comida casera, que generan malos olores, atraen insectos y pueden provocar las quejas de algunos vecinos ya de por sí anti-gato. Cuando, hace años, trabajaba en una clínica en frente del madrileño Parque del Retiro, había un grupo de mujeres (casi siempre son mujeres aunque también hay hombres de buen corazón entregados a estas tareas) con las que colaborábamos que se tenían repartido el parque para cuidar las diversas colonias de gatos allí establecidas.  Personas con pocos recursos de por si, obtenían de varios restaurantes de la zona los restos de comida sobrantes con los que alimentaban a los gatos. No dejaba de tener un punto de heroico la abnegación de estas mujeres, esforzándose por alimentar a los gatos, de los que, además, llevaban un control exhaustivo.

Los pasos correctos

Captura con jaulas trampa: son muy eficaces, aunque difíciles de conseguir. Algunas entidades de protección pueden prestárnoslas, llegado el caso. Se “ceban” con comida a la que hayamos acostumbrado a los animales y que, una vez dentro, ya no puedan salir. Lo normal es que el que entró una vez ya no se acerque más, pero nos cuentan los voluntarios que más de un gato y más de dos, como ya saben que dentro hay comida rica, entran una y otra vez dejándose capturar con tal de comerse el premio.

Test de Leucemia-Felina e Inmunodeficiencia: son dos graves enfermedades víricas, de evolución a menudo mortal y de fácil contagio en las colonias callejeras.Es un test combinado para ambas enfermedades, rápido y que se realiza con el gato previamente sedado, bastando para hacerlo con un par de gotitas de sangre. Lo normal es que si dan positivos se les eutanasie, por dos motivos: uno, por el riesgo de contagio a otros gatos. Y dos: porque no suelen tardar en desarrollar la enfermedad y morir.

Vacunación contra la Leucemia Felina: actualmente existe tan sólo vacuna contra la Leucemis Felina, aún no la hay contra la Inmunodeficiencia. En aquellos gatos que hayan dado negativo a ambos test se les aplica el mismo día de la cirugía antes de ser devueltos a la calle, quedando protegidos ante la enfermedad.

Esterilización: tanto en machos como en hembras, para evitar por un lado los problemas de comportamiento: celos, peleas, maullidos; por otro lado futuras enfermedades como las infecciones de matriz o los tumores de mama y, muy importante en los gatos callejeros, el nacimiento de más y más camadas, destinadas al hambre y a la enfermedad.

Marcas visibles que se suelen hacer en una de las orejas, cortando la punta o haciendo una muesca. De esta forma sabremos, ya de lejos, si el gato/gata en cuestión está ya controlado o no.

¿Dejar en la calle o adoptar?

Se preguntarán muchos de ustedes por qué, una vez realizado este protocolo, no damos en adopción a estos gatos… Muchos de ellos, pese a ser callejeros, manifiestan una dulzura de carácter que posibilita el buscarles un dueño y un hogar. En estos casos, por supuestom que se los mantiene en los albergues hasta que se les pueda colocar con alguien responsable, será el mejor futuro que les podamos proporcionar.

Pero en otros casos los gatos callejeros, por múltiples circunstancias, no están en absoluto socializados con los seres humanos y sería materialmente imposible acostumbrarles a vivir en una casa: son animales “asilvestrados”, pero que en su colonia cumplen un estupendo papel como controlador de plagas. Su lugar es la calle, y al menos volverán vacunados y esterilizados. Si además podemos facilitarles algo tan importante como es la comida, su vida va a ser bastante más digna de lo que era antes.

Munich, con proteccionista felina

                                  En Munich, con proteccionista felina

Clipnosis: emulando la relajación natural del gato

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Esta vez vamos a hablar de otra palabra rara: la clipnosis. No os molestéis en buscarla en el diccionario de la R.A.E. porque no la vais a encontrar. Os la explico enseguida. Este procedimiento se aplica en las consultas veterinarias para tratar gatos desde hace años, pero de vez en cuando aparecen en los medios de comunicación noticias presentando esta técnica como novedosa. Veamos en qué consiste.

Para un perro, el hecho de que le lleven al veterinario suele ser una experiencia de la que, si por ellos fueran, se librarían. Aunque algunos vienen contentos, meneando el rabito y abalanzándose a saludarnos y lamernos la cara, lo cierto es que la mayoría tiran para atrás de la correa, se resisten a entrar y manifiestan cierto miedo.

No es de extrañar: en las consultas se encuentran con unos seres malignos que les cogen, les levantan por lo alto, les colocan sobre mesas de frío acero, les someten a manejos desagradables, les pinchan a saber qué cosas diabólicas, les meten termómetros por salva sea la parte, les miran dentro de las orejas con unos cacharros muy molestos y demás “perrerías”…¡para qué seguir!. Desde luego, si yo fuera perro me escaparía corriendo…

Pues en el caso de los gatos, todavía es peor. Si los perros tienen un instinto jerárquico con el que, mal que bien, se someten al líder o al más fuerte, los gatos carecen de ese instinto y cualquier intento de dominación sólo provoca miedo y reacciones de defensa: huida o agresión.

Si a ésto le añadimos que los gatos son unos animales con propensión al estrés ante cualquier cambio (para ellos, lo nuevo es peligroso), y que la visita al veterinario supone sacarle de su territorio, de su hogar, desplazarle dentro de un transportín en un coche o por la calle, con toda la secuela de ruidos, olores y movimientos, para acabar en un lugar donde hay más gente, más animales, más olores nuevos y, como en el caso de los perros, gente extraña que les coloca en la fría mesa de acero y les hace cosas raras, desagradables para ellos, pues la conclusión es que los gatos son unos pacientes nada dados a colaborar.

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En honor a la verdad, los gatos que me acercan a la consulta no tienen nada que ver con aquellas “fieras” a las que me enfrentaba en mis comienzos, hace ya treinta y muchos años. Cada vez son más tranquilos, más domésticos, más fáciles de manejar. Desde hace unos cinco años podrían contarse con los dedos de una mano los que entran por la puerta bufando dentro de sus cestas. A veces sueltan algún bufidito, por justificar, pero nada de gatos agresivos. Es más: ya son mayoría los que se dejan mirar, palpar, explorar sin decir ni pio…¡perdón ni miau!, y algunos son tan buenos que, cuando les ausculto con el fonendoscopio, ronronean tanto que no puedo escuchar nada más.

No obstante, y aunque se porten cada vez mejor, los pobres gatos se asustan. Para reducir esos sustos y, sobre todo con la idea de manejarles mejor de cara a una exploración de ojos u oídos, para una radiografía o una extracción de sangre, los veterinarios contamos con varios métodos de control, según lo nervioso que pueda estar el paciente, y según la incomodidad que le supongan las pruebas. Hay veces que es necesario sedarles un poquito (no es anestesia, la sedación es algo mucho más suave). En otras ocasiones se les pone un bozal especial para gatos, que les tapa los ojos y reduce su alarma. Y en otras ocasiones suele ser muy eficaz de lo que vamos a hablar, de la clipnosis.

Clipnosis: una palabra nueva

Clipnosis es un neologismo que significa algo así como hipnotizar con una pinza, con un clip. En realidad, no es nada nuevo. Es típica la imagen de una gata transportando a sus gatitos, sujetándolos con su boca por la piel del cuello. Esta leve presión desencadena en el cachorro lo que se conoce como reflejo de inmovilidad, con lo que el gatito (o leoncito, o la cría de tigre o de pantera) no se debate y además se queda hecho una bola, con las patas y el rabo encogidos, con la finalidad de que no vayan arrastrándolas por el suelo.

Como muchos dueños saben, este reflejo de inmovilidad persiste en numerosos gatos adultos toda la vida. Podemos comprobarlo de una forma tan sencilla como coger un pellizco en la parte final del cuello. Es gracioso ver cómo, con solo este gesto, todo un gatazo queda encogido, con cara de felicidad, colgando de nuestra mano. En cuanto le soltamos, vuelve a actuar con total normalidad.

Los veterinarios habituados a manejar gatos conocemos bien el reflejo de inmovilidad. Es una maniobra que realizo habitualmente en la consulta con el gato apoyado sobre la mesa de exploración, siempre que tengo que aplicar una inyección o una vacuna, pero también a la hora de explorar sus oídos con el otoscopio, sus ojos con el oftalmoscopio, palpar el abdomen o auscultarles el pecho. Es cierto que hay gatos que vienen a la consulta muy, muy nerviosos y en los que el reflejo de inmovilidad apenas funciona, pero os puedo asegurar que prácticamente el 100% de mis pacientes felinos se manejan sin ningún problema con sólo cogerles un pellizquito de piel.

Pues bien. La clipnosis consiste en colocarle en la parte final del cuello, por la parte superior, un clip o una pinza anchos, de los de papelería, y que no apliquen demasiada presión, es decir, que no hagan daño. Hoy día se pueden encontrar en el comercio de los animales de compañía pinzas de plástico especiales e indicadas para la clipnosis aunque, ya dije antes, nos vale una pinza grande cualquiera que no ejerza excesiva presión, no nos valdría, por ejemplo, la clásica pinza de madera para tender la ropa: aprieta demasiado.

Podéis encontrar en Google y bajo el epígrafe clipnosis numerosos vídeos donde comprobar su efecto, en gatazos despiertos, sin nada de tranquilizantes químicos, al que en cuanto se le coloca el clip se queda inmóvil, hasta el punto de poder colocarlo tumbado sobre la mesa el tiempo que queramos. En cuanto se le quita el clip, reacciona inmediatamente como si nada hubiera pasado. Es una muy buena solución para todas aquellas maniobras en las que necesitemos un poco de inmovilidad y en las que no queramos aplicar un tranquilizante.

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Ningún efecto secundario, ninguna contraindicación

Como de todo hay en la viña del señor, y hay opiniones para todos los gustos, me sorprendió mucho leer un comentario en una publicación editada por la asociación ISFM (International Society Feline Medicine), su Guía para crear una Clínica Amable con los Gatos (del inglés: Feline Friendly Practice). Publicación seria y contrastada con numerosos consejos para el buen manejo de los gatos en las clínicas veterinarias. Pues bien, hablando de la tranquilización mediante sujección en los gatos nerviosos decía textualmente:

No debe cogerse al gato por el pliegue cutáneo de la nuca para sujetarlo de forma rutinaria y no debe levantarse y mantenerse levantado por dicho pliegue. Coger a un gato y sujetarlo inmediatamente por el pliegue cutáneo de la nuca o contenerlo fuertemente puede ser muy intimidatorio y a menudo provoca una agresividad defensiva…

Sólo estoy de acuerdo en que no hace falta levantarlo en el aire. Con cogerle (suavemente) por la nuca ya es suficiente. Y en los gatos nerviosos y tranquilizados temporalmente por esta sujección, lo que está claro es que, al soltarle, querrán escaparse o meterse otra vez a su jaula, es una cosa que podemos preveer. Pero siempre que leo comentarios de este tipo no puedo dejar de pensar si realmente los gatos españoles son tan diferentes a los británicos, o es que allí, en Gran Bretaña, extreman el proteccionismo hasta un nivel que, sinceramente y en este caso concreto, creo que no es necesario.

Hace poco, en uno de los foros por los que nos movemos los veterinarios, un colega se preguntaba si la sujección por la nuca no sería dolorosa o traumatizante, como sucede con el tipo de sujección que que se les aplica a los caballos con el acial. El acial es un lazo de cuerda sujeto a un mango de madera y que todavía se utiliza para controlar al caballo en casos de animales nerviosos o rebeldes de cara a, por ejemplo, colocar las herraduras o realizar algún tipo de cura. El sistema es duro: cogen el labio superior y retuercen el lazo alrededor, aplicando una presión ciertamente dolorosa para que se estén quietos y no tiren coces ni pretendan huir. nada que ver.

El pellizquito en la piel del gato desencadena un reflejo natural que no resulta doloroso en absoluto y, por la experiencia que tengo, en absoluto traumatizante, contra lo que sostienen los colegas del ISFM. Al revés: podemos ahorrales a nuestros felinos ese poquito de estrés con lo que no guardarán malos recuerdos y la siempre temida visita al veterinario no resultará una mala experiencia ni para el gato, ni para el atribulado dueño…ni para el sufrido veterinario.

 

 

 

¿Hablamos?. El maullido

Casa de los gatos Salamanca

                                            La Casa de los gatos, en Salamanca

Decir maullido es decir gato. No puede haber una palabra que sugiera más a este animal. Pero, ¿qué significado tiene que relacionemos de forma tan directa el maullido con los gatos?…

El maullido: un invento muy felino

Para entender algo más la relación directa entre el maullido y los gatos, comencemos con una pista: estamos hablando de comunicación, de lenguaje…¿Otra pista más?…Os lo estoy poniendo facilito: ¿cuál es la manera en que los gatos “hablan” con nosotros…¡bingo!: maullando.

Sin embargo, y para asombro de muchos, el maullido propiamente dicho no forma parte de la comunicación natural entre los gatos. Para decirlo de otra manera: los gatos no maúllan entre ellos, sino que utilizan otros sonidos. ¿Ésto quiere decir que los gatos sólo maúllan con las personas?…¡premio otra vez!: ésa es la respuesta acertada. El maullido es un invento de la domesticación que, salvo en contadísimas excepciones, sólo utilizan los gatos para comunicarse con nosotros. La excepción es cuando dos gatos se maúllan entre ellos, aunque siempre es en nuestra presencia. Por poner un ejemplo sencillo: sería como sí dos españoles (que saben francés) junto a un francés (que no hablase español), hablasen en francés entre ellos como cortesía para que el francés estuviese en la conversación. Pues lo mismo con los gatos.

No es la única forma en que nos “hablan”, por supuesto. Un gato nos puede ronronear, bufarnos, gruñirnos e incluso lanzarnos llamadas sexuales, pero todo ésto forma parte de su vocabulario interespecífico que, por muchas circunstancias, emplea con las personas. Pero para saber qué es exactamente el maullido y por qué nos lo dedican con tanta generosidad, conviene antes aclarar algunos conceptos.

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A partir de palabras, el ser humano puede insultar, adular, amenazar, seducir, etc. Incluso expresar complicados conceptos abstractos y filosóficos. En los animales, carentes de vocabulario, el tono o la frecuencia del sonido ya avisa de las intenciones del que lo emite. Un tono grave, ronco, como el gruñido de un perro, por ejemplo, resulta amenazador, mientras que un tono agudo “pide” protección El llanto de los bebés y las llamadas de los cachorros responden al mismo patrón: el del desvalido que necesita ayuda.

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Vamos ahora a tratar un poco de “musicología”: el maullido tiene una frecuencia alta, infantil por lo que estamos viendo, de 700 a 800 Herzios (Hz). ¿A qué otro sonido felino, dentro de los doce o trece categorizados, se parece más?… Pues no precisamente a los bufidos ni a los gruñidos, sino a una llamada que los cachorros intercambian con sus madres, el conocido como trino chirrido, de una frecuencia entre 250 y 800 Hz.

Estos trinos chirridos son voces cortas, de 0’4 a 0’7 segundos (los maullidos más cortos duran como poco 0’6 segundos, aunque lo normal es que se prolonguen entre 3 y 6), emitidas por los gatitos menores de cuatro semanas para llamar a la madre en cualquier situación de alarma: cuando se quedan solos, cuando tienen frío o cuando tienen hambre. Curiosamente, la llamada por frío es la más aguda, aunque se va igualando con las otras cuando, sobre las cuatro semanas, ya van siendo capaces de termoregularse. La llamada de “encierro” es la más grave (en cuanto a su tono), mientras que la de “soledad” es la más larga. Por supuesto, la madre distingue perfectamente cada una de ellas y responde a sus cachorros con una tonalidad similar.

A estas alturas creo que podemos ya ir viendo cierta correlación entre los sonidos infantiles y el maullido, aunque tienen sus diferencias. El ronroneo seguirá siendo igual cuando sean adultos que cuando eran pequeños, no se modifica. Pero el maullido como tal no existe en los cachorros . Desaparece la llamada infantil cuando, sobre el mes de edad, dejan de depender para todo de la madre. El maullido aparecerá poco después, a partir de los tres meses. Podemos decir entonces que es la evolución y la utilización de un sonido infantil.

Infantilizados, pero muy listos

Me estoy imaginando los comentarios de algunos: Pero…entonces, ¿los gatos adultos siguen siendo cachorros?… Pues hasta cierto punto, sí. Es el fenómeno de la neotenización o persistencia de caracteres físicos y conductas infantiles, fenómeno que va ligado a la domesticación, permitiendo manejar a animales que de otra forma serían ingobernables: una vaca no se dejaría ordeñar, un caballo no se dejaría montar, una oveja no se dejaría esquilar, un perro nos mordería…

Hemos convertido a los gatos salvajes en pacíficas mascotas cual peludos Peter Pan, “el niño que no quería crecer”…conservando, entre otras conductas infantiles, una versión de aquellas llamadas de socorro. Pero, ¿qué quieren los gatos cuando maúllan?. ¿Por qué a nosotros, y no a otros gatos?. Y, ¿qué quieren conseguir?.

Lo primero, asumamos de una vez que somos las “madres” de estos eternos Peterpanes. El lenguaje, la forma de comunicación favorita de los gatos adultos es el olfativo. Dejan marcas olorosas con sus heces y orina, o frotando las garras allí donde quieren dejar constancia de su paso, evitando el tener que verse porque si se ven, puede acabar en peleas, y en una pelea hasta el ganador puede acabar seriamente herido. Pero a nosotros, “animales visuales y verbales”, esos olores no nos llegan, no nos “dicen” nada.

Han descubierto que maullando sí que les hacemos caso. Nos maúllan a nosotros y no a otros gatos porque quieren que les prestemos atención y conseguir cosas de nosotros. Y una vez captada nuestra atención, obtener comida, o juego, o caricias, o que les abramos la puerta…y son tan listos que aprenden rápidamente maullidos especiales para cada cosa. Por nuestra parte, al convivir con un gato, aprendemos enseguida qué es exactamente lo que quieren. Y una vez que lo han conseguido, no hay forma de callarles: los gatos pueden estar maullando a un ritmo de dos maullidos por minuto durante dos horas o más… Así, ¿quién se va a negar a lo que pidan?…

Es asombroso, pero los gatos han conseguido de casualidad y sin ser el suyo, conectar con nuestro medio de comunicación preferido (el verbal) y, literalmente, “adiestrarnos” para que les hagamos caso. ¡Genial!. Para que luego digan que van a su bola.

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Controversias en la alimentación felina (y canina)

 

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A finales de Enero del 2012, y dentro de las jornadas del Congreso de GEMFE (Grupo de Especialistas en Medicina Felina), uno de los ponentes invitados al Congreso, el veterinario Richard Malik, de la Universidad de Sidney (Australia), de larga trayectoria y gran prestigio, “revolucionó” un tanto nuestra idea de la alimentación ideal al contar que él alimentaba a sus gatos en un 50% con dieta comercial, preferiblemente premium (marcas de calidad) en forma “húmeda” (latas o sobres, de los que llevan trocitos visibles en salsa), y el otro 50%, y aquí vino la polémica, con piezas de carne cruda (alitas o muslos de pollo o carne de cordero, nunca pescado) dos veces al día. Añadiendo, además, que les ponía la comida en el plato de ducha para que no le ensuciasen la casa.

Malik hizo la observación de que el trabajo de masticar y desgarrar piel, tendones y huesos de las piezas enteras, les resultaba más laborioso que las bolitas del pienso seco, favorecía el instinto predador y les saciaba más. Recomendaba excluir de la administración de carne cruda a los gatitos en crecimiento, para los que aconsejaba dietas premium. La otra excepción eran los gatos enfermos, para los que recomendaba dietas de prescripción.

Dentro de los miembros de GEMFE, los días posteriores al Congreso fueron un revoltillo de correos por internet. ¿A quién hacemos caso ahora?. ¿Dietas raw food (crudas)?. Como esta discusión entre los alimentos “naturales” y las dietas comerciales viene de antiguo, y tenemos la polémica servida, voy a intentar aclarar algunos puntos.

Los felinos, ¿carnívoros estrictos?

La fisiología de los felinos en general y la del gato en particular es la de un carnívoro “casi” estricto (y ahora aclararé lo de “casi”). Su intestino presenta una gran diferencia respecto al que tienen los herbívoros, cuyo tubo digestivo es muy largo para permitirles asimilar una dieta basada en vegetales, muy rica en fibra e hidratos de carbono, pero “pesada” de digerir, ayudados por una flora bacteriana abundante. Alguno de éstos herbívoros como los conejos, los caballos o los rumiantes, poseen partes más amplias (el ciego, la panza, etc.) para facilitar la presencia de la flora intestinal y la retención de este alimento, que resulta lento para su digestión.

Por contra, el intestino de los carnívoros es mucho más corto, ya que las proteínas de origen animal, la carne, es de digestión mucho más rápida, basada en la acción de las enzimas. Dentro de los carnívoros, por ejemplo, el intestino de los félidos es más corto incluso que el de los cánidos, debido a su alimentación casi estrictamente carnívora.

Cuando digo “casi” me refiero a que, aunque devoran a sus presas, no siempre comen en primer lugar la musculatura. De hecho muchos gatos, duchos en cazar ratones, no se comen totalmente a sus presas, si no que las devoran parcialmente comenzando por la cabeza, ingiriendo el cerebro, por su riqueza en proteínas y vitaminas. Y los grandes felinos como los leones y los tigres, tras cazar una cebra o un búfalo se recrean devorando en primer lugar las vísceras, con un contenido vegetal pre-digerido, más fácil de asimilar para ellos de lo que sería la hierba fresca.

La dieta de los felinos admite un mayor porcentaje de grasas en su alimentación que la de otros animales, por aquello de que las grasas son hidratos de carbono “concentrados”, por lo que de estas grasas pueden obtener la energía necesaria. Al carecer de una flora bacteriana intestinal (lo que llamamos la microbiota) tan abundante y especializada como la de los herbívoros, y de un intestino tan largo como para permitir la digestión de vegetales, a un gato la ingesta de un porcentaje demasiado alto de fibra les resulta “indigesto”, no pueden con ella.

Por esta razón, la tendencia de que algunos propietarios intenten convertir a sus gatos en vegetarianos va contra natura: su fisiología y su anatomía han evolucionado durante miles de años para permitirles digerir proteína animal. Una dieta vegetariana les va a suponer mucho trabajo. Es como si nosotros nos empeñamos en digerir madera, como las termitas. Carecemos de la microbiota con la que ellas cuentan. Nuestro organismo, sencillamente, no puede.

Los hábitos alimenticios del gato

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En libertad, los felinos dedican muchas horas a la actividad de buscar comida, lo que no significa que estén mucho tiempo comiendo, sino que se dedican a éso tan importante para los felinos como es el acecho, perseguir, correr, saltar…el desahogo físico, canalizar sus energías, podríamos decir. Para un gato casero, confinado toda su vida a un apartamento, con su platito de comida siempre lleno, toda esta actividad queda anulada. Por esa razón es tan importante para ellos el juego, tanto física como psicológicamente. Si ya no cazan necesitan jugar, y para éso estamos nosotros: tirando pelotitas, estimulándoles con cañas, con un puntero láser, con lo que sea, pero teniendo claro que necesitan moverse.

Además, los hábitos naturales del gato les impulsan a estar comiendo con mucha frecuencia: pequeñas cantidades, pero hasta veinte veces al día. Por esta razón los gatos van y vienen muchas veces a su comedero. Nos puede parecer que no comen, o que apenas comen, pero debemos entender que los felinos no son aficionados a darse grandes comilonas como los perros (herencia del instinto predador de los lobos), sino que se dosifican muy bien. Si tenemos dudas, un consejo: contar las bolitas que les ponemos y recontarlas a las 24 horas, así sabremos exactamente la cantidad. Seguro que es la suficiente.

Dietas naturales versus dietas comerciales: ¿son unas mejores que otras?

Surgen dudas sobre la calidad o la mejoría de las dietas naturales ante las dietas comerciales. Los detractores de las dietas comerciales preparadas, sobre todo los piensos, argumentan que a la larga pueden producir problemas de obesidad, afectar al buen estado de los dientes, provocar alergias, etc. Los que, como yo, estamos a favor, pensamos y sabemos que los laboratorios dedicados a la alimentación animal llevan más de cincuenta años estudiando a conciencia las necesidades nutricionales de perros y gatos, afinando hasta tal punto que ya no sólo atienden, y menciono sólo los piensos de mantenimiento en animales sanos, a las necesidades específicas de un cachorro, de una hembra gestante, un animal viejo o un animal activo, sino incluso ya a cada raza en particular: Yorkshire, .Golden Retriever, Bull Dog…

La empresa francesa Royal Canin hizo unos estudios, filmando a través de un cristal, sobre la forma en que los gatos Persas, de morro muy chato y hocico corto, comían las “croquetas”, las bolitas del pienso. Al ver que las cogían ayudándose con la lengua hacia abajo, como una pala retroexcavadora, al contrario que los otros gatos, que utilizan la lengua hacia arriba, diseñaron la forma y el tamaño de las croquetas más adecuados para su aprehensión por parte de los Persas. Alimentos equilibrados, adecuados, específicos…ideales, en teoría.

Sabemos que animales como las aves de presa o las serpientes ingieren a sus presas (roedores, pájaros, etc.) completas, lo que supone que digieren no sólo la musculatura sino lasa vísceras (con el correspondiente aporte de vitaminas extra) y el esqueleto (calcio). En el caso de los gatos necesitamos proporcionarles lo que se conoce como el enriquecimiento ambiental, es decir: que estén más a gusto. Cuando Malik recomienda suministrar piezas de carne cruda como parte de la dieta de sus gatos, lo que está es recomendando, más que alimentar, entretener.

El hecho de cambiar, aunque sea temporalmente, su dieta “seca” a una dieta “húmeda”, más apetitosa, puede ayudarnos a que un gato anoréxico se decida a comer.Quizá en estos casos, la carne cruda les puede resultar más apetitosa que el pienso y nos ayude a solucionar situaciones frecuentes de anorexia, muy peligrosas para la salud del gato.

Las dietas comerciales “húmedas”, en forma de sobres o de latas, están especialmente recomendadas en patologías tales como la cistitis idiopática o los problemas renales, en los que es necesario administrarles más humedad en su dieta: un 80% de agua como componente de la dieta “húmeda” frente a un 6-7% de la “seca”.

La empresa de alimentación norteamericana para mascotas Hill’s hizo un estudio hace años en los que se demostró que, con dietas “húmedas”, un gato produce el doble de orina, aún sin facilitarle ni una gota de agua, que cuando sólo tomaban dietas “secas” con agua ad libitum (a libre disposición). Este experimento demostraba por qué los felinos salvajes y, en este caso concreto, los que viven en zonas áridas (como el Felis lybica, el antepasado del gato doméstico), con muy poca agua a su alcance, obtienen la que necesitan directamente de la contenida en sus presas, un 80-85%, similar a la de los alimentos comerciales “húmedos”. En este caso, las latas forman parte de las dietas comercializadas, no tiene que ser necesariamente carne cruda.

Dietas a base de carne

Hablando de la carne, en la Universidad de Illinois se realizó un estudio con dos lotes de gatos domésticos, comparando la digestibilidad entre carne cruda y carne cocinada, y las conclusiones fueron que ambas se digieren igual de bien, no hay ninguna diferencia en cuanto a su asimilación.

Recientemente se publicó un amplio estudio del Dr. Daniel P. Schlesinger, en la Universidad de Calgary, Alberta (Canadá), comparando dietas “naturales”: basadas en carnes crudas de diferentes especies, e incluso vegetales, y las dietas comerciales, tanto en su forma “húmeda” (latas) como en su forma “seca” (piensos). El estudio se basó en diferentes publicaciones de los Estados Unidos y de Australia y las conclusiones me parecieron muy interesantes.

Partimos de que la comida tiene un significado social para los seres humanos del que los gatos carecen, no disfrutan más por el hecho de comer juntos al contrario que nosotros, aunque tendemos a pensar erróneamente que nuestro perro o gato debe comer lo que come el resto de la familia. Buscamos, éso si, tener a nuestras mascotas sanas, bien alimentadas, con una buena calidad de vida. Pero pensar que las dietas basadas en carne cruda, o incluso a base de vegetales, son mejores para nuestro gato o nuestro perro es una suposición que acarrea varios riesgos, sobre todo de dos tipos, comprobados por los numerosos estudios realizados: deficiencias nutritivas y contaminación bacteriana que, en algunos casos, llegan a afectar a los propietarios y cuidadores.

Deficiencias nutritivas

Hipervitaminosis A en dietas a base de pescado o hígado, que se corrigieron al cambiar a dietas comerciales. Panosteítis felinas por dietas a base de pescado azul. Osteodistrofias (raquitismo, hiperparatiroidismo secundario nutricional) por dietas a base de carne cruda, a causa del desequilibrio producido por el exceso de Fósforo y falta de Calcio, Magnesio y Zinc. En dietas vegetarianas, transtornos circulatorios por déficit de Vitamina B12. Transtornos cardíacos y alteraciones de la retina (con ceguera) por falta de aminoácidos como la Taurina o la Arginina… Podría seguir.

Contaminación bacteriana

Muchos casos citados. Gérmenes como el Escherichia coli (frecuentemente citado como E. coli o simplemente coli), en más del 60% de las carnes analizadas…¡incluso las que se venden congeladas para los perros!. Campylobacter en numerosas muestras de pollo y pavo. Otros: Cryptospòridium, Neospora, Toxoplasma (y luego le echan la culpa al gato). Uno de los que se han encontrado con más abundancia es la Salmonella: en tres ciudades de Canadá se hizo un muestreo, encontrando Salmonella en el 21% de la carne cruda, y hasta en un 67% si era de pollo, y además de la cepa resistente a antibióticos. En cambio no se encontró en ninguna de las dietas comerciales (0%). En otros estudios se encontró hasta un 80% en la carne cruda. Un problema grave de la Salmonella es la posibilidad de contagio a las personas próximas: en uno de los estudios se aisló de las heces en 36 animales y en las de 16 dueños de esas mascotas.

Conclusión

Lo natural no siempre es lo mejor. Como les digo a veces a mis clientes, bromeando, las picaduras de avispas no son nada buenas, por muy naturales que sean. Y el comer setas venenosas puede ser hasta mortal, y las setas son naturalísimas.

La alimentación “natural” no siempre es la mejor. Si de verdad queremos dar a nuestras mascotas una alimentación excelente, equilibrada y exenta de riesgos, la opción está clarísima: confiemos en unos alimentos estudiados, preparados y contrastados para ellos, los alimentos comerciales, tanto en latas como en pienso. Ellos quizá no nos lo agradezcan, porque no saben, pero les mantendremos sanos, a salvo de gérmenes peligrosos y además está demostrado que alargaremos su vida para disfrutar de su compañía.

 

 

 

 

“Flehmen”: una palabra muy rara. El mundo de las emociones en los gatos

Aunque la palabra pueda sonar algo extraña, por su origen alemán, el flehmen es un gesto muy común en los gatos, vinculado con su percepción de las hembras en celo a través de su Órgano Vomero-Nasal que, por cierto, también poseemos los humanos.

Como introducción comenzaremos con un poquito (sólo un poquito) de historia: hablaremos del Órgano Vomero-Nasal (OVM). En 1813 el médico danés Ludvig Jacobson dio su nombre a una estructura sensorial en los animales, aunque cien años antes, en 1703, el zoólogo holandés Frederik Ruysch describió en el ser humano el OVM, un “pseudoolfato” (permitidme que le llame así) capaz de detectar partículas “pesadas”, no volátiles, de naturaleza proteica, a través de unos orificios situados tras los incisivos superiores.

La diferencia es que, mientras el olfato conecta con la corteza olfatoria del cerebro y es un sentido consciente (percibimos inmediatamente si es agradable o desagradable), lo que olemos o, más bien, aspiramos a través del OVM lo procesamos de forma inconsciente. Conecta con dos estructuras cerebrales: el hipotálamo y la amígdala, que rigen emociones, el miedo o la sexualidad, y no nos damos cuenta.

En algunos animales como las serpientes, con ese gesto tan típico de sacar y meter la lengua constantemente, lo que están haciendo es “paladear” el aire. Con el extremo bífido introducen en los orificios de entrada del OVM micropartículas, lo que les ayuda a detectar a sus presas. En los mamíferos es algo más complejo. El OVM detecta feromonas (las mal llamadas hormonas sociales) y directamente a través del hipotálamo y la amígdala genera emociones, aunque no seamos conscientes de ello.

Paul Leyhausen, pionero del comportamiento felino.

Nacido en Bonn, el 10 de Noviembre de 1916, Leyhausen dedicó casi toda su vida como zoólogo al estudio del comportamiento de los felinos salvajes y domésticos. Ya en 1941 era asistente y estrecho colaborador del que sería Premio Nobel de Medicina en en 1973, el austríaco Konrad Lorenz, llamado el padre de la etología (la conducta animal) por sus descubrimientos y que, por cierto y aunque no se suele mencionar, fue uno de los primeros simpatizantes del Partido Nacional Socialista de Adolfo Hitler.

Konrad Lorenz describió el fenómeno del imprinting o, lo que es igual, la fijación o asimilación de las crías a sus progenitores, más o menos rápido según las especies: más lento en las altriciales (aquellas que, como nosotros, nacen totalmente desprotegidas) o más rápido en las precociales (aquellas que nacen con capacidad de moverse e incluso de alimentarse nada más nacer). Lorenz hizo sus experimentos con polluelos de oca, una especie precocial. Lo normal es que un patito siga a su madre aprendiendo a ser pato, porque es lo primero que ven moverse nada más salir del huevo. Pero son famosas las imágenes de pequeñas ocas siguiendo a Lorenz, o nadando tras él en el Danubio, aunque igualmente pueden seguir a un perro, una vaca o incluso a un tractor, si éso fue lo primero que ven nada más romper el cascarón.

Pues bien: fue Leyhausen el primero en mencionar la palabra flehmen en sus publicaciones en alemán, aunque su libro Comportamiento Felino: la Conducta Social y Predadora de los Gatos Domésticos y Salvajes fue traducido y publicado con gran éxito en inglés por primera vez el 1 de Septiembre de 1978.

Flehmen: una palabra que no existía

Como soy así, un tanto cartesiano (o escéptico metódico, si lo preferís) y me gusta comprobarlo todo por mi mismo, la primera vez que leí la palabra flehmen acudí a mi diccionario de alemán para ver el significado exacto en castellano y, para mi sorpresa, no la encontré. En cuanto pude le pregunté al padre (alemán) de un amigo (también alemán) a ver si la conocía… El hombre se quedó dudando y me dijo que no, que no le sonaba de nada. Pero al explicarle de qué se trataba (ahora os lo cuento, por favor, no os impacientéis) dijo: ¡aaaah, te refieres a flännen!… Me lo explicó: era una palabra ya un poco en desuso. Me fui corriendo al diccionario de alemán y esta vez sí, ahí estaba. Flännen: gesto que hacen los niños al lloriquear, algo así como lo que nosotros llamamos hacer pucheros.

Admito sugerencias y correcciones. Mientras tanto mi única explicación es que, posiblemente, el traductor alemán-inglés del libro de Leyhausen al encontrar esa palabra un tanto rara la transcribió mal y como la conocemos: flehmen, que es la que hoy día utilizan todos los etólogos y que ya no vamos a cambiar.

Flehmen: un gesto que sí existe.

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Pues allá vamos: el flehmen (dejémoslo así, no vale la pena discutir) es el gesto que hacen no sólo todos los felinos, sino también los caballos y los ciervos, entre otros, cuando detectan el olor de las hembras en celo. Algunos le llaman la mueca. Yo le llamo la cara de tonto, y consiste en levantar ligeramente la cabeza, con los ojos entrecerrados, la boca entreabierta, el labio superior retraído y lentos movimientos de la lengua, como si bebiesen. Es una cara, efectivamente, que recuerda a los niños lloriqueando, pero lo que están haciendo es captar las feromonas y, con la ayuda de la lengua, pasar esas partículas hacia el cielo de la boca, hacia el Órgano Vomero-Nasal, también conocido como Órgano de Jacobson (en honor de aquel danés que mencioné al principio).

Los caballistas conocen muy bien la mueca, y cuando ven a sus potros enseñando los dientes aconsejan desmontar y atarles a un poste bien fuerte, porque ante el olor de las yeguas en celo pueden ponerse muy nerviosos. Recuerdo a mi gato Simba, un precioso Bosque de Noruega y, aunque estaba castrado, se subía a la mesa del quirófano a olfatear con detenimiento a aquellas gatas, ya anestesiadas y que iban a ser esterilizadas… Yo le dejaba porque me hacía gracia ver la cara de tonto que ponía, el pobre. Y hablando con algún cliente del tema más de uno me comentó que sus gatos hacían el flehmen cuando olían…¡huevos de gallina!… Supongo que detectaban los olores que habían quedado en la cáscara al pasar por la cloaca.

El Órgano Vomero-Nasal en los seres humanos y la Talidomida.

Aunque no seamos conscientes de ello, poseemos un OVM como todo bicho que se precie, aunque en nuestro caso sólo uno de los lados es funcional. Los fabricantes de perfumes conocen bien los estímulos y añaden esencias, almizcles y demás sustancias que, además de la sensación placentera del buen olor, mueven en nuestro interior otras sensaciones, es el truco de esos perfumes que seducen. Los anuncian además como perfumes con feromonas, irresistibles para el sexo opuesto…

Al parecer el OVM es el responsable en muchas mujeres embarazadas de esas desagradables nauseas, sobre todo al comienzo de la gestación. En los años 60 se utilizó un medicamento, la Talidomida de nefasto recuerdo porque, efectivamente, bloqueaba el OVM evitando la molesta sensación de las nauseas matutinas, pero más tarde se descubrió su efecto teratogénico: miles de niños nacieron con defectos en las extremidades, lo que se conoce médicamente como focomelia o atrofia de brazos y piernas. España fue uno de los últimos países en prohibir su uso, en 1963, pero el daño ya estaba hecho. Los afectados y sus familias siguen pleiteando con el laboratorio alemán Grünenthal, el distribuidor de la Talidomida que, hasta ahora, se niega a indemnizar.